CAPÍTULO 37
—¿Theo? —Pregunto detrás suyo mientras califica algunos exámenes en su estudio.
Deja el lapicero en la mesa para darse la vuelta y prestarme toda su atención. Retuerzo mis manos frente a mí, un poco preocupada por lo que voy a decirle pues estoy segura de que no le va a gustar la idea.
—¿Qué pasó, amor?
—¿A qué hora tenemos que ir a la cena?
—A las ocho. ¿Por qué?
—Es que... necesito ir a mi casa.
—¿Para qué? —Aprieta los labios en una fina línea ante mi respuesta.
—No puedo ir con uniforme a tu casa.
Pone el dedo índice en su barbilla como si me fuera a evaluar, sus ojos hacen un recorrido desde mi cabeza hasta mis pies de manera detenida lo cual provoca un rubor en mis mejillas ante la evidente apreciación en su mirada.
—No veo ningún problema en cómo estás vestida ahora. A mí me gusta.
—Lo sé, es obvio que te gusta, pero me sentiría más cómoda con mi propia ropa. Ya es lo bastante malo que no les dijeras sobre mi edad, no quiero ir con el uniforme de la escuela y darles más motivos para no agradarles —. Protesto con una mirada acusadora en su dirección.
Suelta un suspiro arrepentido para luego levantarse de la silla. Se acerca a mí algunos cuantos centímetros.
—No vamos a discutir por algo tan insignificante como esto, cariño. Está bien, solo que mejor hágamos algo. Pídele ropa prestada a Kate, dile que si la puede traer aquí, ¿te parece bien? no quiero darle excusas a tu padre imbécil para hacerte daño.
No había pensado en eso. Tiene razón, es más seguro hacer eso. Podría debatirle lo que me pide, sin embargo; sería una estupidez de mi parte arriesgarme a ir a mi casa con mi papá pues como no lo he visto desde ayer, es posible que él no me deje salir.
—Bien. Solo déjame llamarla para avisarle.
Me doy la vuelta para ir a traer mi celular a la sala y lo dejo continuar con su trabajo. Después de tenerlo en mis manos, camino hasta la habitación de Theo para hablar con más tranquilidad.
Marco el número de Kate, luego me llevo el celular del oído antes de comenzar a dar vueltas de un lado a otro a la espera de su respuesta.
—¿Um? —Contesta después del cuarto timbre con voz adormilada.
—Kate, necesito tu ayuda.
—¿Qué? —Pregunta de mal humor. Odia cuando duerme y alguien la despierta. Es como un perrito rabioso que en cualquier momento te puede morder.
—Cálmate. Necesito un favor.
—¿Cuál? —Al parecer solo voy a obtener respuestas de una sola palabra de su parte.
—Necesito tu ayuda con urgencia.
—¿En qué? Por Dios, habla rápido, mujer, que hay alguien por aquí con ganas de volver a dormir.
—Son las cuatro de la tarde, floja, deberías hacer algo productivo.
—Si no vas a decirme nada voy a colgar —. Advierte con voz irritada.
Controlo mi carcajada ante su evidente desesperación. Amo hacerla enojar.
—Ya, ya, tranquila. Quiero que me traigas a prestar algo de ropa al apartamento de Theo —. Escucho su quejido seguido de algo que se parece mucho a una palmada en la frente.
—¿Tengo que levantarme de mi cama para eso?
—No, si quieres puedes traerla contigo —. Respondo de manera sarcástica ante su pregunta.
—No emplees el sarcasmo conmigo. ¿Para qué quieres ropa, de todas maneras?
—¿Vas a hacerme el favor o no? —La amo, pero a veces me dan ganas de matarla.
—Sí, sí. Pero tienes que venir a traerla, no voy a ir a la casa de tu bombón, mi cama se pone celosa —. Suspiro antes de mirar al techo por darme a una amiga tan perezosa y loca como Kate.
—De acuerdo, estaré en tu casa en veinte minutos.
