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—¿Cuánto tiempo llevas despierto? —preguntó, haciendo que el contrario se sobresaltara levemente. Seokjin bajó el mentón y detuvo las caricias en aquel cabello dorado, pudiendo encontrarse con los ojos claros del menor que ahora le miraban con curiosidad—. ¿Si quiera has dormido algo? —prosiguió Taehyung, todavía estando en sus brazos.
Tras llorar por casi una hora juntos, era lógico que las preocupaciones y la angustia acabaran por agotarlos, e igualmente el rubito se reprendía a sí mismo por permitirse descansar, mientras su novio permanecía despierto.
—Desperté hace diez minutos, como mucho —mintió, tratando de mantener su mirada apacible en la del menor.
—Es entendible, Jinnie —contrapuso, sabiendo perfectamente que Seokjin estaba engañándolo.
Se removió, apoyando su frente contra la piel de uno de sus brazos y cerrando los ojos. La calidez del castaño podía adormecerlo y llenarlo de paz. Aun bajo la oscuridad, podía distinguir su mirada y sus expresiones.
Las sábanas estaban levemente arrugadas, con el peso de sus cuerpos encima y vestidos en pijamas. Ni siquiera hubo tiempo de desacomodar la cama para recostarse apropiadamente, ellos compartieron sollozos y dolor, olvidándose de todo lo demás gracias al consuelo de poder estar juntos.
Seokjin bajó los labios hasta los mechones que cubrían su frente, dejando un sonoro beso. Tomó su rostro amorosamente, y volvió a besarlo, esta vez en la punta de su nariz. De inmediato pudo ver su sonrisa simétrica adornándole el rostro.
—Otra vez —pidió en un susurro. El mayor sonrió encantado antes de volver a besarlo repitiendo la misma secuencia—. Ahora aquí —Taehyung posó un índice en sus propios labios. Se permitió cerrar los ojos y disfrutar plenamente de la cercanía de su novio, quién acarició su mentón antes de regalarle una secuencia de aquellos besos que tanto amaba.
Todo era tan real.
El rubito lo escuchó reír cuando se acomodó en su pecho tras abrir las sábanas y deslizarlos a ambos debajo. Logró volver nulo el espacio entre sus cuerpos, dejando descansar su cabeza en el hueco de su cuello, y enredándose en sus piernas. Los latidos de Seokjin eran perfectamente audibles, su calor y su perfume tangibles. ¿Cómo era posible que fuera a olvidarlo todo de un momento a otro?... Él vivía por ese hombre, por su amor. Tragó, mientras su mente repetía en gritos silenciosos "No quiero irme de aquí". Taehyung estaba experimentando demasiadas cosas a la vez. Sentía miedo, mucho miedo. Estaba feliz de poder estar con él. Y contenía el llanto ante toda la situación.
Quería salvarlo. Evitar a toda costa que Seokjin sufriera más de lo que ya lo había hecho. Rogaba porque pudiera salir adelante aún con toda la adversidad del mundo encima. Su propia vida ya no le importaba. Desde hacía meses había dejado de hacerlo, de cierta forma.
Repensando en su pasado, su infancia y sus experiencias... No podía quejarse. Le tocó una familia amorosa y trabajadora, un cuerpo saludable -o quizás no tanto- y un novio magnífico que le devolvió las ganas de vivir. Perdió amigos, sueños y autoestima... Pero la balanza siempre se inclinaba hacia el lado de lo mucho que había ganado al final. ¿Le quedaban cosas pendientes? Muchas. Millones. Pero quizás no había venido al mundo a realizarlas. Puede que su propósito realmente fuera en otra dimensión, lejos de las personas y de todo lo que había conocido hasta el momento.
Tal vez todo había sido un sueño transitorio. Uno que tuvo sus momentos oscuros, y otros llenos de luz. Con personas que le pisotearon, y otras tantas que le ayudaron a ponerse de pie.
"Será en un santiamén, y luego todo habrá comenzado" fue lo que le dijeron cuando estuvo en La Agencia. Si cerraba los ojos, todavía podía ver ese espacio. No había muros o divisiones, y quienes le hablaban no eran personas. Sólo pudo ver a Suga, y a aquellos hombres que tenían un artefacto cubriendo sus ojos. Luego desaparecieron, dejándolo en un inmenso lugar, sin límites, sin colores, sin sonidos, más que aquellas voces resonantes que le explicaron todo. ¿Por qué usarían la palabra comienzo para referirse al final de su vida como ser humano?... Incluso pensó que se habían equivocado. Él lo hubiera anunciado como "... Y luego todo habrá terminado" ¿Qué podía quedarle de esos veinte años en los que había hecho su vida?... Nada, ni siquiera los recuerdos estaban permitidos.
Taehyung abrió los ojos levemente, viendo oscuridad, percibiendo calidez en su cuerpo y escuchando el compás rítmico del corazón de su amado. Sentía que esos brazos fuertes lo abrazaban como lo habían hecho tantas otras noches pasadas. Si tan solo hubiera garantía alguna de que Seokjin estaría bien... Eso lo dejaría verdaderamente tranquilo. Por ahora lo único que podía hacer, era apretar los párpados y rezar por su bienestar, físico y emocional. Porque continuara siendo el muchacho que contaba chistes malos, que estudiaba con dedicación y reía de aquella forma tan única. El chico del que se había enamorado.
—Siempre voy a decir que eres lo mejor que me ha pasado —scuchó cómo aquella voz melodiosa hablaba, resonando en todo su pecho y llenando los rincones de sus oídos. Sonrió.
—También eres lo mejor de mi vida, Seokjin —respondió.
Suga se cubrió el rostro, agobiado. Se suponía que haría su entrada triunfal al cuarto diciéndoles "tengo una posible solución" y en vez de eso, se quedó en el suelo, apoyando la espalda contra la puerta de la habitación en la que estaban. Algo estaba impidiéndole actuar, y no supo identificar qué era.
♦♦♦
10:07 AM Domingo (día 13)
Aunque no le había hablado en toda la mañana, Suga de alguna forma sentía que Seokjin estaba ignorándolo. Y le parecía estúpido pensar aquello, era evidente que lo hacía por querer aprovechar cada segundo junto a Taehyung.
Se quedó estático mirándolos preparar el desayuno juntos. Era una imagen rebosante de alegría.
Ambos conversaban de forma animada. El castaño estaba de pie tras el menor, con sus brazos en torno a su cintura mientras éste batía una mezcla. Cada tanto le susurraba algún cumplido, y compartían besos y risas.
También era una imagen triste.
Suga podía notar los ojos hinchados y las ojeras pronunciadas en sus rostros, destacando por sobre el aspecto desmejorado de los dos, y esas miradas cargadas de cansancio que se atenuaban por sonrisas.
En un momento, Taehyung manchó la mejilla del mayor con la cuchara conteniendo la mezcla en color crudo, y Seokjin lo persiguió por el pasillo ida y vuelta hasta alcanzarlo.
Con las ventanas empañadas, el aroma a comida y la tenue luz grisácea del día abriéndose paso en el departamento, parecía una mañana como cualquier otra. Aquel par de bobos jugaban, correteaban y se besaban como si todo estuviera bien, cosa que empezaba a fastidiar al Regulador.
El castaño se distanció un momento de los labios de su novio, dejando lo de limpiarse para después.
—¿Tomaste tus medicinas?
—Lo hice —respondió el rubito poniendo los ojos en blanco, colgado de su cuello— ¿Acaso importa?
—¿Qué dices? —Seokjin presionó su cintura haciéndole cosquillas—. Por supuesto que importa —su intento de mantenerse serio se esfumó tras oírle reír animado, y terminó sonriendo.
—¡Pero Jin! —protestó con voz aniñada-. No es necesario, estoy bien.
—¡Dijiste lo mismo cuando volvimos del viaje y ya viste lo que pasó! —contestó el mayor— ¿Qué? —se quejó al ver la forma en que su novio lo miraba.
—Cuando te molestas abultas los labios. Así —lo imitó, haciendo trompita—. Y es muy chistoso —dijo de forma despreocupada.
—Taehyung, estoy hablando seriamente —Seokjin intentó evitar sonreír esta vez.
—Sí, sí... Ya te oí —apartó los brazos de su cuello y se enderezó—. Todavía tienes algo... —señaló su mejilla. El castaño pasó dos dedos por su rostro quitándose la mezcla de los creps y degustando de aquel sabor dulce—. Sigue ahí —indicó mirándole. Una vez más, el mayor trató de limpiarse, esta vez usando la mano contraria—. Déjamelo a mí —murmuró Taehyung, antes de acercarse fugazmente a su rostro y pasar su lengua quitando lo que faltaba.
Seokjin lo vio relamerse exhibiendo una mirada juguetona. Mentiría si dijera que aquello le había desagradado.
—No creo que hayas hecho eso tomando en cuenta que ibas a meterte en problemas, ¿o sí? —avanzó hacia el rubito, volviendo a sujetarlo entre sus brazos.
