30🍧
—¿De verdad puedo ir?
—Sí, Mikasa dijo que no importa, Jean puede.
Jean dio media vuelta por la cama del contrario para poder sentarse y observar a su primo mientras se arreglaba la camisa.
—No olvides tu promesa Eren, dijiste que me ayudarías con esa chica.
Eren suspiró luego de cambiarse repentinamente de camisa y terminar por atarse una coleta algo floja, se dio la vuelta para enfrentarlo y entonces señaló hacia la puerta de su habitación.
—No olvido, hoy viernes, no hablo Levi para ayudar, así que Eren no olvida.
Jean asintió enérgicamente mientras caminaba siguiendo al castaño y luego palmeó su espalda varias veces.
—Que no le hables a tu novio por mi, es un lindo gesto aunque no lo sepas. Además, la tía dijo que se siente apenada por hacer que no hablemos durante años, deberíamos aprovechar todo el tiempo que me quede.
Así pensó en hacerlo, le pidió a su madre que si Levi llamaba, por favor que le avisara que él estaría con su primo. Salieron temprano, tomaron un autobús para llegar a la casa de Armin donde le hacían la fiesta a Mikasa. No había tantas personas como lo había sido en el cumpleaños del rubio, pero sin embargo, Eren pudo apreciar varios rostros desconocidos.
En medio de la multitud después de saludar a una acalorada y feliz cumpleañera Eren terminó completamente solo, sentado en unos bonitos sillones negros que habían colocado en el patio como decoración, en su mano derecha llevaba un vaso de cerveza que estaba vacío hasta la mitad, Jean se había escapado de él minutos antes para lograr su preciada conquista, aunque a Eren ya le parecía que lo había logrado, porque Mikasa había estado preguntando por su primo desde que lo vio en una fotografía que tenía guardada en uno de sus álbumes.
Miró el vaso que tenía entre sus manos y le dio un pequeño sorbo, aunque no lo admitiera frente a los chicos que solían invitarlo a sus reuniones continuamente, se sentía extremadamente solo. Porque ninguna de aquellas salidas tenían sentido si Levi no estaba entre ellos. Porque aunque quisiera distraerse como el mismo Farlan le había aconsejado semanas atrás, sentía que era casi imposible. Y para ello solo había una respuesta, donde sea que iba, tenía recuerdos del más bajo.
—¿Por qué esa cara tan triste?
Eren miró a Farlan que se sentaba a su lado, trató de dirigirle una sonrisa, salvo que salió más parecido a una mueca de lo que hubiese querido.
—Mira, te he conseguido unos sándwiches, se lanzaron como bestias hambrientas cuando vieron que llegaba la comida— le comentó con gracia —anda, come un poco.
Le extendió un pequeño plato con cuatro sándwiches de jamón y queso, esta vez si le sonrió y tomó uno para probarlo.
—Deberías dejar de pensar tanto y divertirte un poco más— le comentó el rubio entonces —Ese es el rostro que me gusta ver en ti.
Y allí fue cuando todo cambió entre ellos. Levi no llamó durante casi un año, un año en el que esperó e intentó llamarlo él mismo, pero jamás consiguió respuesta. Farlan se mantuvo cerca, yendo cada vez que podía, iba a buscarlo y salían a recorrer el pueblo en bicicleta, veían películas de terror durante las noches de los viernes comiendo palomitas en el sillón. Carla y Grisha se habían llevado muy bien con el rubio y a veces lo invitaban a cenar, cocinaban juntos, a veces Church pasaba alguna que otra noche en la habitación del castaño tirando algunas mantas en el suelo. Farlan lo hacía sonreír, siempre buscaba una u otra forma de hacerle olvidar del mundo que le rodeaba por algunas horas, y aquello su madre lo había notado.
Una tarde se lo hizo saber, que lo lamentaba bastante por no haber sido capaz de enfrentar la realidad, de que él ya no era un niño del que podrían aprovecharse, Eren, se estaba convirtiendo en un hombre del cual ella no estaba preparada para dejar ir. Se disculpó por no haber entendido la relación que tenía con Levi, y ahora, creía que las cosas con Farlan podría sacarlo de aquel letardo que su hijo mantenía.
No fueron tan errados sus pensamientos, porque después de que Eren comenzara a asistir a clases al mismo instituto que el rubio, todos los días lo acompañaba a casa en su nuevo automóvil, fue un día en el que volvía a casa bastante tarde, un viernes, en el que Farlan se quedaría que los descubrió besándose en el sillón de la sala.
No preguntó, no replicó, los saludó amablemente y los dejó.
Meses después, supo que algo entre ellos había cambiado, había cambiado después de uno de aquellos fines de semana en los que salía con Farlan.
Fue allí, cuando Eren había comenzado a expandir sus horizontes cuando Levi volvió a llamar.
Fueron días difíciles. Donde Eren se encerraba en su habitación y no salía más que para lo necesario, noches en los que lo había oído llorar y rechazar continuamente las invitaciones del rubio.
Un año después Eren se graduó, buscó un trabajo y poco tiempo más tarde les dijo que deseaba tener su propio hogar. Fue allí cuando Carla se alegró al saber que aún mantenía un contacto cercano con Farlan, se lo había encontrado algunas mañanas en el departamento de su hijo, no tuvo que preguntar para saber lo que ocurría.
Pero no todo iba tan bien como ella creía, porque lo descubrió un viernes en el que habían ido a cenar al departamento de su hijo, Eren, seguía esperando los llamados de Levi.
Años después, descubrió que nada había cambiado.
Eren llegó la mañana del domingo en la que lo invitaban a almorzar, con una gran sonrisa y un humor increíble, ayudó con la comida, a colocar la mesa y estuvo bastante cariñoso con ella.
—¿Y bien? ¿Cómo fue la semana?
—Bien, estuvo bien, como siempre.
Carla observó a su marido, tenía que advertirle nuevamente.
—Eren, debemos hablar sobre el tema de Levi.
Eren dejó de masticar y la miró con curiosidad.
—No hay problema con eso, Levi llamó—. Respondió con tranquilidad.
—¿Qué?
—Llega la semana que viene, voy a ir a buscarlo al aeropuerto, quiero verlo.
—Sé que quieres volver a verlo. Pero dijiste que querías rehacer tu vida la última vez que estuviste aquí ¿Qué hay con Farlan?
Eren apretó los cubiertos y luego sonrió avergonzado.
—No... las cosas privadas son privadas.
—Eren...
—Dijiste que respetabas mis decisiones. Quiero volver a verlo, ya no deberías insistir más.
Después de una semana, Carla volvió a ver a su hijo, esta vez, volvía junto a Ackerman sonriendo como tantos años atrás que ella no había podido apreciar.
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