~ 06 ~
Taehyung se distanció con sorpresa al notar la falta de respuesta por parte de quien era su pareja. Y lo miró con curiosidad.
—¿Sucede algo malo, cielo? —le dijo de forma inocente.
Suga hizo un sonido seco aguantando la risa, que sólo Seokjin pudo escuchar.
—"Cieelo" —comentó de forma burlona.
El mayor miró al muchacho que tenía en sus brazos y lo soltó rápidamente.
—N-nada, yo solo... Estoy cansado. He tenido un día muy agotador —comentó con esperanza de que eso alejara un poco a Tae.
—Entiendo —asintió el rubio con ojos comprensivos—. Mi día tampoco ha sido fácil, ¿sabes? Pero me dije que tenía que venir. Verte siempre me hace feliz —respondió apoyándose sobre el pecho del mayor, y abrazándose a él.
La cabeza de Seokjin daba mil y un vueltas, no rodeó al menor, lo miró cargado de angustia porque habían pasado de dirigirse miradas ácidas a estar abrazados como koalas.
Ante el apego del rubio, le dio un par de palmaditas en la cabeza, en un gesto torpe y nervioso.
Taehyung alzó la vista y notó de inmediato el semblante de preocupación en el rostro de su novio.
—Oh, cielo —comentó poniendo las manos en sus mejillas, de forma afectuosa—. Mírate, estás completamente agotado ¿cierto?, ¿Ya has cenado?
—B-bueno yo-
—Ah, ya veo que no —lo interrumpió tras echar un vistazo a la cocina—. No te preocupes —acarició suavemente su rostro—. Te preparé algo. Tú sólo relájate. Estará listo en un santiamén, lo prometo.
Seokjin apenas si pudo sostenerle la mirada, se apartó del menor y buscó a Suga, rogándole ayuda con los ojos.
El de cabello azul sonrió divertido y se encogió de hombros. Realmente no podía hacer mucho en ese momento.
—No tengo apetito —dijo Seokjin dirigiéndose al sofá, estaba demasiado abatido por la situación.
Taehyung dudó.
—No estás mintiéndome ¿cierto? —entró con su mochila y cerró la puerta.
—No. Yo... De verdad, estoy... Me siento un poco enfermo —inventó.
El semblante del rubio cambió por completo a uno de preocupación, y de inmediato se acercó al mayor poniendo una de sus manos en su frente.
—¿Te sientes mal?, ¿quieres tomar algo? —lo miró un momento a los ojos, y Seokjin se sintió nervioso de repente.
—No. Es decir, sí, yo... —contestó, volteando la cabeza en otra dirección—. Se me pasará, no quiero nada.
—No, no —reclamó Tae tomando su rostro y obligándolo a verle de nuevo—. No está bien. Si no tienes apetito puedo prepararte un té de hierbas, eso siempre ayuda —comentó con optimismo.
—Dije que no quiero nada —respondió firme, haciendo que Tae se sobresalte.
Suga, quien se encontraba echado en el suelo con los codos apoyados en la alfombra, y sosteniendo su cabeza con las palmas de sus manos, observaba la escena de romance como si se tratase de un auténtico show.
—Hey, Seokjin —comentó por primera vez hacia la anomalía—. Se supone que es tu novio, no seas tan tosco.
Seokjin miró a Suga y luego bajó la cabeza de inmediato.
—Jinnie —musitó Tae, con temor en la voz—. ¿Estás molesto conmigo?, ¿He hecho algo mal?
El castaño lo miró nuevamente y se encontró con un muchacho totalmente diferente al de su mundo.
El Taehyung de este lugar estaba mirándolo con ojos de cachorro herido, y su voz sonaba al borde de las lágrimas. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien lo miró con tanto miedo?
—No es tu culpa —balbuceó—. Taehyung, yo-
—¿"Taehyung"? —interrumpió el menor—. No me llamas así a no ser que estés enojado conmigo...
