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~ 22 ~

Taehyung apenas se había calmado. Ya no le quedaban más lágrimas para derramar.

Todavía estaba siendo sujetado por un chico que había conocido en la mañana, su presencia era lo único que le parecía tangible. Sólo Seokjin lo había sostenido de aquella forma, manteniéndolo reconstruido, y con la sensación de que si lo soltaba, se rompería en muchos pedazos.

Pero en esta ocasión se trataba de otra persona.

Jungkook no parecía incómodo con el rubio pegado a su pecho. De alguna forma se había acostumbrado a la posición en la que estaban, de rodillas y enfrentados.

—Taehyung —lo llamó, subiendo una de sus manos a su espalda.

El rubio se apartó con lentitud. Había olvidado que, por su culpa, el de remera blanca había llorado también.

—Lo siento —se disculpó sin mirarlo—. Uhm, pa-parece que mojé tu ropa.

—Déjalo, no importa... Mírame —lo obligó, tras levantarle el rostro con una mano—. Estás vivo —le dijo con intención. El mayor intentó zafarse de su agarre, no quería mirarlo, estaba sumamente avergonzado—. Tae — Jungkook no lo dejó— Estás aquí.

Era extraño como esos ojos brillantes y oscuros podían denotar tanta determinación, cuando ya los había visto llorar.

—Aquí estoy —respondió para que lo soltara.

—Y aquí vas a seguir —sentenció el menor—. Ahora respira hondo. Vamos, hazlo... Eso es... Otra vez... ¿Qué pasa?

—¿P-podrías dejar de sujetarme por el mentón? Me estás poniendo nervioso.

El menor lo soltó de forma inmediata. Por un instante había olvidado que estaba tratando con alguien que apenas conocía.
Bien, ciertamente ya no podía decir que apenas lo conocía. Tras haber oído su historia, incluso había llorado con él.

—Perdona por hacer que pasaras un momento así —dijo Taehyung, tomando distancia—. Sé que soy un miserable. Y sé que quizás tenías cosas importantes que hacer y decidiste venir hasta aquí y desperdiciar tu tiempo conmigo, yo-

—Basta —lo cortó de forma brusca—. Estás equivocado. No tenía nada más que hacer —mintió—, y no siento que venir haya sido una pérdida de tiempo. Hacerlo fue mí decisión —Taehyung bajó la mirada, incómodo—. No eres miserable. Tienes una enfermedad que se trata. Y acabas de romper con tu novio; que te sientas así es normal. Que lo seas, es otra cuestión.

—Son casi las siete —anunció el rubio poniéndose de pie—. Eres libre de marcharte si quieres hacerlo.

Jungkook lo miró con sorpresa, todavía sentado.
—¿Estás echándome?

—¡No! No es así. Solo que... Me has oído, y me has consolado. Te lo agradezco, pero puede que debas...

—Lo estás haciendo.

—No quiero echarte —le aseguró el rubio— P-pero... No sé qué más... Quieras...

El de camiseta blanca se puso de pie también, sin poder creer lo que oía.

Lo sabía todo, estaba al tanto de su vida, y ahora tras haber llorado en su pecho cerca de cuarenta minutos, estaba pidiéndole que se fuera, siendo descartado como un pañuelo.

—¿Y qué harás cuando me marche?

—Darme un baño... Y quizás dormir unas horas, estoy agotado... Mi medicación —dijo yendo hasta el baño.

Jungkook lo siguió con la vista, viendo como el mayor sacaba una píldora de un bote y la metía a su boca.
—¿Intentas convencerme de que ya estás bien?

—Me siento muerto, de alguna forma —admitió Taehyung, después de tragar y volver a su lado—. Y estoy triste. Angustiado y deprimido.

—Y estás echándome —insistió.

—No quiero que... —suspiró—. No, Jungkook. Pero esto es tan... Extraño. Y-yo no había traído a casa a nadie que no fuera Seokjin, ¿entiendes? Y pensé que no querrías... Aguarda, ¿Entonces estás diciendo que quieres quedarte?

—Voy a quedarme.

—E-entonces... Yo... —se sonrojó, y bajó la vista—. Lo siento, soy muy malo conociendo gente nueva. M-me trabo al hablar y no sé hasta qué punto confiar y... Después de lo que me hicieron, sé que debería tener cuidado porque soy muy ingenuo y torpe, manché tu camiseta y-

—Te diré qué haremos. Primero, vas a calmarte —hizo un gesto con las manos—. Entiendo que estés un poco incómodo. Yo sigo siendo un desconocido, lo sé.

—Pero no quiero tratarte como a un desconocido. Porque me ayudaste, y eso es... Yo realmente... Estoy agradecido —confesó mirándolo—. No esperé nunca que esto pasara. Ayer me sentía tan feliz, y hoy todo fue... Lo siento...

—Tae —Jungkook se acercó un poco más a él—. Seamos amigos.

El mayor lo observó en silencio unos segundos.
—¿Amigos?

—Dijiste que quienes conociste en el pasado no fueron más que personas aprovechándose de ti... Y que Seokjin lo era todo. Bueno, tengo a mi novio, y no sé lo que es tener hermanos, soy hijo único; soy muy joven para ser padre, y ya somos compañeros... Pero puedo ser tu amigo.

Taehyung resopló una risa, confuso.
—¿De verdad?

