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V

El destino es incierto y sus presagios varían

No estaba planeado qué sucedería,

Es tu sueño, no lo pienses, lo podrías perder,

Sólo quedará la esperanza de volver.


Cristiano despertó esa mañana con una gran sonrisa en su rostro, como si hubiese renacido, no cabía en sí mismo de la felicidad, suspiraba cada vez que recordaba la noche anterior y ese beso de despedida con Leo, su corazón se aceleraba cuando pensaba en él, era una sensación nueva que le encantaba. La ansiedad lo embargó de repente, quería que fuese la hora de encontrarse de nuevo en aquel árbol encima de la colina, tenía la necesidad de repetir esa experiencia, de volver a juntar sus labios con los de Messi, no le importaba nada más que tenerlo entre sus brazos y expresarle todo lo que sentía, nadie jamás había significado tanto para él, nadie.

Se cambió y bajó a desayunar temprano, posicionándose en el gran comedor Real junto a su familia, los cuales no dejaban de mirarlo con expresiones extrañadas, no entendían la nueva aura de alegría del joven príncipe, parecía estar en su propio mundo, soñando despierto, la princesa no pudo aguantar la curiosidad, así que preguntó:

- ¿Por qué tan feliz Cris? ¿Pasó algo interesante ayer en nuestra ausencia? –Cris la miró con una sonrisa y las mejillas rojísimas, no quería contarle sobre su beso con Messi, prefería que se mantuviese en secreto, para él era más emocionante que esta experiencia se quedara entre los dos, en lo más íntimo de sus corazones, le hacía sentir que le pertenecía a ellos y a nadie más.

- Pues... Nada... Todo normal, sólo salí con Leo... -vociferó con dificultad desviando la mirada a todos lados y dándole un mordisco a una jugosa manzana verde- A propósito, ¿por qué no estaban ayer en la noche? –interrogó con tranquilidad, pero se preocupó al notar la expresión seria de su madre, de su padrastro y de sus abuelos, algo les mortificaba- ¿Qué ocurre?

Victoria emitió un suspiro y comenzó el relato. Ayer ellos tuvieron una reunión muy importante en el puerto, un barco había arribado desde temprano con dos mensajeros a bordo, trayendo malas noticias de parte del Rey Vicente III, hermano menor de Santiago y gobernante del reino vecino de Aletisea, el cual se ubicaba más allá de las montañas que delimitaban el vasto territorio de Realbar. Resulta que Aletisea había entrado en guerra con otro país, una pugna catastrófica que se libraba al otro lado del mar y que ya llevaba un gran saldo de sangre derramada, los motivos eran desconocidos, pero suponían que tenía que ver con problemas de territorio y/o económicos. El Rey Vicente, como medida desesperada, decidió pedirle ayuda a su hermano y a sus tropas, las cuales asistirían sin dudar a combatir junto a ellos.

- ¿Quieres decir que estamos en guerra? –preguntó Cristiano, sólo para confirmar lo que él ya sabía. Su madre asintió con pesar, ésta era una situación bastante delicada, el príncipe sintió miedo, presentía que algo malo pasaría, y también lo embargó un incipiente sentimiento de enfado, ese conflicto ni siquiera era con ellos, y aun así tenían que participar, simplemente, no le veía el sentido- Pero ¿por qué? No es nuestra pelea –agregó, tratando de sonar lo más calmado posible, aunque esto le causó una gran molestia a su abuelo.

- ¡Son nuestros hermanos! –exclamó Santiago, Cris se sorprendió porque era muy raro ver a su abuelo así de enojado y, como no quería buscarse más problemas, se quedó callado.

Después de esto, todos siguieron comiendo tranquilamente, aunque Cris todavía se debatía interiormente sobre la noticia de la guerra, por una parte, su abuelo tenía razón, era como si alguien le hiciese daño a Ney, a su hermanito, era obvio que sería el primero en defenderlo, así que entendía a la perfección la situación. Sin embargo, tenía el presentimiento de que este conflicto cambiaría todo en su vida, no entendía el porqué de esta sensación, pero no podía evitarla.

Terminó de comer y se dispuso a realizar sus deberes reales correspondientes, así como sus lecciones con sus tutores, quería finalizar lo más pronto posible, no podía esperar para ver a Leo, tenía algo en mente, fue una idea que rondaba sus pensamientos y le impedía concentrarse, se moría de ganas por besarlo de nuevo, pero esta vez sería más especial, planeaba hacerlo bajo aquel árbol, su lugar especial secreto, con la vista fenomenal de todo Realbar resplandeciendo ante ellos, como si el mundo entero les perteneciera y ellos fuesen libres de hacer lo que quisieran y cuando quisieran... Su corazón latía tan fuerte de tan sólo imaginarlo.

