~ 08 ~
—Dímelo —insistió Taehyung acariciando su cabello—. Estás desbordado. Y no puedes pedirme que simplemente me quede mirándote.
Seokjin se mantuvo en silencio, apenas se había removido en los brazos del rubio, quien lo sujetaba como si fuera a desarmarse ahí mismo.
—No creo que debas hacerlo —Suga dirigió su frase en tono serio a Seokjin, mirando a los novios desde el desayunador—. No te creerá.
—Sea lo que sea, puedes decírmelo —comentó el menor como si hubiese escuchado al chico de cabello azul—. Cuentas conmigo para todo, absolutamente todo.
Nada. Seokjin ni siquiera parecía vivo en ese momento.
—Jinnie... —el rubio lo buscó con la mirada—, cielo, por favor. Por favor... —le suplicó—. Háblame.
Fue entonces cuando el de ojos grises le dirigió su atención, en una mirada agonizante.
Taehyung retomó las caricias, esperando que su novio finalmente cediera.
La mente de Seokjin parecía desconectada, desconcertada.
Aunque ya no tenía aquel perfil de cansancio que lucía la noche anterior, el hecho de mantenerse en silencio empezó a desesperar al menor. No podía explicarse que de un momento a otro su novio se distanciara tanto verbalmente.
Hablaban. Todo el tiempo hablaban, hasta para decir cosas inútiles. Para bromear, para pasar el tiempo. Para compartir sus preocupaciones. Definitivamente algo estaba afectando demasiado a la persona más importante de su vida.
—Seokjin —insistió Suga—, entiendo que estés trastornado. Pero haciendo eso solo provocarás que a tu novio le dé un ataque. Haz algo para asegurarle que estás bien.
—No puedo —respondió Seokjin—. No estoy bien.
—Ya lo sé, eso ya lo sé —contestó Taehyung de inmediato—. Pero estoy aquí para ti.
—Yo también lo sé —intervino el viajero—. Debes poner de tu parte, o todos notarán que estás alterado. ¿Acaso tiene algún sentido preocupar a los que te quieren? Taehyung está pálido mientras te mira, por si no lo has notado.
Seokjin inspeccionó levemente a su novio, comprobando las palabras de Suga.
—Muy bien, tal vez tú no lo ames de la misma forma que él te ama a ti, pero el pobre luce desesperado. Dile que estás bien, cambia de actitud y podrás deprimirte tranquilamente más tarde —el de ojos negros fue severo en su tono.
El mayor era consciente de aquello. Echó un vistazo a su novio, y tomó su mano en respuesta a tantos minutos de caricias silenciosas. La acercó a sus labios y depositó un beso con la esperanza de que aquel gesto fuera suficiente.
A continuación, se separó de él y caminó en dirección a su habitación, sin decir palabra alguna.
Taehyung sentía que el corazón se le partía en mil pedazos. No podía soportarlo. No podía con la incertidumbre y el malestar de su novio, no lo toleraba.
Suga se encaminó hacia el cuarto del mayor, dejando atrás al rubio que ahora temblaba sentado en el sofá.
—Seokjin, escucha —dijo entrando tras él—. Yo lo entiendo. De verdad, incluso si no me crees... ¿Qué haces? —preguntó atónito al verlo empezando a desvestirse.
—Cambiándome... —contestó mientras arrojaba la camisa del pijama al suelo y buscaba en su armario ropa limpia—. Tengo clases en la tarde y necesito respuestas.
—Bien, sí, eso está mejor —asintió Suga con aprobación—. Seguramente encontraremos algo allí.
—¿Acaso piensas venir conmigo?
—No tengo opción, creo que olvidé decírtelo. No puedo irme o desaparecer, estaré contigo hasta que regreses a tu mundo.
—¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? Pensé que sólo-
—¡Baja la voz, idiota! —le dijo mirándolo con reprimenda, en tono bajo—. ¿¡Cuándo comprenderás que sólo tú puedes oírme!?