Cuelgo antes de que me reproche algo como: "¿tan rápido? no me jodas" y voy a avisarle a Theo para que me pueda llevar en su auto.
****
Veinte minutos después, toco el timbre de su casa luego espero a que venga a abrirme. Sus padres no están en casa hasta la noche por lo que le toca abrir a ella y si la conozco bien, me dejará acá afuera durante algunos minutos en venganza por quitarle su siesta.
Cuando abre la puerta, me trago una risa al verle el delineador corrido por su cara, su largo cabello rubio enmarañado, su uniforme arrugado. La expresión en su cara dice que si pudiera ya me habría asesinado y enterrado tres metros bajo tierra. No he conocido a una persona a la que le guste dormir tanto como a ella ni que se ponga de tan mal humor si se la despierta.
—Espero que tengas una buena razón para interrumpir mi dulce sueño.
Cierro la puerta detrás de mí antes de comenzar a seguirla por las escaleras hasta su "santuario", como ella lo llama.
La habitación de Kate es mucho más grande y bonita que la mía. Las paredes están pintadas de un color azul celeste con posters de Eminem en la mayor parte de las paredes. En la esquina contra la pared hay un escritorio con cosas de la escuela tiradas de cualquier manera encima del pobre portátil que ella misma destruyó. Además de eso, su cama individual está sin tender.
—Busca en mi armario lo que quieras ponerte —. Se lanza boca abajo en su cama, luego entierra su cara en la almohada.
—Gracias.
Abro su armario para comenzar a buscar entre los ganchos de ropa algo decente que ponerme, pero si soy sincera conmigo misma, no tengo ni idea qué tipo de ropa es la adecuada para una cena familiar donde vas a conocer a tus suegros; además, por lo que me ha contado de su familia, es obvio que tiene dinero. No quiero verme mal, tampoco quiero vestirme con algo incómodo, con lo que no me sienta yo misma.
Ugh. Esto es más difícil de lo esperado.
—¿Kate?
—¿Qué? —Casi no la escucho muy bien debido a que su voz suena amortiguada por la almohada.
—¿Ya has conocido a la familia de Jacob?
—Llevamos tres años juntos, por supuesto que la conozco —. Contesta sin levantar la cabeza.
—Y... ¿ellos son personas con mucho dinero o de clase media?
—Pues tienen algo de dinero, pero no son ricos tampoco. Lo normal, ya sabes. ¿Por qué preguntas? —Muerdo mi labio inferior con duda de si decirle o no.
—Theo me va a llevar a cenar a su casa para conocer a su familia y no tengo ni la más mínima idea de la ropa adecuada.
Como suponía, eso despierta su interés. Se levanta como resorte de su cama con un grito feliz.
—¡Sí! ¡Por fin! —Con sus manos sobre mis hombros, comienza a saltar de arriba a abajo como niña pequeña —. ¡Por fin!
—Casi parece como si fueras tú quién los va a conocer.
Qué triste que mi mejor amiga esté mucho más emocionada por esto que yo. Después de unos cuantos segundos de alegría, por fin deja de saltar para acercarse al armario donde comienza a buscar.
—Esto es muy bueno, muy, muy bueno. Si un hombre te quiere presentar a sus padres significa que la relación va enserio. ¡Deberías estar feliz!
—Tú no entiendes —suelto un suspiro y camino al filo de su cama donde tomo asiento antes de hablar —. Su familia tiene dinero. Su madre tiene una cabaña, su padre junto con su hermano mayor son contadores, sus hermanos mellizos están en la universidad... ¿y yo qué soy? Una adolescente de dieciséis años casi diecisiete todavía en la escuela secundaria con una vida de mierda. No sé cómo lo vayan a tomar.
Deja de mirar su armario para girarse en mi dirección y acercarse hasta donde estoy sentada.
—Esta inseguridad no es nada lindo, mi querida Nikki. Tienes dieciséis y estas en la escuela, ¿y qué? —se encoge de hombros —. Al que le gustas y con quién tienes una relación es con Theo, no con su familia. Lo que ellos piensen no te debe importar en lo más mínimo. Theo ya es lo bastante grande como para tomar sus propias decisiones. Además, eres una buena persona, les vas a agradar. Ahora deja tus inseguridades a un lado para vestirte lo más linda, elegante y sexy posible.
