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«▒ 5 ▒»

Tan pronto como Seokjin vio a Jungkook apostarse en la entrada, sintió temor. La respuesta de Taehyung había sido repentina. 

—¡Tienes que decirle al encargado de la cocina que éste hombre... —apuntó a Seokjin—, preparará mi comida siempre que yo lo deseé de ahora en más!

Los empleados que estaban presentes intercambiaron miradas con duda. La reacción explosiva de Taehyung no se debía a la furia, sino al entusiasmo. Tras decir eso, volvió a sentarse y tomó otro bocado. La combinación de ingredientes perfectamente balanceados provocó una explosión de placer que hizo que sus ojos se iluminaran. Taehyung estaba acostumbrado a banquetes reales, pero el plato de Seokjin lo sorprendió gratamente. Un susurro de deleite escapó de sus labios, y sus súbditos, testigos de esta reacción, quedaron momentáneamente atónitos. No era común ver al monarca expresar tal gozo por la comida. 

A Seokjin no le quedó más que inclinarse a reverenciarlo ante esa orden, demostrando así su victoria al saber que ahora tendría un nuevo y más importante rol que lo acercaba al Rey. Inspeccionó a los demás de reojo. Nadie salía de su asombro aún, ni siquiera el mismísimo Jungkook.

—¡Es extraordinario! —Taehyung balbuceó con la boca llena—, ¿Qué es?, ¿Qué tiene?

Jin volvió a erguirse, y no pudo reprimir una mirada de orgullo y suficiencia, que inmediatamente le dedicó a Jungkook tras voltear a verlo sobre su hombro.

—Se llama Pauper jucunditas, Mi Señor. Es un plato típico de la región de la que vengo,  Engymtum. Contiene pequeños bollitos rellenos de vegetales de hojas verdes, empanados, dorados en aceite, y bañados con una salsa especial. 

 Taehyung dejó de comer para mirarlo.
—¿Por qué tiene ese nombre si es una delicia? Incluso a mí me sorprende que me guste tanto si no lleva carne...

—La gente de mi pueblo es muy humilde, Majestad, cosa que nos ha moldeado el ingenio para preparar nuestros alimentos. Me place saber que es de su agrado.

—Es que es... ¡es muy bueno! —comentó con alegría—, no sé si es... esta salsa, o más bien la combinación de todo. Estos "bollitos" —dijo tomando uno entre su pulgar e índice—, es crocante pero al mismo tiempo suave, y la salsa es una verdadera exquisitez, realmente... —Taehyung comió el último, no había dejado nada en su palto—, estoy muy impresionado, Seokjin. Con que Pauper jucunditas... quiero comer esto al menos una vez a la semana de ahora en más —se dirigió a Jungkook, y luego volvió su atención a Seokjin—. ¿Qué estabas haciendo cocinando en una taberna? Me alegra haber tomado la decisión de traerte a mi palacio.

Seokjin estaba completamente orgulloso por haber obtenido esa reacción de parte del Rey. Aprovechó el momento para sostenerle la mirada y dedicarle una sonrisa sincera. Taehyung estaba maravillado.

—¿Qué más sabes cocinar?, ¿Postres, quizás?

—Lo mío es más bien lo salado, Mi Señor. Pero cocinar es algo que disfruto mucho, y siempre estoy dispuesto a aprender. Si usted lo demanda, puedo incursionar en el mundo de las preparaciones dulces y quizás en algún momento, presentarle algo de mi autoría.

—Desde luego que sí. Mi Reino tiene la mayor variedad de especias y condimentos, sírvete de nuestra despensa para utilizar todo lo que desees. Meng es nuestro encargado, dile que tienes permiso para tomar lo que necesites. 

—Como ordene, Majestad —asintió Seokjin.

—Ahora dime algo, ¿hay más de éste Pauper jucunditas? —lo miró de forma inquisitiva.

—Me tomé el atrevimiento de preparar una ración extra en caso de que fuese de su agrado, Alteza —explicó Jin—, así que sí.

—Ese es exactamente el servicio que espero de un buen cocinero. Tienes mi aprobación —le dijo sonriente—, traigan más. Y asegúrense de hacerle saber al encargado de la cocina todas mis nuevas órdenes —se dirigió hacia los empleados de la cocina que estaban de pie tras él, quienes inmediatamente salieron de la habitación. 

Jungkook continuaba de pie en la entrada, un poco aturdido. Taehyung lo miró y le hizo un gesto llamándolo con su índice.

—Tienes que probar esto, acércate.

—Mejor en otro momento, Majestad. Es su comida, no quisiera... —dejó de hablar cuando Taehyung repitió el gesto. Suspiró fugazmente y, tratando de no sentirse tan expuesto, se acercó a la mesa del Rey.

Ahora sólo faltaba que el dichoso plato llegase. Jungkook se ubicó junto al monarca como a veces lo hacía durante los Consejos Reales. Mantuvo las manos tras la espalda mirando distraídamente la habitación y evitando mirar a Seokjin. Taehyung no era tan efusivo y espontáneo, que lo fuese sólo podía significar que realmente adoraba la comida que le había preparado.

—Seokjin —lo llamó Taehyung—, seré honesto: pensé que por tu condición física, la cocina no era el mejor lugar para ti. Hoy me has demostrado que estaba equivocado. Sin embargo, comprenderás que tengo a mi servicio muchos súbditos leales y trabajadores que abastecen de deliciosos platillos a mí, a mi familia y a todo el palacio... —Seokjin lo escuchaba atentamente—. No puedo ponerte a cargo de una labor tan grande. Y no es que te subestime —aclaró—, pero creo que es un buen comienzo que prepares únicamente mi comida y que trates de sorprenderme con algún postre en un futuro próximo.