—Me encantan los problemas —declaró arqueando las cejas.
Seokjin presionó los labios. Enloquecía ante la faceta de confianza de su novio.
Sin perder más tiempo, avanzó hacia el menor y lo besó con arrebato. Sus manos se enredaron en su cabello y sintió cómo el rubio lo acercaba desde la cintura. El gozo se extendía por su piel en una corriente cálida, mientras su boca se deshacía recorriéndole cada milímetro. A este punto conocía de memoria cada una de las curvas y todos los relieves que componían a Taehyung.
—Hey, se les está quemando la comida —avisó el de cabello azul.
De inmediato el castaño se apartó, y el menor gimoteó quejándose por su repentina separación.
—No ahora, tesoro —le sonrió fugazmente antes de alejarse del todo.
El rubio se quedó en su lugar, pero la molestia le duró apenas unos segundos. Sabía perfectamente cómo obtener lo que quería si se trataba de seducir a su novio. Miró al castaño volver a la comida y lo siguió, poniendo las manos tras la espalda.
—Cielo... —Seokjin se estremeció ante ese ronroneo mientras aquellas manos masajeaban sus hombros con delicadeza—. Quiero pedirte un favor —susurró en su cuello, poniéndose de puntillas.
—No vas a saltearte las medicinas —se anticipó.
—No es eso... —besó su nuca—. Lo que quiero es que vayamos al parque.
—¿Al parque? —Seokjin apagó el fuego, antes de voltearse—, ¿Por qué al parque?
—Hay nieve —sonrió. Lo había olvidado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse por el clima, pero ciertamente, la ciudad estaba cubierta de blanco—. Es la tercera vez que veo nieve, y me gusta mucho. ¿Podemos? —preguntó inclinando la cabeza a un lado mientras sonreía.
El mayor besó su frente.
—Podemos. Pero quiero que te abrigues bien, ¿de acuerdo?
—Tengo mi ropa de invierno en casa. No traje demasiadas cosas... ¡Pero tengo botas impermeables!
—De acuerdo. Es importante que no tomes demasiado frío. Voy a prestarte lo demás, y saldremos.
—¡Genial! ¡Gracias! —festejó dando pequeños saltitos.
—Pero primero la comida. Y vas a tomar un protector gástrico. Tráelo del baño, de prisa.
Taehyung corrió hacia la habitación obedeciendo, y Seokjin se ocupó de colocar las cosas en el desayunador para ambos.
Suga suspiró. ¿Cuándo les hablaría sobre su idea?... ¿Valía la pena interrumpir sus planes por algo que ni siquiera sabía si funcionaría?
—Luces tranquilo —aquel fue el primer diálogo a su anomalía.
—No lo estoy —replicó el mayor mientras colocaba los platos—. De alguna forma, siento que despertaré y estará a mi lado igual que siempre —suspiró—. Es difícil imaginar que pronto no estará conmigo —admitió cabizbajo. El de cabello azul lo observó en silencio, atento a sus palabras—. Quiero que sea feliz. Hasta el último segundo.
Bien, las parejas se separaban a diario en todas partes del mundo. Por miles de motivos. ¿Qué volvía diferentes a Taehyung y Seokjin?... Suga sintió que le temblaba el cuerpo mientras encontraba millones de motivos para retractarse. Ellos no eran parte de su vida. No eran personas que conociera desde siempre, mucho menos seres queridos. Eran almas que habían tenido la fortuna de encontrarse y la desgracia de separarse, como podía ocurrir con muchas otras. Se amaban, era evidente, pero ya habían vivido suficiente. Ambos estaban dispuestos a dar su vida por el otro, como toda pareja enamorada. ¿Qué los volvía especiales? Él y su novia se amaban también, y nadie les ayudó. ¿Por qué era su obligación hacerlo?... ¿Por qué tenía que forzarse a renunciar a su libertad por personas que, en definitiva, no conocía?
"No seas cobarde" se regañó a sí mismo, y antes de seguir pensándolo, habló.
—Seokjin, tengo que decirte algo —las palabras casi se atropellaron al salir de su boca.
Cuatro años habían transcurrido ya. Cuatro años donde su voluntad jamás flaqueó, donde fue testigo de muchísimas cosas que podía recordar a la perfección, y que no consiguieron distraerlo de su único objetivo: avanzar al siguiente caso.
El castaño le lanzó una mirada inquisitiva.
Y él se paralizó.
—¡Listo! —Tae apareció desde el pasillo—. Ahora puedo comer lo que sea.
Con una sonrisa afectuosa, Seokjin sujetó sus manos y las balanceó entre las suyas. Taehyung estaba poniendo mucho de su parte para no perder el buen ánimo. Ambos estaban esforzándose.
Los tres, pensó el mayor. Quizás por eso Suga lucía tan atormentado.
—Vamos, tesoro. Mientras más pronto terminemos, más pronto podremos ir al parque.
El Reparador suspiró sintiendo que acababan de salvarlo. Estaba en un dilema.
♦♦♦
Seokjin se maravilló ante el paisaje invernal. La nieve acumulada estaba cómodamente instalada sobre la calle, las ramas de los árboles y los techos de los edificios y balcones. Había pisadas marcadas en todas partes, y un sendero de asfalto por donde transitaban los vehículos. El crujido de sus zapatos contra el manto blanco lo trasladó a inviernos pasados, donde todavía se daba tiempo de disfrutar de aquello como cuando era un niño.
Taehyung se había soltado de su mano hacía bastante, adelantándose para armar un pequeño muñeco y dejarlo junto a los otros dispuestos en fila, tras la visita de muchos infantes creativos al parque.
Suga también parecía distraído mirando la nieve. Seokjin lo notó mucho más callado que otras veces... Parecía entristecido. Iba a preguntarle, pero era imposible ignorar la risa animada de su novio.
El rubio, que ahora lucía una bufanda gris y un gorro de lana azul que le había prestado el mayor, corría como si tuviera toda la energía del mundo. El mayor comprobó con ternura lo mucho que su novio adoraba la nieve.
—Jinnie, ¡Mira esto! —apuntó hacia arriba tras detenerse bajo las ramas de un imponente árbol. Seokjin se encaminó a su lado— ¡Es hielo!
El castaño frunció el ceño para agudizar la visión ante pequeños cristales alargados que colgaban de las ramas, puntiagudos y brillantes.
—Debió hacer bastante frío anoche. Y todavía no se han derretido —el mayor se frotó las manos por inercia.
Taehyung devolvió la mirada hacia arriba.
—Es bellísimo, ¿no lo crees?... Las personas aprecian los árboles cuando tienen hojas de colores o flores. Pero en invierno es cuando pueden lucir todas y cada una de sus ramas... Es como ver su interior, no la capa externa —comentó—. Y aun si cae una nevada, o se cubre de hielo, se verá hermoso. El invierno adorna todos los árboles por igual. Es la única estación del año que los muestra tal cual son.
Seokjin observó, al tiempo que una tenue ráfaga movía los diversos hilos de hielo que cubrían el árbol hasta en sus brotes más delgados. Un par de gotas frías mancharon sus mejillas, y enseguida bajó la mirada hacia su novio.
—Un árbol nevado. Como en tu contacto —musitó.
Acababa de recordar que el número de Taehyung exhibía una imagen similar. El rubio había elegido un árbol cubierto de blanco en vez de una fotografía propia. Y Seokjin sintió un cosquilleo al recordar que de aquel número con esa llamativa imagen, había recibido el mensaje que anunciaba su llegada. Esa fue la noche en la que se encontraron por primera vez en la realidad alterna. Esa fue la noche en la que un jovencito sonriente besó sus labios con el amor más sincero que alguien le había entregado en su vida. Jamás imaginó que sería Taehyung, mucho menos que terminaría enamorándose de él. Y ahora, de forma casual, le había explicado el porqué de su elección.
Para Seokjin, al menos hasta hacía dos minutos atrás, un árbol en invierno era una imagen solitaria, incluso triste. ¿Por qué alguien como Taehyung, que poseía una mente tan única al punto de permitirle encontrar belleza donde los demás no podían, había acabado hundiéndose en el dolor como para querer acabar con su vida en más de dos ocasiones?... ¿Por qué tenía que renunciar a la oportunidad de continuar?
Suga los vio desde más allá, ambos de pie con las ramas teñidas de blanco sobre sus cabezas. De forma silenciosa, empezó a acercárseles.
—Creo que ahora lo entiendo —sonrió el mayor mientras le tomaba las manos, rozando el polar de los guantes. El rubio lo miró con curiosidad, teniéndolo justo frente a él, en medio del paisaje blanco—. Eres demasiado precioso para este mundo, Kim Taehyung —el contrario parpadeó, confundido—. Es así —declaró con convicción, con el vaho deslizándose desde sus labios rojizos.
