𝓶𝓸𝓸𝓷𝓵𝓲𝓰𝓱𝓽
Si pudiera cambiar algo sobre el pasado sería el haber ido a París, sin dudarlo.
Si pudiera regresaría a ese momento donde la oferta llegó a sus manos, se miraría a la cara y se daría una bofetada antes de gritar, "¡No lo hagas!" haciendo uso de toda su voz, hasta rasgarse la garganta de ser posible. No renuncies a tu empleo, no dejes a tus padres solos, no botes tu miserable vida a la basura para tomar una peor.
París era un lugar bonito, de hecho, si hiciera a un lado toda la basura en las calles, se atrevería a llamarlo incluso hermoso si el lugar no estuviera tan jodido. Si las personas no fueran tan macabras.
Si justo en ese momento no estuviera caminando sin rumbo fijo, sin un destino y sin un verdadero lugar a donde llegar a dormir o siquiera refugiarse esa noche, pues no tenía un hogar. Más bien si tenía uno, a miles de kilómetros de ahí, pero a su edad regresar a casa de tus padres habiendo fracasado en el intento de salir adelante, no es una opción.
En casa las cosas eran complicadas, eran bastantes difíciles de explicar.
Sus pies trastabillaron pues había estado bebiendo alcohol, un acto que jamás se había permitido sino hasta llegar a esa ciudad, donde todo el mundo bebía, y consumía al menos un tipo de droga. La marihuana era legal, las drogas eran tan fáciles de conseguir como pararte en una esquina por más de cinco minutos. Entonces ocurrían dos posibles escenarios; se detendría un auto, bajaría el vidrio lentamente y un tipo asqueroso en sus cincuentas o sesentas te preguntaría "¿A dónde puedo llevarte?", la respuesta incluía un hotel cerca de la zona roja: sexo rápido, doloroso y cuestionable, y unos billetes siendo arrojados sobre un cuerpo desnudo y moribundo con moretones en la piel. El otro escenario era un tipo bien vestido, a pie, tal vez en una motocicleta, joven y bien parecido, sacando cualquier cantidad de drogas del bolsillo de su chaqueta. Ya se arreglarían con el pago.
Un día consiguió ambas cosas.
Era un hombre joven, con cuatro distribuidoras de carne situadas estratégicamente en la ciudad, con una moto último modelo, un rostro bellísimo y un fajo de billetes en el bolsillo izquierdo del pantalón que no le daba miedo gastar en una botella más de Whisky. Luego otra, y otra más hasta que estuvo casi inconsciente sobre la mesa. Entonces se fueron juntos del lugar.
"Sígalo," dijo. Ebrio, mareado, risueño apuntando la lujosa moto. El conductor del taxi lo hizo.
Hablaron durante todo el camino. No recuerda sobre qué, excepto, "¿Ese es tu novio?"
"No."
Pasó cerca de media hora, era de madrugada. Jongin no tenía un trabajo al que ir la mañana siguiente, y aquel hombre, era su propio jefe. Así que el resto no importaba.
Se tambaleo por los pasillos de "Mousai", totalmente ebrio, drogado. Entre risas siguiendo al empleado quien los llevó a una habitación en el último piso. Se dejó caer sobre la cama y dejó que aquel guapo hombre lo despojara de sus prendas.
Un par de golpes en la puerta se hicieron escuchar, ya había amanecido, la luz se colaba por la ventana de su habitación. Estaba frente a su cama, así cada día se despertaba debido a la claridad molestándole la vista. Para cuando su madre abrió la puerta ya tenía los ojos abiertos, no había dormido.
El pasado no existe una vez te encuentras en el presente, el futuro tampoco existe. Lo único verdaderamente real es el ahora. Entonces, ¿por qué seguía el pasado robándole el sueño cada noche?
"Son las seis," dice su madre. Casi grita, está despeinada.
"Ya voy."
Vive con su madre de cincuenta años, y su padre de cincuenta y seis años. No hay hermanos. No hay más familiares, tal vez una tía que vivía a horas de distancia y llamaba en los cumpleaños.
"No funcionó mientras eran amigos, ¿crees que realmente funcionará en este momento?" dijo su madre, sentada en el sofá, tomando su tercer café del día.
"No lo sé," contestó.
Se lo había contado, tuvo qué debido que los vecinos habían mencionado haberlo visto acompañado de un hombre guapo en la entrada del edificio.