—Por supuesto, Majestad.

—Siendo así, ¿Qué más sabes hacer además de cocinar?

—Antes de trabajar en la cocina, me encargaba de los caballos del establo, Majestad —le contó—. Mi fuerza y altura siempre fueron útiles lidiando con los animales grandes. Sé cómo cuidarlos y adiestrarlos. 

—Muy bien. ¿Qué más?, ¿Alguna vez aprendiste a luchar?

—Sólo a puño limpio en situaciones de defensa, Mi Señor —admitió algo avergonzado.

—Creo que tienes potencial para ser un gran soldado, Seokjin —le dijo el Rey—, ¿Nunca has utilizado algún elemento?, arco y flecha, espada, cuchillo de puñal, hacha... —Jin negó con la cabeza—. Comprendo. Entonces, quiero que dejes tu oficio en la cocina por el momento. Le daré instrucciones a la cocina cuando quiera que tú prepares mis alimentos. A partir de mañana, comenzarás a entrenar y veremos cuál elemento se adecúa mejor a ti. No he olvidado tu valentía el día que salvaste a la princesa. Si demuestras ser consistente en tus lecciones aprenderás rápido, no tengo ninguna duda.

—Como usted ordene —lo reverenció. 

Entonces, los sirvientes ingresaron con el platillo una vez más. Taehyung sonrió y esperó paciente a que lo dejaran frente a él. 

—Te dejaré dar el primer bocado esta vez —le habló a Jungkook. Luego, le acercó el platillo y Jeon lo probó con cuidado. Para Seokjin resultaba bastante extraño que el Rey tuviese tantas consideraciones con uno de sus súbditos. Luego recordó que Jungkook era su amigo, y eso hizo que frunciese los labios de forma imperceptible.

Seokjin estudió atentamente las expresiones faciales de Jungkook, las que no variaron demasiado antes y después de probar la comida. 

—Es muy sabroso, sí.

—¿Sólo "sabroso"? —Taehyung lo miró incrédulo—, es una delicia ¡y no tiene nada de carne!, ¿puedes creerlo? —el Rey se apresuró a tomar los utensilios y comenzó a comer su segunda porción de Pauper jucunditas.

—Como Su Majestad sabe, provengo de Asova, una región al este de este Reino. Mi gente es muy buena en la cocina y debo decir que nuestra cultura culinaria es muy amplia. Creo que de alguna forma este platillo me recuerda algunas combinaciones que ya he probado, supongo que debe ser eso —Jungkook limpió las esquinas de sus labios con cuidado. Luego, miró a Seokjin reafirmando su nula impresión acerca de su comida. 

—Pues yo sigo pensando que es magnífico —respondió Taehyung encogiéndose de hombros—. Seokjin, gracias por tus servicios de hoy. Puedes retirarte.

Jin hizo una reverencia y se retiró cuidando en no dale la espalda hasta que estuvo en la puerta. Ignoró completamente a Jungkook aunque éste seguía junto al rey. No le importaba en lo más mínimo la opinión que un lacayo pudiese tener, lo único que importaba era la opinión de Taehyung. Y Seokjin estaba feliz de haber complacido el paladar de Su Majestad. Salió caminando con la frente en alto y el orgullo por las nubes.

▒ ▒ ▒

Acatando las órdenes del Rey, Seokjin se despidió de sus compañeros de cocina y de Jimin, y fue asignado a un Maestro de armas. Se trataba de un sujeto más joven que Seokjin, pero mayor que Jungkook, de nombre Kyo Jungsu. Tenía figura atlética y mentón pronunciado. Su cabello negro y lacio, aunque no era tan largo, ondeaba ligeramente con el viento. Era simpático y amigable, pero también muy ágil y disciplinado.

Jungsu vestía uniforme gris con detalles azules. Seokjin pensó que al tratarse de un maestro, usaría al distintivo verde, como lo hacía su Maestro de lenguas. Resultó que Jungsu estaba bajo el mando del Jefe de Seguridad, es decir, Jungkook. 

Seokjin comenzaba a comprender que de alguna forma, Jungkook estaba metido en todo, todo el tiempo.

No sólo era el primer oficial del ejército, sino también la mano derecha del Rey, y su último nombramiento había sido como Jefe de Seguridad; por si fuera poco era su amigo. Jin estaba convencido de que Jungkook era una de las personas más cercanas a Su Majestad y también al resto de la familia Real. En otras palabras, un obstáculo. 

 —Hey, deja de paspar moscas —lo dijo Jungsu—, ¿ya descifraste cómo abrir la cerradura? —se acercó de a poco a él.

Seokjin estaba atado a un poste y encadenado en la muñeca derecha. El candado era de hierro, con una cerradura diminuta que colgaba junto a la cadena metálica. Su última tarea asignada era la de intentar liberarse con ayuda de un diminuto alambre doblado. Aunque tenía libre su izquierda, era mucho más inútil de lo que hubiese querido admitir. Ambos estaban en el exterior, en el campo de entrenamiento, sólo que esta vez estaban a la sombra en lo que era un modesto almacén. 

