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VII

El paso del tiempo lo hizo más fuerte

Batallas y triunfos marcaron su suerte

Retorna como héroe a su querido hogar

Sin saber que su historia está por comenzar


El océano, tan extenso e imponente, es el perfecto ejemplo de la dualidad del universo, la mezcla entre ferocidad y calma, entre furia y alegría, entre vida y muerte.

Eso era lo que a él le encantaba pensar mientras viajaba, buscando cualquier excusa para subirse al mastín hacia alguna de las velas, o cuando se iba hasta la punta de proa, sólo para observar ese bello océano, el mismo que ahora surcaba para volver a la tierra que lo rescató.

El viento soplaba su cabello, haciéndolo sentir tan libre y lleno de vida, miraba el horizonte con especial esperanza, dejándolo a la expectativa.

- Cálmate, ya vamos a llegar –le habló su mejor amigo con una sonrisa.

Él le devolvió la sonrisa, aunque siguió visualizando el panorama, no podía evitarlo, estaba curioso. Su mentor lo llamó para que fuera a la cabina a traerle unas cosas, a lo que obedeció de inmediato pese a que eso significase despegar sus ojos del mar, quizás no debió haberlo hecho, o al menos no haberse tardado tanto pues, justo cuando entró al camarote indicado, uno de los marinos profirió el grito tan esperado: "Tierra a la vista".

Él tomó un breve respiro antes de volver a la realidad, cumplió con la tarea que se le fue asignada y, una vez en cubierta, se fue al extremo de la proa, aquel pedazo de terreno se agrandaba a la vista, se podía distinguir parte del muelle, ese muelle que había abandonado hace doce años atrás, desde donde estaba se lograba percibir el aroma de esa brisa del Este tan característica, sonrió ampliamente, sacando a relucir ese hermoso medallón de su infancia que colgaba siempre oculto en el pecho y, apretándolo con fuerza, se dejó envolver por la atmosfera creada.

- Estoy de vuelta –declaró Messi en voz suave, como aquel que había dado por cumplida su promesa, aquella que había hecho hace tantos años.


***


El desembarco no fue nada extraordinario, los minutos pasaron desapercibidos a medida que avanzaban, los tres: Messi, Suárez y Puyol, se mantuvieron juntos dentro del tumulto de Caballeros recién llegados, sin percatarse de nada más allá de su agradable plática y los recuerdos que el lugar evocaba en sus memorias. Fueron recibidos primeramente por jóvenes escuderos con caballos ensillados, ninguno de los hombres conocía a aquellos muchachos, pero bien que los mismos habían oído sobre ellos porque no dejaban de susurrar entre sí y, uno que otro, se sonrojaba por estar ante sus ídolos.

La cabalgata se realizó en lotes organizados, encabezados por los Guardianes principales, entre ellos Guardiola, seguidos muy de cerca por los otros soldados. El júbilo reinó en las calles del pueblo, familias enteras, niños y hasta párrocos se asomaban a las puertas de sus casas o edificaciones para aplaudirles al pasar, sabían quiénes eran, lo que hicieron, eran héroes de guerra que regresaban a casa después de tanto tiempo, y merecían una buena bienvenida.

Los Caballeros saludaban a la multitud, algunos con más timidez que otros, aunque era indudable que ninguno podía evitar contagiarse con la alegría del entorno. Los tres amigos se mantenían siempre juntos en el medio de la caravana, Carles observaba a todos con regocijo, tratando de estrechar la mano de algunos conocidos y riendo con ellos, Luis también tenía esta actitud extrovertida aunque se ruborizó en el instante que vio a una adorable chica rubia sonriéndole, lo que motivó algunas bromas de los otros soldados.

Llegaron a las caballerías, donde un caluroso y sentido aplauso les dio el saludo, manteniendo la misma aura de gozo que en el pueblo. Los soldados bajaron de sus caballos y se pararon en el centro de la edificación, donde uno de los Guardianes principales les felicitó públicamente y les dio la bienvenida a casa, desatando otro sinfín de vítores y cumplidos. Lionel miraba a su alrededor con especial asombro, sonrojado por lo especial del momento y, a su vez, perdido entre tantas caras nuevas.

Finalizadas las aclamaciones, cada quien tomó rumbo a sus respectivas bóvedas para desempacar y descansar, después de todo, el viaje les había dejado exhaustos. Los tres amigos recorrieron la construcción de piedra con nostalgia, llegando finalmente hasta la morada de los azulgranas, su añorada fortaleza de la infancia. Los mantos azules y granate aún colgaban de las paredes con orgullo, la fogata de la chimenea en el fondo y la gran mesa donde algunos Caballeros conversaban, aunque dejaron lo que estaban haciendo sólo para fijarse en los recién llegados. Grandes sonrisas aparecieron en los rostros de los presentes.

- ¡MUCHACHOS! ¡REGRESARON! –gritó Gerard con exaltación, corriendo hacia los tres y envolviéndolos con sus largos brazos.

A esta acción se les sumaron Mascherano, Xavi, Iniesta, Jordi Alba, Pedro Rodríguez y Sergio Busquets; sus antiguos compañeros de la niñez dentro de los azulgrana, claro, ahora ya no eran aprendices, mucho menos infantes, pero conservaban ese mismo espíritu de fraternidad de siempre. Leo se sintió muy feliz: al fin volvía a estar junto a sus hermanos.

Las charlas de reencuentro no se hicieron esperar, todos estaban ansiosos por saber qué había sido de sus vidas en estos doce años, qué había cambiado y qué permanecía igual. De primera mano, se notaba el primer cambio, los nuevos colegas: Iván Rakitic, Sergi Roberto, Marc Bartra, Marc André Ter Stegen, Arda Turán y Rafael Alcántara "Rafinha"; la mayoría de ellos, en especial los más jóvenes, aún estaban en la fase de aprendices. Lionel, Luis y Carles los saludaron amablemente, aunque para nada se esperaban el derroche de admiración de aquellos muchachos, que se puede decir, aún no se acostumbraban a ser tildados de "héroes", en especial Leo, quien mantuvo una cara enrojecida de timidez en gran parte de la velada.

- Ahora sí –intervino Puyol dejando caer un tarro de cerveza en la mesa para que le prestaran atención- Hay algo que de verdad me sorprende... Geri, ¿cómo es posible que siendo tan bocón aún sigas vivo? –expresó a modo de broma lo que hizo estallar de risa a todos los presente.

- Ja, ja, qué gracioso –mencionó Piqué sarcástico pero con una sonrisa- Para tu información ya he madurado.

- Si claro, eso no te lo crees ni tú –intervino Xavi- Incluso ahora que eres Caballero sigues siendo el mismo inmaduro de siempre, me compadezco de tu futura esposa, en serio –más risas.

- Bueno, ya que ninguno quiere dejar de molestarme, considero mi deber contarles a los recién llegados todo lo que ha pasado en estos doce años, y así ustedes pueden continuar con sus burlas... -vociferó Geri haciéndose el herido.