"¿Si quiera lo estás pensando?" dijo. "Eso de meterse en relaciones ajenas viene de familia. Esas personas se aman, no te metas."
Tenía un nudo en la garganta que hizo difícil mentir, "No lo haré, mamá."
La habitación es la primera imagen que te viene a la cabeza cuando piensas en el cuarto de una niño, solo que ha dejado de serlo mucho tiempo atrás. Hay una mesa repleta de cremas, un espejo de cuerpo completo, y un closet. Marcas de cinta adhesiva en la pared que alguna vez estuvo llena de posters y fotografías de los días en que se permitía a sí mismo sonreír. La pintura ha comenzado a caerse.
El uniforme de la compañía donde trabaja es de color azul marino, tiene el logo de la corporación a la altura del pecho, pantalones oscuros y botas de seguridad. Son treinta minutos a pie hasta el trabajo, tiempo suficiente para desear nunca haber dejado la universidad, también para recriminarse una vez más por haber abandonado a Kyungsoo de la manera que lo hizo, "No puedo seguir costeando la universidad, me voy", justo a la mitad del proyecto que determinaría si pasaban el año o no, y una respuesta cruda: "Ojalá nunca te hubiera conocido."
Vacío. Hay un agobiante sentimiento de vacío instaurado en su pecho.
Mientras deslizaba el código de barras de cada uno de los artículos frente al escáner, uno por uno, había una fila kilométrica de clientes esperando su turno, no le importó, el pitido del aparato resonó haciendo eco en sus oídos, su mente en blanco, no piensa en nada, solo existe en ese miserable momento.
Mira la pantalla, pero puede sentir cuando alguien se aproxima, "Espere su turno en la fila, por favor." dice mecánicamente como le fue instruido en su primer día de trabajo.
"Sunshine."
Inmediatamente levanta la mirada. Hay un hombre vestido en un traje azul marino justo en frente.
"¿Qué estás haciendo aquí?" de pronto sintiéndose avergonzado por ser visto en su uniforme, se encoge en su asiento.
Él estaba ahí, en un supermercado abarrotado, vistiendo su traje caro, con esa aura y ese brillo emanando de él. Guapo.
"No respondías mis llamadas," dijo, pasándose las manos por el cabello de una manera compulsiva muy rápido en pocos segundos. Relamió sus labios. "Así que encontré mi camino hasta aquí. Te encontré."
Kyungsoo se inclinó ligeramente hacia el frente, apoyando sus manos al borde de la caja registradora. Había una brillante sonrisa en su rostro, de una manera algo fascinante.
Tenía los labios entre abiertos, una caja de cereal era sostenida en el aire por su mano izquierda mientras procesaba las palabras. Los clientes dueños de la compra que estaba facturando estaban demasiado entretenidos discutiendo entre ellos sobre quien se iba a comer los Reese's Puffs primero en el caso de los niños. Mientras que una joven y bonita mujer pasaba siendo seguida por la mirada del esposo, y cuando su esposa comenzó a reclamar solo dijo: "No discutamos asuntos familiares aquí, lo hablaremos en casa". Línea que tal vez incluía golpes y más gritos.
Lo miró.
"Estoy en mi trabajo, no puedo si quiera moverme de aquí. Mucho menos usar el celular," dijo.
Terminó con los productos, esperó el número de comprobante de la transacción exitosa y que la factura fuera impresa. Se la extendió a los clientes, luego dijo, "Saldré a las siete. Estás deteniendo la fila."
Kyungsoo se enderezó rápidamente, recuperando la compostura, como si no acabara de derretirse en cuanto lo vio.
"Esperaré."
"¡Siguiente!"
Ahora, había una razón lógica para su actitud, y era que le hacía sentir complicado en el interior, ¿era esa una buena justificación? Probablemente no, pero no podía estar haciéndose ilusiones tontas, poner una barrera era más sencillo.
Cerró la puerta del casillero, escuchando por casualidad el chisme entre un par de compañeras.
"Hay un hombre bellísimo vestido de traje en el estacionamiento," dijo una.
"Si conduce una camioneta, es mío." dijo otra.
Acababa de obtener su empleo de vuelta, al que había renunciado para irse a París, estaba volviendo a comenzar. Los chismes de pasillo eran entretenidos.
¿De verdad había esperado dos horas?