Era de tarde, Cris cabalgó hacia las llanuras del oeste en solitario, convenció a su familia de ir sin necesidad de compañía alegando que, posteriormente, se encontraría con Leo. La brisa acariciaba su rostro y su cabello, la luz del sol no era tan intensa, parecía ocultarse detrás de unas nubes; hizo el mismo recorrido del día anterior, se detuvo al llegar a los árboles, dejando libre al equino para que se alimentase de pasto, caminó en dirección este, pasando por el trayecto de raíces y ramas ya conocido hasta que, por fin, llegó a su destino. Admiró la vista una vez más, mientras más la observaba más se convencía que era algo mágico, fuera de este mundo, sólo le faltaba la compañía de Leo para que todo fuese perfecto. Se sentó en las raíces del árbol, no sabía cuándo llegaría Messi, de modo que no lo esperaría de pie.

Pasó el tiempo, las nubes se movían, las hojas y las ramas danzaban al son del viento, el sol descendía poco a poco por el oeste, tiñendo el cielo de ese bonito color naranja y rojizo que tanto le gustaba a Cris, el cual ya estaba preocupado por el retraso de Leo, sabía que no debía estar tan tarde afuera, era peligroso, por otra parte, no se iría a ningún lado hasta verlo, expresarle todo lo que sentía y besarlo una y otra vez... De repente, un sonido de pasos interrumpió sus pensamientos, salió de su aletargo sólo para observar a aquel que tanto había esperado y por el cual su corazón latía a ritmos impresionantes.

Cris sonrió inmediatamente y se levantó para darle un fuerte abrazo, que le fue correspondido, mas no con la misma intensidad. Al separarse, el príncipe miró a los ojos de Leo, se sorprendió al notar tristeza y abatimiento en ellos, de hecho, fijándose más a fondo, el pequeño no mostraba mucho ánimo, era como si tuviese algo atravesado en la garganta, Cris se preocupó, tenía una sensación extraña, presentía algo, sólo que no sabía si era bueno o malo.

- ¿Por qué llegas tan tarde? –preguntó Cris, Leo bajó la mirada y suspiró con melancolía, el príncipe se alarmó más de lo que estaba y posó sus manos delicadamente en las mejillas del pequeño, levantando su rostro para verlo directo a los ojos, notó cómo el color rojo inundaba su pálido rostro, no obstante, el abatimiento seguía allí- ¿Qué ocurre?

- Cris... -suspiró- ¿Sabes que hay una guerra, cierto?

- Lo sé, me enteré hoy... -expresó con desaire y cierto enfado, separándose de Leo para vociferar todo aquello que le molestaba- Me parece algo sin sentido, no es nuestro problema, es entre el reino del hermano de mi abuelo y otro país, no entiendo por qué tenemos involucrarnos, sé que es su hermano pero...

- Iré a la guerra Cris -interrumpió, emitiendo aquello en un hilo de voz.

Ronaldo, al escuchar esto, se paró en seco, sus ojos se pusieron como platos y se le humedecieron, meneó la cabeza frenéticamente y apretó sus labios con fuerza, no podía creer lo que escuchaba, deseaba que fuese falso.

- No jodas conmigo Leo... ¡Sé que me mientes! –rió temerosamente y con sarcasmo, quería que fuese una broma, pero la realidad era otra...

- No estoy mintiendo Cris... Es cierto, partiré mañana después de la justa –declaró de nuevo, esta vez en un tono más alto, aunque conservando su misma mirada abatida.

- ¡No te creo! ¡¿Cómo es posible?! ¡Eres un niño en entrenamiento! ¡Ni siquiera deberían dejarte ir! –exclamó el príncipe desesperado, aguantando las ganas de llorar, Leo emitió otro suspiro.

- Yo lo elegí –declaró, Cris lo miró fijamente arrugando la cara al tiempo que decía un incrédulo ¡¿QUÉ?! A lo que el pequeño comenzó su explicación- El conflicto es muy fuerte y necesitan la mayor cantidad de hombres posibles, Guardiola piensa que algunos de nosotros, por ser muy buenos, seríamos de gran utilidad, nos ha preguntado y... yo le he dicho que sí.

- ¡¿POR QUÉ?! ¡Te he dicho que esa guerra ni siquiera tiene sentido! ¡NO ES NUESTRA! –gritó aún más histérico, su cara ardía, Leo bajó la cabeza, no tenía el valor suficiente para verlo así, sabía que lo lastimaba, por otro lado, debía serle sincero, por mucho que doliera.

