CAPÍTULO 41
Nicole
—¿Puedo hablar contigo? —Retuerzo mis manos después de preguntar, nerviosa.
No tengo idea de cuántas veces me he parado aquí delante de él a la espera de que quiera hablar conmigo. Me mira por encima del hombro por unos segundos antes de ignorarme por completo y comenzar a caminar en la dirección contraria a la mía. Gruño mientras golpeo mi cabeza contra la pared, luego tomo aire para tratar de tranquilizarme.
Un mes. Un desgraciado mes y ninguna palabra por parte de Daniel. No me mira, no me saluda, ni reconoce mi existencia. Es como si de repente hubiera dejado de existir para él, como si fuera invisible a pesar de que lo veo a cada momento. En la entrada, por los pasillos, en clases; en la cafetería. Se sienta en nuestra mesa con nuestros demás compañeros, habla con todos y cada uno de ellos a excepción de mí.
He intentado acercarme más veces de las que puedo contar, pero no hay manera de llegar a él. Al principio lo entendía, así que le di su espacio todo lo que pude. Traté de topármelo lo menos posible en los pasillos o en clases, tampoco hice ningún intento de hablarle, no obstante; a medida que ha pasado el tiempo, me enojo cada vez más pues la paciencia no es algo por lo que sea reconocida. No tengo mucho de eso en mi cuerpo como para continuar a la espera de que se le pase el berrinche que tiene conmigo. Cada vez que hablo y me ignora; cada vez que lo intercepto al terminar las clases y me empuja o cada vez que he enviado a Kate como intermediaria y ella vuelve siempre para decirme que me mandó a la mierda de nuevo, mi paciencia se agota más al punto de que ya no me queda nada.
En las clases de Theo, se la pasa toda la hora sin dejar de mirarlo tan fijamente que parece le fuera a hacer agujeros en cada parte de su cuerpo y cuando lo atrapa con sus ojos fijos en mí, siempre le llama la atención en un gruñido para decirle que no entiende lo que explica. Es demasiado frustrante e infantil. Theo no le toma demasiada importancia pues alega que es un adolescente celoso, que pronto va a tener que hablar conmigo para arreglar todo. Dice que no puede echar a perder tantos años de amistad solo por algo como esto; que después él será quien venga a buscarme, aunque no estoy tan segura de eso.
Mi relación con Theo mejoró en las últimas semanas; todo sería por completo genial si Daniel hablara conmigo. Me importa mucho que mis mejores amigos apoyen mi relación, solo que si él no puede aceptar eso... no sé que vaya a pasar.
****
Estamos sentados en la mesa, todos nuestros compañeros hablan entre todos y yo miro con atención mi comida sin atreverme a levantar la mirada. Daniel ríe, habla o bromea con todos los demás, sin embargo; cada vez que trato de llamar su atención, pasa de mí. Los demás me lanzan miradas confusas combinadas con lástima. No sé ni para que me esfuerzo con él.
—¿Tierra a Nikki? —La mano de Kate aparece en mi campo de visión por lo que levanto mis ojos a los suyos.
—¿Qué pasa? —Todos en la mesa me miran ahora.
—Te preguntaba si ibas a estudiar con nosotros en la biblioteca. Mañana es el examen de matemáticas, las temáticas están muy duras.
—Ah era eso. No. El señor Jones iba a ayudarme a estudiar.
A penas digo las palabras, la cabeza de Daniel gira tan rápido en mi dirección que parece se le fuera a salir del cuello. Tiene los ojos encendidos de pura rabia, toda dirigida hacia mí.
—Claro. Obvio el señor Jones debe explicarte, ¿cierto? De lo contrario no pasarías los exámenes con tan buenas notas.
—¿Qué se supone que significa eso? —Entrecierro mis ojos hacia él con desafío. Espero que no vaya a decir algo de lo cuál se pueda arrepentir más tarde.
—Nada —me lanza una sonrisa condescendiente que no asegura nada bueno —. Solo digo que tú y él se deben entender demasiado bien en muchos aspectos, por eso pasas los exámenes.
—Daniel. Ya basta —. Kate le pega un codazo en el estómago con la suficiente fuerza como para sacarle el aire, pero parece no sentirlo.
—¿Qué? Solo digo la verdad —. Kate le lanza una mirada malhumorada antes de volver a hablarme, aunque yo no despego mi atención de la de él.
—Puedes reforzar con él luego. Estudia con nosotros.
Niego con la cabeza, no puedo cancelarle a él las clases. Además, estudiar en grupo significa hacer o hablar de cualquier cosa, excepto las matemáticas. Ya sé cómo son ellos.
—Déjala. Ella sin su tan amado señor Jones no puede hacer nada.
Suficiente. Ya tuve suficiente de todo esto. Al diablo todo.
