~ 33 ~
Suga notó de inmediato la ensoñación del mayor. Su atención se centró en aquel esbelto muchacho que vestía chaqueta y pantalones oscuros, mirando a su interlocutor, un hombre de piel oscura que parecía tener un cuarto más en edad, y en altura.
—Seokjin, pronto —le indicó al castaño.
Casi como si la voz de Suga le diera impulso, caminó con torpeza hasta atravesar a los demás y alcanzar a sujetarle un antebrazo.
Namjoon se volteó al notarlo.
El corazón del castaño sintió un vuelco al tener aquellos ojos sobre los suyos, mirándole con curiosidad.
—¡Háblale, maldición! —Suga le gritó desde atrás, al ver que el mayor se había congelado.
—Y-yo, uhm... Hola —sin darse cuenta, se aferró a su ropa.
El de cabello oscuro se acomodó hasta quedar frente a él.
—Hola —sonrió de forma amigable.
—E-estuve... —sintió sus ojos vidriosos—. Estuve buscándote desde hace mucho —confesó, superado por el momento.
—¡¡No se supone que suenes como un acosador, Seokjin!!
Namjoon sonrió, mostrando sus hoyuelos.
—¿Qué pasa, John? —el mayor de aspecto atlético se detuvo, al ver a su acompañante demorado— ¿Otro admirador?
John se encogió de hombros.
—Iré en un segundo, Tony.
—Te espero afuera —le indicó antes de alejarse del todo.
Suga vio que el tercero desaparecía por las puertas corredizas del edificio sin detenerse a cuestionar aquello, como si fuera algo habitual para Namjoon.
—Escucha —por primera vez, el menor se dirigió al castaño que lo sujetaba por los brazos—. Tengo cosas que hacer. Debo irme ahora.
—No, no —Seokjin lo apretó con fuerza, empezando a desesperarse—. P-por favor, espera un momento. N-necesito hablar contigo, es muy importante —Namjoon empezó a retraerse, sin abandonar su semblante tranquilo—. Por favor, te lo suplico. No tardaré mucho, lo prometo —insistió el castaño.
—¿Me dirías tu nombre?
—Seokjin —respondió acelerado.
—Bien, Seokjin... Aprecio que hayas venido hasta aquí, pero en verdad estoy ocupado ¿comprendes?
—A-aguarda —su respiración se agitó. No podía permitir que se fuera, no ahora, que finalmente lo había encontrado. Deslizó sus brazos hasta detenerse en sus manos, y las sujetó con firmeza—. P-por favor, por favor, escúchame.
—Calma. Respira, todo está en orden —intentó serenarlo al notar que lucía al borde del llanto.
Seokjin no hizo más que resguardar las manos del menor entre las suyas. Por nada del mundo quería perderlo de vista otra vez. Su voluntad para no echarse sobre él flaqueaba, quería llorar a mares y contarle a gritos todo el embrollo que habían sido sus últimos días. Moría por oírlo consolándole. Por escuchar de sus labios algún consejo.
Las emociones lo sobrepasaron, y terminó derramando un par de lágrimas de forma involuntaria.
—Seokjin, intenta calmarte —le dijo Suga, con un gesto.
Namjoon parecía conmovido.
—Seokjin —lo llamó con bondad—. No tienes por qué llorar.
"Por supuesto que sí, idiota" pensó el mayor, conformándose con apretar los labios un momento.
—L-lo lamento —dijo en cambio—. Me da mucho gusto verte —habló con un hilo de voz.
El de chaqueta oscura asintió comprensivo. Y en un gesto suave, entrelazó sus manos a las del mayor. Con calidez. Con dulzura.
Jin se sintió agradecido. Namjoon estaba correspondiéndole. Por fin sentía que alguien en ese mundo alterno se comportaba cómo él esperaba. Como él deseaba.
—¿Sabes?, te ves mucho mejor cuando sonríes, Seokjin —mencionó el menor, mirándole—. Te diré algo. No soy ninguna clase de celebridad, siempre me gusta hablar con quienes vienen a verme. Voy a escuchar lo que tienes para decirme, ¿de acuerdo? —El de ojos grises sólo pudo asentir en silencio. Su amigo estaba dirigiéndole miradas suaves y una voz muy empática—. Pero no será ahora. Te dejaré mi número ¿sí? Y tú me dejarás el tuyo. ¿Te parece bien?
—Fácilmente puede darte un número falso —replicó Suga.
Namjoon rió animado, antes de aclararle algo.
—Puedes llamarme ahora mismo y comprobar que no estoy mintiendo.
Suga ladeó la cabeza sonriendo levemente, al tiempo que el pelinegro le pedía el móvil al mayor.
—¿P-puede ser hoy? Vendré aquí, a buscarte en cuanto me digas que dispones de unos minutos. Tu sólo dime cuándo —comentó el castaño.
—De nuevo estás sonando como un acosador —le reprochó el de cabello azul.
—¡No soy un acosador! —el de ojos grises miró a Suga, sintiéndose ofendido—. No lo soy —se dirigió esta vez a Namjoon—. Cuando hablemos lo entenderás. Te lo aseguro.
—Tranquilo, está bien... Francamente, no me molestaría que alguien como tú me acose —sonrió en respuesta. En cuanto terminó de agendar su número en el teléfono de Seokjin, se lo devolvió—. Posiblemente termine en la tarde...
—No importa —el castaño se mantuvo firme—. Vendré. Lo haré.
Namjoon asintió, convencido de que aquello definitivamente ocurriría.
—De acuerdo. Estaré aquí en cuanto termine mi turno, posiblemente poco después de las seis. ¿Te veré entonces? —El de ojos grises asintió eufóricamente—. Bien, muy bien —Namjoon se distanció—. Ahora, debo irme. Te veré luego, Seokjin... Y por favor —le indicó desde la entrada—. Sonríe. En verdad te ves bien cuando lo haces —le guiñó un ojo, antes de desparecer del todo.
El castaño pestañeó repetidas veces, sorprendido por el halago.
Suga se acercó a su lado.
—Así que ése es el famoso Kim Namjoon, interesante —ante el silencio del mayor, añadió divertido—. Creo que le gustas a tu amigo.
—Creo que estás loco.
Cuando salieron del edificio, el de cabello azul perdió la paciencia ante los comentarios ansiosos de su anomalía.
