CAPÍTULO 30
Nicole
Después de cenar, nos sentamos en la manta y nos apoyamos en los cojines, Theo se acomoda detrás de mí para acercar mi espalda contra su pecho e instantes después sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura, sus manos descansan en mi estómago y su cabeza se acomoda entre el espacio que conecta mi cuello con mi hombro lo que me permite sentir su cálida respiración. Suelto un suspiro feliz mientras mi cuerpo se relaja contra él.
—Gracias por la cena. Estuvo todo delicioso —. Menciono, mis pulgares rozan con suavidad sus manos.
—Lo sé —. Concuerda antes de dejar un ligero beso en mi cuello que me pone la piel de gallina.
—¿Cuándo se te ocurrió todo esto? —Inclino mi cabeza hacía atrás sobre su hombro para mirarlo directamente a los ojos.
—Quise hacer algo especial después de verte tan triste, amor —sonrío sin poder evitarlo, me encanta su atención hacía mí —, por cierto, ¿cómo te fue con tus amigos hoy? Daniel parecía... molesto —. Mi espalda se pone rígida ante la pregunta que claramente no pensé que me haría. Aparto la mirada hacía algunas flores rojas en la distancia.
—Bien —. Es la única respuesta de mi parte la cual sale bastante cortante, lo admito y no se lo merece.
—¿Solo bien? —Insiste, un poco molesto ante mi contestación despectiva. Vuelvo a suspirar.
—Me fue bien, Theo. Daniel comenzó a sospechar algo entre los dos, aunque Kate logró mentir por mí para desviar sus preguntas.
¿Por qué perdería el tiempo con una estudiante? Sus palabras se entrometen de nuevo en mi mente. Estúpidas inseguridades. Alejo el pensamiento de inmediato, no quiero que se interponga en este momento.
Guarda silencio unos instantes; puedo sentir la preocupación por nuestra relación que emana de él. Desearía dejara pasar esta conversación, no quiero añadir otra preocupación más a la lista.
—¿Estás segura que les creyó?
—Supongo. Mira, la cuestión es que dejó de interrogarme con sospecha. No nos preocupemos por eso, ¿sí? Daniel no lo sabe aún.
—Está bien, te creo —contesta, su mano se levanta para acariciarme el cabello con suavidad, pero no suena convincente —. Solo espero que no se entere, Nikki. Yo sé que tu crees que él sería incapaz de avisarle al director, sin embargo; un hombre dolido puede ser capaz de cualquier cosa.
No le puedo prometer nada, Daniel suele ser muy perspicaz y nunca se sabe cuándo volverá a preguntar. Sin embargo, sé que él no sería capaz de delatarme, aunque no le digo eso.
—Lo tendré en cuenta, no te preocupes —decido cambiar el tema con una pregunta sobre la duda que ha dado vueltas en mi cabeza desde que mencionó que su madre le prestó la cabaña —. ¿Desde cuándo sabe tu madre que sales con alguien?
—Unos días después de que te fueras —admite antes de estirarse para alcanzar la cesta que aún no hemos abierto. Miro el contenido donde hay algunos brownies, galletas, fresas con chocolate y unas cuantas bebidas —. Sin querer, le mencioné a mi familia que mi novia se había ido por unos días y mi madre me bombardeó con preguntas. Tuve que decirles a todos sobre ti.
Esa declaración logra preocuparme un poco. Si les mencionó mi edad o algo sobre ser mi profesor, podrían rechazar la idea de inmediato. Parece leer mis pensamientos porque habla de nuevo mientras saca una fresa con chocolate y la acerca a mi boca.
—No te preocupes, ellos saben que eres mi estudiante —. Abro la boca gustosa. Mastico y cierro mis ojos para saborear mejor la comida. En realidad, creo que gimo un poco. Delicioso. Hace tiempo no probaba fresas.
—¿No dijeron nada? —Respondo unos minutos después.
