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CAPÍTULO 17

Nuestros labios están entrelazados en el beso más intenso que haya recibido en mi corta vida. Besar a Theo es mejor de lo que pudiera haber imaginado. Es tierno, pero a la vez apasionado y tiene a mi corazón acelerado como loco en mi pecho. Un gemido escapa de mis labios en el momento en que su lengua se abre paso en mi boca para entrelazarse con la mía.

Theo suelta un sonido desde lo más profundo de su pecho lo que provoca que se curven los dedos de mis pies dentro de mis zapatos. Envuelve sus manos alrededor de mi cintura para elevar mi cuerpo unos centímetros del suelo lo cual nos deja aún más cerca que antes si eso es posible. El calor se apodera de todo mi cuerpo entre más nos besamos, pero aunque quisiera que esto durara más tiempo, aparto mis labios para de descansar mi frente contra la suya, nuestras respiraciones aceleradas se mezclan entre sí. Cierro mis ojos mientras tomo una bocanada de aire pues si lo miro por más tiempo querré seguir con el beso.

—No tiene idea de cuánto he querido hacer esto —. Menciona de repente con la voz ronca, sin despegar sus manos de mi cintura.

—No sabe cuánto me alegra que lo haya hecho —. Contesto de manera automática todavía sin abrir mis ojos.

En el momento en que esas palabras salen de mi boca, me doy cuenta lo ciertas que son. Puede que esto esté mal de muchas maneras, solo que no encuentro en mí preocuparme en este instante. Theo suelta una suave risa, luego me deja en el suelo de nuevo. Antes de que pueda sentirme decepcionada por la repentina distancia entre nosotros; entrelaza su mano con la mía para regresar a la biblioteca.

—Vamos a sentarnos, señorita Nicole, necesitamos tener una charla.

Mi pecho se aprieta un poco ante sus palabras, aunque decido seguirlo por las escaleras sin dejar de sentir un poco de aturdimiento recorrer cada parte de mi cuerpo por haber besado a mi profesor. Una vez arriba, me lleva entre las diferentes mesas y la bibliotecaria nos lanza una mirada de reproche. El señor Jones toma asiento en el mismo lugar de antes aunque yo decido quedarme de pie, un poco indecisa sin saber dónde sentarme o cómo comportarme con él ahora que por fin nos hemos besado. Como si hubiese sentido mi vacilación, levanta las cejas en pregunta.

—¿Por qué se queda ahí parada? Venga aquí —. Pide en voz baja para no molestar de nuevo a la bibliotecaria.

Con la intención de sentarme frente a él, me dirijo al otro lado de la mesa, sin embargo; en el último segundo, su mano se envuelve alrededor de mi muñeca para jalarme con suavidad a la silla que se encuentra a su lado. No detengo el pequeño grito ahogado de sorpresa que se escapa de mi garganta ante el contacto. No creo me vaya a acostumbrar a su toque de forma tan repentina.

—Tranquila, no voy a morderla.

Acerca su mano despacio como si me pidiese permiso para tocarme así que decido darle un ligero asentimiento. Con una sonrisa en sus labios, mete un mechón de cabello rebelde detrás de mí oreja, su mano roza en el proceso mi mejilla. Puedo sentir un poco de calor comenzar a descender desde mi rostro hasta mi pecho a causa de su toque. Sus ojos siguen el recorrido con atención antes de devolverlos a los míos.

—Eres hermosa, Nicole.

Quisiera sonreír al escuchar la ternura con la que me habla solo que me obligo a mantener la compostura a su alrededor pues tengo muchas dudas que serán mejor aclarar en este momento antes de entrar de lleno en algo más.

—¿Qué va a pasar de ahora en adelante entre los dos, profesor? —Pregunto sin dar más vueltas.

—Primero vamos a empezar por tutearnos, quiero escucharla decir mi nombre.