Ya sin aguantar ni un minuto más, me levanto de la silla al tiempo en que la arrastro hacia atrás, lo que provoca un ruido bastante molesto que alerta a los demás estudiantes. Con las palmas de las manos contra la mesa, me inclino hacia su cara para hablarle a través de mi mandíbula apretada.
—Vete a la mierda, Daniel Smith.
Dicho esto, me agacho un poco, agarro mi bolso del suelo y me dispongo a irme. Kate levanta su mano con la intención de detenerme, pero la ignoro a favor de dar la media vuelta para caminar fuera de la cafetería a pasos largos sin importarme a quien empuje. Al estar fuera de ahí, comienzo a dirigirme en dirección de los baños, sin embargo; la mano de alguien sobre mi antebrazo me da la vuelta con brusquedad, luego me arrastra al primer salón vacío que hay. Me giro después de lograr zafarme del apretado agarre y me topo con la cara molesta de Daniel. Su postura es tensa, sus puños se encuentran apretados a los lados.
—¿Por qué te enojas tanto, Nicole? si fuiste tú quien me engañó —. Escupe las palabras con la ira suficiente como para cabrearme aún más.
—Me enojo porque me hiciste quedar mal ante nuestros amigos. Además, yo jamás te engañé, querido, siempre te hablé con la verdad —. Quiero zarandearlo por los hombros hasta hacerle entrar en razón.
—No. Me dijiste que no podías tener una relación con nadie, aún así te metiste con nuestro profesor de matemáticas.
—¡Lo siento, de verdad! Sin embargo, eso no te da motivos para tratarme como lo haces. Traté de pedirte perdón varias veces; fui a tu casa para que pudiéramos hablar ¡y me ignoraste todo este tiempo! No sé lo que quieres que haga para que me puedas perdonar —. Me acaricio la frente, demasiado frustrada.
—¿Quieres mi perdón? Bien. Termina con él —. Con mi mirada fija en la suya, trato de adivinar si lo dice en serio o no, aunque por su expresión no hay nada que me demuestre que bromea.
—¿Estás loco? No voy a terminarle.
—¿Y porque rayos no? Si quieres mi perdón, termínale.
—No. No le voy a terminar solo porque eres un inmaduro que no puede entender que yo no siento nada por ti.
Avanza dos pasos hasta donde estoy para agarrarme de los hombros, luego me empuja contra la pared como la vez que se enteró de mi relación con Theo.
—¿Le llamas inmadurez a mis sentimientos por ti? Yo te amo.
—No me refiero a eso, Daniel. Me refiero a tu incapacidad de entender que no siempre van a corresponder tus sentimientos. La vida es así, supéralo. Y no me amas, estás obsesionado o confundido, no enamorado porque cuando amas a alguien, quieres que esa persona sea feliz sin importar si es contigo o no; solo importa su felicidad aunque te duela. Y yo no voy... —cierro mis ojos, mis pulmones se expanden al tomar aire, pues decirle esto a él, mi mejor amigo, es lo más difícil para mí —. No voy a arriesgar mi felicidad por la tuya. Theo es mi felicidad. ¿Por qué no lo puedes entender? —De repente, me acerca a su cuerpo de modo que no hay espacio entre los dos.
—Porque yo puedo hacerte más feliz. Puedo darte mucho más de lo que él podría. Por favor, por favor termina con él.
Sus manos se posan en mi rostro antes de acercar sus labios a los míos. Coloco mis manos en sus hombros con la intención de tratar de apartarlo, solo que es un poco más fuerte que yo.
—¡Ya para! ¡no quiero besarte! Te pasas de la raya, Daniel —. Advierto sin dejar de observarlo fijamente, aunque no parece entender.
Muevo mi cara de un lado a otro, quiero evitar su boca sobre la mía. Me alcanza a robar un beso antes de que lo empuje por el pecho con toda la fuerza que soy capaz de reunir en este momento. No puedo evitar que me ardan los ojos por las lágrimas no derramadas ante su descarado intento de volver a besarme sin mi consentimiento, esto ya se volvió una costumbre.
Esta vez no me quedaré con los brazos cruzados mientras trata de forzarme a hacer algo que no quiero hacer, así que le pego una fuerte cachetada.
—¡Ya no más! No más, Daniel. He intentado entenderte porque sé que te lastimé, eso se acabó. No te amo, no lo haré por más que tú lo desees. Tampoco puedes obligarme a que te bese. ¿Y sabes qué? me acabas de perder. ¡Trataste de hacer lo que mi padre me ha obligado tantas veces, aún después de saberlo todo! Eso... no te lo voy a perdonar. Cuando seas capaz de madurar o entender que no puedes obtener todo lo que quieres en la vida, puedes venir a pedirme perdón, sin embargo; ahora seré yo quien duda pueda perdonarte.