- No soy quien para juzgar si tiene sentido o no... Pero Cris, Realbar nos necesita y debo pelear por ella.

- ¡¿Tienes idea de lo que estás diciendo?! ¡VAS A IR A UNA GUERRA! ¡U-NA- GUE-RRA! –esta vez Ronaldo dejó escapar una lágrima, la sintió rodar por su mejilla y la removió inmediatamente- ¡No sabes cuánto tiempo durará, ni tampoco si regresarás con vida!

- ¡Regresaré Cris! ¡Claro que lo haré! –vociferó Leo en tono compasivo, posando su mano sobre el hombro del príncipe, tratando de hacer que se sintiera bien.

- ¡No te vayas Lio! ¡Te lo pido! ¡Quédate! –lloró Cris, al tiempo que abrazaba al pequeño con fuerza, inclinándose lo suficiente para apoyar la cabeza en su hombro, sus lágrimas mojaban las ropas del menor, el cual le acariciaba el cabello y la espalda para confortarlo.

- Debo hacerlo Cris, es mi decisión defender al reino... Por favor... No estés triste... -sollozó Lionel con los ojos empapados, le partía el corazón ver a su mejor amigo así, desearía jamás haber estado en esta situación, pero debía cumplir con su palabra- Prometo escribirte cartas cada mes... Y, sobre todo, prometo regresar.

- No hagas promesas que no puedas cumplir...

- Voy a hacerlo y, cuando vuelva, yo seré un verdadero Caballero y estaremos juntos... -gimió aferrándose más a Cris, no obstante, para su sorpresa, éste se separó abruptamente de él, Leo se sorprendió muchísimo con esta súbita reacción y, más aún, cuando notó que una furia incipiente marcaba el rostro del príncipe.

- Ahora lo entiendo todo... ¡QUIERES IRTE PORQUE ASÍ TE CONVERTIRÁS EN CABALLERO! –bramó con rabia, Leo lo observó asustado, jamás había visto a Cris tan furioso, aunque trató de conservar la calma.

- No voy a negar que es mi mayor sueño, pero Cris, eso no tiene nada que ver...

- ¡Te equivocas! ¡Tiene todo que ver! ¡Claro! ¡El invencible Lionel Messi, ídolo de los aprendices de las caballerías azulgranas, ahora quiere pelear en una guerra para agrandar su leyenda! ¡Porque es un pretencioso presumido que sólo piensa en sí mismo! –gritó con sarcasmo, una nube de cólera nubló su mente y le impedía pensar correctamente, sacando a flote esos ocultos sentimientos de envidia que tenía, no hacia Leo como tal, sino hacia lo que representaba.

Sus palabras no sentaron nada bien en el interior de Messi, no entendía la razón de tanta ira de su mejor amigo hacia él, le destrozaba las entrañas, en especial tomando en cuenta que era la persona que más amaba en el mundo, sus ojos dejaron brotar algunas lágrimas.

- Cris... No... no puedo creer que pienses que yo soy así... -lloró, Cris ni siquiera lo notó, la ira lo tenía tan ciego que era incapaz de observar algo más allá, no lo sabía, pero estaba a punto de cometer una de las peores equivocaciones de su vida.

- ¡ERES ASÍ LIONEL! ¡LO ÚNICO QUE TE IMPORTA ES SER EL MEJOR Y CONVERTIRTE EN GUARDIÁN! ¡NADA MÁS QUE ESO!... ¡¿Sabes qué?! Si te quieres ir... ¡VETE! Eso sí... ¡OLVÍDATE QUE ALGUNA VEZ FUIMOS AMIGOS! ¡PARA MÍ ESTÁS MUERTO!

Dicho esto, el príncipe dio media vuelta y se alejó rápidamente volviendo sobre sus pasos, dejando al joven Leo deshaciéndose en un llanto desgarrador. Cada gesto, cada palabra, cada frase, cada oración, habían sido puñales que se clavaban de a uno en su corazón, hundiéndose lenta y dolorosamente, haciéndolo añicos. Lionel no creía que Cris era capaz de hacerle tanto daño, su Cris, su mejor amigo y la primera persona que había significado tanto para él, por el cual sus ojos desprendían un brillo especial y sus mejillas enrojecían a niveles inimaginables, lo había hecho volar con ese beso, el toque de sus labios era el equivalente al paraíso... Pero no, todo aquello se fue a la basura, Leo asimiló desconsoladamente que Cris lo odiaba y, con cada lágrima derramada, se convenció a sí mismo que el amor y la felicidad no estaban hechas para el pequeño Lionel Messi...