Taehyung irrumpió de repente en la habitación, no miró a su novio en ningún momento y parecía tener prisa. Arrojó la mochila que traía a la cama y la abrió, sacando la ropa que vestía el día anterior, para empezar a cambiarse en silencio.
—Creo que está molesto —adivinó Suga.
—No me digas —le respondió el mayor, sarcástico y en voz baja.
—¿Dijiste algo? Porque lo lamento, pero esta vez no quiero escucharte —bufó el rubio colocándose las botas—. Estoy cansado de ser yo quien insista. ¿No quieres decírmelo? ¡Bien! ¡Tampoco quiero saberlo! —protestó colocándose su abrigo para luego subir la cremallera de éste—. He tenido suficiente.
—No puedes dejar que se vaya así. ¡Cálmalo!
Seokjin se apresuró a terminar de vestirse y se acercó al rubio.
—Tae, espera —le dijo sujetándole un brazo—. No quise enfadarte, lo siento.
—¿Lo sientes? —preguntó el menor de forma incrédula—. No lo creo. No estás hablándome, no estás tocándome, apenas si me miras. No sé qué sea lo que te ocurre, pero ya entendí que no me quieres aquí.
—¡No! ¡No es así! Estoy... Estoy- lo que pasa es- yo simplemente... —balbuceó con torpeza y miró a Suga, pidiéndole ayuda con la mirada.
—Dile que eres un idiota y que no lo mereces.
Taehyung forcejeó hasta que se soltó bruscamente de su agarre, pero Seokjin fue más rápido y volvió a sujetarlo, esta vez por los hombros, haciendo que lo mire de frente.
—Soy un idiota que no te merece —dijo casi en un grito, y eso hizo que el rubio lo mirara con asombro, dejando de pelear.
—Bien, ahora halágalo. Dile cursilerías, sube su ego. Retenlo —Suga estaba en medio, dirigiéndolo todo.
El mayor se aferró a su novio con fuerza, mirándolo a los ojos con angustia.
—Eres... Eres el ser más considerado, dulce y bueno que existe sobre la tierra —comentó de forma segura—. Siempre me acompañas, me cuidas y me das cariño, sin importar qué.
—Jinnie... —Taehyung parecía conmovido ante las palabras de su novio.
—Voy a vomitar arcoíris —respondió con asco el de camisa blanca.
—Yo... Yo realmente no te merezco. No soy ni la mitad de noble de lo que eres tú. Tengo inseguridad, tengo temor, de herirte, de herirnos a los dos y que no haya vuelta atrás —dramatizó agachando la cabeza y soltándolo—. Tal vez lo mejor sea que te alejes, después de todo. No merezco que te preocupes por mí...
El menor ahora lo miraba completamente afectado, sintiendo que había ido demasiado lejos al mostrarse tan enojado con él.
—No digas eso —lo sujetó por el mentón, haciendo que volviera a mirarlo—. Eres todo lo que me importa, ¿comprendes? Fuiste tú quien me salvó. Yo ni siquiera estaría aquí de no ser por ti, por tu amor. Lo mínimo que puedo hacer es intentar devolverte un poco de todo lo que me diste —respondió con convicción—. Sé que no soy suficiente para ti, pero-
—Eso no es cierto —lo interrumpió Seokjin mirándolo a los ojos—. No quiero que vuelvas a decir que no eres suficiente, ¿me oíste? —le tomó el rostro—. No lo hagas.
—Qué dramático —Suga pensó en voz alta—. Es demasiada tensión. Ya sabes qué hacer —comentó mirando al mayor.
Y obviamente Seokjin lo sabía. Aunque no era del todo real, las palabras de Taehyung sí lo eran. Él sí se preocupaba sinceramente por el mayor. Sí lo amaba.
Seokjin pegó sus labios a los de él con desesperación, desesperación que Suga percibió como auténtica.
Tae le correspondió de inmediato, y ambos se besaron con ímpetu recíproco.