—No. Y, aunque lo hicieran, no me importaría. Soy un adulto, Nikki, puedo estar con quien quiera —. Deja un beso en mi mejilla.
Después de eso decidimos hablar de otras cosas más triviales. Me permito relajarme como desde hace días no lo hacía, el ambiente es confortable por lo que puedo dejar de pensar sobre todo al estar aquí. Terminamos casi toda la comida de la cesta durante este tiempo hasta que anuncio que estoy llena.
La noche sigue fresca a pesar de ser más de las diez de la noche, por lo tanto, decidimos quedarnos otro poco y nos recostamos en la manta. Mi cabeza descansa en su pecho; su brazo derecho se posa sobre mi cintura mientras la otra comienza a acariciar mi cabello al tiempo en que me aparta algunos mechones de la frente. Podría quedarme en sus brazos, en esta postura, por siempre si fuera posible.
En muy poco tiempo logró romper algunas de las barreras colocadas de forma tan cuidadosa a mi alrededor luego de todo el daño que le hice causar a Luc. Despertó sentimientos que no pensé volvería a sentir. Aún no puedo decir con seguridad si estoy enamorada de él, todavía no es el tiempo suficiente para llegar a amarlo, pero definitivamente tengo sentimientos muy grandes por él.
—¿Qué pensaste cuando nos conocimos? —Pregunta de forma repentina mi novio, lo que me saca de mis pensamientos sobre él.
—Que eras el hombre más hermoso y sexy que hubiera visto —. Admito un poco avergonzada. Suelta una pequeña carcajada.
—Vaya, señorita Nicole, ¿primer día y ya tuvo pensamientos indecentes sobre su profesor? —Le propino un golpe en el pecho, mi cara se siente caliente de repente porque si, los tuve. Ríe otra vez con fuerza. Ruedo los ojos; mi chico es exasperante a veces.
—Cállate. Creo que yo no era la única con esos pensamientos y lo sabes, tú, señor arrogante. —Contraataco aún sonrojada, después decido preguntarle lo mismo, yo también puedo burlarme de él.
Se queda en silencio varios minutos, tantos, que tengo que apoyarme en mi codo para mirarlo a la cara. Su semblante es pensativo y distante.
—¿Pasa algo? —Logro preocuparme un poco.
—No pasa nada, solo trato de recordar ese día —hace una pausa por un momento pequeño —, ese día estaba muy molesto porque Vanessa me pidió el favor de reemplazarla en su trabajo. Según ella tenía algunos problemas por lo que debía irse de la ciudad. Desde mi graduación, la mayoría de las veces había sido profesor universitario, solo una vez impartí clases en una secundaria, pero no quería volver a enseñar a adolescentes revoltosos y con hormonas alborotas. De todas maneras, decidí aceptar porque ambos fuimos amigos, aun así, llegué bastante enojado a clases.
<<Tus compañeros eran muy molestos al principio, estaba por tirar la toalla con ellos... luego tocaron la puerta. Cuando la abrí, me enojé aún más. Odio que mis estudiantes lleguen tarde y estaba preparado para gritarte, pero entonces levantaste la cabeza. El primer pensamiento que tuve fue que eras demasiado hermosa y después de mirar a tus ojos; esos ojos tan bonitos que tienes —toca cada párpado con suavidad antes de seguir —, lo supe: no eras como tus otros compañeros. Tus ojos mostraban tantos sentimientos... dolor, tristeza, desesperación, pero también mucha madurez, como si la vida te hubiese pateado más de una vez en tus cortos años y hubieses logrado sobrevivir. En ese momento, no pude evitar quedarme perdido en ellos. Ahí entendí que eras especial... no me equivoqué.
