Cuando Altagracia llego a su habitación le habló a Max por teléfono.
─Mi amor ya estoy aquí en Guadalajara.
─Oh ahora mismo salgo a la casa de tu abuela ¿Por qué me imagino que de ahí estás hablando?
─No te equivocas, pero en unos minutos salgo al rancho de mi abuelo, es ahí dónde voy a pasar mis dos meses de destierro.
─¿Pero a que se debe tu decisión, estarías mejor en casa de tu abuela?
─Claro que no, nunca te lo he comentado, pero mi abuela y yo nos caemos como una piedra en el zapato, ni ella me soporta a mí ni yo a ella en cambió, al lado de mi abuelo me siento como en casa.
─Pero mi vida, estás consiente en donde queda el rancho éste no queda a la vuelta de la esquina.
─Se perfectamente en donde queda y, si tu preocupación es, porque no vamos a vernos todos los días, no tiene la menor importancia para eso existe el teléfono total ya pasamos dos meses distanciados que importan dos meses más.
─A veces creo que no me quieres como yo a ti.
Claro que te quiero, pero tiene razón mi padre, tengo que estar muy segura del paso que vamos a dar y, si no estas conforme con mi decisión es mejor que me lo digas en este momento y así en lugar de ir al rancho de mi abuelo me regreso a Hermosillo y aquí termina todo entre nosotros.
Max sintió un escalofrió recorrer la espalda, no esperaba esa contestación de su novia, rápidamente le contestó.
─Tienes razón, hare lo que tu dispongas, si eso te hace feliz, así lo haremos.
─Otra cosa más, no quiero que divulgues nuestro compromiso, hasta que nuestros padres, formalicen nuestro compromiso, ni siquiera quiero que se enteren que estoy aquí.
─Estoy de acuerdo contigo, entonces te veré mañana en el rancho.
Los jóvenes se despidieron, Max se quedó al otro lado de la línea pensativo estaba muy seguro de su amor por Altagracia, pero le alteraba su carácter fuerte, no estaba acostumbrado a que nadie le llevará la contraría y menos una mujer a veces como en este caso, no podía dejar de comparar a Altagracia con Lidia, esta última, siempre estaba dispuesta a hacer lo que él decía, siempre estaba dispuesta para él y lo que más le gustaba era que, con ella no tenía que fingir ser alguien que no era, y varias veces se hizo la misma pregunta.
─¿Estaré haciendo bien casándome con Altagracia?
Altagracia y su abuelo salieron esa misma tarde hacia el rancho, llegaron un poco tarde a esa hora los trabajadores se habían retirado a sus hogares, solo se encontraban los empleados de la casona don Juvencio les presento a la joven.
─La señorita es mi nieta y va a pasar una temporadita aquí en el rancho.
─Los empleados se presentaron diciendo su nombre, cuando terminaron la joven les dijo.
─Mucho gusto me pueden llamar por mi nombre "Altagracia".
Diligentemente un empleado llevo su equipaje a una de las muchas recamaras que había en la casona, ésta estaba al lado de la de su abuelo, al siguiente día, después de desayunar un rico desayuno, abuelo y nieta salieron a recorrer el rancho, Altagracia quedo sorprendida por lo grande del lugar.
─Abuelo ¿Es mi imaginación o el rancho está más grade?
─No hija no es tu imaginación efectivamente el rancho esta más grande, hace tiempo compré más tierra ya que hicimos muchas reformas que ahora las vas a ver.
─¿Hicimos quienes abuelo?
─Bueno yo y tus tíos Álvaro y Héctor ellos me convencieron de dividir el rancho en secciones como veras, la primera sección la convertimos en escuela de equitación.
En esos momentos entraron al lugar en donde se impartían las clases, Altagracia dio un silbido de asombro, el campo estaba hermosamente empastado, en el trayecto iban pasando los obstáculos que se requerían para los saltos hípicos, en esos momentos había varios jinetes practicando. Éstos lucían muy concentrados una cualidad que se requiere para lograr estar sincronizados con su caballo.
─Ay abuelo esto es hermoso.
─Así es hija.
─¿Pero de dónde les vino la idea?
─La familia de Simona la esposa de Nathan Leduc ¿Si te acuerdas de él?
Altagracia esbozó una sonrisa, si su abuelo supiera que su nieto era el causante de que ella estuviera allí, por lo que le respondió.
Los recuerdo vagamente, creo que los vi el día del cumpleaños de mi abuela.
─Así, precisamente, ellos estuvieron en la comida, yo no sé el afán que tiene tu abuela de estar rodeada de gente, no crees que con la comida hubiera sido suficiente, pero no que va, si no que en la noche, lleno de vándalos la casa, ya no es una jovencita para andar en esos trotes, pero como te decía, la familia de Simona, tiene hoteles de lujo y en una ocasión que estuvieron aquí en el rancho, me dijeron que el lugar estaba desperdiciado y bueno para no hacerte el cuento largo me convencieron de transformar el lugar con los resultados que estás viendo.
─Lo que no entiendo es, ¿qué tiene que ver la escuela de equitación con el negocio de hotelería?
─Mira hija, cada año hay una competencia de equitación, para ese fin vienen competidores y no solo de toda la república, sino que también vienen de otras partes del mundo, es por eso que la otra ala de la hacienda esta acondicionada como hotel.
─Ah ya entiendo.
─¿Pero no se te hace que es mucho trabajo para ti?
─Y si lo fuera, si yo hiciera el trabajo solo, pero para ser justos ya no hago nada, solo hago como que hago, como ya te dije antes el trabajo está dividido entre tus tíos, cada uno tiene un equipo de trabajo muy competente.
Los dos fueron recorriendo el rancho donde, no solo estaba la escuela de equitación, sino también: una colección de caballos miniatura, un pequeño lago con cisnes, un área recreativa con una alberca y juegos mecánicos para niños y al final estaban los establos donde se encontraba el ganado, donde varios hombres trabajaban diligentemente.
─Pues sí que está muy grande el lugar, te felicito abuelo.
─Gracias hija, siéntete como en tu casa todo el tiempo que desees, como comprenderás yo no vengo todos los días al rancho, pero si no te quieres quedar sola, puedes venir conmigo a la casa.
─No gracias abuelo, aquí me voy a quedar y no te preocupes no voy a estar sola, traje una buena dotación de libros, además, puedo ayudar en el rancho, ya sabes que me encanta convivir con el ganado, además te voy a decir un secreto, pero no quiero que lo comentes con la abuela, tengo novio y va a venir algunas veces a verme.
─¡¡Mira que guardadito te lo tenías!! ¿Y es hombre de fiar?
─Creo que sí.
─Con eso me basta.
En un principio Altagracia extrañaba enormemente a su familia principalmente a su padre, pero las visitas de Max la ayudaban a que la espera fuera más llevadera, el amor por su novio fue más grande que la ausencia de su familia, prueba superada, es por eso que Altagracia dio su consentimiento para que los padres de Max fueran a Hermosillo a pedir su mano, las dos familias estaban encantadas, sobre todo las dos abuelas de los enamorados doña Simona y doña Catalina, aunque esta última lo sabía disimular muy bien ante su nuera y nieta, tanto Victoria como Leonor las dos madres de los contrayentes se encargaron de organizar todo para el gran evento.
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