—¡A las seis! ¡¡Es muy poco tiempo!!, ¿Cómo se supone que empiece a hablarle del tema?, ¿Qué es lo que debería decirle?... ¿Crees que me crea?
—Basta, debes calmarte.
—¡Namjoon es muy inteligente! ¡El entenderá si me dices cómo hablarle sobre ondas y física cuántica, estoy seguro!... Ah, pero... ¿Y si no lo hace?... ¿Y si cree que soy un loco desquiciado? ¿Hay forma de saberlo? —miró al de tez pálida— ¿Hay forma de saber si sabe sobre todas esas cosas?
—No. No la hay.
—Oh, qué lástima... Bueno, ahora creo que no es lo más importante el cómo, sino que realmente me crea. ¿Qué voy a hacer si vuelve a mirarme así? Él parece no haber cambiado en lo absoluto, pero temo decir algo y echarlo a perder, ¿me entiendes? Lo último que quiero es espantarlo. Woa, además ¿recuerdas cómo vestía?, ¿No te parece que lucía increíble? Él siempre se vistió como alguien importante. Yo soy mucho más simple, debería ponerme algo más formal ¿cierto?
—¡Por Dios, Seokjin, para! —se detuvo, molesto— ¿¡Te estás oyendo!?, ¡¡Suenas como una colegiala nerviosa por una cita!!
El castaño lo miró con sorpresa. ¿Él realmente estaba actuando así?
—P-perdona... Solamente...
—¿Sabes? —suspiró con pesar—. Entiendo que estés ansioso, pero mira el lado bueno, nos ha dejado tiempo de sobra para planificarlo todo. Así que intenta relajarte. Pero inténtalo de verdad —le apuntó.
—Trataré —respondió, mirando al suelo, avergonzado. Caminaron unos segundos en silencio—. No crees que me haya mentido, ¿cierto? Namjoon no me mentiría.
—No lo sé —respondió el menor, de mala gana—. Y no volveré a contestarte hasta que estemos en casa, ¿oíste? Eres agotador...
—Yo no creo que me haya mentido, ah, pero ese tipo, él le dijo algo como "Otro admirador" ¿no es así? ¿Será que mi mejor amigo está acostumbrado a recibir seguidores? Lo seguirán por su columna, obviamente —Seokjin no le dio importancia al comentario del menor, en cambio, se mantuvo hablando en voz baja y bastante acelerado. Sus labios redonditos apenas se movían—- ¿Qué si se le subió la fama a la cabeza? Pero me trató muy bien, incluso sujetó mis manos... Se veía tranquilo, yo no estaba nada tranquilo, nunca me había sentido tan nervioso estando con él. Todo fue muy extraño...
Suga se llevó las manos al rostro, agobiado. Parecía, por momentos, que el mayor a su lado recitaba encantamientos o conjuros, ¿¡cómo podía alguien hablar tan rápido!?
Cuando llegaron al departamento del mayor, creyó que se encontraría un poco más calmado.
No fue así.
—Te diré lo que harás —anunció Suga, ante el castaño que se encontraba cruzado de piernas y sentado en la alfombra, como si fuese su pupilo—. Cuando ocurren estos casos, en donde tú y la persona que necesitas para regresar, no se conocen de absolutamente nada; debes establecer un vínculo de confianza primero. No importa el cómo. Sólo nos interesa que al momento de explicarle la verdad, no huya despavorido ¿me has entendido?
—Sí —afirmó—. Solamente... N-no sé cómo hacer eso.
—Bueno, debido a que ustedes no se conocen, tienes a favor el hecho de que no existe ningún tipo de rechazo. La relación entre ambos, en este momento, es como un lienzo en blanco. Si quieres que te ayude, deberás ganártelo, por decirlo de algún modo... —se cruzó de brazos, con su mirada sobre la del mayor.
—¿Ganármelo?
—Accedió a hablar contigo, es magnífico. Me cuesta creerlo porque hemos estado buscándole por días —explicó—. Esto también sería una lotería. La persona en cuestión puede que no quiera saber nada contigo, pero en otros casos, como con Namjoon, se muestran más amigables —Suga se encogió, quedando de cuclillas a unos metros de él.
Seokjin se movió hasta quedar justo en frente del de cabello azulado.
—¿Cómo lo consigo?... ¿Cómo hago que me crea?
—Podrían intentar ser amigos. Pero yo sigo insistiendo en que le gustaste —lo miró con intención.
—Yo más bien lo interpreté como que intentaba calmarme —replicó el mayor—. También... No dejo de pensar en que haya podido mentirme. Quizás quiso desligarse de mí, y me engañó —bajó la vista, afligido—. Temo volver, y no encontrarlo. Esperarlo por horas y que jamás aparezca...
—Hey, hey —Suga suavizó su voz—. Estás siendo demasiado pesimista. Debemos prepararnos para verlo. E incluso si ésta vez te mintió, ya conocemos el lugar en donde trabaja. Lo forzaremos hasta que lo haga, a menos que nos escuche por las buenas.
—Ahora tú suenas como un acosador —rió el castaño—. Bien, de acuerdo. Su-suponiendo que más tarde realmente nos encontremos una vez más... ¿Cómo crees que deba empezar? Parece que interpretó que yo era un seguidor suyo.
—Seguiremos en ése papel —contestó el menor—. Preséntate como un fiel admirador. Adúlalo un poco, eso les gusta, le hará sentir que es importante en tu vida. Dile que sus palabras te han ayudado en muchas ocasiones, que siempre lo has acompañado y cosas similares. Detalle: No sabemos cuánto tiempo lleva trabajando allí, por lo que deberás ser cuidadoso.
—Entendido.
—Puedes usar algunos de tus recuerdos en tu mundo original para ayudarte. Intenta sonsacarle información también, cosas pequeñas.
—¿Cómo qué?
—Como si está estudiando, si ése es su trabajo fijo... Cosas así. Son pequeñeces, pero nos ayudarán. Siempre es bueno tener información.
—Pero... ¿No sonará a un interrogatorio? —preguntó, temeroso.
—No es la idea. Queremos que sea una conversación fluida, que no existan tensiones. Debes preguntar con sutileza, Seokjin —ante la mirada de desconcierto, añadió—. No me digas que jamás has hecho algo parecido.
—No es que mi vida constantemente dependa de qué tan bueno soy sonsacando información con sutileza, ¿sabes? —declaró con molestia.
Suga suspiró.
