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Capítulo 45 | Elliot

Todo pasa tan rápido. A penas y tengo tiempo de activar mis reflejos para atrapar a Olive antes que toque el suelo.

—Mierda —mascullo, arreglándomelas para sostenerla.

—¡Ay, Dios mío! —Exclama una de las empleadas, detrás de mí. —¿Llamo una ambulancia?

—Consigue alcohol —le ordeno de inmediato, mientras levanto a Olive en mis brazos. 

—En el botiquín de recepción deben tener —dice y corre apresurada hacia el cubículo de allá. 

Cargo a Olive hasta uno de los sillones de la pequeña sala de espera que está en el vestíbulo, y la acomodo con mucho cuidado. 

Mis ojos miran hacia la dirección que ella estaba viendo, pero no veo nada fuera de lo común. No sé qué o a quién pudo haber visto que le causara tanta impresión.

La chica llega un par de minutos después con lo necesario.

—Aquí tiene. 

Tomo un pedazo de algodón y lo mojo con alcohol, para luego ponérselo a Olive, cerca de la nariz. Espero que sea un simple desmayo y esto la haga reaccionar más rápido.

Segundos después empieza a abrir los ojos poco a poco. Mira aturdida en todas direcciones, hasta que sus ojos me localizan. 

—¿Q-Qué pasó?

—Te desmayaste —respondo, viéndola con preocupación. 

Se lleva una mano a la frente y vuelve a cerrar los ojos durante algunos segundos.

—¿Necesita algo más? ¿Seguro que no llamo una ambulancia? —Pregunta la chica detrás de mí. 

Eso depende de Olive, así que le pregunto.

—Te encuentras bien, ¿o debemos llevarte al hospital?

—N-No... Estoy bien. Solo me siento un poco mareada.

No muy a gusto, pero asiento. 

—Te puedes retirar —digo, dedicándonle una mirada a la chica que no sé ni quién es, realmente. —Gracias por la ayuda.

—Con permiso.

Sin decir más se retira. 

Nos quedamos algunos segundos en silencio, hasta que finalmente decido preguntar.

—¿Qué pasó, Olive? Y no me digas que no sabes, porque sé que es mentira. Algo te causó demasiada impresión y por eso de desmayaste. Eso lo pude notar.

Me doy cuenta de la angustia que se apodera de su rostro al instante, y de nuevo mira hacia todas direcciones como si buscara a alguien. 

Por suerte el sillón es para dos personas, así que no pierdo tiempo y me siento a su lado para hablarle más de cerca.

—Olive, dime.

Traga grueso y habla temerosa.

—Lo vi, Elliot. Era él. 

—¿Quién?

—Ronald —suelta deprisa. 

El coraje se abre paso dentro de mí al instante cuando entiendo de quién está hablando.

—¿Y qué hacía aquí ese hijo de puta? 

—No sé. Ni siquiera sé si era él realmente. —Niega con su cabeza desesperada. —Su imagen fue demasiado para mí, porque él estaba... de pie.

Frunzo el ceño —¿Qué dices?

—Que no estaba en la maldita silla de ruedas. Él estaba ahí, de pie, viéndome fijamente. ¿Entiendes lo que digo?

Se cubre el rostro rostro con las manos y yo tengo que luchar con todas mis fuerzas para no abrazarla. No puedo hacerlo aquí frente a los que están. ¡Mierda!

—Debes pensar que me estoy volviendo loca —murmura contra sus manos. —Y quizás así sea. Quizás estoy viendo alucinaciones. 

—Tranquila —digo poniendo una mano en su hombro. —Creo que sí necesitas descansar, Olive. Estás bajo mucho estrés.

Descubre su rostro y me encara. 

—¿Entonces sí crees que lo que te he dicho fue una alucinación, producto del estrés?

—No estoy diciendo eso. Yo te creo. Sé que fue real.

—La verdad, no te culparía si no me crees. —Vuelve a bajar la mirada. 

Niego con mi cabeza —¿Cómo esperas que no te crea, si yo vi tu reacción? Lucías nerviosa, estabas tan pálida como si hubieses visto un fantasma. Olive, hasta te desmayaste.

Ella suspira.

—Ya me sentía mal desde antes, pero esto vino a ponerme peor.

—Necesito que te tranquilices. Sé que esto fue demasiado, pero necesito que no pierdas la cabeza. 

—¿Por qué demonios estaba de pie, Elliot? —Pregunta exaltada.

—No te alteres. Sé que es difícil de asimilar, pero debemos mantenernos serenos. Lo que debemos hacer ahora es pensar en el modo de descubrir si ese hombre les ha estado mintiendo a todos sobre su invalidez.

