~ 25 ~
—¿Lo olvidaste? —Jimin preguntó a su novio, incrédulo, ante lo que acababa de escuchar.
Estaba frente a él, con el almuerzo en su plato en un local de comida rápida. El aroma a carne frita impregnaba todo el lugar y parte de los alrededores, y Jimin no pudo negarse al amor de su vida, que caminó atraído hasta la puerta del comercio.
—L-lo siento, no sé cómo pude hacerlo —se disculpó bajando la vista.
La pareja había hecho planes para esa misma noche. Unos amigos en común los visitarían en el hogar del pelinegro para pasar el rato, con comida, bebidas y juegos de por medio. Ahora, el menor anunció que cenaría con su nuevo amigo, olvidando completamente la reunión que ya habían planificado.
Jungkook se encogió en su asiento, y Jimin tuvo que mirarlo en silencio antes de acotar algo.
—Kookie, dulzura —lo llamó—. Luces preocupado, relájate. ¿Por qué no le dices a Taehyung que se nos una? Podrá conocer gente nueva, y los chicos disfrutarán que seamos un número par para poder jugar con las consolas —sugirió amablemente.
El de camisa roja no levantó la vista. Taehyung se ponía muy incómodo estando con desconocidos. No podría beber, y seguramente tampoco comería nada. Viera por donde se lo viera, no era una buena idea.
—Él no... —balbuceó—, no es bueno conociendo gente nueva —admitió—. Es muy tímido. No vendrá, aunque lo invite —Jimin examinó su semblante. Mientras se sobaba un brazo, el menor parecía estar pensando en alguna alternativa. Sin embargo, Jungkook amaba reencontrarse con sus amigos y llevaban varios días sin verse. Habían acordado todo por mensajes el martes ¿Y ahora lo olvidaba?—. Descuida, vida —le habló con tristeza—. Le diré a Taehyung que nos veremos otro día. Hemos logrado coincidir todos para ésta noche, no podemos cancelarlo.
—Jungkook —el pelinegro tomó su mano, por sobre la mesa—. Entenderé si prefieres reunirte con él.
—¡No! —se apresuró a sujetar su mano y negar con dinamismo—. No. Para nada, no es así —volvió a mirarle directamente—. No te preocupes. Le escribiré ahora mismo y podré verlo después. Está bien —trató de ser lo más convincente posible. No quería que su novio se sintiera preocupado por él, o por su amigo. Jimin contuvo una mueca. Tuvo la desagradable sensación de que el castaño claro le mentía—. Nos divertiremos esta noche —sonrió, sujetándolo con firmeza—. Te ayudaré a prepararlo todo... ¿Crees que finalmente traigan el juego que nos prometieron? —preguntó, intentando desviar el tema.
—Eso espero, sí. Llevan meses hablándonos sobre lo mismo —respondió Jimin, esforzándose en dejar de lado su malestar.
Jungkook se mostró mucho más animado el resto del almuerzo. Jimin intentó seguirlo, pero la desagradable sensación de que su novio estaba preocupado por su amigo lo mantenía pensativo.
Taehyung no era Seokjin; y Jungkook no era Hoseok. Pero entonces ¿Por qué empezaba a sentir que la nueva amistad de su novio se volvía una amenaza?
Jimin sabía que la situación era completamente diferente, y se reprendió a sí mismo por tener esa clase de pensamientos. Su novio lo amaba. Y, para variar, había hecho un amigo nuevo. Eso era maravilloso.
No dejaría que sus temores pasados afecten su mente, ni tampoco su relación.
El menor no volvió a mencionar a Taehyung el resto de la cita. Sólo cuando se despidió de su novio para asistir a clases, buscó su teléfono con rapidez. Si no iba a visitarlo, debía decírselo cuanto antes.
Marcó su número, y esperó, apretando los labios. Deseaba ayudarlo, pero los planes con Jimin y sus amigos no podían cancelarse.
—¿Jungkookie? ¡Hola! ¡No esperaba que me llamaras tan pronto! —saludó con entusiasmo.
—Hola hyung... ¿Hyung? ¿Qué tienes? —preguntó al notar que respiraba de forma irregular.
—Nada, perdona. Estaba terminando de limpiar.
Había pasado un fin de semana entero sin que el rubio repasara cada rinconcito de su hogar, y creía que la visita de su nuevo amigo ameritaba un lugar ordenado. Tras limpiar el piso, las ventanas, la cocina y el baño; era normal para Taehyung terminar agotado.
—Uhm, claro... Entiendo —el malestar de Jungkook reapareció.
—¿Sucede algo? —preguntó el mayor, desde el otro lado.
—De hecho, yo... Hyung, lo siento mucho —se disculpó con pena—. Olvidé completamente que unos amigos nos visitarían en el hogar de Jimin, lo habíamos planificado hace días. No nos vemos hace bastante, y finalmente pudimos coordinar para ésta noche —explicó, rascándose la nuca, en uno de los pasillos de la facultad.
—Claro, comprendo. ¡Descuida! —sonó para nada afectado— Podremos vernos otro día. Espero que se diviertan.