—Supongamos, tú eres Namjoon y yo soy tú. Crees que soy tu admirador y que vine a... A decirte lo mucho que me gustas.
—P-Pero ¡Yo no quiero darle esa impresión!
—Es un ejemplo, maldición. Empecemos —contestó el de tez pálida, antes de carraspear—. Resulta que soy estudiante de letras, y personas como tú me inspiran. Tienes mucho talento escribiendo —sonó natural, intentando meterse en su papel.
—Gracias, me gusta saber que puedo hacer algo como inspirar a más personas —respondió el mayor, tratando de seguirlo.
—La inspiración es algo que considero importante. Vivimos demasiado atascados en la rutina como para ser creativos o tener el poder de liberar la mente.
—Coincido completamente.
—Sí, es difícil en éstos días encontrar creatividad. ¿Cómo consigues plasmar las emociones tan bien? Suena a que viviste muchas cosas, a que pudiste analizarlas mejor que nadie más. Probablemente sabes bastante de psicología, o sociología ¿correcto?
—Oh no en realidad, yo sólo... —Seokjin se interrumpió, abriendo los ojos con asombro. Una sonrisa entusiasta adornó su rostro.
Suga sonrió de lado, egocéntrico.
—Es un don. Si pudiera hablar por ti, estaríamos salvados.
—Woa, fue genial —los ojitos grises del mayor brillaron con demasiado entusiasmo como para reparar en el comentario fanfarrón del menor—. No sonó en lo absoluto como un interrogatorio.
—Sutileza, Kim —Suga echó los brazos hacia atrás, apoyando las palmas sobre la alfombra y estirando las piernas a un lado—. Es lo que deberás hacer tú. No será tan difícil. Incluso si se trata de alguien con otras experiencias, sigue siendo Namjoon, tu mejor amigo.
—Muy bien —asintió el mayor, más calmado—. Trataré de imitarte.
—Sí, y si veo que no vas hacia ningún lado, te corregiré.
—Sé que lo harás —respondió, resignado ante los gritos que le daba al estar haciendo algo mal.
Hubo un breve minuto de silencio, hasta que Suga volvió a posicionarse con las piernas cruzadas. No contuvo su mirada de preocupación, que de inmediato dirigió al castaño frente a él.
—¿Qué? —frunció el ceño. Para ese entonces y muy a su pesar, ya sabía que aquellas miradas cargadas de angustia venían acompañadas de algún comentario devastador.
—Seokjin... ¿Eres consciente de lo que significa haber dado con tu mejor amigo?
—Sí, claro —Suga insistió con su mirada—. Bien, me hago una idea. Volveré a ese lugar en el tren... Y todo este mundo desaparecerá —bajó la vista.
—Siempre soy terrible con ésta parte —admitió, rascándose la nuca—. No soy bueno conteniendo a las anomalías cuando deben enfrentar su regreso... Pero de todas formas, quiero que sepas que puedes desahogarte conmigo, si es lo que deseas.
—Aww —Seokjin sonrió enternecido—. Eres un terroncito de azúcar cuando quieres.
—No sabes cuánto te detesto —dijo con fastidio, antes de ponerse de pie y alejarse.
—Suga —el castaño lo llamó, poniendo una vocecita arrepentida.
—No. De verdad te pasaste —respondió el menor, con un gesto—. Odio profundamente que se burlen de mí.
—No quería burlarme ¿bien? —lo siguió—. Era mi manera de decirte que me pareces muy dulce —Suga se cruzó de brazos y cerró los ojos, inclinando la cabeza ligeramente hacia arriba, ofendido—. Lo siento —se disculpó—. La verdad es que apenas ahora estoy entendiéndolo —suspiró con pesadez—. Tal vez éstos siete días sean los últimos que tengo para vivir —El menor relajó su postura y lo miró atentamente—. Tengo miedo —admitió Seokjin, con una risa nerviosa.
—Es normal —contestó el de camisa blanca, dando unos pasos hacia él—. Pero lo has hecho muy bien. Y mientras trabajamos en convencer a Namjoon, puedes hacer lo que creas conveniente.
—¿Conveniente?
Suga tragó, mirando al suelo.
—Tú lo dijiste. Probablemente sean tus últimos días con vida. Aprovéchalos, Seokjin —El de ojos grises lo miró en silencio. La angustia se reflejaba en su mirada platinada, ahora tan frágil como un cristal—. No te quedes con cosas pendientes... Busca a Taehyung. Sé que quieres hacerlo.
—P-pero él no quiere verme —sus labios temblaron.
—Él te ama —aseguró el guía—. Y que te importe un bledo lo que quieran los demás. Tú y yo sabemos que ésta es una realidad alterna de tú vida. Sabemos que se desvanecerá en siete días más —explicó—. Permítete ser egoísta. Permítete el disfrutar tanto como quieras... Sí, lo de tu mejor amigo nos llevará un tiempo, pero no vamos a estar todo el día tras él. Estoy seguro que lograremos convencerlo.
Seokjin permaneció en silencio, su pecho se oprimió, y sus pestañas se empaparon con algunas lágrimas.
—Yo... Yo-
—Llama a casa de tus padres otra vez. Dile a tu familia que la amas. Ve a visitar la tumba de tu madre —indicó el de cabello azulado—. Busca a Jimin, y dale las gracias... Y si también lo deseas, busca a Hoseok —presionó levemente los labios, conteniendo su propia angustia—. Deja de cocinar si lo que quieres es salir a comer afuera. Ve a algún punto de la ciudad al que hayas querido ir desde hace mucho tiempo. Recorre tu universidad en calma. Incluso, puedes ir a una última clase... Pero lo más importante, lleva a Taehyung contigo, a todos esos lugares.
—N-no puedo... Nosotros... —tartamudeó, preocupado—. Le hice daño. Es lógico que no quiera volver a verme ¿Q-qué voy a decirle?
—Exactamente lo mismo que dijiste temprano. Que es el amor de tu vida —Seokjin respiró con dificultad, negando con la cabeza—. Escucha... No hace falta ser un genio para saber que ese muchacho está loco por ti. Y bien, antes apenas si se miraban, pero aquí resultó ser tu novio. Y te enamoraste, Seokjin —lo miró con intención—. Antes de que ocurriera lo de las fotografías, tenías intenciones de decirle la verdad sobre todo este lío. Hazlo.
—¡No me creerá!
