Día 2
Estuvimos allí sentados durante horas y solo decidimos movernos cuando algunas madres con sus hijos y unos grupos de amigos se atrevieron a llegar al parque, sabía que a Eren no le gustaban las multitudes por lo cual cuando empecé a verlo nervioso le propuse seguir. Había notado varias cosas ese día y la primera fue que el mocoso se emocionaba por la más mínima cosa que pasaba, además luego de haberme tomado las fotografías, él no había decidido plasmar su rostro en su primer picnic y que por más que le hubiese insistido se había negado hasta cansarme.
Cuando subimos a la camioneta, luego de tirar todo el desastre de papeles y botellas vacías, Eren le mandó un mensaje como le había asegurado a su padre que lo haría.
—¿Quieres que nos quedemos por aquí o qué tienes en mente?— pregunté.
—Deberíamos seguir, este lugar no tiene mucho para ver o hacer, además que no deberíamos gastar dinero en alguna habitación desde el primer día—. Contestó mientras rebuscaba algo en su mochila.
—Entonces tardaremos casi toda la noche hasta la próxima parada— lo miré curioso cuando sacó el pequeño conejo de felpa con el cual dormia todas las noches, era algo que no había podido dejar desde que su madre falleció, así que no repliqué en el porqué un chico de veinte años llevaba eso con él —¿Estás cansado? ¿No tienes que tomar la medicación?
Eren me miró con sus ojos verdes brillantes, mientras buscaba una buena posición en el asiento de copiloto, me sonrió levemente antes de cerrar sus ojos.
—Estoy bien, ya no debo tomarla. Si estas cansado despiertame e intercambiamos lugares.
Grisha no me había comentado que Eren debía tomar su medicación como lo hacía regularmente, ya que su padre, incluso cuando me quedaba a cenar y él no estaba me lo dejaba plasmado en cualquier oportunidad que encontraba, así por lo cual dí por sentado que ya no debía hacerlo, ese fue mi primer error.
—Bien, te despertaré si siento que voy a ser abducido por los extraterrestres.
—Idiota.
No había apuro alguno por llegar hasta nuestra parada más cercana, así que cuando la oscuridad nos empezó a rodear, me encontré a mi mismo tarareando muy bajo algunas canciones que pasaban en la radio, Eren a mi lado dormia plácidamente y de vez en cuando mis ojos viajaban hacia su rostro tranquilo, a medida que avanzábamos mi cansancio se iba haciendo presente al igual que mi vejiga que se sentía a punto de explotar, detuve la camioneta en una estación de servicio que encontré sobre la ruta y desperté a Eren por si él también quería ir al baño o comprar algunas cosas. Lo hicimos en realidad, pero al momento de volver a tomar el volante, esta vez me deslicé al asiento de copiloto a descansar un poco.
Eren no tuvo quejas al respecto al intercambiar lugares, tardé un poco en conciliar el sueño, no porque no estuviese cansado sino porque Jaeger cada vez que aceleraba, frenaba de improviso y terminaba casi pegado al parabrisas, por suerte luego de unos minutos en los que me ofrecí para volver al volante pudo tomar control de la situación, así que el cansancio me ganó y en algún momento de la noche terminé cerrando mis ojos.
—Despierta dormilón—. Una voz suave resonó en mis oídos, mientras que una mano cálida se paseaba por mi cabello, me removí levemente mientras abrazaba aquella sensación —vamos Levi despierta.
Abrí uno de mis ojos y observé el rostro de Eren que estaba demasiado cerca, lucia extremadamente animado, me enderecé en el asiento y pestañé varias veces a causa de la luz que se colaba por las ventanillas.
—Reservé una habitación de hotel, lo siento pero no quedaban más disponibles, aún así las camas son individuales— escuchaba muy poco de lo que Eren decía, aún me sentía un poco atontado —, podríamos descansar un poco más, luego desayunar y darnos una ducha. Aún es temprano, pero encontré un lugar genial que quiero que vayamos a ver, así que despierta y llevemos las maletas.