El de ojos oscuros se balanceó en silencio un momento, repentinamente nervioso. No era así como se hacían las amistades. Sin embargo, escuchar la risa de Taehyung, en su tonada baja y luciendo igual a como lo había visto en la mañana, hizo que lo olvidara completamente.

—Me esforzaré en ser un buen amigo para ti, Jungkook —le sonrió.

Los labios del menor contuvieron una sonrisa. Aquello parecía ser un indicio del rubito en querer continuar. Después de haberlo visto tan mal, ese era el primer alivio que sintió.

—Lo serás... Y ahora, uhm, en realidad tengo hambre, quizás debamos... —se rascó detrás de la nuca.

—¿Preparar algo?, ¡Claro!... Sigo sin apetito, pero debería comer. N-no sé si lo que tengo en mi nevera vaya a gustarte, pero siempre podemos ir a buscar algo más... "Normal".

—¿Qué es lo que tienes?

El mayor se dirigió a la cocina.
—Verduras, arroz, alimentos en bajo sodio, grasas, ningún condimento —nombró, contando con los dedos—. Básicamente, comida que es bastante insípida.

—¿Y qué es lo que comerías normalmente?

—Nada, porque no tengo apetito —admitió—. Pero... Tal vez prepararía un poco de arroz con alguna guarnición.

—Entonces eso estará bien, déjame echar un vistazo —Jungkook se asomó al electrodoméstico, para comprobar que no estaría quitándole demasiada de su comida especial al rubito—. Sí —asintió tras comprobar que tenía la suficiente—. Eso bastará.

—¿No te molesta?

—Para nada. Mientras sea comida, comeré.

Taehyung sonrió.
—¿No hay nada que te desagrade?

—Respecto a los alimentos, no... Bueno, el jengibre me parece demasiado fuerte. Pero es lo único —Jungkook le devolvió la sonrisa—. Cocinemos.

—Lo prepararé yo, descuida.

—¿Y qué se supone que haré mientras?

—¿Sentarte y relajarte, quizás? —sugirió, encogiéndose de hombros, para luego acercarse a su rostro—. Estuviste llorando conmigo —pasó con cuidado su mano por una de sus mejillas, limpiándolo delicadamente—. Llorar es agotador.

—T-talvez, pero solo un poco —Jungkook tuvo que desviar la vista—. Puedo ayudarte con lo que desees.

—Entonces... —sonrió—, si trozas algunos vegetales por mí, acabaremos en un santiamén. Es lo que me lleva más tiempo.

—Bien —retrocedió al notar que Taehyung todavía tenía su mano en él—. Uhm, iré al lavabo y volveré para empezar.

—Es la última puerta en color gris —indicó.

—Gracias, enseguida vuelvo.

En cuanto el menor desapareció, el dueño de casa suspiró, cansado.

No se encontraba de buen humor precisamente, y en realidad esperaba que Jungkook quisiera irse. Ahora, pondría de su parte para preparar una cena decente, y tratar de agradecerle su tiempo y su atención.

Tal vez en verdad estaba hundiéndose al estar solo. Posiblemente con compañía conseguiría aliviar esa asfixiante sensación de querer rendirse.

No pasó mucho hasta que los dos estuvieron preparando la comida. Tener a alguien que no fuera Seokjin en casa era un poco extraño, pero la compañía de Jungkook era agradable.

Sobre todo, era un completo desastre en la cocina.

—¿Así o más pequeño? —preguntó enseñando su tabla al mayor.

—Más pequeño, no podemos comer pedazos de ajo tan grandes. Hazlos más chiquitos.

Mientras el menor estaba utilizando la mesa, Tae preparaba el arroz en la cacerola, a fuego lento.

—¿Así o más? —dijo tras haberlo picado todo un poco más diminuto.

—¿Nunca has notado el tamaño del ajo en una guarnición salteada?

—Ni siquiera sabía que llevara ajo.

—¡Eso es porque es prácticamente invisible! —Jungkook suspiró, resignado. La cocina no era lo suyo—. ¿Cómo sobrevives en casa?

—Con comida instantánea —admitió despreocupado.

—Pero... ¿Sólo con eso? Te ves cómo alguien que necesita más que una porción de sopa.

—Jimin cocina para mí —dijo apoyando su mano en el mango del cuchillo—. Casi siempre. Y le ayudo lavando todo, no me quiere cerca de su cocina.

Taehyung rió un momento. Jungkook lo miró con recelo.

—No puedes ser tan terrible...

—No sé hacerlo, esa es la verdad.

—Pero Jungkookie, todo puede aprenderse.

—Jimin no quiere ayudarme. Solamente quemé dos de sus fuentes, prendí fuego el interior de su microondas y derretí una de sus cucharas de plástico —admitió de forma inocente, concentrado en el ajo. Taehyung lo miró boquiabierto—. Entonces, preferí no insistir.

—¡Por supuesto que no!, ¿Cómo pudiste hacer eso?

—¿Lo de la cuchara? Olvidé sacarla de la cacerola que estaba a fuego fuerte, se puso blanda y luego... Bueno, parecía una enorme mancha negra en uno de los bordes...

Taehyung se llevó una mano a la frente.
—Jungkookie...

—Sí, sí, ya sé. Me comí un sermón de casi veinte minutos de su parte... Cuando prendí fuego su microondas, creí que iba a romper conmigo —Taehyung negó con la cabeza dejando escapar otra risa—. No te rías —le apuntó con el cuchillo—. De verdad me asusté.

