~ 45 ~
Despertó al momento de sentir movimientos bruscos. Miró a su lado, Seokjin parecía estar teniendo una pesadilla, por lo que no dudó en hablarle para despertarlo.
—Cariño... Jinnie —su voz profunda resonó en la habitación—. Cielo —tocó su brazo y sólo entonces obtuvo respuesta del mayor. Seokjin abrió los ojos, respirando agitado—. Sólo fue un mal sueño —le dijo acariciándolo con delicadeza.
Como si quisiera corroborarlo, el mayor se sentó en la cama mirando en todas direcciones.
Taehyung imitó su acción, y luego afirmó la cabeza contra uno de sus firmes hombros. Seokjin se sintió levemente más tranquilo al sentir su cercanía.
—Me pidió que te diera las gracias —susurró el rubio un momento después.
Seokjin se abrazó las piernas queriendo evitar volver a llorar. Era cierto. Suga no estaba con ellos, y no estaba con vida. No volvería a ver su llamativa cabellera azulada dormitando en el sofá de su sala. No volvería a escuchar su voz hablándole con sarcasmo, quejándose de las escenas empalagosas que debía presenciar, ni ningún consejo o explicación.
Estaba muerto. Y él era el responsable.
Pasó sus manos de forma nerviosa por su rostro, y Tae se acercó un poco más a su lado.
—¿Por qué tuvieron que hacer algo así? —preguntó el menor, dolido—. De haberlo sabido, no lo habría permitido...
—No sirve de nada lamentarnos. Está hecho.
Taehyung buscó con su mirada a su novio, aquello había salido de sus labios de forma brusca. El castaño miraba sus propias piernas, su voz salió firme, pero él lucía frágil. El rubito pasó una mano por su frente y luego por las finas hebras de color castaño en su flequillo, de forma afectuosa.
Un vaso con agua y azúcar estaba sobre la mesa de noche, casi vacío. Beberlo había ayudado a calmar al mayor, quién consiguió dormir un par de horas.
—¿Quieres hablar sobre esto? —le preguntó con gentileza.
Seokjin respondió negando con la cabeza.
Y Taehyung supo que no debía insistir.
—Necesito un momento a solas —habló cabizbajo.
—Claro —el menor se apresuró a salir de la cama. Se pasó una mano por la nuca, sintiéndose levemente frustrado al no poder ayudarle, y caminó hacia el pasillo sin dudar.
El reloj de pared marcaba las 16:38 PM.
Tae se sentó en el sofá, encogiendo las piernas. Ahora sus manos se quedaron sobre su frente. Faltaban poco más de veinticuatro horas para que Seokjin se marchara. Ellos tendrían que despedirse en la estación. La sola idea de tener que quedarse estático ante la partida del tren empezaba a hacer estragos en su pecho. No se sentía preparado. Sabía que debía, al menos, intentar aparentar lo contrario, o no conseguiría aliviar un poco el corazón angustiado de su novio.
Seokjin estaba en su límite. Había soportado demasiadas cosas en muy poco tiempo, Taehyung creía que necesitaría de muchísima ayuda a su regreso. Incluso talvez ayuda profesional. Por empezar, ya era bastante extraño que le pidiera estar a solas.
Pensándolo bien, seguramente no había nada que él pudiera hacer. Tae había pasado por muchas situaciones adversas, pero ninguna se comparaba a la de ver morir a un amigo. No podía ponerse en tal lugar, jamás comprendería lo que sentía Jin. Lo mínimo que podía hacer era darle espacio, aún si eso dolía. Tenía que dejar de ser egoísta, esto no se trataba sobre él. Probablemente todo habría sido diferente si se limitaban a aceptar lo que les tocaba. Suga merecía algo mejor que dar su vida por un jovencito tan inútil como él. Siempre igual, siempre creando problemas.
Agachó la cabeza, las lágrimas fluyeron hasta la punta de su nariz y mancharon el sofá. Hundió el rostro contra sus rodillas, y se mantuvo llorando de forma silenciosa, odiándose.
De entre tantos, un único pensamiento resonó en su mente: debió desaparecer cuando tuvo oportunidad.
—¿Qué diablos estoy haciendo? —Seokjin se sujetó el cabello de forma nerviosa.
Le quedaba poco tiempo en compañía de Taehyung, y en vez de aprovecharlo, lo alejaba. Habían pasado tan solo unos minutos, pero era suficiente para entender que no era eso lo que quería.
Salió de la cama de un salto, y se encaminó hacia afuera.
—Tae —lo llamó casi con desesperación, y ésta se volvió auténtica al ver su silueta encorvada y su rostro empapado.
El rubio no sólo se sobresaltó al verlo, sino que se apresuró a limpiarse.
Jin corrió hacia él. Posó las manos en torno a su cintura y lo levantó del sofá mientras besaba sus labios con ansiedad. Taehyung sintió un cosquilleo en el vientre mientras sentía que su peso ascendía hacia el techo y luego bajaba, hasta que sus pies tocaron la alfombra.
Cuando su mirada encontró la del mayor, se sintió avergonzado. No se suponía que debía actuar como un niño llorón, ahora le tocaba a él ser el soporte que su novio necesitaba. Seokjin acarició su rostro suavemente, causándole escalofríos agradables.
—L-lo siento —se disculpó, sentía que su rostro ardía en rojo.
