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Capítulo 7

La luz fluorescente de aquellos extraños tubos de luz de forma circular era tan brillante que Ashley apenas podía ver con claridad. Tuvieron que pasar algunos segundos hasta que su vista mejoró y finalmente, la intensa luz desapareció.

Observo a su alrededor con asustadizos ojos azules. Había muchas máquinas rodeándola. Eran extrañas y todas hacían ruidos diferentes.

Había panales transparentes, los cuales parecían ser computadores ya que gráficos y demás se dibujaban en ellos.

La habitación era enorme pero todo estaba tan cerca de ella que parecía que todo se cerraba a su alrededor.

Intentó colocarse de pie pero le fue imposible. Correas amarraban sus manos, impidiéndole levantarse. Pero eso no fue lo que más le asustó, sino que fueron los millones de cables que salían de todas partes de su cuerpo a diferentes máquinas.

Comenzó a desesperarse. Intentaba con toda desesperación escapar de aquel lugar.

¿Adónde estaba? ¿Qué era aquel lugar? ¿Por qué no podía recordar nada?

Un llanto de melancolía apareció de inmediato.

No podía escapar. No podía escapar de ese misterioso lugar. ¿Qué se supone que estaban haciendo con ella? ¿Por qué no había nadie allí para explicarle?

La desesperación la consumió por completo hasta el punto en que empezó a llorar y a gritar. Tal vez si hacía eso alguien la escucharía y vendría en su ayuda. Pero fue entonces cuando una pregunta apareció en su mente. ¿Qué tal si aquel lugar era malo? ¿Qué tal si las personas de allí no tenían ninguna intención de ayudarla?

Eso hizo que todo se intensificara el doble y se pusiera más nerviosa.

Jamás había notado que estaba vestida con tan solo una bata. ¿A dónde estaba su ropa? ¿Qué diablos querían las personas o cosas que la habían llevado a ese lugar?

Fue en ese momento en que una puerta de acero plateado se abrió por completo y un joven, de entre unos veinte y veintidós años apareció. Tenía el pelo castaño y unos misteriosos ojos verde vivo.

Ashley se espantó. ¿Qué tal si él era malo? La ropa que traía era como la de alguien normal (con excepción de la bata blanca), pero por alguna razón tenía en su mente que no podía confiar en nadie.

Intentó alejarse lo más que pudo de él pero le fue inútil, estaba atada y por más que lo quisiera no podía ir a ningún lado. Estaba condenada.

— Por favor no me hagas daño, por favor —dijo entre lágrimas.

— No voy a lastimarte, vengo para ayudarte—dijo con voz decidida. Por alguna razón a Ashley le resultaba conocida.

Ashley desconfiaba un poco de él. Un extraño entra en aquel lugar ¿y dice que la ayudará? ¿De qué se trataba todo eso?

Aquel joven comenzó a quitarle con rapidez todos los tubos que estaban incrustados en su cuerpo. A medida que los iba retirando, un hilo de luz blanca parecía salir de dentro de su piel hasta estirarse por completo y luego romperse y desintegrarse en el aire. Enormes agujas eran las que mantenían a aquellos tubos aferrados a su cuerpo, y para ser honestos, ardía y dolía mucho.

Pequeños agujeritos quedaban marcados en su piel y Ashley tenía la leve sensación de que jamás se irían. Quedarían como una cicatriz permanente.

— ¿Quién eres? —preguntó con temor a aquel joven.

— Me llamo Sean, ya nos conocimos, pero aun no puedes recordar nada. —Se volteo para mirarla directamente a los ojos—. Pero no te preocupes, a medida que pase el tiempo iras recuperando la memoria.

— ¿Por qué no puedo recordar nada?

— Drogas. Ellas son las responsables de que no puedas recordar las cosas. Pero una vez que estén fuera de tu sistema podrás hacerlo —dijo con voz segura.

Sean finalmente terminó por desatar las correar que envolvían las muñecas de la joven y luego la ayudó a sentarse con delicadeza.

