Ya vimos un caso sin datos para trabajar y en relación con el perfil geográfico, ahora le toca a un caso donde es justo lo contrario. Pareciera que no, pero ahí está. Pronto ya haré el capitulo sobre el perfil psicológico y también haré un tipo perfil o desarrollo lógico, que es prácticamente lo que nos imaginamos al escuchar "Sherlock Holmes". Este caso práctico se relaciona justo con el mundo de la lógica y todo esto es para cubrir la mayor parte de puntos de investigación posibles. En vez de ser un caso real, ahora será un relato inventado. No pondré la respuesta aquí, ya que prefiero que los lectores trabajen un poco las soluciones.
La señorita Yenori Jiménez llegaba a la oficina después pasar al supermercado para comprar su pan blanco, una lata de atún y un frasco pequeño de mayonesa. Casi todos vieron que llegaba con una bolsa de Walmart tan descarada como siempre. Ella con indiferencia los ignoró a todos y cerró la puerta de su oficina personal. En Argentina la definirían como la "facha" del grupo. Prendió su bocina bluetooth y en su celular buscó la canción "Ramito de violetas". No tan ruda y con volumen bajito para no discutir con sus compañeros de nuevo. La oficina era como un buffet de defensoría privada con especialistas en distintas ramas: psicología, criminalística, hechos terrestres, fotografía, balística y otros campos. Yenori era la detective especializada en robos. Por culpa de Sherlock Holmes y el cine, siempre imaginamos que el más listo de algo debe tener algo insoportable para relacionarse socialmente, pero todos en este buffet eran civilizados y no es que Yenori no supiera comportarse, pero era lo que podríamos definir en México como algo "naca". Una persona con raíces de los barrios más populares o pobres, con gustos cuestionables, con una forma de hablar a veces en doble sentido o grosera y una clara indiferencia y apatía por respetar el orden normal de las cosas. Por ejemplo, a su hija le hizo sus 15 años con un vestido amarillo en el patío de su vecindad sirviendo mole con arroz, cada que alguien se agacha ella truena los labios para simular un beso, esconde en su bolsa las papas y el refresco cuando va al cine, pone sus cubetas con cemento para apartar su lugar para estacionarse en la acera y varias cosillas más. Era sabido que en vez de salir a comprar algo ya hecho o salir a comer, prefería pasar antes al super para comprar la materia prima de su almuerzo, por lo que su oficina no era la más limpia de todas.
Estaba preparando sus emparedados de atún y entonces entró Jaime con urgencia. Era como el secretario general, quien asignaba los casos dependiendo de su naturaleza.
– ¡Yaneri, limpia tu cochinero! Tenemos una clienta importante hoy.
Yaneri lo miró con enojo, pero le obedeció. Empezaba a limpiar las envolturas, latas y basurita que tuviera sobre el escritorio, pero sin quitar sus dos sándwiches.
– ¿Pues quién es esta vieja? ¿La reina Isabel o qué? –Preguntó Yenori.
– Es la esposa del gobernador del Estado de México, dice que le robaron y quiere nuestro respaldo.
–¿Y dónde está?
– Afuera esperando, sabía que ibas a tener tu mugrero. Mejor la dejé un momento afuera.
Mientras hablaban, los dos rápidamente limpiaban lo que podían de la oficina y cuando al fin vieron que se logró una notable diferencia, Jaime la hizo pasar. Era una mujer alta, delgada, piel clara, ojos azules y su ropa era elegante. Definitivamente era una mujer hermosa y de clase alta. Ella trataba con todas sus fuerzas de ocultar su incomodidad por la oficina, pero seguro Jaime y Yaneri ya lo habrían notado. Un sillón de segunda mano, el piso opaco y con algunas manchas de mugre, un cuadro grande del equipo de futbol "el América" y un calendario con fotos semidesnudo del actor Gabriel Soto.
– Yaneri, te presento a la señorita Sofía Larrea.
–Mucho gusto señorita. – Extendió la mano pero la quitó rápidamente al darse cuenta de que tenía manchados los dedos de atún y se las limpió con gel antibacterial. Se secó con su pantalón y ahora sí le ofreció la mano. Sofia no le quedó de otra que corresponderle y sentarse.
–Le agradezco mucho que me recibiera, es un tema de mucha importancia.
– Es mi trabajo, hay que perseguir la chuleta.
–Seee... la chuleta.
– ¿Gusta comer uno? –Le ofreció uno de sus sandwiches y Jaime abrió los ojos de sorpresa. Yaneri se arrepintió a los pocos instantes, porque era obvio que la dama no consumía esas cosas.
Pero en vez de rehusarse, sonrió un poco y se mostró interesada.
– ¿Y de qué es?
– Es de atún.
–Me encanta pero por el momento estoy bien gracias. Es curioso su calendario de Gabriel Soto.
– ¡Ah! Sí, esta bien buenote pero prefiero oir como matan a un cerdo que oirlo cantar a él.
–Es mi amigo –Sofía lo aclaró con resignación y todos en la habitación ya se sentían incomodos. Se hizo un silencio algo largo.
–Entonces ¿en que le podemos servir señorita Larrea?
–Mire, seré directa. Me han robado una fuerte suma de dinero en diamantes y estoy segura de quien fue. Ustedes son el buffet de investigación más prestigioso de México y con su ayuda será más fácil para mi denuncia.
– Entonces fue hoy
– Esta mañana. Alrededor de las 5.
– ¿A cuánto asciende el valor de sus diamantes?
– 6 millones de pesos.
– Esta bien, díganos por favor cómo ocurrieron los hechos.
–El día de ayer, tuvimos un problema con la caja fuerte. Mi esposo debía abrirla porque necesitaba unos papeles importantes, pero no abría. Es con código y huella dactilar. Llamamos a la empresa que las fabrica y tampoco pudieron hacer nada. Tuvimos que llamar a un cerrajero o herrero y con su soplete empezó a trabajar por algunas horas. Tardó, pero lo logró. Mi esposo sacó sus papeles, pero la caja ahora estaba inservible. Mi esposo debía irse esa misma noche y me dejó sola. Al despertar en la mañana, alguien me atacó. Me amarró las manos en la cabecera de la cama y mientras sustraía las cosas de la caja. Fue ese soldador.
–Estaba oscuro, imagino ¿lo pudo ver?
–No, usaba una mascara de luchador, pero era corpulento y con la misma estatura que aquel soldador. Además tenía ese olor entre metal, irritante y quemado. Esos olores se impregnan no solo en la ropa, sino en la piel ¿cierto? Olía lo mismo el soldador. Estoy segura de que fue él.
–Muy bien señorita –dijo Yaneri muy atenta a su historia– Pues permítanos conversar un poco y Jaime le dará el precio de nuestros honorarios.
–Pagaré lo que sea.
– Estoy segura que sí.
La señorita Sofía se levantó con prisa y salió de la oficina. En cuanto cerró la puerta, Yaneri volvió a comer su sándwich con placer.
–Entonces ¿qué crees? –Preguntó Jaime con curiosidad.
– Creo que deberíamos investigar mejor a la señorita Sofía. No confío en ella.
¿Por qué Yaneri sospechaba de Sofía?
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