—Te amo —le sonrió el mayor—. El que debe disculparse soy yo —replicó limpiándole las mejillas—, no llores por favor... —susurró inclinándose a besar su frente.
El menor envolvió su cuello con ambos brazos.
Pudo sentir la paz abrazándose a su cuerpo, tomando la forma de él. Como un bálsamo entibiando su alma, como el algodón de una nube absorbiendo su malestar, quitándole un peso de encima. Todo cambiaba. Todo mejoraba si Seokjin le decía que lo amaba.
Se aferró más al sentir que el castaño lo cargaba pasando un brazo por su espalda y el otro levantando sus piernas. Su corazón comenzó a golpetear acelerado, y hundió el rostro en su pecho. Había pasado algún tiempo desde que Jin lo tomaba así entre sus brazos.
Retrajo los brazos cuando el mayor lo dejó delicadamente sobre las sábanas, y lo siguió con la vista mientras era aprisionado entre el colchón y sus brazos. Aún si Seokjin había pasado horas entre lágrimas, que le dedicara esa mirada llena de adoración era lo más hermoso para Taehyung.
El castaño se acomodó contra su pecho, su frente rozó el buzo de algodón que vestía y pudo escuchar sus latidos.
—Quédate conmigo...
—Jinnie, tú me pediste estar a solas —protestó el menor en un murmullo.
—No me hagas caso —dijo abrazándole con fuerza.
—Si no querías quedarte solito no me hubieras echado —abultó los labios.
—Fui a buscarte —el mayor se separó hasta besar fugazmente la punta de su nariz—. Perdona. Ahora mismo... No me siento... Bien. Y tampoco puedo pensar claro.
Tae subió las manos, acariciándole el cabello.
—Incluso si jamás me ha ocurrido algo así, sé lo que se siente —susurró con delicadeza—. Lo que sea que estés pensando, no quiero que haga que olvides la increíble persona que eres, ni lo mucho que te amo, ¿de acuerdo? —El castaño sonrió débilmente. Taehyung logró sentirse más tranquilo por primera vez en el día. Era importante para él saber que estaba brindándole apoyo al mayor—. Lo hiciste bien, Jinnie —acercó sus labios a su frente, dejando un casto beso.
Seokjin cerró los ojos, dejando escapar un leve suspiro en medio de su sonrisa. Era impresionante la paz que podía traerle la cercanía de Taehyung. Se acomodó sobre su pecho, esperando no volver a derramar más lágrimas.
Los pensamientos no le daban respiro alguno. La culpa estaba devorándole las entrañas, la imagen de Yoongi temblando aparecía con frecuencia. La idea de Namjoon muriendo lo aterraba. Imaginarse estar bajo los escombros era inevitable. Sufría ante la posibilidad de no volver a ver a Taehyung. Sintió que algo en él se había quebrado. No supo exactamente qué era, pero estuvo seguro de que jamás volvería a ser el mismo de antes. Todas las personas tenían un límite, y él estaba convencido de haber llegado al suyo.
—Duele... —se quejó en un murmullo entrecortado, encogiéndose.
—Lo sé —respondió el menor—. Lo sé, cariño... Desearía que no fuera así, pero ¿sabes? —el rubito respiró por la boca, para no perder el hilo de voz se sostenía—. Cuando me tocó estar allí, hubo alguien que me sostuvo y evitó que me hundiera. Aún si no lo recuerdas, me enseñaste muchas cosas. Y ahora es mi turno de devolver un poco de lo que me diste —se humedeció los labios rápidamente—. No voy a soltarte, Jinnie. Te sostendré hasta el final.
El castaño asintió, su voz ahogada no le permitió decirle gracias, pero estuvo seguro de que Tae lo entendió.
—La-lamento tanto esto... No quería hacer que lloraras —habló finalmente, delatando su sollozo—. Esto no es justo para ti.
—Cielo, si tú no estás bien, yo tampoco... Bien o mal, siempre estaremos juntos —y al finalizar se mordió los labios con nerviosismo.
—¿Siempre?... —resopló con amargura—. En dos días dejarás de ser mi novio.
—Jin, no pienses en eso ahora.
—¿Entonces cuándo?, ¿Cuánto tiempo más puedo intentar ignorarlo? —se reincorporó a mirarlo—. Lo ignoré cuando Suga dijo que al volver, no me recordarías. Cuando nos acostamos esa noche, y todas las demás —explicó—. Lo ignoré cuando me decidí a explicártelo todo... Y t-también cuando te di ese anillo —con los brazos temblándole, logró reunir impulso hasta quedar sentado sobre sus caderas, sin dejar de mirarlo con dolor—. He hecho hasta lo imposible para olvidar que vas a dejar de estar en mi vida, Taehyung. No sé qué voy a hacer cuando ese momento llegue... Si ese accidente no me mata, lo hará la depresión.
—No digas eso —el rubio hizo un movimiento rápido hasta erguirse, obligando a Seokjin a moverse—. No vas a morir —declaró con convicción tomándole el rostro entre las manos—, Jin, mírame —insistió—. No vas a morir. No vas a caer en depresión, vas a recuperarte de todas tus lesiones, tanto físicas como emocionales. Porque eres fuerte, mi amor. Muy fuerte.
Tae esperó algún comentario, algún gesto. Cualquier cosa que pareciera indicar que el castaño estaba escuchándolo, pero Seokjin lucía demasiado afectado como para si quiera mirarlo. El rubio tragó, sintiéndose nervioso.