- Qué exagerado –rió Puyol.

- En fin... Todos nosotros somos Caballeros Azulgranas, a excepción de Xavi e Iniesta, que son Guardianes, y los pupilos: Rafinha, Sergi, Ter y Marc... ¿No es así, pequeño Marc?... -dijo Piqué en tono meloso agarrándole la mejilla al aprendiz alto de ojos claros, a lo que esté respondió tratando de alejarse entre risas- Le estoy enseñando cosas, para que aprenda a ser un buen Caballero.

- Pobre muchacho –intervino Luis, las carcajadas no se hicieron esperar.

- Felicidades, no sabía que eran Guardianes, es un gran honor –dijo Leo dirigiéndose a sus compañeros con una sonrisa.

- Sí, Xavi es uno de los escoltas de la Reina, y Andrés del Duque, mientras nosotros patrullamos la zona Este.

- ¿Y cómo les ha ido? –interrogó Luis entre risas.

- Es buen trabajo –dijo Mascherano- el Este es tranquilo, lo más que se puede escuchar es la risa de burros de Jordi y Geri –más carcajadas.

Continuaron en esta magnífica charla por horas y horas, tanto así que ni se percataron que había anochecido. Lionel no podía dejar de sonreír, hacía tanto que no se divertía así. A pesar de que habían crecido, y que probablemente muchos de ellos tenían familia, eran los mismos chicos que dejó atrás.

Los nuevos también le cayeron muy bien, algunos eran elocuentes y otros más bien tímidos, era de esperarse ya que eran de los más jóvenes. Bartra permanecía junto a Sergi, escapando de las bromas de Piqué, aunque no podía evitar reírse con ellas; Turán se unía a las charlas contando chistes malísimos, que daban risa por lo malos que eran; Rakitic estaba junto a Jordi Alba; mientras Ter Stegen acompañaba a Rafinha, aunque hubo un instante en el que Alcántara simplemente se perdió del sitio, muchos no le prestaron atención a eso, decían que era normal en él.

Cuando la noche empezaba a asentarse recibieron una visita especialmente inusual de parte de un muy conocido Guardián Real, el principal de la Reina: Iker Casillas. Xavi lo recibió con un abrazo, habían hecho buenos lazos después de años de custodiar a la Reina. Los demás lo saludaron cortésmente, a pesar de que era un merengue, despertaba un gran respeto y admiración entre los presentes.

- Me alegra que hayan vuelto, Realbar está agradecida con ustedes –mencionó Iker dirigiéndose a Leo, Carles y Luis, a lo que estos asintieron en agradecimiento- Traigo un mensaje de parte de la Reina Victoria: mañana se celebrará un gran banquete en honor a los que regresaron de la guerra, será en el gran salón del castillo, contará con la presencia de ambos príncipes, así que no falten –declaró sonriente, aunque en ese instante la expresión de Messi se puso rígida.

- Excelente Iker, gracias por el aviso, buenas noches –contestó Puyol dándole un fuerte apretón de manos. Acto seguido, el Guardián abandonó las estancia.

El resto de los azulgrana felicitó a los tres recién llegados y reanudaron sus pláticas, eso sí, ahora Leo se encontraba absorto en sus propios pensamientos, sin prestarle atención a los temas tratados, en las cuales Luis solicitaba información sobre la chica rubia que le sonrió durante la caravana.

- ¿Leo? ¿Estás allí? –preguntó Gerard chasqueando los dedos delante de su cara para espabilarlo. Cuando el pequeño reaccionó, se percató que sólo quedaban el ojiazul y él en la mesa, mientras el resto recorría el pasillo hacia sus respectivas habitaciones.

- Sí, Geri... ¿Qué decías? –mencionó el menor un tanto avergonzado.

- Te decía que ya es muy tarde y que deberíamos ir a dormir.

- Ah, disculpa, estaba distraído.

- Ya me di cuenta... Apenas mencionaron al Príncipe y te fuiste por completo –dijo con una sonrisa pícara mientras el otro se sonrojaba.

A ciencia cierta, nadie sabía del romance (si a eso se le pudo llamar romance) que tuvieron Leo y Cris, sin embargo, algunos sospechaban que su relación iba más allá de una simple amistad, en especial Piqué, que era muy perceptivo con estas cosas y, a raíz de la reacción de Messi al simple nombramiento del soberano, supuso que aún seguía guardando sentimientos hacia él.

- Podemos hablar de ello si quieres –le sonrió Gerard, acomodando la silla para quedar de cara a la chimenea de piedra, acción imitada por Leo.

- Sólo quiero saber cómo está y qué tanto han cambiado las cosas –dijo el menor mirando fijamente al fuego.

- Él está bien, es el futuro Rey, cómo no estarlo –bromeó, logrando sacarle una risa a su acompañante- En cuanto a cambios, no sabría decirte, no tengo mucho contacto con él desde que dejó los entrenamientos a raíz de la muerte del Rey Santiago, lo único que sé es lo poco que comentan Xavi o Iniesta... Aún no tiene esposa, cosa extraña considerando su edad, y sale a cabalgar por las llanuras de vez en cuando... Del resto no sé mucho.

Leo se sintió aliviado al saber que estaba bien y, aunque le costó admitirlo, de que no tenía esposa, como si de un halo esperanzador se tratase, sin embargo, se sintió triste al conocer que había dejado los entrenamientos y, por ende, que no había podido realizar su sueño de ser un Caballero.

- Cuéntame más sobre la familia Real... -mencionó el menor de la nada, aún sin despegar su visión de las llamas.

- Bueno... Como dijo Iker, ahora Victoria es la Reina, Lady Catalina es su Consejera, y Neymar... pues, él es un verdadero dolor de cabeza –mencionó con cierto desdén a lo que Leo sonrió.

- ¿Neymar? ¿El pequeño Ney? –preguntó incrédulo viendo la cara del ojiazul.

- Ya no es tan pequeño, y sí, es un dolor de cabeza... Al menos eso me han contado... Verás, el niño suele fugarse de noche, a pesar de que su madre tiene prohibida esas salidas... Siento pena por el viejo Robin.

- ¿Quién es ese?

- Su Guardián principal, el viejo Robin... No sé si lo conociste, era uno de los guardianes custodios del Rey Santiago, luego pasó a ser el protector del menor de los Príncipes, pero sí que las ha pasado duras... Me cuentan que nadie nunca lo ve cuando se escapa, que simplemente desaparece y reaparece al día siguiente, es como una sombra, y el pobre de Robin ni cuenta se da, ojalá que no le vayan a cortar la cabeza por culpa de ese condenado Príncipe.

- No me digas, ¿otro Príncipe que no te cae bien? –bromeó Leo a lo que Piqué carcajeó.