Sí lo hizo.
"¡Gracias a Dios! Pensé que dormiría en este lugar," se levantó, alisando su traje con las palmas de sus manos.
"Vamos," dijo Jongin, sobre la marcha, a paso decidido antes de que el resto de los trabajadores comenzara a murmurar. Se detuvo al darse cuenta de un detalle importante. "¿Dónde está tu auto?"
"Lo deje en trabajo pensé que sería lindo caminar y charlar," respondió.
"¿A esta hora? ¿En este vecindario?" soltó una risa corta. "Bueno, si no te importa caminar descalzo."
"No puede ser tan malo. Solía gustarte caminar, largas caminatas de la universidad hasta tu casa, ¿lo recuerdas?"
El pasado, ¿era necesario recordarlo cada vez? Era cierto lo de las caminatas, después del medio día, luego de haber pasado horas sobre el pasto del campus hablando sobre sueños del futuro y problemas del presente, recostados sobre una manta de picnic, sin la comida o las cosas que formaban un picnic, solo los dos, el cielo sobre ellos, las nubes, el sol, la escasa brisa y las ganas de quedarse un poco más de tiempo juntos.
"Me gusta" me gustas. "Aún me gusta." responde, mira alrededor, las personas han comenzado ha hablar, entonces ya no importa. Una caminata con un viejo amigo a la mitad de la noche no le haría daño, sin embargo, una caminata a la mitad de la noche solo sí que le haría mucho daño. "Solo me preocupaba por tus zapatos de diseñador."
Estalló en carcajadas, sus dientes reluciendo, sus ojos haciéndose pequeños, "No me importa, Sunshine. Compraré otros."
Kyungsoo sonrió ampliamente, sabiendo que había conseguido lo que quería, y pasó un brazo alrededor de sus hombros, poniendo sus pies uno frente al otro en dirección a la salida del centro comercial. Hace frío en la calle, no demasiado, solo lo justo, las calles están iluminadas son unas cinco cuadras de distancia hasta su departamento, las personas van y vienen algunos con prisa, otros simplemente no desean llegar a casa incluso después de un día agotador. No dice ni una palabra cuando su mano es cubierta por otra más cálida. Reprime el sentimiento en su pecho, ignora el aleteo de su corazón, no lo mira, mira los autos pasar, se deja guiar paso a paso.
"Siempre hablo sobre ti con mi novia. Cada vez que pasamos por tu calle no puedo evitar pensar en ti, siempre te pienso cuando estoy con ella," dijo, atropeya las palabras, suele ser elocuente, pero esa vez nota lo que ha hecho y se reivindica en un parpadeo. "Quiero decir que tengo buenos recuerdos junto a ti, y siempre solía ir a tu casa, entonces es inevitable no recordar eso cuando paso por tu cuadra."
"Eso es genial."
No lo es.
Continúan charlando, recuerdan momentos alegres, recuerdan su despedida en el campus, su reconciliación, la despedida antes del viaje a París. Hasta que se encuentran en la entrada del edificio, quiso ofrecerle subir, pero era tarde.
"Fuiste tan importante en mi vida, te lo juro, Sunshine. Me enseñaste tanto, no sé dónde estaría sin ti."
No puede tomar crédito por algo que no estaba seguro de haber hecho, mirándolo a los ojos, responde. "Estarías en el mismo lugar, has llegado tan lejos gracias a ti mismo, no por mí."
Los minutos se sienten eternos mientras el frio viento de principios de invierno golpea sus rostros, bajo la luz de luna, él dijo, "¿Realmente necesito decirlo en voz alta?"
"¿Qué exactamente?"
"Que te sigo amando," sus ojos brillaron cuando lo dijo, su voz tan honesta como le era posible. Lo sentía realmente.
"Oh."
Y cómo hace cinco años a la sombra de los enormes árboles, con las flores apenas floreciendo, el viento fresco acariciando sus pieles mientras el sol brillaba tan vívidamente. En ese momento, Jongin respondió a sus palabras: "No es el momento adecuado para nosotros."
"Creo que debería entrar. Gracias por acompañarme a casa."
Se produce un silencio incómodo, es un hombre poderoso que tiene que lidiar con todo tipo de personas día a día, sobre todo imponiendo su propia voz sobre los demás, hablando en voz alta y manteniéndose firme. Sin embargo, en ese mismo momento se miró los pies y suspiró.