En el campo de entrenamiento el sol era como un titán ardiente, desplegando sus rayos inclementes sobre la tierra polvorienta. La disciplina del ejército de Su Majestad se forjaba en ese sitio, donde las estructuras de entrenamiento, bien diseñadas y estratégicamente posicionadas, ofrecían sombras momentáneas, pero el calor persistente hacía que cualquier respiro se sintiera como una efímera pausa en medio de un desierto. Seokjin odiaba tener que entrenar bajo el sol y no durante la tarde-noche, como lo hacían los demás soldados. Jungkook había dado la orden. Según él, porque poner a Seokjin en el grupo de los demás reclutas sería perjudicial para quienes ya llevaban semanas de entrenamiento. Por eso, Jungsu tuvo que usar parte de su tiempo libre para dedicarlo a adiestrar a solo un soldado: Seokjin.

Al menos Jungsu tenía más corazón y le permitía a Soekjin entrenar el arte del escape bajo sombra en lugar de exigirle pruebas físicas como ponerlo a correr interminables vueltas en el circuito de tierra. 

—Ya me di por vencido —admitió Seokjin, limpiándose el sudor de la frente con el codo. Estar a la sombra no significaba que no sufriera el calor.

Jin estaba sentado en paja y heno amarrado al poste desde la cintura, y su maestro estaba afilando sus armas un par de pasos más allá. Cuando notó que el tiempo pasaba y Seokjin no se liberaba, decidió acercarse a comprobar.

—¿Lo has intentado como te lo expliqué?

—Unas quince veces.

—Vamos... Si fuese real, sería una situación de vida o muerte. Intenta unas quinientas y luego di que te diste por vencido —lo regañó.

—Lo siento —se disculpó Seokjin, y nuevamente trató de manipular el alambre que tenía bailando entre los dedos de su mano izquierda para moverlo en la cerradura que lo mantenía aprisionado.

—Quizás debimos comenzar sin que estuvieses amarrado —se rascó la nuca.

—¿Dices que soy muy lento?

—No, no —se retractó—, a ver, déjame verte —Jungsu vio que Jin todavía intentaba mover el alambre dentro de la cerradura—. Recuerda: éste candado es pequeño así que debería tener no más de cuatro pasadores, siempre gira hacia la derecha, y aplica poca presión. ¿Cómo vas con la otra punta y el rastrillaje?

Se suponía que tras introducir la primera parte, Jin debía utilizar la otra punta para ayudarse a localizar los pasadores del candado.

—Lo intento de la forma en que dijiste, sin mucha prisa y manteniendo la presión, pero sería más sencillo si mi diestra estuviera libre.

—Si esto fuese real, probablemente tendrías las cadenas en ambas muñecas y las tendrías hacia atrás —resopló una risa—. Vamos, deberías liberarte en cualquier momento.

Jin fingió una sonrisa de alivio antes de seguir intentándolo. Jungsu le había explicado que con solo un alambre doblado de una forma particular, debería poder liberarse. Debía doblar el alambre a la mitad, y utilizarlo como llave de tensión. A continuación, debía usar la parte de la punta para rastrillar, esto es, para dar con los pasadores moviéndolo de arriba hacia abajo. Tras localizarlos, debía aplicar presión e intentar rotar el alambre simulando así el movimiento de una llave.   

Seokjin había accedido al ejercicio tras ver que Jungsu lo hacía en menos de dos minutos. Creyó que sería muchísimo más fácil, y aunque su Maestro le ofreció comenzar sin tener que quitarle la mano derecha, el orgullo de Jin fue mucho mayor y se negó. Ahora estaba arrepentido.
—No. Lo siento, no puedo —se rindió definitivamente.

Jungsu decidió liberarlo. Tomó la llave pequeña de uno de sus bolsillos y tras abrir el candado la muñeca derecha de Seokjin sintió paz al dejar de estar doblada en una posición tan incómoda.

—Creo que dejaremos lo del arte de escape para después, pero debes dominarlo. De otra forma no estarás listo para la ronda de demostración. 

—¿Eso qué es? 

—Es una especie de prueba que rinden todos los soldados en entrenamiento. La supervisan Jungkook, Su Majestad y yo. El objetivo es medir los progresos de cada hombre, ya que los que no demuestran alguno, son expulsados del ejército de Su Majestad —le informó Jungsu. Seokjin de pronto parecía preocupado—, sí. Nadie está exento de ser expulsado —recalcó el hombre de cabello negro.

—¿Y cuándo se realizará?

—En un poco más de dos semanas. Primero se realiza una demostración individual, luego, un enfrentamiento contra un compañero. Finalmente, los mejores son escogidos para combatir contra alguno de nosotros tres. El soldado es libre de escoger a su contrincante y tienen un duelo severo hasta que alguno caiga. 

—Es decir que si quisiera ¿podría enfrentarme contra Jungkook o también contra Su Majestad?

—Primero debes estar entre los diez mejores hombres, y créeme, la competencia es feroz. Tú apenas estás comenzando —el tono de Jungsu era neutral, pero Seokjin percibía que estaba desestimándolo—. Dame 30 flexiones —ordenó.

Seokjin suspiró. Su Maestro había sido claro: entrenar no sólo tenía que ver con lo físico. El ejército de Su Majestad estaba compuesto por hombres con enorme destreza tanto física como mental. Así que ya que había fallado en la prueba del candado, tocaba entrenar el cuerpo. Inmediatamente posicionó las palmas de las manos en el suelo respetando el ancho de sus hombros, y comenzó con las flexiones.

—No olvides contar —además, tenía la obligación de contar las repeticiones utilizando flores.

—Tres gazanias, cuatro gazanias, cinco gazanias, seis gazanias... —contó mientras hacia las flexiones.

Para el anochecer, Seokjin sentía que su cuerpo estaba molido.