- De verdad, si alguna vez me toca ser Guardián espero no tener que cuidarlo, ahí si me tendrán que cortar la cabeza por algún insulto o algo así... -más risas.

- Hablando de eso, ¿cuáles son los otros Guardianes de la familia Real? –preguntó Leo con curiosidad.

- Bueno, como ya sabes, Iker y Xavi cuidan a la Reina, Iniesta custodia al Duque y el odioso de Ramos es su principal; el viejo Robin es el de Neymar como ya te dije y, si mal no recuerdo, Pepe cuida a Cristiano.

- Hay mayoría merengue, ¿cómo permitieron eso? –ironizó Leo apelando al gran desprecio que el alto profesaba hacia la otra división de las Caballerías.

- Eso fue gracias al último torneo, ellos nos aplastaron, debías haber estado aquí, lo habrías hecho trizas –Leo sonrió- Quizás para la próxima puedas hacerlo, la siguiente competencia será dentro de unos meses, y voy a participar, obviamente... Quiero partir muchas caras merengues...

- ¡Gerard! –gritó Puyol, apareciendo de la nada de uno de los pasillos- Deja ya tu odio sin sentido y mejor anda a dormir.

- Sí, papá –respondió Piqué, haciendo que Leo se partiera de risa- ¿Vienes Leo?

- En un rato Geri... Buenas noches- le contestó con una sonrisa mientras el más alto acompañaba a Puyol al fondo del pasillo, apenas si le escuchó el "Buenas noches Leo".

Ahora la sala permanecía en total quietud, la única fuente de luz eran las llamas de la chimenea a la cual Lionel miraba fijamente mientras asimilaba toda la información que había recopilado, además de prepararse psicológicamente para lo que vendría mañana. Era algo de lo que no se podía zafar, tendría que verse con Cristiano después de doce años de ausencia, era lo que más había esperado desde el instante en el que se subió al barco que lo devolvería a Realbar, era lo que había soñado cada noche desde que partió, sin embargo, cuanto más cerca lo tenía, más nervioso se sentía, como si su sangre se helara de miedo y paralizara todo su cuerpo. No sabía cómo Cris reaccionaría al verlo, ni siquiera sabía cómo reaccionaría el mismo al ver a Cris, ni siquiera pasaban por su mente las palabras que le diría, y eso que se las venía guardando desde hace doce años.

Las llamas continuaban su danza natural, contoneándose al son de la más mínima brisa, y Leo seguía allí, ansioso por el mañana y el encuentro con su amado, ordenando sus pensamientos uno por uno para poder expresarle de la mejor manera todo aquello que sentía hacia él, era el momento de hacerlo, sólo esperaba que, en esta ocasión, el resultado fuese mejor... Oh, cuánto lo deseaba...


***


La cocina del castillo estuvo abarrotada de sirvientes desde bien temprano, cocineros iban y venían, trayendo carnes y pescados de los más exquisitos, haciendo que de las ventanas despidiera un olor tan delicioso que llegaba hasta el mismísimo puerto. Ninguno tuvo descanso, limpiaban afanosamente los pisos, las esculturas, los muebles, sacaban el hollín de la chimenea y acomodaban las mesas.

Todo debía estar en perfecto orden, cada cosa en su lugar, cada detallito aunque fuese el más chiquito, como si de una tacita de plata se tratase.

Cristiano se encontraba en el salón, supervisando las labores, aunque ciertamente no le prestaba mucha atención, hasta que algo, o más bien alguien, se dirigió hacia él con una voz somnolienta que, de inmediato, le hicieron fruncir el ceño.

- ¿Tenemos fiesta hoy o qué? –era Neymar, quien se acababa de levantar.

- Es el banquete para los héroes de guerra, del cual te habrías enterado sino te hubieses despertado tan tarde por andar escapándote de noche, de nuevo.

- ¿Cómo sabes que me escapé anoche? Pude haber estado dormido tranquilamente en mi cuarto –agregó el menor 'haciéndose el loco'

- No soy tan estúpido Neymar.

- En fin, ¿por qué estás aquí? ¿No se supone que nuestra madre supervisa esto?

- Madre está ocupada cuadrando el viaje de nuestro padre y también atiende al tío Alberto.

- Dime que por fin se va, no aguantaría otra cena con su risa chillona –vociferó Ney, sacándole una sonrisa a su hermano.

- Mañana temprano junto con papá; él aprovechará para llegar hasta Aletisea y de allí a su destino, así se le hará más fácil el viaje... Además, no deberías hablar así de tu futuro suegro –rió Cristiano, aunque a Ney no le hizo chiste.

- Primero mamá y ahora tú, ¿de veras quieres molestarme tan temprano?

- Di lo que quieras hermanito, pero es obvio que vas a terminar casándote con Bruna.

- ¿Ah sí? ¿Y por qué no te casas tú con Bruna? –replicó el menor con los brazos cruzados.

- Ella es muy joven para mí, además tú te llevas mejor con ella que yo –el mayor volvió a reír, lo que le costó un codazo de parte de su hermano que pronto terminó en una batalla de cosquillas a lo que ambos carcajeaban sin parar ante la mirada extrañada de algunos sirvientes chismosos.

- Veo que están muy entretenidos –mencionó el Rey Alberto apareciendo de la nada, con una sonrisa de medio lado en su rostro.

Los dos príncipes dejaron las risotadas en ese instante y se separaron, mientras el soberano aletiseano proseguía.

- Sobrino Ney, ¿cómo estás? Pareces recién levantado –Alberto soltó una carcajada mientras Neymar fingía una sonrisa.

- Si me disculpan, iré a mi alcoba –mencionó educadamente el menor a tiempo que se alejaba.

- Recuerda arreglarte, debes estar en el banquete –agregó Cristiano antes de que se fuera, a lo que su hermano respondió con un incrédulo "¿Qué?" – Órdenes de madre –entonces el menor se marchó resoplando con resignación.

- Muchacho rebelde ¿no? Yo también era así a esa edad –volvió a sonreír de lado- ¿Te molesta si caminamos un rato sobrino? Quisiera hablar contigo.

- Claro tío –contestó Cristiano cortésmente, aunque manteniendo una expresión seria, con la espinita de la desconfianza clavada en su interior.

Ambos salieron del salón hacia el patio, recorriendo los jardines a paso lento. Orquídeas, gardenias, dalias, girasoles, claveles, narcisos y rosas daban los toques coloridos entre un mar de arbustos y árboles bien podados.

- ¿Sabes? Eres muy sagaz querido sobrino, bastante observador, sin duda eso te hará un gran Rey algún día... Sé que mis respuestas ayer no fueron muy satisfactorias, pero, ya que estamos en confianza, puedo aclararte lo que pasó con los catarcos y, déjame decirte, tuviste razón, ellos no se fueron así como así de mis tierras, tuve que ofrecerles algo más a cambio.

- Y, ¿qué fue eso que les ofreció? –preguntó Cristiano, mirándolo desde el velo de la suspicacia.