—No lo sabemos. Deberás averiguarlo...
Seokjin sólo pudo cubrirse el rostro con una mano antes de limpiarse levemente las primeras lágrimas.
—¿Y si todo es en vano?
—Sé que éstos días han sido muy difíciles para ti. Sé que te has esforzado mucho por mantenerte centrado, pero también te oigo llorar en las noches, y entiendo que estés angustiado y triste —Suga suavizó su tono—. Todavía puedes hacerlo. Tú, que tienes la oportunidad de despedirte de quienes amas y de hacer las cosas que quieres... —su voz se quebró—. Hazlo —El castaño levantó la vista hacia él, sorprendido de oírlo tan afectado—. T-todavía puedes intentarlo, Seokjin. Los días que nos restan aquí, te fueron concedidos por algo. Para que los uses a tu voluntad —el menor bajó la vista—. Utilízalos bien.
Solo entonces lo entendió.
Suga estaba animándolo a resolver sus conflictos porque todavía era capaz de hacerlo. Él, en cambio, había sufrido el arrebato de su vida sin previo aviso. Sin poder hacer nada más que lamentarse por todas las cosas que le quedaron pendientes. No pudo despedirse de nadie. No pudo hablar nunca más con ninguna de las personas a las que amaba. Y ahora, mantenía un hilo de esperanza de que conseguiría reunirse de nuevo con ellas.
Ver que las demás anomalías replanteaban su vida y les era concedida una segunda oportunidad, justo frente a sus ojos, debía ser bastante doloroso.
Seokjin llevó una mano sobre la suya, dando contra el aire. Otra vez se sentía frustrado en no poder tocarlo como deseaba.
—Lo haré —contestó—. Haré todo lo que dijiste... —lo miró con determinación, mientras intentaba dejar de llorar—. Ya que dispongo de tiempo... Lo voy a aprovechar.
Su corazón se sintió levemente acogido al recibir una sonrisa de su parte. Suga todavía podía ser una consciencia con sentimientos auténticos. El mayor deseó que pudiera recuperar su vida y volver a casa. Lo deseó con todas sus fuerzas.
♦♦♦
Taehyung tenía un despertar tan pacífico y silencioso como el de un ángel, pensó Jungkook, cuando fue capaz de ver en detalle el momento exacto donde la consciencia del mayor regresaba a su cuerpo, y pestañeaba un par de veces.
El joven, que todavía seguía recostado frente a él decidió que lo mejor antes de comentar cualquier cosa sería ver si finalmente reaccionaba.
Como si se tratase de un mal sueño, Taehyung arrugó la frente al mirarlo.
—¿Jungkook?... ¿Realmente estás aquí? —preguntó, con voz atrofiada.
—Hola, corderito —el menor sonrió con alivio—. Sí, aquí estoy. ¿Qué hay de ti?... ¿Estás aquí?
El rubio asintió.
—Aquí estoy —le bastaron unos segundos para entender que lo que creyó que era un sueño, había sido realidad. Por algo, la mirada de su amigo sobre la suya era tan atenta. Sus cejas decayeron—. Tú me... Yo... Lo siento... —balbuceó sin moverse demasiado.
Jungkook negó con la cabeza.
—Ya hemos superado eso, hyung. ¿Te sientes mejor?
—No mucho.
—Sé que no debes tener apetito, pero necesitas comer algo —el castaño claro se sentó en la cama—. Yo no soy bueno cocinando... ¿Te molesta si llamo a Jimin?
—Oh, es cierto —Taehyung lo imitó—. Ustedes solucionaron las cosas...
Jungkook sonrió alegremente, además de mirar con curiosidad el cabello de su amigo, luciendo revuelto y con un mechón de la parte posterior de su nuca que sobresalía por estar peinado hacia arriba.
—Adelante —prosiguió el mayor, bostezando perezosamente.
El de ojitos oscuros tomó el teléfono que guardaba en el bolsillo, y tecleó sobre la pantalla para escribirle a su novio.
—Hyung ¿estás bien? —preguntó en cuanto notó que Taehyung se cubría el rostro con las manos.
—Me duele mucho la cabeza. Últimamente me pasa cada vez que despierto, no sé por qué...
—No estás tomando los medicamentos, ¿o sí?
—No —admitió—. Quizás sea por eso —Taehyung se miró a sí mismo. Su pijama estaba limpio, el aroma a menta estaba acompañándolo una vez más, y las sábanas estaban recién cambiadas. Jungkook se había ocupado de él, de su cuerpo.
Mentiría si dijera que recordaba a la perfección las cosas de las que le habló, la canción que le cantó o su forma de quitarle y luego ponerle la ropa. Pero lo que verdaderamente estaba presente en él, era esa agradable sensación de sentirse cuidado.
Antes, estuvo seguro de sentirse muerto. Ahora había algo diferente en su pecho.
Algo cálido.
—No quise gritarte —soltó el menor sin despegarse del móvil aún—. Soy malo expresándome. Y a veces tiendo a reaccionar mal. Perdona.
Taehyung sonrió levemente.
—Pensé que dijiste que estaba superado...
—Me dejaste pensando en todo, Taehyung —se acomodó contra el respaldo—. Y la verdad es, que no puedo ponerme en tu lugar. Ni tú tampoco en el mío —El rubio permaneció observándolo en silencio. Jungkook dejó el teléfono sobre su pecho y ahora miraba al frente, pensativo—. Dejemos de buscar diferencias —continuó— ¿Estoy equivocado si digo que los dos nos preocupamos por el otro? —Tae negó con la cabeza en respuesta—. ¿Si digo que queremos ayudarnos? —levantó la mirada hacia él recibiendo otro gesto idéntico—. Y... ¿puedo asumir que ambos vamos a esforzarnos porque esto no se repita? —preguntó expectante.
Antes de asentir, Tae esbozó una sonrisa.
—¿No estás molesto conmigo? —se animó a preguntarle.
—Verás, corderito —acercó una mano a su frente, y la deslizó por sus cabellos—. No puedo enojarme contigo...
Jungkook ya había entendido que su amigo no solía rechazar su contacto, pero era extraño que lo iniciara.
Más bien, Taehyung le recordaba a esos desafortunados animalitos callejeros, que al recibir un poco de mimos en la cabeza o el lomo, se mostraban dóciles. Como si no recordaran lo que se sentía obtener un poco de cariño. Como si estuvieran tan habituados al maltrato, que cerraban los ojos con fuerza justo antes de que alguien pudiese tocarlos.