Dudo de nuevo, ese sería un paso mayor en lo referente a nuestra relación de ahora en adelante y aunque eso me asusta, también llena de emoción mi incontrolable y estúpido corazón.

—Está bien, Theo —. Muestra una amplia sonrisa que logra iluminar su rostro.

—Eso está mejor. Segundo, ya dije todo lo que comienzo a sentir por ti. Me atraes bastante, Nicole, quisiera que empezáramos algo. No sé si pueda estar alejado de ti ahora que por fin pude besarte —echa un vistazo a mi rostro, la sonrisa se desvanece de su expresión —. Aunque no estoy seguro de si quieres lo mismo, tienes esa expresión en tu rostro como si pudieras huir en la dirección contraria.

—¿La manera en la que te devolví el beso no fue suficiente respuesta? —Creí que lo había dejado claro con mis acciones aunque no parece muy seguro. Sus ojos se entrecierran con desconfianza.

—Buen punto. Pero necesito que me lo digas.

Suelto un suspiro frustrado. Si soy honesta, nunca he sido muy buena para expresar mis sentimientos en voz alta, no cuando me he sentido obligada a guardar en secreto desde hace años lo que sucede con papá.

—¿No dicen que las acciones valen más que las palabras? —Contraataco, quiero que deje pasar el tema. No lo hace. En su lugar sus mirada permanece en mi rostro con atención a la espera de mi respuesta.

Maldición. Cierro los ojos y aprieto el puente de mi nariz. Si quiero tener algo con él tendré que empezar a poner en palabras todo lo que pienso.

—Bien. También me siento atraída hacia ti, Theo, aunque no esté bien que sienta esto si tenemos en cuenta nuestra situación, pero bueno —me encojo de hombros —, en el corazón no se manda.

Escondo mi cara sonrojada contra su hombro y sin quererlo su olor ingresa en mis fosas nasales. Huele a una especie de jabón con un toque de colonia, huele delicioso. Siento su mano en mi cabello e inmediatamente comienza a pasar sus dedos entre mis mechones con suavidad. De repente, todo mi cuerpo se pone rígido. Sin mi permiso, mi mente se desvía hacia la primera vez que mi padre abusó de mí ante el contacto de Theo. El recuerdo es tan vivido que casi puedo escuchar su voz susurrar en mi oído.

—Tu cabello es tan suave, cariño. Me recuerda mucho al de tu madre.

Suelto un jadeo tembloroso mientras abro los ojos sorprendida. Theo me aleja de su cuerpo de repente.

—¿Estás bien? ¿qué pasó? —Un ceño fruncido aparece en su rostro, sus ojos se encuentran oscurecidos por la preocupación.

Mi cuerpo sin si quiera darme cuenta ha comenzado a sufrir ligeros temblores, mi respiración se encuentra acelerada como si hubiese corrido un maratón.

—Está bien, Nicole. Respira conmigo.

Theo coloca mis manos sobre su pecho, al mismo tiempo toma aire profundo por la nariz sin dejar de mirarme con preocupación. Quiero apartar mis manos de él, no quiero que me toque, pero cuando trato de hacerlo, él no me deja así que me obligo a imitar su forma de respirar con los ojos cerrados. Al principio no puedo conseguir meter el suficiente aire a mis pulmones, los músculos de mi garganta se encuentran obstruidos lo cual impide que mi respiración pueda regresar a la normalidad. Pasan varios minutos de intentarlo hasta que por fin siento que tengo el control de mi cuerpo y mis reacciones. Me quedo en silencio unos momentos aún sin abrir los ojos, avergonzada de mi ataque de pánico, pero luego de varios minutos, decido dejar mi cobardía a un lado y alejo mis manos de su pecho.

—¿Mejor? —Pregunta en voz baja sin quererme asustar.

Abro mis párpados para observar a mi alrededor donde puedo notar que algunas personas miran en nuestra dirección con extrañeza. Algunos están levantados de sus sillas con expresiones intensas mientras dirigen su atención a mi profesor como si él fuese el culpable de mi situación.