—No querrías venir ¿cierto? —Jungkook se mordió los labios.
—Lo siento, pero no —respondió con una risa nerviosa—. Yo y los extraños... Bueno, ya lo has visto, soy un desastre... Además, son amigos suyos, no quisiera que pasemos un momento incómodo.
—Sí... Lo sé —el menor no pudo evitar sentirse desanimado, llevó una mano a su rostro.
—¡Pero no importa, Jungkookie! Nos encontraremos cuando gustes. Ya sabes dónde buscarme.
—Seguro, hyung... En verdad lo lamento.
—No te preocupes. Nos veremos después. Cuídate.
—Tú cuídate —dijo con intención, antes de colgar.
Tras guardar su teléfono, Jungkook suspiró. Esperaba que Taehyung pudiera entenderlo, pero, aunque le había dicho que efectivamente era así, él no podía dejar de sentir remordimiento.
♦♦♦
Taehyung suspiró de cansancio.
Era demasiado pronto como para empezar a acostumbrarse a estar en compañía de su amigo. Necesitaba pasar tiempo a solas, ser más independiente. Pero el verse solitario en ese departamento siendo apenas las cuatro de la tarde, realmente empezaba a pesarle.
Todavía le quedaba ordenar su cuarto, y no quería hacerlo, porque allí guardaba las cosas que le pertenecían a la relación cuyo final estaba intentando procesar. De todas formas, no podría esquivarlo por mucho.
Empezó por su armario. Dobló su ropa y colgó sus camisas y chaquetas. Se topó con el primer objeto que le había obsequiado su novio, un pijama en color marrón oscuro, con un cierre que iba desde el vientre hasta el pecho, y una capucha que simulaba ser la cabeza de un oso pardo, caricaturizado.
Más allá de lucir como un disfraz, era un perfecto abrigo en invierno, pues contenía una tela especial que el mayor había seleccionado pensando que su novio solía sufrir por el frío.
Taehyung lo había utilizado pocas veces, todas cuando Seokjin estuvo con él, pero realmente lo atesoraba. Allí se originaba el apodo de osito mimosito, cuando, como era habitual, buscaba los mimos del mayor; pero vistiendo esa prenda.
¿Qué haría con ese regalo?, ¿Deshacerse de él?... Claro que no ¡Era un hermoso pijama!
Taehyung entendió, con dolor, que le costaría muchísimo deshacerse de esas cosas, sus cosas.
Por eso, tomó una bolsa negra y guardó allí el pijama, la caja musical, el retrato de ambos en su escritorio, los dos peluches que decían "te amo" y "eres mi vida", y un par de cosas más; decidiendo dejarlas fuera de su vista.
Una fuerza mayor le impedía meterlas en el contenedor de la basura, por lo que las escondió en el fondo de su armario. Se despegaría de eso tanto como pudiera.
O fracasaría en el intento.
♦♦♦
La tarde cayó. El sol se estaba perdiendo en medio de los altos edificios de la ciudad.
Seokjin estaba caminando sin rumbo alguno. Suga no lo acompañaba. No había regresado tras esa discusión al medio día, pero ahora poco le importaba.
Vestía un sobretodo oscuro. El frío se asentaba cada vez con más fuerza. Paseó a paso lento, por muchas calles céntricas. No quiso quedarse en su hogar, necesitaba tomar aire. Era inútil, pero le era imposible dejar de revisar su teléfono, en busca de alguna notificación por parte de Taehyung. El rubito solía escribirle con frecuencia. Lógicamente, eso no volvería a ocurrir. Y le dolía.
Le dolía saber que lo había lastimado. Que había estropeado su sonrisa rectangular, y había plantado un semblante derrotado en su lugar. Se lamentó una vez más, por haber sido tan cruel con alguien que simplemente le había entregado amor.
Se detuvo cuando llegó a la cima de una colina, cerca de donde empezaban los suburbios y estaba la estación de tren 41. Siempre terminaba llegando a lugares que le ofrecían una vista amplia de la ciudad donde vivía. Esa era una forma de reconfortarse.
Deseó poder olvidarlo todo. Despertar en el hospital, o incluso bajo los escombros; pero sin ser consciente de todo lo que le había tocado vivir los últimos cinco días.
El sol le acarició las mejillas. Alumbraba los últimos minutos, antes de esconderse del todo. Las luces empezaban a encenderse en todas partes. Incluso las estrellas, en el firmamento violáceo que asomaba por encima.
Necesitaba empezar a ordenarse. Quizás su relación con el esbelto rubio no había terminado de la mejor forma, pero estaba terminada. Le tocaba hacer lo mismo con Hoseok. Solo entonces, y tras algunas lágrimas más, lograría centrarse en localizar a Namjoon.
"Si tan sólo él estuviera aquí", pensó.
Namjoon era una persona muy reflexiva. Pensaba con mucho cuidado sus decisiones, sobre todo, las emocionales. Él era la definición perfecta del equilibrio entre la razón y el sentimiento. Él poseía la capacidad de guiarse por su pensamiento racional, sin dejar de escucharse a sí mismo.
