Desde muy pequeña, Audrey y André fueron conscientes de que Chloe sería una Bourgeois bastante conflictiva; aún así guardaban fe en que no fuera así y se convirtiera en una jovencita espléndida cuando creciera. Lo notaron desde que ella se enojó cuando Sally Veltmon le robó su muñeca a Sabrina Raincomprix en kindergarden y jaló del vestido a Sally por todo el patio hasta llegar con su maestra para exigirle que la castigara. Y es que, abogar por los demás no era algo propio de los Bourgeois; que tuviera un sentido de justicia tan alto en una familia política como la de ellos no era conveniente.
Por eso tomaron su pequeño espíritu y le mostraron que aprovecharse de otros no era malo, en un mundo tan caótico como ese era la herramienta que se precisaba para poder escalar. A Chloe no le interesó seguir esas reglas hasta que vio que sus acciones provocaron que su madre se hartara de ella y decidiera "tomar unas vacaciones" de las que nunca regresó. Podía notarlo en sus videollamadas: la mujer permanecía cortante y frívola, con "buenos deseos" tan vacíos que eran difíciles de tomar en serio.
Casi siempre que se contactaba con ella era para disuadirla para que convenciese a su padre de que le mandara dinero para algún lujo que se quisiera dar. Los primeros años desde el divorcio de sus padres, Audrey convencía a la pequeña rubia que si hacía eso ella prometía regresar. Utilizó esa promesa hasta que se desgastó por completo su credibilidad. Chloe ya no se fiaba fácil de los falsos juramentos; a temprana edad logró aprender cuando alguien pretendía utilizarla.
Su madre se aprovechó de su amor e ingenuidad, su padre la incentivó a dejar atrás sus valores. No había historia más profunda para definir la persona que actualmente era ella: La arrogante Chloe Bourgeois que pasa por encima de todos para hacerse lucir; su belleza era a penas comparable con su altanería, la casa Bourgeois al fin estaba segura de que la rubia sería toda una Bourgeois.
Por eso estaban más que encantados cuando ella se volvió la amiga más cercana de Adrien Agreste. Todos veían obvio que esos dos terminarían juntos y unirían dos apellidos multimillonarios alzando el estatus de ambas familias, porque: "Cosas que un Bourgeois no puede hacer" No. 12: Amar a alguien de clase social más baja que la de ella. Pero si de niña Chloe no había cabido en el molde de un Bourgeois, a Adrien no le cabía el molde de los fríos y enigmáticos Agreste en la adolescencia.
—Lo siento, Chloe.— le escuchó pronunciar algo apenado mientras se tallaba la nuca. La rubia miraba confundida esa escena ¿Cómo es posible que él le dijese que no? Todo mundo se esperaba un noviazgo de ellos, ella misma lo espero, por eso decidió tomar rindas en el asunto y ser ella quien iniciará la relación. Sin embargo ahí estaba él, tan incomodo como ella, llamando la atención de más de un transeúnte que pasaba por ahí.— Te veo sólo como una amiga.
Demonios. Cosas que un Bourgeois no puede hacer No.1 : No podrá ser rechazado. Esa desgraciada lista que su padre le había mostrado como si un texto sagrado se tratase.
Quizás si nadie ahí grababa esto, podría salirse con la suya y fingir que nunca pasó.
—Como sea, Agreste. Tampoco te creas la gran cosa.— meneó su cabello y se alejó. El rubio la llamó a sus espaldas, pero realmente no lo quería ver. No se sentía emocionalmente estable. Lo quería, de una manera bastante genuina; eso aunado a lo que le ocurriría si su padre se enteraba de que eso sucedió en un lugar público la estaban matando por dentro.
Caminó un par de horas a solas observando el Sena. Su corazón latía inquieto, sus manos cosquilleaban; temía llegar a la suite y encontrarse con su padre y su abuelo observándola totalmente ofendidos por haberse dejado ser rechazada. ¿Una amiga? ¿En serio Agreste? Después de todas esas noches charlando, hallando consuelo mutuo en el otro... ¡¿Una desgraciada amiga de muchas?!
