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CAPÍTULO 7

Advertencia: capítulo fuerte.

Despierto alterada en medio de la noche debido al cuerpo encima del mío. Percibo manos en mi cintura, labios en mi cuello y sin abrir los ojos, sé quién es la persona encima de mí, sé lo que está a punto de suceder. Ni siquiera debería estar sorprendida de la situación, pero lo estoy. Siempre lo estoy. 

Debería haber sabido que una habitación con seguro no sería ningún impedimento para él. Aprieto aún más fuerte mis ojos ya resignada a que todo pase de una maldita vez para poder volver a dormir y de esa forma tratar de aparentar que todo en mi vida es normal.

Instantes después me percato de su aliento contra mis labios antes de sentir que comienza a besarme. Muerde con tanta fuerza mi labio inferior que logra abrir de nuevo la herida en proceso de curación de ayer. De forma inmediata siento el sabor de la sangre sin que a él le importe lo más mínimo mis heridas. Esta es su manera de castigarme por haber llegado tarde en la noche y por cerrar la puerta con seguro. Debí imaginar que no iba a dejar las cosas así después de desobedecerlo de aquella manera.

Siento sus manos tomar el extremo de mi blusa para pasarla por encima de la cabeza. Acto seguido, sus dedos llegan a mi espalda y desabrocha mi sostén. El frío choca de repente contra mi cuerpo lo que eriza cada uno de los pequeños vellos en mi cuerpo. Como la última de mis prendas desapareció de la parte superior, mi torso se encuentra desnudo a su disposición. Escucho su fuerte inhalación antes de volver de nuevo a por mí.

Empieza a acariciarme con fuerza, aunque mantengo mis ojos cerrados. Momentos después, puedo comenzar a sentir cómo una corriente de excitación me recorre. Odio la reacción de mi cuerpo ante las caricias de este hombre, pero no puedo evitarlo: es una reacción natural. Siento asco de mí misma por reaccionar de esta manera con mi propio padre, nunca podré entender porque me sucede todo esto a pesar de que mi mente se reúsa a que pase.

Baja sus manos de mis pechos hasta mi estómago y luego más abajo hasta mi entrepierna. Tira de mi pantalón de pijama para quitarlo de un solo movimiento antes de abrir mis piernas y estimularme. Trato de cerrarlas al sentir que ya no puedo soportarlo más, lucho con todas mis fuerzas contra él, solo que no sirve de nada pues las retiene entre sus propias piernas. Me las vuelve a abrir de nuevo sin dejar de apretar con fuerza mis muslos. Sigo sin abrir mis ojos así que suelto un jadeo de sorpresa cuando noto su aliento en la parte más intima de mí. Empiezo a patalear todavía más con la intención de alejarlo. Deseo que esto termine de una buena vez, pero no me suelta, en cambio aprieta sus dedos en el interior de mis muslos hasta que grito por el dolor; sus uñas aunque no son muy largas se entierran en mi piel y nuevas heridas se abren para agregar a las que ya tengo en otros lugares. 

Gruñe como un animal mientras me fuerza al abrirse paso dentro de mí. Grito de nuevo por la brutalidad con la que inician las penetraciones. Como último recurso muerdo su hombro con toda la fuerza de la que soy capaz y rompo su piel entre mis dientes, la sangre se filtra en mi boca, solo que esto no lo hace detenerse, en su lugar, sostiene mis brazos por encima de mi cabeza lo que evita cualquier otro movimiento de mi parte. Lo anterior solo sirvió para enfurecerlo mucho más hasta que me hace verdadero daño. Decido dejar mi cuerpo inerte, toda mi lucha desaparece por completo hasta que por fin puedo sentir cómo consigue su liberación. Cae desplomado durante unos minutos sobre mi pecho para tratar de recuperar la respiración. Cuando ya se encuentra satisfecho, se aleja de mí. Coloca mi ropa de dormir de nuevo en su lugar sin pronunciar ninguna palabra luego besa mi frente mientras murmura unas palabras que me niego a reconocer para después salir de la habitación.

—Te odio —. Logro decir después de que se ha ido aunque ya no me pueda escuchar.

Odio esto. Odio mi vida. Odio a Rick. Me odio a mí misma y odio al mundo por traerme a esta vida que no quiero; a esta vida de mierda que solo me causa dolor y sufrimiento. Me acurruco en una bola sin dejar de odiar todo de mí hasta que mis sollozos se calman, mi respiración se estabiliza y el sueño me invade por completo.

****

Apoyo mi bolso contra la pared para sacar los libros de las siguientes clases. Luego de tenerlos en mis manos, cierro mi bolso e inicio a caminar de forma lenta a causa del dolor existente entre mis piernas producto del acto de brutalidad de ayer además de los rasguños en la parte interna de mis muslos. Los pasillos se encuentran llenos lo cual hace que mientras avanzo las personas choquen contra mí lo que solo aumenta mi agonía al caminar. Ingreso al salón algunos minutos de tortura después en donde noto al profesor ya sentado en su escritorio con unos papeles entre sus manos, también hay unos pocos estudiantes en sus lugares.