*  *  *


- Pss... Leo... Levántate dormilón... ¡Hoy es el día! –expresaba un sonriente Luis, agitando el hombro de su mejor amigo para que se despertase.

Messi abrió los ojos lentamente, un gran peso yacía sobre ellos, los tenía muy rojos por haber llorado toda la noche, lo hizo lo más silenciosamente posible, de forma que no molestara a Suárez. Se frotó la cara sin ánimos, deseaba seguir durmiendo, al menos en sus sueños podía ser feliz, se sentía vacío por dentro, cual muerto viviente.

- ¿Qué pasa Leo? ¿Estás bien? –preguntó Suárez, preocupado al notar su decaimiento. Leo se estiró e hizo un esfuerzo sobrehumano por actuar natural y esbozar su mejor sonrisa fingida, no quería alarmarlo.

- Estoy bien, un poco agotado, es todo.

Luis lo miró alzando una ceja, no estaba convencido completamente, pero tampoco iba a insistirle, no quería empeorar su situación. Ambos se levantaron y se arreglaron para salir, ese día no tendrían entrenamientos matutinos... ¡Les tocaba la tan esperada justa!

Consistía en cinco simples enfrentamientos individuales, entre un aprendiz azulgrana y uno merengue. La fase inicial era montar en caballo con la pesada lanza y tratar de derribarse entre sí, el que lo lograba obtenía un punto, seguidamente venía el enfrentamiento con espadas, el vencedor obtenía dos puntos, aunque por vencer se refiriesen a desarmar (no querían muertos en esa competencia). Al final, el equipo con más puntos era el vencedor.

En la bóveda azulgrana se respiraba un aire de nervios y concentración, querían salir a dar el todo por el todo y demostrarle a sus eternos rivales que eran los mejores. Piqué no dejaba de animar con cánticos, mientras Xavi llamaba a la calma y a enfocarse en el objetivo. Aún no sabían quiénes serían los cinco en vestir armaduras, lo que generaba una gran expectación, claro, una vez que Guardiola entró en el comedor, este misterio quedó aclarado: Puyol, Piqué, Iniesta, Suárez y Messi eran los seleccionados.

Los cinco se colocaron sus respectivas armaduras, piezas de metal que cubrían la mayor parte de su cuerpo, incluyendo un yelmo para proteger la cabeza. Leo se cambió con desánimo, su mente seguía desenfocada, sólo podía pensar en Cristiano, en la pelea que tuvieron y que, después de aquel torneo, ya no le vería más; se sentía terrible al saber que lo último que recordase de él antes de partir fuese esa discusión, quería enmendarlo, sólo que no sabía cómo, fue por esto que se propuso hablar con él, inmediatamente después de la justa.

El campo de entrenamiento estaba arreglado para dar lugar al enfrentamiento, se disponían asientos a los costados para observar las riñas, entre los espectadores destacaban Caballeros, entrenadores y otros aprendices; al frente de estos, unos hombres sentados en una mesa se encargarían de llevar los puntos con tablitas marcadas que colgarían en una pieza más grande en la pared, similar a una pizarra, donde el color blanco representaba a los merengues, y el rojo y el azul a los azulgranas (valga la redundancia).

Los cinco participantes azulgranas se hallaban en el pasillo de piedra, preparados para saltar al campo, el resto de sus compañeros pasaba por su lado, estrechándoles las manos, abrazándoles y animándoles. Llegó el momento, los cinco se desplazaron ordenadamente, uno detrás del otro, según la secuencia de competición: Andrés, Gerard, Carles, Luis y Lionel, respectivamente.

Se formó una gran algarabía en el terreno, muchos de sus compañeros y otros Caballeros apoyaban a sus respectivos bandos. En el medio se encontraban Guardiola y Carlo Ancelotti, el entrenador merengue, estrechándose la mano amistosamente para dar inicio a la contienda. Detrás de éstos se hallaban sus pupilos seleccionados para tal combate, sin embargo, del lado blanco sólo habían cuatro combatientes, lo que generó cierta sospecha en los presentes, pero esta sensación se apaciguó gracias a la definitiva apertura del torneo, con lo que muchos aplausos retumbaron en el ambiente.

Iniesta, el primer combatiente, se montó en su caballo, mientras un asistente le proporcionaba un escudo de metal con franjas azules y rojas y una lanza con el agarradero de estos mismo colores.