—¿Tú crees que sea posible?

Mi mandíbula se tensa —Yo a ese hijo de puta lo creería capaz de cualquier cosa.

Toma una inspiración profunda y admite —Yo también, y te juro que si ha estado mintiendo, ese hombre va a...

—Sshh, tranquila —la detengo cuando noto que empieza a alterarse de nuevo. —Ya hablaremos de eso con calma. 

—Sí, tienes razón —dice poniéndose de pie. —Pensaremos en eso luego. Ahora debemos ir a...

—No, ni lo sueñes —la interrumpo de inmediato, poniéndome de pie también. —Yo haré la visita solo y tú te irás a tu apartamento a descansar.

—Pero... 

—Pero nada, Olive. Necesito que descanses.

—Pero esa visita es parte de mi trabajo.

Ruedo los ojos —Vete a descansar. Te lo estoy ordenando como tu jefe.

Me mira totalmente molesta, pero no le queda de otra más que aceptar aunque sea a regañadientes.

—Como usted ordene, jefe —pronuncia la última palabra con un notable desagrado.

—Me encanta cuando eres así de obediente —digo en voz baja y le sonrío.

—Pues yo odio cuando te pones así de mandón —gruñe, entornando los ojos y cruzándose de brazos.

—Mientes —digo en tono burlesco. —Yo sé que gusta.

—Ya mejor vete o se te hará tarde. No querrás manchar tu reputación de señor puntual, ¿o sí?

Me causa gracia su evasión a mi comentario anterior, pero decido no tocar más el tema.  

—Estarás bien, ¿verdad? 

—Sí, estaré bien. Prometo que iré a descansar. 

Asiento —Bien. Quiero que me avises cuando estés en tu apartamento. Envía un mensaje. 

Sus labios se curvan en una pequeña sonrisa.

—Lo haré. Gracias por preocuparse por mí, jefe.

Le sonrío de vuelta y sin más, me giro para buscar la salida, porque efectivamente como dijo ella, no quiero manchar mi reputación de ser muy puntual.

Salgo del edificio, bajo los escalones del frente y me voy directo al auto estacionado a la orilla de la calle, subiéndome de inmediato en el asiento de atrás.

—Vámonos, Matt. 

—Sí, señor —dice poniendo el auto en marcha.

Viajo con mi vista clavada en la ventada, mientras pienso muchas cosas a la vez. La mayoría de ellas son respecto a Olive. Con lo que sucedió ahora, es imposible no sentir mucho más grande la urgencia por ayudarla a hundir a ese maldito que dice ser su padre. 

Pienso mucho en lo que le dije. Efectivamente, creo que ese hombre sería capaz de cualquier cosa, incluso de fingir ser un inválido. Pero solo de pensar que sea así, hace que me hierva la sangre del coraje. Es un hijo de puta.

Si ese hombre solo está fingiendo, Olive estaría sufriendo en vano todo ese maldito proceso del juicio que él quiere llevar en su contra, para obtener la maldita pensión por el daño que supuestamente ella le hizo. Ella estaría llevando cargas que no le corresponden y ahora más que nunca voy a encargarme de ayudarla.

Quiero que ese maldito reciba todo el peso de la ley. Merece pudrirse tras las rejas después de todo lo que ha hecho y que sigue haciendo. 

Tenso mi mandíbula y me siento realmente molesto al pensar en que cómo pueden existir esa clase de escorias que solo buscan lastimar a las personas buenas. Solamente son parásitos que buscan vivir a costillas de otros sin importar el daño que causen con ello.

Olive es demasiado buena y no merece nada de esa basura.

Admito que todavía me sorprende que me afecten tanto las cosas de ella, pero ya se siente como algo natural. El querer protegerla y cuidar de ella ya se siente como algo instintivo. 

Sigo creyendo que es realmente sorprendente cuando alguien llega a hacerte sentir tanto, en tan poco tiempo, pero esas cosas suceden. Eso es real. Hay personas que llegan repentinamente y te cambian por completo. Algunas para bien y otras para mal, pero aquí, definitivamente, Olive ha llegado a cambiarme para bien.

Ya no me siento extraño siendo comprensivo, amable e incluso atento y cariñoso. Me siento ridículamente bien así. Definitivamente me he sentido bien desde que por fin pude confesarle lo que siento. 

Ha pasado una semana desde entonces y todo va bien. Por supuesto no hemos gritado al mundo lo que sucede entre nosotros ni tampoco le hemos puesto etiqueta. Simplemente lo estamos dejando fluir y para mí, así está bien. 