Me toma de la mano para volver a llevarme al armario, luego continuamos con nuestra labor de encontrar la ropa adecuada.
A medida que pasa el tiempo y la ropa comienza a ubicarse por toda la habitación, descarto varias prendas que jamás en mi vida me pondría pues sus gustos son más atrevidos que los míos. Hasta los jeans y blusas son ajustados.
—Bueno, tú eres la mujer más difícil del universo —. Refunfuña algunos minutos después de haber vaciado la mitad de su armario.
Agarro un vestido rosado que tiene la espalda descubierta mientras que la falda me llega hasta la mitad de los muslos. Si me agachara aunque sea un poco, mi trasero quedaría al aire libre. Arqueo una ceja.
—¿Pretendes que vaya con algo como... esto, a la cena? Ni de broma. No quiero enseñarles mis nalgas a sus padres a la primera oportunidad.
—Es lindo —. Protesta con un puchero. Me quita la prenda de las manos mientras lo observa con admiración como si fuera un bebé o algo así.
—Para un bar o una discoteca, tal vez, no para comer con sus padres. No me malinterpretes, no tiene nada de malo tu ropa, solo que no es para esta ocasión. No tienes algo más... no sé... ¿con más tela?
—Yo no... —Sus ojos se iluminan con una idea, solo le falta la bombilla resplandecer en su cabeza —. Tengo algo. No sé porqué no lo había pensado.
Tira lo que tiene en las manos para agacharse y buscar al fondo de toda la ropa amontonada. Todo su guardarropa es un completo desastre.
—¡Aja! aquí está.
Sale con un vestido que si es de mi agrado. Sonrío pues no había visto algo tan lindo en mucho tiempo.
—Bueno, hasta que por fin tienes algo más de mi estilo, mujer.
—Cállate. ¿A qué hora te viene a recoger?
Miro mi reloj de muñeca. Falta todavía dos horas para su llegada.
—A las siete y media.
—Tenemos tiempo, entonces.
****
Me miro al espejo, satisfecha con el resultado de todo. El vestido es azul claro con cuello en v para mostrar un poco de mi escote sin ser indecente. Me llega hasta un poco más arriba de la rodilla, además tiene un cinturón negro ancho alrededor de las caderas. El conjunto se completa con unos botines negros sin tacón suyos que gracias a Dios me quedaron bien. Para el cabello decidí no hacerme ningún peinado, en su lugar preferí alisarlo para que cayera hasta mis caderas y finalmente Kate me hizo un maquillaje no tan cargado para que parezca como si no tuviese nada de cosméticos en la cara.
—Esto sonará muy raro de mi parte, pero si fuera tu novio ni siquiera te llevaría a ningún lado, te encerraría en mi apartamento y te daría duro toda la noche.
—¡Kate! —La miro con los ojos entrecerrados por el reflejo del espejo. Ella me ofrece una sonrisa pícara.
—Dije que sonaría raro, no me culpes. Si sus padres no te quieren con ese aspecto, yo misma iré a pegarles e insultarlos por ciegos.
Niego con la cabeza, divertida. Ya no es necesario que me sorprenda por sus comentarios. Loca e impulsiva nació y así se quedará siempre.
****
—Estás hermosa, amor. No te preocupes por nada. Mi familia te va a amar —. Pone su mano en mi pierna para darme un pequeño apretón relajante antes de regresar la vista al frente de la carretera.
Theo me fue a recoger a casa de Kate hace unos cuantos minutos y en este tiempo no he dejado de moverme en mi asiento con nerviosismo, lo cual Theo se ha dado cuenta.
Cuando llegamos, me sorprendo al ver un barrio no tan elegante como pensaba. La casa en la que nos detenemos tampoco es la mansión que esperaba, solo una casa verde claro de dos pisos con un pequeño jardín al frente. Theo debe ver mi expresión porque se ríe un poco.