—Qué problema —comentó Suga, como si estuviese disfrutando del drama—. ¿Acaso ése no es su nombre? Bueno, él te llama "cielo". Quizás tú también tengas un apodo ridículo para él en este mundo.
—¿Y cómo se supone que voy a saberlo? —respondió molesto, mirando al de tez pálida.
—¿Saberlo? —Taehyung miró por inercia hacia donde su novio lo había hecho, viendo nada. Sus ojos se inundaron, a punto de estallar en llanto.
—¡No! ¡Por favor! —rogó Seokjin—. Lo siento, lo siento —se disculpó acercándose un poco más a su novio—, ¿E-estás llorando?
El menor ya tenía el rostro húmedo y se apresuró a limpiarse con los puños.
—Oh, Dios —Suga parecía preocupado, esta vez de verdad—. ¡Mira lo que hiciste, imbécil!
—Lo siento, ¿sí? —gritó Seokjin, para luego comprobar que eso había afectado todavía más a Taehyung.
—Eres un imbécil, uno grande —dijo Suga, molesto—. ¡Es tu novio! ¡No puedes tratarlo así de la noche a la mañana! ¡Míralo! Lo hiciste llorar. ¡Arréglalo!, ¡y recuerda que él no puede oírme!
—Ta... —se interrumpió a sí mismo. No podía llamarle por su nombre y no se le ocurría cómo dirigirse a él para calmarlo, pues estaba empezando a llorar con más intensidad.
Los segundos parecían eternos, Seokjin estaba sentado a centímetros de un muchacho que seguía limpiándose el rostro de forma inútil, pero no sabía cómo reaccionar.
Finalmente, estiró los brazos y lo acercó a su cuerpo con cierta timidez. Para su suerte, el rubito se dejó abrazar de forma dócil.
—Perdóname, amor —le dijo intentando sonar suave—. No quise herirte.
Taehyung le miró con cierta sorpresa.—¿"Amor"? N-nunca me habías llamado así —contestó, ruborizado.
—Bien, bien —aprobó Suga—. Ahora dile algo meloso y termina de tranquilizarlo, está funcionando.
Seokjin tragó con dificultad antes de responderle.
—Es lo que eres, mi amor.
El rubio tenía las mejillas húmedas y sus ojos miel estaban enrojecidos, pero miraban a Seokjin con ilusión, como si fuera lo más bello del planeta.
—Bésalo —susurró Suga, sonando demasiado entusiasmado.
Seokjin hizo un esfuerzo por no apartar su vista de la de Tae, y sin demorarse se acercó a sus labios. Fue Taehyung quien hizo el resto.
Esta vez, sin embargo, Seokjin no percibió desesperación o ansiedad como en el primer beso. Éste se sentía cargado de afecto, y tenía un ritmo muy suave.
Si le hubiesen dicho que sus próximos besos serían con su insoportable compañero, jamás lo hubiera creído. Y sin embargo ahí estaba, poniendo de su parte para ser natural ante su flamante novio.
Taehyung se apartó y le sonrió enternecido, soltando una risita nerviosa. Fue entonces cuando Seokjin, por primera vez, se detuvo a mirar sus ojos con atención. El color miel le sentaba perfecto a aquel rostro tan angelical.
—Perdona por exagerar —dijo Tae, animándose a hablar primero—. Tuve un día difícil, estoy bastante sensible.
—Eso me deja más tranquilo —contestó Suga—. Si fuese un llorón, definitivamente no lo soportaría.
Seokjin suspiró evitando mirar en la dirección del que había hablado al último.
—No hay nada que perdonar —le respondió, secándole el rostro con sus pulgares.
Y esas palabras bastaron para que el rubio volviera a acurrucarse contra su pecho, como un gatito buscando mimos.
Seokjin se sobresaltó, pero no tardó en rodearlo con sus brazos. Por alguna razón se sentía tremendamente nervioso con todo lo acontecido.
—Tu corazón está acelerado —dijo Taehyung en un susurro antes de sonreír—. Yo realmente te extrañé —añadió en voz baja.