El entrenamiento acababa con el inicio del ocaso, así que Jungsu lo liberaba para que volviese a sus actividades cotidianas. Seokjin había hablado con su Maestro de lenguas para que las lecciones comenzaran al finalizar su entrenamiento, así que se refrescaba un poco en el baño y luego acudía a su habitación donde lo aguardaba su siguiente clase.

—No te ves tan mal hoy —lo saludó Yoongi, su Maestro de lenguas.

Seokjin le sonrió como pudo, estaba sumamente agotado.

Su habitación tenía un pequeño escritorio, algunos muebles y una gran y cómoda cama. Las paredes tenían el mismo tapiz que las demás habitaciones de los encargados. Para un recién llegado todo aquello era un lujo. Así como Jin despertaba la admiración en algunos de sus compañeros, también despertaba la desaprobación de varios. No todos los encargados estaban felices de saber que un pueblerino recibía tanta gracia de parte de la familia Real.

Seokjin casi se arrastró hasta el escritorio para tomar pluma y papel.

Min Yoongi lo esperó con paciencia. Se trataba de un hombre de aspecto joven, con piel blanquecina y ojos y nariz pequeños. Yoongi tenía el cabello rubio platinado, casi blanco, era de contextura delgada y además bajo, pero el turbante blanco en la cabeza le daba un poco más de altura, su apariencia era la de un sureño. Su uniforme tenía bordados en verde y él usaba unos aretes de plata en las orejas. 

—¿Hiciste las actividades que te di? —preguntó poniéndose de pie junto al escritorio.

—Sí. El abecedario completo con cinco repeticiones entre mayúsculas y minúsculas. Creí que con saber nuestra lengua y latín sería suficiente, al menos se parecen. En cambio el tsenia me resultan garabatos —le mostró sus hojas a su Maestro.

—Debes practicar más el dibujo de las vocales —dijo Yoongi tras examinar el trabajo de su pupilo—. El tsenia es la lengua que se habla en Ormand, la región más al este del continente, y es casi tan grande como el Reino de Dárbiley. Las personas de Halvynus y Aram lo hablan también aunque no sea el idioma oficial. Desciende del celta gaélico —explicó con calma—. En Engymtum y Telior hablan latín, y al sur, nuestros vecinos de Tolbat y Paragum hablan eslavo. Puedes mirarlo del lado positivo: ya dominas dos de las cuatro lenguas que debes aprender.

—¿Cuatro? Pero creí que sólo debía aprender una más.

—Halvynus y Aram hablan su propia lengua, al igual que Asova. 

—¿Entonces debo aprender las lenguas de todas las regiones?

—No, tienes suerte de que en algunas se hable la misma —contestó Yoongi con una sonrisa. Luego, le mostró un mapa de uno de los muchos libros que tenía para dar sus clases—. Este es nuestro mundo. Los letrados hablamos al menos cuatro idiomas, puedes escoger cuál aprender. Tú ya dominas el latín y nuestra lengua, la que se extiende a lo largo del Reino. Pero fíjate —señaló un lugar en la nueva frontera—, el Imperio sigue en expansión. Nuestros vecinos del oeste y del sur hablan en sus propias lenguas. 

Seokjin examinó el mapa con cuidado.
—Entonces, ¿me estás enseñando tsenia porque se habla en más lugares?

—Sí. Si dominas el tsenia, podrás comunicarte con personas de Ormand, de Halvynus, y de Aram. 

—¿Y qué lengua hablan en Asova? —Seokjin recordó que Jungkook dijo que él venía de esa región.

Yoongi frunció el ceño.
—La lengua de Asova es árabe. Es difícil y desciende del hebreo, tienen otro alfabeto que no se habla en ningún otro sitio —al ver los ojos brillantes de Seokjin, temió lo peor—, ¿De verdad quieres aprenderla?

—Sí, de verdad —algo que había aprendido Jungkook probablemente no podía ser tan complicado—. ¿Cuántos idiomas hablas tú?

—Nueve —contestó Yoongi. 

—¿Y nuestro Rey?

—Seis: Nuestra lengua, latín, árabe, tsenia, eslavo, y zephyrion.

—El tsenia es de Ormand, el árabe de Asova, latín hablamos en Engymtum y Telior, y eslavo en Paragum y Tolbat —comentó Seokjin, haciendo un repaso de lo aprendido—, ¿de dónde es el zephyrion?

—Es una lengua antigua que se enseñaba únicamente entre los Nobles, y así se ha mantenido. Actualmente las familias de la nobleza pueden hablarlo, se les enseña desde pequeños. Nuestra princesa está aprendiéndolo.

—Dijiste que tú hablabas nueve, ¿sabes hablar zephyrion? 

—Estás viendo al maestro de Kyungmi —asintió—. Además de zephyrion, hablo criptano, que se habla en Aram, y también celestriaan, la lengua de Halvynus.

Seokjin se llevó las manos a la cabeza.
—Ya me dio migraña.

Yoongi soltó una carcajada, divertido.

—Por ahora enfócate en aprender a dibujar bien el alfabeto de tsenia. Luego comenzarás a estudiar árabe, pero créeme, desearás no haberlo elegido.

▒ ▒ ▒

—Mi Señor, la delegación de Canth llegará para mañana en el ocaso. Tal y como ordenó, Ilsung, el hermano de la Reina Consorte, adelantó su visita al Reino de Dárbiley —le informó Jungkook.

Taehyung estaba ejercitando en un duelo con espada, su oponente era Jungsu. El sol de media mañana brillaba radiante, y hacía resplandecer las imponentes armaduras reales. Jungkook se permitía hacer los anuncios pese a que su Rey estuviese ocupado pues éste lo había dejado en claro así. 