—¿Cómo fue que prendiste fuego ese aparto?

—Porque le puse un programa de recalentado de cinco minutos a algo que solo era para dos, tenía un plástico de papel aluminio que se incendió, y empezó a quemarlo todo.

—Oh, Dios —el rubio escuchaba horrorizado—. Pobre Jimin.

—¿Jimin?, deberías haberlo visto molesto... ¡¡Pobre de mí!! Se puso morado del fastidio, creí que iba a cortarme, de verdad.

—Jamás aprendiste a cocinar, entonces.

—No. En casa mamá siempre lo hacía por mí, y yo prefería salir con mis amigos.

—Y ahora, lo hace Jimin...

—Y es lo mejor, seguramente —suspiró—  ¿Así está bien? —enseñó su tabla a Taehyung.

—Perfecto. ¿Ves?, al menos puedes picar de forma adecuada unos cuantos dientes de ajo.

—Ahora sí. Antes no tenía idea de cómo hacerlo.

Taehyung se acercó a recibirle la tabla, sonriendo, y volvió a la cocina.
Jungkook lo siguió, tras ponerse de pie.

—¿Y tú? Parece que tienes experiencia —comentó tras ver que el rubio era bastante ordenado a la hora de cocinar.

—Aprendí en casa. Pero Seokjin me enseñó muchas cosas —recordó sonriendo levemente—. Es muy bueno cocinando. Además, le encanta. Hace unas tartas increíbles, y utiliza todo tipo de cosas. Vinos, miel, condimentos dulces y salados, especies de las que no tenía idea que existían —mencionó entusiasmado, tras revolver el ajo que Jungkook le había alcanzado junto a lo demás—. Una vez, tuve que rendir un examen integrador. Estuve estudiado cerca de una semana entera. Cuando publicaron los resultados y aprobé, me preparó una tartaleta dulce. Estaba llena de frutas con una crema baja en azúcar y recubierta por una esencia de chocolate que era exquisita. Se había tomado el trabajo de ver cómo se preparaba ese postre dietético especial. Pude comerlo sin dificultad, porque todo lo que contenía era tolerable para mi organismo —sintió nostalgia, y su buen humor se desvaneció—. Buscaba cuidarme mucho con la alimentación...

Jungkook lo miró entristecido. El rubio suspiró y volvió su vista a la cacerola.

Taehyung lucía como un auténtico corazón roto.

Lo vio apretar los labios y llevar un brazo a su estómago, como queriendo resguardarse. Su semblante se tornó gris y permaneció en silencio sin despegar los ojos de lo que estaba preparando.

Nunca había hecho algo así con alguien que no fuera Jimin, pero sintió que era lo correcto.
Jungkook se instaló tras él, y de forma suave afirmó su cabeza en su espalda, pasando sus brazos por sus frágiles hombros.

Tenían prácticamente la misma altura, pero el menor, por su cuerpo fornido y sus músculos desarrollados, parecía ser más grande que Taehyung.

El gesto estuvo cargado de afecto. Y el rubito sonrió, sintiendo alivio. El contacto físico era una forma de sentirse resguardado, siempre lo hacía sentirse mejor.

Fue entonces cuando lo notó. Estaba increíblemente acostumbrado a ello. Abrazos, caricias, gestos que fueran por demás cercanos y dulces. Se había habituado a ser demasiado pegadizo a su novio, y si estaban juntos nunca faltaban las demostraciones de ese tipo.

Seokjin lo había encaprichado de aquella forma. Si ahora era en exceso cariñoso, era por él. Él se lo había permitido. Lo había malacostumbrado a ser dependiente de eso.

Taehyung solo podía sentirse contenido de aquella forma.

Al ser consciente de algo en lo que jamás había reparado, sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, y de forma involuntaria tembló.

—¿Estás bien?

Aunque escuchó claramente la pregunta del menor, solo pudo voltearse y abrazarse a él igual que antes.
Estaba mal buscar refugio afectuoso en su nuevo amigo. Era excesivo, invasor y hasta descortés. Incluso si Jungkook solo lo había acercado un poco más, continuar con esa dependencia tan extraña no era sano.

No lo era, porque Jungkook no era su novio.

—Estoy bien —se apartó con cierta timidez—. Uhm, cuida esto un momento. Enseguida regreso.

El de camiseta blanca revolvió un par de veces el contenido de la cacerola. El arroz estaba casi listo.

Jungkook era un chico dulce. No con cualquiera, pero podía serlo con su nuevo amigo. Estaba auténticamente preocupado por él. Por saber que su mente era inestable y podía arrinconarlo en lugares donde no encontraría salida.

Con Taehyung las cosas avanzaban de forma rápida. En menos de veinticuatro horas, había visitado su hogar, había escuchado su historia, sabía sobre su ruptura, su enfermedad, sus temores; la noche estaba cayendo y estaba ayudándole a preparar la cena.

Y todavía se sentía inconforme por no poder hacer más.

Probablemente cuando Jimin hablaba sobre "ayudar" no se refería a algo tan excesivo como repartir abrazos. Pero quizás Taehyung era una persona que necesitaba afecto. Seguramente era así, o de lo contrario no se habría aferrado a él como lo había hecho.
Crecer en medio del campo, separarse de su familia y aventurarse en la gran ciudad; con un grupo de vándalos que quizás jamás voltearon a mirarle a los ojos, para luego toparse con Seokjin y recibirlo todo... Si no estaba él, entonces, ¿qué podía esperar Taehyung?

