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19

Esa mañana amaneció más brillante que de costumbre, todo era nuevo para mí, como si hubiese renacido y estuviese viendo todo a mi alrededor por primera vez, todo era más resplandeciente, todo era más bello... Todo estaba en orden.

Mi esposa se sorprendió por mi enervante felicidad, resultaba extraño que tras días de desconsuelo estuviese con una sonrisa indeleble en el rostro, pero qué quieren que diga, así se siente uno al resolver ese problema que se creía irresoluble.

Llegué al entreno a buena hora, ni muy tarde ni muy temprano, con un tiempo de holgura adecuado antes de saltar al campo y que me permitiera charlar brevemente con mis compañeros, en especial con Leo quien, como era su costumbre, había arribado muy temprano.

Mi alegría aumentó en cuanto lo vi, estaba hablando con los muchachos en los vestuarios, entre ellos Gerard, Andrés y Masche, quienes bromeaban incesantemente acerca de su nuevo color de pelo, todo era tan natural y relajado, como si Messi jamás hubiese desaparecido.

Después de mí, llegó Neymar, justo a tiempo aunque un poco retrasado, no obstante, su rostro fue el que despertó miles de alarmas y preocupaciones. Aún tenía rastro de los moretones de los golpes de ayer y una bandita en la nariz, por supuesto, se veía mucho mejor en comparación con la noche anterior.

"Un tipo insultó a mi hermana y le di su merecido", fue lo que dijo el brasileño para despistar a los curiosos, razón que creyeron convincente dada su reputación de sobreprotección hacia su hermana menor.

Yo agradecí que no hubiese dicho la verdad, aunque no pude evitar sentirme mal por lo que hice, sabía que había obrado mal desde el principio y que Neymar se merecía una disculpa, por ello, aproveché la oportunidad para abordarle a solas en el pasillo de afuera, antes de ir al campo a entrenar.

- Neymar, ¿tienes un momento? –le dije con un toque en la espalda, a lo que él volteó y me miró extrañado- Lamento mucho, de verdad, muchísimo lo que hice... Siento no haber creído en ti desde un principio y pensar que tú... Pues,... Ya sabes...

- ¿Que yo secuestré a Leo? –completó, alzando una ceja.

- Sí, eso... De verdad espero que puedas perdonarme y que volvamos a ser amigos –expresé profundamente arrepentido con mi cabeza gacha.

El brasileño se quedó callado por unos segundos, luego emitió un suspiro y me miró a los ojos, aunque no pude descifrar exactamente cuál era su expresión... Quizás está triste, pensativo, o quizás me advierte algo...

- Seguro Luis, sólo quiero que jamás vuelva a ocurrir algo como esto –pronunció finalmente, yo respiré aliviado.

- Te lo prometo Ney, jamás volverá a ocurrir.

Él asintió y se alejó del lugar, mientras mi interior se llenaba de regocijo, cielos, esta tortura había terminado, ¡era libre, libre al fin!

Salté al campo con más energía que nunca, hasta mi pareja de entreno, Masche, se extrañó de mi repentino regocijo, mas yo no podía ocultarlo, en especial cuando volteaba a un costado y veía a Leo entrenar junto a Ney, ambos sonriendo y charlando, como en los viejos tiempos, en los que todo estaba bien, en total armonía, sin discusiones ni peleas.

Terminó nuestra sesión, estábamos justitos para el partido de vuelta de Champions y, esta vez, contaríamos con el 11 titular, cosa que nos llenaba de mucha esperanza para clasificarnos a la siguiente ronda y, quien quita, tal vez hasta podríamos alzarnos con la preciada orejona.

Después de esto cada quien se dirigió a los vestuarios para emprender su camino a casa, yo fui uno de los últimos en entrar al camerino, pues, el entrenador se quedó un rato hablando conmigo, más que todo para felicitarme por la buena actitud que mostré el día de hoy.