Sostuvo las solapas de su traje azul marino, arreglándolo un poco, y lo miró. Analizando su expresión en blanco.
"¿Cuánto tiempo más te mantendrás privado del amor? ¿Es divertido vivir una vida solitaria?"
Eso no estaba destinado a ser doloroso. O tal vez sí. Pero ya no tenía diecisiete años, ya era un hombre. Él no solo lloraría por un rechazo. Tenía todo lo que siempre quiso, y ¿qué tenía Jongin? Él lo compadeció.
Su boca está entreabierta, no esperaba que él le dijera la verdad tan fácilmente. Por casi nada, en el pasado simplemente se habría ido, pero esta vez se mantuvo firme y lo derribó con solo dos oraciones.
Entonces tuvo que responder, "Yo también te amo. Pero sé que tú no estás dispuesto a dejar tu vida por mí, tampoco espero que lo hagas, después de todo, ¿qué puedo ofrecerte yo?"
El ruido de la noche se apodera, no hay palabras.
"Exacto, ¿ves que ni siquiera puedes responderme eso? Entonces deja de jugar y ve a casa con tu novia."
Las llaves en su mano tintinean debido a la brisa fría de la noche, se da la vuelta y entra al edificio. No tiene tiempo para ello, o más bien no se permitirá sentir lástima por él tan pronto.
Era un día caluroso, estaba usando una camiseta color marrón, se dejó guiar por Kyungsoo a un lugar apartado donde poder hablar tranquilamente; las escaleras de la torre dos. Él se sentó primero, suspiró, su rostro era tan expresivo como siempre, un escalón más arriba estaba mirándolo fijamente, analizando cada torpe movimiento. Estaba usando su adorado suéter de lana gris oscura sin derramar ni una gota de sudor, estaba acostumbrado a esa prenda, había sido un regalo de su hermano mayor antes de irse lejos.
"Y bien, ¿a qué has venido?" dijo Kyungsoo, sus palmas apoyadas sobre un par de jeans negros, acomodó su largo cabello con un movimiento de cabeza. La expresión de cansancio solo prueba que no tiene nada que perder, pero tampoco desea estar ahí.
La ansiedad carcome su interior, justo en su pecho, el corazón le late desbocado y los puntos sobre su relación que deseaba tratar en esa anhelada plática, habían desaparecido de su cabeza. Se habían esfumado.
"Yo... Quería decirte que lo lamento," dijo, forzando las palabras a través de su garganta seca. Duelen, lastiman.
Él suelta una risa corta, niega, mirando hacia algún lejano lugar en el jardín. "¿Eso es todo?"
Noventa y tres, era la cantidad de noches que había pasado mirando al techo de su habitación en medio de la oscuridad, en lugar de dormir. Desde que había vuelto a casa, dormir no era una prioridad, destruirse a sí mismo, esa sí que era una prioridad. Cada pequeño detalle, cada una de las veces que rechazó a alguien por deseo de permanecer soltero, porque no era el momento adecuado y ya llegaría alguien bueno, incluso cuando ese alguien había llegado hacía tanto tiempo y lo había dejado ir. Lo había dejado libre de correr a los brazos de alguien más, exactamente eso fue lo que él hizo. Y su castigo eterno sería verlo siendo feliz con otra persona mientras se sumía en un hoyo cada vez más grande de soledad, porque no deseaba estar con nadie más, cada día la misma persona se adueñaba de sus pensamientos, siempre se trataba de él cuando le preguntaban si "¿Hay alguien especial a quien estés viendo?", lo había, sí que lo había, pero no era su alguien especial.
Sabía que esa noche tampoco dormiría.
Golpes incesantes en la entrada guían su camino a la puerta blanca, en pijama.
"¿Qué estás haciendo aquí?"
A las diez de la noche, en la puerta de su departamento, que por pura casualidad estaba solo ese que era su día libre. Kyungsoo estaba parado frente a él.
"No he podido dejar de pensar en ti," respondió. Envuelto en un traje formal, recién salido de la oficina.
"Es muy tarde," dijo. Tarde para ellos, y tarde para estar en el pasillo, seguramente los vecinos estarían espiando por la mirilla de las puertas.
"No puedo ir a casa y pretender dormir sin resolver esto," dijo él. Parecía desesperado, ansioso. Tomó impulso hacia delante uniendo sus labios en un beso, el segundo que se habían dado desde que se conocieron.