"Se desmiente romance entre el modelo Adrien Agreste y la hija del alcalde de Paris, Chloe Bourgeois."
Carajo ¡¿Dónde quedó la privacidad?!
Harta de toda esa asquerosa tarde, alzó su celular y marcó a su mejor amiga. Necesitaba distraerse un poco, y ver el atardecer parisino ahora mismo le parecía tan patético y poco sustancioso.
—Chloe, me enteré de la noticia ¿Todo bien?— pronunció Sabrina del otro lado de la línea. Ella soltó una sonrisa sarcástica, viendo divertido su propio martirio.
—Preferiría no hablar de eso justo ahora.— escuchó como su amiga asintió acatando la orden. Chloe soltó un pequeño suspiro.—Mi padre me va a matar cuando llegue. Rompí la primera orden de la estúpida lista Bourgeois. Seguramente mamá se está revolcando de la risa en Nueva York, mi abuelo no me hablará por meses y Adrien me va a chillar mañana pidiéndome perdón sin saber lo que su rechazo público ocasionó. Agh, como lo odio.— escupió con enojo, aunque dentro de sí esto le estaba ardiendo y quería llamar al chico para que la consolara del dolor que él mismo le había ocasionado.
—¿Me estás diciendo que aún no has llegado a casa? Chloe, ya está oscureciendo. — rodó los ojos hastiada de su actitud protectora. No necesitaba eso, ella sabía cuidarse.
—Descuida; seguro papá no tarda en mandar alguien a buscarme. Le gusta hacer eso para sentir que aún tiene el poder sobre mí. Me puse en un lugar donde me puede encontrar fácilmente.— Sabrina renegó un poco del otro lado, pero terminó por asentir.
—Mañana iré contigo para que probemos un paquete nuevo de maquillaje que me regaló mi papá ¿Vale? Encontré unos tonos dorados y anaranjados que te quedarían preciosos.— Chloe sonrió, esa idea no le parecía tan mala.— Yo...
—¡Sabrina, si llega papá le dices que salí al club!— escuchó a Gerald, hermano mayor de su amiga, gritar desde el otro lado de la línea.
—¡No interrumpas, nerd; estoy hablando con Chloe!— le respondió Sabrina con reproche.—Ahora sí, como te decía...
—¿Tu hermano va a salir a un club? ¿En serio? ¿A estas horas? ¿Qué no se supone que tiene que jugar algún videojuego ridículo o ver alguna caricaturilla japonesa?— cuestionó realmente intrigada y sin temor a ser indiscreta. La pelirroja soltó un resoplido.
—No sé; cada Viernes se desaparece. Es como si de repente hubiera conseguido una vida social, pero sigue sin traer amigos a la casa. En pocas palabras, sigue siendo el mismo bobo de siempre sólo que sale los viernes.— Chloe se talló el mentón, sintiéndose cada vez más atraída al asunto.
—¿Un club nocturno de nerds los viernes? Eso suena algo demasiado estúpido, Sabrina.— miró el Sena una vez más ¿Siempre era así de aburrido?— Por otro lado, no tengo nada más interesante que hacer. Averigua a dónde va, seguro que lo que vaya a hacer tan siquiera me entretendrá un rato.
—¡¿En serio, Chloe?! Es mi hermano, él no puede ser interesante en lo absoluto.— exclamó la pelirroja incrédula.
—Tú tampoco lo estás siendo. Apúrale, Sabrina; necesito distraerme de este día del asco.
—Si tú dices.— escuchó a ella tararear tranquilamente.— Aquí dice que aún sigue cerca de casa pero el taxi que tomó va a... ¿El Boulevard Houssmann? Por ahí donde antes íbamos por tus pasteles ¿Recuerdas? No sé porque él iría ahí, no hay nada nerd por ese sitio.— no, en definitiva no. Debía seguirlo, ver que era lo que ese hombre escondía. Aunque no fuera nada interesante, el Boulevard Housmann tenía un montón de cafeterías y sitios perfectos para gastar su tiempo. Sería mejor que quedarse ahí.