Era obvio que su novio había sido su refugio. Su novio había cubierto más que el papel de pareja, por eso al salir de su vida, el vacío que estaba dejando era mucho más grande que el de cualquier otra persona.

Jungkook empezaba a entender hasta qué punto se extendía la dependencia de Taehyung. Y empezaba a cuestionarse hasta qué punto su papel de amigo le ayudaría.

♦♦♦

—Sabía que no era buena idea que se quedara solo —dijo Suga en medio de un jadeo, corriendo detrás de Seokjin.

No respondía sus llamadas, tampoco sus mensajes. Al volver a casa había encontrado en su habitación la caja en el suelo, con el álbum de fotografías abierto sobre la alfombra.

El castaño estaba encaminado hacia el departamento de Taehyung, porque lo primero que se le vino a la mente fue que su novio debió tener pensamientos que lo llevarían a intentar quitarse la vida otra vez.

El solo hecho de pensar en las muchas horas en que no supo nada del rubio, lo hacían plantearse hasta las más rebuscadas maneras de cometer suicidio.

Su desesperación aumentaba cuando seguía llamándole por teléfono sin obtener respuesta.

—Mierda. Mierda. Mierda —maldijo, deteniéndose un momento a tomar aire. La angustia comenzaba a consumirlo, y el camino hasta su destino todavía era largo—. Tiene que estar bien. Por favor, tiene que estar bien —rogó en voz alta, volviendo a marcar su número.

—Debimos volver tras terminar con Jimin y Jungkook —comentó Suga, también recuperando el aliento—. Preguntar en las universidades más cercanas a la tuya nos quitó demasiado tiempo.

Seokjin decidió continuar, dejando al guía en su sitio sin importarle que éste estuviera cansado.

—Necesito verlo. Necesito saber que está bien, maldita sea. Estando en ese estado no puede pensar claramente. Debió sentirse fatal al descubrirlo todo —su pecho se volvió a oprimir—. Debo explicarle las cosas, debo hacer que me escuche...Tiene que estar bien.

—Basta ya, déjalo. Concentrémonos en llegar a su departamento de una vez —bufó con molestia el de cabello azulado—. No podía tocarme una anomalía normal y solitaria, sin tener un novio depresivo-suicida que se desaparezca de la nada.

Seokjin se detuvo en seco antes de voltearse a mirarlo. Hizo una mueca de molestia con los labios, pero su mirada lucía dolida.

—No quiero que vuelvas a decir eso —sentenció con la voz firme—. Taehyung no está enfermo porque quiere estarlo, ¿lo entiendes?

—Lo entiendo, si, perdona —respondió el viajero, poniendo los ojos en blanco.

—No Suga, hablo en serio —reafirmó acercándose a su rostro— ¡¡No te atrevas a repetirlo!!

El menor se retrajo con sorpresa. Seokjin nunca le había hablado así antes, no esperaba aquella reacción. Asintió en silencio y bajó la vista, tomando consciencia de la dureza de sus palabras. El mayor le dedicó una última mirada, decepcionado, antes de retomar el trote.

Suga maldijo por lo bajo, antes de seguirlo.

La mente del mayor era un embrollo de pensamientos. Su principal preocupación era encontrar a su novio con vida. Sabía de sobra que el descubrir su relación con Hoseok solo podría destrozarlo, pero todavía quería pensar que Taehyung mantendría su promesa de continuar sin importar qué.

El viento de invierno soplaba cortando su rostro, sin embargo, lo que parecía congelarse no eran sus mejillas, sino su pecho, cada vez un poco más.

Si llegaba a estar sin vida, sería el fin de todo. Una sola pregunta resonaba en su mente: ¿Por qué tuvimos que encontrarnos?

♦♦♦

La mesa estaba en medio de ambos, con los platos servidos y ellos comiendo de forma silenciosa.

Aunque el más joven se esperaba que la comida fuera insípida descubrió que, salvo algunos condimentos, el plato frente a él sabía igual que lo que acostumbraba a comer a diario.

Taehyung no hacía más que remover los palillos en su porción.

Jungkook lucía como si no hubiera probado bocado en días. Su voracidad hizo que llegara hasta la mitad del contenido hasta recién notar que, frente a él, el rubio lo miraba con una pequeña sonrisa.

—¿Por qué me miras así?

—¿Así cómo?

—No sé, así. Como si de pronto te estuvieras divirtiendo.

—¿Te incomoda?, perdona. No había visto a alguien comer con tanto entusiasmo, es todo.

—Tu comida sabe bien, no has probado nada —le señaló con intención.

—No tengo hambre en realidad.

—Come, Taehyung. ¿Cuándo fue la última vez que probaste bocado el día de hoy?

—Bueno... —el rubio levantó la vista hacia el techo, pensando—. Probablemente al medio día. Un poco antes, seguramente.

—Debes comer —sentenció mirándolo—. Vamos, prueba. Está muy bueno —Taehyung suspiró, realmente odiaba eso—. ¿No vas a contestar? —se animó a preguntarle al mayor, tras corroborar que el aparato vibraba sobre la mesa.

El rubio miró el teléfono sin moverse.

—No lo haré.