—Cielo, eres la persona más increíble que conozco —susurró a su oído mientras lo abrazaba con fuerza—. Siempre te he admirado por ser alguien que jamás se rinde. Te he visto luchar contra todas las dificultades que se presentaron ante ti, y siempre saliste victorioso —habló apresurado—. Yo t-también he estado ahí, sin poder mirar más allá. También quería terminar con todo, porque creía que era la única solución —su voz tembló, amenazando con quebrarse— Y pensé que nada ni nadie podría ayudarme... Hasta que apareciste. Tú sostuviste mi cuerpo y mi alma cuando más lo necesité —se distanció hasta mirarlo a los ojos—. Me enseñaste a resistir. A ser paciente y esperar por algo mejor. A llorar hasta el cansancio para entender que todavía existía un mañana... Jin, cada vez que pienso que soy lo peor del mundo, o que todos estarían mejor sin mí... Cada vez que me odio a mí mismo... —su voz se volvió un hilo delgado—. E-eso, todo eso cambia si estás conmigo. Si tú estás conmigo, puedo sentir que valgo algo. Si dices que me amas, puedo odiarme un poco menos. Y cuando dices que todo estará bien, por más difícil que parezca... Puedo creerlo. Yo puedo gracias a ti. Me has visto en mis peores momentos, en mis ganas de desaparecer, de morir... Y jamás te alejaste. Yo caí, y corriste a levantarme. Yo temí, y tú tomaste mi mano dándome coraje. Yo te herí, te aparté, y de todas formas encontraste la manera de llegar a mí. Tú me encontraste. Lo hiciste en ese supermercado, en el bus donde fuiste a sentarte a mi lado, en mi departamento cuando dejé el gas abierto... In-incluso la otra noche, cuando sólo quería huir de ti. Me encontraste, y me sanaste. Con tu sonrisa, con tus palabras, y tus caricias... ¿Cómo no ibas a convertirte en todo mi mundo, cielo? —lloró, esbozando una pequeña sonrisa—. Mucho tiempo pensé que tenía la peor suerte de todas, y al final resultó que fui la persona más afortunada del universo —Seokjin levantó la vista encontrándose con la suya, colmada de aquel brillo rebosante de ilusión, de adoración—. Tienes miles de virtudes, entre ellas la fortaleza, mi amor —aseguró con dulzura—. Vas a sanar. Vas a levantarte de esta caída, y vas a continuar. Tu vida apenas está comenzando. Todavía falta demasiado para que abandones el mundo, primero necesitas disfrutarlo —acarició sus mejillas con delicadeza—. No hay motivo para apresurarse. Toma un poco de todo lo que guardas en tu interior, y sé paciente. Ya has sufrido bastante como para que quieras encerrarte en más dolor, Jinnie. Las personas que te aman son muchísimas. Ellas cuidarán muy bien de ti. No les impidas ayudarte, ¿de acuerdo?...
—S-si yo no hubiese-
—Nadie va a juzgarte, cariño. Viviste quince días en un mundo diferente, y siempre has dado lo mejor de ti. Aquí no hay culpables que señalar. No seas tan duro contigo mismo... —dijo mientras lo acercaba a su cuerpo.
—¡P-pero Tae!... Tú no-
—Lo único que debes saber de mí, es que te amo con todo mi ser. Lo demás no es importante ahora.
El castaño era un mar de lágrimas estando en los brazos del menor, agachó la cabeza, hipando en temblores que lo volvían un joven vulnerable envuelto en desesperación, y se aferró a él con necesidad.
Taehyung se meció lentamente, como recordaba que Jin lo había hecho ocasionalmente con él.
La tarde se consumió en aquel ambiente tan particular, con la luz del atardecer colándose entre las cortinas de la habitación, sus siluetas unidas bajo la misma temperatura, y una emoción compartida entre aquellos dos corazones.
—Cielo... —Tae fue el primero en hablar, una vez que ambos estaban un poco más calmados—. Pronto habrá anochecido... No hemos comido nada en horas, ¿qué tal si preparo algo especial?... —ante la falta de respuesta, continuó—. Podría condimentar un poco de carne, preparar alguna salsa y luego dejarlo en el horno. Tenemos... Pollo, y cerdo... Pescado también, creo. ¿Cuál te apetece?... Si es... Pollo, la salsa será blanca. Si es Cerdo, roja y para el pescado podría hacer una mixta... También, vi que había muchas especias diferentes... ¿Te parece bien, Jinnie? —besó su frente, conservando la esperanza de obtener una respuesta pronta.
El castaño parpadeó con pesadez, y luego dirigió su mirada a su novio, sonriéndole un breve instante.
Taehyung se abalanzó a besarlo una vez más cuando lo vio asentir con la cabeza.
—Voy a empezar —dijo mientras se levantaba de la cama. Estiró levemente los brazos haciendo un pequeño gruñido, y luego corrió al baño para higienizarse. Su rostro dolía por los rastros de las lágrimas secas. Enjuagó bien sus manos, y salió, viendo a Jin todavía en cama—. Prometo no tardar demasiado —anunció antes de salir hacia la cocina.
Encendió la luz, buscó las cacerolas, y los alimentos del refrigerador, tratando de no desconcentrarse. En realidad, podía pasarse la noche entera abrazándole en esa cama, pero creía que era momento de levantar un poco los ánimos de ambos, algo que la comida podía hacer a la perfección.