- Una alianza entre nuestras familias: Matrimonio –sonrió de nuevo- Mis dos hijos con dos de las hijas del Jefe catarco –Ronaldo lo miró con cierto asombro.

- Y, si eso era todo, ¿por qué no lo anunció ayer en presencia de la Reina? –volvía a sospechar, algo simplemente no le cuadraba.

- Muy sagaz, sobrino, muy sagaz... Aún no se va a consumar la unión, las hijas del Jefe no tienen la edad, pero el tiempo pasa muy rápido, así que cuando se aproxime el momento se los haré saber... Lo que sea para mantener la paz, ¿no crees? –agregó con su típica sonrisa de lado que sólo acrecentaban las sospechas de Cristiano aunque, conservando la cortesía de la diplomacia, asintió fingiendo júbilo.

- Lo que sea para mantener la paz, tío... -hizo una momentánea pausa, queriendo preguntarle sobre el asunto de los invasores en la frontera, no obstante, el aletiseano prosiguió su charla.

- Hablando de matrimonio... ¿Qué hay de usted sobrino? Sinceramente, me parece muy extraño que aún no tenga una esposa... Digo, usted es un buen partido, es atlético, fuerte, inteligente... ¡Todo lo que un futuro Rey debería ser! Deberían lloverle damiselas por doquier, de seguro cualquier noble está buscando que su hija se case con usted.

- La verdad no estoy muy interesado en eso por ahora –contestó Ronaldo restándole importancia y siguiendo su camino, no era un tema que quería tratar, y menos con su tío.

- Pero, ¿cómo no va a estar interesado en eso, sobrino? Ya está en edad y podría tener a la doncella que quiera, yo mismo ofrecería a mi Brunita sino estuviera tan jovencita –rió, esto no le hizo ni pizca de gracia a Ronaldo- Aparte, aquí entre nos, la gente empieza hablar, ya sabe cómo son, siempre inventando rumores de los más ruines, cuestionando sus afecciones y todo eso...

- Y usted parece creerles por lo que veo –interrumpió el Príncipe con el semblante serio, a lo que el Rey aletiseano contestó con una risa nerviosa.

- ¿Yo? ¡Cómo cree eso sobrino! Más bien me provoca cortarles la lengua a todos esos charlatanes por atreverse a inventar semejantes barbaridades, son una vergüenza, escoria, son...

- Tío, basta sí –volvió a interrumpir Ronaldo, harto de las sandeces de Alberto- No vale la pena seguir hablando de ellos, ahora, si me disculpa, debo seguir supervisando los preparativos del banquete.

- Por supuesto sobrino, entiendo –asintió el aletiseano.

Cristiano dio media vuelta y se marchó de inmediato, retomando su posición en el gran salón. La verdad es que esa charla lo había dejado con más intriga que el día anterior, es decir, había un asunto sumamente extraño que rondaba a su tío, algo que no le generaba la menor confianza, ni la unión matrimonial con los catarcos, ni el tema de los invasores, ni siquiera los supuestos rumores, que más bien parecían reflejar las verdaderas percepciones de su tío hacia él, algo que no le importaba mucho pero que, para fines políticos, era una cuestión bastante delicada.

Y, cuando los sirvientes dejaron la estancia totalmente pulcra, el mayor de los Príncipes realbareanos se dirigió a su alcoba, era momento de arreglarse para la ocasión. Se vistió con ropas color bermellón, se colocó su corona dorada y, cuando estaba prácticamente listo, se miró en el espejo.

Observó su reflejo con detenimiento, instintivamente posó su vista en el cajón con sus añoradas cartas y, de repente, pareció congelarse en el tiempo. Había evitado pensar en Leo en todo el día, lo estaba haciendo muy bien hasta ese preciso instante ("Gracias, maldito cajón", pensó para sus adentros).

Es decir, probablemente lo vería de nuevo durante el banquete, después de tantos años... Tantos años en los que aún no se hallaba a sí mismo en una tempestad de emociones. Era obvio que lo extrañaba con el alma y que, pese a la distancia, aún lo amaba, asimismo, también le guardaba un profundo resentimiento y rabia; estos sentimientos contrastantes le hacían doler la cabeza, él pensaba que probablemente enfermaría pronto, ¡cómo una persona puede vivir con semejante dilema! ("Maldito Leo", volvió a deliberar internamente).

Pasaron los minutos y él continuaba parado frente al espejo, hasta que fue interrumpido por el sonido de las trompetas, que anunciaban la cercanía del evento. Lo primero que hizo fue buscar a su hermano quien, para su sorpresa, aún no estaba listo.

Cristiano empezó a tocar la puerta de su habitación con impaciencia, profiriendo sermones sobre la impuntualidad combinado con uno que otro insulto, hasta que, por fin, Neymar salió de su cuarto. Vestía un ropaje similar al suyo, solo que de color esmeralda con arreglos amarillos, resaltando así sus ojos y, a diferencia de su hermano, él no portaba corona alguna.

- ¿Cómo es posible que no hayas estado listo a tiempo? ¡Te fuiste a arreglar hace horas! –expresó Ronaldo con severidad, a lo que su hermano sonrió.

- Me distraje un poco –dijo, encogiéndose de hombros y frotando sus manos ansiosamente, no era algo muy habitual en él, lo que despertó inquietud en el heredero al trono.

- ¿Estás bien? Te noto nervioso.

- Sí lo estoy, es que... -hizo una pequeña pausa- Es que no sabré qué hacer, es decir, tú eres el experto y yo soy nuevo en esto... Sólo no quiero hacer el ridículo –Ronaldo sonrió.

- No lo harás... Te explicaré: el protocolo es muy sencillo, esperamos a que todos los Caballeros lleguen, nos sentamos en la mesa principal, daré un discurso, ellos se juramentarán, brindaremos, comeremos, y eso es todo.

- ¿Entonces que me toca a mí?

- Tú sólo permanece en tu asiento y sonríe, si alguien quiere saludarte le respondes igual, y puedes decir algo como: "Gracias por sus servicios" o "Realbar está en deuda con ustedes", o cosas así, lo que se te ocurra.

Neymar asintió, asimilando cada palabra que decía su hermano, al menos no tendría que dar un discurso, lo que era una bendición para él. En ese instante sonó un segundo trompetazo, significaba que ambos soberanos debían aproximarse al gran salón para recibir a los héroes de guerra, que ya debían estar allí.

Cristiano y Neymar caminaron por los pasillos a paso medio, ambos con un nudo en el estómago por razones bastante disímiles: uno por los miedos naturales atribuidos a todo novato, de esos que no te permiten pensar en nada más (como el león del sueño o el Caballero castaño, por ejemplo); y el otro, pues, ya deben saber la respuesta... Es la misma razón de siempre, con nombre y apellido...