—¿Qué estás diciendo? —rió, ante la confusión.
—Y por eso no puedes quedarte —continuó, acariciándole una mejilla—. Eres demasiado para este lugar. El mundo es cruel y corrupto. La gente es deshonesta y mentirosa... Mereces un mundo mucho mejor, donde nadie pueda volver a hacerte daño, Tae.
El menor tragó, con su mirada fija en la del castaño.
—¿Por eso crees que debo irme? —preguntó entristecido.
—Estarás mejor —murmuró con los ojos inundados—. Y si es así, es egoísta querer retenerte conmigo. ¿Quién soy para adueñarme de ti?
—Mi todo —contestó apresurado—. Tú lo eres todo, Seokjin —reafirmó—, y estás olvidando un pequeño detalle: No quiero irme.
—Tienes toda una Dimensión esperándote, Tesoro —le sonrió—. Eres parte fundamental de esa Organización. Ellos, y todos nosotros, incluyéndome, contamos contigo. Tus habilidades van a contribuir a mantener el orden.
—Sí, ese discurso ya lo escuché cuando estuve allí —tragó—. Dijeron que mi aporte es fundamental.
—Yo también lo creo —asintió—. Estarás cuidándonos. Incluso a mí, aunque sea de forma indirecta. Serás como un ángel. Mi ángel... —Seokjin lo miró sin apartar su sonrisa, aunque ésta fuera débil.
—P-pero Jin... Yo perderé al mío —lo miró con intención.
El mayor presionó los labios para impedir que las lágrimas rebalsaran de sus ojos grisáceos. Ni así pudo conseguirlo. Intentó recomponerse, se limpió de forma rápida para volver a sonreír.
—N-necesito una causa, ¿entiendes?... —le dijo a Taehyung, quien ya estaba en lágrimas—. Una razón que tenga validez. Que explique por qué no puedes quedarte...
—No quiero irme —repitió en un sollozo.
—No quiero que te vayas —le dijo, antes de abrazarlo con fuerza. Seokjin lo sostuvo en sus brazos mientras cerraba los ojos un momento. Era terrible volver a oírlo llorar, y era peor recordar lo que les esperaba.
El frío invernal los rodeó queriendo filtrarse entre ambos, pero no lo consiguió. Taehyung hundió la cabeza contra el abrigo de su novio, sintiendo cómo su cuerpo estaba siendo contenido por él. Las lágrimas le dolían, en la brisa helada se sentían ásperas; pero el pecho le dolía todavía más.
El castaño desvió su mirada, encontrándose con que su guía los observaba desde cerca.
Fue apenas un breve momento, pero bastó. Suga volvió a verlo llorando desesperación y dolor. Su anomalía continuaba rogándole por alguna solución.
—Seokjin... —el de camisa blanca se instaló a su lado, y miró hacia el suelo—. Necesito que me hagas un favor muy importante. ¿Lo harás?
El mayor, todavía abrazado al rubito, asintió, un poco dudoso.
—¿De qué se trata? —preguntó, ocasionando que Taehyung se apartara un momento.
—Regresemos y te lo explicaré —soltó, antes de girar sobre sus talones y comenzar a alejarse.
Tae miró a su novio, confundido.
—Volvamos —le dijo el mayor, acariciándole el rostro una vez más.
Después de que el menor asintiera con la cabeza, Seokjin le dio un beso con dulzura, y sintió un leve cosquilleo ocasionado por su naricita ahora levemente sonrosada, helada como la mismísima nieve. Despejó los rastros de lágrimas de sus mejillas, y le sonrió con afecto.
Tomó su mano y caminó a su lado, de vuelta al departamento.
♦♦♦
Seokjin vio que su guía iba de un lado a otro frente al sofá, ansioso.
—Cielo, ¿todo está bien? —le preguntó Taehyung.
—Sí, solo... Suga tiene algo que pedirme —le informó al menor, que estaba bebiendo agua en el desayunador.
El castaño escuchó el sonido del vaso de vidrio siendo apoyado en la mesa de madera, y luego unos pasos que finalizaron en el sofá hundiéndose en el lugar junto a él.
—Pude verlo por unos segundos —le contó a Seokjin—. Pensé que sería más alto —admitió con una sonrisa.
En otro momento, hubiera continuado esa pequeña conversación propuesta el rubito... Pero no podía despegar su mirada del Regulador. Ya se había acostumbrado a recibir malas noticias de su parte, y esta vez probablemente sería algo mucho peor. Taehyung notó que su amado parecía atento a algo que no era él, y prefirió esperar.
Suga finalmente detuvo su constante vaivén, todavía con la vista en el suelo y una mano cubriendo levemente su boca.
—Necesito que me hagas un favor —anunció con voz seria—. Si todo sale bien, no solo me habrás ayudado. Sino que es probable que Taehyung se salve.
—¿¡Qué!? —el grito de sorpresa del castaño asustó al nombrado.
—Sí —respondió Suga—. Pero debemos ser rápidos, ¿entiendes?
—Aguarda, espera —Seokjin se puso de pie de un salto—. No entiendo nada. Por favor, explícame —su pecho empezó a subir y bajar de forma intensa. Y no era para menos. Su guía estaba diciéndole que había posibilidad de revertir la situación de Taehyung.
—Tengo tres herramientas —comenzó el guía, luciendo tan ansioso como él—, ¿Las recuerdas?
Seokjin intentó buscar en su memoria, sin poder salir de su estado alterado.
—Uhm... Una era la que daba con La persona requerida y uhm, la- la otra creo que... ¡Ah, sí! Te permitía hacer una acción dentro del mundo físico. La última era... La última...
—Bien, sí. Esas son dos —intervino el de cabello azul—. La última permitía trasladar mi consciencia a una realidad diferente a ésta, durante una hora —El mayor asintió, expectante—. He revisado en todas partes, no hay nada que indique que es imposible darle mis herramientas a una anomalía. Tampoco hay registros de que se haya hecho, por lo que no estoy seguro de que vaya a funcionar. Debemos intentarlo.
Seokjin tragó, ¿había escuchado bien?
—¿Vas a pasarme tus herramientas? ¿Por qué?
—Porque vas a utilizarlas.
—¿Yo? —preguntó temeroso—, ¿Qué pasará si no puedo recibirlas?
—Entonces no habrá nada más por hacer —suspiró—, pero creo que puede llegar a funcionar. Nosotros todavía podemos conectar, puedes verme y oírme. Si recibes las herramientas, deberás usarlas. Es la única forma.
—¿Y qué? ¿Qué es lo que debo hacer con ellas?
—Primero, debes obtenerlas. Vamos a hacerlo —Suga tomó distancia del mayor.
—¿¡Qué!? ¿Ahora?... ¡Espera, no sé qué hacer!
—Cielo... —Taehyung se puso de pie tras verlo alarmado.
—Dile que retroceda —le indicó el de cabello azul.
—Tae... —Jin se acercó al menor de forma suave—. Suga quiere ayudarnos —le informó, tomando sus manos un momento—. N-necesito que te mantengas tras el sofá. Ve.
La mirada miel del rubio demostraba desconfianza, pero asintió sin rechistar. Cuando estuvo alejado, Seokjin se puso en posición, como si su guía fuera a dispararle con algún proyectil.
—Será un momento. No dolerá. Solamente no te asustes al ver el resplandor, ¿de acuerdo?
—¿Qué debo hacer?
—Quedarte quieto. No vas a tocarlo, Seokjin. Si puedes recibirlas, notarás que tu mente trabajará como si recibiera un instructivo. Debería ser rápido. ¿Estás listo?
El castaño en realidad estaba aterrado, pero no tenía opción.
Suga cerró los ojos y exhaló, eso le permitía concentrarse. Luego, sus manos extendidas hacia el mayor comenzaron a brillar, y aquella luz cegadora obligó a Seokjin a voltear levemente. Taehyung observaba en silencio, bastante confundido puesto que sólo podía ver a su novio apretando los ojos con fuerza.
Entonces, ocurrió.
A una velocidad bastante impresionante, Seokjin notó que de alguna forma su mente procesaba información nueva. Se quedó estático mirando a un punto fijo, retomando una posición normal mientras el resplandor desaparecía.
Suga lo vio, y pronto vio sus propias manos, temblando. Había funcionado. Lo que creyó que era un disparate y no resultaría, lo había hecho.
—Jinnie... —Taehyung salió de su lugar y corrió a abrazarlo, sacándolo de aquel trance.
—F-funcionó, ¿cierto? Sé cómo usarlas —miró al guía mientras rodeaba a su novio con los brazos. Su expresión cambió al ver al Regulador.
Suga se dejó caer en la alfombra, en silencio. El plan que consideró un fracaso, estaba a nada de funcionar. Él dejaría de existir.
—¿Suga?... —Seokjin se acercó tras apartarse levemente de Taehyung.
—L-las tienes —balbuceó sobrellevado—. Tienes mis herramientas.