Con miedo. Con duda.
Sin embargo, ésta vez el mayor no solo permitió que Jungkook le acariciara por sobre el flequillo, sino que además inclinó la cabeza en dirección a él. Tenía los ojos cerrados, cierto, pero se amoldó a su mano pidiéndole más afecto. Era la primera vez que hacía algo así.
"Como un gatito" pensó el menor, consintiéndole con una sonrisa.
Jimin llegó poco después de que su novio lo invitara.
Traía una bolsa con cosas que pasó a comprar para preparar la comida, demasiado dudoso de si lo que había elegido sería del agrado de Taehyung. Visto que no podía comer ciertas cosas, Jimin temía que sus bocaditos rellenos no le gustaran. ¿Debería preparar algo extra por si las dudas?
—Mi Amor —Jungkook fue quien le abrió, y sin darle tiempo a contestar, besó sus labios poniendo cada mano a un lado de su rostro. El pelinegro se sorprendió. Su novio no solía ser demasiado demostrativo si estaban en presencia de alguien más—. Ven —susurró tras apartarse levemente, y bajando sus manos para tomar las suyas, invitándolo a entrar.
Taehyung estaba frente a la mesa pequeña, y sonrió en cuanto lo vio atravesando la puerta. Lucía mucho más animado.
—Dejaré esto en la cocina —Jungkook le arrebató la bolsa de compras y se encaminó al refrigerador —Tae hizo un gesto con la mano, para que se sentase frente a él. El pelinegro obedeció—. Le dije a Taehyung que cocinas como los dioses —comentó animado el menor de los tres.
—No creo que sea para tanto —respondió el pelinegro.
—Vida, no seas tan modesto.
El rubio miró con ternura la sonrisa apenada que se dibujó sobre los labios de Jimin, tras oír a su novio desde la cocina.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó el de ciencias exactas.
—Sí. Ahora sí.
—¿Bocados rellenos?, es una excelente elección —Jungkook se encaminó hacia la mesa junto a ellos luego de guardarlo todo—. Te van a encantar, hyung —aseguró con una sonrisa mirando a su amigo.
—¿Bocaditos?
—¿Nunca los has probado? Jimin prepara los mejores —se sentó junto a su novio.
—Kookie —el pelinegro se cubrió el rostro, avergonzado.
—Es la verdad. Se hacen con arroz, o sémola. Quedan crocantes por fuera, pero suaves por dentro. Y se los puede rellenar con vegetales —explicó el castaño claro.
—No los he probado, pero se escucha como algo que me gustaría.
—Pueden prepararse de muchas formas, pero Jimin tiene sus trucos. Ya lo verás, se añadirán a tu menú... ¿Por qué te pones tan tímido? —sonrió mirando a su novio.
—P-porque estás exagerando...
—Aww, ¿no es adorable? —Jungkook puso una vocecita dulzona—. ¿Por qué no le cuentas a Tae sobre tus concursos de cocina?
—No debe interesarle... Además, no es la gran cosa —Jimin mantenía la vista baja, y un rubor sobre su nariz.
—El padre de Jimin es chef —anunció Jungkook, dispuesto a contarlo por él—. Y le enseñó a cocinar desde muy pequeño. Estuvo entre los mejores juniors de la ciudad. Se llevó el primer puesto en once ocasiones.
—¿Once?, ¿¡De verdad!? —Taehyung abrió la boca con sorpresa.
—¡Todo un prodigio! —asintió su amigo—. Hizo cursos importantes cuando era adolescente... Pero finalmente, se inclinó hacia la investigación. Aun así, el cocinero increíble vive en él.
—He olvidado muchas cosas —comentó finalmente el pelinegro—, y sobre todo, decepcioné a papá.
—Pero enorgulleciste a tu madre —replicó Jungkook—. La madre de Jimin trabaja en la Confederación Nacional de Investigadores Científicos.
—Woa... —Taehyung le dirigió una mirada entusiasta al mayor.
—Si bueno, tampoco es la gran cosa... —se rascó la nuca.
—Así que mis suegros me dieron un hombrecito asombroso. Cocina con pasión, y además está entre los mejores de su clase —recalcó el castaño, lleno de orgullo.
—Kookie, dulzura, no creo que Tae quiera seguir escuchando de mi vida...
—¿Por qué no? —intervino el rubio—. No tenía idea de todas esas cosas, es impresionante.
—¿Verdad que sí? —Jungkook se acercó al pelinegro—. Tengo el novio más increíble del mundo —declaró antes de darle un sonoro beso en la mejilla.
Taehyung volvió a sonreír. Era curiosa la forma en que Jungkook se metía en el papel de novio alentador y cariñoso. Se puso de pie y trajo desde la cocina dos vasos con la bebida que Jimin había comprado, y uno con agua, para él. Luego de dejarlos en la mesa, retomó su lugar frente a los novios.
—¿Puedo preguntar cómo fue que Kookie consiguió animarte? —dijo Jimin, para cambiar de tema radicalmente, tomando un vaso y trasladándolo a los labios.
—Si quieres —Taehyung sonrió de lado—. Me desnudó y luego se metió en mi cama.
El pelinegro se ahogó. Le dirigió una mirada de confusión al dueño de casa, y luego a su novio. Jungkook tenía la boca por el piso, no podía creer lo que Taehyung acababa de decir.
—Es la verdad —asintió el rubio.
—¡¿C-Cómo te atreves!? —el más joven se puso de pie— ¡¡No se supone que debías decirlo!!!
—¿Esperabas que me quedara callado? Él preguntó —argumentó Tae, mientras afirmaba los codos en la mesa, con actitud indiferente.
—¡N-no tenías por qué decirlo!
Jimin tragó —¿Entonces... Es cierto?
—Claro que es cierto.
—¡No! ¡¡No es así!! —se quejó el castaño claro, ahora rojo hasta las orejas.
—¿Vas a mentirle? —Taehyung lo miró con malicia—. Enfrenta lo que hiciste, vamos.
Jungkook temblaba como gelatina, sin saber qué responder. Aquello lo había tomado totalmente por sorpresa, y ni hablar de Jimin.
En un momento, el pelinegro miró a Taehyung, y éste le dedicó un guiño fugaz; entonces lo entendió.
—¿Y bien?, ¿Hay algo que debas decirme? —Jimin puso un tono demandante, sumándose al juego.