Hice lo que me pidió, antes de que la vergüenza por haber bostezado sin cubrirme la boca me envolviera, demonios quería cepillarme los dientes y darme un buen baño, tomé las maletas y con ayuda de uno de los botones pudimos subirlas todas. Miré la puerta por unos segundos mientras Eren la abría con la tarjeta. Parecía ser un hotel bastante lujoso, pero me decidí que vería lo que tenía después de mi meta: el baño.
La habitación era pequeña a comparación de lo que había imaginado, un televisor, aire acondicionado, un armario, mesitas de noche, una pequeña cómoda y dos camas individuales; todo de un perfecto color blanco y marrón que gritaba limpieza por donde se la mirase, Eren dejó su mochila sobre la cama que estaba al lado de la ventana, sus valijas terminaron tiradas cerca del rincón derecho de la habitación y las mías muy acomodadas del lado izquierdo.
—Voy al baño— anuncié mientras tomaba mi cepillo de dientes.
—Sí ve, luego te sigo.
Me detuve antes de abrir la puerta del baño y miré de soslayo a Eren, este se encontraba ya acostado sobre la cama, con los ojos cerrados. Suspiré al pensar que realmente no tenía idea de lo que sus palabras podrían llegar a causar en mi, porque si, la imagen de Eren conmigo en el baño era demasiado tentadora, pero no en esos momentos en el que me sentía la persona más sucia del mundo, literalmente.
Mi ropa fue casi arrojada al otro lado del baño cuando mis ojos se posaron sobre la ducha, realmente estaba deseando esto desde que habíamos salido de casa, abrí el grifo sin pensármelo dos veces y templé el agua ya que por más calor que hiciera no podría soportar el agua fría en mi piel. Luego cuando tuve que utilizar el shampoo y el jabón me di un golpe mental por no haber tomado los míos, odiaba los de los hoteles pero aunque no me gustaran, debía quedar limpio y no escatimé al momento de usarlos.
Cuando salí de la ducha con tan solo una toalla en mi cintura, me cepillé los dientes, cuatro veces. Y luego me dispuse a secar mi cabello, cuando quedé perfectamente peinado, busqué mi ropa y me di cuenta que ni siquiera la había tomado, llamé a Eren varias veces para que me alcanzara al menos algún bóxer, pero no obtuve respuesta de su parte así que sin importarme demasiado salí aún en toalla y noté que el mocoso no estaba.
Sin pensarlo mucho me dirigí hacia mis maletas, había ordenado todo tan perfectamente que sabía que mi ropa interior se encontraría en la azul, la subí a la cama y la abrí, buscando entre la ropa doblada y limpia, la bolsa donde se encontraba lo que cubriría mis partes bajas.
Agarré el primer bóxer que estuvo a mi alcance, uno blanco con el elástico negro, desaté el nudo de la toalla y la dejé caer, en ese momento escuché el sonido de la puerta y la voz alegre de Eren.
—Oye Levi, bajé por nuestro desayu...— la bandeja que llevaba en sus manos por poco se cae y mientras me colocaba mi ropa interior lo miré curioso.
—¿Pasa algo?
Eren rápidamente cambió su expresión de sorpresa a una de aburrimiento total, negó con su cabeza y se adelantó con la bandeja dejándola a un lado de la maleta que se encontraba arriba de la cama.
—No, no sabía que ya habías terminado, iré a bañarme.
—Bien.
Cuando Eren agarró sus cosas y se dirigió al baño, terminé de arreglarme rápidamente, no sabía si sentirme decepcionado por su reacción o molesto por el simple hecho de que se acordó de llevarse la ropa.
Miré la bandeja y descubrí una humeante taza de té negro, justo como me gusta y unas medialunas que eran de ensueño, mi estómago estuvo de acuerdo cuando pidió desesperado a que comiera. A los pocos minutos solo quedaban algunas migas y restos de té en la taza, y un yo sumamente satisfecho.
Eren salió después de que yo había dejado la bandeja sobre la cómoda, y vi que su desayuno aún descansaba allí, posiblemente se habría congelado pero luego descubrí el gran vaso de jugo de naranja junto a unos sándwiches de miga y supuse que era de esperarse viniendo de él. Llevaba una camiseta blanca y unos pantalones de mezclilla de color gris, su cabello que posiblemente había peinado, no quería quedarse en su lugar y varios mechones rebeldes volvían a caer sobre su rostro.
Se acercó con lentitud hacia la bandeja de su desayuno y sin pronunciar palabra alguna, se sentó sobre su cama y comenzó a comer.
—¿Qué haremos hoy?— pregunté algo ansioso, si Eren había pedido una habitación de hotel, significaba que posiblemente quería hacer más cosas de las que habíamos hecho antes.
—Un conocido mío vive cerca de aquí y cuando le hablé sobre lo que estábamos haciendo me ofreció prestarme unos caballos.
—¿Y?
—Mi lista dice "Cabalgata" así que pensé que sería interesante.
—Oh— Eren terminó su jugo de naranja y dejó la bandeja a su lado —. No sé montar a caballo.
—Estarás bien, Armin dijo que nos ayudaría en lo que necesitaramos.
—¿Y cuándo iremos?
—Esta tarde, cuando él esté en casa—. Eren tomó ambas bandejas y las dejó a un lado de la puerta de la habitación, luego se giró y me miró con una leve sonrisa —podríamos ver que tiene el hotel, al menos hasta mañana nos quedaremos aquí porque hay otra cosa que quiero hacer.
No pregunté más, ya suficiente tenía con los caballos, estaba pensando si no sería buena idea dejar que Eren fuera solo y yo me quedara tirado en la cama del hotel, sin embargo se lo había prometido además de que no conocía a ese tal Armin y no me agradaba demasiado la idea de dejar al mocoso a solas con quien sabe que clase de persona.
Salimos de la habitación y caminamos en silencio por el pasillo hacia el ascensor, cuando estuvimos dentro Eren empezó a balancearse hacia atrás y adelante, logrando contagiar su nerviosismo, dos mujeres entraron después que nosotros y nos preguntaron que nos traía por allí.
Vamos a ser sinceros, odiaba socializar con las personas y si tenía tres amigos, uno más idiota que yo, era un verdadero milagro.
Pero el imbécil de Eren se decidió por regalarles una de las sonrisas de las que sólo podía mostrarme a mi y habló con demasiada simpatía.
—Solo vamos a recorrer un poco el lugar, pero estamos de paso.
—Oh ¿Les molestaría que hiciéramos algún recorrido juntos?— comentó la chica más alta de cabello oscuro —es que hemos llegado ayer y no sabemos muy bien qué podríamos hacer.
—N...— Eren me dedicó una de sus miradas que decían "cierra la boca Levi no la cagues"
—¿Por qué no?— las dos muchachas sonrieron y el mocoso también lo hizo —Soy Eren por cierto, y él es Levi.
Solo asentí levemente bastante molesto.
—Yo soy Petra y ella es Mikasa.
Eren siguió hablando con ellas hasta que el ascensor se detuvo, prácticamente arrastré a mi compañero lejos de aquellas mujeres que hasta ya sabían el número de nuestra habitación y se habían invitado a sí mismas para pasar tiempo en la piscina y cenar esa misma noche con nosotros.
—Oh es genial, no creí que fuéramos a conocer gente tan pronto—, comentó mientras nos acercábamos a unas mesas de afuera.
—Mikasa estaba coqueteando contigo.
—Ah— Eren se sentó y miró a su alrededor, sin borrar aquella fastidiosa sonrisa que le había enseñado a esas dos —, y Petra te comía con los ojos.
—No me interesa.
—A mi tampoco.
—¿No? Era bonita— me di un golpe mental por insistir, pero tenía que estar completamente seguro que aquella mujer de cabello negro no iba siquiera a llegar a rozar a Eren.
—Es bonita sí— el mocoso me sonrió y eso logró a que se me revolviera el estómago —¿La quieres para ti?
—No. ¿Tú si?
—No.
La conversación terminó allí, nos quedamos ambos sentados por un buen rato, almorzamos y luego decidí que subiría a descansar un poco, Eren me avisaría cuando ya tendríamos que irnos.
No tardé demasiado en caer sobre la cama, aunque no pude cerrar los ojos al menos mi cuerpo agradeció la suavidad de ésta. Después de dos horas en las que no había tenido noticias del mocoso, lo vi entrar en la habitación con lentitud y cuando se dio cuenta que en realidad estaba despierto me avisó que Armin ya nos estaba esperando.
Genial, seguían los caballos.
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