Un día soleado debajo de los árboles en el jardín principal del campus, mientras algunos estudiantes de ingeniería jugaban verdad o reto, recostados sobre una manta como si de un día de campo se tratara, riendo, jugando, divirtiéndose. "Te reto a que beses a Kyungsoo", no lo pensó, actuó. Lo hizo, presionó sus labios sobre los suaves y gruesos labios ajenos.
Cerró la puerta con el pie, esta se bloqueó automáticamente. Fueron a ciegas hasta el sofá, tropezando con la alfombra, no deteniéndose hasta dejarse caer sobre él, Kyungsoo estaba encima. Tomando la iniciativa de comenzar a quitarse la ropa.
Cuando se dejaron caer sobre el colchón, ya no había ropa de por medio, había piel sudorosa, y enrojecida debido al constante roce, había besos, caricias. Kyungsoo, quien le acariciaba los muslos, repartiendo suaves besos sobre ellos, dejando marcas de amor a su paso, envolvió a Kyungsoo entre sus brazos cuando se movía sobre él, queriendo sentirlo mucho más cerca, cuando estaba llenando su interior por completo con su hombría. Sus manos entrelazándose cuando se hundió profundo en él, perdiéndose en su interior. Embistiendo en medio de la pasión y los llamados a su nombre, se unieron, compartieron un lazo que jamás sería roto. Se habían entregado uno al otro. El placer es cegador cuando alcanza el clímax, la habitación se sume en un silencio avasallante en el medio del cual resuenan jadeos. El aire es pesado, el cuarto huele a sexo, acaban de tener sexo. ¿Había sido eso realmente sexo?
Es difícil ignorar el sentimiento en su pecho porque dudaba haberse sentido así alguna vez, dudaba que alguien le haya hecho el amor en el pasado, porque acaba de responderse a sí mismo; eso había sido una demostración de afecto. Había sido amor.
Las hojas secas caen sobre el pavimento, formando una capa en tonos cálidos sobre el camino que conduce a la torre principal del campus, los rayos del sol se cuelan entre las ramas de los árboles. Hay dos jóvenes riendo recostados sobre el pasto, sus manos están entrelazadas, están mirando a los demás estudiantes apostar parte de sus becas en juegos de cartas sin un claro ganador. Kyungsoo se ha quitado su suéter favorito, se lo ha prestado para que no ensucie su ropa, repasan las líneas de un proyecto, escriben algunas más de último minuto. Se miran a los ojos, comparten otro abrazo. Se acerca la hora, pero no es importante. Todo saldría bien, pues estaban juntos.
Cuando logras superar el pasado, y comienzas a vivir en el presente, cuando has olvidado a las personas que te hirieron, tienes un nuevo comienzo, el futuro sigue siendo incierto, pero logras estar en paz contigo mismo. ¿Qué hay sobre el ahora? Es momento de dejar el pasado atrás.
"Me encantó verte," dijo él, al borde de la cama, vestido, ajustando el reloj en su muñeca. El tiempo se había acabado.
"A mi igual," respondió. No se había movido de su cama, una sábana cubría su cuerpo.
"Espero volvernos a encontrar alguna vez."
Otra vez ese pinchazo en su pecho, no pudo dejarlo pasar.
"Fue lindo," dijo él. Estando en la puerta, a punto de marcharse.
"Sí, fue lindo," estaba mirando a la nada. "Cuídate."
La luz de la luna se cuela a través de la ventana. El edificio entero está en silencio, la ciudad también ha decidido quedarse en silencio. Al final del día las personas son decepcionantes. Las lágrimas no llegan, pero si el remordimiento.
˚ ༘♡ ⋆。˚ ꕥ
No suelo dejar notas de autor, pero quería decir que esta historia fue escrita para blueempathy💙 en asianfanfics (donde me pueden encontrar como @sourytears), a quien no conozco en realidad. Luego la destiné para xodówritingcontest, la extendí y este fue el resultado.
Espero haber sido capaz de transmitir la conexión que ambos tenían a pesar de no funcionar como pareja. Era importante para mí incluir las estaciones, especialmente el otoño, y las constantes referencias a sus apodos. Al igual que la línea de tiempo.
Muchísimas gracias por leer🍂 por favor comenta🍁
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