Kim Namjoon podía parecer demasiado indeciso algunas veces, pero siempre que elegía, no se arrepentía. Seokjin admiraba y envidaba sanamente esa cualidad, entre las muchas que tenía su mejor amigo.
Si estuviese allí, de pie junto a él, mirando el atardecer; le pondría una mano en su hombro, diciéndole algo como "Intenta calmarte".
Namjoon era así. Un amigo que siempre buscaba la forma de animar a su mayor. De hacerle saber que el mundo guardaba millones de sorpresas para quienes se aventuraban a vivirlo. "La gente envejece llena de arrepentimientos" solía decirle. "Y yo no quiero eso para mí".
La filosofía del rubio de lentes era simple: Vivo, porque puedo.
No se había cerrado en absolutamente nada. Reconocía sus falencias, así como sus virtudes. Se enamoraba y se entregaba completamente a quien le interesara. Incluso, podía llegar a declararse y tener siempre la iniciativa. No le importaba, si se trataba de hombre o mujer, raza, nacionalidad o gustos. Él lo intentaría de todas formas.
Y joder, cualquiera podría enamorarse de Kim Namjoon.
Tenía una mentalidad que seducía a todos. Un cuerpo atlético y alto que cautivaba a quien se detuviera a mirarlo. Una capacidad de ser amable y directo. Una dualidad magnífica entre intelecto y torpeza.
Era extraordinario.
Seokjin y él tenían un vínculo muy fuerte. Y el castaño estuvo seguro de caer enamorado bajo sus encantos, hasta que, debido a los efectos de beber en exceso, terminó haciendo algo indebido.
Namjoon estaba soltero. Llevaban poco siendo amigos, pero era fácil pasar tiempo juntos. Cuando invitó al mayor a tomar en su departamento para celebrar que habían pasado un examen muy complicado; no esperaba que Seokjin se tomara la palabra "celebración" tan a pecho.
Entre charlas y algunos juegos de cartas, que el mayor siempre perdió, terminaron emborrachándose y empezando a decir incoherencias.
Algunas, que pasaron desde comparar el tamaño de júpiter con el de la cabezota hueca de un compañero que los había tratado mal en el pasado; a confesarse que llevaban tiempo sin tener sexo.
Los dos no eran novatos en el tema. Pero Seokjin no había experimentado jamás con mujeres.
Entre copa y copa, la charla se tornó más íntima, hasta que el castaño quiso ponerse de pie y terminó tambaleándose y trastabillando.
El rubio tomó su mano y rió ante su descuido, sosteniéndolo con uno de sus brazos rodeándole la cintura.
"Ten más cuidado, hyung" le dijo antes de que el de ojos grises se detuviera a mirarlo en silencio. Namjoon se acomodó los anteojos rectangulares, había pasado tiempo desde que alguien se detenía a contemplar sus ojos de aquella forma.
Seokjin no se contuvo. Aunque, más que afecto o ilusión, simplemente sintió que necesitaba besarlo.
Presionó sus labios contra los del rubio, con cierta torpeza. El menor no se retrajo. Correspondió a sus labios, y trasladó una de las manos a su mentón.
Pronto, lo que empezó como un roce un tanto insípido, se tornó en el más dulce y cariñoso beso.
Supo que algo así ocurriría; y es que Namjoon era bastante analítico, y mayormente, observador. El castaño que besó en ese instante, llevaba varias semanas mirándolo de una forma muy particular. ¿Curiosidad? ¿Deseo?... Alguna de esas, o quizás una que todavía no se le había ocurrido, pero indudablemente, sería lo que motivaba al mayor de ojos platinados a hacer algo así.
En Kim Seokjin no había frialdad, pero tampoco una calidez que emanara de un sentimiento como el amor. Su necesidad de contacto nacía simplemente por la nostalgia, tal vez, de sentirse deseado por alguien más.
¿A eso llegaban quienes preferían mantener relaciones pasajeras?, ¿A sentirse solos e insuficientes si no tenían con quien acostarse?... El de gafas creyó que sí, porque Seokjin no parecía tener intenciones de detenerse.
Pudo cumplir su capricho. Pudo empezar a desvestirlo y continuar. Aun estando bebido, aun sin considerarlo un amigo en todo el sentido de la palabra, pero Namjoon no quiso hacerlo. Por eso, interrumpió su beso y lo miró con curiosidad.
"Espero que no vayas a decirme que eso fue un accidente" lo desafió, sosteniendo su rostro. "Me gustan las personas que eligen arriesgarse y vivir... ¿Tú eres así, Seokjin?".
Obviamente, la respuesta era un No.
El castaño realmente no era osado ni aventurero. Era más bien tranquilo y un tanto... Cobarde.
Cuando Namjoon le sostuvo el rostro entre sus manos y sonrió, exponiendo unos pequeños hoyuelos; Seokjin entendió que algo como lo que pretendía jamás funcionaría. No con él.
"Beso bien, no lo niegues" se animó a fastidiarlo, y el castaño no pudo hacer más que reír.
Los rubores infantiles jamás existieron en aquel momento, ni las miradas desviadas o silencios incómodos. Fueron maduros. Personas que pudieron hablarse a la cara, sin que se viera afectado el vínculo que empezaban a consolidar.