Jungkook hizo una mueca. No era la primera vez que veía que el celular de Taehyung recibía una llamada. Si se trataba de Seokjin, como creía, entonces estaría preocupado.

—No quieres verlo —adivinó, sin poder continuar comiendo.

El rubio tragó con dificultad, enseñando un semblante de tristeza.

—No me siento preparado para enfrentarlo ahora.

—Deberás hacerlo en algún momento, lo sabes ¿no es así? —mencionó, tratando de ser lo más gentil posible.

—Lo sé, sí... Pero prefiero que no sea hoy —exhaló con dolor, envolviéndose la cabeza con los brazos, al tiempo que sus ojos se volvían vidriosos. El menor asintió de inmediato, tratando de mostrar que no se opondría a su decisión—. Lo amo —añadió Taehyung—. Si viene ahora, no voy a poder...

"¿Resistirlo?", "¿Negarte?", "¿Ser firme?" Quiso completar la frase, pero no reunió el valor para hacerlo, tras ver al rubio volviendo a cubrirse el rostro.

El menor le dedicó una mirada de comprensión, y se puso de pie para empezar a recoger las cosas y lavarlas.

—Yo no me iré —espetó con seriedad—. No, hasta que no venga.

—¿Qué? —lo miró con desconcierto— Jungkook, no es... No dije eso para que te quedaras, no deberías-

—Me voy a quedar, Taehyung. ¿Vas a abrirle?

Taehyung lo miró con preocupación. Estaba seguro de que no podría oponerse a la decisión del jovencito, pero sabía que la idea no era buena.

—No —respondió tras un instante— No quiero verlo.

Jungkook asintió con la cabeza, y continuó llevándolo todo a la cocina.

El mayor se puso de pie, sintiéndose angustiado. A Seokjin no le gustaría nada saber que el muchachito que había intentado enfrentarlos en la mañana, estaba ahora en su departamento.

Tragó con dificultad y respiró hondo, esperando que el castaño no montara un escándalo al llegar. Él sabía que el hecho de no responder sus mensajes y haber dejado su departamento abierto, sin haber recogido nada, no eran buena señal.

Seokjin estaría preocupado.

Fue cuestión de minutos para que finalmente Suga y Seokjin estuvieran frente a la puerta del hogar de Taehyung, donde el castaño se apresuró a golpear y a llamar a su novio, rogando que éste le contestara.

Taehyung dio un salto de sorpresa al escuchar el tono cargado de preocupación que le pertenecía a Seokjin.

Jungkook salió de la cocina. Miró en dirección a la entrada, y volvió hacia Taehyung, que lucía pálido, de pie a unos centímetros del balcón.

—¿Estás ahí, Taehyung?... ¡Ábreme! —golpeó con fuerza, tras notar la luz encendida.

El rubio estaba congelado. No respondió ni tampoco cambió la expresión de pánico que estaba pintada en su rostro. Jungkook se mordió los labios con preocupación. No era su asunto intervenir, pero terminaría por hacerlo.

—Está adentro —dijo Suga para calmar al castaño—. Descuida, él parece estar bien... Solo...

—¿Qué?, ¿¡Solo qué!? —preguntó en voz baja, todavía agitado.

—Hay alguien más con él —anunció el guía.

—¿Alguien más? —musitó Seokjin con confusión— ¡Taehyung!, ¡¡Taehyung, ábreme!!... ¡Sé que estás ahí!

El menor miró al rubio, y al no ver respuesta por su parte, tragó nervioso.

—¿Quién es? —Seokjin miró con insistencia a Suga— ¿Quién está con él?

—Bueno... Se trata de...

—Lárgate —dijo una voz desde el interior. El mayor supo que no fue Taehyung quién le había hablado.

—No puede ser... —miró al de cabello azul con sorpresa. Suga asintió, silencioso— ¡¡Jungkook!! —gritó, volviendo a golpear la puerta, con furia— ¿¡Qué estás haciendo ahí!?, ¿¡Qué estás haciendo con Taehyung!?

—¡No quiere verte, lárgate! —respondió molesto.

Taehyung solo entonces miró hacia el menor, que ahora parecía enfadado. Se apresuró a pedirle que hiciera silencio, con un gesto.

—¿¡Por qué estás tú ahí!? —reclamó cargado de ira.

La angustia de Seokjin se había transformado en una emoción de enojo e impaciencia. El joven que apenas conocían estaba junto a su novio, ¿¡Quién demonios era él para entrometerse en medio de ambos!?, ¿¡Con qué derecho hablaba por Taehyung!?

Suga hizo un gesto intentando hacer que se calme. Gritando y golpeando contra la puerta no conseguiría nada.

—Si está allí, es por decisión de Taehyung —le explicó Suga—. Olvídate de él, tienes que hablar con tu novio.

El mayor respiró hondo conteniendo la furia, y se prepararó para hacer lo posible y hablarle a la persona que le importaba.

—Amor... —llamó al rubio, en un tono mucho más calmado—. Dime que estás bien, necesito saber que estás bien —pidió desde afuera.

Los labios de Taehyung temblaron. Miró en dirección a la puerta con angustia, estaba al borde de correr hasta la entrada y abalanzarse sobre Seokjin. Jungkook lo adivinó, y se apresuró en contestar en su lugar.

—Él está bien, pero no quiere verte ¿entiendes eso? —comentó, con seriedad.