***


Lionel, Carles y Luis ingresaron al castillo al primer toque de la trompeta, junto al lote de Caballeros que regresaron con ellos. Todos portaban el mismo uniforme de cuero negro y marrón, con el que se identificaba a los 'héroes de guerra'.

Los tres amigos tomaron asiento en una de las mesas más cercanas a la pared, de manera que pudieran tener una vista panorámica de lo que acontecía a su alrededor. Al frente de cada puesto se hallaba una copa vacía y un gran plato, además de algunos candeleros.

A Leo le llenaba de gran nostalgia estar en ese lugar, eran tantos recuerdos de una infancia y adolescencia feliz y, por supuesto, se hizo presente la imagen de su querido Cristiano.

Sonó el segundo trompetazo, ya los presentes se alistaban para lo que venía, varios sirvientes aparecieron para llenar las copas con vino, entre los cuales se encontraba la misma chica rubia que apenas ayer había llamado la atención de Suárez.

- Mira, ahí está tu novia –le susurró Carles a un muy sonrojado Luis.

Leo sonrió ante tal escena, aunque su sonrisa se borró en cuanto los criados terminaron de servir el vino, dando paso a un tercer trompetazo acompañado de una melodía corta con el mismo instrumento que hizo que todos los Caballeros, incluyéndolo, se pusieran de pie, cada uno con la vista fija en el fondo del salón. Él simplemente no quería mirar hacia esa dirección, pero no pudo evitarlo.

Un anunciante apareció de la nada, en compañía de otras cuatro figuras, cuatro hombres para ser exactos. Los dos del fondo con uniforme de Guardianes, y los otro dos con ropajes lujosos de color verde y granate, respectivamente. Uno de ellos hizo que el corazón de Leo se paralizara.

- Hace acto de presencia el príncipe Cristiano Ronaldo Dos Santos, el primero con el nombre, hijo primogénito de la Reina Victoria I y legítimo heredero al trono de Realbar; en compañía del príncipe Neymar Da Silva, el segundo con el nombre, hijo menor de la Reina Victoria I y segundo en la línea de sucesión del trono... ¡Larga vida a la Reina! ¡Larga vida a los Príncipes! –en ese instante un estruendoso aplauso inundó el salón mientras los soberanos saludaban al público.

Leo escaneaba todo, grabando cada detalle en su mente. Vio cómo los Guardianes tomaban asiento al lado de sus respectivos protegidos, el viejo Robin tenía ojos somnolientos y caídos que contrastaban con su enorme y entusiasta sonrisa; Pepe, por su parte, tenía el semblante serio, trasmitiendo un mensaje muy claro de no acercarse ("en todos estos años aún no cambia su mala cara", pensó Leo); se sorprendió al ver a Neymar, su cambio era innegable, a pesar de que conservaba sus adorables rizos, sin embargo, Leo lo asoció inmediatamente con el niño que dejó atrás, era un niño todavía después de todo. Y luego estaba Cristiano...

Sintió un cosquilleo en el estómago que no sentía desde hace tanto tiempo, sabía lo que significaba, y sabía quién despertaba tal sensación. Notó de inmediato los cambios en el mayor de los Príncipes, estaba más alto, más fornido y más guapo que antes, ahora usaba el cabello más corto, lo que hacía resaltar su cincelado rostro... Leo simplemente no podía dejar de mirarlo, absorto en su propio mundo paralelo, ni siquiera prestó atención cuando el soberano se dispuso a dar su discurso de iniciación:

- Primero que nada, en nombre de la Reina Victoria, Os doy la bienvenida a todos los que regresaron después de estos doce años de guerra, Realbar está totalmente agradecida con cada uno de vosotros, su valor y coraje mostrado en batalla engrandecen a nuestra Nación, por lo que esta tarde de hoy nos complace, a mi hermano y a mí, ofrecer este banquete en vuestro honor y en la memoria de los hermanos caídos en el conflicto –en ese instante levantó su copa, acción imitada por todos los presentes- Es un día de júbilo para Realbar teneros de vuelta, ahora, juramentaos Caballeros del reino.

- "¡Proteger al Reino! ¡Proteger al Inocente! ¡Proteger a la Corona!" –profirieron todos los recién llegados al unísono, a sabiendas del compromiso que significaban aquellas milenarias palabras.

- Propongo un brindis –prosiguió Cristiano- por vosotros, Caballeros de Realbar, los auténticos héroes... ¡Salud!

"¡Salud!", contestaron los invitados, alzando sus copas y profiriendo vítores hacia los soberanos.

- Buen discurso... -susurró Neymar a su hermano a lo que éste sonrió.

- He tenido bastante práctica... ¿Quieres anunciar el banquete? –le murmuró, a lo que el joven príncipe abrió los ojos de par en par.

- No... no creo que pueda... -tartamudeó, los nervios amenazaban con congelarlo de nuevo.

Ronaldo volvió a sonreír, causándole un micro infarto a Leo cada vez que lo hacía. Llegó un momento en el que las aclamaciones acabaron y los Caballeros se sentaron, dejando sólo a los soberanos de pie, a la espera de la orden para iniciar el banquete. "Habla con voz firme", le musitó el mayor a Neymar quien empezó a sudar de la nada, sufriendo de un repentino pánico escénico que le secaba la garganta.

- Que... -empezó diciendo el joven soberano, ante la mirada expectante del público- Que comience el festín.

Al cabo de esta última frase los héroes de guerra profirieron otro grito de júbilo; a continuación, los sirvientes aparecieron con los deliciosos manjares que habían cocinado para ellos.

Ahora sí, ambos Príncipes tomaron asiento, el menor estaba hiperventilándose, mientras el mayor se reía de él.

- ¿Ves? No estuvo tan mal –bromeó Ronaldo mientras uno de los criados le servía una jugosa presa de pollo.

- Casi me muero de miedo –contestó Neymar con una sonrisa nerviosa.

Cristiano volvió a carcajear, pensando que bromear con su hermano era una mejor idea que mirar directamente al público, de hecho, desde que ingresó al salón, no había detallado ninguna de las caras, y no pensaba hacerlo.

Por su parte, Leo dejó de fijarse en Ronaldo por unos minutos para probar su deliciosa pieza de res. Carles y Luis también comían con regocijo, eso sí, este último aún tenía los ojos clavados en la chica rubia que servía el vino.

- Vamos, hombre, háblale –le instó el pelirrojo a Suárez, a lo que negó con la cabeza- Bueno, si no lo haces tú... ¡Hey! ¡Muchacha! –expresó Carles, llamando la atención de la rubia, quien se acercó con una sonrisa- Mi amigo y yo quisiéramos más vino.

Suárez estaba totalmente congelado y con una cara de bobo perenne, lo que hizo reír ligeramente a Lionel; la chica, por otra parte, cumplía su tarea con amabilidad.

- Oye, ¿cuál es tu nombre? –preguntó Carles a la criada.