Coloco una de sus manos en su espalda y la fue subiendo lentamente hasta su nuca. Corrió hacia un costado la mayor cantidad de cabello que pudo y observó directamente hacia la parte superior de su cuello, justo en dónde la cabeza se une con éste. El chip de computador se veía a simple viste. Era pequeño, del tamaño de una uña. Pero lo más sorprendente era que éste era de un color completamente negro, no se podían ver las brillantes luces blancas marcando sus circuitos. Lo había quemado. Estaba obsoleto. Finalmente nadie controlaba a Ashley. ¡Volvería a tener conciencia de sus recuerdos! De sus acciones… de todo lo que deseara hacer. Era libre.

Sean había logrado lo que nadie había deseado hacer en aquel lugar. Despertar a uno de los experimentos.

Ashley sentía como todo el cuerpo le dolía debido a las agujas. No creía que pudiese caminar. Sean le hablaba con delicadeza, incitándola a que fuese despacio. Hizo que se sentara en el borde, dejando que las piernas quedasen en el aire. Ashley tenía la mirada baja y fue entonces cuando pudo notar una cinta plastificada en su muñeca.

— ¿21051? ¿Qué cosa es esto?

— Es el nombre que aquí te dieron.

— ¿Un número?... ¿Dónde se supone que estoy? ¿Por qué me tenían en una cama? ¿Por qué no tengo un nombre real? —cada vez se iba poniendo más y más nerviosa.

— ¡Tranquila, tranquila! —Dijo tomándola de las manos—. Sí, tienes nombre. Pero ellos se encargaron de borrarlo de tu memoria. A medida que pasen las horas podrás recordarlo. Yo no te diré cual es.

— ¿Por qué?

— Porque necesito que lo recuerdes por ti misma, ¿entiendes?

Ashley simplemente asintió. Estaba completamente aterrada y Sean podía verlo a simple vista. Finalmente hizo que descendiera de la camilla y los descalzos pies de la joven tocaron el frio piso de baldosas grises. A medida que sus piernas tenían que ir soportando el peso de su cuerpo, el dolor por las agujas se hizo presente e hicieron que sus rodillas se doblaran, perdiendo el equilibrio. Sean la tomo en sus brazos al instante.

— Despacio. Con cuidado.

Dejo que Ashley se tomara su tiempo pero a decir verdad, no había mucho tiempo ya. Decidió cargar a la joven en sus brazos y fue así como salieron de aquella habitación. Ellos podrían llegar en cualquier momento y era mejor que no los viesen allí. Ya sospechaban que algo andaba mal con ella, y ahora se llevarían una gran sorpresa.

Sean no tenía ni idea de cómo actuarían cuando se diesen cuenta de que uno de sus proyectos había escapado por primera vez. Debería ser muy cuidado si no quería que los atraparan.

Lo único que lo hacía sentir feliz por dentro era el hecho de que había logrado hacer que Ashley despertara, y el hecho de pensar en cómo ellos estarían arrancándose los cabellos por intentar descifrar cómo alguien logró despertar sin su consentimiento.

Sean había llevado a Ashley a su escondite secreto. Una habitación que ya nadie utilizaba como tantas que había en todo el edificio.

Allí había un escritorio con una computadora y varios papeles desparramados por todos lados. Algunos platos descartables con restos de comida también se encontraban por allí arriba junto con algunos vasos de plástico.

Había una cama bastante acogedora en uno de los rincones —era lo único prolijo de la habitación. También habían varios… dispositivos extraños que Ashley tuvo miedo de preguntar para que servían. Definitivamente se notaba que él era un científico o algo parecido.

Cinco horas exactas fueron las que Ashley durmió. Sean jamás pensó que necesitaría tanto tiempo de descanso, después de todo pasó catorce años dormida. ¿Qué tanto necesitaba dormir?

Lo único bueno que sacaba de eso era que probablemente recordaría algo cuando despertara, y ese momento era ahora.