Por un instante, el viajero se sintió como si estuviese invadiéndolos con su presencia. El ambiente había cambiado por completo y se volvió demasiado callado, salvo por los sonidos que emitían sus respiraciones agitadas, sus labios unidos.
Tal vez Seokjin necesitaba de ése momento, donde alguien le hiciera sentir que no estaba solo.
Suga comprendió que debía largarse, y sin dudarlo se volteó en dirección al pasillo, para abandonar la habitación.
Una vez que se dejó caer en el sofá rojo, se acomodó como si fuera consciente de que no vería a Seokjin en un par de horas, y cerró los ojos.
Kim Taehyung parecía una persona con problemas complicados, y recordar las palabras que le había dicho al mayor hacía un momento, lo ponían a pensar en infinitas cosas. "Fuiste tú quien me salvó" repasó Suga, mentalmente.
En efecto, la pareja parecía estar demasiado unida. Bien, no era como si supiera de parejas que no lo eran, pero las actitudes del rubito reflejaban el amor más sincero del universo.
¿Qué tanto tiempo llevarían saliendo?, ¿Qué había pasado como para que el menor afirmara que Seokjin era "todo lo que le importaba"? Suga sabía que el de ojos grises debería pisar con cuidado si no quería lastimar a su novio. Para su sorpresa, éste parecía más que dispuesto a intentar mantener las cosas con naturalidad.
Mientras que la mayoría con los que Suga había tratado preferían concentrarse en reunir las condiciones para su regreso, ignorando por completo el mundo nuevo, el castaño estaba encerrado en su habitación reconciliándose con su novio de aquella realidad alterna.
El acostarse con alguien a quien no amaba no le parecía la gran cosa, pues obviamente el castaño obtenía el beneficio del placer, no obstante, si hubiese querido placer nada más, el estudiante perfectamente podría haber caminado por la calle de los burdeles encontrando algo que probablemente le llenaría de mayor satisfacción.
Seokjin no quería herir a Taehyung. No quería lastimarlo, incluso sin ser capaz de quererlo.
Quizás se encontraría mañana mismo a Namjoon y éste le ayudaría a regresar, pero aún así, el mayor no estaba dispuesto a dejar que quien era su pareja, abandonara el departamento sintiéndose mal. ¿O tal vez lo hacía porque creía que moriría al regresar? ¿Sería capaz de usar los sentimientos reales de su novio ficticio sólo para consolarse por su desgracia?
Suga hubiera continuando dudando, pero escuchó risas que provenían de la habitación. El menor tenía una armoniosa manera de reír. El ambiente había mejorado, sin duda alguna. Para sorpresa del de cabello azul, la puerta se abrió y ambos salieron hacia el recibidor, Seokjin caminando justo detrás de su novio, con sus brazos rodeándole la cintura, y éste riendo alegremente.
—No es la gran cosa, estaba demasiado cansado —le dijo el mayor guiándolo hacia el desayunador.
—No importa. Yo tampoco te hice la cena anoche.
El castaño soltó a Taehyung y abrió el refrigerador, sacando el bote con cereal y leche que había llenado en la mañana.
—¡Ta-dá! —anunció enérgicamente, como si se tratase de un gran desayuno—. Buen provecho, amor —le dijo antes de besarle en la frente y dirigirse al otro extremo del mesón de madera.
El contrario sonrió como un niño que había recibido su mejor obsequio en navidad, mirando el tazón con entusiasmo antes de sumergir la cuchara y dirigirla a su boca.
Suga miraba la escena como si la película pasara de ser una porno a una infantil. Pero aquella idea abandonó su mente en cuanto contempló que el mayor miraba cómo el rubito comía, y le limpiaba los labios con delicadeza ayudándose de una servilleta de papel.
"Ellos se ven muy bien juntos" hizo eco en su mente. Seokjin hacía comentarios de burla en un tono demasiado dulce, y Taehyung sonreía, sonreía como si fuese inmensamente feliz de estar desayunando en el departamento de su novio.
