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No puedo contenerme

ADVERTENCIA CONTENIDO SEXUAL

-Kylie P.O.V.-

El viaje en coche a casa fue completamente silencioso. Podías sentir la tensión en el aire y era tan abrumador.

Sentí que no podía respirar, necesitaba aire fresco.

-Jason, para. - hablé.

No se movió ni un centímetro.

- Jason, estoy hablando en serio, para. -Hablé en un tono más exigente.

Una vez más, no hizo ningún movimiento ni dio ninguna respuesta.

Sabiendo que debería haber tomado una forma más adecuada para decírselo, le grité,-¡Jason McCann si no paras ahora mismo, echaré toda la cena de ayer en tu bonito coche de $ 300,000! -De repente, el coche se fue hacia un lado tan rápido que me provocó un latigazo cervical.

- ¡Qué mierda! -Gruñí mientras me masajeaba la cabeza. Levanté la vista y
noté que Jason me miraba fijamente, con los ojos llameantes y el cuerpo temblando de ira.

Pronto me di cuenta de que no podía soportar la mirada de odio que me dirigía. Miré hacia abajo a mis manos, luego por la ventana delantera y por último a mis pies.

Traté de contenerme mientras analizaba la situación.

- Ya he parado. Ahora vete a la mierda y vuelve enseguida. -gruñó lentamente.

Comencé a temblar pero no de ira, sino de miedo. Alcancé la manija de la puerta pero, para mi mala suerte, cerró las puertas antes de que pudiera abrir.

Lentamente volví mi cabeza hacia sus ojos. Todo lo que vi en ellos, fueron hoyos negros como el alquitrán, no los preciosos ojos mieles.

- Espera un momento... -me detuvo. -Te pongo muy nerviosa, ¿no?

Mis ojos se agrandaron mientras su sonrisa crecía. Sin saber qué más decir, traté de salir de nuevo.

Tiré de la manija desesperadamente. - Jason, necesito aire...

Movió su dedo de un lado al otro. -No, no, no, al menos ya no lo tendrás.

Fruncí el ceño, -¿Qué quieres decir? -pregunté confundida.

Rió. -Si realmente tuvieras ganas de vomitar, habrías salido corriendo por la puerta cuando nos habíamos parado, pero en vez de eso, estabas sentada ahí... sin hablar... evitándome...

Mi corazón se aceleró y mi cuerpo tembló. Tragué la saliva que se estaba formando en mi garganta.

-No sé de qué estás hablando... -dije.

Todo lo que recibí por su parte fue una leve risa. -No me evitarás tanto cuando lleguemos a casa.

Mi corazón se detuvo de golpe.

Escuché el clic del botón de desbloqueo y salí por la puerta, sintiendo las náuseas volver a aparecer.

Me va a matar.

Me va a hacer daño.

Me va a violar.

Mil cosas pasaron por mi mente, todas a la vez y antes de que pudiera hacer algo, ya estaba vomitando.

Una vez que terminé, de regreso al coche tropecé por el camino y entré. Justo cuando cerré la puerta, arrancó hacia su casa.

Quince minutos después, doblamos la esquina de su casa y entrabamos al garaje.

Apagó el auto quedando sentados en completo silencio.

-Quiero que subas y te sientes en la cama. Esperame ahí. -habló finalmente.

Todo lo que hice fue asentir con la cabeza y correr dentro. Los demás no regresarían aún, así que estábamos solos en casa. Que era lo que más me asustaba.

Subí las escaleras de dos en dos hasta llegar a su habitación. Lentamente abrí la puerta y me senté en su cama tamaño King.

Pasé las manos sobre las suaves sábanas de seda, y comencé a perder la cabeza al escuchar sus pasos dirigirse hacia dónde estaba.

La puerta se abrió lentamente, apareciendo detrás de ella Jason. Tenía una mirada en sus ojos que jamás había visto. Ira, tristeza, desesperación y lujuria.

Apagó las luces caminando hacia mí.

- Ponte de pie. -ordenó. Hice lo que me dijo. Lo menos que podía hacer ahora era seguir sus órdenes y no hacerlo enojar más de lo que ya estaba.

- Olvídate del chico del club. Nunca más volveras a verle. -dijo.

- Jason, ¿Qué has hecho? -grité.

- ¡No me levantes la voz! -gritó y me dio una bofetada. Caí contra la cama, sosteniendo mi mejilla ahora roja por el golpe.

Las lágrimas inundaron mis ojos cuando me levanté. -¿Qué te pasa? -Grité.

Se rió. - ¡Nada, no me pasa absolutamente nada! La cosa es, que parece que no puedes seguir mis reglas, ¿o sí?

- Te dije desde un principio que si no seguías mis órdenes, serias castigada.

- ¡Esta es la primera vez que no me he escapado! -Grité, luchando de nuevo.

- Tal vez así sea, pero has cruzado la línea. ¿Como se te ocurre bailar con otro hombre? -gritó.- Eres mía. Solo mía. No eres ni de Tyler, ni de Nick, ni de Bruce, sino solamente mía. ¿Puedes meterte eso en la cabeza? -rugió.

Empecé a llorar aún más al escuchar sus palabras.

-Creo que tendré que enseñarte que nunca me vas a dejar. Debes permanecer fiel a mí, y solo a mí. -Comenzó a empujarme.

La parte de atrás de mis rodillas golpeó la cama, cayendo de espaldas. Jason no se detuvo ahi, se subió encima y me empujó hacia abajo.

- Voy a enseñarte que eres mía. -Se quitó la camiseta y comenzó a chuparme el cuello.