Se posicionó en frente de Pepe, su contrincante, con el distanciamiento necesario para que los caballos pudiesen tomar cierta velocidad, mientras tanto, los cuatro participantes azulgranas esperaban su turno sentados. Iniciaron el galope, la lanza de Pepe terminó en la hombrera derecha del ligero Andrés, con lo que cayó fácilmente; los merengues celebraron, habían obtenido un punto. Inmediatamente se dio paso al combate de espadas, Iniesta era muy talentoso en esta área, pero como se encontraba tocado tras el lanzazo anterior, no tuvo suficiente movilidad y fue derrotado por el voluminoso merengue.

Los blaugranas se llevaron las manos a la cara de frustración, los blancos se les adelantaban con tres puntos en la primera ronda, debían recuperarse si querían ganar. Era turno de Geri, el cual se mediría frente a Sergio Ramos.

El merengue lo derribó del caballo con un lanzazo directo al peto, no obstante, el ojiazul lo venció en el choque de espadas. Ahora los blancos contaban con cuatro puntos y los azulgranas con dos.

Lionel aguardaba por su turno mientras observaba el torneo, aunque Cristiano no dejaba de rondar por su cabeza, lo que más le importaba en ese momento no era la competencia, era poder hablar con él y arreglar las cosas, aunque no supiese qué decirle... "Eh... Esto es complicado" pensaba mientras trataba de ordenar las palabras en su mente... "Cris... Yo... No quiero que estemos peleados... ¡No, así no!... Cris... Yo... Regresaré pronto, lo juro... ¡No, así tampoco!... Cris... Yo... No me iré tranquilo sin antes estar bien contigo, eres alguien especial para mí, me has hecho sentir cosas únicas que nunca antes he sentido, no sé si es correcto que diga esto, pero... Yo te Amo..."

- ¡Leo! –le gritó Luis sacudiéndole el hombro para que pisara tierra. Messi se estremeció cuando miró como su amigo se levantaba de su lado- Es mi turno... Deséame suerte.

- Suerte Luisito –sonrió Leo.

Con tanta distracción, ni se había percatado de lo que estaba pasando. Carles derribó a Iker Casillas con su lanza en la ronda anterior, pero perdió en las espadas, es decir, aún los merengues mantenían su ventaja, con seis puntos versus los tres de los azulgranas.

Era turno de Luis competir contra Gareth Bale. Fue una batalla relativamente rápida, el azulgrana logró derribar al merengue de un lanzazo directo al peto, y lo venció en la lucha de espadas, esto significaban tres puntos para el conjunto rojiazul y, con ello, la igualdad de puntos de ambos equipos.

Todos los azulgranas saltaron de júbilo por este hecho, ahora era turno de Leo, por lo que su alegría incrementó, era bien sabido por todos que, hasta ahora, nadie había sido capaz de derrotar al pequeño, por lo que daban el torneo por ganado.

Sin embargo, pese a lo que todos pensaban, Leo en ese instante no estaba al cien por ciento, de hecho, seguía todavía cuadrando su futura charla con Cristiano, tanta era su desatención al entorno que no se percató de que era su turno, si no es por el jalón de Geri en su hombro, él aún seguiría perdido en las nebulosas de sus pensamientos.

Tomó posición en su respectivo sitio, con su caballo, su escudo y su lanza, al frente tenía al aprendiz blanco, ni siquiera sabía quién era, pues, no había atendido en el momento que anunciaron sus nombres. Trató de enfocarse lo más que pudo, debía hacerlo por el bien del equipo, sabía lo mucho que significaba para ellos este torneo, no quería decepcionarlos.

Inició su cabalgata, tomando velocidad al avanzar unos cuantos metros, sostenía firmemente su pica, apuntándola directo a la hombrera derecha de su contrincante, resultando en un golpe certero que lo hizo caer del caballo estrepitosamente.

Los blancos se llevaron las manos a la boca del asombro y nerviosismo mientras los azulgranas festejaban la obtención del punto de ventaja.

Era tiempo del combate de espadas. Tanto el aprendiz blanco como Leo tomaron posiciones uno al frente del otro, se pusieron en guardia y, tras el respectivo grito de "Adelante", los dos comenzaron a pelear. Leo esperaba que la disputa fuese sencilla, de hecho, todo el mundo lo esperaba, para su sorpresa, no fue así. Su contrincante era muy bueno, le estaba planteando una buena oposición y no pensaba ceder en ninguno de sus movimientos, no supo por qué, pero Messi tuvo la sensación de que ya conocía ese estilo de pelea.