Los ojos oscuros de Suga se detuvieron a analizar sus expresiones alegres.
¿Qué era el amor sino eso? Sonreír por estupideces como ser alimentado por tu pareja, escucharlo reír, y mirarlo como si fuera la creación más perfecta de todos los tiempos, porque así miraban los ojitos miel de Tae al mayor.
—Es tan excesivamente dulce que me siento enfermo —dijo casi en un susurro, pues no era su intención interrumpirlos.
Poco después, Seokjin estaba despidiendo a su novio en la entrada. Lo abrazó con fuerza, y Taehyung se puso en puntitas para darle una seguidilla de besos cortitos antes de una brillante sonrisa.
—Nos vemos mañana —le dijo colgándose la mochila en los hombros.
—Hasta mañana, cielo.
—¡Hey! Yo soy el que te llama así —protestó el menor, sonando demasiado alegre.
—Hasta mañana, amor —se corrigió Seokjin en forma empalagosa. Tae se acercó a besarlo una vez más.
—Asco —Suga no se molestó en bajar la voz ésta vez.
Ambos agitaron una mano y el mayor solo cerró una vez que Taehyung desapareció en el elevador, para luego soltar un enorme y ruidoso suspiro.
Suga lo miró con los brazos cruzados.
—Deja de exagerar, te gusta.
—No, no realmente.
El mayor se dirigió a su habitación y el de pelo azul lo siguió por detrás, sin darle tregua.
—¿Crees que estoy ciego? Para ser alguien que no te agrada, lo besaste con demasiadas ganas.
—Es mi novio aquí —se justificó Seokjin dejándose caer en la cama—. Tal vez no lo ame ahora, pero si estamos juntos significa que una parte de mí lo hace, ¿no es eso lo que me explicaste?
—Sí, así es —Suga se sentó en la alfombra luego de ver que el mayor no había hecho espacio para él—. Bueno, entonces he de decir que actúas demasiado bien. Cuando le dijiste que no se llamara insuficiente, por un momento hasta te creí.
—Eso no fue falso, sentirse así es espantoso —comentó el mayor sin una pizca de ironía—. Pero no estoy seguro de poder seguir —se reincorporó mostrando preocupación.
—Ah, ya entiendo —Suga finalmente se sentó en una esquina de la cama—. Temes no poder continuar y que eso lo lastime ¿no es así?. ¿Cómo conseguiste que no te acorrale, eh? —preguntó divertido—. Cuando los dejé a solas me preparé mentalmente para oírlos, y no me refiero a las risas.
Seokjin se movió incómodo en su lugar, estaba empezando a sentir que le ardían las mejillas.
—Hablándole. Lo distraje diciéndole cosas... Que se dicen los novios —admitió, un tanto cohibido—. Y lo convencí para llevarlo a que comiera algo. ¿No te parece que es demasiado delgado?
—Buena jugada —lo felicitó el de tez pálida—. Quizás, pero cada cuerpo tiene su propia contextura. Y eso no quita que se vea bien.
—¿Intentas decirme que te parece atractivo?
—Sólo un necio pensaría que tu novio no es atractivo. Tú también crees que es apuesto —señaló mientras estiraba las piernas dejándolas caer y llevaba las palmas de sus manos hacia atrás, para apoyarse.
Seokjin se encogió de hombros.
—No está mal, es cierto.
—¿Mal? —sonrió incrédulo—. Seokjin, deberías haber visto cómo lo mirabas.
—No es eso... Se siente demasiado extraño. Creí que era una persona desagradable, pero... No lo sé. Que de pronto haya estado durmiendo en mi cama es gracioso.
—Gracioso, ajá. ¡Sólo admite que te gusta! —Seokjin negó con la cabeza. Bajó la vista a las sábanas, esbozando una sonrisa tímida—. Es mejor de lo que jamás imaginaste, admítelo.
—Bien... Sí, es mucho mejor.
—Y no es fácil serle indiferente a alguien que te trata con tanta atención.