—¡No estoy hablando contigo! —respondió molesto el castaño desde el otro lado— ¡¡No te metas!!

El de ojos oscuros hizo una mueca de desagrado, giró el cuello hacia un costado, sacándole un sonido seco. Seokjin podría ser importante para su amigo, pero él no dudaría en golpearlo.

Taehyung observó asustado como Jungkook cerraba los puños y su semblante cambiaba. Se acercó a su lado y sujetó su mano, tomándolo por sorpresa.

—No respondas —susurró apretándolo con fuerza—. No voy a abrirle, está perdiendo su tiempo... Terminará por irse.

—Perdona —se disculpó Jungkook—. No volveré a entrometerme.

Taehyung terminó por acercarse a él lo suficiente como para que el menor le diera un pequeño abrazo.

Afuera, el castaño escuchaba demasiado silencio. Dirigió una mirada preocupada a Suga.

—¿Qué está pasando?, ¿Qué están haciendo? —habló bajo, esperando una explicación.

El de tez pálida, que hasta el momento seguía de pie a su lado, decidió entrar completamente. Ya había echado un vistazo asomando la cabeza para comprobar que el rubio estaba a salvo. Cuando atravesó la entrada saliendo de la vista de Seokjin, tragó saliva por la escena del abrazo que vio.

Para haberse conocido en la mañana, parecían demasiado cercanos.

—Jungkook está... Ellos... —balbuceó sin notarlo, y eso terminó por poner más paranoico al mayor, afuera. Lo siguiente que escuchó, fueron dos golpes seguidos a la puerta.

—¡¡No te atrevas a tocarlo!! —la sangre le hirvió con la imagen mental de ambos juntos.

Suga sintió que algo justo tras él cobraba fuerza. No había sido capaz de percibir una emoción tan clara como el disgusto de Seokjin, expresado en ese grito fuerte que sonó como una clara advertencia. Taehyung se apartó de inmediato del menor. Su novio sonaba al borde de un ataque.

—Jungkook —lo llamó manteniendo el tono hostil— ¡Tienes diez segundos para largarte del departamento de Taehyung!, ¡¡O entraré a sacarte a patadas!!

El menor no se contuvo por más tiempo. ¿Seokjin pensaba que lo intimidaría?, pues estaba terriblemente equivocado. Le bastó hacer un gesto rápido para zafarse del agarre de su amigo, y enseguida se plantó tras la puerta, mientras el mayor hacía la cuenta regresiva. ¿Imponer algo por sus ridículos celos, cuando era él quien había engañado a Taehyung?... Le abriría, y le enseñaría a tragarse sus palabras.

—Jungkook, ¡¡Jungkook!! —el dueño de casa desesperó, luego de que el menor se le hubiera escapado de las manos.

Suga tuvo el reflejo de retroceder. Jungkook parecía más que dispuesto a aceptar su oferta.

—Seokjin, ¡No hagas tonterías! —lo regañó, volviendo a su lado—. No ganarás nada golpeando a ese mocoso. ¡¡Reacciona, maldición!!

Pero el castaño estaba firme, con los puños cerrados y una vena pronunciándose en su cuello.

Cuando Jungkook abrió la puerta, fue exactamente en el segundo uno.

—Jungkook, vuelve aquí —el pedido de Taehyung estuvo acompañado de su acercamiento.

Sus ojos mieles se desviaron a Seokjin, y se detuvo a mirarlo en silencio. El mayor desvió su atención a él, olvidándose completamente del tercero.

Los ojos grisáceos de Jin se aguaron ante la imagen. Su cabello rubio lucía desalineado, todavía vestía la misma camisa marfil, los mismos pantalones oscuros, pero su semblante estaba demasiado deteriorado. Sus ojos lucían enrojecidos e hinchados, sus labios agrietados, y parecía apenas capaz de poder respirar. Verlo así hizo que el mayor avanzara instintivamente, sintiendo que las lágrimas que se amontonaban iban a escapársele en cualquier segundo.

Pero Jungkook no se inmutó.

—Muévete —le ordenó el mayor, a centímetros de su rostro, en un tono severo.

Su cuerpo enderezado y su postura firme, desafiaron al castaño oscuro. Levantó más la barbilla, sin apartar sus ojos negros de los grises de Seokjin, en una actitud altanera.

—Seokjin —insistió el guía, sintiendo que todo terminaría mal—. No lo hagas.

—Jungkook —lo llamó Taehyung, volviendo a aproximarse—. Por favor, vuelve aquí.

—¿Ya viste?, Taehyung tampoco quiere que hagan estupideces, escúchalo. No vale la pena. Vámonos de aquí.

Pero los dos jóvenes estaban a nada de distancia, mirándose con algo que tanto Suga como Taehyung identificaron como odio.

—Dije que te movieras —Seokjin empujó un hombro de Jungkook.

Y éste enseguida se abalanzó sobre él, a puño alzado. Taehyung fue más veloz, colándose por el pequeño espacio que había dejado entre el marco de la puerta y su cuerpo. Sus ojos mieles aparecieron en lugar del rostro del castaño.

Jungkook tuvo que volverse y perdió levemente el equilibrio. Logró contener su golpe a tiempo, o de lo contrario, habría terminado estampando en seco a su amigo.