El sonido metálico de las espadas chocando y resonando, creaban una sinfonía de destreza marcial. A su alrededor, otros soldados se habían detenido a observar con respeto y admiración al comandante del ejército Real, quien se entregaba al arte de la espada. Con cada movimiento calculado, Taehyung demostraba una maestría innegable. Su espada cortaba el aire con precisión, trazando arcos elegantes y desviando los ataques de Jungsu, uno de los mejores soldados de todo el reino. 

Tras oír el comentario de su Mano, sonrió, sin dejar de mirar fijamente a su oponente.

—Estupendas noticias, Jungkook. ¿Doohwan viene también?

—Sí, Majestad. Estoy seguro de que su prometida se alegrará en recibirlos.

—Aymin estará muy contenta, sí —asintió Taehyung, antes de volver a atacar a Jungsu con más fiereza.

Cada movimiento era una danza, una exhibición de habilidad forjada a través de incontables horas de entrenamiento. El brillo del acero reflejaba la determinación en los ojos verdes del rey, cuyos movimientos eran fluidos y coordinados. La energía emanaba de su postura regia, pero también se percibía una humildad evidente en su disposición a perfeccionar sus habilidades, incluso en medio de su realeza. 

De un momento a otro, Jungsu debió retroceder y perdió estabilidad. Taehyung aprovechó ese momento y lo obligó a trastabillar. Jungsu aceptó la derrota al caer sentado al suelo y ver que su espada quedaba fuera de su alcance, en cambio la de Su Majestad estaba con la punta filosa apuntándole cerca de la barbilla. 

Enseguida, una ronda de aplausos selló el final del combate. Taehyung le sonrió a su contrincante y apartó la espada para extenderle una mano y ayudarle a ponerse de pie. 

—Excelente velocidad y fuerza, Mi Señor —Jungsu lo reverenció.

—Haz mejorado muchísimo Jungsu —lo felicitó Taehyung—. Tu dominio con la espada es bueno, pero sé que puede ser excelente.

—Continuaré mi entrenamiento, Majestad. 

El Rey asintió con la cabeza antes de voltear a los sirvientes que ya estaban tras él para ayudarle a quitarse la armadura. 

Jungsu era el Maestro de armas, y lo había conseguido gracias a su amplio dominio con diferentes elementos de combate. Dominaba a la perfección el arco y flecha, alabarda, espadas de dos manos, ballesta, daga y el martillo de guerra. También sabía pelear con la espada bastarda y con el hacha, pero no eran técnicas que manejase al mismo nivel que las demás.

Jungkook lo consideraba uno de los mejores soldados, y al ver su talento decidió ascenderlo a Maestro para que entrenase a los demás. Tener a alguien con las cualidades de Jungsu escondido en medio de una cuadrilla era un auténtico desperdicio, especialmente porque también tenía conocimiento en cerraduras y trampas. 

Taehyung respiró hondo con alivio cuando su cuerpo dejó de cargar con la pesada armadura. Enfiló hacia el interior del palacio y un grupo de sirvientes y Jungkook fueron con él.

—Que sirvan la cena en el salón de banquetes, mis cuñados llegarán cansados y seguramente hambrientos, el viaje desde Canth es de cinco días. Quiero que preparen habitaciones para los dos y para las personas que los acompañan —ordenó mientras caminaba.

—Los preparativos de las habitaciones están en marcha —contestó Jungkook—. Daré la orden de la cena de inmediato. ¿Algún pedido que desee en especial?

—Creo que es la primera vez que Doohwan visita la capital. Que sirvan los mejores platillos de nuestra región, le enseñaremos nuestra magnífica comida  —sonrió con orgullo.

—A la orden, Mi Señor —Jungkook asintió y luego se alejó del grupo para ir hacia la cocina.

Enseguida se corrió la voz de que los hermanos de la Reina Consorte visitarían la capital y el palacio. La cocina preparó una cena con diversos platos, acatando la orden del Rey. Jimin estuvo supervisando todo con sumo cuidado, Hoseok se hizo cargo de proponer el menú, y los demás, de preparar el salón de banquetes. 

Aymin estaba entusiasmada por volver a ver a su familia después de tantos meses. Era la primera visita de sus hermanos desde que se había mudado al palacio tras el compromiso matrimonial con Taehyung y la posterior campaña de conquista de Vélicus. Si bien los preparativos de la boda seguían su curso, era bueno recibir a sus hermanos antes de aquel día tan importante.

Seokjin no recibió ninguna orden relacionada con la cocina, en cambio, Jungsu le informó que tenía que seguir entrenando porque se acercaban las pruebas de combate. Los soldados se enfrentaban entre sí en uno versus uno para demostrar las destrezas adquiridas. 

La Reina Madre, Sayoung, preparó habitaciones extra para sus yernos. Era importante mantener una buena relación con los miembros de la familia Jarban, quienes indudablemente estaban contentos de ser parte de la familia real y obtener ascensos como gobernadores de sus regiones. Sayoung sabía que el puesto de gobernador de Vélicus le pertenecía ahora a Ilsung, el hermano mayor de Aymin. Era un puesto importante e igualmente riesgoso, mantener la seguridad fronteriza no era tarea tan sencilla. Ilsung tenía experiencia por haber gobernado Canth, región que ahora gobernaría su hermano menor, Doohwan. 