No quiero sentirme presionado ni mucho menos verme comprometido en asuntos que podrían afectarme de manera grande. Estar con ella representa un riesgo. Lo sé. Pero dije que estaría dispuesto a correr ese riesgo. Ella vale la pena.

Tengo que admitir que me siento un poco mal porque recuerdo muy bien cuando le dije a Jared que sí sería tan hijo de puta como para retenerla a mi lado, aun sabiendo que quizá nunca tendrá el lugar que merece. No quiero lastimarla, pero es muy probable que lo haga, a menos que...

¡Mierda! Esto será más difícil de lo que pensé.

Resoplo sintiéndome un poco frustrado cuando paso de los problemas de Olive, a los míos. No sé cuáles son peores, realmente. 

Ella tiene un pasado que le está arruinando su presente, pero yo tengo un presente que podría arruinarme el futuro. ¿Lo peor? Que ahora también podría arruinar el de ella.

Debo ser sincero, o dejarla ir, pero Dios sabe que ya no puedo dejarla ir. Es la primera mujer de la que me enamoro y no hay manera de que eso cambie. Ya no. No puedo dar marcha atrás. No quiero.

Que pase lo que tenga que pasar.






Llevo casi media hora en la reunión con los magnates de Mecaservice, y admito que no estoy tan concentrado como me gustaría.

Disimuladamente le doy otra ojeada a mi celular, encendiendo la pantalla. Todavía nada.

El puto mensaje que se suponía que me enviaría Olive para notificarme que ya estaba en su apartamento, no ha llegado y eso me tiene demasiado ansioso. Ya debería haber llegado.

He pensado que seguramente olvidó avisarme, pero mi puto lado negativo está disfrutando hacerme pensar muchas cosas malas. 

Suspiro e intento volver a incluirme en la reunión de nuevo. Debo enfocarme en el trabajo ahora y recién termine todo esto, voy a llamarle.

Los presentes intercambian opiniones unos con otros, acerca de lo que fue la campaña del año pasado que al parecer es casi la misma durante los últimos cinco años. Eso me aburre. Creo que prácticamente llevan hablando casi lo mismo en todo lo que lleva la reunión.

—¿Y por qué no hacer algo diferente este año? —Pregunto lo suficientemente alto como para que todos los presentes me escuchen.

—¿Como que diferente? —Pregunta una de las accionistas.

Enderezo mi postura —Están hablando de haber realizado la misma campaña todos los años. ¿Por qué no cambiarla? Eso podría abrirlos hacia un nuevo publico, nuevos inversionistas y demás. 

—Es lo que ya todos conocen. —Me responde otra mujer. —Es como la gente nos identifica.

—Se están quedando en su zona de confort —replico. —No están haciendo nada por avanzar o innovar. Prácticamente están estancados, repitiendo lo mismo año tras año.

—Cambiar todo de nuevo sería arriesgado —dice el hombre a mi lado.

—El que no arriesga, no gana —cito las palabras que Olive me dijo una vez. 

El hombre vuelve a replicarme —Como empresario, usted debería saber que a veces, arriesgarse, representa un alto porcentaje de posible fracaso.

—Pues como empresario, puedo asegurarles que el arriesgarme en todos mis proyectos, ha represento un innegable triunfo en todos ellos. Mi empresa es la número uno en publicidad en todo el país, ¿y saben cómo lo logré? —Les dedico una mirada fugaz a todos los presentes. —Arriesgándome. Haciendo lo que otros no hacían por temor a fracasar. Ahora esos otros quisieran estar donde yo estoy, pero no hay más lugar. Yo no les doy lugar. —Mis ojos ahora se detienen en el gerente general. —Posicionen su empresa como la número uno. Hagan lo que otros no hacen, arriésguense en lo que otros tienen miedo. Trabajen en ideas recientes e innovadoras que los hagan crecer y no en la misma cosa que los haga ver como la misma empresa que hace cinco años. No deberán ser la misma empresa que hace cinco años. Deberían ser mil veces mejor.

Silencio. 

Un enorme silencio le sigue a mis palabras. Unos me miran admirados, fascinados y otros más, todavía me siguen viendo como un loco que solamente quiere venirles a cambiar esa mierda a la que están acostumbrados. Qué fastidio.

—Con todo respeto, creo que ustedes me están haciendo perder mi valioso tiempo. ¿Qué caso tiene contratar a un experto para que trabaje de la mano con su empresa, si no están dispuestos a seguir sus consejos? —Niego con mi cabeza. —Si no están dispuestos a escuchar sugerencias, ideas u opiniones diferentes al ridículo protocolo que ustedes siguen cada año, no sé para qué me hicieron venir. 