Sean estaba concentrado en tratar de descifrar algunos códigos que aparecían en su computador cuando de pronto, escucho como alguien se desperezaba. Se dio media vuelta y vio los maravillosos ojos azules cristalinos de Ashley observándole.

— ¡Al fin!

La silla en la que Sean estaba sentado tenía rueditas, por lo que pudo deslizarse con facilidad al lado de Ashley.

— ¿Sean? —Pregunto algo adormilada—. ¿Dónde estamos?

— Estas a salvo. —Le aseguró y una sonrisa torcida apareció en sus labios.

Al principio Ashley parecía confundida pero luego sus ojos se abrieron de par en par y su mirar cambio de forma radical. El odio y la ira se reflejaron en su cara.

— ¡Tú… maldito desgraciado! —coloco sus manos en su pecho y comenzó a golpearlo—. ¡Cómo te atreves a hacerle eso a Logan!

— ¡Ashley, ya basta! ¡Sueltamente!

Definitivamente recordaba ya lo último que había vivido en sus sueños gracias al virus de Sean.

— ¡Logan está bien! ¡Ya despertaste! ¡Estamos en Elyisum!

Ashley comenzó a sacudirlo con menos violencia. No entendía muy bien a qué se refería hasta que vio la pulsera plastificada con su número.

— ¿Funcionó? —preguntó sorprendida.

Sean asintió y Ashley simplemente se le lanzó encima para abrazarlo lo más fuerte que pudo. No podía creerlo, había funcionado.

— ¿Pero cómo?

— La única forma de hacer que alguien salga del transe es hacer que esa persona muera con violencia en sus sueños. ¿O por qué crees que no dejan que nadie muera? ¿Por qué crees que hacen que tengan edades de 110? ¡Porque ellos manejan absolutamente todo! Y saben que si dejan que mueran todo se acabará. Es por eso que en vez de hacerlos morir, los desmayan o hacen dormir para cambiar de vida.

— ¿Y ahora que haremos? Aun no recuerdo nada de mi verdadera vida.

— Yo te ayudaré a recordarla —se coloco de pie y de unas cajas extrajo un par de ropas—. Toma, vístete.

— ¿adónde iremos?

— Por el maldito contrato de Elysium.

Ashley salió de detrás de una puerta, la cual conducía a un pequeño armario que, si no fuese por una pequeña silla, estaría completamente vacío.

La ropa que Sean le había dado era bastante cómoda. Jeans y una blusa negra con puntillas en el borde del escote y la espalda. A parte de eso, también le había hecho usar unos zapatos que al caminar parecía que lo hacía sobre un almohadón de plumas. Eran sumamente livianos y cómodos. Y lo mejor de todo era que no le hacían doler las piernas tanto. Aun le dolía todo el cuerpo debido a las agujas, y no es para menos ya que estuvo adherida a ellas por más de catorce años.

Le costaba un poco caminar pero no se quejaba. No quería que Sean viera lo débil que era —aunque él en realidad no lo veía así—, iba a demostrarle que era lo suficientemente fuerte como para cumplir con su misión.

Al salir de la habitación pudo observar con mayor detalle aquella habitación. Más de la mitad del techo tenía aun los paneles que tapaban la estructura, pero casi llegando al final de éste, los paneles habían desaparecido y un millar de cables (de distintos tamaños y colores) caían del techo creando arcos, mientras que otros se conectaban a otros cables que desembocaban en la computadora de Sean. Éste estaba completamente concentrado en lo que hacía. Tenía una computadora de última tecnología (obviamente, era el año 2154 según él le había dicho). Detrás de la pantalla del monitor de 22 pulgadas, se desplegaban otros paneles transparentes que mostraban imágenes tan nítidas como si las estuvieses viendo en vivo y en directo.

Había una impresora gigantesca y de color negro (como todo lo que allí había). También había cámaras, chips, y un millar de otras cosas que no tenía ni idea de que eran o para qué servían.