Las espadas siguieron chocando por más tiempo del esperado, los azulgranas estaban realmente sorprendidos, era inusual que Leo tuviese dificultades en esa área, el nerviosismo impregnó el ambiente, Geri no dejaba de morderse las uñas y Luis se llevó las manos a su boca, rogando por su amigo y que saliese ileso de allí. Por suerte para ellos, en un repentino movimiento fuerte del pequeño, su opositor se derrumbó en el piso tan fuerte que su yelmo salió disparado muy lejos de allí.

La riña estaba prácticamente sentenciada, Leo sólo tenía que apuntarle el arma directamente al cuello para inhabilitarle la posibilidad de coger nuevamente su espada y, así, derrotarle. No obstante, en cuanto Messi se acercó a su rival, se quedó helado por completo...

Era Cristiano.

Los ojos de Leo se pusieron como platos y su respiración y latidos incrementaron su ritmo al instante. Su contrincante era nada más y nada menos que su mejor amigo y la persona que más amaba sobre la faz de la tierra, no supo qué hacer, ni siquiera reaccionó, sólo se quedó parado allí, sordo ante los gritos de aliento de sus compañeros para que sentenciara la pelea, perdió tanto tiempo que, de un segundo a otro, el príncipe estaba de pie y blandeando su espada frente a él, fue ahí que volvió en sus cincos sentidos para realizarle un bloqueo y apartarse.

Leo se quitó el yelmo y lo arrojó lejos, para quedar en igualdad de condiciones. Ahora los dos estaban cara a cara, con el sudor bañando sus frentes y viéndose fijamente a los ojos. Messi debía pelear, pero ahora no quería hacerlo, no contra Cristiano y mucho menos después de la discusión que tuvieron el día anterior, sin embargo, las intenciones del príncipe eran muy diferentes.

Ronaldo atacaba ferozmente mientras Leo se limitaba únicamente al bloquearlo, en ciertos momentos tuvo la necesidad de agredirle de vuelta, aunque, por alguna extraña razón, no lo hizo, por lo tanto siguió defendiéndose hasta que ya no pudo más...

¡Pum!... Fue lo único que se escuchó al cabo de unos minutos, el sonido de una armadura cayendo contra el suelo, un cuerpo derribado yacía en el medio del campo ante la sorpresa de los espectadores... Lionel Messi había caído.

La espada de Ronaldo le apuntaba al cuello, dejándolo inmovilizado. Nadie lo podía creer, ni los azulgranas, ni los entrenadores, ni los mismos merengues se lo creían.

Los ojos de Cris y Leo se encontraron, este último aún en el suelo, la expresión del joven soberano era fría, distante, nada parecido a las veces anteriores que veía al que se supone era su amado y mejor amigo; esta indiferencia le partió el corazón al pequeño en mil pedazos, más aún, cuando Ronaldo le dio la espalda y se marchó sin mirar atrás en ningún momento.

El príncipe salió del campo, evitando todo a su alrededor, incluso eludió a sus compañeros blancos, Bale quedó con la mano en el aire al tratar de saludarlo, era muy extraño, nunca lo habían visto así, mucho menos, sin ánimo por la victoria obtenida, al fin y al cabo, les habían ganado a los azulgrana por un punto de diferencia, todo gracias a él.

En fin, después de este episodio, sucedió lo que tenía que pasar, los jueces decretaron como vencedores a los merengues, lo que desató una enorme ola de júbilo entre sus militantes y simpatizantes, mientras que los azulgranas se lamentaban por la derrota.

Leo seguía en el suelo, esta vez sentado, inmóvil y con unas tremendas ganas de llorar, no tanto por perder, sino por Cristiano, su indiferencia, el desprecio que ahora le tenía, le dolía, ya no era su mejor amigo, ya no era su Cris, el brillo en sus preciosos ojos cafés se había ido... "Lo perdí..."

Luis y Geri fueron los primeros en acercarse a Leo, lo ayudaron a levantarse y le abrazaron, posteriormente, el resto de sus compañeros se unieron a ellos, escoltándolos a la bóveda azulgrana, en un ambiente de desaire y pesadumbre tras la pérdida.