—Sí. Aunque no sé en donde están —se miró a sí mismo recorriendo su cuerpo desde los pies.
—Cielo, ¿qué ocurre? —Taehyung volvió a acercársele. Se puso en puntillas y habló casi en un susurro, esperando alguna respuesta.
—Amor, dame un momento —le indicó el castaño antes de besar sus labios de forma rápida.
Por supuesto, él había accedido a que eso ocurriera. Se supone que ayudaría a Seokjin y a Taehyung. Que lo hacía para dejar de ser un cobarde.
Ya no había vuelta atrás. Su momento había llegado.
—S-Seokjin —lo llamó, tras ponerse de pie y recuperarse un poco—. Perdona —tragó—. L-la primera etapa está completada. Ahora, necesito que pongas mucha atención.
El castaño asintió, más aliviado de que su guía estuviese hablándole con normalidad. Sin embargo, aquel sentimiento de tranquilidad no tardó en esfumarse. Seokjin contempló como los ojos pequeños y oscuros de su guía se fijaban sobre los suyos, con un terror más que evidente. Un silencio cargado de tensión inundó la habitación.
—Debes ir al plano donde estoy hospitalizado. Para desconectarme.
—¿Qué? —esta vez fue apenas un murmullo.
—¿Jin?... —Tae lo llamó tras verlo palidecer.
—Cuando lo hagas, La Central va a darme a escoger. Puedo quedarme en la dimensión siendo un Auxiliar, conservando mi cuerpo y mi mente; o renunciar y descansar en paz —bajó un poco la vista, después de tragar—. Y p-puedo negociar para que no capturen a Taehyung a cambio de que yo me quede con ellos.
—¿¡Que vas a hacer qué!? —Seokjin negó con la cabeza, contrariado.
—No sé si dará resultado, en verdad no lo sé, pero puedo intentarlo —asintió—. Es probable que accedan, porque los-los Auxiliares escasean y son entidades muy importantes. Pueden hacer tareas y trabajos que los Reparadores no pueden, y que los Seres del Continuo no deberían hacer. S-su ausencia obliga a muchos de ellos a tomar su lugar, sin poder desarrollarse como es debido —Suga habló apresurado, todavía nervioso—. No hace falta ser demasiado inteligente, no muchas personas escogen quedarse, por lo que, si yo lo hago con la condición de que dejen tranquilo a Taehyung, tal vez accedan.
—No —negó mientras comenzaba a temblar—. Vas a hacer algo estúpido sin siquiera tener una garantía, es un rotundo no.
—Cielo —Tae posicionó una mano sobre su brazo, tocándolo delicadamente.
—Seokjin...
—¿Te estás escuchando?! —alzó la voz—. ¿Por qué quieres hacer algo así? ¡¡Renunciarás a tu libertad!! A la posibilidad de volver al mundo, Suga —lo miró dolido—. Todavía puedes despertar y volver con tu familia, ¿¡Por qué te ofreces a hacer algo así!?
Suga sintió que el pecho se le oprimía con dolor, y sus ojos oscuros se inundaban. Estaba sosteniéndole la mirada a su anomalía, pero era como si pudiese ver a través de él.
Taehyung retrocedió, asustado ante la reacción del castaño.
—Porque es la única forma —habló finalmente, comenzando a llorar.
—¡No! ¡¡No quieres hacer esto, yo lo sé!! —replicó el mayor, escandalizado—. Llevas años soportado todo... ¿Y ahora quieres tirarlo por la borda?
—¡No hay otra forma, Seokjin! Taehyung tiene esta única oportunidad para salvarse de La Agencia, de lo contrario, desaparecerá —levantó la voz, tratando de intimidarlo—. Tienes que desconectarme. Yo haré todo lo posible para que lo dejen vivir.
—¡Pero vas a encerrarte!... —sollozó el mayor, atormentado—. Di-dijiste que querías descansar, que ése lugar no era para ti. Dijiste que si no podías estar con tus seres queridos, entonces preferías estar solo. ¡Te estás obligando a hacer esto! ¡No quieres hacerlo en realidad!
—Seokjin, por primera vez en cuatro años, puedo elegir —avanzó hacia él—. Nunca he podido hacerlo desde la noche en la que me atropellaron. La última decisión de mi vida, fue seguir el camino de siempre para volver a casa —explicó—. Y terminé aquí, donde nunca he podido decidir sobre mí, ¿comprendes?
—Jin... —Taehyung volvió a acercársele tras oírlo llorar. Pasó sus brazos en torno a su espalda, y lo sostuvo en silencio.
—Mi familia ha tenido suficiente —continuó el de cabello azul—. Todas las malditas noches pienso en mi madre. En lo difícil que debe ser para ella tenerme hospitalizado aún después de cuatro años —admitió entristecido—. Mi familia ha pasado por demasiado como para tener que cargar con mi cuerpo por más tiempo —sus labios temblaron—. Fue suficiente...
—P-pero-
—Esta es mi decisión, Seokjin. Tienes que hacerlo por mí.
—V-vas a permanecer por la eternidad en ese lugar horrible —lo miró con compasión. Estaba seguro de que su guía tampoco merecía quedarse en esa dimensión.
—Lo olvidaré todo, y será mucho mejor que continuar aquí, como un Reparador. Yo también estoy agotado —admitió bajando la vista.
—¿Nunca volveré a verte?
Taehyung dio un respingo, su impaciencia aumentaba a cada segundo, ¿qué estaba ocurriendo?
—Nos despediremos ahora, Seokjin. Morir no debería llevar más que algunos segundos, y cuando suceda, me trasladarán a La Central —explicó—. Mañana, abordarás el tren junto a Namjoon, recuerda respetar el horario entre las seis y las siete... Luego volverás a casa.
—Suga... —negó con la cabeza—. No quiero ser yo quien te haga eso. No me obligues, por favor...
El de camisa lo miró, consternado.
—En ocasiones agradezco que Taehyung no pueda oírnos. ¿Cómo crees que se sentiría al saber que estás rechazando la única posibilidad de salvarlo? —objetó. Seokjin presionó los labios, mirando al menor por inercia—. Los dos sabemos que si él estuviera en tu lugar, lo habría hecho inmediatamente con tal de ayudarte.
La culpa y el dolor lo hicieron sentir miserable. Por más duro que fuera escucharlo, Suga estaba en lo cierto. Taehyung seguramente no habría cuestionado el cómo, si con eso conseguía salvar a su amado.
Seokjin se volteó hacia su novio, y sostuvo su rostro entre sus manos. El rubito lo miró lleno de angustia, no tenía idea de qué podría haberlo puesto en ese estado.
—Hiciste tu elección hace tiempo... En el momento en el que te dije que escapemos cuando estábamos en esa cafetería, ¿lo recuerdas? —preguntó el guía—. Ese día te negaste a escucharme, y volviste frente a él. Lo elegiste.
Por supuesto: Taehyung. Primero estaba Taehyung. Siempre Taehyung.
El castaño besó su frente en un gesto protector. Estaba dispuesto a dar su vida por él, y lo haría. Pero entregar la vida de alguien más, era aún muy doloroso. Seokjin lo abrazó. Hubiera preferido tomar el lugar de Suga para poder ayudarle.
—No vas a hacerme ningún daño, Seokjin —habló el Reparador—. Te estoy pidiendo esto como un favor, ¿lo olvidas?... Quiero que seas tú, alguien a quien considero un amigo, quién me ayude a cumplir mi decisión —los ojos platinados del mayor brillaron ante la palabra "amigo" con la que Suga se había referido a él—. Sin ti no podré hacerlo. También es la única oportunidad para mí.
—Jinnie... —Taehyung trató de buscar respuesta a las muchas preguntas que tenía en mente.
—Tae, mi amor —habló sin quitarle los ojos de encima—. Suga me ha hecho una propuesta. Necesita mi ayuda —dijo en calma—. Así que voy a hacerlo, ¿de acuerdo?
—¿Es algo malo?
—Es algo difícil... —respondió el mayor—. Pero te lo explicaré después. Sólo quiero que permanezcas tranquilo —volvió a besar su frente.
Taehyung tragó con dificultad. Por lo poco que había oído, sospechaba que era algo complicado.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? —preguntó, ignorando completamente que su pregunta cobraba un peso muy particular.
Suga los observó en silencio.
—Muy seguro —asintió Seokjin. Besó sus labios un instante, y luego se distanció a esperar las instrucciones de su guía.
—Vas a ir a Daegu, la ciudad donde crecí. Estoy en el hospital de la región norte. No tengo más información porque desperté aquí. Pero conozco a mi familia, estoy seguro de que debo estar allí. Deberás ser rápido para encontrar un piso, y una habitación —explicó—. Nadie podrá verte, hasta que uses la única interacción física, que será cuando apagues la máquina que me permite vivir. Seokjin... —avanzó hacia él mirándole directamente a los ojos—. Es un hospital. Si las máquinas comienzan a sonar, un equipo de emergencia debería asistirme. No debes permitir que eso suceda, ¿entiendes lo que digo?
