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A la mañana siguiente me levanté sorprendentemente tarde, no había podido dormir en toda la noche, mortificado aún por la pelea que presencié ayer, que involucraba a mis dos mejores amigos.
Casi no me dio tiempo de desayunar, de por sí ya estaba súper retrasado para el entrenamiento matutino, Sofi insistió para que al menos comiera algo de fruta, ella siempre se preocupaba por mí.
Conduje rápidamente hacia el centro de entreno, el cual no quedaba tan lejos de casa, pero eso no me salvaría de una amonestación de Luis Enrique, que seguro me daría el típico discurso de reprimenda sobre la importancia de la puntualidad. No obstante, cuando llegué a la cancha, él me recibió indiferentemente, sólo hizo una seña con la mano para que me uniera al grupo, supuse que tenía mejores cosas que hacer que regañarme.
Me uní al rondo con los demás, que me recibieron entre saludos y reclamos divertidos por llegar tarde. Después de un rato, el asistente del entrenador se acercó y mencionó que nos pusiéramos en pareja para practicar pases, busqué con la mirada a Mascherano, mi compañero habitual, él se acercó a mí y a continuación comenzamos a rodar la pelota, apenas llevábamos dos toques cuando Neymar se aproximó a nosotros.
- Hey... ¿tienen lugar para uno más? –mencionó lentamente, con cansancio y, antes que pudiera decir algo, Javier consintió su entrada.
Miré al brasileño, se veía extraño, sus párpados lucían pesados y sus movimientos eran poco audaces, como si estuviese trasnochado y se hubiese tenido que levantar temprano para venir a entrenar. Aparte de eso, no era habitual que viniera a buscar grupo, cuando era bien sabido que su pareja de siempre era... Ahora que lo pienso, no había rastro de él por ninguna parte, él nunca faltaba a ningún entreno, a menos que fuese por una emergencia.
- Oigan, ¿han visto a Leo? –pregunté a ambos, Neymar pareció no escucharme porque seguía muy entretenido con el balón... o quizás quería ignorarme.
- No ha venido al entrenamiento de hoy –mencionó Javier pasándome el balón, estaba relajado, demasiado diría yo, es decir, ¿su mejor amigo había faltado y él actúa tan tranquilo?
- ¿No crees que es algo extraño que no esté aquí? Sabes cómo es, siempre es uno de los primeros en llegar –dije con preocupación.
- Cálmate Lucho, me envió un mensaje temprano diciéndome que le dolía el estómago, seguro se puso a comer y a beber por la frustración del partido de ayer, y se indigestó.
"Si, eso debe ser...", mencioné volviendo a enfocarme en la pelota. No era la primera vez que Leo se ausentaba por problemas estomacales y lo que decía Masche tenía mucho sentido, recuerdo cuando perdimos con el Atlético de Madrid en cuartos de Champions, no asistió al entreno del día siguiente por la misma razón, sólo que aquella vez me avisó sobre su ausencia, esta vez no me dijo nada, ni una llamada, ni un mensaje, por lo que me preocupé.
Terminamos de ejercitarnos y nos fuimos a los camerinos, me duché y me cambié, cuando me dispuse a ordenar mis cosas en mi casillero escuché que, cerca de allí, se libraba una acalorada discusión entre Neymar y su teléfono.
- ¡No me importa lo que tengas que hacer, resuélvelo ahora! –exclamó el carioca visiblemente furioso- ¡Deshazte de él! ¡No quiero volver a verlo! ¡Y no me llames hasta que esté hecho!- ¿Acaso era lo que acababa de oír?, me acerqué a él en cuanto colgó, se estremeció un poco cuando me notó.
- ¿Todo en orden Ney? –mencioné minuciosamente, él ahora parecía tranquilo, dejando de lado la ira anterior.
- Claro Lucho, todo en orden –me sonrió, pero incluso en su sonrisa noté cierto aire de culpabilidad, pero... ¿culpabilidad de qué?
- ¿Por qué tan enojado, eh? –quería investigar más a fondo su reacción, mientras él ordenaba su mochila.
- Es que conseguí un panal de abejas en uno de los árboles de mi jardín, así que contraté a alguien para que se encargara de ello, pero resultó ser un completo incompetente... Quiero que se deshaga de él de una vez, es peligroso, no quiero que alguna le pique a Davi –su tranquilidad me sorprendió, decidí creerle porque no le veía sentido pensar en otra cosa. Luego recordé que aún nos quedaba un tema por tratar.
- ¿Quieres hablarme de lo que pasó anoche? –esa simple pregunta hizo que Neymar parara momentáneamente con el ordenamiento de sus cosas.
- No fue una buena noche... No lo voy a negar, Leo y yo estábamos enojados y tuvimos nuestras diferencias, pero no pasó a mayores.