—Yo... Yo n-no...
—Tú sí —corrigió Taehyung.
—Dime la verdad —soltó su novio con seriedad—. Ahora.
Jungkook apretó los labios con desesperación. No reparó jamás en la sonrisa burlona de Taehyung, estaba demasiado preocupado por la forma en que Jimin estaba mirándole ahora.
Tras unos segundos que al menor de los tres le parecieron eternos, el rubio volvió a hablar.
—Me desvistió para darme un baño. Lavó mi cabello y también cambió mis sábanas —aclaró, mirando a Jimin—. Y luego, se hizo un lugar a mi lado y dormimos por unas horas. Eso fue todo —El pelinegro lo miró asombrado. ¿Su novio había hecho todo eso?—. Jungkook me salvó —afirmó, con una sonrisa leve. De a poco, el castaño empezó a recuperar su tono de piel normal. Miró brevemente a su amigo, antes de buscar temeroso los ojos de Jimin—. Esta es la segunda vez que lo hace —continuó el rubio.
Jimin lo miró con una expresión completamente diferente. En sus ojos oscuros solo había admiración y orgullo. Sus pupilas brillaban como si titilaran, y aunque permanecía en silencio, Jungkook entendió que estaba gritándole que lo amaba.
—Lo siento —Taehyung se disculpó encogiéndose de hombros—. Fue una pequeña venganza por tratarme así cuando nos conocimos —le habló a su amigo—, pero realmente te debo mucho. Jungkook es importante para mí —le dijo ahora al pelinegro—. Ni siquiera sé cómo... ¡Hey! ¡Es cierto! —levantó la voz—, ¿Cómo entraste?
—Por l-la puerta —el menor respondió con nerviosismo.
—Pero estaba trabada.
—No lo estaba.
—Sí que lo estaba. Yo jamás dejo la puerta sin trabar —replicó el rubio.
—Jungkook... —Jimin lo llamó con reprimenda—. No me digas que... ¿¡Estás otra vez con eso!?
—F-fue por una buena causa —se defendió el castaño—. Lo que importa es que Tae está bien, ¿correcto? —sonrió de manera forzada, aún con la mirada firme de su novio sobre él.
Taehyung presionó los labios. Quizás realmente había terminado por meter a su amigo en un aprieto.
—Bien, lo aclararemos después. Por ahora, estás disculpado —anunció Jimin.
—¡Yo sabía que mi novio era el mejor del mundo! —lo abrazó pegando su mejilla a la del mayor.
—No te entusiasmes, no lo dejaré pasar tan fácilmente —le advirtió.
El rubio suspiró con alivio, pero pronto se ganó una mirada insistente por parte de su amigo.
"Eres cordero muerto" leyó en los labios de Jungkook.
Y como sabía que la mejor forma de reaccionar ante sus amenazas era burlándose, le sonrió con tanta paz, que consiguió volver aquellos brillantes ojitos oscuros en perfectas y puntiagudas lanzas.
La preparación de la comida fue bastante animada. Era la primera vez que a Taehyung lo visitaban sus amigos en su hogar.
Mientras se encargó de ayudarle a Jimin trozando los vegetales, Jungkook se mantuvo apoyado en el marco, ganándose degustaciones cada tanto.
Taehyung no pudo evitar notar algunas cosas tras mirar un momento a los novios. Ya había visto a Jungkook molesto, ya lo conocía estando ebrio, lo había visto llorar, reír a carcajadas, y también conocía su faceta dulce y atenta. Pero aquello era totalmente nuevo.
Si Jungkook estaba con Jimin, parecía otra persona. Era impresionante ver cómo esa sonrisa llena de ilusión permanecía en su rostro por tanto tiempo. El brillo en su mirada, su necesidad de tocarlo cuanto pudiese, sus mejillas, sus manos, su cabello... Parecía que estaba bajo algún tipo de encanto.
El encanto del amor.
Porque era imposible no notar que el castaño claro parecía irradiar adoración por el pelinegro que estaba concentrado en su preparación.
Eso era algo agradable de ver, dos personas enamoradas.
Taehyung se sintió alegre al ver que su amigo había conseguido arreglar las cosas con su novio, sin embargo, fue imposible no sentir un poco de envidia.
"Si se aman, terminarán juntos al final" pensó el rubio. Porque eso siempre pasaba en las películas, y en los libros que le gustaban. Los protagonistas pasaban por un un sinfín de situaciones, pero finalmente lograban reunirse y profesar su amor eterno al otro. Incluso si era soso, idealista y cliché, lo cierto era que aquello también ocurría en la vida real; justo como con la pareja que lo acompañaba el día de hoy.
Él todavía aspiraba a tener su pequeño final perfecto... ¿Pero ocurriría?
—¿Tae?, ¿En qué piensas? —Jimin notó que el rubio llevaba un buen rato mirando su plato.
—Lo siento, me distraje.
Jungkook y Jimin intercambiaron una mirada de entendimiento.
—Hyung, puedes hablarnos sobre lo que te preocupa.
—Si quieres —carraspeó el pelinegro, para recalcar que no iban a obligarlo.
Taehyung sonrió bajando la mirada. Tenía la atención de dos personas que se preocupaban por su bienestar de forma honesta.
—Lo que me... pasó —habló con timidez—. Lo que me hizo actuar así... Jungkook —lo miró—. Lamento no habértelo dicho. Ayer fue mi... Uhm, mi aniversario de seis meses con Seokjin.
Incluso si luchó por no hacerlo, Jungkook se tensó al escuchar el nombre del de ojos platinados. Por supuesto, no podía ser de otra forma. Porque aunque ya no estaban juntos, ése imbécil seguiría siendo la causa de todo el malestar en Taehyung.
Jimin, que estaba sujetándole un brazo, lo apretó casi de forma imperceptible. Si Taehyung finalmente estaba hablándoles, ellos no debían hacer más que escuchar.
—Y... Bien, supongo que ponerme a recordarlo todo, sólo lo empeoró —admitió bajando la cabeza—. No creo estar superándolo. No creo ser capaz de olvidarlo. Y por mucho que lo intento, no puedo odiarlo.
Jungkook hizo el intento de hablar, callándose de forma automática cuando Jimin volvió a presionarle el brazo.