—Sí, eso también es cierto.
—Por eso es que te gusta tanto.
—Por eso es que me- espera, no. Sólo... He descubierto que creía odiarlo y ahora entiendo que no es así.
—Ésa es una forma curiosa de decir que te gusta —replicó Suga, ahora cruzándose de piernas.
—No me gusta —repitió Seokjin empezando a molestarse.
—Pero no lo odias.
—No. No lo odio.
—Y aun así lo besaste.
—Es mi novio aquí.
—Pues yo no sé si sería capaz de besar a alguien que me desagradara.
—No me desagrada.
—Entonces, te gusta.
—Sí- es decir, ¡No! ¡Tampoco me gusta!... Eso me es indiferente ahora.
Suga sonrió satisfecho. Enredar al castaño era relativamente sencillo.
—Como sea —dijo el de cabello azul para darle punto final a la discusión—. Conseguiste despistarlo ésta vez, pero no estoy seguro de que vuelva a funcionar.
El contrario asintió, su semblante delataba que seguía preocupado por aquello.
Suga no supo qué decir, pero en su intento de darle apoyo, comentó.
—¿Sabes algo? —atrajo la atención del mayor—. Al menos tú lo estás intentando.
—¿Qué cosa?
—Corresponderle. He tratado varias veces con personas que resultaron ser anomalías, igual que tú. Y la mayoría, bueno... No se preocupan demasiado por el mundo alterno. Prefieren buscar las cosas para regresar a su propio mundo. Y así es como lastiman a todos los que se preocupan por ellos. Pero tú no pareces ser igual.
Suga distinguió un brillo luminoso apareciendo mágicamente en los ojos grises del castaño, quien lo miraba con atención. Al parecer había conseguido subirle un poco el ánimo.
—Si me lo preguntas, pienso que lo que intentas hacer es estúpido, muy estúpido —cortó todo momento cálido—. Pero al menos es mucho mejor que ser un patán indiferente.
Seokjin le sonrió, comprobando que la manera de animarlo que tenía el de cabello azul era un tanto particular.
—Entonces ¿crees que deba continuar?, con lo de Taehyung, me refiero.
—No es lo recomendable, pero si quieres hacerlo, sí. E incluso puedo intentar ayudarte —comentó, un poco sorprendido de lanzarle aquella oferta—. Ya noté que eres de reacción lenta, estás totalmente perdido sin mí.
—Qué humilde.
—Soy muy humilde. De hecho, puedo asegurarte que soy la persona más humilde en esta realidad. Es la verdad, no te ofendas —Jin sonrió por la contradicción en sus palabras. Suga era todo un personaje—. Y como ayuda, te diré que lo primero es aceptar abiertamente que el muchacho te atrae.
—No tengo nada que aceptar.
—No vamos a empezar bien si eres tan terco, Seokjin.
—Gracias, ignoraré lo último que dijiste —el mayor hizo una pausa silenciosa—. Lo de "soy un idiota que no te merece" jamás se me habría ocurrido —admitió regalándole una enorme sonrisa—. Me hiciste quedar, literal, como un idiota.
—Hey, dame crédito por salvar tu relación —Suga sonaba burlón.
—¿"Salvarla"? ¡Yo fui el que hizo todo el trabajo!
—Entonces ¿por qué me agradeces?... De no ser por mí, tu rubio se habría marchado totalmente enfadado, y lo sabes —señaló con intención.
Seokjin se limitó a reír, negando con la cabeza. Sabía que su acompañante lo había salvado en el momento preciso, incluso si eso lo hizo verse como un idiota. En el fondo, le estaba agradecido con sinceridad, pero no iba a hacérselo saber tan fácilmente.
—¿Qué hacemos ahora? —le preguntó al muchacho delgado que lo miraba atentamente.
—Yo, seguirte, y tú, debes ir a clases. Tenemos cosas que averiguar —lo animó, antes de ponerse de pie—. Guarda tus cosas. Nos vamos.
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