Leo se encerró en su habitación él solo, Luis quería consolarlo pero supo que necesitaba estar un momento a solas. Una vez allí se tumbó en la cama, hundiendo la cara en la almohada y deshaciéndose en lágrimas, las escenas pasaban por su cabeza una a una, como si se tratase de una película, todos aquellos buenos momentos con Cris, su amistad construida a lo largo de los años, sus juegos, sus cabalgatas, sus secretos, la dulce sensación de sus labios unidos y de sus manos en contacto con su pálida piel, todo, absolutamente todo, incluso los malos momentos, como los de ahora, su fuerte discusión, la ira que ahora el soberano profesaba hacia él, su resentimiento, su desprecio y su indiferencia; Leo no sabía cómo manejar esto, era su primera ilusión, su primer beso, su primer amor, su corazón estaba roto, pero seguía palpitando por él, siempre lo hacía por él, su cabeza se encargaba de repetirle los hechos, ya nada iba a volver a ser como antes, no necesitaba hablar con Cris para entender que lo había perdido para siempre, sin embargo, sus sentimientos hacían caso omiso a esto, porque el corazón nunca tiende a obedecer a la razón, y el de Leo no era la excepción, sobre todo porque ya tenía dueño, su nombre era Cristiano Ronaldo.

Cuando ya no hubo más lágrimas en su sistema, se dispuso a terminar de empacar sus cosas, al fin y al cabo, debía marchar en unas pocas horas. Luis y Carles le ayudaron, ellos también viajarían junto a él, con el deseo principal de servir a su tierra. Finalizaron dicha labor en silencio, no estaban de ánimos para reír o bromear, no después de la derrota sufrida y, además, en sensibilidad al estado de Leo.

Ahora los tres estaban en el comedor azulgrana, junto al resto de sus compañeros, despidiéndose y abrazándose.

- Los vamos a extrañar chicos –expresó Xavi- Ahora que te vas Puyi, ¿quién va a controlar a Geri? –bromeó, lo que desató las risas de todos.

- ¡Hey! –espetó Piqué haciéndose el ofendido- Prometo portarme bien –sonrió.

- Más te vale –aclaró Carles, y todos volvieron a desternillar en risas.

Sin duda, momentos emotivos, al final, cuando Guardiola anunció la llegada del carruaje que los llevaría al puerto, todos se dieron un caluroso abrazo de grupo, aferrándose cada vez más a ellos mismos, porque siempre, no importa la distancia ni los contratiempos, serían una familia. Esta era otra de las razones que tenía Leo para volver, la motivación de volver a reunirse con sus hermanos azulgrana, su familia no consanguínea pero que lo había acogido como nadie más lo hizo, tenía ganas de llorar, sabía que aquella "cuerda de locos" (como solía llamarlos) eran personas que le harían muchísima falta.

Guardiola acompañó a Carles, a Luis y a Leo a su transporte, ayudándoles a acomodar su equipaje en la parte trasera del mismo, no sin antes despedirse de sus pupilos y de Tito Vilanova, el nuevo entrenador azulgrana en su ausencia.

El silencio reinó a lo largo del trayecto hacia el puerto, por la ventana se observaba el paisaje del pueblo, con aquella brisa marina característica del este de Realbar, era como dar los últimos vistazos nostálgicos a aquella tierra maravillosa que pronto abandonarían, por lo menos, si no regresaban, tendrían grabadas esas escenas en su mente para siempre.

Llegaron al puerto, el carruaje los dejó a unos pocos metros del muelle indicado, allí estaba la embarcación, un imponente galeón de velas blancas y la bandera con el escudo de Realbar. A bordo se encontraban varios marineros, todos ellos ocupados en sus oficios, amarrando aparejos, limpiando cubierta, organizando la carga, entre otros. El viento resoplaba en sus rostros y les alborotaba el cabello a los tres jóvenes, el horizonte dejaba ver el atardecer mezclándose con la inmensidad del océano, los pelicanos volaban hacia el rojo cielo mientras el sol se ocultaba por las llanuras.

Luis y Carles se adelantaron mientras Leo se quedaba viendo ese ambiente por instantes, le agradaba el mar, era tan pacífico y a la vez capaz de desatar una enorme ira contra aquellos que osaran desafiarlo, le gustaba el sonido de las olas chocando contra el muelle, también la frescura del aire, como si ésta le purificara el alma. En eso, escuchó el sonido de otro carruaje pararse muy cerca de ellos, éste era más grande y lujoso, con decoraciones en oro y caballos blancos tirando de él, el muchacho se sorprendió, conocía a las personas en su interior, sólo que no se esperaba que estuviesen allí.

Descendieron poco a poco del mismo el Rey Santiago X, la Reina Catalina V, la Princesa Victoria I en compañía de su esposo el Duque Da Silva, y el pequeño Príncipe Neymar. Leo se alegró al verlos, aunque su felicidad hubiese sido completa si tan sólo Cristiano se encontrará con ellos, pero no, el joven Príncipe había decidido no acompañar a su familia.