Sayoung no siempre estaba completamente de acuerdo con las decisiones de su hijo, el Rey. Por ejemplo, ella consideraba que Canth podría haber quedado en manos de la persona que Juwon había considerado. Durante la campaña que mantuvo a Taehyung y a su ejército en las afueras del Reino, Juwon, el hermano del difunto rey Seojoon y actual Duque de la región al sur, Zensand, tomó el rol de Protector del Reino. 

Kim Juwon era un hombre orgulloso que, como casi todos, procuraba su bienestar y el de su familia. Era ambicioso pero, por ser menor que Seojoon, nunca logró llegar al trono. Los hijos de Seojoon: Kyungdae, Shinsung, Taehyung y Kyungmi eran los que heredarían la corona. Dos de ellos ya estaban muertos, y ninguno dejó descendencia real que pudiese sucederlos. La corona ahora estaba en manos de Taehyung, y Sayoung tenía especial interés en que concretase su matrimonio y trajera al mundo al menos un heredero o heredera.

Con objeto de asegurar la continuidad del linaje real, Sayoung no intervino en la decisión de que Ilsung y ahora, Doohwan, fueran nombrados gobernadores. Quizás Doohwan era joven, pero tenía todo el respaldo de su padre, Dohneul Jarban, para acompañarlo. Es decir, difícilmente Canth dejaría de ser Canth, y más importante aún, su región continuaría abasteciendo al Reino de Dárbiley tal y como hasta ahora.

Sayoung también sabía que Ilsung sería el portavoz de Dohneul, así que tenía intenciones de invitarlo a almorzar en su mesa al día siguiente.

La llegada de la delegación fue un poco después del ocaso. 

Seokjin abandonó su habitación después de terminar las tareas que le había dejado su Maestro de lenguas, Yoongi. Inmediatamente notó que había demasiado movimiento en el Palacio, los sirvientes iban y venían a paso rápido por los largos corredores.

Ya que entrenaba y estudiaba a solas, cuando tenía algo de tiempo libre le gustaba ir a la cocina y visitar a sus viejos compañeros. Además, era una excelente forma de ponerse al corriente con las novedades del palacio.

Cuando entró, recibió algunas sonrisas y saludos de parte de algunos, la gran mayoría estaban tan ocupados que no notaron su presencia.

—¡Beth, Sky, hola! —saludó Jin cuando se detuvo cerca de los vestidores, entre las mesadas blancas y largas donde trabajaban quienes servían las bebidas y bandejas de comida.

—¡Hola, Seokjin! ¿Qué estás haciendo aquí? —Beth ladeó la cabeza con confusión. 

—¿N-no deberías estar en algún otro sitio? —murmuró Sky con duda.

—¿Debería? —el más alto los miró con duda.

—¡Por la llegada de la delegación de Canth! —dijo Beth, como si fuese algo obvio.

—¿Qué?  —Seokjin recordó entonces la noticia del nombramiento de los hermanos de la Reina Consorte que supo mientras servía las bebidas de ambos durante al almuerzo—, es cierto, el Rey ordenó que adelantaran su viaje. 

—Así es. Ahora es oficial, llegan esta noche, estamos preparando el salón de banquetes para recibirlos en la cena —le contó.

—Eso fue rápido, imagino que venir a la capital para ascender como Gobernador no es algo que ocurra todos los días —Seokjin volvió a echar un vistazo alrededor viendo todo el trabajo que había en la cocina—, ¿Dónde están Woonjae y Minlee?

—Los dos fueron asignados a la limpieza, luego Sky y yo serviremos las cosas. La comida está tardando más de lo esperado, así que nosotros todavía no tenemos nada para hacer.

—Sí, es extraño pero veo que algunos de ustedes están relajados mientras los demás corretean sin parar —observó Jin.

—Hoseok, el jefe de banquetes, tuvo un problema con uno de los platillos y tuvo que comenzar desde cero. Jimin está como loco por eso —le contó Beth entre susurros.

—Oh, vaya. Entonces debe estar de muy mal humor.

—¡Es terrible! —se quejó Sky, también en voz baja—. Además, tuvimos que llevar la comida mala al establo para que el encargado la utilice con los animales.

—¿Qué tenía de malo?

—S-según dicen, tenía demasiada sal...

Antes de que Sky pudiese decir algo más, Jimin apareció con su uniforme y su gorro. Miró a Seokjin de arriba abajo con el ceño fruncido.

—¿Qué estás haciendo aquí? —y sin darle tiempo a contestar, se dirigió a los dos de delantal azul—. Ustedes, vayan de inmediato a la despensa del viejo Meng y traigan las cosas del postre —le dio a Sky una lista pequeña.

—Pero pensé que el postre ya estaba listo —comentó Beth.

—¿¡Desde cuánto tienen permitido cuestionar lo que les ordeno!? —se escandalizó—, para tu información, Hoseok teme no terminar el último platillo así que quiere hacer raciones dulces extra para cubrirlo. ¡No estaría pidiéndoles que busquen más ingredientes para llevarlos bajo mi almohada! ¿O sí? —los miró de arriba abajo—, ¡Rápido, corran, largo! ¡Antes de que los envíe al calabozo por contestones! —hizo un gesto con la mano y tanto Sky como Beth se alejaron de inmediato.

Seokjin presionó los labios listo para marcharse.

—¿Y tú qué? —Jimin lo enfrentó poniendo los brazos en jarra y cerrándole el paso.

—N-nada... sólo pasaba por aquí.

—Lo único que falta es que venga una orden nueva y tengamos que rehacer todo, ¿Acaso el Rey te pidió cocinar esta noche?

—No, para nada —admitió Seokjin—, puedes estar tranquilo, no tendré que alterarles el orden esta noche.