- Sofía Balbi –contestó la rubia terminando de servir las bebidas.

- Lindo nombre, ¿no es así, Luis? –vociferó Puyol dándole un ligero codazo a Suárez, cuyas mejillas estaban hasta reventar- Él es mi amigo Luis... Él piensa que eres linda.

Los ojos de Luis se pusieron como platos, al tiempo que tomaba desesperadamente el vino, se sentía a morir de la vergüenza, por su parte, Carles no cabía en sí de la risa. Sofía, en cambio, bajó la mirada y sonrió ligeramente.

- Gracias... Un gusto conocerte Luis... -mencionó en voz baja, luego siguió con sus labores. Una vez que se fue, el apenado Suárez se dirigió a su amigo pelirrojo.

- ¡¿Estás loco?! ¡¿Qué fue lo que hiciste?! Me esperaría esto de Geri pero de ti...–exclamó atónito, pero sin alzar el tono, no quería llamar demasiado la atención.

- Vamos, me lo agradecerás el día de tu boda –vociferó el mayor a lo que Leo carcajeó con fuerza, captando la atención de algunos presentes.

"Esa risa... No...", fue lo que pasó por la mente del futuro Rey, podía distinguir ese sonido particular entre la multitud, estaba grabado en su memoria permanentemente como una de las melodías que solía alegrar sus días, y entonces... lo vio.

Dirigió su mirada a la mesa más cercana a la pared, era inevitable no fijarse en el Caballero de peculiar risa, cabello castaño y piel pálida. Sus pupilas se dilataron de inmediato, su torrente sanguíneo aceleró a galopadas, sus manos comenzaron a sudar y su garganta se secó, como si su cuerpo reaccionara automáticamente a su presencia. Empezó a sentirse mal, con la urgencia de querer abandonar su lugar y perderse lejos, tan lejos de allí como fuese posible.

- ¿A dónde vas? –le preguntó Neymar extrañado, Cristiano apenas se estaba levantando de su silla.

Se paró en seco, transpirando como si se encontrase dentro de un horno, quería escapar de una vez, pero sabía que no podía, era su deber quedarse. Miró de nuevo a Lionel sólo para constatar que estaba allí y, para su fortuna o desgracia, así era, seguía en el mismo sitio, no era una alucinación, en verdad estaba allí.

- Oye, te hice una pregunta –insistió Neymar ante el inminente silencio de su hermano, quien actualmente parecía más nervioso que él.

- Yo... -balbuceó Ronaldo- Necesito un poco de aire.

- ¿Qué? No puedes dejarme aquí solo –expresó el joven Príncipe con temor.

- Será un segundo, estaré de vuelta pronto –dijo rápidamente para evitar seguir hablando.

El menor sólo dio un breve suspiro y asintió, lo que le permitió a Cristiano hacerse paso lejos del salón lo más cautelosamente posible. Tomó rumbo hacia uno de los pasillos que daban al jardín, donde hace unas horas había charlado con su tío Alberto.

Una vez allí tomó un fuerte respiro, seguido de otro, y de otro, y de otro... En fin, los que fuesen necesarios para tranquilizarse. Intentó impregnarse con la tranquilidad del ambiente, las flores y arbustos ahora se bañaban de la incipiente noche y de la tenue luz de luna. Volvió a inhalar hondo, tomándose su tiempo y, justo cuando pensaba que había alcanzado la paz... Se topó de frente con unos hermosos ojos cafés.

La figura que relucía ante él era considerablemente más baja, de físico delgado pero fornido a la vez, con fuertes muslos que destacaban pese al ropaje. Sus facciones eran más rústicas que cuando partió, motivo del obvio crecimiento y el pasar de los años, su cabello era más corto, apenas unos mechones atravesaban su frente producto de una suave brisa; seguía teniendo finos labios, que parecían atraer a los del Príncipe con sólo estar a unos metros, no podía librarse de esa fuerza; además, de su mirada atrapante, fiera aunque se encontrara en calma, así de fascinante... Era Lionel Messi, no había ninguna duda, era su Leo.

Ninguno de los dos movió un músculo durante algunos segundos que parecieron mil años, sólo se quedaron viendo directo a los ojos, en una escena congelada, en donde ambos no tenían ni la menor idea de lo que querían decirse. Era muy confuso, eran tantas emociones atiborradas, tantas palabras que pasaban por sus cabezas, tantos pensamientos, tantas acciones, que les causaban una sobrecarga tremenda, cual represa que se desborda e inunda todo a su alrededor; no obstante, resultaba imperativo que alguno de los dos dijera algo, lo que fuera, este era el momento y el lugar para hacerlo.

- Cris... -profirió Leo en apenas un hilo de voz, que logró acabar con el silencio.

El Príncipe seguía sin reaccionar, ni siquiera parpadeaba, estaba totalmente petrificado, como si acabara de oír la voz de un fantasma, de hecho, muy en su interior, se cuestionaba si todo esto era un simple sueño, como aquel que había tenido hace dos noches, tal vez eso era, tal vez se había quedado dormido durante el banquete y ahora sólo experimentaba una visión fantasiosa, no era real, no lo era.

- Cris, soy yo, Leo... He vuelto –volvió a hablar Messi, como si de alguna manera le estuviera leyendo los pensamientos a Cristiano.

Ahora sí, el soberano tenía que hacer cara al hecho de que la presencia de Lionel no era un invento de su imaginación, aunque, él siempre había sido muy terco.

- Leo... Esto no es real –vociferó con voz trémula.

- Lo es Cris, volví, estoy aquí contigo –continuó Messi en voz dulce, dando pasitos imperceptibles para aproximarse a Ronaldo, quien seguía un poco incrédulo.

- Pensé que nunca volverías.

- Tenía que hacerlo, te lo había prometido –prosiguió el menor con una pequeña sonrisa en sus labios, a lo que el príncipe no sabía cómo responder.

Estás últimas palabras causaron estragos en el interior de Cristiano, quien aún no tenía ni la menor idea de cómo actuar ante ello, miró los ojos de su acompañante, se notaban sinceros, verdaderamente sinceros, esto se parecía mucho a la fantasía que había tenido, una escena repetida una y otra vez en su mente y que le costaba tanto imitar, sabía que llegaría este momento, sólo que nunca creyó que se le haría tan complicado, tantas emociones guardadas, tantas palabras guardadas, y durante tantos años, hicieron desastres en su mente que, en ese instante, se encontraba colapsada, debatiéndose entre revivir su ira y mandarlo lejos de su vista o, en cambio, ceder a su amor y besarlo como hacía tiempo no lo besaba.

Leo, por su parte, no entendía mucho de lo que estaba sucediendo, no comprendía si el soberano había tomado a bien o a mal su retorno, aún su mera presencia, pero dejó de pensar en ello, no, en este momento lo que debía hacer era ser sincero con él mismo y con sus sentimientos. Por lo que, armándose de valor, se aproximó todavía más a un inerte Cristiano, quedando tan cerca como le fue posible, sin invadir deliberadamente su espacio, aunque si lo suficiente como para sentir el calor de su cuerpo.