El castaño deslizó su mano por el cabello perfumado de su novio, tratando de ser natural y para nada tosco.
Aunque aquel muchacho lo abrazaba con auténtico cariño, no podía sentirse cómodo. Había pasado a tener un novio bastante dependiente, al parecer, y era nada menos que su molesto compañero.
Bien, viéndolo así, pegado a su pecho, no tenía nada de molesto, u odioso. Taehyung parecía un gatito, uno pequeño y frágil.
Seokjin podría estar confundido y asustado, pero no era una persona frívola, jamás.
Suga se limitó a observar.
—Parece ser tu consentido —señaló tras ver la empalagosa escena—. Ya se conocían ¿cierto? —Seokjin miró en su dirección y asintió en silencio casi de forma imperceptible—. Pues bien, algo me dice que no eran amigos precisamente. ¿Qué vas a hacer ahora? No he terminado de explicarte las cosas que han ocurrido —le advirtió el de cabello azul—. Pero no puedes escucharme con atención si el señorito está en medio.
Seokjin miró de reojo a quien era su novio, aparentemente agotado, igual que él.
El muchacho traía una campera de cuero negra, botas oscuras y un pantalón gris ajustado. No vestía para nada similar al Taehyung que conocía, siempre con prendas sueltas y coloridas. Su cabello resultaba suave a su tacto, y en vez de ser ondulado y llevarlo hasta por debajo de las orejas, lo tenía lacio y corto.
Era completamente diferente.
—Bueno, ya que estás en las nubes, al menos podrías decirle que vayan a dormir. No pretendo que te desveles escuchándome —sugirió Suga.
Seokjin lo miró arqueando las cejas con incredulidad, él no estaba en las nubes, solamente pensaba, presa del cansancio.
—Tae —susurró. Taehyung levantó la vista, tras apoyar su mentón en el pecho de Seokjin—. Supongo que vas a quedarte ¿cierto? Es tarde, deberíamos dormir.
—Sí, creo que tienes razón —respondió con voz ronca y grave.
Seokjin se admiró. Jamás había oído con detenimiento el tono tan bajo de la voz de Taehyung. El menor se reincorporó y estiró los brazos hacia el techo.
—Traje mis cosas —dijo mirando su mochila para luego volverse a Seokjin—. Luces agotado. ¿Qué tal si te preparo un baño?
—¿Un baño? —Seokjin lo miró confundido.
—Dile que ya te bañaste —comentó Suga.
—Uhm... Si, eso, yo ya me bañé —respondío a Taehyung, quien ahora le acariciaba el rostro.
—Ya lo sé, cielo. Hablaba de un verdadero baño. De los que son buenos para relajarte antes de dormir —sonrió.
Seokjin tragó con dificultad ya que desconocía por completo a lo que se refería el menor.
Suga bufó llevando una mano a su cien.
—Bien, Seokjin, dile que sí y váyanse a dormir de una vez. Mañana lo despedirás temprano y fin de la historia.
—B-bueno yo... —comentó el mayor—. T-tengo muchas cosas que hacer en la mañana. Quizás solo debamos ir a dormir y ya.
—¿Por qué te pones tan nervioso? —Tae sonrió encantado sin apartar su mano—. Te ayudaré, descuida.
Seokjin negó con la cabeza de forma automática y Tae asintió, con la sonrisa cuadrada adornando su rostro.
Le tomó las manos y lo ayudó a levantarse del sofá, para luego empujarlo en dirección al pasillo mientras repetía que todo iría mejor después del bendito baño.
Suga los siguió por detrás, totalmente resignado.
El castaño sólo se puso más y más pálido, pues no quería desnudarse frente al menor, pero ya no había forma de evitarlo.
Suga percibió el claro nerviosismo de quien era la anomalía temporal, que empezaba a temblar como gelatina, justo como cuando lo vio al recibirlo en la entrada hacía algunas horas.