—¡Ha! no necesitamos eso, ya nos pasó. El idiota del Jefe de Banquetes volcó el frasco con sal dentro de toda la preparación —se llevó una mano a la frente, afligido—, tuvimos que descartarlo todo y llevarlo a los establos. ¡¡Tanta comida desperdiciada!!

—Vamos, si los animales pueden comerlo entonces no están desperdiciando nada —comentó Seokjin, tratando de animarlo.

—Primero, el Encargado de los animales debe rebajarlo con agua o algo más para que sea comible para esas pobres criaturas. No podemos permitir que coman y se enfermen, ¡sería el colmo! ¡mi cabeza rodaría!

—Tu cabeza no rodará, Jimin. Están un poco atrasados, ya entendí, pero no es el fin del mundo ¿sabes?

—¡Eso lo dices porque tú le caes bien al Rey Taehyung y a su familia! La cocina es diferente, Seokjin, di-fe-ren-te. La comida siempre está impecable, es una ocasión muy especial. ¡¡Los Jarban están llegando al palacio!!

—Todo saldrá bien —Seokjin se permitió poner una mano en su hombro y presionarlo levemente—, Hoseok se está ocupando ¿cierto?, y habrá postre extra por si acaso. Tienes todo cubierto. 

—No se te ocurra divulgar afuera lo que pasó, ya es suficiente que deba cubrirme de la lengua de todos los de aquí adentro —Jimin miró por sobre su hombro en ambas direcciones.

—¿Temes que Su Majestad se entere? 

—¡Aunque fue responsabilidad del Jefe de Banquetes, si la noticia llega a nuestro Rey, me cortará la cabeza!

—No creo que Hoseok pueda hacerte algo así, me parece un buen sujeto.

—Hoseok no, pero su lacayo sí —luego, se acercó a Seokjin y le hizo un gesto para que éste se agachara y él pudiese hablarle al oído—, es un sujeto peligroso, te sugiero que no intentes nada que pueda enfadarlo. Y todo lo que perjudique a Hoseok lo enfada mucho.

—¿Qué?, ¿Por qué?

—Es su hermano... en realidad no, pero se criaron juntos después de que la familia de Hoseok lo adoptara cuando sus padres murieron debido a enfermedad. Ambos matrimonios trabajaban juntos, eran los encargados de los animales del criadero de un terrateniente. Una peste hizo que muchos de los animales se enfermaran y murieran, y luego se confirmó que podía contagiarse a los humanos. Fue demasiado tarde... eso mismo infectó a los padres de Hoseok, y murieron igual que los padres de Chungsao.

—¿Chungsao?, ¿Ese es su nombre?

—Todos lo conocemos como "La serpiente". Ya sabes, sigiloso, traicionero —explicó—. De alguna forma todos sabemos que no es alguien con quien debas enfrentarte. No teme mancharse, ya lo ha hecho en más de una ocasión. Es experto en hacer que las personas desaparezcan.

—¿"Desaparezcan"? —Jin entendió el mensaje implícito.

—Es el tipo de sujeto que hará lo que tenga que hacer para llegar hasta las últimas consecuencias. A Jungkook le agrada por eso.

—Espera, ¿Dices que ha hecho cosas como "desaparecer" personas y que Jungkook lo aprueba? —se atrevió a preguntar, pero sin levantar demasiado la voz.

—B-bueno, técnicamente no hay forma de probarlo... Pero todos sabemos que a Hoseok no le hace ninguna gracia. Quizás cuando eran niños se llevaban bien, pero ahora Hoseok no quiere tenerlo cerca. Aún así, La Serpiente se las arregla para amenazarnos si sabe que el trabajo de su hermano está en peligro. 

—Y Jungkook lo aprueba... —repitió Seokjin, meditabundo.

—Jungkook accedió a que permanezca aquí porque le da los trabajos sucios. Ésa es la verdad.

—Y todos lo saben.

—¿Estás loco? Lo que acabo de contarte lo sé por el mismísimo Hoseok, y nadie de aquí sabe del tema. Si te lo digo ahora, es porque creo que deberías tener cuidado.

—Oye, oye, yo ni siquiera trabajo aquí —Jin se defendió levantando ambas manos—, ¡Estoy todo el día entrenando!

—¿Crees que tu hazaña sobre el platillo que enloqueció al Rey es un secreto bajo las piedras? —lo cuestionó—. Todos sabemos lo mucho que Su Majestad elogió tu preparación. Si decidiera nombrarte mañana como el nuevo Jefe de Banquetes... ¿Qué crees que pasaría con tu vida?

Seokjin lo miró horrorizado.
—Eso es imposible. El Rey me dijo que no podía adquirir semejante responsabilidad, y por eso me mandó a entrenar como un soldado. 

—Pero eres el único que tiene permitido el acceso a la despensa de Meng, y por si fuera poco, la cocina recibió la orden de dejarte tomar el mando cuando Su Majestad lo ordene —ante el rostro confuso del más alto, añadió—. Yo que tú consideraría quedarme junto a los soldados.

Luego, le dio dos palmaditas en el brazo y se retiró. 

Seokjin se quedó un poco perturbado. ¿Jimin estaba siendo sincero y dándole un consejo, o sólo quería asustarlo? Tendría que indagar un poco más en el sujeto apodado "La Serpiente".

▒ ▒ ▒

A medida que la caravana de Canth avanzaba por el camino de entrada, los portones de la entrada principal se abrían lentamente, revelando la magnificencia del palacio en todo su esplendor. Los guardias, ataviados con uniformes regios, formaron una fila imponente para recibir a los invitados con reverencia. Ilsung y Doohwan eran de los primeros, cada uno montado en su caballo. 