- Estoy muy feliz de verte Cris... Te he extrañado mucho...

Esto último lo dijo con cierta dificultad, no por ser forzoso ni algo por el estilo, eran palabras provenientes desde lo más profundo de su corazón y era inusual para él ser tan expresivo, siendo que no era precisamente una persona muy espontánea. Cristiano parecía salir paso a paso de su letargo, quería contestarle, sólo que las palabras no salían de su boca, era inusual en él enmudecer de esa manera, nunca antes le había pasado.

- Yo... -balbuceó Ronaldo con extremo conflicto al tiempo que, inconscientemente, se inclinaba hacia Leo.

Sólo tenía que decírselo, que también lo había extrañado, que también estaba feliz de verlo y, sobretodo, que lo amaba más que a nada, sólo tenía que pronunciar esas simples palabras y recortar la distancia e ir a por sus labios... Sólo tenía que dejar ir el pasado... Dejar ir el pasado...

- ¡NO! –exclamó en un arranque tan rápido como un rayo, en el que volvió en si definitivamente, apartándose de Leo con el ceño fruncido y la cara roja.

Messi se preocupó inmediatamente, su reacción no fue la que esperaba, mucho menos su expresión colérica inquietante y atemorizadora.

- Cris, ¿qué tienes? –preguntó con voz suave mientras trataba de acercarse de nuevo a él.

- ¡No me llames así! –volvió a exclamar, alejándose aún más de Lionel- ¿De verdad piensas que ya olvidé lo que pasó? ¿Crees que puedes venir aquí después de doce años y hacer como si nada hubiera ocurrido?

- No te entiendo... ¡Regresé! ¡Estoy de vuelta tal y como prometí! –gritó también, tratando de ocultar sus ojos aguados.

- ¡¿Y qué?! ¡¿Por eso pensaste que todo iba a volver a ser como antes?! ¡¿Que después de todo íbamos a volver a ser amigos?!

- Sé que las cosas entre nosotros no quedaron nada bien, pero Cris, yo...

- ¡Te dije que no me llamaras así! –gruñó exasperado, bufando con dificultad- ¡Fueron doce años, Lionel! ¡Doce putos años!

- Lamento haber tardado tanto... -Leo bajó la cabeza, empezaba a sentirse culpable por toda esta situación- Pero te escribí, cada vez que tuve la oportunidad... Supongo que no...

- Así es... No las leí... -mintió Cristiano bajo la influencia de su ira y viendo como la cabeza del menor se agachaba aún más: le había roto el corazón.

- Sospeché que por eso no contestabas... -mencionó con voz estremecida, tratando de detener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos- No sabía que esta furia sin sentido podía durarte tanto tiempo.

- ¡¿Sin sentido?! ¿Qué tu mejor amigo, la persona que más te importa en el mundo, te abandone por doce putos años para conseguir su deseo egoísta de gloria caballeresca te parece un motivo sin sentido? –acusó con cierto tono de sarcasmo.

- ¡Sabes muy bien que esa no fue la razón!

- Di lo que quieras Lionel... Ese es el cuento que te has estado repitiendo a ti mismo desde el inicio... Incluso hubo un tiempo en el que yo lo creí... -por un instante, y sólo un corto instante, el príncipe denotaba melancolía y nostalgia, en medio de tanto resentimiento- Pero eso ya no importa, al fin y al cabo, ya conseguiste lo que querías...

- Cris, por favor... -profirió Leo en un hilo de voz.

- La próxima vez que vuelvas a llamarme así haré que te decapiten, lo juro... -rezongó entre dientes, aunque mucho más calmado ahora- Ya no somos amigos Lionel, lo que alguna vez fue ya no existe más... Todo sigue igual.

Leo permaneció con la mirada seria, reprimiendo las lágrimas y el dolor que sentía por dentro, de ninguna manera iba a llorar en frente de Cristiano.

- Todo sigue igual –repitió el menor con semblante inamovible.

- Tú lo has querido así... -agregó Cristiano en una mezcla entre dolor y amargura, que resultaba casi imperceptible, a lo que Leo meneo la cabeza con cierta incredulidad, dándose por vencido en tratar de abrirle los ojos a alguien que simplemente no quería ver o, en este caso, que la rabia no le dejaba ver.

- Como usted diga, Majestad.

Y dicho esto el menor abandonó el jardín tras una corta reverencia que dejó un tanto perplejo al soberano quien, aunque aún no se daba cuenta, acababa de cometer el segundo mayor error de toda su vida.

Mientras tanto, Messi caminaba a paso veloz, sin mirar atrás en ningún momento y con el llanto atravesado en el cuello; no se fijaba mucho por donde estaba caminando porque se sabía el camino de memoria, lo había recorrido cien veces en los sueños en donde solía imaginarse a él y a Cris juntos al fin después de mucho tiempo, resultaba muy hiriente que la realidad fuese una amarga pesadilla.

Estaba tan ensimismado en su pesar que no se dio cuenta cuando tropezó con alguien, un cuerpo ligeramente más alto que él aunque mucho más delgado por lo que, dada esta diferencia de pesos, aquel chico de atavíos verdes terminó sentado en el piso estrepitosamente.

- Lo lamento -Lionel se sintió apenado por lo sucedido por lo que le extendió la mano rápidamente para que se levantase, mostrando cierta preocupación, pero sin involucrarse demasiado, lo único que quería era desaparecer lo más pronto posible.

El muchacho apenas se acordaba de la caída y del dolor en sus posaderas, de hecho, lo había olvidado por completo, abstraído en el tiempo como si éste transcurriera con inusual lentitud; detallaba la pálida mano que le fue ofrecida, cuyo brazo fornido cubierto con cuero negro y prominentes muslos sólo podían pertenecer a uno de los Caballeros recién llegados; detallaba además la baja estatura, tan compacta y a la vez ejercitada que al instante consideró adorable, como alguien a quien valdría la pena abrazar a cada instante, también le agradaba su cabello castaño, que de inmediato le trajo a la memoria a aquel sujeto al que tanto había perseguido el día anterior, sólo que esta vez logró ponerle rostro a su cabeza, con facciones muy familiares, con lindos ojos castaños que parecía haber visto en otra vida, o quizás en el pasado distante.

- ¿Messi? –alcanzó a mencionar el chico apenas en un hilo de voz, parpadeando varias veces para cerciorarse de que no estaba soñando, fue sólo en ese momento que Leo se espabiló y detalló más a fondo a la persona con la que había tropezado.

- ¿Neymar? –dijo el mayor fijándose en el joven príncipe, quien aún seguía en el suelo, no obstante, de un segundo otro, se levantó de golpe y se le abalanzó hacia él con efusividad.

