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"Capitulo 8"

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No podía decir que los pies le dolían, por que lo que realmente le dolía era el orgullo. Ver a Bill flotando por todo el lugar con diversión, subiendo el terreno rocoso sin sí quiera preocuparse mientras ella tenía que escalar todo lo que se ponía en su camino era humillante. Especialmente con la sonrisa del demonio cada vez que la veía batallar. Mabel sentía con toda su existencia que el triangulo ya-no-tan-triangular se burlaba de ella llevándola por el camino más difícil. Era un infierno.
De hecho, probablemente estaban en el infierno.

—¿Te diviertes, maldito?—

—Como no tienes idea, fugaz. Es increíblemente gracioso. Y es una venganza adecuada después de hacerme batallar tanto—

—Si. Como estoy tan feliz de que me hayan disparado—

—Si hubieses saltado, no hubiésemos tenido ese problema. Pero te acobardaste. Esas son las consecuencias, Shooting star.—

La chica murmuró un par de maldiciones, llegando a la cima del lugar, siguiendo al ser de energía hasta el lado contrario del tope. Bill entonces apuntó a un punto abierto, entre montañas de obscuridad y árboles que parecían más pulpos gigantes trans dimensionales que árboles.

—Ahí están los portales. Necesitamos llegar ya ahí. Así que me adelantaré, ¡suerte, fugaz!—

—¡Es-espera!—.

La súplica de la humana fue inútil. Bill se elevó por encima del terreno mientras Mabel veía con frustración como el contrario llegaba hasta el lugar indicado sin absolutamente ningún esfuerzo. Su mirada luego se dirigió a la parte de abajo, al camino que ella tendría que seguir, haciéndola dar un gruñido. Se acomodó su chamarra, y a pasos grandes continuó su aventura por el horrible lugar.

No era demasiado, por donde tenía que ir. Pero el tonto lugar tenía trozos de tierra flotando al azar, y las plantas de vez en cuando empezaban a moverse, lo cual no era bueno. En absoluto.

Para colmo su mochila la tenía Bill. Otra cosa por la que lo odiaba mucho.
Mabel maldijo en voz baja, apresurando el paso si quería salvar rápido a su familia. Bajando y pasando por entre el aterrador lugar, cubriéndose con su sudadera y pateando pequeñas cosas que, esperaba, fuesen piedras. Finalmente llegó al área donde estaba Bill, que se sentaba en el centro del aire murmurando algo.

—¡Cipher! Estoy aquí—.

El demonio la ignoró en favor de terminar lo que estaba haciendo. Justo en cuan to dijo la última palabra, frente a ellos aparecieron cuatro portales de color azul metálico, similar al fuego de Bill, quien había descendido hasta el suelo, volteándose a la castaña.

—Bien, te explicaré que hacemos aquí. Estos portales nos llevarán a cuatro distintas dimensiones. Donde encontraremos dos objetos y dos... les diré personas, solo para que comprendas.—

Ella contó con los ojos. —Pero dijiste que eran cinco portales—

—¡muy bien, no eres completamente peso muerto!— el demonio se burló de ella, ignorando su mirada molesta. —El quinto es el portal que usaremos para llegar al dominio de Sl- SC. No lo necesitamos por ahora.—

Mabel rodó los ojos, acercándose a ver los portales.

—¿a cual iremos primero?—

—Primero por ese,— señaló Bill al cuarto portal. —Ahí debe de estar alguien que nos ayudara a ir por el primer objeto. Que está en el primer portal. Después iremos al tercero donde estará alguien más, y finalmente iremos por el último objeto. Con eso deberíamos poder ir tras de SC eficientemente.—

—¿y como sabes que nos ayudarán?—

—Lo harán. No pierdas tu tiempo pensando en eso—

La castaña se encogió de hombros, caminando hacia el portal indicado. Se sentía una energía extraña en ese lugar. Como si la misma energía que mantenía el portal abierto le estuviese advirtiendo que debería mantenerse lejos. Casi se sentía una música dramática de fondo.

—Por los Pines— se dice a sí misma antes de dar El Paso y cruzar.

Se siente como una caída. Es raro por que no importa que ella esté caminando a través del agujero, el sentimiento es ese de una caída sin paracaídas. Revuelve su estómago. Sigue caminando, con confianza, por que sabe que Bill va detrás de ella. Un segundo portal aparece frente a ella, dejándola salir. Ella no lo duda un solo segundo, y salta a través de este.

—No te alejes, Shooting star.—

Mabel miró a su al rededor con curiosidad. Parecía un castillo viejo. Había luz eléctrica, eso si se notaba, pero también había velas y esos cuadros viejos y manchados de manera que apenas dejaban ver la pintura. Mabel se acercó a uno. Entre la suciedad apenas se podían ver siluetas de lo que ella suponía era una familia de cinco personas.

—Hey. Aléjate de ahí. Tenemos que apurarnos—.

Ella se vio confundida ante el tono brusco de su acompañante. Vio el cuadro una vez más antes de ir tras del rubio.

—Dios, parece que nadie ha pasado un plumero por aquí en años.—

—Es un ala abandonada del castillo. No me sorprende. Antes había mucha gente por aquí, pero hubo una guerra que mató a muchos seres. Con la poca gente que había no era necesario mantener todo el castillo.—

Mabel parpadeó. —¿y por que hubo una guerra.?—

—Por poder, mayormente. Había gente muy unida con poder y gente muy desastrosa sin poder. Todos son malos por naturaleza, Fugaz. Querían el poder de la gente cercana sin darse cuenta que ese poder venía de la unión. Solo mataron a muchas criaturas y se quedaron sin nada.—

—Suena trágico—

—Cada historia es trágica en su propia manera.—

—¿incluso la tuya?—

Él no contestó, dando la vuelta en una esquina, manteniendo El Paso apresurado. Una puerta enorme cerraba le pasó, pero Bill solo se acercó a esta y forzó la cerradura con magia. Ya iban los dos muy confiados entrando cuando varias armaduras con lanzas aparecieron frente a ellos, deteniéndolos.

—Bueno, Bueno, Bueno. ¿Que tenemos aquí?—

Bill suspiró. —Vamos. No te queda ese inicio. Ese es mi inicio.—

—Cállate, Bill. Me queda genial.—

Mabel entrecerró los ojos para ver con claridad. Una chica con vestido formal, y botas y guantes y una sombrilla en mano caminando hacia ellos, un solo ojo, el izquierdo, brillando con serenidad. Todo en ella de color rojo o negro, aparte de la piel que se veía casi blanca.

—¿y esta niña?—

—Ah, si. Ella es la Estrella fugaz de esta época en mi zodiaco. Se llama Narvel. O algo así—

Mabel lo codeó con fuerza.

-¡Hey!-

Ella extendió su mano hacia la contraria. —¡Mabel, mucho gusto!—

La contraria solo vio su gesto con una mirada grosera, volteándose al demonio amarillo con duda.

—Es muy animada y caótica. ¿Me la puedo quedar?—

La demonio frente a ellos solo suspiró, sobando el Puente de su nariz, dándose la vuelta.

—Adelante, Bill. Tenemos mucho de que hablar.—

Mabel frunció las cejas, devolviéndose su mano y mirando a su acompañante con frustración.

—¡bienvenida a la dimensión N-cuatro mil novecientos ochenta y dos. Esa es Jill. Mi hermana. ¿No es un angelito?—

Mabel miró al infinito, esperando a ver si algo llegaba y la mataba de pura suerte. Pero bueno. No es como que la suerte estuviese de su lado...

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