—J-jamás he estado en Daegu.
—No tienes que preocuparte, será un pequeño paseo. Mientras más tiempo ahorres, mejor.
El castaño asintió con la cabeza, sintiéndose nervioso. ¿Realmente lo lograría?
—Lo mejor será que te recuestes. Tu cuerpo quedará aquí. La disociación será momentánea. Tienes una hora y nada más que una hora. Si al transcurrir ese tiempo, no lo consigues, regresarás a este plano. El viaje puede dejarte un poco mareado, pero debes recuperarte —prosiguió Suga—. Es probable que te sientas ligero, pero no podrás volar ni nada parecido. Cuando regreses, lo ideal sería que no me encuentres aquí.
—¿Cómo sabré si lo que intentaste funcionó?
—Deberás esperar a tu regreso. Si el plan resulta, podrás encontrar a Taehyung en tu mundo. De lo contrario, nadie lo recordará, excepto tú.
—¿C-cómo puedo dar con él?
—Era tu conocido, por lo que eso seguirá igual —explicó—. Seokjin, no olvides que iba en el tren contigo y con Namjoon... —lo miró con intención. El castaño asintió. Desde luego que existía la posibilidad de que permaneciera en el mundo, pero resultara gravemente herido—. Si sobrevive, olvidará que tuvo su despertar y toda la información que tenga respecto a nuestra dimensión. Lucirá como un muchacho corriente, pero no será tu pareja.
—Entendido. Uhm... —bajó la cabeza—. Esto nunca ha ocurrido antes, ¿cierto?
—Jamás. Ni siquiera sé si querrán escucharme. Cederte herramientas ya supone una falta considerable ante mis superiores.
—Entonces... No hay garantía.
—Ninguna. Pero es la única oportunidad que tenemos.
—¿D-de verdad quieres hacer esto? —preguntó temeroso, con la vista todavía fija en el suelo.
—Seokjin, pase lo que pase, jamás voy a poder agradecerte lo suficiente —el mayor levantó la mirada encontrándose con la vidriosa de su guía—. He tratado con miles de casos. He visto la historia de cada anomalía, y he visto los aspectos más inhumanos que tenemos, siendo humanos —declaró, recordando las veces en las que la anomalía se dedicaba a reunir las condiciones para volver a casa, mostrándose desinteresado por el mundo alterno y las personas que lo componían—. He sufrido junto a todas las personas que asistí —incluso así, el dilema de enfrentar una realidad nueva era considerable—. He tratado de hacer mi trabajo de la mejor forma posible. No soy un guía perfecto; pero no miento al decir que me he esforzado —Seokjin asintió, sintiendo las lágrimas desbordar de sus ojos platinados mientras podía ver las de él—. Gracias. Por recordarme lo que es estar enamorado. Por demostrarme que existe gente llena de valentía. Por ser alguien noble, y probarme que en el mundo hay personas que merecen vivir.
El mayor asintió mientras extendía sus manos hacia él. Igual que siempre, las traspasó, pero no por eso las apartó. Mantuvo sus brazos firmes mientras pretendía sujetar sus manos enlazándolas, y agradeció que Suga respondiera a su gesto.
—No voy a olvidarte, Min Yoongi. Prometo que visitaré a tu madre, y le recordaré el joven extraordinario que fuiste —Suga sonrió con auténtica dulzura mientras asentía—. E incluso si no estás ahí, voy a preguntarme qué me aconsejarías tú —sonrió también—. Voy a extrañarte.
Tae permanecía detrás, mordiéndose las uñas. Estaba muerto de ansiedad, angustiado hasta la médula. Esperaba una explicación, y no la obtuvo sino hasta que el mayor estuvo recostado en el sofá.
—Tesoro... —lo llamó, y el rubito se arrodilló frente a su cuerpo ahora reposando cómodamente entre los almohadones rojizos—. No llores...
—¿Qué está pasando, Jin?
—Tranquilo —le acarició el rostro de forma lenta—. Mi consciencia viajará a otro plano por un momento. Tengo una hora para hacer lo que Suga me pidió, en cuanto lo haga, regresaré.
—¿Cuál plano?, ¿Por qué?
—Porque es la única forma de ayudarlo. Y de ayudarte —completó, irguiéndose a besar sus labios—. Luciré dormido, pero no podrás despertarme. No temas.
—¿S-sólo debo esperar?, ¿Suga se quedará conmigo?
—Sí, él va a estar justo aquí —le aseguró—. Te lo explicaré todo en cuanto vuelva, ¿de acuerdo?
Taehyung se aferró a la mano del mayor que le acariciaba una mejilla, con miedo. Sus ojos lucían cristalinos y cargados de pánico, pero no se permitió llorar más.
—Ten cuidado, por favor —pidió, con la voz temblorosa. Incluso si no tenía idea de qué era lo que Seokjin tenía que hacer, esperaba que no fuera algo que pudiera ponerlo en riesgo.
—Lo tendré —luego volvió la mirada al muchacho de camisa blanca y pantalones oscuros.
—Cuídate, Seokjin. Cuídense —añadió viendo a Taehyung sujetarle una mano.
El castaño asintió, y luego cerró los ojos recostándose. El instructivo en su mente le decía que debía relajarse para poder empezar. Sería algo similar a quedarse dormido, sólo que un poco más rápido.
Taehyung soltó una lágrima al sentir que el agarre de su novio perdía fuerza y su brazo caía a peso muerto.
—¿Jin? —preguntó, sin obtener respuesta. De inmediato buscó el reloj, que marcaba las 12:53 PM. Una hora. Le había dicho que sería solo por una hora.
El menor se acercó hasta besar su frente y acomodar su brazo de regreso a un lado de su cuerpo. Seokjin lucía tranquilo, como si estuviera auténticamente dormido. Taehyung suspiró, y se reincorporó a limpiarse el rostro. Se suponía que Suga estaba con él, pero era frustrante no poder verlo otra vez.
—¿Crees que lo consiga? —preguntó en voz alta, mirando hacia el techo de la habitación, su voz saliendo temblorosa—. Lo que tiene que hacer —Silencio—. ¿Por qué no puedo dejar de ocasionar problemas? —lloró. Bajó la vista, sintiéndose terriblemente mal. Las lágrimas viajaron hacia la punta de su nariz, y cayeron manchando la alfombra. Hipó, sus hombros se movieron hacia arriba y hacia abajo, en espasmos.
Caminó hacia Seokjin, y colocó su brazo sobre sus hombros, intentando levantarlo. Quería llevarlo a la cama, para poder recostarse a su lado a esperar que despierte.
—No vas a conseguirlo, Taehyung —Suga habló en vano, tras ver que el menor batallaba para intentar manipular el cuerpo de su novio—. Sólo déjalo. Déjalo en donde está —suspiró. Aquel jovencito era perseverante, no se detenía.
Taehyung lo arrastró, hasta que las piernas del castaño cayeron al suelo, en un golpe seco.
—Perdona, cielo —se disculpó besando su cabello para luego comenzar a llevarlo a la habitación. Suga lo siguió con una mano en el puente de su nariz.
Taehyung forcejaba y avanzaba realmente despacio. El atlético cuerpo que tanto amaba era bastante pesado. Se quejó algunas veces, hasta que consiguió dejarlo al pie de la cama. Lo dejó sentado contra el colchón, mientras pensaba en cómo subirlo a las sábanas sin volver a golpearlo.
—¿Y ahora qué? —preguntó el guía. Taehyung permanecía pensativo mirando la cama—. Buena suerte. Eres ingenioso, a ver cómo lo haces.
Como si lo hubiera oído, el rubito se subió a la cama, quedándose de pie. Se acercó hasta el extremo donde estaba el cuerpo inconsciente de Seokjin, y luego se agachó a sujetarlo envolviendo los brazos a su pecho. Se puso de pie, y con toda su fuerza, tiró hacia atrás.
Suga aplaudió. Taehyung había subido el cuerpo de su novio a la cama. Estaba aplastado, pero tanto él como el castaño estaban recostados. El menor se apresuró a salir de debajo para ponerlo a un costado, en su lugar de siempre. Colocó una almohada bajo su cabeza, y enderezó sus piernas y brazos.
—Jinnie eres tan pesado —se quejó, quitándole los zapatos —Suga lo vio recostarse junto al mayor, y abrazándose a él—. Estás poniéndote frío. Eso no me gusta —comentó afligido, para luego buscar del armario una manta de invierno y ponérsela encima.
Tae sollozó preocupado, volviendo a abrazarlo. No entendía del todo qué estaba sucediendo, y esperaba que Seokjin despertara pronto tras haber logrado su cometido.