Verlo así era divertido. El sonido del agua llenando la tina sólo lo ponía más a la expectativa.
—Vamos Seokjin, no es como si fuera la primera vez que un chico te desnuda ¿cierto? —sonrió de forma maliciosa, instalándose sobre la cama para contemplarlo todo.
El castaño estaba de piedra mientras Taehyung, frente a él, levantaba sus brazos y le quitaba la camiseta con sumo cuidado. Se agachó a desatar los cordones de las zapatillas que vestía y luego le quitó las medias. El roce de aquella piel tibia deslizándose contra la suya agitó el ritmo de su respiración, la situación era embarazosa en exceso.
Suga resopló un silbido ruidoso.
—Tienes buenos hombros ahí ¿cierto? Seguramente haces algún deporte.
Seokjin lo miró con un semblante aturdido, Taehyung, en cambio, se conservó totalmente silencioso.
Cuando el rubio puso las manos sobre el cinturón de su pantalón, Jin lo detuvo.
—Yo... Lo haré solo, adentro —le informó tratando de sonar serio, pero aquello sonó más a una súplica.
Taehyung miró a su novio, quien parecía verdaderamente nervioso de repente, y asintió con la cabeza pensando que quizás eso lo dejaría un poco más tranquilo.
Seokjin ahora solo vestía el pantalón, y se encaminó al baño en silencio.
Tae esperó un momento y luego se giró hacia el armario del dueño de casa, tomando dos toallas, una grande y una más pequeña, que se cargó sobre un hombro antes de volver al baño.
Suga estalló en una carcajada al oír un grito escandaloso por la interrupción del rubio.
—¡N-no tienes que estar aquí! —le dijo al borde del colapso.
—No voy a irme, no es así como lo hacemos —recriminó Taehyung.
Suga escuchó el sonido de la canilla y el agua correr, y se trasladó a la esquina de la cama, intentando ver en el interior del baño, sin éxito.
—Por favor Tae... No-
—Shh —le dijo el menor—. Relájate ¿quieres? No sé por qué te pones así ahora.
Suga apretó los labios con curiosidad y dio un salto para dirigirse a la puerta, donde pudo ver perfectamente que el mayor estaba sentado en la bañera, con el agua hasta los pectorales y espuma cubriéndolo todo, mientras que Taehyung estaba sentado en una esquina, lavándole la espalda. Su mirada grisácea se tensó al cruzarse con el viajero.
—Perdona la intromisión —dijo Suga sin una pizca de arrepentimiento—. No vine a molestar, aunque no lo creas. Sé que puede sonar poco sincero, pero quiero que intentes relajarte —Seokjin hundió sus labios en la espuma, escondiéndose, sumamente avergonzado—. Es evidente que éste chico quiere que te sientas bien, y has pasado por demasiadas emociones en muy pocas horas. Deja que te consienta un poco, y luego intenta descansar. Yo no puedo desaparecer, dormiré en el sofá del recibidor. Te despertaré en la mañana y terminaremos de hablar —dijo con calma—. Buenas noches.
Seokjin sintió un inexplicable pesar apenas Suga se retiró. Quizás porque era consciente de que esta vez, realmente estba a solas con Taehyung.
Sintió el agua tibia correr por sus hombros, deslizándose por toda su espalda, y aunque era una sensación realmente agradable, no podía relajarse por sentir al muchacho rubio tras él.
Taehyung ya lo sabía. Sabía que Seokjin estaba comportándose de forma extraña desde que llegó a su departamento, pero en vez de preguntar, prefería que fuera el mayor quien le hiciera saber qué era lo que andaba mal.
Sin embargo, no dudó en hacerle saber que contaba con su apoyo.
—Jinnie —comentó de forma cariñosa, sin dejar de frotar su espalda con la toalla más pequeña, en movimientos circulares y suaves—. Sea lo que sea que te preocupe... No olvides que estoy aquí ¿de acuerdo? Tal vez no pueda ayudarte. Pero siempre estoy dispuesto a escuchar.