La familia Real se acercó, todos con una mezcla de sonrisas y nostalgia en sus rostros, el pequeño Ney, en cuanto vio a Messi, soltó la mano de su madre y corrió rápidamente hacia él, Leo se agachó y le extendió los brazos, cargándolo y dándole un fuerte abrazo. El infante se aferraba cada vez más al joven, no quería dejarlo ir, por lo que dejó escapar varios sollozos silenciosos.

Después de unos segundos lo puso en el suelo, sólo para recibir un abrazo igual de intenso por parte de la Princesa.

- Te vamos a echar de menos Leo –le susurró Victoria con mucho sentimentalismo, sus ojos se humedecieron, el joven era como un hijo para ella.

- Sabes que eres muy especial para nosotros, eres como de la familia, por favor, cuídate mucho y regresa a salvo –vociferó Catalina, también abrazándolo.

- Vas a hacer falta Leo, buen viaje –mencionó discretamente el Duque, alborotando su cabello y dándole un fuerte apretón de manos.

- Muchacho –dijo el Rey, al tiempo que también le daba un abrazo y un apretón de manos- Es un orgullo lo que estás haciendo, tienes mucho talento, espero que puedas regresar sano y salvo, eres alguien muy querido en esta familia.

Leo les dio una sonrisa nostálgica y afectuosa a todos, recordando que habían sido ellos los primeros en brindarle apoyo desde el instante que apareció arrastrándose en el lodo en la entrada del castillo. Tenía los ojos humedecidos, sin duda, los extrañaría mucho, en eso, observó al pequeño príncipe parado junto a su abuela, con la cabeza baja y gimoteando, Leo se agachó en frente de él y le tomó suavemente la mejilla para hacer que levantara su carita.

- No llores Ney –dijo dulcemente, removiéndole algunas de las lágrimas, mientras los ojos verdosos del infante no se despegaban ni por un segundo de él.

- Pero te irás y... no te volveré a ver... -gimió Ney.

- Regresaré pequeño, lo prometo –sonrió levemente- Además, aún tengo que leerte varios cuentos.

- ¡Es verdad! –contestó más animado, al tiempo que se abalanzaba sobre Leo para abrazarlo nuevamente, enrollando sus pequeños brazos alrededor del cuello del mayor- Te quiero Leo.

- Yo también te quiero peque –contestó Messi, besando tiernamente su frente y alborotando su rizada cabellera oscura.

Después de esto, Messi siguió su camino hacia la embarcación mientras Guardiola se despedía igualmente de la familia Real. Subió por la plancha de madera dispuesta al costado del navío, con su equipaje a cuestas. Una vez arriba, se reunió con Carles y Luisito, los cuales se encontraban apoyados del barandal de caoba, saludando a los que parecían familiares de ellos. Pep subió unos minutos más tarde, lo que significó el comienzo de la partida.

El capitán emitió unos cuantos gritos, a lo que los marineros subieron la plataforma de madera a bordo y desplegaron las velas, prontamente, la nave empezó a moverse hacia el rojizo horizonte.

Messi saludaba a la familia Real con el brazo extendido, y ellos a él de igual forma, en especial el pequeño Ney, que se había aproximado demasiado al extremo del muelle, sólo para poder estar más cerca de Leo.

Hubo un instante donde Lionel alzó su vista y divisó el castillo, suspiró y tragó saliva, sintió la conexión al instante, como si se estuvieran viendo directo a los ojos, claro que no había lógica alguna en ello, lo que no sabía era que, en ese mismo instante, un abatido Cristiano se encontraba asomado por la ventana de una de las torres, con su mirada fija en la embarcación saliente, las lágrimas brotaban a borbotones de sus ojos y su cara ardía de tristeza y rabia.

Y así estaban los dos, separados y conectados al mismo tiempo, con sus corazones en manos del otro, con sentimientos compartidos pero nublados bajo la influencia de la ira, y una promesa tan incierta como valedera, donde el azar se involucraba tanto como lo legítimo. Leo iba a volver, debía hacerlo, sólo que no sabía cuándo ni tampoco cuáles serían las condiciones que encontraría a su retorno, ¿Cristiano lo perdonaría? ¿Seguirían siendo amigos? ¿Él volvería a amarlo?... Estas y otras interrogantes se acumulaban poco a poco en su cabeza, así como el cielo poco a poco se iba acumulando de estrellas. Realbar se convertía en nada más que una imagen lejana, un recuerdo intrínseco en su mente y en su espíritu, donde tendrían que pasar mil años para que su suave paisaje y el aroma de su brisa se borrasen de su ser...

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