Puse mis manos sobre su pecho, intentando apartarlo de mí. -Jason, pa-para por favor...

Agarró mis muñecas mas fuerte, inmovilizandolas sobre mi cabeza.

- ¿Por qué me pasan estas cosas? -Pensé.

Jason besó y chupó duramente, encontrando mi punto débil. Mis piernas se sentían como gelatina mientras gemía.

Sentí su sonrisa crecer mientras levantaba su cabeza. -¿Ya lo estás disfrutando princesa? -preguntó.

Luego atacó mis labios con los suyos, tratando de empujar su lengua dentro de mi boca pero mantuve mis labios sellados.

Cada vez más impaciente, sus manos bajaron a mi culo, exprimiéndolo y haciéndome jadear.

Aprovechando esta oportunidad, metió su lengua en mi boca explorando cada centímetro que tenía para ofrecer.

Gimió y movió sus caderas contra las mías, indicando que quería mucho más.

Me retorcí bajo su cuerpo, deseando salir de ahí. -Quédate quieta o te ataré a la cama. -demandó.

Decidiendo que no quería estar atada esta noche, lo hice.

Sin querer, mi coño comenzó a palpitar y mojarse. -¿Qué estaba pasando conmigo? No quiero esto... ¿o sí? -Pensé.

Jason separó nuestros labios y me levantó, quitándo el vestido de mi cuerpo. Sus labios bajaron por mi cuello, hasta la parte superior de mi pecho.

Chupó uno de mis pezones erguidos, mientras que acariciaba el otro. Prestando la misma atención a ambos, ganandose otro gemido de mi parte.

Bajó sus besos por mi abdomen, quitándome en el trayecto las bragas. Luego, abrió mis piernas y se metió entre medio de estas.

Besó mis muslo y subió, aunque rapidamente cerré mis piernas. -Jason, no quiero hacer esto... -hablé lentamente.

- No tienes de que avergonzarte. Eres absolutamente perfecta. -Dijo sin comprender mientras abría mis piernas de nuevo.

¿Qué le ha pasado a su lado de chico malo? Era muy bipolar.

Eché la cabeza hacia atrás, rodando los ojos mientras sentía su lengua lamer mi coño. Chupó y besó una y otra vez, volviéndome loca.

Comencé a gemir y gritar su nombre una y otra vez sin control.

Un impulso repentino de necesidad, me inundó. -Jason... por favor -gemí.

-Lo sé... lo sé. -dijo mientras se quitaba el cinturón y los pantalones.

Después de quitarse los calzoncillos, apareció ante mí su gran amigo y mis ojos se agrandaron al verle. Lo escuché reír y murmurar un 'lo sé'.

Se colocó sobre mí y entrelazó nuestros dedos que estaban sobre mi cabeza.

-Jason, espera... es mi primera vez. -murmuré.

-Sé que lo es princesa, pero eres mía y esto iba a suceder tarde o temprano. Solo trata de relajarte, te prometo que iré despacio. -Dijo y antes de que pudiera decir algo más entró en mí.

Gemí tan fuerte y lancé mi cabeza hacia atrás una vez más, mientras las lágrimas comenzaban a llenar mis ojos por culpa del dolor.

Salió y entró una vez más, yendo más lejos en este momento, haciéndome morderme el labio.

Lágrimas comenzaron a caer de mis ojos. -J-Jason... duele... -lloré.

Se inclinó y besó mis labios,mientras se retiraba y entraba por completo. Cerré los ojos con fuerza deseando poder estar en cualquier otro lugar en vez de aquí.

Sentí que sus manos soltaban las mías y llegaban a mis caderas. Sus pulgares formmaban círculos sobre mis caderas mientras lentamente comenzaba a acelerar.

Agarré su cabello tirando de los extremos de este. Obteniendo un gemido por su parte.

Pronto, el dolor se convirtió en placer y ese mismo sentimiento de necesidad se apoderó de mí otra vez.

- Más rápido Jason... más rápido. -Gemí.

Respire profundamente, acelerando mientras tiraba de su cabello más. Mis manos cayeron sobre su espalda, arañándola.

La forma en que movia sus caderas y se encontraba con la mía me hizo querer explotar. Nunca antes me había sentido así en mi vida.

Llegando a mi punto más alto, aumentó la velocidad. -Dime una cosa... -susurró.

- Jason, por favor... -Gruñí negando con la cabeza.

- No, no te vengas todavía, no te dejaré que lo hagas hasta que me digas lo que quiero escuchar... -dijo.

Finalmente sacudí la cabeza.

- Dime que eres mía. -ordenó.

Apreté mis piernas. - Soy tuya... -dije sin aliento.

- ¿De quién eres? -dijo con una sonrisa tonta.

Ok, ahora solo estaba jugando conmigo.

- ¡Soy tuya Jason! -Grité.

- ¿Quién es el único que puede hacerte sentir de esta manera? ¿Quién puede hacerte apretar los dedos de los pies y hacerte virar los ojos por el placer? -dijo mientras lentamente me penetraba.

- Jason McCann, solo tú, Jason. -Gemí fuerte.

- ¿Y nadie más? -preguntó.

- Nadie... -respondí.

- Buena chica. -comentó terminando conmigo.

Una vez que ambos alcanzamos nuestro clímax, salió de mi y se quedó ahí. Pronto se puso de pie y caminó hacia el baño.

A mi no me quedaban fuerzas ni para apenas respirar, así que simplemente me quedé allí tumbada.

Lo único que pasaba por mi mente ahora era cómo había perdido mi virginidad con el hombre que más odiaba.

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