El rubio hablaba desde el fondo de su corazón, con la más sincera intención de brindarle contención, y aunque sabía que no debería, esperaba una respuesta. Algo, cualquier cosa que le hiciera saber que Seokjin lo entendía, y que compartiría sus preocupaciones cuando se sintiera listo.
Sin embargo, el mayor se limitó al silencio, todavía encogido, como si estuviera avergonzado.
Taehyung solo sintió su preocupación aumentar. Siempre creyó ser un buen novio, un buen amigo. Algo excesivamente cariñoso quizás, pero siempre presente. Temía no estar siendo lo suficientemente bueno en ese momento, y su corazón se encogió ante aquella idea.
Continuó pasando la toalla por los hombros de su novio, con mucho cuidado, quizás así lograría transmitirle algo de calma.
Nada. Seokjin era un cuerpo cercano y un alma distante.
El rubio sintió que esta vez, era él quien estaba al borde del colapso. Detuvo los movimientos y respiró con pesadez. La repentina lejanía del amor de su vida, más lo difícil que había sido el lunes para él, le pesaban demasiado.
El castaño volteó a verlo inmediatamente, topándose con sus ojos miel otra vez enrojecidos.
—Tae —comentó con sorpresa—. ¿Qué sucede?... Es mi culpa ¿cierto? —añadió al ver que el menor le miraba con pesar.
—N-no, no es eso. Yo-
—Perdóname —repitió igual que antes—. Sé que estoy actuando extraño. Pero no quiero que pienses que es tu culpa.
—¿No lo es? —el rubio ya estaba limpiándose la primera lágrima que se le escapó.
—Por supuesto que no —Seokjin se giró completamente, el agua hizo un sonido suave y la espuma permaneció cubriéndolo todo—. Dame tiempo —le dijo tomándole el rostro entre sus manos enjabonadas—. Necesito pensarlo solo. No puedes ayudarme, pero sé que lo harías. Es... Difícil de explicar —admitió.
—Siempre hablamos sobre nuestros problemas —respondió Taehyung ofendido—. ¿Por qué ahora es diferente?
—Lo siento —se disculpó Seokjin—. No quiero exponerte a mis embrollos, tengo que solucionar esto por mi cuenta.
—¡Jamás es un embrollo para mí, idiota! —le gritó dejando salir su angustia acumulada—. Los dos pasamos a veces por situaciones de mierda, pero siempre nos ayudamos, siempre nos escuchamos y acompañamos —le dijo como si fuera lo más evidente— No quiero que me hagas a un lado ahora.
—No estoy haciéndote a un lado, Tae. Esto es algo que va más allá de mi control —intentó explicarle el castaño.
—Entonces, dime. Cuéntamelo. Deja salir toda tu preocupación, porque de lo contrario siento que no confías en mí, y eso me duele.
—Claro que confío en ti —se mantuvo calmado—. Pero necesito que, por esta vez, sólo por esta vez, tú lo hagas en mí. Saldré de ésta. Lo haré, pero necesito que me entiendas. Necesito tu paciencia —le miró de forma suplicante—. Prometo que cuando se solucione, te lo contaré con detalles. Pero por ahora... —la expresión de Seokjin se oscureció de repente— Necesito pensarlo solo.
Taehyung parecía contrariado. Miró a su novio, sintiéndose fatal por verle en ese estado y no poder ayudarle. Por no permitirle que lo ayude.
—¿Puedes hacer eso por mí?—preguntó, clavando sus ojos grises en los del menor con la esperanza de convencerlo más fácilmente
El rubio asintió, rindiéndose. Tal vez debía intentarlo. Como pareja no estaban acostumbrados a aquello, pero quizás podría intentar confiar en que Seokjin lo solucionaría solo.
—Pero me prometes que si te sientes al límite ¿me dejarás apoyarte? —preguntó con voz acaramelada.
—Sí —sonrió Seokjin—, lo prometo.