Definitivamente toda la acción se centraba en la parte izquierda de aquella habitación. Mientras que en el otro lado, lo único que había era una cama, una mesa plegable recostada en la pared y dos banquitos desperdigados por allí dentro.

Ashley se acercó a la magnífica tecnología de Sean sin siquiera tocarla, tenía miedo de estropear algo. Observo a los paneles transparentes y pudo ver lo que parecían ser los pasillos de algunas de las instalaciones. En algunos había personas, en los otros no, y cada tanto las imágenes iban cambiando y se mostraban diferentes áreas. Definitivamente tenía todo vigilado.

Sean se movió en su silla y colocó un pedazo de plástico rectangular en aquella gran impresora. Tecleo algo en su computadora e inmediatamente el mismo plástico rectangular salió de la impresora con pedazo de papel escrito en medio.

Sean lo tomó en sus manos y le adhirió un clip en el medio.

— Tú identificación —dijo entregándosela.

Ashley la tomó entre sus manos. ¡Era increíble! Allí estaba la foto que Sean le había tomado hace un par de minutos atrás (se veía bastante guapa), había un código de barras y otras letras raras que ella no entendía. Números que supuestamente eran su número de integrante y su nombre falso: Destiny Singer.

— Y ésta es la mía —le dijo enseñándosela—. Es la que he usado todo este tiempo.

— ¿Por qué debemos usar esto?

— Porque así no nos reconocerán y podremos acceder a cualquier parte de Elysium.

Al cabo de un par de minutos Sean desplegó la mesa plegable y acercó los dos banquitos. Corrió hacía un rincón en dónde tenía una especie de balde lleno de mapas. Estaban hechos de un papel muy fino; se notaba porque se veía a simple vista las líneas hechas con marcadores.

Busco entre los tantos mapas que tenía y cuando encontró el que buscaba lo tomó entre sus manos y lo desplegó en la mesa.

— Muy bien, nosotros estamos aquí —dijo remarcándolo con un marcador rojo—. Y debemos de ir aquí —remarcó con un circulo otra habitación que parecía estar a varios kilómetros de distancia. Bueno… tal vez a tan solo un par de metros.

— ¿Qué es eso?

— Es el departamento de archivos. Ahí están absolutamente todos los historiales de cada uno de los que trabaja aquí, de cada uno de los experimentos. Está también de qué tratan los experimentos, los avances, las fallas…, el contrato dónde se estipula para qué sirve Elysium.

El escuchar aquello hizo que algo temblara en su interior. Por alguna razón le tenía miedo a un pedazo de papel dónde decía para qué servía el lugar en dónde se encontraba. Pero por otro lado, el simple hecho de pensar que en alguna parte de aquel lugar se encontraba un archivo con toda su vida, era simplemente emocionante. ¡Podría saber de ante mano todo! No tendría que esperar a que la droga se fuera de su sistema. Sean le había dicho que tal vez demoraría un par de semanas para que la droga saliera de su sistema, y eso para ella era una eternidad.

— Yo te guiaré hasta ese lugar, ¡No debes separarte de mí!

Ashley asintió.

— Aun no he entrado a ese lugar, así que no sé qué sucederá. Solo lo he visto mediante mis cámaras y es enorme, ¡así que no te alejarás de mí allí dentro tampoco!

La voz de Sean sonaba completamente autoritaria.

— El contrato se encuentra en el ala XY, un código para especificar la importancia del contenido. Todo lo que verás allí dentro es ultra secreto y solo los miembros de categoría A puedo entrar.

Ashley observó su identificación y pudo notar una gran A negra a un costado de la misma.

— Son varias cámaras con enormes archivos. Esta es una tarea que tenemos que hacer de a dos porque solos no lo lograremos. ¡Trata de enfocarte en el contrato! Olvídate de tu expediente. Si haces lo que te pido te prometo que lo conseguiré para ti, ¿Entiendo?

Ashley asintió nuevamente. No lo hacía porque le importase el hecho de que él le conseguiría su expediente, sino que era porque en verdad quería fundir a aquel maldito lugar. ¡Que cada uno de los que los había hecho sufrir se pudriera en la cárcel! O lo que sea que les hicieran en aquella época.