—No les molesta si me sumo, ¿cierto? —preguntó el guía, cabizbajo—. Ustedes fueron los primeros en admitirme en su cama —Suga se hizo un ovillo hacia los pies de Seokjin, quedándose en un pequeño rinconcito. Se abrazó a sí mismo, y cerró los ojos pegando su frente a sus rodillas.
Faltaba poco para dejar de existir, y estaba nervioso. Se preocupó por si dolería, por si vería una luz blanca o en su defecto, oscuridad. Estaba asustado. Hubiera preferido tener a alguien abrazándole durante sus últimos minutos, extrañaba sentir calor. De todas formas, podía conformarse si permanecía en el único lugar donde todavía había alguien consciente de su presencia.
♦♦♦
Seokjin abrió los ojos, estando en medio de una ciudad que no conocía. Los coches pasaban por la calle, las personas caminaban en la acera. Volteó, mirando a todas direcciones y divisó un enorme edificio que resaltaba respecto a todos los demás. Tenía varios pisos, estaba pintado en blanco y lleno de ventanas.
Intuyó que sería el hospital, y cruzó dos calles hasta plantarse en la entrada.
Sólo cuando se detuvo notó que su cabeza daba miles de vueltas. Quiso vomitar, las náuseas eran enormes. Veía que temblaba, y extendió los brazos mirándose a sí mismo. Vestía la misma ropa, no había ninguna clase de transparencia, excepto... Que las personas avanzaban atravesándole.
El castaño dio un brinco al percatarse de que una mujer apareció caminando de espaldas como si hubiese salido desde su pecho. Cerró los ojos cuando un hombre mayor avanzó hacia él, y los abrió al comprobar que no había experimentado ninguna clase de sensación. Volteó hacia atrás, y luego a los lados. Estaba soleado, y aunque era pasado el mediodía, había bastante movimiento en la entrada de aquel hospital. Las puertas de vidrio se abrían y cerraban a cada minuto.
Se recordó a sí mismo que contaba con apenas sesenta minutos, y tomando aire, ingresó.
El hospital era una institución demasiado caótica, se preguntó cuándo había olvidado aquello. Gente de bata y chaquetas caminaba por todas partes, con prisa. El suelo brillaba bajo sus pies, él podía ver su propio reflejo. Una hilera de asientos y varios juegos de sofás le advirtieron que estaba cerca de la sala de espera. Los carteles mostraban los principales sectores, y unos pocos carteles iluminados en verde indicaban las salidas de emergencia. Aunque podía ver y oír el murmullo general, no era capaz de percibir ningún olor, ni tampoco sentía frío o calor. Era un estado bastante extraño.
Avanzó despacio, notando que su cuerpo le resultaba mucho más liviano que de costumbre, como si hubiera perdido peso. Se animó a correr, y se detuvo abruptamente al comprobar que chocaría contra un mostrador donde estaban dos mujeres vistiendo de blanco.
—Uhm, disculpe... —y aquello bastó para recordarle que nadie podía verlo u oírlo. Las mujeres revisaban monitor y teléfono móvil, respectivamente. No conseguiría preguntarles nada.
Giró sobre sus talones. Un hombre de edad mediana se acercó atravesándole hasta poder hablar con una de las mujeres. Después de preguntar por un doctor, se puso en marcha.
¿Cómo conseguiría él dar con la ubicación de su guía?
Miró uno de los planos del hospital colgado en una de las paredes, y se acercó a observarlo con atención. Ser sólo una consciencia tenía sus desventajas.
Permaneció mirando detalladamente los distintos pasillos, identificando cada sector. Se suponía que la zona de cuidados intensivos estaba en la segunda planta, y enseguida caminó en dirección a las escaleras.
Se sorprendió nuevamente al sentir que tenía más dominio que el habitual sobre su cuerpo. Era como si no necesitara esforzarse demasiado para moverse. Quizás era porque, en realidad, no estaba transportando su cuerpo. ¿Suga se sentía así todo el tiempo? ¿Conservando únicamente dos, de los cinco sentidos? No podía tocar, saborear, ni percibir ningún aroma. Abrió los brazos, extensiones largas y musculosas, hasta que sus manos traspasaron por las paredes. Sabía que aquello había ocurrido, pudo verlo, pero no experimentó ninguna sensación. El impacto visual era poco importante puesto que no había nada en su mente que pudiera indicarle cómo sería aquel estímulo.
Entonces lo recordó. Cada que el de cabello azulado mencionaba que los hechos quedaban, y las emociones se desvanecían.
Seokjin apenas llevaba unos minutos siendo una consciencia, y dudaba un poco sobre si su memoria le era fiel al momento de recordar la sensación del frío, la dureza y la rigidez que caracterizaba a las paredes de concreto. Suga, llevando años... ¿Cómo podría recordar lo que alguna vez vivió?... La calidez de otro cuerpo, el amor de otra persona, la dulzura de un beso, o la tranquilidad que brindaba un abrazo... En cambio, con cada anomalía revivía emociones diferentes. Preocupación, tristeza, culpa. El castaño estaba convencido de que su guía podía recordar cada una de aquellas. Incluso, lo había visto llorar. Quizás no era capaz de sentir las lágrimas manchándole el rostro, pero toda la angustia acumulada que las había desencadenado, sí.
A quien terminara siendo un Reparador le aguardaba un futuro bastante cruel, eso pensó.
Sus pies lo trasladaron hasta el segundo piso, y se sorprendió al notar que se sentía levemente agotado. ¿A eso se refería Suga al decir que podía cansarse? Estiró la espalda, aunque no sintió mejoría, y volvió a acercarse hasta el plano que contenía el letrero "Usted está aquí".
En efecto, el ala izquierda se suponía que era la de internación. ¿Pero cómo daría con la habitación del guía? Cuando Seokjin levantó la vista, se sorprendió al ver un panorama totalmente diferente. La gente ya no corría de un lado a otro, más bien permanecían quietos y con semblante decaído. Sus ojos grisáceos se posaron durante algunos segundos en los presentes ocupando los asientos. La atmósfera se notaba cargada de pesadumbre y angustia.
Tragó, y respiró hondo. Por supuesto que no podía ser diferente para los allegados a los pacientes en estado crítico. El castaño visualizó personas llorando, con las manos en el rostro o la cabeza, y muchas miradas perdidas en la nada. Algunos estaban de a dos o tres, y otros estaban completamente solos. Comenzó a caminar dando pasos lentos, casi olvidando que no podían verlo.
Los letreros indicaban las habitaciones en tandas de quince, comenzando desde la número setenta, y hasta la cien. Eso significaba que tenía dos enormes sectores que recorrer.
Su preocupación aumentó al notar que en la primera habitación había tres personas, recostadas en unas camas que lucían inclinadas de forma muy particular, conectados con tubos y cables. ¿Tres internados en cada cuarto? ¿Y tenía que revisar treinta cuartos? ¿¡Cómo conseguiría dar con Suga antes de que se cumpliera una hora!? Y todavía necesitaba idear una forma de desconectarlo y que los enfermeros no consiguieran asistirlo. ¡Pero había hasta dos de ellos en cada habitación!
Seokjin sintió que empezaba a bajarle la presión. Su respiración se agitó, su pecho subió y bajó de forma rápida. ¿Qué pasaría si fallaba? ¿O si el tiempo no le alcanzaba?
No. No podía dudar. No ahora, la situación era extremadamente delicada. Él no podía permitir que su torpeza volviera a estropearlo todo. Sólo tenía una oportunidad. Una.
Intentó calmarse mientras enfocaba la mirada en sus zapatos, y se concentraba en respirar de forma normal.
Suga lo necesitaba. Taehyung lo necesitaba. Él no podía fallarles. No lo haría.
Miró al frente, y ganó determinación. Supuso que le quedaban cerca de cuarenta minutos, y debía aprovecharlos. Sin pensarlo más tiempo, echó a correr.
Atravesó cuartos y cuartos, buscando a Min Yoongi. Supuso que incluso si no lo distinguiría por su cabello azulado, podría hacerlo por sus facciones. Yoongi tenía una piel blanquecina que parecía de porcelana, mentón triangular y nariz pequeña. Desafortunadamente, las máquinas sólo mostraban números y luces, pero ninguna información sobre el paciente que mantenían vivo.
Caminó revisando hacia ambos lados, las camas parecían interminables. Las sábanas blancas y los constantes sonidos de "bip, bip, bip" empezaban a formar un escenario repetitivo, casi como si fuera una fotocopia de algunos cuartos anteriores. En algunos lugares, sólo había un paciente. Las duplas de enfermeros permanecían atentos a los internados que estaban de a tres. Seokjin presionó las manos, rogando porque su guía estuviese a solas.