En los casilleros nada más quedábamos Neymar, Lionel y yo, estos dos estaban sentados en los bancos conversando tranquilamente, ya vestidos y listos para salir, no obstante, en cuanto me vieron, se quedaron en silencio.

Los tres nos miramos unos a otros, en lo particular, a mí me brillaban los ojos de la alegría, estábamos reunidos nuevamente, como los tres amigos inseparables que éramos, es en serio cuando digo que podría llorar de la felicidad aquí mismo... El caos se acabó...

- ¿Qué pasa Luis? –intervino Messi, sacándome de mis pensamientos, puede que se haya extrañado por el modo en el que me los quedaba viendo sin decir nada.

- No, nada... -alcancé a decir, todavía con una sonrisa en el rostro- Es sólo que estoy muy feliz porque estás aquí, y que los tres volvamos a llevarnos bien como antes.

- Ah... Sí, yo también estoy feliz por eso –expresó Leo con una leve sonrisa, al tiempo que se levantaba de su asiento, seguido del brasileño- Bien, creo que ya es hora de irnos, debo estar en casa temprano para ver a los chicos.

- ¿Se van juntos? –pregunté extrañado.

- Sí, me ofrecí a llevarlo a su casa –dijo Leo relajado.

- Los Toiss me trajeron y, la verdad, tengo pereza de llamarlos para que me busquen de vuelta –habló Ney, a lo que todos respondimos con una carcajada... Como en los viejos tiempos...

- Bien –reí- Entonces, nos vemos mañana.

- Deberíamos quedar para tomarnos un café para después del partido contra el Dortmund ¿qué dicen? –propuso el moreno.

- Yo me anoto –respondí animado.

- Yo igual –dijo Leo- Solo si Ney promete no dejar a la cafetería sin crema para capuchinos –otra carcajada grupal, seguida de un codazo amistoso del más joven al argentino.

Ambos se despidieron de mí con un abrazo y abandonaron el lugar, dejándome solo, con un júbilo que embargaba cada parte de mi ser, era increíble, realmente increíble... Todo había terminado...

Era como caminar en una nube, libre de culpas y remordimientos, como aquel que ha alcanzado el nirvana, o como aquel que llevaba meses perdido en el desierto y después de tanto padecer alcanza un poco de agua.

Todo era tan sublime, tan pacífico, tan esplendoroso que pensaba que nada en el mundo podría alterar mi estado de ánimo... Bueno, al menos eso pensaba hasta que abrí la puerta de mi casillero y, de la nada, un pedazo de papel salió volando por los aires, aterrizando suavemente en el suelo.

Me extrañé por completo, yo no había dejado eso aquí, por lo que, lleno de curiosidad, decidí levantarlo para ver qué decía y, ahora que lo pienso, jamás debí haberlo hecho...

Tenía apenas unas pocas palabras escritas, que para mí resultaron como un puñal clavado justo en mi corazón, tanto así que terminé arrojando el papel lejos de mí, como si éste me quemara las manos. Era una tortura, Dios, una real y cruel tortura, ¡¿por qué tenía que pasarme esto?! ¡¿Por qué a mí?!... Lo merezco, sé que lo merezco...

Era un círculo vicioso en el que había caído y, ahora más que nunca, no tenía idea de lo que estaba pasando, ni de lo que había pasado aunque, lo peor de todo, era que no tenía idea de lo que me iba a pasar a mí, mientras aquellas terribles palabras escritas en tinta se imponían antes mis ojos aterrorizados:



"¿En serio te creíste todo ese cuento de la 'paz interior'?

Ay Luis, qué lejos estás de la verdad...

No tienes la menor idea."




Si han legado hasta aquí de verdad agradezco su lectura, sus votos y sus comentarios a lo largo de esta historia. A partir de aquí, los capítulos estarán narrados desde la perspectiva de Messi y Neymar (o en tercera persona).

Quisiera saber qué les ha parecido la historia hasta ahora y, sobre todo, qué piensan que le haya pasado a Leo, a Ney y lo que significa esta nota para Luis.

Nuevamente, gracias por estar allí –Icious27

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