Lo dejo ahí parado con expresión conmocionada, pero ya no me interesa. He tratado de ser muy buena con él, traté de excusar su comportamiento a pesar de todo... ahora ya sobrepasó los límites y no creo ser capaz de perdonarlo.
****
—¿Que Daniel hizo qué? —Theo se levanta enojado de la silla al acabar de contarle todo lo sucedido con él —. Lo voy a matar.
Luego de estudiar toda la tarde, tuve que decirle lo qué pasó en la cafetería y después de esta, pues mi estado de ánimo decaído no se le pasó desapercibido. Como esperaba, su reacción no es nada buena.
—Cálmate. No pasó nada. Solo fue un pequeño beso y lo aparté de inmediato.
—No es eso lo que me molesta. El idiota trató de forzarte.
—Lo sé, Theo, pero ya lo puse en su lugar. No tienes que ir a matar a nadie —. Me da una mirada fastidiada.
—No lo protejas, Nikki. Merece que le enseñen a respetar.
Me levanto también para colocarme frente a él. Envuelvo mis manos en su cintura, solo quiero apaciguarlo un poco. Sé que Daniel hizo mal, no obstante; no voy a dejar que Theo haga algo de lo que se pueda arrepentir.
—Si te lo dije fue para que no hubiera mentiras entre nosotros, no para que hagas algo al respecto. Así que te calmas.
—Pero...
—Theodore —. Lo regaño como si fuera un niño pequeño. Suspira antes de devolverme el abrazo.
—Bien, bien. Lo que tú digas.
—Gracias —. Le dejo un pequeño beso en la mejilla.
—Pero prométeme que te vas a alejar de él.
Levanto la mirada ante el tono serio de su voz. Esa es una promesa que puedo cumplir, aunque me ponga triste que las cosas terminaran así entre ambos... sé que es lo mejor por el momento.
—Lo prometo, Theo.
—De acuerdo.
Deja un beso en mi frente lo que me hace sonreír, luego me separo de él para ir a buscar mis cosas. Le prometí a mi hermana que iba a pasar lo que quedaba de la tarde con ella.
—Ya debo irme. ¿Puedes llevarme donde mi abuela? —Hace un puchero desanimado, pero asiente. Lo escucho ir a su habitación para recoger las llaves y su chaqueta.
Abro la puerta para comenzar a caminar a las escaleras al mismo tiempo que las puertas del ascensor se abren. Echo un vistazo curioso en esa dirección y me detengo al reconocer a quien está aquí.
Tiro mi cabeza hacia atrás para mirar al techo. Sé que Dios existe haya arriba, sin embargo; ¿por qué quiere dañarme la existencia cada vez que puede?
—Ay no, joder, otra vez tú no —. Lanza una mirada furiosa en mi dirección cuando me escucha, solo que decide ignorarme a favor de caminar directo al apartamento. Doy la vuelta mientras pasa y agarro su mano.
—Vete de aquí, Valery. No tienes nada que hacer aquí.
—Mira, niña. Vengo a hablar con Theo, no contigo.
El mencionado aparece en escena en ese momento. También se da cuenta de la presencia de esta mujer, su expresión refleja la que yo he de tener en este mismo momento.
—¿Y ahora qué haces aquí? —La cara de Valery se ilumina con alegría al verle. Ruedo mis ojos por lo absurda que se ve en este momento.
—Quiero hablar contigo.
—¿Para qué? —Pregunto primero sin dejarlo hablar a él.
Camino hasta estar al lado de Theo, no quiero que hable con esta mujer. Ella ni siquiera me mira, sus ojos se quedan en los de él como si yo no hubiera dicho nada.
—Quiero pedirte perdón, cariño. Sé que la embarré. Solo... quiero que me des otra oportunidad, yo sé que tú todavía me quieres.
—Bueno, ya. Te voy a dejar en claro algo —abrazo a Theo de la cintura mientras le sonrío a la perra —, perdiste tu oportunidad con él después de decidir que él ya no era suficiente para ti. Él él te amaba y tú no supiste valorarlo por andar de caliente con su hermano, ahora te jodes porque ya está conmigo. A ti, ya te olvidó. Ahora me quiere a mí y lo hace más de lo que lo hizo contigo, así que supéralo. Deja de buscarlo, consíguete un poco de dignidad y deja de arrastrarte por otra oportunidad porque no la vas a conseguir. Mejor sigue con tu vida.
Al finalizar, agarro la mano de Theo sin darle la oportunidad de reclamarme algo más. Ya no voy a dejar que venga a arruinarme la vida ni mi relación con él. En otro momento, al ver que ella quería recuperarlo, me hubiera sentido insegura y me hubiese alejado, ya nunca más. No después de que Theo me demostrara cuánto me quiere. Ya no habrán más inseguridades de mi parte.
No más drama con Valery.
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