Seokjin admitió que un impulso lo había llevado a querer besarlo, y luego dijo que realmente creía que era una persona admirable y atractiva.
Namjoon reconoció que también lo encontraba atractivo, y que su rostro le parecía hermoso.
El resto de la noche fue bastante distendida. Ya no hubo más besos de por medio, pero sí una conversación sincera y larga.
El castaño entendió que realmente no estaba enamorado de Namjoon, lo encontraba un chico fascinante, pero supo que éste jamás le permitiría enredarse con él.
El dueño de casa comprendió aquella noche que Seokjin jamás había llegado a amar a alguien. Sus relaciones pasadas involucraban poco sentimentalismo y, por ende, no estaba acostumbrado a requerir algo más profundo que su simple deseo de satisfacción para realizar acciones como besarlo.
Se admiró porque el castaño se había dejado llevar por ese impulso, y aunque dejó en claro que el romanticismo no era su principal motivación, se negó a querer mantener ése tipo de relación con él.
El resto fue el tiempo.
Seokjin fue conociendo más y más al rubio superdotado, entendiendo que lo que había iniciado como una mirada de admiración y algo de atracción; se transformaba en más admiración, y un cariño que se tornaba mucho más fraternal.
Namjoon podía armar una torre de naipes de cinco o seis pisos, y luego derribarla por levantarse y chocar las piernas contra la mesa.
Era torpe, y un poco descuidado.
Perdía sus auriculares todo el tiempo. Siendo amante de la música, eso lo frustraba. También los rompía por engancharlos o aplastarlos.
No le llevó demasiado tiempo entender que su amigo perdía o destrozaba, no solamente los auriculares, sino muchas cosas más. Billetera, teléfono, bolígrafos, credenciales... No perdía sus lentes por usarlos todo el día, o quizás habrían sufrido el mismo destino de permanecer desaparecidos hasta que los encontraba encima de alguna mesa.
Como contracara, siempre que tuviera un lugar donde escribir, teléfono, computadora, papel; podía plasmar las palabras más bellas y hacerlas danzar antes de esparcirlas sobre toda una oración, un párrafo o un texto.
Namjoon tenía talento escribiendo. Y eso solo pudo crear más admiración en Seokjin. Pronto se acostumbró a él, en todas sus facetas. Y fue cuando su cariño por él aumentó.
Eran una dupla muy buena. Como amigos, como compañeros y a veces como hermanos. Peleaban, reían y lloraban. En ése orden, si se juntaban a beber.
Aunque ambos se sintieran levemente atraídos por el otro, impusieron un límite que ninguno excedía. Y estaban bien así.
Seokjin podía montarse sobre la espalda de Namjoon, colgándose de su cuello y pretendiendo que lo sostuviera sin aminorar su marcha; y el de lentes podía tomarle la mano y enlazarla a la suya, como si jamás quisiera que se sintiera triste.
Podían criticarse con dureza, hablar sobre unicornios, y dormir en la misma cama, con total comodidad.
Seokjin sintió que su amigo era alguien irremplazable, alguien que podía aspirar a todo lo que deseara, porque indudablemente tendría éxito.
Y Namjoon se decidió a acompañar y acompañarse por el de ojos platinados. Porque su comida era increíble, sus chistes entrañables, y su bondad era única.
Ya sabía que su amigo de espalda amplia era un escéptico respecto al amor verdadero, pero estaba convencido de que le faltaba experimentar, hasta dar con alguien que terminaría por embobarlo como si fuese un adolescente de secundaria.
Por eso insistía tanto con que intentase algo con Jungkook. Porque le bastó mirarlo un poco, para notar que Seokjin, en mucho tiempo, empezaba a gustar de alguien, quedándose a contemplarle con ensoñación.
Presionaba, a veces demasiado, a que se animara a hablarle. Y su amigo, volviéndose totalmente tímido ante un muchachito pelinegro, le producía una mezcla entre ternura y frustración.
Namjoon sabía que Seokjin merecía enamorarse, y ser amado por alguien que apreciara y cuidara bien de él. Que lo volviera un creyente; un amante de las cursilerías, los apodos tontos y los besos esquimales.
Alguien que le demostrara que el mundo cobraba otro tipo de colores si tenía la oportunidad de caminar de la mano con su persona especial.
Que valía la pena arriesgarse.
Seokjin suspiró, un poco de vaho escapó de sus labios al tiempo que guardaba las manos en los bolsillos de su abrigo oscuro.
Sería mucho más sencillo enfocarse en regresar a su hogar, si no fuera capaz de percibir la realidad alterna como auténtica. El frío, los sonidos de los coches, el olor a perfume que tenía su sobretodo; su malestar al recordar a Taehyung... Todo lo volvía más difícil.
Los días transcurrirían, y él terminaría regresando a su vida normal. O quizás moriría.
Las palabras de su amigo acerca de arriesgarse, resonaron en su mente. Deseaba tanto poder conversar, aunque fuera unos minutos con él, escuchar su risa baja seguida de un consejo sensato.