—Basta —sentenció Taehyung, extendiendo los brazos cubriendo a su exnovio—. Deja que se vaya... Seokjin —se giró hacia él, ahora cubriendo a Jungkook—. Vete. No quiero verte, ni hablar contigo —Jin se quedó petrificado—. ¿¡No me oíste!? —le gritó— ¡¡Que te vayas, Seokjin!!

El menor de los tres escuchó la voz temblorosa de su amigo y bajó los ánimos. Lo último que quería era verlo llorar otra vez.

Unos vecinos de Taehyung aparecieron como espectadores del escándalo.

—Esto no está bien —Suga empezó a escuchar los murmullos de la gente, preguntándose si era necesario llamar a la policía

—Tae... —el de ojos grises lo llamó, con angustia—. Tae, perdóname. Sé lo que viste, pero puedo explicártelo. Necesito que me escuches, debemos hablar... —extendió su mano en dirección al rostro de su novio, deseaba tanto poder acariciar su mejilla.

Sin embargo, un brazo firme, apareció por detrás del dueño de casa, y lo apartó de un empujón. Jungkook continuaba mirándolo, con la mandíbula tensa.

—¿Hay algún problema? —se acercó una joven de cabello ondulado, viendo a los tres muchachos en aquella escena particular.

—¿Está todo bien? —comentó una voz masculina, un poco más allá.

—Seokjin, vámonos, antes de que las cosas se compliquen más —dictaminó Suga.

El castaño sintió un nudo abultándose en su garganta. Quería desesperadamente poder abrazar al de ojitos mieles, que lo miraba sollozando. Necesitaba un momento, tan solo unos minutos para poder explicarle lo que en verdad ocurría.

Lo que en verdad sentía.

—¡¡Vete!! —gritó Taehyung con la voz quebrada, acercándose a él. Sus manos temblaban sujetándose al marco de la puerta. No creyó ser capaz de poder sostenerle la mirada a Seokjin por mucho tiempo más. Al mirar a los espectadores, se aclaró la garganta y musitó—. Todo en orden. Se irá enseguida.

El viajero continuó insistiendo.
—¡Seokjin, andando!

—Ven conmigo —consiguió tomarle una mano con afecto—. Ven, hablaremos y entenderás todo. Por favor, Tae —le suplicó apretándole levemente con su pulgar.

—Me engañaste —Taehyung no vaciló, y sus palabras salieron con pesadumbre—. Todo este tiempo... Dijiste amarme, dijiste que yo era lo más importante para ti —reprochó sin dejar de llorar.

—¡Y lo eres! ¡¡Por supuesto que lo eres!! —el mayor empezó a temblar—. D-debes venir conmigo. Debes escucharme. Te aseguro que no es igual a lo que viste —Seokjin se interrumpió para sollozar. Estaba cansado de tener que lidiar con las decisiones de un pasado que desconocía. De ser el causante del dolor con el que Taehyung estaba hablándole.

Detrás de la puerta, Jungkook apretaba los puños con impotencia. Ganas de golpear al imbécil que hablaba desde afuera no le faltaban, ver a Taehyung tan derrotado ante la persona que decía amar más que a su vida, lo enfurecía más. Eso no estaba bien. Era tóxico, era enfermizo. Eso era cualquier cosa, menos amor.

—Vete —le dijo el rubio en un resoplo de agotamiento, retirando su mano de su agarre—. Ya he tenido suficiente —comentó, bajando la vista.

Sus piernas se volvieron débiles y debió aferrarse a la puerta para no sentirse caer. Jungkook se apresuró a sostenerlo, tomándole una mano y acercándose un poco más a él.

Seokjin contuvo el aliento mientras veía como su novio se volteaba para aferrase a aquel muchacho, como si intentase aferrarse a la vida misma.

Suga apenas podía creerlo. La firmeza con la que el menor de ojos oscuros se mantuvo sosteniendo al rubio tembloroso, parecía inquebrantable. La imagen era un claro mensaje para que Seokjin se marchara.

Viéndose como el que sobraba y empezaba a llamar la atención de forma inevitable, el castaño se retrajo. Apretó los labios y bajó la vista, aflojando toda la tensión que acumulaba en los hombros y las manos. 

A eso había llegado. A herir a su novio al punto que prefiriera quedarse con un desconocido, antes que con él.

No contuvo su pesar. Moría de celos. Hervía de ira al ver la forma en que Jungkook seguía mirándolo, con Tae en sus brazos, casi gritándole "Yo gané".

—Tiene razón —se dirigió a los vecinos—. Me iré —Taehyung sintió que su corazón se encogió al oír ese tono gélido—. Me equivoqué —le habló a su novio, quién ahora estaba de espaldas a él—. Te mentí todo este tiempo. Te hice daño, te usé y no me importó nada más que mi egoísmo, lo admito... Lo mejor que puedes hacer es negarte a hablar conmigo, Taehyung. Nada de lo que diga remediará la forma en la que actué —confesó sin titubear—. No hay manera de devolverte el tiempo perdido... Si tu pregunta es, si estoy enamorado del muchacho que viste en las fotografías, la respuesta es no lo sé. Lo estuve, eso es seguro. Todo lo que viste fue real. Compartimos mucho tiempo juntos, y él se volvió mi vida entera en algún punto —admitió bajando la vista—. Y... Todavía debe significar algo para mí, porque conservo todas esas cosas.

