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Entre caricias salvajes y desesperadas, Shinichiro terminó por arrebatarle la ropa a la chica, sin dejar de devorarle la boca.

Ni siquiera recordaba su nombre, pero no era un problema, después de todo, apenas terminarán de coger, él tomaría sus cosas y nunca volvería a verla.

A Shinichiro le importaba tan poco ser amable o siquiera considerado con la desconocida que conseguir una habitación barata en un motel de quinta era la menor de sus preocupaciones.

—No enciendas la luz —ordenó con voz grave y detuvo la mano que se dirigía al interruptor. A la chica no le quedó más que aceptar a regañadientes.

Se negaba a ver el rostro de una desconocida e insulsa mujer mientras tenían sexo. No lo necesitaba y tampoco lo deseaba.

No necesitaba ninguna mierda romántica, lo único que quería era saciar sus necesidades y aliviar el sentimiento de molestia que le retorcía el estómago como si le hubieran dado una paliza.

No quería ver un rostro con una mirada insignificante y carente de aquella ternura que tanto anhelaba.

Porque Shinichiro sabía que por más que lo intentará la realidad era que no encontraría el cielo que tanto deseaba. En su lugar sólo habría un hueco de lujuria y deseo efímero.

No habría interés, cariño y mucho menos amor, y eso era lo que le jodía.

No tendría esa atención que necesitaba ni aquel cariño que, aunque negara, le llenaba el pecho.

Cuando la habitación se llenó de los sonoros y obscenos gemidos de la chica al ser embestida, el sonido se volvió insoportable e irritante para Shinichiro.

Aquel deseo que lo había empujado a ir tras esa mujer y meterse entre sus piernas no era más que un nauseabundo recuerdo.

Aun a través de la oscuridad vislumbraba las facciones de la chica y su expresión completamente perdida en placer, y esto, en lugar de excitarlo, lo llenó repulsión

Esos no eran los ojos en los que quería reflejarse ni la voz que quería escuchar clamar su nombre. Ese no era el rostro que quería que le mirara, pues sabía muy bien que por más que lo hiciera, nunca encontraría aquello que su interior pedía a gritos.

Shinichiro era demasiado cobarde para dejar asomar sus verdaderos pensamientos, que prefería culpar en silencio y con molestia a la chica por ser tan simple que le revolvía el estómago.

Y eso era porque esa mujer no era suficiente para llenar el vacío de su interior, pero como siempre resultaba más sencillo perderse entre las piernas de una total desconocida que afrontar su realidad.

Quería acabar con la asquerosa necesidad que le suplicaba por acercarse a cierta persona.

Cierto chico…

—Date la vuelta.

La chica estaba tan perdida en su deseo que se limitó a obedecer y quedó con el pecho sobre la cama mientras él le tomaba por el trasero.

Shinichiro hacía oídos sordos a la voz de su corazón que gritaba por ser escuchada en medio de súplicas por salir huyendo de ahí y buscar de una vez a Takemichi.

Buscarlo antes de que fuera tarde.

La mente necesitada y solitaria de Shinichiro le jugó una mala jugada cuando, en lugar de la sosa silueta de la chica rubia debajo de él, la delicada y etérea figura de Takemichi estaba ante él.

Por un momento, el Sano quedó paralizado, con la respiración detenida y el corazón palpitando con la fuerza suficiente para taladrar su pecho. Sin embargo, sus manos y sus labios traicioneros se movieron por sí solos, aferrándose a la suave y dulce piel de la persona grabada en cada uno de sus pensamientos.

Su imaginación y sus pensamientos se aferraron al deseo de que fuera Takemichi la persona a su lado, que los jadeos agudos de la chica eran percibidos como la suave voz del Hanagaki.

Con la percepción totalmente distorsionada y preso de sus sentimientos, Shinichiro logró cumplir su deseo de ser uno con Takemichi que antes de darse cuanta de la realidad, llegó a su clímax.

Empero, todos sus pensamientos y sentimientos de euforia se desquebrajaron cuando la desconocida se dió la vuelta y lo miró con una sonrisa.

¿Qué carajos había sido eso?

—Fue estupendo —musitó la chica con voz dulce mientras intentaba recuperar la respiración.

Shinichiro apretó los puños con rabia incapaz de responder. ¿Qué podía decir? ¿Qué la chica era nefasta y que había tenido que pensar en el novio de su hermano para terminar? ¡Mierda! No era un bastardo insensible.

—Por supuesto.

Se daba asco a sí mismo. ¿Cómo podía pensar en el maldito de Takemichi en momentos como esos? Era una jodida pesadilla.

Una maldita plaga.

¿Cuándo dejaría de atormentarlo? ¿Qué tenía que hacer para que dejara de joder su mente?

Lo odiaba.

Odiaba a Takemichi.

Odiaba que en cada pensamiento estuviera presente.

Lo odiaba porque, cada vez, era más claro que lo necesitaba más de lo que deseaba admitir.

Lo odiaría por joder su mente.

Lo odiaba y siempre lo haría porque si lo culpaba a él no tendría que lidiar con sus propios sentimientos.

¡Holi! Espero se encuentren bien

Lamento mucho el abandono, perooo he vuelto y no pienso dejar el fic incompleto. Gracias por su paciencia ♡

Si les gustó no se olviden de comentarlo, es muy entretenido ver sus opiniones y como quieren desaparecer a Shin 👁

PD: ¿qué pensarían de un final Shintake? Nomás es duda 👀

Nos leemos pronto.

Besos♡

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