Continuó recorriendo los distintos cuartos, prestando cuidadosa atención. Sus ojos se llenaron de angustia al comprobar el estado de algunos de los postrados a las camas. Mientras ciertas personas lucían como si estuviesen simplemente dormidas; otras parecían apenas estar viviendo, llenos de heridas que eran perfectamente visibles. Ver a un ser querido lleno de cables, tubos y vendas, sin duda podía causar una fuerte impresión. Su mente enseguida lo asoció a lo que ocurriría cuando regresara. El tren accidentado dejaría un importante número de heridos, seguramente muchos de gravedad. Seokjin respiró hondo. Estaba advertido sobre Namjoon, sobre que probablemente acabaría allí, como uno más de los dependientes de esas máquinas... Y Dios, ni siquiera quería pensar que su mejor amigo pudiese...
Agitó la cabeza. Necesitaba concentrarse. Más, porque comenzaba a saltear los pacientes como si fuera a dar con Yoongi en cualquier momento, cuando ni siquiera estaba completamente seguro de cómo lucía.
Aceleró el paso. Nada. Paciente uno, paciente dos, paciente tres... Ninguno parecía Yoongi. No, ninguno era Yoongi. Si comenzaba a dudar de quienes ya había visto, tendría que volver a comenzar. Necesitaba revisar hasta el final, estaba cerca de la habitación número ochenta y siete.
¿Cuántos minutos habían transcurrido ya? ¿Quince, veinte?
Se detuvo a observar a un muchacho joven, cabello negro, tez pálida. Parecía que sus piernas estaban postradas con algunos agarres especiales, envueltas en una clase de almohadillas azuladas con cintas negras. Sí, pensándolo bien eso eran. Como los chalecos de fuerza para los pacientes psiquiátricos. ¿Por qué alguien conectado necesitaría eso?
Entonces, de repente, el sujeto abrió los ojos, exhibiendo un color café en su mirada perdida. Levantó los brazos e hizo el esfuerzo por mover las piernas. Las máquinas comenzaron a sonar, y sus ojos se desviaron hacia atrás mientras su cuerpo comenzaba a sacudirse en espasmos intensos. Seokjin retrocedió asustado, y una enfermera lo atravesó para llegar al paciente. Las máquinas emitían sonidos estridentes en diferentes tonalidades, y enseguida arribó un grupo compuesto por más enfermeros y un hombre de bata que dio instrucciones de forma rápida y concisa. Dos hombres mantenían al joven inmovilizado, evitando que pudiera arrancarse los cables y tubos que tenía conectados. Seokjin se mantuvo petrificado. Ese grupo de personas realmente estaba trabajando a una increíble velocidad para salvar una vida.
Cuando las máquinas dejaron de sonar de forma intermitente, toda la tensión presente en el cuarto se disipó. El castaño escuchó al sujeto de bata dar indicaciones nombrando diversos medicamentos y cantidades, y los enfermeros se movieron alrededor de aquella cama con perfecta sincronía. Todo parecía estar bien ahora.
Volvió en sí mismo, y continuó avanzando. Ese muchacho no era Yoongi, pero pudo comprobar a lo que debería enfrentarse una vez diera con él.
Por unos minutos, Seokjin tuvo la impresión de estar en un corredor infinito. No daba con su guía. El pánico amenazó con tomarlo entre sus garras y quitarle la poca tranquilidad que le quedaba. Aceleró intentando no confundirse entre los jóvenes rostros que veía; y entonces, al entrar en el cuarto número noventa y tres, lo vio.
Estaba solo en esa habitación. Apenas atravesó la puerta, se topó con la cama frente a él, mostrando el perfil izquierdo de un joven de cabello impecablemente negro, nariz pequeña, mentón triangular, labios delgados, piel nívea. Tenía un tubo con una mascarilla transparente cubriéndole parte del rostro. Seokjin se detuvo a su lado, inspeccionándolo despacio. Sus ojos se inundaron a medida que podía identificarlo con la imagen de su guía. Era evidente que este muchacho era mayor, con los primeros crecimientos de bello facial, el cabello oscuro adornando completamente su cuello, y unas proporciones de piernas y brazos mayores.
Era él. Lo había encontrado.
Seokjin presionó los labios. Lucía como un muchacho saludable que sólo dormía. ¿Por qué motivo estaba apartado en solitario?... ¿Quizás porque llevaba años allí? Desde luego que no ver ningún enfermero cerca pudo darle alivio, pero también sintió un poco de tristeza. Parecía que nadie estaba cuidando de él.
El castaño transitó su mano por uno de los brazos de Yoongi, atravesándole. Ciertamente, era frustrante no poder tocarlo. Le hubiese gustado sentir su piel estaba tibia, y si era tan suave como se veía. Hubiera podido sujetar su mano, acariciar sus nudillos, que reposaban cómodamente contra las sábanas. Desde el brazo derecho goteaba una sustancia transparente mediante una pequeña aguja clavada en su piel, la cual exponía unas visibles venas en color azulado. Seokjin las observó con curiosidad. Se consideraba que los nobles europeos poseían "sangre azul", producto de sus pieles claras y el color azul verdoso en sus venas.
Yoongi lucía como un perfecto príncipe. "El bello durmiente", pensó.
—¿Debería besarte para que despiertes? —preguntó en voz alta, sin poder evitarlo. De estar allí, estaba seguro de que el muchachito de ojos negros habría exclamado algo como "Qué asco", poniendo su típica expresión de desagrado. Sonrió levemente—. Supongo que no —comentó después.
Seokjin recorrió el resto de la habitación con la vista. Las máquinas y monitores estaban del lado izquierdo, y el suero del lado contrario. Con agudeza, encontró que todo ese conjunto de aparatos, si bien no eran demasiado grandes, lucían como objetos de peso importante. Caminó hasta el pie de la cama. En frente, una ventana estaba cubierta por cortinas grises, y la puerta del baño estaba junto a ella. No era un cuarto demasiado grande.
Yoongi vestía una bata médica en color blanco. El castaño suspiró, realmente no había nada entre esas cuatro paredes que diera indicio de que alguien hubiera ido a visitarlo. Todo era demasiado genérico, blanco, aburrido. Seokjin tenía entendido que los pacientes en coma podían recibir visitas y estímulos de sus más allegados. Algunos, incluso les obsequiaban ropa nueva cada tanto, y les entregaban a los enfermeros productos específicos de higiene personal para su cuidado.
Sin embargo, en el cuarto de Yoongi no había nada. Eso sólo pudo herirlo un poco más.
¿Acaso había dejado de recibir a su familia?, ¿Acaso estaba allí, abandonado?... Seokjin vio lágrimas descender hasta chocar el suelo, pero estas se desvanecieron de inmediato. Se limpió el rostro, aunque no pudo sentir sus manos humedecerse. Alguien tan joven no merecía terminar de aquella forma. ¿Por qué tuvo que ocurrirle?
Un reloj de pared le hizo saber que le quedaban poco más de quince minutos. Buscar había sido la parte más tediosa, pero ahora vendría lo peor.
El castaño comenzó a caminar en círculos, intentando pensar. La información que tenía le permitió saber que la interacción física sería única. Él podría tocar algo durante una pequeña porción de tiempo, y sería la única forma de afectar el espacio en el que estaba. Teóricamente, estaba en el presente. No podía viajar al pasado, ni al futuro. Se preguntó si en aquel mundo perteneciente a su guía, el accidente de tren ocurrido trece días atrás formaría parte de su realidad.
Seokjin necesitaba idear una forma de desconectarlo e impedir que los enfermeros pudieran reanimarlo. Los chirridos de las máquinas delatarían de inmediato algún cambio sufrido en el cuerpo de Min, por lo que debía ser cuidadoso.
Si le quitaba todos los cables y conductos al pelinegro, las pantallas inmediatamente comenzarían a emitir ruido. Si desconectaba el equipo, sonaría también ante la pérdida del pulso. ¿Había forma de silenciarlas?...
Lo bueno era que no había enfermeros allí, pero sería cuestión de segundos hasta que llegaran. Ya había comprobado la rapidez con la que trabajaban, y eso normalmente era algo bueno, pero no en este caso.
Quizás debía idear cómo distraerlos. Conseguir que no escucharan sonido alguno.
¿Pero cómo?... El sonido del tic tac del reloj pareció retumbar en sus oídos. Debía actuar. ¿¡Cómo conseguir que nadie oyera nada!?
—Mierda, mierda, mierda —Seokjin comenzó a caminar en torno a la camilla. La puerta daba al pasillo, normalmente recurrido por personal del sector de cuidados intensivos. Ensordecer a tantas personas no sería tarea fácil, especialmente sabiendo que disponía de solamente una interacción.
Arrojar las cosas por la ventana fue lo primero que se le ocurrió, pero ésta estaba cerrada. Debería escoger entre abrirla o desconectar las máquinas. Luego pensó en trabar la puerta con el seguro, sin embargo, un pequeño cerrojo quizás no sería suficiente, y otra vez debería pensar en cómo apagar los aparatos. Si corría a activar alguna alarma de incendio crearía caos, posiblemente eso impediría que alguien pudiese escuchar ruidos provenientes de la pequeña habitación en la que estaba, pero nuevamente le faltaba una forma de desconectar a Yoongi. Problemas y más problemas. Maldita herramienta. Maldita limitación.