Extrañaba mucho a Kim Namjoon.
Extrañaba sus días vagando por los pasillos de la universidad rumbo a la biblioteca, o a su salón de clases, cuando no tenía idea de lo mucho que amaba su cotidianidad. Donde un Jimin que pasaba a despertar en las mañanas, le abría en pijama y con el cabello revuelto; y pocos minutos después le preparaba café. Donde podía maravillarse observando a Jungkook desde lejos, sin molestar.
Donde quizás, todavía no se había enamorado realmente, pero aun así era feliz.
Temía morir. Temía sobrevivir, y que su mejor amigo no tuviese la misma suerte. Que Taehyung volviera a lanzarle aquellas miradas ácidas, demostrando nada más que desagrado.
Suga tenía razón, sería una lotería.
Solo podía rogar a todos los cielos que le otorgaran la oportunidad de seguir viviendo, como fuera. Y que su mejor amigo lo hiciera también.
Definitivamente su vida sin Namjoon era bastante insípida. Bastante caótica.
Y sí, se prepararía para reencontrarse un Taehyung de cabello grisáceo, ondulado y vestimenta colorida. Uno que no volvería a hablarle, ni a llamarle afectuosamente "cielo". Uno que estaría sano.
Lo último era lo más importante. Su salud.
Esperaría esperanzado el despertar y el ser capaz de conservar sus sentidos, sus extremidades y su mente.
Buscaría con los ojos a Namjoon, y rogaría poder verlo cerca. Preferentemente, vestido con su propia ropa y consiente.
¿Tal vez pedía demasiadas cosas?
Su teléfono vibró.
El mensaje decía "Ahora no puedo. En la noche, te veré allí cerca de las 11PM"
Era Hoseok, respondiendo a su pedido de encontrarse donde el castaño estaba, y ponerle un fin a su relación de una vez por todas.
Eran apenas las 7:30PM. Quedaban algunas horas para el momento del reencuentro.
Regresaría a casa, para tratar inútilmente de sentirse listo ante lo que tenía que hacer. Solo un poco más, Seokjin debía esperar un poco más para poder soltarlo todo; y emprenderse en su regreso.
Tal vez Suga ya había regresado.
♦♦♦
9:00 PM.
Taehyung yacía en el suelo de su comedor, mirando al techo, con la música proveniente de su portátil a volumen máximo, mientras una melodía tristona sonaba de fondo.
En su computadora, había dado con la carpeta donde guardaba todas las imágenes de ambos que había capturado con la cámara de su teléfono, o con la de Seokjin. Éstas no estaban ordenadas, no estaban impresas, ni tenían título o alguna frase referida al momento que enseñaban. Eran simples imágenes. Simples y banales.
El rubio vestía su pijama, tras haberse dado un baño, tenía la toalla en su nuca; y sus cabellos dorados goteaban sobre el suelo, junto con las lágrimas que continuaban deslizándose desde sus ojos claros.
Terminar con alguien apestaba.
Era una tristeza tan nítida y frecuente, que volvía a nublarle la mente y los deseos de continuar.
Sin Seokjin, su vida estaba vacía.
Taehyung no había probado bocado en todo el día, y su estómago no dejaba de sonar. Pero era fácil ignorarlo si su pecho estaba destrozado de aquella forma. Tampoco había tomado su medicación. Simplemente estaba mirando hacia el techo, con los brazos extendidos, como si aquella luz pudiera llevarlo a algún lugar fuera de su vivienda.
Había estado encerrado todo el día, y eso empezaba a trastornarlo todavía más. Supo que no llegaría demasiado lejos, porque al sentarse, un mareo aturdió sus sentidos. Pero, aun así, se puso de pie y se dirigió a su habitación a vestirse. Saldría a caminar. A tomar aire, o en su defecto, frío, porque necesitaba dejar de sentirse asfixiado por estar encerrado entre esas cuatro paredes.
♦♦♦
En el hogar de Jimin, los cinco invitados estaban junto a él y su novio, esparcidos por el sofá blanco y otros asientos.
Sonidos de música electrónica baja y las risas de las conversaciones volvían el ambiente muy ameno.
La pareja de Jimin y Jungkook eran excelentes anfitriones.
Mientras Jimin pasaba las cervezas entre los chicos, Jungkook reponía las botanas en los cuencos que estaban sobre la mesa de en medio.
Los muchachos universitarios poco tardaron en reparar en la actitud distraída del castaño fortachón. A menudo se quedaba callado en las conversaciones, e iba perdiendo por segunda vez en la ronda de cartas.
Jimin lo delató, diciendo que había estado así todo el día, lo que dio pie a la curiosidad de los demás.
El pelinegro animó a su novio a contarle a sus amigos lo que le preocupaba, señalando que había un "alguien" implicado. Le vendría bien a Kookie para desahogarse, y también a él, para ver si su novio conseguía ser más sincero ésta vez.
Jungkook se acomodó sobre la punta del sillón y tocó sus manos de manera nerviosa.
Comentó básicamente lo mismo que le había dicho a Jimin, que su nuevo amigo estaba atravesando una ruptura, y que parecía muy afectado.