Levantan la mirada al escucharme entrar. En sus rostros aparece la sorpresa además del horror y no los culpo; mi cara se encuentra mucho peor. Mi mejilla ya se ha puesto morada por los golpes, mi labio se hinchó de nuevo. Traté de ocultarlo bajo varias capas de maquillaje, pero mi cara terminó demasiado pálida, así que lo dejé a un lado y lavé todo el proceso. El profesor levanta la mirada después de unos segundos al escuchar la conmoción en el salón y cuando localiza la razón con la mirada; su rostro se contorsiona con horror. Agacho la cabeza para dejar que mi cabello me cubra la cara luego me apresuro a caminar hasta mi asiento en la parte de atrás.

Puedo sentir todavía la mirada de todos en la parte posterior de mi cabeza, en especial la del señor Jones. Solo puedo imaginar que tratan de adivinar la causa de mis moretones. A penas término de acomodar mis cosas sobre el escritorio; escucho la voz de Daniel junto con la de Kate mientras ingresan al salón. No levanto mis ojos de mis apuntes, trato de aparentar que estudio. Miro por debajo de mis pestañas sus zapatos detenerse enfrente de mí instantes después.

—Hola princesa. —Doy un respingo al sentir a Dani sentarse a mi lado.

—Eres ridículo —. Habla Kate con una nota de diversión y creo que hasta rueda los ojos de manera exasperada —. Hola Nikki.

—Hola —. Susurro aún sin atreverme a mirarlos.

—¿Qué te pasa? —preguntan al mismo tiempo, pero me encojo de hombros con despreocupación.

—Nada que importe.

El dedo de mi mejor amigo se posa debajo de mi barbilla para elevar mi cabeza al comprender que no los voy a mirar. Escucho sus inhalaciones junto con sus jadeos de sorpresa al detallar mi rostro.

—¿Qué demonios? ¿Qué diablos te paso en la cara, Nikki? —exige saber Daniel, su mirada preocupada me inspecciona de lado a lado.

Me sacudo de su agarre, no quiero decir nada en absoluto. Odio mentirles, aunque no tengo otra opción.

—Caí por las escaleras, nada más. No es tan grave.

—Eso no parece una caída de las escaleras, eso es un maldito golpe, Nicole.

Irritada por su interrogatorio, me levanto lo más rápido posible y recojo mi bolso del suelo. Venir a la escuela fue una mala idea. El movimiento brusco provoca un dolor aún más insoportable. Hago una mueca de incomodidad aunque decido ignorarlo mientras todos me observan confundidos por mi reacción apresurada. Quisiera poder mandarlos a la mierda.

—Que no pasó nada, maldita sea, solo fue una caída y punto. Nos vemos luego. —Camino con pasos rápidos, luego paso al lado de un muy sorprendido señor Jones.

—Señorita Nicole, ¿dónde creé que va? La clase está por iniciar. Siéntese.

Ignoro al profesor a favor de salir sin mirar atrás. Lo escucho gritar mi nombre detrás de mí, sin embargo; no dejo que eso me detenga. Sé que me voy a meter en problemas con la escuela, pero no es algo que me importe por ahora. Tal vez no debí haber venido así a clases, solo que mi padre no fue tan amable al exigirme irme porque no quería verme en casa, así que obedecí sin rechistar. Debería haber ido a otro lugar.

Cuando salgo de la escuela, camino sin rumbo fijo por mucho tiempo hasta que mis piernas me llevan al parque al cual solía venir con mi madre antes de su desaparición. Este se encuentra vacío por ser un día entre semana y solo puedo agradecer el momento de paz. Ni siquiera entiendo la razón de venir todavía aquí pues este parque no me trae buenos recuerdos, no obstante; siempre que quiero pensar, este es el lugar dónde vengo.

Mi celular ha sonado por los últimos treinta minutos sin descanso. Deben ser mis amigos preocupados por mí. Respiro el aire fresco de la mañana luego me siento en un columpio para sacar mi teléfono donde encuentro muchas llamadas pérdidas. Comienza a sonar en ese instante, un número desconocido aparece en la pantalla. Lo miro unos segundos indecisa, pero al final decido responder, confundida.

—¿Nicole? —es una voz que reconozco de inmediato aunque estoy demasiado sorprendida para responder —, Nicole por favor, dígame dónde está, sus amigos preguntan por usted —. Reacciono con rapidez al escuchar eso.

—Estoy bien. Dígales que no deben preocuparse por mí. —Mi voz sale en un ligero susurro.

—¿Dónde está? Iré a buscarla —. Hay demasiada ansiedad en sus palabras; pero no entiendo los motivos.

—No es necesario, señor Jones. No iré a clases más por hoy. Solo voy a esperar a que mi hermanita salga de estudiar, luego me iré a casa. Mañana me volverán a ver. Estaré bien.

—Nicole...

Cuelgo antes de que pueda decir otra palabra y me obligue a darle la dirección para venirme a buscar.

No quiero a nadie aquí ahora, prefiero estar sola con mis pensamientos.

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