Cuando finalmente estuvieron preparados se colocaron batas blancas, abrocharon el clip en la solapa de uno de los bolsillos de la bata y dejaron relucir la identificación.

Antes de marcharse, Sean instaló un video de pantalla, lo que quería decir que los vigilantes verían por sus monitores un video prefabricado y no lo que realmente sucedía.

Salieron con sigilo de aquella habitación. Definitivamente había una diferencia de luz. Allí dentro la luz era casi nula, lo que más iluminaba era la pantalla de los monitores, pero allí fuera, en los pasillos, la luz era sumamente intensa. Los tubos de luz eran iguales a los que Ashley vio al despertar. Redondos  y divididos en tres.

Caminaban con suma tranquilidad, como si nada hubiese pasado. No se topaban con muchas personas, y eso era porque Sean le explicó que la mayoría pasaba tiempo en los laboratorios de la planta alta, buscando soluciones a las emociones. La otra gran parte, estaba metida en alguna de las tantas habitaciones que allí habían, probando los experimentos en sus experimentos humanos.

El simple hecho de que estaban haciendo sufrir a un montón de personas hizo que Ashley apretara los puños. Sentía rabia y a la vez impotencia por no poder hacer nada. Pero ese pensamiento rápidamente cambio al pensar que pronto, cuando tuviesen ese contrato, todas las buenas personas que estaban allí sin su consentimiento, saldrían y volverían a estar con sus familias.

Pensó tanto en lo que harían aquellas familias al ver nuevamente a sus familiares que apenas se dio cuenta de que estaba frente a frente al ARCHIVO NACIONAL DE ELYSIUM.

“Qué originales” pensó en forma burlona Ashley.

Las puertas eran del tamaño de la pared. Hechas de acero y cromo pulido.

Sean se acercó a un costado de la misma, en dónde había una rendija para tarjetas. Él se quito su identificación y la pasó por aquella  rendija. Una luz azul se iluminó y a continuación una voz robótica dijo el nombre falso de Sean.

Brandon O’Conell. Acceso concedido.

Las puertas se abrieron, deslizándose hacia los costados.

Ante los ojos de Ashley una inmensa habitación con pisos de baldosas blancas pulidas, repisas del piso hasta prácticamente el techo repletas de carpetas aparecieron. Todo estaba contenido en enormes cajas de cristal, como una habitación.  Y la única forma de acceder a ellas era pasando la identificación por la rendija.

Absolutamente todas las habitaciones tenían un código: AA, BG, KI.

Según Sean, eso significaba la importancia y en otras ocasiones, el contenido.

A medida que caminaban con rapidez por los enormes pasillos de aquel lugar, Ashley pudo divisar una habitación en dónde las letras que se dibujaban en el cristal eran las de PY. Lo que interpretó como: Proyecto.

¡Allí debería de estar ella! ¡Allí debería de estar toda su historia!

Se volteo para mirar a Sean pero éste caminaba con paso rápido, sin siquiera detenerse a mirar las otras habitaciones.

“Él prometió que buscaría tu archivo. Él lo prometió.” Se repitió una y otra vez Ashley. Quería confiar en él, después de todo, si no fuera por él ella ahora no estaría allí, pero ¿A quién engaña? Desconfiaba un poco de él. Y esa desconfianza no se iría hasta que tuviese en sus manos su propio archivo.

Doblaron por una esquina, y al final del pasillo unas enormes puertas de cristal se alzaron ante ellos. Se podía ver toda la habitación con claridad. Enormes bibliotecas repletas de lo que parecían ser libros se distribuían por toda el área.

Al final del corredor, alejada de todas aquellas bibliotecas, una compuerta mostraba todo su esplendor y su máxima seguridad. Lo que sea que estuviese guardado allí era de suma importancia.

Ashley alzo la vista, y en letras de cristal difuminado pudo leer con suma claridad Ala XY.

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