—Muchas gracias, Sab; eres un encanto. Te veo mañana en la suite. Cuídate, linda.— y colgó. Estaba mucho más cerca que Gerald de su destino, seguramente si tomaba transporte ahora llegaría antes.
No tardó en pedir un taxi donde pudiera pagar con efectivo, ya que de otra forma su padre hubiera recibido el importe de un pago realizado con su tarjeta e iría tras de ella. Admiró el camino mientras tanto, respirando un poco ese limitado aire de libertad que solía tener. Ahí, en ese taxi, no había nada que la obligase a actuar de tal manera, ni su amiga que era la principal persona que ella manipulaba, ni su madre abusiva, ni su mejor amigo con esa sonrisa tan cálida que le hizo pensar que podían ser algo más.
Asqueroso Adrien Agreste.
—Llegamos, señorita.— Chloe abrió los ojos al hallarse con ese lugar tan descuidado. Estaba segura de que estaban en la parte menos iluminada de ese Boulevard, donde a penas un par de autos pasaban y una pareja se escuchaba discutir acaloradamente a la distancia. Titubeó un poco.
—¿Puede quedarse un rato aquí? Es rápido, lo prometo.— el hombre se encogió de hombros despreocupado.— Apague el auto, en cualquier momento llegara.— dijo agachándose un poco para ocultarse.
—¿No me estará tratando de hacer una broma o algo así, señorita?— la rubia regresó a verlo con molestia.
—Por supuesto que no. Estoy de espía, no moleste.— se quejó.
—¿A su novio?
—¡Que no! ¿Podría, por favor, dejarse de meter en mi vida? — el conductor rió divertido y prendió su celular para ponerse a jugar un rato mientras esperaba a que la rubia "espiase" a quien sea que quisiese. No tardó en aparcarse un taxi no muy lejos de ellos y de ahí, bajó el mismo Gerald. Bingo. Lo vio mirar de reojo los alrededores y esperar a que el otro taxi se fuese para avanzar hacia lo que parecía ser una casona vieja.— ¿En serio cree que alguien vive ahí? — en ese instante vio que se había equivocado, ya que una persona le abrió la puerta. Un sujeto le saludaba carnal.— Espere aquí, yo le diré cuando se pueda ir.
—¿Me vas a pagar extra?
—Agh, como molesta. Sí, lo que sea; sólo quédese.— y bajó del auto.
Se encaminó hacia aquella entrada mientras pensaba en si se necesitaba una clave secreta para entrar. Por supuesto que era así, era una cosa básica de los nerds tener eso. Sabía que una chica como ella no pasaría fácilmente por la entrada, tenía que pensar en alguna manera de lucir nerd de repente para que no la hicieran realizar ese ritual estúpido. Regresó a ver al taxista, sonrió malévolamente.
—Lléveme rápido a unas calles más adelante. Iremos de compras y después me regresará aquí.— excusa perfecta para salir de compras, aunque no fuera a comprar ropa que adoraba.
—Eso te costará más.— pronunció el chofer mientras ella se subía de vuelta al taxi.
—Ya deje de quejarse y hágalo, yo le pagaré.— enunció rodando los ojos. —Por dios, que avaricioso es usted.
La chica paró en una tienda de ropa no muy cara y compró unos jeans holgados, una playera enorme de la guerra de las galaxias, un par de deportivas neón , una mochila para guardar su ropa anterior y un gorro de lana negro para ocultar su cabello perfecto. Se limpió el maquillaje y se colocó la ropa. Nadie sospecharía que una preciosa Bourgeois se había metido en una convención de nerds. Hasta le daba asco que no se notara en absoluto su silueta femenina por toda esa ropa, pero la curiosidad la carcomía más.
Regresó al taxi y volvieron a aquel lugar. Respiró profundo.
—Deme su número. Esté rondando por aquí, probablemente lo vaya a necesitar.— el hombre le dio su teléfono algo confundido aunque divertido por la actitud ma Dona de la muchacha.
—¿Todo bien en casa? — preguntó bromista. La rubia sólo hizo un gesto con molestia.
—Que tonto eres, la verdad. — se bajó del auto y se encaminó nuevamente a la entrada.