—Pareces sorprendida, Nikki.
—Ehh... esperaba no sé, algo más elegante, creo. Pensaba que eran ricos o algo así.
Estaciona el auto en la entrada antes de bajar de su lado. Da la vuelta para abrir la mía y toma mi mano entre las suyas con la intención de ayudarme a salir.
—Tienen mucho dinero sí, pero nunca les ha gustado una casa demasiado grande, menos ahora que mis hermanos están en la universidades. Los únicos habitantes son mis padres así que no vieron la necesidad de tener una gran mansión como seguro imaginabas.
Diría que estoy decepcionada, aunque en realidad estoy aliviada de no tener que presentarme ante personas egocéntricas o que se crean mejor que otros.
—Tranquila, amor. Ya te lo dije, ellos no muerden. —Toca el timbre, luego me da un ligero apretón en la mano.
La puerta es abierta algunos segundos después, lo que atrae mi atención a la hermosa mujer de cabello castaño hasta la mitad de los hombros que aparece frente a nosotros. Es de la misma estatura que yo, su rostro es bronceado, pequeño y delicado en forma de corazón. Tiene ojos color avellana además de labios gruesos.
—Theo.
Se lanza a sus brazos lo cual lo obliga a soltar mi mano para devolverle el abrazo.
—Hola, mamá —. Se apartan lo suficiente como para que pueda mirarlo a la cara, luego toma sus mejillas.
—Casi nunca vienes a visitarnos, eres un ingrato.
—Lo siento, madre. El trabajo me mantiene ocupado.
Cuando la mujer cambia su atención hacia mí, su expresión cambia por completo. Me quedo quieta con los brazos a los costados mientras sus ojos escrutan cada parte de mi cuerpo. Quizás debería haberme vestido de otra forma.
—¿Tú quién eres? —La manera en la que lo dice hace que quiera correr en la dirección contraria.
—Ella es Nicole, mi novia. Nikki, ella es mi madre, Alexandra —. Le paso mi mano un poco sudorosa a la espera de que la tome. Cuando lo hace es con desánimo, como si no quisiera hacerlo.
Dios, ya me comencé a arrepentir de esto sin ni siquiera haber entrado aún.
—¿Podemos entrar? —Le cuestiona Theo con sus ojos en dirección al interior de la casa.
Alexandra asiente, luego se hace a un lado y nos deja entrar. Cierra la puerta detrás de nosotros.
Observo a mí alrededor, con la boca abierta. Si la casa por fuera no parecía elegante, por dentro sin duda lo es. No hay que juzgar la apariencia exterior hasta que estés en el interior.
El recibidor es grande, espacioso con cuadros de fotos familiares en las paredes. Más adelante se encuentran unas escaleras elegantes hasta el segundo piso. La señora nos guía hacia la sala la cual también es espaciosa con un televisor de pantalla plana colocado en la pared y sofás blancos dispuestos en un semicírculo. Su sala es hermosa, aunque no tan elegante como la que hay en el apartamento de Theo.
Una vez estamos aquí, mira en dirección a su hijo.
—No lo entiendo, Theodore. Dijiste que estaba en la universidad; no lo parece —. Mi boca cae abierta ante el nombre completo de Theo dicho de esa manera enojada.
En otro momento, me le hubiera burlado por ser tratado como un niño, pero al ver la situación, mejor no. Por lo menos tiene la decencia de lucir avergonzado.
—Lo siento, no es como eso cambiara algo.
—Claro que lo hace. Dime la verdad —. Cruza los brazos frente a su pecho, enojada. Él suelta un suspiro derrotado.
—Soy profesor en su escuela secundaria, Nikki es mi estudiante.
Abre sus ojos de par en par por la sorpresa luego me mira a mí. Maldición. Si antes parecía que no me quería aquí, ahora parece que ni siquiera me quisiera ver cerca de su hijo.
Quiero matar a Theo por hacerme esto.
Parece que esta cena será interesante.
***
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