Diez minutos.
Viendo que el cuerpo comenzaba a temblarle, intentó pensar algo más. Estudió la distribución de los objetos, y lo único que atinó a idear, fue empujar los monitores y cables hasta hacerlos caer frente a la puerta. Se acercó a observarlos desde más cerca. Era una máquina mediana que lucía pesada, una pantalla verde y dos tubos más que estaban conectados al respirador y al suero. Tal vez eso funcionaría. Si era cuidadoso y certero, no sólo conseguiría desconectar a Yoongi, sino que ganaría tiempo al bloquear la puerta de entrada. ¿Funcionaría?
Sólo había una forma de averiguarlo.
Tomó aire, se repitió que se tenía que hacer aquello, y luego se plantó junto a toda la maquinaria. Estaba seguro de que era un manojo de nervios, pero no había marcha atrás. Reunió toda la fuerza que pudo, y simplemente se concentró en empujar todo de forma rápida y violenta. La herramienta surgió su efecto, activándose simplemente con el poder de su concentración. Enseguida, un estruendo infernal aturdió sus oídos, el monitor estalló rompiendo su pantalla, los cables se alejaron prácticamente arrancándose del cuerpo de Yoongi, y los típicos sonidos intermitentes comenzaron.
Seokjin permaneció con su vista fija en el cuerpo del muchacho. El castaño notó cómo éste comenzaba a moverse en espasmos bruscos. La falta de oxígeno producía reflejos inmediatos, cosa que el mayor jamás esperó ver. Retrocedió, sorprendido y aterrado. Un golpe en la puerta lo sobresaltó, alguien ya había escuchado todo ese alboroto. Los golpes y las voces desde el otro lado se incrementaron. Seokjin supo que estaba funcionando, pero tener que presenciar los últimos segundos del cuerpo de Min Yoongi luchando por sobrevivir hizo que apartara la vista cerrando los ojos. Lamentablemente la imagen permanecería en sus recuerdos más tiempo del esperado. Comenzó a llorar cuando no notó más movimientos, un pitido agudo y constante fue lo último que llenó sus oídos. Abrió los ojos, y entre lágrimas visualizó el cuerpo de Yoongi entre las sábanas, completamente tieso.
—Lo siento, ¡Lo siento! —lloró al ver que el pulso era nulo—. Yoongi, lo siento. ¡Lo siento! —gritó—. Per-perdóname —cubrió su boca y dejó salir toda su angustia, derrumbándose de rodillas en el suelo. Quiso sujetarle una mano, pero una vez más le atravesó. Las lágrimas nublaron su visión nuevamente y solo pudo quedarse allí, llorando a gritos.
El equipo médico continuaba luchando por entrar, y Seokjin sólo quería salir de allí de una vez. Todavía faltaban unos pocos minutos.
Se cubrió la cabeza con los brazos mientras un grupo de hombres conseguían empujar las máquinas del respirador y los tubos.
—¡Apresúrense!, ¡Paciente sin pulso!
Los golpes continuaron, hasta que consiguieron entrar. Seokjin los vio actuar a toda velocidad, empujándose entre ellos mientras traían elementos en sus manos. Dos mujeres se apresuraron a conectarle los cables, los hombres se ayudaron para poner de pie la máquina, llevándose cortes por los vidrios esparcidos.
No pudo continuar viendo, estaba totalmente negado a abrir los ojos, incluso si podía escuchar la forma en que cargaban el desfibrilador y alguien daba instrucciones para intentar reanimarlo. Las voces de aquellos presentes sonaban demasiado nerviosas mientras hacían su trabajo.
—Lo siento, lo siento, lo siento —murmuró para sí mismo al borde del colapso.
♦♦♦
—Creí que era un mito... —su voz sonó un poco ahogada.
Taehyung se sentó en cuanto vio un resplandor proveniente desde el final de la cama. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al notar una silueta masculina como el origen de aquella luz blanca.
Tragó, un poco asustado —¿S-Suga?...
Divisó un muchacho con cabello negro, piel clara y ojos oscuros y felinos; mirándose a sí mismo.
—Sí, Taehyung —y el rubito sintió un escalofrío cuando esa mirada se posó en la suya—. Esta es la forma en la que soy —El menor se distanció de su novio, para torpemente ponerse de pie. Tenía muchas preguntas, pero estaba estupefacto—. Seokjin tuvo éxito —Suga no dejaba de mirarse a sí mismo. Examinaba sus manos y brazos como si todavía no pudiese creer lo que veía—. Pensé que esto era un mito —murmuró para sí mismo—. Siempre escuché que la muerte era inmediata, pero ahora estoy viendo mi cuerpo. Estoy sintiendo frío y... Mi cabello ha crecido —sonrió levemente.
—¿Qué está sucediendo?
—Lo logró —Suga agachó levemente la cabeza—. Cumplió. Y ahora es mi turno de hacerlo -volvió su vista al menor, quien seguía sin comprender nada.
—S-si tu cuerpo está contigo otra vez, entonces... —Tae sintió sus ojos arder mientras analizaba la expresión resignada del muchacho que había ganado altura entre otras cosas en su nuevo aspecto.
—Ya no seré un Reparador —contestó—. N-no creo tener mucho tiempo, así que seré rápido —se anticipó mientras la luz cubría la mitad de su cuerpo—. Le pedí a Seokjin que hiciera esto por mí, a cambio de ofrecerme como un Auxiliar y permitirte vivir como una persona normal.
Taehyung sintió que lo sacudía una oleada de culpa.
—¿¡Qué!?
—No es seguro, ¿de acuerdo? No lo es, pero lo intentaré. Lo prometo. Us-ustedes deben seguir las indicaciones, Seokjin sabe cuáles son. Si consigo tener éxito, lo sabrán tras el regreso. Y-yo... —su voz se entrecortó—. No creo estar aquí cuando él despierte. Di-dile que siempre voy a estarle agradecido... —Taehyung avanzó hacia él, y extendió sus manos sujetándoselas un momento. El agarre de Yoongi era firme, aún si sus manos estaban frías—. Y no quiero que piensen que esto es culpa de alguno de los dos. Yo pude elegir, espero que al momento de la verdad, ustedes puedan hacerlo también —sollozó levemente—. Cuídense, ¿de acuerdo? Ámense... Espero que consigan una nueva oportunidad.
El de ojos claros asintió sin saber qué más contestar. Como si se tratara de una visión mística, el cuerpo del guía continuó brillando, subiendo hasta su cuello y por último su rostro, en cuestión de segundos. Taehyung dejó de sentir que estaba sosteniendo a alguien, y lo último que pudo ver, fue al muchacho de cabello negro cerrar los ojos, con paz.
A continuación, debió cubrirse el rostro ante la luz, y al volver a mirar, estaba solo con Seokjin, quién seguía recostado. Volteó hacia la cama, y corrió para apresurarse a recibir a su novio. Se sentía ansioso y lloraba por los nervios. Apenas estaba entendiendo la situación.
Pasaron unos pocos minutos, hasta que Seokjin despertó de golpe, con lágrimas en los ojos y temblando.
—¡Lo siento! —fue lo primero que gritó volviendo a aquel estado intranquilo—. L-lo siento Yoongi.
—Cielo, tranquilo —siseó el menor apresurándose a abrazarle—. Ya ha terminado, ¿comprendes? Hiciste lo que te pidió. Él está agradecido.
—Su-su cuerpo se puso de color, y em-¡empezó a temblar! —comentó con la voz quebrada-. Empujé las-las máquinas que le permitían respirar, y entonces simplemente... ¡Lo maté! Le quité la vida, lo siento. Lo siento mucho.
Taehyung lo inspeccionó viendo que el mayor no dejaba de mirar a la nada mientras lloraba y se disculpaba.
—Jin...
—Era la única forma, lo siento. Blo-bloqueé la puerta, por eso no pudieron entrar a tiempo. Yo n-no debía, n-no quise que... ¡Per-perdóname! ¡Perdóname! ¡¡Perdóname!! —gritó.
El rubio lo abrazó con fuerza, empezando a asustarse. Entendió que Seokjin lo había hecho para salvarlo, aún si no tenía nada asegurado. Entendió que si Suga lograba su cometido, La Central le permitiría vivir en el Mundo Humano. ¿Pero cuál había sido el precio?... El Sacrificio de Yoongi, y la voluntad de Seokjin.
Comenzaba a cuestionarse el que hubieran decidido sin tener en cuenta su opinión. ¿Cuánto daño había hecho ya? ¿Cuánto más faltaba por hacer?... ¿Quién regresaría a Suga? ¿Quién le quitaría a Seokjin el peso de cargar con una muerte por el resto de sus días?
Taehyung negó con la cabeza, dolido. Su vida jamás sería tan valiosa como para justificar alguna de esas acciones.
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