—Sí.  —Mis mejillas se sonrojan de vergüenza y no me atrevo a mirar a Theo.

—Creo que es mejor que nos vayamos de aquí. Podemos tener esta conversación en otro lado.

Mantengo la cabeza agachada sin dejar de recoger mis cosas en mi bolso, todo el tiempo puedo sentir sus ojos fijos en un lado de mi cabeza. Él se queda callado, ni siquiera discute conmigo por esto, en su lugar solo recoge también todas sus cosas. Salimos en completo silencio hasta su auto, todavía no me atrevo a darle un solo vistazo. Al estar ya dentro del auto, comienza a conducir para salir del estacionamiento. Una vez que se aleja unas cuantas cuadras, lo apaga de nuevo frente a un pequeño supermercado. El cuero de su asiento rechina al girar su cuerpo en mi dirección. Toma mi mandíbula con suavidad para girar mi cabeza.

—¿Qué pasó allá, Nikki? —No hay acusación en su tono, solo preocupación y curiosidad.

Dudo un poco, no quiero asustarlo con la verdad, sin embargo; como me prometí en la biblioteca, tengo que empezar a poner en palabras mis sentimientos. Decido decirle la verdad a medias.

—Al tocar con tus manos mi cabello... tuve un recuerdo de hace mucho tiempo y me asusté un poco. De verdad lo siento, no quise asustarte.

—No te preocupes, no voy a presionarte para que me lo digas —suelta un suspiro derrotado —. Nikki... aún no sé si estés lista para hablar sobre nosotros. Creo que será mejor dejarte en tu casa y tengamos esa conversación mañana.

Comienzo a negar con la cabeza con rapidez sin querer aplazar nada de esto. En este momento lo único que quiero es ser normal por una vez en mi vida.

—No, estoy bien, solo necesitaba un minuto —. Odio con todas mis fuerzas lo patética y pequeña que suena mi voz, solo que no lo puedo evitar.

—Nikki... —sus palabras salen dudosas lo cual hace que mi corazón se hunda. Tal vez lo asusté y ya no quiere tener nada que ver conmigo.

Le ofrezco una sonrisa triste antes de aceptar en un susurro luego me dedico a mirar en dirección a las calles de la ciudad. Las lágrimas se acumulan en mis ojos, pero me niego a dejarlas caer, no quiero mostrarle a Theo cuánto me lastimó su negativa. Enciende el auto de nuevo para conducir hasta mi barrio.

Una vez llegamos a unas cuadras antes de casa, quito el cinturón de seguridad de mi cuerpo con la intención de largarme de aquí cuanto antes para lamerme las heridas a solas, no obstante; sus siguientes palabras me detienen.

—Nicole, mírame —una vez que tiene mi atención, continúa —: No quiero que creas que me arrepiento de nada de lo que pasó en la biblioteca. Mi intención no es rendirme ahora con nosotros.

—¿Por qué entonces no quieres hablar ahora?

—Porque tuviste un ataque de pánico, cariño. No quiero asustarte ni forzarte a nada. Solo me gustaría que tengas tiempo para pensar en nuestro beso y si mañana sigues sin cambiar de opinión... podemos hablar. ¿Por favor, harías eso? No por mí, sino por ti.

Sus palabras abren una nueva oleada de sentimientos que no quiero poner en palabras. Hace tiempo que nadie que no sea mi hermana se había preocupado por mí y escucharlo darme la oportunidad de elegir me tiene con el pulso acelerado. Antes de arrepentirme, cierro la distancia entre los dos para colocar mis labios sobre los suyos en un breve aunque intenso beso, luego me alejo.

—Está bien. Gracias, Theo, nos vemos mañana. —Abro la puerta y salgo del auto.

Theo se queda con una expresión de deseo no disimulado en sus ojos. Después de sus palabras, estoy bastante segura que estar con él es la mejor decisión que podría tomar. 

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