Esa sería su última cena juntos.
Taehyung no quería pensar demasiado en todas las cosas que harían por última vez, eso amenazaba con deprimirlo, por lo que optó por tararear para mantener la mente enfocada en otra cosa.
Últimamente estaba más familiarizado con las melodías que le gustaban a su amigo, algunas canciones suaves y lentas colmadas de romanticismo al compás del blues, o el jazz. Jungkook y Jimin tenían un gusto bastante agradable. No pasó mucho hasta que buscó su teléfono y colocó una pista a volumen no muy alto. Instrumentos como el piano, el saxofón o el bajo eran sumamente comunes. Tae creía que el saxofón era sensacional.
De pronto, una leve sensación de entusiasmo por estar cocinando se infiltró en todo su cuerpo. Preparar algo para ambos siempre le generaba expectativas, y esta vez no era diferente. Picó ajo, cebollas y otros vegetales. Algunos terminaron en sus salsas, otras, debían cocinarse junto con la carne. Tae sacó los cuchillos, una tabla de madera y los condimentos. Sus manos se movieron con agilidad mientras esparcía la sal y luego las salsas en las distintas fuentes que irían al horno. Bañó generosamente cada una cuidando de no salpicar demasiado, y relamió la punta de sus dedos al quitar los excesos. Luego, se dispuso a lavarlo mientras la cocción comenzaba.
Secó sus manos y dio algunos giros, tras haberse familiarizado con la melodía instrumental movida. Ahogó un gritito cuando sintió que unos brazos se ceñían en su cintura desde atrás.
Seokjin no pudo evitar abrazarlo tras verlo bailar tan animado, vestido con un ese buzo en color verde oscuro y los pantalones a rayas del pijama. Su capucha dejaba a la vista solo los mechones dorados sobre su frente, y que se paseara por todo el departamento descalzo era ya una costumbre.
Lo escuchó reír con entusiasmo, y el único pensamiento que arribó a su mente fue que era un auténtico angelito. Besó su mejilla izquierda, sintiéndose insatisfecho aun si lo tenía entre sus brazos. Tae se volteó para colgarse a su cuello, sus ojitos mieles llenos de fulgor. Sin que ninguno dijera palabra alguna, unieron miradas durante apenas un par de segundos, los suficientes para que ambos pudieran entenderse.
Iba a extrañarlo tanto.
Pero rogaría por poder volver a verlo, aun si era desde lejos. Seokjin sólo quería que su novio estuviera a salvo. Bien, también quería tenerlo en sus brazos por el resto de la eternidad, pero podía conformarse con lo primero. Podía, ¿cierto?...
Besó su boca con intensidad, disfrutando al máximo el poder sentirlo en sus labios. Taehyung se había vuelto su lugar favorito. Algo tan asombroso como eso era posible, y en medio de tantas otras cosas, Seokjin volvió a sentirse dichoso.
El rubito distinguió aquellos ojos platinados volverse brillantes. Amaba cuando Seokjin se detenía a observarlo y sus pupilas se dilataban, cuando parecía olvidarse de todo lo demás y se centraba sólo en él. Esos segundos eran preciosos para el menor.
Cerró los ojos de forma espontánea al sentir que el castaño deslizaba una de sus manos acariciándole el cuello lentamente.
—Yo fui el primero, ¿no es así? —observó que Tae abría los ojos levemente—. En tomar tu cuerpo.
—El primero y el único —asintió— ¿Por qué? —preguntó al sentir que el mayor le acariciaba los labios con su índice.
—Me gusta eso. Saber que has estado sólo conmigo —admitió sin apartarse.
Ciertamente, le llenaba de satisfacción saber que nadie más había tocado a su novio. Taehyung tuvo sus primeras experiencias con él, y solo él conocía sus expresiones de placer, y sus gritos implorantes. Solo él sabía cómo y dónde tocarle para hacer que su cuerpo reaccionara. Seokjin no solía ser posesivo, pero había descubierto que lo era con Taehyung.
—¿En serio? —preguntó el rubio, inclinando la cabeza a un lado.
Adorable.
El castaño presionó los labios antes de volver a besarlo. Y en ese momento lo decidió: Dejaría de lado todas sus penas y su angustia para permitirse tener una velada soñada junto a su novio. Porque todavía estaba con él. Porque ambos se amaban.
—Muy bien, tesoro —dijo distanciándose levemente— ¿Algo en especial que quieras para postre?...
—Sí. A ti —volvió a lanzársele encima con una inmensa sonrisa.
Seokjin sólo pudo seguirlo y recibirlo gustosamente.
♦♦♦
22:46 PM
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Adelante —sonrió el mayor, notando que su novio hundía el mentón contra el pecho y sus mejillas se tornaban de color carmesí.
Finalmente habían cenado sin mayores inconvenientes. Seokjin llenó de halagos la preparación de su novio, y se sintió mucho mejor después de llenar su estómago. Estuvo frente al fregadero, terminando de limpiar y secar los utensilios cuando escuchó la vocecita del menor hablarle desde el sofá, e inmediatamente volteó a verlo.
—Uhm, yo... M-me preguntaba si-si tú alguna vez... ¿Has penado en...? —carraspeó, mirando al suelo— ¿Has pensado alguna vez en formar una familia? —Seokjin lo observó un instante en silencio, y bastó para que Taehyung se sintiera arrepentido—. Olvídalo —habló apresurado—. No tienes que contestar. F-fue una tontería.