Sus palabras me dejan con una sensación cálida en todo el cuerpo; este aumenta todavía más al ver la intensidad con la que me observa, como si yo fuese todo su mundo. Su declaración logra calar en lo más hondo de mi alma. Acerco mi boca a la suya sin despegar la mirada, quiero trasmitirle con acciones todo lo que siento por él en estos momentos, nunca he sido buena con las palabras.
El primer contacto de nuestros labios es solo un pequeño toque, suave como una pluma. Instantes después, presiono los míos con más seguridad y cierro los ojos. El beso inicia dulce, delicado; sin prisas por varios minutos. Me separo un poco para respirar antes de volver a besarlo. Ahora es mucho más profundo e intenso, nuestras lenguas batallan la una contra la otra. En un movimiento muy poco propio de mí, coloco mis piernas a cada lado de sus caderas para sentarme a horcajadas sobre su regazo antes de tomar su cara entre mis manos mientras las suyas se posan en la parte baja de mi espalda, lo que me impulsa hacia adelante hasta que nuestros pechos se tocan.
Un suave cosquilleo se despliega en mi estómago ante la sensualidad de este hombre. De repente la temperatura comienza a aumentar al encontrarme afectada por el beso y sé que a él también le pasa lo mismo pues puedo sentir algo duro contra la parte baja de mi estómago. En un movimiento fluido, me coloca sobre mi espalda con su cuerpo por encima del mío mientras apoya todo su peso en los antebrazos para no aplastarme. Su mano comienza a acariciar mi cintura de arriba abajo.
Sin embargo, de repente, algo comienza a sentirse apretado en mi pecho como si no pudiera respirar. Mi ritmo cardíaco se acelera cuando un recuerdo aparece de repente en mi mente. Soy transportada inevitablemente hacía ese momento en donde también estoy de espaldas con alguien arriba de mí, pero él no me acaricia de aquella manera tan suave, todo lo contrario; mis brazos están sujetos por encima de mi cabeza con su mano al tiempo en que aprieta mis muñecas con fuerza para causarme daño. Ya no es Theo quien me besa; es Rick.
La bilis se apresura a subir a mi garganta y unas ganas inmensas de vomitar se apoderan de mí. Quiero con todas mis fuerzas alejarme de él, siento que me ahogo, necesito respirar. Empujo su cuerpo de manera brusca para apartarlo de mí en instantes. Me siento tan rápido que se asusta; las lágrimas se hacen presentes antes de comenzar a caer en cascada por mis mejillas. Comienzo a temblar en mi lugar por lo que envuelvo mis brazos alrededor de mis rodillas, mi cuerpo casi sin mi permiso se mece de adelante hacía atrás. Cierro los ojos con fuerza, solo deseo alejar los temblores que me recorren y el insoportable dolor que estruja mi corazón. Rick se acerca a mí para sacudirme un poco.
—¿Nikki? ¿Qué pasa? —No puedo responderle, el nudo que atraviesa mi garganta no me deja hablar —¡Nicole! ¡Cálmate!
Al ver que no me detengo, me abraza con rapidez y comienza a tocar mi cabeza con suavidad. Me revuelvo inquieta para tratar de liberarme, no lo quiero cerca de mí. No me suelta, en cambio, aprieta aún más su cuerpo contra el mío. Unos instantes después lo escucho susurrar palabras tranquilizadoras en mi oído, no obstante; pasan minutos o tal vez horas hasta que estas logran atravesar la bruma que tomó mi mente como rehén y por fin dejo de luchar. La realidad se estrella con fuerza contra mí: No es Rick quién está aquí, es Theo. Tranquilizo a mi pobre corazón con profundas respiraciones hasta que este logra retoma su latido normal lo suficiente como para permitirme susurrar un: —Lo siento.
Nunca he odiado a alguien tanto como odio a mi padre. Acaba de arruinar un maravilloso momento con Theo. Ahora él pensará que estoy loca y después terminará conmigo, aunque tal vez eso sea lo mejor. Estoy rota. Mi alma y mi corazón están rotos.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro