CAPÍTULO 21
Theo
Estaciono el auto fuera de su casa luego lo apago para enviarle un mensaje y hacerle saber que estoy afuera. Unos cuantos minutos después, la observo caminar hasta mi auto hermosa como siempre. Esta mujer logra quitarme la respiración con solo echarle un vistazo a pesar de no poder ver su rostro completo pues su largo cabello castaño oculta la mitad derecha de este.
Entre más está a una considerable distancia, puedo notar algo en su postura encorvada lo cual activa mis alarmas internas. Despacio bajo la ventana con la intención de darle una sonrisa tentativa. No me devuelve la que suele darme a mí, en cambio es una sonrisa triste y desanimada. Ahora estoy bastante seguro de que algo muy malo le pasó. Presiento no me va a gustar para nada, pero sé que si pregunto algo, se retraerá en sí misma y me lo va a negar.
Al llegar, abre la puerta para subir al auto acto seguido abrocha el cinturón de seguridad. Coloca su bolso en el suelo sin levantar la mirada de nuevo, sus manos se encuentran inquietas y tiemblan con ligereza en su regazo.
—Hola hermosa —. Me inclino hacia ella con la intención de darle un beso mientras tomo su mandíbula con ternura.
Antes de siquiera tocar sus labios, aparta la boca de mi alcance, lo cual me hace dejar un beso en la mejilla en su lugar.
Me aparto cuando la incomodidad se apodera del ambiente del auto al sentir su rechazo. Quisiera me dejara inclinarle un poco la cabeza para permitirme ver sus ojos y así preguntar sobre su renuencia a dejarme besarla, pero no lo hace, ella decide ignorarme.
—Hola Theo, ¿podemos irnos ahora?
Su voz sale en un murmullo bajo como si no tuviera fuerzas para darme una respuesta más elaborada. Me dedico a observarla unos pocos segundos más pues trato descifrar su actitud. Al final decido obedecer después de no conseguir nada, así que enciendo el carro y doy reversa antes de salir de su barrio.
En el transcurso, enciendo la radio, quiero llenar el silencio incómodo que de repente se instala entre los dos. Esto no me agrada nada. En la escuela estuvimos bien a pesar de la aparición de Valery; así que no creo que sea por su culpa. Puedo sentir en mi corazón un poco de temor al darme cuenta de que esto está relacionado con el hombre que le hace daño. Conduzco en silencio hasta mi apartamento mientras no dejo de pensar la forma de acercarme a ella, quizás si ya estamos ahí se abra conmigo y me diga lo que le molesta.
Observo con atención con los brazos cruzados cada uno de sus gestos, como la manera desganada de escribir en la hoja mientras desarrolla algunos ejercicios. No hemos hablado en ningún momento desde que llegamos, ni tampoco me ha permitido ver su rostro completo, ni me ha dejado tratar de sacarle información. Me esquivó todas las preguntas, pues decidió iniciar de inmediato con las tutorías. Cada intento mío de acercarme a ella se encuentra con desvíos, se aleja de mí para mirar a otro lado, me evita y no sé la razón. Necesito sacar el tema para preguntarle, tengo miedo de saber lo mal que debieron lastimarla en el transcurso de estas horas.
—Terminé —. Su voz me devuelve a la realidad, me quedé ensimismado en mis pensamientos.
Acerco la hoja hasta mi lado y reviso una por una las soluciones. De inmediato puedo darme cuenta que está mal todo. Frunzo el ceño.
—Esto está mal, Nikki —. Mi voz sale calmada porque sé que puede resolverlos con facilidad, pero algo la tiene distraída.
Al levantar un poco la cabeza, me echa un vistazo rápido, luego volver a mirar la hoja.
—¿Que parte?
—Todo, amor. No resolviste bien ningún ejercicio.
—Oh, lo siento, los haré de nuevo. —Agarra el lápiz dispuesta a comenzar otra vez, solo que ahora no me quedaré quieto al verla retirarse de nuevo.
Tomo su mano para detenerla, no puedo estar un segundo más con esta actitud.
—Basta con esto, dime qué te pasa. Aún si no entiendes, nunca has resuelto mal todos los ejercicios.
—No me pasa nada —. Ella ni siquiera levanta la mirada, en cambio se suelta de mi agarre con rudeza, luego aleja la silla lo más posible de la mía.
Suelto un suspiro cansado y tomo sus dos manos sin causarle daño para girarla en su asiento. Esto nos permite quedar frente a frente así que llevo mis manos su su barbilla al tiempo en que inclino hacia atrás su cabeza para hacerla mirarme.
—Es obvio que sucede algo, Nikki. No me has mirado más tiempo del necesario, no me hablas. Cada vez que quiero acercarme a ti, te alejas, no me dejas besarte... quiero saber la razón, por favor. ¿Acaso te arrepentiste de estar conmigo?
Es en ese momento en el que me fijo en el otro lado de su rostro. Jadeo cuando veo su piel lastimada como la última vez, trató de ocultar todo con maquillaje, pero la inflamación no se puede ocultar del todo. Algo cruza por su mirada, pero desaparece tan rápido como llegó y no alcanzo a analizar lo que fue.
—¿Qué pasó, amor? Tienes la mejilla... —ni siquiera puedo dejar escapar las palabras, pues la ira como nunca antes había sentido se apodera de cada rincón de mi cuerpo. Mi sangre hierve de solo pensar en que ese hombre pudo tocarla mientras yo estuve aquí.
—No pasó nada, Theo y no, claro que no me arrepiento de darnos una oportunidad, es solo que... hoy no me siento muy bien.
—¿Qué pasa? Por favor Nicole, cuéntamelo, me mata el verte tan triste. Si me dejas puedo ayudarte. —Suavizo lo más que puedo mi voz mientras llevo mis nudillos a su mejilla y la acaricio para tratar de darle un poco de alivio al dolor.
—En serio estoy bien —. Insiste luego aprieta los labios.
—¿Sabes que puedes confiar en mí, verdad? — Sé que es muy pronto para que lo haga, es solo que no puedo evitar mencionarlo.
Nicole me observa varios minutos a los ojos y es en este instante en el cual se rompe por completo. Las lágrimas llenan sus ojos y estas comienzan a caer por sus mejillas al igual que los sollozos empiezan a escapar de sus labios. Me acerco a ella para atraerla a mi pecho sin que ella deje de llorar de forma desconsolada. Mi corazón se estruja en mi pecho al sentir el dolor y la desesperación en su llanto.
La tomo en brazos y la llevo hasta el sofá donde la acomodo en mi regazo sin dejar de acariciarle el cabello ni de susurrarle palabras reconfortantes en su oído. Pasamos varios minutos en esta posición con sus manos aferradas a mi camiseta como si yo fuese un salvavidas para el sufrimiento que la hunde en este momento hasta que su respiración logra estabilizarse lo suficiente como para retirar su rostro de mi pecho y mirarme a la cara. Sus mejillas junto con su nariz y sus ojos se encuentran enrojecidos.
—¿Ya estás mejor? —No trato de ocultar la preocupación en mi voz al hablarle.
—Sí. —Sorbe su nariz y limpia su cara con la intención de deshacerse del resto de las lágrimas.
La observo con atención en silencio unos instantes antes de hablar de nuevo.
—Por favor, Nikki, dime que pasó, por qué estás así.
Duda un poco, mira hacia otro lado un momento, luego cuando me mira otra vez, vuelve a tener los ojos llorosos.
—No sé si pueda decírtelo todo, pero...
—¿Te pegó? —Mi voz sale calmada aunque la rabia y las ganas de golpear algo, o en específico a ese idiota en las pelotas, comienza a invadir cada célula de mi cuerpo.
Asiente con la cabeza despacio como si midiera mi reacción.
—¿Hizo algo más? —Exijo saber, cada vez más asustado por ella.
—No. —Su labio inferior tiembla y es así como sé que eso no es verdad.
—Mientes.
—No lo hago.
Puedo notar con claridad la mentira en sus ojos. Su falta de respuesta me hace imaginar miles de horribles escenarios uno tras otro, en donde Nicole sufre y luce frágil sin poderse defender. Eso me lastima más de lo que puedo pensar. Necesito saber quién es el imbécil que es capaz de herirla, no obstante; no voy a presionar en el tema, pues me he dado cuenta de algo: entre más la presiono, menos quiere decirme algo.
—Puedes contarme cuando suceda algo. No quiero te alejes de mí, ni tampoco que sufras sola, estoy aquí para ti. Decidiste estar conmigo, por eso quiero apoyarte y ayudarte así no esté de acuerdo.
Suelta una ligera sonrisa aunque esta no puede iluminar sus ojos como debería, todavía muestran dolor, tristeza e impotencia. Con un poco de duda se inclina a mí para besar mi mejilla.
—Es difícil hablar de esto, sobre todo cuando nadie más lo sabe. Tú eres la primera persona a la que le he dicho algo.
Quisiera poder decir que me alegra ser la primera persona, pero no lo hace. Eso solo demuestra que ha sabido sobrellevar el daño por mucho tiempo ella sola y no me agrada en lo absoluto. Me hubiese sentido mejor si supiese de alguien dándole su apoyo en todos los aspectos de su vida. No se merece nada de lo que le sucede, es más, nadie se lo merece. Supongo que las cosas malas siempre les suceden a las personas más buenas.
Esto solo la hace mucho más hermosa ante mis ojos. Aún cuando no habíamos intercambiado mas que unas pocas palabras, pude sentir que Nicole tenía una gran fortaleza dentro suyo.
—No tendrás que pasar por esto sola; estaré aquí cada vez que lo necesites. Quisiera que me dijeras todo y me dejes ayudarte —abre la boca para negarse, sin embargo; continuo antes de que lo haga —. Sé que no me lo dirás aunque te lo pida, solo espero puedas hacerlo cuando confíes por completo en mí, ¿de acuerdo?
Cierra los ojos y exhala un último suspiro.
—Sí, está bien. —Pasa sus dedos por mi frente, comienza a acariciar mi cabello, luego baja hasta mis labios, sus ojos recorren el mismo camino —. No sé qué hice para merecer a alguien como tú —. Beso su nariz, después beso sus labios.
—Creo que es al contrario, amor.
Sus ojos ahora si logran iluminarse con alegría y quiero ser parte de esa mirada siempre, me alegra ser yo el causante de ese brillo. Mi ritmo cardíaco se acelera ante la belleza que irradian esos ojos; nunca nadie me ha hecho sentir lo que ella ha logrado, ni siquiera mi ex prometida.
—¿Hoy si te quedarás a cenar? —Decido preguntar después de mirarnos en silencio, luego pongo un mechón de su cabello detrás de su oreja.
—No lo sé, Theo. Sigue sin ser una buena idea hacerlo—. Contesta al tiempo en que aparta la mirada de la mía.
—Si no puedes, no te preocupes. No te voy a obligar a nada. En tus manos está la decisión.
Muerde su labio inferior sin dejar de observar a un punto por encima de mi hombro. La tensión que invadía su cuerpo comienza a desvanecerse poco a poco antes de soltar un suspiro.
—Bien, me quedaré, pero tienes que llevarme a casa antes de las nueve. —Eso me saca una amplia sonrisa.
—De acuerdo. Cocinaré para ti.
—¿Sabes cocinar? —Cuestiona asombrada. Le doy una mirada pícara antes de bajarla de mi regazo.
—¿Pensabas que te invitaba a cenar e íbamos a pedir comida o algo así? —Sus mejillas se tornan rojas al darse cuenta.
—Umm, supongo que no.
Suelto una risa, entrelazo su mano con la mía, luego comenzamos a caminar a la cocina. Una vez dentro, toma asiento arriba de la pequeña mesa que tengo aquí luego balancea sus piernas adelante y atrás.
—Aprendí a cocinar gracias a mi madre quien nos enseñó a mí y a mis hermanos hace tiempo. ¿Sabes ese dicho de "al hombre se le conquista por el estómago"?
—Claro.
—Bueno, pues mamá decía que ese dicho no solamente aplica para nosotros; a las mujeres también les atrae un hombre que sabe cocinar pues ellas también aman comer, o bueno, la mayoría de las mujeres, así que nos dijo: "si quieren atraer a su enamorada, aprendan a cocinar como su padre lo hizo conmigo, y si a ella no le gusta la comida, será mejor que la dejen ir". Esa fue nuestra motivación para aprender. Aunque creo que ella solo lo dijo para que la ayudáramos a hacer las comidas cada noche. —Eso la hace soltar una pequeña carcajada —. Así que aquí estoy, voy a preparar lo mejor que aprendí para conquistarte a ti, espero que funcione.
—Tienes suerte de que tu madre te enseñara. Yo tuve que aprender todo lo que sé, que no es mucho, en internet.
Comienzo a sacar los ingredientes de la nevera y la alacena antes de girarme para ver si habla de verdad o no. Su expresión me dice que sí.
—¿Tu madre no te enseñó? —Eso es raro porque la mayoría de las madres enseñan a sus hijos a cocinar.
Niega con la cabeza y muerde su labio inferior con delicadeza. Aquel movimiento atrae mi mirada a sus labios; me gustaría acercarme a ella y besarla, aunque todavía no es el momento adecuado para hacerlo. Alejo las imágenes sobre nosotros dos, no es momento para eso.
—No tengo mamá, Theo.
Me congelo en el lugar. Ambos nos quedamos callados; yo porque nunca pensé que no tuviera una madre, y Nikki porque parece que no lo quería admitir.
—¿Qué pasó? —Pregunto después de haberlo asimilado unos segundos.
—Ella... ella nos abandonó cuando Elizabeth apenas era una bebé.
Por primera vez estoy sin palabras sin saber que decir a eso, es algo a lo que jamás me he tenido que enfrentar.
—Lo siento —. Es lo único que atino a mencionar, aunque a nadie le gusta que le den esas palabras en este tipo de situación, pues no sirven de nada.
Encoge los hombros como si no le importara en absoluto, solo que la postura tensa y la mirada pérdida indican otra cosa.
—No importa, ya me acostumbré a no verla.
El dolor en su voz es notable así que dejó el tema por la paz, en su lugar, decido distraerla, no quiero verla triste de nuevo.
—¿Me quieres ayudar?
Levanta la mirada para darme una ligera sonrisa agradecida por mi cambio de tema, como si la conversación que tuvimos acerca de su mamá nunca hubiese sucedido. Baja de un salto de la mesa para colocarse a mi lado.
—¿Qué vamos a cocinar?
—La receta favorita de mis hermanos y yo, arroz con pollo y verduras. Es algo común, pero mi madre lo hacía delicioso.
—Eso está bien para mí, solo dime qué hacer.
—Primero que todo, deberías quitarte la chaqueta para no ensuciarla, si quieres —. Arqueo una ceja mientras dirijo mis ojos a su bonita chaqueta de cuero.
Ella baja la mirada a su ropa y suelta una risita.
—Vaya, no me había dado cuenta de que aún traía puesta la chaqueta. Tienes razón, ya vuelvo.
Sale de la cocina para cambiarse luego vuelve unos segundos después. Solo lleva una blusa de tiras blanca debajo la cual se ajusta a su figura. Bueno, quizás que se quitara la chaqueta no fue una buena idea después de todo.
—Bueno... uh... —. Me aclaro la garganta algo incómodo. No debería fijarme de esa forma en su cuerpo, me siento un pervertido por la mirada que de seguro apareció en mi rostro.
Ignora cómo le queda esa blusa, Theodore y concéntrate en la cena
—Está bien, yo te voy a decir lo que tienes que hacer ¿vale?
—Vale.
Le explico algunas cosas a medida que avanzamos con la comida. De vez en cuando, alguna parte de nuestro cuerpo ya sea los brazos o las manos, se rozan al caminar de aquí a allá, lo cual envía chispas que saltan de su piel a la mía.
Mierda. Cocinar con Nicole a mi lado va a ser más difícil de lo que pensé.
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