Dejó las cosas limpias cuidadosamente apiladas a un costado, y se encaminó a sentarse a su lado.
—No es ninguna tontería —dijo una vez estuvo a su izquierda— ¿Por qué luces tan nervioso de repente?
—Yo, uhm... Sólo es curiosidad —admitió encogiéndose de hombros—. Hemos hablado sobre convivencia y matrimonio, pero no sobre algo más. P-por eso quería...
Ciertamente, el rubio estaba aterrorizado. Él se había imaginado numerosas veces un futuro lejano junto a su pareja. Quería casarse, quería vivir a su lado en alguna bonita casa con jardín, y también quería adoptar niños. Sin embargo, jamás lo manifestó frente al mayor. Temía sonar como un obsesivo que quisiera adueñarse completamente de él, y de sus propios ideales. Tenía la impresión de que Seokjin no sería feliz anclándose a una vida aburrida como la que él proyectaba. Alguien como él no era capaz de visualizar qué tipo de cosas podrían otorgarle plenitud al castaño, quien era un hombre de mundo.
Taehyung se sintió patético mientras tragaba con la vista baja. Sólo un campesino anticuado podría conformarse con algo tan simple como una familia y un hogar. Sus ojos ardieron mientras se abofeteaba mentalmente. Seokjin lo amaba ¿correcto?, ¿Por qué siempre tenía que torcerlo todo hacia algo gris e infeliz?
Salió de su trance al sentir cómo el mayor lo acercaba a su cuerpo, tras envolver su cintura con esos fornidos brazos. Volvió a sentirse un idiota cuando sus ojos claros se encontraron con una mirada plateada desbordando dulzura, ¿de qué servía hablar sobre eso si jamás ocurriría? Sólo estaba ahondando en la herida, le estaba haciendo daño a su novio. Realmente era un imbécil.
Pero cuando Seokjin lo acercó hacia sus labios, fue como si todo aquel torbellino de inseguridades se esfumara. El castaño estaba besándolo con tanto cariño, que sintió su corazón temblar ligeramente, antes de sumergirse en una calma inexplicablemente inmensa.
Seokjin lo amaba.
Permaneció inmóvil mientras lo sentía rezagándose un poco, y con timidez, abrió sus ojos lentamente, encontrándose con los del mayor, que le miraban con intensidad.
—Me gustaría una casa de una sola planta —susurró contra sus labios—. Con suficiente espacio para nosotros, los niños y una mascota. Debería tener un árbol del que podamos colgar un columpio. Y también me gustaría una piscina para jugar juntos en el agua cuando sea verano —Seokjin notó cómo la mirada del menor se iluminaba—. Quiero dos. Una niña y un niño. Ella sería nuestra princesa, y él nuestro príncipe. Quiero adoptar un perrito de algún refugio, para que nos acompañe. Y quizás también un gato. Viviríamos en nuestro hogar lleno de amor. Llevaríamos a nuestra pequeña a hockey, y a nuestro muchachito a ballet... Pueden intercambiar si desean hacerlo —aclaró, ante el semblante divertido de Taehyung—. Y los domingos visitaríamos algún parque cercano. En los cumpleaños, festejaríamos con fiestas coloridas y pasteles temáticos; y cuando se acercara navidad, armaríamos nuestro árbol decorándolo con manzanitas rojas —sonrió, apresurándose a limpiarle el rostro a su novio.
—¿E-eso realmente te haría feliz? —preguntó, con unas primeras lágrimas manchándole las mejillas.
—Quiero una familia contigo. Ahora mismo estoy relatándote lo que llevo días pensando —admitió, sin apartar la sonrisa—. Debo sonar avasallante, ¿cierto? —se rascó la nuca, avergonzado.
Taehyung rió negando con la cabeza.
—Es lo mismo que quiero yo —comentó después—. Quiero más niños, pero podemos empezar con dos —sonrió antes de lanzarse a sus brazos—, en una casa con un inmenso espacio verde... Con todo lo que mencionaste —se acurrucó en su cuello— ¿Crees que seríamos buenos padres?
—Bueno... —se acomodó a recibirlo, rodeándolo con sus brazos—. No hay ninguna universidad para aprender eso. Tendríamos que enfrentarlo por nuestra cuenta... Pero si estamos juntos, no veo por qué no seríamos buenos padres.
El rubio sonrió animado.
—Al menos los alimentaríamos bien.
Seokjin soltó una carcajada antes de besarle en la sien.
—Es cierto. Los primeros dos serían algo así como... Como una prueba piloto. Si nos va bien con ellos, podríamos adoptar los demás. ¿Cuántos quieres?
Taehyung arrugó levemente la nariz al responder con una sonrisa llena de entusiasmo.
—¡Cinco!
Los ojos grisáceos del mayor se abrieron de forma desmesurada —¿C-cinco?
—¡Sí! ¡Tres niños y dos niñas! —afirmó, dando pequeños golpecitos contra el almohadón del sofá con sus piernas.
—A-amor... ¿N-no crees que cinco es un número un p-poco, uhm-
—Cinco más dos es siete. ¡Y el siete es mi número favorito! —le sonrió con ilusión—. La casa estaría siempre llena de ruido y alegría con todos nosotros —explicó—. Y eso también me agrada porque... Porque la soledad es silenciosa y aburrida —su tono fue disminuyendo—. Estar solo no es algo que me guste. Yo, uhm... —bajó la vista—. He estado demasiado tiempo solo y... No me gustaría que se repita.
Seokjin tomó nota de dos cosas: la primera, el número siete era el favorito de su novio; la segunda, no le gustaba nada la idea de estar solo.
Que Taehyung proyectara algo como una familia numerosa a la cual entregarse, lo llenaba de ternura. Aún con todas sus dificultades, el rubito estaba dispuesto a brindar todo el amor del mundo a quienes resultaran ser sus hijos. Seokjin presionó los labios al imaginarlo cargando un pequeño bebé entre sus brazos, mirándole con ensoñación y dándole el biberón. Taehyung sería un padre increíble.
—Entonces seremos siete —dictaminó volviendo a abrazarlo—. Pero creo que te estás olvidando de nuestras mascotas. No podemos dejarlas fuera de la familia.
—¡Oh, es cierto! —Tae recobró el tono alegre—. Mmm... Seríamos nueve en vez de siete. ¡Pero está bien! El nueve será mi nuevo segundo número favorito.
—¿Nuevo? —el castaño lo miró con curiosidad— ¿Tenías otro?
—El trece, porque es nuestro aniversario.
Seokjin se acomodó hasta poder quedar encima. Lo escuchó reír mientras repartía numerosos besitos en todo su rostro.
—M-me haces cosquillas Jinnie —le sonrió el menor, desde abajo.
—¿Se siente bien? —se interrumpió sólo para preguntarle aquello.
Taehyung le sostuvo la mirada, analizándolo con una chispa de diversión.
—Es como si pudiera leer tus pensamientos, pervertido —le dijo ladeando una sonrisa.
El mayor volvió a reír antes de inclinarse para continuar, esta vez en el sector de su cuello.
—Quiero comerte a besos —susurró, causándole leves escalofríos—. ¿Me dejarías mimarte un poco?...
¿Qué se supone que debía responder? ¿"No"?
—Sí —contestó.
Y con ello permitió que el castaño hundiera sus labios contra su piel una vez más. Fue como si todo se cuerpo fuera envuelto en una agradable corriente eléctrica, a medida que su boca transitaba un poco más abajo. Los besos no eran más que besos levemente húmedos, pero sin intención de convertirse en algo más intenso. Y él estaba bien con eso. Se permitió cerrar los ojos, y disfrutar plenamente de aquel contacto. Era como si Seokjin pudiera anestesiar su mente ante todo mal.
—Tae... ¿Por qué tengo la impresión de que en ocasiones temes decirme lo que piensas o sientes en realidad? —preguntó a una increíble velocidad, deslizándose hacia sus clavículas.
El rubio miraba hacia el techo, un poco demasiado inmerso en una paz casi abrumadora.
—Porque es así —soltó, en calma—. A veces siento que no coincidiremos.
—Eso no tiene que ser un problema, tesoro —suspiró volviendo a su nuez de adán—. No siempre vamos a estar de acuerdo, y eso está bien. No estoy aquí para juzgarte, ni para obligarte a pensar como yo, ¿comprendes? —hizo presión con sus labios, y Tae sintió la típica minúscula molestia de estar recibiendo un chupetón—. No lo hagas otra vez. Háblame con confianza.
—L-lo siento —se removió un poco avergonzado.
Jin se distanció hasta mirarlo fijamente, sus ojos platinados deseando descubrir todavía más sobre él.
—Si tienes algo para recriminarme, este es un buen momento —sugirió, antes de besar una de sus mejillas, al notar que el menor no decía nada, decidió continuar—. Entonces lo haré yo. ¿Quién te hizo pensar que tu opinión no es importante?... ¿Quién destruyó tu autoestima hasta reducirla a lo que es hoy?
Tae gimoteó mientras se acomodaba un poco más abajo, ahora podía dejar descansar su nuca contra el borde del sofá.
—Nadie.
—No mientas —mordió el lóbulo de su oreja derecha, desprendiéndole un chillido—. Quiero saberlo.
—Nadie, cielo —aseguró.
—Fueron esos chicos, ¿cierto? —insistió volviendo a mirarle— ¿Ellos te insultaban?
—No. Al menos, no mientras les obedeciera.
—¿Te forzaron a hacer cosas que no querías?
—Al-algunas veces. Pero siendo sincero, yo prefería seguir siendo uno más de ellos, así que simplemente lo hacía para que me aceptaran —tragó, un poco abochornado.
—¿Qué cosas? —exigió en una tonada suave, volviendo a besar su cuello de arriba abajo.
Tae tragó.
—Cosas. Nada grave.
—Tesoro...
—Fumar, y beber. Y robar... Y ocasionalmente enredarme con alguna chica.
—No te gustan las chicas.
—No, pero lo hacía de todos modos —admitió el rubio, sintiéndose incomodo de repente.
—¿Tuviste problemas con la policía?
—Nunca nos atraparon —respondió sintiendo escalofríos por tener su voz hechizante y profunda a su oído.
—¿Y con alguna chica?
—Sólo un par de veces —rió de forma nerviosa—. Se molestaban cuando las rechazaba.
—Es decir todo el tiempo.
—Uhm... —carraspeó—. No exactamente.
Seokjin interrumpió la secuencia de besos —¿Qué significa "no exactamente"?
—Solo había besos y algunos roces, nada más —se encogió de hombros—. N-ni siquiera sé por qué venían a mí.
—Yo creo tener una idea de por qué —dijo el castaño acariciándole una mejilla—. Entonces, ¿ninguna te maltrató?
—Recibí un golpe y un trago sobre toda mi ropa alguna vez, pero no pasaba de eso. Ellos tenían problemas mayores al insinuarse a chicas con pareja —explicó—. Una vez incluso nos expulsaron a todos del club nocturno. Y otra noche terminamos en el hospital.
—¿Te golpearon?
—No. Yo estaba ileso, pero no podía simplemente marcharme. Se suponía que éramos un grupo, no podíamos separarnos demasiado.
—Una pandilla —corrigió Seokjin.
—Sí, bien... Eso. Aunque yo no me reunía con ellos entre días de semana por estar estudiando. Sólo nos veíamos los fines de semana. Como fuera, siempre me hacían un lugar si yo les daba comida. O si los ayudaba con algunos clientes.
—Clientes —la mirada del mayor se oscureció, entendiendo de inmediato—, ¿Consumiste alguna vez?
—Nunca —negó firmemente—. Por suerte jamás me presionaron. Al menos, no con eso. Además, nunca tuve dinero suficiente como para pagar lo que esas cosas valían. Yo simplemente hacía de intermediario.
—Dios, Taehyung —exclamó con preocupación, volviendo a acariciarlo—. Ese es un ambiente del que jamás puedes salir una vez que ingresas. Si creen que sabes demasiado, te harán daño. Son casi una mafia.
—Lo sé, cielo —subió una mano a su rostro, imitando su gesto para tranquilizarlo—. Pero no debes preocuparte ya. Me olvidaron durante un mes entero, y al reencontrarnos simplemente me golpearon. No sucedió nada más.
—¿Qué te llevó a pensar que esas personas eran tus amigos? —lo miró con tristeza—. Los amigos jamás hacen cosas así.
—No lo sé. Siempre fui demasiado ingenuo. Los conocí en clases, a dos de ellos. Pensé que eran buenos chicos, nunca imaginé que eran toda una... Pandilla —suspiró con melancolía—. Ojalá pudiera revertir todo eso. Nunca logré ser yo mismo. Fingía todo el tiempo para agradarles. Y soporté todo eso durante meses —frunció el ceño, molesto consigo mismo—. Creo que de alguna forma siempre supe que estuvieron usándome. Me dolió más esa golpiza que saber que dejaría de formar parte de su grupo.
—Tesoro... —Seokjin bajó hacia su cuello, esta vez simplemente respirando su perfume.
—Mirándolo ahora, me dan un poco de lástima. Es decir, sólo tres de ellos estudian. Más bien, están inscriptos y alguien mantiene sus matrículas, pero no están estudiando en realidad. Los demás son más grandes, y parece que se dedican a hacer aquello de por vida. Tienen su propio negocio montado. Pero viven llenos de problemas, y nadie es realmente de confianza. Cualquiera puede clavarte un puñal por la espalda por un poco de dinero.
—Basta —siseó el mayor, besando sus labios con delicadeza—. Eso es tu pasado ahora. Lo que importa es que estás bien.
—Y que estoy contigo —sonrió abrazándole—. Jinnie, todo dio un giro completo cuando entraste en mi vida. Sólo desearía haber tenido una mejor salud.
—Está bien, amor... Estás mejorando, me alegra que sea así. Me alegra poder ayudarte, y acompañarte. Y me alegra que me escuches.
—Sólo tú me importas.
Seokjin asintió, mirándolo con una sonrisa gentil.
—Jamás diría o haría algo para lastimarte —le aseguró—. Pero a veces temo no poder ayudarte debidamente. Quiero que mejores. Quiero que te veas en el espejo, y ames lo que ves.
—Cielo, eso no...-
—Quiero que te ames tanto como yo te amo —interrumpió—. Porque eres precioso, amor, justo de la forma en la que eres —acarició su cabello con afecto.
Taehyung sonrió levemente sonrojado.
—No es que no te crea, Jinnie. Solamente... Solamente siento que no tengo nada especial.
—Pues te equivocas. Lo tienes todo —el rubio sólo pudo sonreír, resignado—. Yo te amo. Yo te necesito. Yo pienso que eres brillante, y que tienes otras miles de virtudes. Yo veo tu belleza, toda tu belleza física y también la interior. Yo creo que eres perfecto —besó sus labios apenas finalizó. "Y voy a luchar desde el primer momento si al volver a encontrarte, no tienes eso en claro" pensó.
El tiempo era su sombra desde que despertó en aquel mundo. Seokjin sabía que enseñarle a su novio a quererse sería un proceso demasiado largo, ahora no disponía de medios para conseguirlo. Pero estaba determinado a lograrlo si al regresar a su mundo, descubría que aquel aspecto de Taehyung no había cambiado.
—Oh no cielo... —sonrió levemente al notar que los ojos de su amado se inundaban—. N-no de nuevo —su voz se tornó temblorosa.
—Lo siento —se disculpó Seokjin, esbozando una minúscula sonrisa al tiempo que se encogía de hombros.
En realidad, no sabía cómo conseguir que las lágrimas no humedecieran sus ojos al pensar en su futuro.
Su futuro, sin Taehyung.
—No, no —dijo consiguiendo escabullirse hasta salir del sofá—. No dejemos que esto nos gane. Ven, tomemos un baño juntos. ¡De burbujas! —sonrió después para correr hacia la habitación.