—Lo único que quería ayer, era que viniera a verme. Me miento al decir que lo quiero lejos de mí —murmuró—. N-no sabía que esto iba a ser tan difícil... No tenía ánimos de nada. Falté a mi clase, y probablemente ya esté suspendido en mi trabajo. Pero nada de eso me importa —sus ojos se aguaron—. ¡Quiero verlo! Quiero que volvamos a estar juntos. Que las cosas sean como antes... Y c-como sé que eso no pasará, me estoy perdiendo a mí mismo.
—¿Realmente estarías dispuesto a perdonarle lo que te hizo? —Jimin habló con firmeza, sin sonar descortés.
Taehyung asintió con la cabeza dejando correr las lágrimas en un llanto silencioso.
Jungkook se mordió los labios al verlo otra vez así. "Mierda. Quiérete un poco, maldición" bufó en su mente. Odiaba, odiaba en sobremanera que su amigo eligiera ser una segunda opción, que se conformara con mentiras y se sintiera tan poca cosa como para merecer algo mejor.
—Tae, tú todavía crees que él siente algo por ti ¿no es así?
—No me importa si no lo hace —admitió, todavía con la vista baja—. Yo sé que no puedo hacerlo feliz. Que probablemente siga dándole problemas... —se limpió levemente—. Pero yo sigo amándolo. Y quiero estar con él.
—¿Incluso si llega a decirte que jamás te quiso?
Jungkook miró a su novio, pasamado. ¿No estaba siendo cruel?
Taehyung soltó una minúscula risa.
—Eso ya lo sé —levantó la vista hacia Jimin.
—¿Y no te importa que siga lastimándote?
Esta vez, el rubio mantuvo su triste sonrisa.
—No hay nada que él pueda hacerme que no me lo haya hecho yo.
♦♦♦
Las horas pasaron más rápido de lo esperado.
Seokjin estaba vestido, listo para ir al encuentro con John, esperando encontrar en él a Namjoon.
Debido al frío, se abrigó bien antes de ir a la estación de tren. Miles de pensamientos lo acompañaron en el viaje, donde se mantuvo en silencio durante todo el trayecto. Le costaba entender que pronto estaría en algún vagón accidentado. Su mirada se perdió entre la gente que ocupaba los asientos contiguos. Que subían y bajaban del tren con absoluta calma y normalidad.
Así debía haber sido su viaje de vuelta a casa. Normal y seguro.
Suga podía notar perfectamente que el castaño lucía preocupado. Su trabajo era darle tranquilidad, pero él no había dejado de morderse las uñas.
No sabía qué esperar. Estando en el octavo día, contaban con apenas siete días más para llevar al pelinegro con ellos a uno de los vagones donde estaban ahora, cerca del horario y la estación correspondientes, y finalmente volver.
Aunque le había dicho lo contrario, se sentía bastante inseguro por cómo podría Seokjin construir aquella base de confianza para luego decirle toda la verdad a su mejor amigo.
Cuando entraron al edificio, éste lucía ligeramente diferente con las luces encendidas y menos personas transitando de un lado al otro.
Seokjin tomó lugar en uno de los asientos que estaban cerca del ascensor, y miró al de cabello azulado, que seguía de pie, al tiempo que se sobaba las manos con nerviosismo.
Faltaban pocos minutos para el horario acordado.
Seokjin no pudo evitar levantarse estrepitosamente cada vez que el ascensor abría sus puertas y más personas salían hacia planta baja. Ninguna de ellas era Namjoon.
18:05 PM
Suga se había limitado al silencio, sentándose a su lado.
El estudiante de letras caminaba de un lado a otro, mirando el reloj colgado en una de las paredes y suspirando cada tanto.
18:20 PM
El ascensor se abrió, y Seokjin volteó, manteniendo su esperanza intacta. Una única persona salió del interior.
Era él.
—Seokjin —saludó con una sonrisa, acercándosele—. Espero no haber tardado demasiado. Tuvimos una pequeña reunión de último momento.
Suga se puso de pie, el castaño por su parte, se quedó inmóvil.
—N-no. Para nada —mintió.
Lo tenía en frente. Otra vez sintió que quería lanzarse sobre él y pedirle ayuda, pero no pudo hacer más que presionar los labios con fuerza.
Namjoon vestía una boina y un tapado en azul oscuro. Seguía manteniendo su estilo.
—¿Me acompañarías? Te invito a tomar algo.
—A tom-... ¿De verdad? —el mayor ladeó la cabeza.
—Sí —rebuscó entre sus bolsillos, hasta sacar una llave—. Creo que estaremos mucho más tranquilos en otro lugar.
Seokjin miró con sorpresa que lo que el pelinegro hacía jugar entre sus dedos era nada menos que la llave de un coche. Tragó nervioso. ¿Por qué Namjoon decidiría llevarse a un extraño con tanta facilidad? Por inercia, volteó hacia Suga, con disimulo.
—Supongo que iremos —el menor se encogió de hombros, haciendo una mueca.
El castaño volvió sobre el de boina, asintiendo en silencio. Namjoon sonrió complacido.
—Entonces, andando.
Los tres salieron del edificio, el pelinegro al frente. Caminaron hacia la izquierda, un par de pasos hasta dar con el estacionamiento.
El menor saludó con un gesto a un hombre uniformado, antes de adentrarse varios metros manteniendo su dirección en línea recta, y por delante de los dos muchachos, que caminaban como si fuesen en fila, distanciados. Suga al final.
Un lugar era un tanto lúgubre, lleno de vehículos de todo modelo. El olor a gasolina impregnaba todo el sitio.
Namjoon señaló con su llave hasta que un coche oscuro encendió repetidas veces las luces de alarma, emitiendo un sonido corto y fuerte.
Un coche que Seokjin reconoció como costoso.
—Sube —le indicó Namjoon, camino al asiento del conductor—. Dile a tu amigo que puede ir atrás.
Seokjin se detuvo en seco.
—¿Mi amigo?
—Sí —contestó, como si fuese obvio, abriendo la puerta de su lado—. El de cabello azul —señaló en dirección al de camisa blanca.
Suga se puso pálido. ¿Namjoon estaba viéndolo?
El castaño resopló una risa, incrédulo, volteando hasta ver a su guía.
—N-no hay nadie allí —dijo sin pensar.
—Claro que sí. Vino contigo esta mañana también —respondió Namjoon.
