Día 1
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Viajamos tan solo una hora y media por la carretera y fue allí cuando Eren alejó sus ojos de la ventanilla y me miró emocionado. En otras circunstancias de mi vida posiblemente hacer un viaje como éste jamás hubiese estado cerca de lograrse y si me hubiesen preguntado tres años atrás si estaría dispuesto, la respuesta sería simple y clara: por supuesto que NO.
Hacía seis años que conocía a Eren y por más que hubiésemos comenzado con una relación de amistad, descubrí que él era el mejor compañero que podría tener a mi lado, sí, hablaba de que estaba enamorado. A diferencia del resto, Eren tenía ciertas actitudes que me agradaban bastante, jamás preguntaba algo fuera de lugar, llenaba los espacios con sonrisas o palabras tontas, se reía de cualquier locura que pudiese hacer y era un chico del cual uno podía tener la más absoluta confianza.
Le hablé por primera vez a pedido de mi tío, ese año me habían suspendido por hacer explotar el salón de química junto a Isabel y Farlan, los únicos amigos que tenía y había pasado la semana entera sentado en el sillón de mi casa, comiendo comida chatarra y mirando la serie tras otra. La noticia de que llegarían nuevos vecinos se había pasado de boca en boca y Kenny me había advertido que tendría que comportarme correctamente.
Pero a pesar de las sugerencias, la bienvenida fue un increíble pelotazo en su cabeza, si al principio creí que había sido realmente gracioso, luego había cambiado mi parecer a un increíble golpe de suerte. Porque lo primero que pensé al verlo era que realmente mi nuevo vecino era hermoso. Sus ojos, sus pestañas largas, leve sonrojo en sus mejillas y la pequeña sonrisa que me había regalado al devolverme el balón, desearía haberle dicho algo genial en ese momento, pero me había quedado en blanco.
Luego no necesité que Kenny me dijera lo que tenía que hacer, porque quería impresionar a Eren como diera lugar. Y por el momento lo había logrado, aunque fuese solo como amigo, él pasaba mucho tiempo conmigo y aquello era más que suficiente, hasta que oí sus palabras.
Que él estuviese pasando por una enfermedad tan difícil fue como si me hubiesen dado una gran patada en el estómago. ¿Qué podría decir? ¿Qué podría calmar su mirada nerviosa? ¿El pesar de su voz? No, yo no era ese tipo de persona que saben consolar a los demás, así que a mi manera lo hice y parecía que a él le agradaba aquello.
–¿Por qué me miras tanto?– Pregunté mientras que Eren se removía un poco en su asiento sin borrar la sonrisa de su rostro.
–Debemos parar en algún mercado.
–¿Eh, por qué?
–Levi dijiste que no harías preguntas, solo hazlo.
No pude evitar rodar los ojos ante su tono y dejar ver una leve sonrisa que quiso escaparse de mis labios, no creía poder decírselo nunca, pero él era el único que lograba hacerme sonreír.
Detuve la camioneta delante del primer mercado que vi y Eren no esperó ni un segundo en abrir la puerta y brincar fuera de allí. Estiró su cuerpo y miró a su alrededor, el calor afuera era insoportable, estaríamos llegando a los 35° y a mi compañero no parecía importarle en lo más mínimo. Sus pies comenzaron a moverse bastante rápido y yo lo seguí, observando como tomaba un canasto y se paseaba por las góndolas.
Comenzó a poner en él botellas de gaseosa, sándwiches, frutas y paquetes de papas fritas, mucha comida chatarra. Lo que solo logró que mi curiosidad aumentara.
–¿Qué piensas hacer?
Eren no respondió, siguió sonriendo como si hacer las compras fuese lo más divertido del mundo, correteando como un niño pequeño por todas partes y llenando hasta casi desbordar el canasto de plástico que llevaba. Se negó a recibir dinero de mi parte y se hizo cargo del gasto de los productos, cuando ya estábamos cargando las bolsas en los asientos traseros de la camioneta, Eren se atrevió a decirme lo que quería hacer.
–Quiero que tengamos un picnic.
–¿Qué?
–Lo que he dicho antes y no me mires así, dijiste que harías lo que te pidiera.
Traté de relajar mi semblante, no es que me molestara la idea, jamás había hecho algo así con alguien más, pero el calor era tan insoportable que no estaba seguro si su plan me atraía bastante.
–Busquemos un espacio donde podamos instalarnos.
Eren no dio tiempo a que respondiera, volvió a meterse dentro de la camioneta y esperó a que yo mismo lo hiciera. Durante el camino, cantó algunas canciones que se oían por la radio, aunque yo no me sabía ninguna de ellas, golpeando varias veces sus piernas al ritmo de la música y de vez en cuando se quedaba viendo pegado a la ventanilla y empañando los vidrios con su respiración en el proceso.
Nos detuvimos en el primer parque que encontramos, al menos estaba cubierto de frondosos árboles y gran cantidad de césped que nos proporcionaría un poco de aire
fresco a comparación del asfalto, como ya suponía, estaba desierto. Nadie en su sano juicio estaría a las dos de la tarde, bajo el sol o llevando a los niños a los juegos. Solo un par de idiotas estarían dispuestos a derretirse y sí, ahí entramos nosotros.
Eren corrió en busca del lugar más apartado y con más sombra del lugar, llevando una bolsa consigo y dejándome dos más a mí, que a pesar de que él se había adelantado bastante, yo lo seguí muy despacio. Cuando lo alcancé, Eren estaba acostado sobre el pasto y sonreía con sus ojos cerrados, una imagen demasiado bella.
Me senté a su lado y saqué algunas botellas de las bolsas y me apresuré para beber una de ellas.
–¿Sabes? En este momento tengo muchas dudas sobre si estás totalmente cuerdo.
Eren lanzó una carcajada, levantándose para mirarme, el césped se le había enredado en el cabello y así, a simple vista parecía demasiado infantil.
–No puedo creer que estoy haciendo esto.
–No es la gran cosa, comemos fuera de casa. ¿Qué lo hace especial?
Eren tomó las bolsas y comenzó a sacar la comida, sus ojos brillando al momento de encontrar la bolsa de papas y no tardó en abrirla sin dudarlo.
–Todo.
Como si esa respuesta fuese suficiente para ambos, decidimos comer y beber mientras oíamos como las hojas de los árboles se movían ante la suave brisa veraniega. No hablamos mucho en ese momento y cuando cerré mis ojos realmente disfrutando aquel silencio, un leve clic hizo que los abriera de inmediato y observara a Eren.
Él tenía una cámara entre sus manos y sonreía como si hubiese hecho una travesura.
–¿Qué estás haciendo?– pregunté bastante curioso.
–Recuerdos, pienso tomar fotografías de todo lo que haremos, para que no puedas olvidarte de esto jamás.
–¿No deberías tomarte fotos a ti mismo o a la comida?
–¿Te molesta?
–No, pero…
No dejó que terminara, otra vez volvió a presionar el botón de la cámara y esta vez el flash me dejó un poco atontado.
–Borra eso Jaeger– me lancé hacia él para tomar la cámara pero Eren fue más rápido al levantarse.
Si alguien hubiese podido ver la escena que estábamos montando en ese momento, seguramente moriría ahí mismo por la vergüenza. No importó cuanto salté para tomarla,
porque él sabía muy bien que me llevaba una maldita cabeza y que sus brazos estirados hacia arriba, hacían que mi alcance fuera casi nulo. Me rendí en el momento en el que comenzó a reírse, no solo porque disfruté de ello, sino que realmente no estaba como para aguantar el calor que estaba envolviéndome cada vez que me movía.
–Al menos, haz una tuya.
–Lo haré– me respondió mientras volvía a sentarse –. Gracias Levi, por acompañarme.
Lo miré unos segundos y mientras llevaba la botella de agua hacia mis labios, me atreví a hacer la pregunta que había estado rondando por mi cabeza desde el momento en que me propuso este viaje.
–¿Por qué decidiste hacer esto Eren?
–¿Hacer qué?
–El viaje, con la lista y conmigo.
Eren me miró, sus ojos dejaron de brillar por unos segundos, como si algo pesara dentro de él, y luego tan pronto como se habían apagado volvieron a encenderse, esta vez acompañado con una gran sonrisa.
–Es un secreto.
–¿No es por lo de…?– odiaba no poder decirlo, pero sabía que a Eren no le gustaba hablar sobre el tema, aunque la última vez que había dicho algo hacía más de cuatro meses, había asegurado que todo iba realmente bien– ¿Eren?
–No, tranquilo–. Su mano izquierda rozó la mía cuando se echó un poco hacia atrás y aunque seguían tocándose ninguno de los dos hizo el intento de retirarlas –Levi, quiero
disfrutar esto sin tener que pensar en nada más, ¿Podrías acompañarme también?
–¿Sin preguntas?
–Sin preguntas.
Como siempre lo hicimos, aceptamos el silencio del otro, cerré los ojos disfrutando el momento tal y como me lo había sugerido, sentí la brisa despeinar mi cabello, la mano de Eren rozando la mía y escuchando el propio sonido de los latidos de mi corazón cada vez más rápidos.
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