Jin suspiró, antes de sentarse y finalmente seguirlo. En realidad se sentía bastante cansado. Cansado de todas las formas posibles, pero haría un último esfuerzo por él.
El baño se llenó de burbujas, y la tina de espuma suave con aroma a lavanda.
Si bien el espacio no era enorme, ambos podían entrar cómodamente. La contextura pequeña del rubito contrastaba con la del mayor. Seokjin lo atrajo hacia su cuerpo, y Taehyung quedó sentado a horcajadas sobre sus piernas por debajo del manto blanco. El agua reducía la fricción, facilitando la libertad de los movimientos. Taehyung pasó los brazos tras su nuca, y apoyó los labios contra uno de sus hombros, besándolo lentamente.
Algo era evidente, ninguno estaba preparado para lo que vendría. Ninguno se sentía verdaderamente tranquilo.
Seokjin se quedó completamente quieto, simplemente abrazándolo así. Y Taehyung entendió que se estaba quedando sin control. En algún momento, nada de lo que hiciera o dijera podría atenuar la preocupación de su novio. Él no podría ayudarle más, lo supo en ese momento, en el que sus cuerpos estaban juntos, pero a la vez lejos. Y quiso llorar.
Las palabras murieron justo allí.
Tae se distanció hasta besar sus labios con cariño, y la sonrisa débil que el mayor le obsequió le hizo una enorme grieta en el corazón. Todavía intentaba sonreír para él.
Después de salir y vestirse con la ropa de dormir, Seokjin lo vio concentrarse en la pantalla de su ordenador durante un par de minutos, hasta que pudo oír suaves acordes en algún instrumento de cuerda. Una imponente voz grave y masculina se sumó segundos después. Taehyung se volteó a mirarlo, enseñando una sonrisa nerviosa.
Extendió una mano, invitándolo a bailar.
El castaño resopló una risa bajando la cabeza. Su novio parecía determinado a intentarlo.
De forma resignada, se aferró a la mano del rubio y se puso de pie con su ayuda.
"Cada vez que decimos adiós, yo muero un poco.
Cada vez que decimos adiós, me pregunto por qué
¿Por qué los dioses que están arriba, que todo deben saber,
piensan tan poco en mí, y te permiten partir?"
Taehyung hizo que su novio pusiera una mano contra la suya, y la otra en su hombro, mientras él lo acercaba desde la cintura. No tenía demasiada experiencia pero tampoco la necesitaba. Lo único que quería era lograr que Seokjin se concentrara en algo que no fuera lo que debían hacer mañana.
Y si eso era un baile, entonces bailaría.
Le sonrió con dulzura mientras empezaba un vaivén lento, siguiendo la melodía de jazz. Su gusto musical se había ampliado gracias a su amigo. La carpeta de Jungkook estaba repleta de baladas y canciones románticas, ideales para acompañar un momento íntimo con su pareja.
Seokjin lo siguió, sujetándolo con gentileza. Pasó la cabeza por sobre un hombro de Taehyung, y permaneció allí, cerca. Sintiendo el perfume de su cuello, el calor de su cuerpo, el sonido de su respiración calma y pausada.
Los violines sonaban cálidamente, acompañando cada fraseo. Un coro repitió el último verso, y la suave voz de una mujer hizo presencia, junto a un piano melancólico.
Tae cerró los ojos, y supuso que el castaño lo haría también. Para poder disfrutar un poco más.
"Cuando estás cerca,
Hay un aire primaveral sobre ello
Puedo escuchar una alondra en alguna parte
Comenzando a cantar sobre ello"
Taehyung trasladó los brazos en torno al cuello del más alto, retrayéndose a mirarlo por un instante. Seokjin juntó sus frentes tras inclinar la cabeza levemente hacia abajo. Respiró aire tibio sobre su nariz, y volvió a cerrar los ojos. El menor sonrió al sentirlo acercándolo más a él tras abrazarlo por la cintura.
Así estaba bien. Así se sentía en paz.
Ilusoria, pero paz al fin.
Se desplazaron más bien poco. No había demasiado espacio en la habitación del castaño. Eso tampoco lo necesitaban. Algo tan inusual para ellos, como lo era bailar, les estaba ayudando. Quizás no era el baile en sí, sino el hecho de permanecer abrazados con una melodía suave de fondo. Cualquier cosa que les permitiera mantenerse cerca del otro, podía bastar.
Lamentablemente, sus mentes estaban desgastadas por igual, por pensar y repensar en lo que vendría, en si el otro estaría bien, en todo lo que había ocurrido. Sus cuerpos tanto más, tantas horas sin descansar les quitaban energía.
Sólo sus corazones, últimamente intranquilos e inquietos, parecían haberse armonizado bajo el son de la canción, relajándose unos minutos. Llegados a ese punto, había muy poco que las palabras o las caricias pudiesen calmar.
Taehyung creyó que nada podría volver a lastimarlo, pero entendió que se había equivocado.
El dolor de sentir lejos a alguien que estaba tan cerca fue una de las peores cosas que pudo experimentar en la vida.
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Hola♥
He tenido una semana movidita, y muchos altibajos que creo que se vieron reflejados en lo que escribí. Y ahora que volví a leerlo me duele el corazoncito.
Como siempre, ¡muchísimas gracias por leer!
Buena semana :)
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