La oleada de opiniones y comentarios empezaron.
Uno de ellos comentó que las rupturas siempre dolían más al que estaba más inmerso en la relación. Otro, opinó que la soledad era lo peor en esos momentos.
Jungkook respondió de forma vaga las preguntas sobre si sabía cuánto tiempo llevaba su amigo en aquella relación, si había sido él quien terminó con su novio, o si fue al revés.
Cuando les mencionó la palabra "infidelidad" todos asintieron de forma parecida.
"Saber que fueron infiel contigo es lo peor", "Nunca terminas de conocer a la otra persona", "Hacerle eso a alguien es muy bajo". Y más comentarios similares.
Jimin no pudo evitar sentirse incómodo. Él ya sabía lo que eso se sentía. Le mintió a Jungkook, no solo no le mencionó jamás a Hoseok, sino que dijo que su relación anterior había terminado "por mutuo acuerdo".
Jungkook, por su parte, solo sentía que el malestar comenzaba a revolverle el estómago, como le había ocurrido en la tarde. Al igual que con Jimin, omitió dar demasiados detalles sobre la vida privada del rubito. Pero que sus amigos hablaran sobre aquello como un momento donde se requería mucha contención y afecto, lo estaba martirizando.
Taehyung debía sentirse más sólo que nunca.
Mordió sus uñas, intentando acallar los pensamientos sobre que quizás volvería a tratar de hacer alguna tontería.
El tema de conversación terminó expandiéndose demasiado, y todos hablaron sobre sus relaciones pasadas. Algunos de los chicos dijeron que habían sufrido infidelidad por parte de quienes eran sus ex's, y que eso era verdaderamente doloroso.
Otros, que jamás le harían eso a su pareja, y tenían la suerte de jamás haberlo vivido.
Cuando fue el turno de Jimin, comentó una vez más la misma versión que sabían todos sus conocidos. Que su novio y él dejaron enfriar la relación, y pudieron cortar sin mayores rencores de por medio.
Falso.
Jungkook ya había salido con personas antes que con Jimin, pero también era afortunado en poder decir que nadie le había sido infiel.
A medida que la conversación se fue desviando, Jungkook aprovechó un momento para tomar su teléfono y escribirle a su hyung, repentinamente desesperado por obtener una respuesta. Pero no hubo nada.
Tras haber finalizado el desempate de la ronda de juegos de cartas, pasarían a los videojuegos. Mientras algunos conectaban los monitores y las consolas, otros fueron al baño, salieron a fumar y esperaron que todo estuviera listo.
—Dulzura ¿te sientes bien? —Jimin se acercó a acariciarle una mejilla en cuanto notó que su novio estaba de pie a un costado de la puerta, mirando su teléfono fijamente.
—Vida... —el menor buscó abrazarse a él con fuerza. Eso alivianó un poco la sensación de sentirse un desconsiderado—. Te amo mucho —susurró su oído, tras haber enterrado su cabeza en el espacio entre su hombro y cuello—. Cuanto te sientas mal, y necesites de alguien, no dudes en decírmelo. No vayas a guardártelo por nada del mundo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —asintió Jimin, un poco confundido.
—Por favor —le tomó el rostro entre sus manos—. Sentirse solo puede hacernos mucho daño. Tienes que saber que muchas personas te amamos —mencionó con intención, acariciándole las mejillas—. Tú nos importas.
—Kookie —Jimin acercó su rostro un poco más—. Estás preocupado... —adivinó, mirándolo con comprensión—. Es por Taehyung ¿cierto?, ¿Vas a decirme por qué?
—Lo haré —aseguró—. No creo poder con esto solo, Jimin —admitió con angustia.
—Yo voy a ayudarte —le dijo dándole un beso—. Tranquilo, Kookie —bajó la voz, acariciándole el cabello—. Siempre vas a contar conmigo.
—Lo sé... Pero ahora, en verdad, debo ir a verlo. Temo que algo le haya ocurrido —confesó sin distanciarse demasiado de su boca—. Y te lo explicaré todo mañana. Lo prometo.
—¿Te irás?, ¿Ahora?
—Volveré tan pronto lo encuentre —le aseguró, expectante.
—Pero... —el pelinegro tragó con dificultad. Eran cerca de las diez, ¿realmente era necesario?
—Jimin... —insistió su novio, empezando a dolerse por su falta de confianza en él.
—Ve —le dijo de inmediato. Si continuaba pensándolo, estropearía todo—. Pero ten cuidado, ¿sí?
Jungkook afirmó en silencio. Jimin le dio un último beso, y se quedó en su lugar mientras su novio corría a ponerse un abrigo y despedirse de forma rápida de los amigos que había invitado.
En cuanto la puerta sonó, deseó con todas sus fuerzas apartar los temores que empezaban a anudarle la garganta.
Los demás se acercaron a él en cuanto notaron su bajo ánimo. ¿Qué le pasaba a Jungkook?
Jimin intentó recuperar el semblante alegre, pero le era demasiado difícil. Otra vez estaba siendo la sombra en medio de su novio y su amigo. Otra vez se sentía dejado al margen, se sentía un sobrante.
♦♦♦
Jungkook corrió por el vecindario. Esquivó personas, y reunió impulso como para mantener un trote firme hasta que llegó a la esquina del complejo donde vivía Taehyung.
Desde allí, solo podía divisar las puertas pintadas en verde una junto a la otra, y su atención se detuvo en la última de la izquierda, la cual pertenecía a su amigo.
Era una sensación tan horrible, el empezar a pensar si estaba bien. Si había conseguido mantener la mente despejada en todo el día.
Por supuesto, una ruptura era muy dolorosa. Conversando con sus amigos pudo recordarlo. El sentirse engañado y usado era terrible. Entender que lo que creía pertenecer a dos, era en realidad un espejismo, hacía muchísimo daño.
Y Taehyung estaba enfrentándolo todo sin tener a nadie que lo contuviera.
Al detenerse en su entrada, golpeó dos veces, y esperó, mientras se doblaba a recuperar aire.
Nada. Nadie habría.
—¿Taehyung? —lo llamó—. ¿Estás ahí? —miró por el ojal, sin ser capaz de ver más que oscuridad—. Maldición —farfulló, volviendo a tomar su teléfono y marcando el número de su amigo.
Una, dos. Cuatro veces oyó el tono, sin obtener respuesta.
Jungkook temió lo peor. Los ojos se le inundaron y decidió volver a insistir, poniendo el teléfono en su oído, antes de querer intentar echar la puerta abajo.
—¿Jungkook?
—Taehyung... —exhaló, sintiendo que su alma regresaba a su cuerpo.
—Perdona, mi móvil estaba en silencio. Y no lo revisé hasta recién. ¿Sucede algo?
—¿Dónde estás? —preguntó, tras tragar y empezar a recomponerse.
—En un parque. ¿Por qué?
—¿Qué demonios haces allí a estas horas? —lo regañó con molestia.
—Solamente quería tomar aire. En realidad, pensaba ir un poco más lejos, pero me encuentro muy agotado.
—¿Dónde?
—El que está cerca de la estación 41.
—Quédate allí. Voy ahora mismo.
—¿Qué?... Jungkookie, no entiendo nada
—¡Sólo quédate allí y punto! —Jungkook colgó y volvió a correr. Ya sabía que estaba bien, pero eso no hizo que aminorara su ritmo.
Paró dos minutos, a comprar una barra de cereal en una máquina expendedora que encontró en el camino, y continuó hasta el lugar que le había indicado el rubio.
Taehyung tenía la capucha azul de su buzo, estaba sentado en un banco, junto a un inmenso roble y un poste de luz. Jungkook le había pedido que se quedara allí. Aunque había sonado más a una orden que a una petición, ciertamente. ¿Pero no se supone que estaría ocupado?
El rubio revisó su móvil, entendiendo que había recibido un mensaje del menor hacía más de una hora, sin que le hubiese contestado. También tenía cerca de cinco llamadas perdidas, todas de Jungkook.
"Quizás él... ¿Se preocupó por mí?" pensó, justo antes de que el castaño que vestía pantalones oscuros a la rodilla, unos tenis negros y un abrigo gris apareciera por un costado, deteniéndose súbitamente a recuperar el aliento, unos pasos más allá.
—Jungkook —lo llamó, un tanto temeroso por cómo fuera a reaccionar su amigo. El de campera gris se enderezó unos segundos después, y enfiló a su sitio, luciendo notablemente molesto—. Pe-Perdona, y-yo no... —balbuceó el de capucha azul sintiéndose notablemente amenazado.
—¡Eres un... ! —contuvo la maldición— ¡Un corderito muy idiota! —tomó sus brazos, y de un tirón lo acercó a su cuerpo.
Taehyung sintió que el castaño lo abrazaba con fuerza.
—Jungkookie, en verdad lo sien-
—¡Idiota! —lo llamó con la voz quebrada. El rubio percibió cómo aquellos hombros temblaban. Y luego escuchó que el menor estaba sollozando—. M-me asustaste —admitió sin soltarlo— ¡No vuelvas a hacerme algo así!
Taehyung lo abrazó con toda la fuerza que pudo. Aquella era la segunda vez que alguien lo tomaba en brazos para regañarlo diciéndole "Me asustaste". El primero, desde luego, había sido su ex novio. La escena era un tanto familiar para el rubito, cuando entendía que un descuido bobo, como el de ignorar el teléfono, podía angustiar tanto a otra persona.
—Lo siento mucho —se disculpó Taehyung a su oído—. Entendido. No volverá a suceder.
—Más te vale —sentenció Jungkook apartándose de a poco— O juro que haré que lo entiendas por la fuerza —Taehyung sonrió con dulzura ante el semblante enrojecido del menor. Y subió las manos a su rostro para acariciarle las mejillas.
—Espero que eso no sea necesario...
Jungkook lo miró con atención. Allí estaba, no lucía tan mal como esperaba encontrarlo. Todavía conservaba el brillo en sus ojos miel, pero sí estaba desabrigado, y sus manos estaban frías.
—¿Por qué saliste sin ponerte algo más que eso?, ¿No te das cuenta que pronto será invierno? —volvió a regañarlo, usando una tonada firme.
—Bueno, al salir no hacía mucho frío —se encogió de hombros—. Cuando me di cuenta, el sol se había ido —le explicó.
—Pues debiste tomar algo más, es peor que en las mañanas y... ¿Taehyung? —lo sostuvo por la espalda, en cuanto sintió que el rubio perdía estabilidad. El mayor se aferró a sus antebrazos.
—Ah, perdona. No he comido nada y supongo que los mareos son cada vez peores... —comentó sujetándose la cabeza con una mano.
—¿Por qué no comiste nada? ¡Taehyung! —lo sacudió, volviendo a enfadarse con él.
—Porque no tenía-
—Ten —le enseñó la barra que traía en uno de sus bolsillos—. Vas a comer esto. Vamos —lo sujetó con firmeza—. Vamos a sentarnos un momento —Jungkook lo dejó en el asiento otra vez, y tomó el lugar a su izquierda. Le abrió el paquete y se lo alcanzó—. Come —le dijo al entregárselo.
—Jungkookie... ¿De dónde...?
—Come, hyung —insistió.
Taehyung dio una mordida. La barra de cereales era de las mismas que tenía guardadas en su alacena. Podía comerlas sin problemas.
El menor supuso que su amigo seguía desinteresado en alimentarse correctamente, por lo que no desaprovechó en cuanto vio aquella máquina expendedora.
—Y ten esto también —Jungkook le puso su campera gris encima del buzo azulado—. O vas a pescar un resfriado —El rubio tragó, con la vista baja. Su amigo estaba luciendo un chaleco blanco con una remera de cuello alto debajo, y lo miraba con atención. Taehyung sintió que se le inundaban los ojos—. Tae... —el menor inclinó la cabeza, con sorpresa.
—L-lo siento mucho, Jungkook. No pensé que... Ven-drías hasta aquí a buscarme, sólo por no responderte —sollozó, apenado—. Tenías cosas que hacer, ¿no es así?
—Eso no importa ahora, hyung. Y descuida, estoy un poco molesto, pero se me pasará en cuanto termines esa barra de cereal, andando —respondió despreocupado.
Taehyung asintió, y se apresuró a obedecer. Se limpió el rostro algunas veces, conmovido de entender todo lo que su amigo estaba haciendo por él.
—¿No tienes frío estando así? —le preguntó, con curiosidad.
—No. Normalmente entreno corriendo en las mañanas, así que estoy acostumbrado —le explicó al rubio, que ya estaba dando el último bocado—. Eso es. Mucho mejor. Esperemos un momento antes de volver, se supone que la glucosa hace su efecto en unos minutos —informó.
Estaban a lado del otro, pero Taehyung se permitió acortar esa distancia y se escabulló bajo su brazo derecho, acomodándose en su pecho.
—Dicen que no es bueno enfriar el cuerpo de inmediato después de haber hecho algo como correr —se aseguró de acomodar la campera por sobre ambos—. No sé demasiado sobre deportes, pero eso es básico —explicó con calma.
Jungkook sintió que el acercamiento de su amigo había sido bastante repentino. Un aroma mentolado llegó hasta su nariz, y no pudo hacer más que quedarse inmóvil. Sintió que las mejillas empezaban a arderle, y tardó un momento en contestar algo para aliviar su estado.
—S-si haces más cosas como éstas, no conseguirás demostrarme que no eres un corderito idiota —bromeó, con una sonrisa.
Taehyung sonrió también, resoplando una risa leve.
—Deberé esforzarme —admitió sin apartarse—. Gracias —comentó, con una tonada melancólica.
—Me darás las gracias cuando empieces a cuidarte como es debido, Taehyung. ¿Oíste?
El mayor asintió en silencio. Y luego se acomodó un poquito más cerca, cerrando los ojos y dejando descansar la cabeza entre su hombro y su cuello.
—Jungkookie, te quiero.
El de chaleco presionó sus labios y volteó la vista al frente. No se esperaba para nada aquella "declaración". Obviamente estaba diciéndolo en un sentido fraternal, ¿correcto?... Pero Jungkook rara vez les decía a sus amigos algo así. Notó que no recordaba cuándo había sido la última vez que alguno se lo dijo a él.
En cambio, vivía diciéndoselo a su novio.
Pero Taehyung era su amigo.
El castaño claro intentó calmarse. Probablemente Taehyung tampoco se lo había dicho a nadie que no fuera Seokjin, y eso implicaba que era su primera vez declarándolo tan abiertamente. Y había elegido decírselo a él.
—También te quiero, hyung —contestó, apoyando ligeramente su cabeza sobre la suya.
No mentía.
Sin saber con exactitud el cómo, pero estaba infinitamente agradecido de que Taehyung no se hubiese dejado vencer por la tristeza, más que para no comer. Supo que había llegado en el momento preciso. Y eso lo hizo feliz.
El rubio no era el único que debería acostumbrarse a tener un amigo atípico. Jungkook estaba dispuesto a aprender sus modos y a dejarse querer por él.
Más importante aún, a quererlo.
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