Ahí estaba, su hermosa sonrisa. Por fin por primera vez en el día podía verlo sonreír de aquella forma. Lucía muy cansado, cierto, pero sus ojos emanaban una calidez que le resultaba tranquilizadora al rubito.
Seokjin volvió a darle la espalda, y se acercó un poco más, mostrándose más cómodo. El menor retomó la toalla pequeña y continuó frotándole la espalda, hasta finalmente terminar.
Cuando ambos estuvieron nuevamente en el cuarto, Taehyung se encargó de vestirlo, casi, por completo.
El castaño se las había ingeniado para no mostrarse totalmente desnudo frente a él, pues todavía se sentía avergonzado; pero pese a aquello, el menor se plantó en su cama y le secó el cabello, el rostro y el cuello con la toalla grande.
Seokjin ya tenía puesto el pantalón de su pijama, y Taehyung le acercó la camisa del conjunto, tras haber secado su espalda por completo.
Se puso tras él y le ayudó a meter los brazos, para luego retomar la tarea de estrujar su cabello contra la toalla, quitando el exceso de agua de sus mechones castaños.
Seokjin estaba mucho más relajado que antes, tal vez debido al agua tibia, o al cansancio.
Cuando creyó que empezaba a acostumbrarse a la cercanía del menor, éste le abrazó por detrás. Sus brazos se cerraron en torno a su cintura, y depositó un dulce beso en su nuca al descubierto.
Las mejillas del mayor ardieron y se quedó petrificado unos instantes.
La cercanía de un novio era algo un tanto lejano en sus memorias, sus relaciones anteriores habían sido poco cariñosas. El rubio, sin embargo, parecía totalmente acostumbrado a estar encima del mayor en todo momento.
A pesar de que le tomaba desprevenido, a pesar de que se trataba del "molesto Taehyung", esos pequeños gestos no se sentían para nada desagradables. Esos brazos rodeando su cintura como si fuera él lo más valioso de todo el universo, se sentían verdaderamente protectores.
Seokjin sintió su corazón golpear en su pecho de forma escandalosa, como no lo hacía en mucho, mucho tiempo.
Sin demorarse, se giró hacia él y de forma mutua acortaron la distancia que los separaba.
Era el tercer beso, pero el primero que Seokjin le daba a Taehyung de forma sincera. El primero en el que correspondía a sus labios con auténtica dulzura.
Y es que aquel muchacho esbelto desprendía amor en cada palabra, gesto, en cada minúscula mirada que dirigía a Seokjin.
El mayor sintió las manos tibias del rubio subiendo hasta su cuello, e inevitablemente pensó que quizás se había excedido en besarle tan impulsivamente. Pero, demonios, se sentía bien.
Se sentía amado.
♦♦♦
—Intenta dormir, cielo —le dijo Taehyung a Seokjin por debajo de las sábanas, ya con su pijama puesto y abrazado a él como si fuese un enorme oso de peluche—. Dulces sueños —susurró, antes de besarle el mentón y luego apagar su voz.
Seokjin se sentía apenas un poco más calmado.
No había nada de tensión en ese gesto nocturno, pero no estaba acostumbrado a dormir a oscuras en compañía de alguien más abrazándole.
Quizás era el hábito de su persona en esta realidad alterna. La misma en la que Kim Taehyung se convertía en el amor de su vida, y pasaba horas esperando verlo atravesar la puerta de su departamento, para lanzarse a sus afectuosos brazos.
Irónico, pensó.
En la mañana agradecía a todos los cielos que Taehyung no se hubiera aparecido por el salón, y ahora, terminando el día, compartían la misma cama, el mismo calor.
Tal vez la vida estaba dándole su merecido por ser tan despectivo hacia su compañero de cabello gris, tal vez su ensoñación por Jungkook había nublado completamente su percepción sobre sus más allegados. Tal vez... El chico que dormía en sus brazos era su novio en una realidad alterna, porque realmente había llegado a amarlo.
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