Esperaba lucir lo suficientemente nerd con eso para que nadie sospechara de ella. Tocó la puerta, escuchaba música y risas del otro lado. Pronto un muchacho abrió, uno de atractivos ojos azules y alocados cabellos del mismo color mientras reía de algo que le estaban diciendo una mugí que estaba junto a él. Chloe se mordió los labios, el chico era lindo, o al menos su sonrisa lo era; se le fueron las palabras cuando por fin dirigió su mirada hacia ella.
—Hola, amigo, un gusto ¿Es tu primera vez en el club de los rechazados?— ¿Club de los rechazados? Así que eso era. Su curiosidad se debió haberse visto calmada en ese momento, pero sólo ocurrió lo contrario, avivándose más las ganas de entrar. Por otro lado... ¿Le había llamado amigo? ¿En serio tan varonil lucía?
Ahora que lo pensaba bien, esa podía ser su coartada. Un chico nerd que viene porque fue rechazado. Asintió.
—No eres un hombre de palabras ¿Verdad? — río divertido. Chloe hizo una pequeña mueca, temía no poder imitar bien la voz masculina y ser descubierta.— Bien, descuida; sólo... vas a necesitar de alguien para conocer el lugar. Ven.— la tomó de la muñeca, sintió un toque eléctrico recorrer ante su tacto.— Acompáñame.— e ignorando a su amigo, el chico de lindos ojos la jaló por aquella casa vieja hasta llegar a una puerta donde el sonido de la música retumbaba aún más. La abrió y empezaron a descender por las escaleras emocionando mientras ella a penas y le intentaba seguir el paso.
Al llegar se encontró con lo que menos esperaba.
Chicos, únicamente varones, saltando como vil multitud mientras gritaban las letras de las canciones pegajosas que ponía el dj; demasiado alegre y movida para tratarse de electrónica.
Miró a lo lejos un cartel inmenso que se extendía por toda la parte superior de una pared.
Demonios ¿Dónde diablo se había metido?
—¡Amigos, saluden a nuestro nuevo integrante!— gritó el chico de cabellos azules mientras le alzaba la mano. La música se detuvo y toda la multitud regresó a verla, entre ellos logró divisar a Gerald. Giró la cabeza un poco esperando que éste no la reconociera.— Aquí todos somos anónimos, así que puedes elegir tu nombre.— se mordió los labios nerviosa, si hablaba sería su perdición. Miró su playera, esa sería su salvación. La alzó indicándole que así se llamaría.— ¿Star Wars? ¿Estás seguro de que quieres ser llamado así?— preguntó con un pequeño gesto. Ella asintió.— ¡Denle la bienvenida a Star Wars!
Asqueroso nombre nerd al que tuvo que recurrir.
Varios gritaron gustosos su bienvenida mientras alguno que otro le arrojó un poco de su cerveza. Cerdos. Miró hacia Gerald, parecía no haberse percatado de ella. Suspiró aliviada. Pronto los demás siguieron en lo suyo. Los miró perdida ¿Cómo es que alguien podía disfrutar del rechazo amoroso?
—Están locos ¿No?— preguntó el chico a su lado. Ella se limitó a asentir. Él rió.— Eres tímido ¿Verdad? Descuida, estos chicos están algo alborotados pero son buena onda. Todos aquí hemos pasado por lo mismo.— ¿Cómo él podría haber sido rechazado por alguien?— Soy Viperion, un placer en conocerte, Star Wars.— le tendió la mano. Ella se perdió un minuto en las facciones de su rostro.
Sin duda no era igual a Adrien. El rubio tenía una mirada inocente y sonrisa amable; Viperion tenía una mirada provocativa y una sonrisa relajada, con más calidez, con un azul tan precioso en sus orbes que la hacían sentir cosas tremendamente extrañas.
Tomó su mano, sintió por primera vez lo que era tocarlo.
La vida de Chloe dio un giro a partir de eso.
Sé que había dicho que iba a estrenarse hasta el siguiente mes pero ya no resistí. En serio quería compartirles esto.
¿Qué les pareció? Espero desde ya sus hermosos comentarios. Los amo.
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