- ¿No pasó a mayores? Vi lo que ocurrió, cómo le amenazabas agarrándole la camisa, parecía que querías hacerle daño –Neymar me miró directo a los ojos y un repentino escalofrío recorrió mi cuerpo, como si estuviese aterrado por su posible respuesta, nunca me había sentido así con él, siempre lo había considerado como mi hermanito menor, siempre alegre y cálido, esta vez, no era así.
- ¿De verdad crees que yo sería capaz de hacerle daño a Leo? –preguntó con su mirada intensa y una media sonrisa en sus labios que sólo le daban un toque maligno a su interrogante.
Me aparté un poco, sabía que no era algo que debía contestar o, más bien, no quería contestar. Él entendió mi silencio y siguió en sus asuntos, el ambiente de repente se había vuelto muy incómodo, a los pocos minutos, ambos abandonamos el lugar y nos dirigimos a nuestras respectivas casas.
Llegué a mi hogar y allí me esperaba mi adorada familia, todos reunidos alrededor de la mesa, justo a tiempo para almorzar. Yo le relataba a Sofi sobre mi día, como de costumbre, incluso aquello que me había inquietado.
- Es raro que Leo haya faltado, según tú, es un obsesionado con los entrenamientos –dijo ella, ambos reímos- Ahora, en serio, ¿por qué estás tan preocupado?
- No lo sé, supongo que es porque no me avisó nada, a mí, su mejor amigo... Aparte, esa extraña actitud de Neymar...
- ¿Neymar? ¿Qué tiene que ver él?
- Ha estado actuando muy extraño, no es el mismo de siempre, no sé explicarlo... Además, esa pelea de ayer, puedo jurar que parecía como si quisiera hacerle algo a Leo, algo malo.
- Creo que exageras cariño, o sea, fue una simple pelea, todos los amigos tienen peleas de vez en cuando.
- Es que nada es lo mismo, siento que las cosas han cambiado mucho, no sé desde cuándo, ya no somos el tridente que solíamos ser –expresé con melancolía, ella tomó y acarició mi mano, dándome ánimos.
- Todos se arreglará amor, en algún momento ambos deberán arreglar sus problemas, por el bien del equipo y de su amistad... -me aconsejó, yo le sonreí, ella era mi guía, siempre me ayudaba a hallar la respuesta cuando más perdido me sentía.
Decidí poner de mi parte en la recuperación de esta amistad, pensaba que podía llamarlos a ambos para reunirnos mañana después del entreno a tomar un café, hace tiempo que no lo hacíamos, así que lo consideré una buena idea. Llamé a Leo, pero no contestó, se cansaba de repicar y nada, imaginé que estaba ocupado así que decidí hablar primero con Ney, el cual contestó inesperadamente al primer timbrazo.
- ¡Hey! –exclamó el brasileño del otro lado de la línea.
- Hey Ney, oye me preguntaba si... -en ese momento escuché un leve sonido proveniente de la bocina, era un gemido, supuse que estaba teniendo sexo, pero descarté esa idea, no sonaba para nada a un sonido de placer, era más bien de dolor, como si alguien estuviera desesperado... o aterrado- ¿Todo en orden?
- ¡Sí! Dame... Dame un segundo... -expresó con dificultad, los quejidos continuaron, pero fueron silenciados abruptamente, como si alguien le hubiese tapado la boca a otra persona, pero aun así dejaba escapar leve espiraciones. Unos instantes después, volvía escuchar la voz de Ney, más agitada que la última vez, como si estuviese realizando un gran esfuerzo- Ahora sí Luisito, ¿qué querías decirme?
- Pues... Sólo pensaba que Leo, tú y yo, podríamos salir mañana después del entreno a tomarnos un café.
- Me parece bien –contestó sin mucho ánimo, imaginé que era por su pelea con el argentino.
- ¡Genial! Pasaré por ti a las tres, ¿te parece?
- Sí, está bien... -en ese instante, el extraño gemido volvió a sonar, no pude evitar sentir curiosidad, pero no me atreví a preguntar- Disculpa, debo irme, nos vemos mañana.
Colgó, ni siquiera me dejó despedirme. Acto seguido intenté llamar a Leo nuevamente, pero seguía sin contestar, le mandé mensajes a su celular y a todas sus redes sociales, y aún nada, ni siquiera un visto, era inusual que hiciera eso, estaba alarmado, quizás el problema estomacal de verdad lo tenía mal. Estuve tentado a llamar a su casa, pero me abstuve porque supuse que me contestaría Antonella y la verdad no quería hablar con ella, eso sólo me pondría peor.
Decidí dejar las cosas así, imaginé que no habría problemas, Leo aparecería en el entrenamiento matutino de mañana tras haber tomado unos cuantos anti-ácidos y aceptaría mi propuesta de ir por un café, él nunca se negaba a ese tipo de salidas conmigo, obviamente, no le recriminaría por no haberme contestado o siquiera advertirme sobre sus dolencia, no soy de hacer ese tipo de reclamos, sólo deseaba que estuviese bien y poder hablar con él...
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