Suga miraba llorar al castaño, entendiendo que estaba intentando alejarse del todo de su novio. La forma en que sus ojos grisáceos desbordaban dolor le hicieron comprender que Seokjin no quería terminar así con la persona por la que se preocupaba tanto, pero tenía que resignarse a perderlo. Incluso si vivía aconsejándole que retomara sus prioridades, él podía entender perfectamente lo difícil que era desprenderse de alguien a quien se quiere.

Y quien era su anomalía temporal estaba perdidamente enamorado de Kim Taehyung.

—Si realmente me fuera indiferente, no conservaría ese álbum sobre nosotros. No atesoraría cada momento que compartimos... — continuó. "¿Por qué tuvo que ser así?"—. Y desde luego, no continuaría saliendo con él —"¿Por qué tuvimos que coincidir?"—. Lo siento, Taehyung. Lo siento mucho... Ojalá algún día puedas perdonarme —cerró la puerta.

"Quizás, lo mejor habría sido que nunca ocurriera"

Seokjin se apartó, se limpió el rostro con rapidez y se encaminó de regreso a su hogar. Suga se apresuró a seguirlo, en silencio.

"Nunca debimos encontrarnos"

El mayor no volvería a acercarse a Kim Taehyung.

Atravesó el largo pasillo, esquivando a los curiosos que volvían a sus casas, y no se molestó en aminorar su marcha. Él sabía de sobra que todo el dolor que sentía destrozándole el corazón era algo totalmente secundario. Debía volver a su hogar, debía buscar a su mejor amigo y contarle la verdad, esperando su ayuda para poder reparar la continuidad espacio-tiempo.

Salió del complejo, prácticamente a la misma velocidad a la que había entrado.

Al bajar las escaleras, y caminar una calle entera, se sostuvo del barandal de una casa, para no dejarse caer.

Todo era falso.

Su vida en este mundo. Su noviazgo con Taehyung, su enfermedad, su cercanía con Jungkook. El maldito álbum de fotografías, el enfado de Hoseok. Las palabras que acababa de decir...

Nada era auténtico.

Ni la mirada de compasión de Suga, ni tampoco las lágrimas que se le atascaban ahogándolo.

—¡Suéltame! —forcejeó Taehyung siendo retenido por los brazos fuertes de Jungkook, que lo habían sujetado por la espalda justo antes de salir corriendo.

—Taehyung —lo llamó Jungkook, intentando sonar suave—. Déjalo ir.

El rubio no hizo caso, y sin dejar de llorar, luchó por escapar del menor y llegar hasta Seokjin para decirle que no le importaba ser una segunda opción, para gritarle que, si todavía sentía un poco de afecto por él, entonces se conformaría.

Pero Jungkook no lo dejó.

—Hyung —le dijo atrayéndolo a su pecho—. No te ama como tú lo amas a él. No necesitas a alguien así. Déjalo ir —Taehyung no se detuvo, pero su fuerza no era ni por asomo eterna—. Sé que no es fácil —insistió el menor—. Pero al menos fue sincero contigo, él tiene sentimientos por alguien más. Basta. Deja de torturarte así.

Cuando sus brazos y piernas dejaron de responderle, no hubo más por hacer. 

Sintió que su vida se alejaba de su cuerpo tanto como su novio se estaba alejando de él. Estiró inútilmente los brazos hacia la salida, y Jungkook aprovechó para girarlo y resguardar esa cabellera dorada en su pecho.

Eso era completamente diferente a lo de antes. Taehyung estaba roto. Su cuerpo entero temblaba, su voz estaba ausente y él apenas si creyó tener fortaleza como para ser capaz de sostenerlo.

Lo escuchó llorar a gritos y ahogarse en su propia tristeza. No pudo hacer nada más que sostenerlos a los dos mientras lograba mantenerse de pie, porque si bien el muchacho en sus brazos era mayor, pesaba muchísimo menos, y estaba aferrado a él como si hacerlo fuese lo único que lo mantenía vivo.

Jungkook creía ser una persona fuerte, una persona con convicciones seguras y con un corazón muy poco empático; y aun así tuvo que morderse los labios para no delatar su propio llanto al oído de Taehyung, porque sabía que si lo hacía, habría fallado en ser su soporte.

Le costó tanto... Tanto, mantenerse firme, que algo en su interior lo removió de culpa por haber evitado que el mayor saliera corriendo por la entrada. ¿Hubiera sido mejor dejarlo ir con Seokjin?

Él creía que no.

Y lo siguió creyendo, aunque terminó por dejarse caer al suelo, aun sosteniendo a Taehyung. Porque todos merecían ser amados con sinceridad, y el rubito en sus brazos no era la excepción.

Aunque llegó a dudarlo un momento, logró convencerse de que había hecho lo correcto. Terminar algo nunca era sencillo. La fortaleza y determinación para hacerlo eran difíciles de hallar, y a veces era necesario algo que ayudara. Una idea, un recuerdo... O una persona.

—Hyung... —lo llamó retrayéndose un poco, cuando finalmente el rubio cesó un poco su lamento. Al apartarse vio un Taehyung tembloroso, que apenas pudo mirarle. Jungkook acercó su mano a su rostro y con el pulgar acarició una de sus mejillas—. Está bien, hyung —le dijo intentando consolarlo—. Vas a estar bien —Pero el rubio no contestó. Jungkook se sintió nervioso y volvió a abrazarlo, con más cariño—. Vas a estar bien —repitió en voz alta, intentando convencer al mayor, tanto como a sí mismo.

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