- ¡Leo! ¡Eres tú! ¡Regresaste! –gritó el menor con júbilo a tiempo que envolvía sus largos brazos en su cuerpo y le abrazaba con tanta fuerza que no lo dejaban ir.

Leo no sabía cómo reaccionar ante aquello, de hecho tuvo que buscar cómo maniobrarse a sí mismo para no caer al suelo con el soberano encima, tampoco estaba de mucho ánimo para regocijos, no con lo que acababa de suceder, por lo que, sin intención de faltarle el respeto al no corresponderle, se limitó a unas ligeras palmaditas en su espalda.

- ¡Cielos Leo! Ha pasado mucho, de verdad que has cambiado... -expresó Neymar al tiempo que se separaba del mayor, tenía una enorme sonrisa en su rostro.

- Sí... Lo mismo digo... -contestó Lionel tratando de sacar ánimos de donde no tenía, después de todo, no quería dañar el reencuentro con el príncipe- Has crecido.

- Lo sé, je, je... Ahora veo que estoy más alto... Creo que ya no me vas a poder cargar –dejó escapar una risita nerviosa, no sabía por qué estaba diciendo esas cosas que sonaban graciosas sólo en su cabeza, de verdad pensaba darse unas cuantas cachetadas mentales- O sea, no es me vayas a cargar ahora, de hecho no era... eh... Lo que quiero decir es... eh... Que estoy muy feliz de verte... de nuevo.

La manera en que Neymar balbuceaba y el sonrojo que tenía en las mejillas hizo que por un solo segundo Lionel se olvidara de su pena y esbozara una pequeña sonrisa.

- También estoy feliz de verte Neymar –mencionó en tono suave.

- Puedes llamarme Ney... Siempre me llamabas así, ¿lo olvidas? –la cara del príncipe estaba tan roja como un tomate al momento de decir esto, se notaba la emoción que tenía por dentro, así como la nostalgia, nostalgia por lo que alguna vez fue.

"Lo que alguna vez fue...", se repetía Lionel en su mente, con la misma voz que Cristiano había usado apenas unos minutos antes: "Lo que alguna vez fue, ya no existe más".

- Lo lamento, Majestad, creo que sería inapropiado llamarlo de esa manera –mencionó el más bajo, tomando distancia y mostrando la formalidad que se espera de los súbditos hacia la Realeza.

A Neymar inmediatamente se le borró la sonrisa, le confundía ver una actitud tan rígida en el que hacía doce años era su compañero de juegos y cuentacuentos favorito, quiso hablarle de nuevo para ver qué sucedía, a ver si podía hallarle solución a esos ojos que parecían tristones y faltos de brillo, no obstante...

- Si me disculpa, Majestad, ¿podría retirarme ya? Estoy cansado y no me siento muy bien ahora.

El príncipe se alarmó aún más, en primera instancia tuvo el impulso de detenerlo y quedarse con él un poco más, aunque, se decantó por darle permiso para irse, creyendo injusto que tuviese que permanecer en ese sitio cuando, claramente, se notaba incómodo y fatigado.

Lo observó abandonar el pasillo, siguiéndole los pasos desde que se despidió brevemente de su amigo pelirrojo y de su amigo pelinegro, hasta que se hubo marchado completamente del salón. Le causaba inquietud su estado, su pesar era notable por más que quisiera taparlo, por otra parte y pese a este sentimiento, una embobada sonrisa apareció en sus labios, había sido mucha su felicidad de verlo y era algo que simplemente no podía dejar de lado así de fácil.

Recordó de un flechazo lo que había ido a buscar en primer lugar, antes de su colisión fortuita, así que se aventuró a los jardines, en donde encontró a un inerte Cristiano mirando a los pétalos de las flores siendo abrazados por los haces blanquecinos de la madre luna.

- ¿Qué haces aquí? ¡Se suponía que iba ser sólo un instante y te fuiste por mucho tiempo! ¡Me dejaste solo allá adentro!

El reclamo era válido desde su posición, aunque ablandó el tono al ver la expresión sin vida de su hermano mayor, quien a su vez parecía estar debatiéndose entre tantas emociones que le impedía mostrar una coherentemente.

- ¿Estás bien? –preguntó Neymar con preocupación- ¿Conversaste con Leo? Supuse que sí, puesto que lo vi por el pasillo...

- Sí, charlé con él... -profirió Cristiano en locución vacía.

- ¿Y? ¿Arreglaron las cosas? –mencionó el menor con esperanza en relación a su antigua amistad, desconociendo el trasfondo de la historia.

- No... Y no quiero hablar más sobre el tema... Hay que regresar al salón –Cristiano se disponía a salir cuando fue interceptado por su hermano menor.

- ¿Así no más? ¿Leo regresa después de tantos años y todo va a seguir como antes?

- Neymar...

- Es decir, ni siquiera sé porque se pelearon en primer lugar pero, hey, era tu mejor amigo, ¿no pueden siquiera olvidar un problema qué pasó hace doce años?

- Neymar...

- No los entiendo, de verdad no los entiendo, de seguro ni siquiera era para tanto y ambos lo están exagerando demasiado y...

- ¡NEYMAR! ¡BASTA! –gritó Cristiano perdiendo la paciencia definitivamente, causando temor en el menor- ¡MESSI Y YO NO SOMOS AMIGOS! ¡YA NO MÁS! ¡NO QUIERO VOLVER A ESCUCHAR MÁS SOBRE EL MALDITO ASUNTO!... ¡¿TE QUEDÓ CLARO?!

Los ojos de Ronaldo parecían echar fuego, su rostro centelleaba de furia, enrojeciéndose y marcando excesivamente sus venas. Neymar nunca lo había visto así, ni siquiera cuando le reclamaba por escaparse, este era un Cristiano totalmente diferente que le aterraba tanto que era capaz de borrarle las palabras de la boca y agachar la cabeza con resignación y vergüenza, al tiempo que lo acompañaba de vuelta al salón, para continuar el resto de la velada en silencio, cruel y vacío silencio.

El festín culminó antes de la media noche, había sido una ocasión placentera para todos los presentes, a excepción de los dos monarcas involucrados y de aquel pequeño y pálido Caballero que había partido temprano, ahogado en su propio aire, en búsqueda de refugio que encontró descargándose en la soledad de su habitación en las Caballerías, con la almohada como su paño de lágrimas y amortiguador de golpes, no había parado de llorar desde que llegó, un llanto silencioso que apenas era audible para no alertar a los demás, pero que le desgarraba la garganta más de lo que se podía imaginar, recogía nuevamente los pedazos de su roto corazón, pulverizado hasta los cimientos, tan o incluso más doloroso que la primera vez...

"Lo que alguna vez fue ya no existe más", eran las palabras que hacían eco en su cabeza atormentada y así, una vez más, se convenció a sí mismo que el amor y la felicidad no estaban hechas para el pequeño Lionel Messi...

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