Doohwan era un joven de cabello castaño lacio como el de sus hermanos, y con los mismos ojos verdes de su clan que se distinguían de los de la familia Real. Al ser el menor de los Jarban, tenía algunos rasgos joviales como su piel blanquecina inmaculada con apenas unos pocos rastros de vello facial, y su expresión de asombro mientras admiraba la arquitectura imponente del palacio que se alzaba ante ellos, con sus columnas majestuosas y sus detalles intrincados, testigos silenciosos de siglos de historia y ceremonias. Doohwan montaba un corcel marrón, y portaba su vestimenta de gala, un traje que tenía bordados de oro y un pañuelo blanco anudado a su cuello, signo distintivo de la vestimenta en los hombres de Canth.

Ilsung, su hermano mayor y quien iba a su lado, montaba un caballo blanco. Ilsung tenía cejas prominentes, mandíbula cuadrada y un rostro mucho más marcado por la sabiduría y la edad. Su cabello también era castaño, pero lo llevaba prolijamente más corto que Doohwan. Ilsung, al ser el primogénito de los Jarban, tuvo que cargar con todas las expectativas de sus padres durante muchos años mientras crecía como un hijo de una familia noble. Era un excelente comandante, un feroz guerrero, y un político hábil. Además, estaba felizmente casado con una mujer de buena posición en Canth, y ya tenía una hija. Ilsung era un hombre que iba a la acción, había aprendido a controlar su impulsividad con algunos errores típicos de la adolescencia y el duro carácter de su padre. Era respetado y querido por su pueblo y por quienes lo rodeaban.

El Rey, flanqueado por la corte real compuesta también por su madre, hermana y prometida, esperaban en un estrado especialmente preparado. Una alfombra roja se extendía desde la entrada hasta el trono, marcando el camino de honor para la delegación. Al llegar al estrado, la delegación era recibida con gestos amables y palabras de bienvenida de parte de Su Majestad, sellando así la importancia de la visita. El protocolo de bienvenida concluía con la entrada conjunta al interior del palacio, donde se llevaría a cabo una breve recepción formal antes de pasar a la cena en el salón de banquetes. 

Ya que se trataba del exterior, muchos de los Letrados podían atestiguar la ceremonia sin problema. Algunos permanecían atentos, pues querían ser testigos de la llegada de los visitantes. Las doncellas a cargo de la limpieza murmuraban entre risitas y cuchicheos tras ver a los hermanos de la Reina Consorte, dos jóvenes apuestos de buen porte. Los que se ocupaban de otras tareas, como algunos Maestros y miembros del Consejo Real, manifestaron su decepción al ver que en la delegación no había ni una sola mujer. Las mujeres de Canth eran hermosas, y muchos se entusiasmaban cuando llegaba alguna delegación para servir a la Reina Consorte, pues en algunas ocasiones podían ser asignadas a otros puestos fuera de sus aposentos. Lastimosamente, esta vez no sería así.

La recepción permitía que el Rey y su familia saludasen a los nobles a su gusto, con excepción de los niños. Taehyung abrazó con calidez a Ilsung y a Doohwan luego de que ambos se arrodillaran ante el trono de Su Majestad. A su izquierda, la Reina Madre recibió un beso de cada uno en su mano derecha, y finalmente ambos hermanos se reverenciaron ante la princesa Kyungmi. Cuando fue el turno de Aymin, ésta los abrazó con impaciencia y los ojos emocionados. 

Jungkook junto a la mayoría de los encargados del palacio, les dieron la bienvenida y les indicaron a los Jarban y a su gente dónde estaban las habitaciones y los baños, para que pudiesen refrescarse antes de pasar a la cena en el salón de banquetes. Los nobles comerían en la misma mesa. Los demás lo harían del mismo modo que los Letrados, cada uno en su habitación. 

Seokjin se lamentó por no tener excusa para estar cerca de todo el movimiento por los recién llegados. Si hubiese continuado su trabajo en la cocina, estaría llevando bandejas y jarras de bebidas alrededor de los nobles, pero ahora debía conformarse con permanecer en su habitación. 

Con un poco de decepción, se quedó encerrado como indicaban las normas. Recibió la comida y luego la dejó a un costado de la cama mientras se disponía a hacer algo que hacía sólo cuando estaba completamente seguro de que nadie podía interrumpirlo: tomar un cuaderno, y comenzar a escribir.

Seokjin empezó a anotar con lujo de detalles la nueva información que había adquirido recientemente, como el hecho de que Jungkook sabía sobre la presencia de un asesino en el palacio, y que lo usaba para trabajos de ese tipo. Todavía era algo a confirmar, claro, pero era un asunto grave. Seokjin se preguntó si Taehyung estaría al tanto de eso. Si la Reina consorte estaría al tanto de eso. 

Jin todavía desconocía muchas cosas del palacio y sus costumbres, y de la gente del Reino de Dárbiley. Lo que tenía muy en claro, era que existía la pena de muerte. Y que acusar a alguien sin pruebas podía llevarlo a la horca. 

Tendría que manejar el asunto con extremo cuidado si no quería acabar allí.


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MÁS PERSONAJES:

KYO JUNGSU, MAESTRO DE ARMAS

MIN YONGI, MAESTRO DE LENGUAS

JARBAN DOOHWAN, EL MENOR DE LOS HERMANOS Y GOBERNANTE DE CANTH

ILSUNG JARBAN, EL HERMANO MAYOR Y ACTUAL GOBERNANTE DE VELICUS

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