—Mierda —la voz del Reparador se tornó oscura—. Seokjin, vuelve aquí. Ahora —ordenó, sin quitar sus ojos de los del pelinegro— Seokjin, ¡ahora! —insistió.
Finalmente, el mayor retrocedió temeroso hasta quedar tras él.
—¿Qué pasa? —preguntó confundido el dueño del coche.
—No iremos a ningún lado —respondió Suga, seriamente, con el castaño a sus espaldas.
—¿Por qué no?
La cabeza del de ojos grises daba vueltas. Namjoon no solo podía verlo, sino que además estaba escuchando a Suga.
Aparentemente, pudo hacerlo desde la mañana. ¿Por qué razón?
¿No se supone que el único que podía hacer aquello, era él?
¿Cómo era posible?
—¿P-por qué puede verte? —preguntó Seokjin, en voz baja— ¿Qué está pasando?
Suga no respondió. Continuaba mirando fijamente a Namjoon, manteniendo distancia. Estaba confundido.
La anomalía era la única persona que debía ser capaz de poder interactuar con él. Que Namjoon fuera capaz de hacerlo, solo podía significar una cosa: El pelinegro frente a ellos no podía ser una persona corriente.
No podía ser otro Reparador. Ellos podían reconocerse mutuamente, y Suga no lo detectaba como un semejante.
No había forma de que fuera otra anomalía sin que La Agencia lo hubiera notado. Dos anomalías no podían encontrarse o superponerse. Era imposible.
Lo que fuera, si podía verlo y oírle, indudablemente era una Entidad.
Y toda Entidad podía relacionarse mediante el tacto.
Dejando a Seokjin atrás, Suga se aproximó hasta el menor, con semblante enfurecido.
—¿¡Quién se supone que eres!?, ¿¡Por qué estás aquí!? —hizo un gesto con la cabeza, demandando respuestas.
—C-calma, no sé de qué estás hablando —Namjoon levantó las manos, tras cerrar la puerta de su coche—. Creí que Seokjin quería hablar conmigo, no entiendo por qué te molestas.
—Deja de jugar, Namjoon. Respóndeme, o en cuanto notifique a La Central, tendrás graves problemas —advirtió seriamente.
Los ojos oscuros del dueño del coche se abrieron de par en par.
—¿Cómo sabes mi nombre antiguo?
—¿Antiguo?
—Y-yo no... ¿¡Quién te dio esa información!?, ¿De dónde la conseguiste? —replicó, mostrándose alterado —Seokjin se acercó levemente, sorprendido de ver a su mejor amigo empezando a perder los estribos— ¿¡Cómo lo averiguaron!? —cuestionó, levantando la voz—. ¿Quiénes son ustedes dos?
—Para ya, no es necesario que finjas. ¿Qué tienes que ver con Seokjin?, ¿Acaso tú creaste el salto temporal? ¿Tú fuiste quién alteró las realidades? ¡¡Respóndeme!! —le gritó el de cabello azul.
Namjoon lo miró pasmado, sin ser capaz de contestar.
Suga tuvo el impulso de acercarse más, y con fiereza, estiró las manos en dirección al cuello de su abrigo con intención de sujetarlo. La ira lo consumía. Su trabajo no podía arriesgarse de aquella forma solo porque otra entidad se entrometiera creando problemas. Él no permanecería aislado, él no había hecho tanto esfuerzo para nada.
El menor cerró los ojos y pronto los abrió, nadie estaba frente a él. Sintió un escalofrío, y volteó, encontrándose a Suga de espaldas.
—M-me... ¿Atravesaste?
El de camisa blanca se giró rápidamente. Su semblante demostraba pánico, similar al de Namjoon.
Seokjin nunca había visto esa expresión en su guía. Supo que algo andaba mal.
—N-no lo entiendo —Suga se miró las manos, nervioso—. Debimos... Debí...
—De acuerdo, entiendo. Fue un buen truco, lo admito —Namjoon rió de manera forzada— ¿Quieren mi coche? ¡Adelante, pueden tomarlo! Pero déjenme ir sin hacerme daño, por favor.
—¿Crees que vamos a robarte? —intervino el castaño, consternado.
El pelinegro de boina lo miró, nervioso.
—N-no sé quiénes sean, ni qué es lo que quieren... Pero si querían asustarme, ya lo consiguieron —Suga volvió a acercárseles. El menor retrocedió, espantado—. Tú... E-eres un buen ilusionista, te felicito —mencionó tartamudeando, extendiendo una mano, como queriendo que el de cabello azul mantuviera distancia.
—Yo no soy ilusionista, Kim Namjoon —Suga notó cómo palidecía—. Soy un Reparador. ¿Qué se supone que eres tú? —cuestionó, sin dejar de avanzar hacia él.
Seokjin observó cómo el escritor respiraba agitado y retrocedía con torpeza.
—S-soy... Humano. Bien, ya lo di-dijiste. Mi nombre era Kim Namjoon, pe-pero lo cambié. Y ahora trabajo escribiendo un segmento... Yo no sé n-nada sobre la central, y no sé nada sobre la realidad temporal de no sé qué, lo juro.
Suga se aproximó lo suficiente hasta extender una mano e intentar sujetarlo, comprobando nuevamente que podía atravesarlo.
Namjoon puso los ojos como platos, y dando un grito de pánico, se dejó caer al suelo, abrumado.
—¡Namjoon! —Seokjin corrió hasta él, con intenciones de tranquilizarlo. El menor miraba a Suga, quién estaba de pie frente a él, como si se tratase del mismísimo demonio—. Cálmate... Debes escucharnos —comentó el castaño, poniendo suavemente una mano sobre la suya.
El pelinegro lo apartó bruscamente, presa de los nervios.
—¿¡¡Qui-quienes son ustedes!!?... ¿Quién es él?, ¿Por qué me atravesó?... ¿C-cómo es posible? ¿Estoy soñando?
—Baja la voz —el de ojos grises hizo una seña con las manos.
—No es una anomalía. Tampoco es un Reparador... Y no parece ser ninguna Entidad, o de lo contrario, habríamos hecho contacto por estar en la misma frecuencia —le explicó el guía a Seokjin.
—¿Qué significa eso?
—Que necesito pedir asesoramiento, para entender quién es él, y por qué puede verme.
♦♦♦♦♦♦♦
Sorpresa :D yo quiero ver el mundo arderr
Buena semana!!!
PD: Chopin es de mis compositores favoritos, su música expresa tanto♥
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