Les dedico una mirada desafiante a todos. Si ninguno dice nada en este momento, me largo y me importa una mierda perderlos como clientes. 

—Bien, señor Reynolds. —El gerente toma la palabra. —Tiene toda mi atención ahora. Desde este momento le doy el aval para que desarrolle sus ideas como mejor crea conveniente para mi empresa. Espero su total entrega y compromiso para con este proyecto y espero me garantice que será tan brillante como cada trabajo suyo del que he oído hablar.

Sostengo su mirada retadora, con toda la tranquilidad del mundo y asiento con total confianza.

—Le doy mi palabra que así será. 

—Bien, señoras y señores —dice, dedicándoles una mirada a todos en la mesa—, procedemos a firmar contrato con Gold Group Publicity para la campaña publicitaria de este año.

Mi ego se siente por las nubes. Como siempre, termino logrando lo que me propongo. Voy a demostrarles a todos los presentes que han hecho la mejor inversión de su vida.






Espero impaciente a que responda el teléfono, pero no lo hace. La llamada me cae directo al buzón. 

—¡Mierda! —Mascullo en voz alta y cuelgo para luego intentar una segunda vez.

El timbre suena un par de veces, pero finalmente...

—¿Hola? 

Su voz se escucha áspera y adormilada, lo que me dice que muy seguramente estaba dormida y yo acabo de despertarla.

Imbécil, me digo a mi mismo.

—Elliot... —masculla de mala gana. —¿Qué caso tiene que me envíes a descansar si vas a estar interrumpiendo mi siesta con tus llamadas?

—Eso es tu culpa —respondo de manera acusadora. —Si hubieses mandado el mensaje como te lo pedí, no me tendrías a punto de un colapso nervioso pensando muchas mierdas malas.

—Pero si te envié el mensaje —se defiende con la voz un poco más despierta.

—No lo hiciste.

—Espera —dice, y escucho cómo se aleja el teléfono durante algunos segundos. —Oh, no. Lo siento. El mensaje se lo envié a Mandy. Me equivoqué de chat.

—Descuida —digo, fingidamente feliz. —Al menos Mandy estuvo trabajando tranquila mientras a mí me llevaba el infierno en medio de una junta.

—Elliot, de verdad lo siento. Discúlpame, por favor. ¿Me disculpas? ¿Sí? —Su voz se vuelve extrañamente... melosa.

No sé por qué demonios sonrío como idiota.

¡Mierda! Estoy sonriendo como idiota enamorado.

Suspiro y niego con mi cabeza, tratando de sentirme menos incómodo con este tipo de reacciones. 

—¿Te sientes mejor? ¿Ya descansaste? —Pregunto viendo hacia la ventana del auto.

—La verdad sí. Me siento con un poco más de energías —dice bostezando. —¿A ti cómo te fue?

—Mmm, me tomó cerca de diez minutos convencer a los de Mecaservice para firmar contrato. 

Pretendo escucharme todo un hijo de puta presumido, pero su respuesta me deja abajo.

—¿En serio tanto? Yo pude haberlos convencido en cinco minutos.

¿Cómo no va a tenerme a sus pies esta mujer? Es una diosa.

—Es usted muy altanera, señorita Blair —le digo con malicia.

—Gracias por el halago, señor Reynolds —responde con el triple de malicia. 

Me fascina demasiado esta mujer. En serio. Solo con oír su voz en ese tono logra empezar a calentarme y por supuesto creo que haré algo al respecto.

—¿Qué planes tienes para hoy en la noche? 

Se lo piensa un poco qué responder.

—Mmm, ¿por qué? ¿Tienes algo interesante que proponerme?

—Por supuesto que sí.

—Bueno, dependiendo tu propuesta veré si acepto o no.

—Te daré pistas —digo.

Me alejo el teléfono de la oreja para buscar una fotografía de lo que quiero: una botella de vino. Se la envío de inmediato.

—Listo —anuncio, volviendo a acercarme el teléfono. —El resto de pistas te las enviaré en el transcurso de la tarde.

Escucho una pequeña risita del otro lado.

—De acuerdo. Estaré pendiente de tus mensajes.

—Seguimos en contacto, señorita Blair. 

Nos despedimos, y cuelgo la llamada. Durante el resto del camino pienso cuáles serán las siguientes pistas que le enviaré. Es obvio lo que quiero, pero me gusta el suspenso. Esto será interesante.




Me bajo enfrente de Gold, cuando son las 2:07pm.  Entro al edificio y como de costumbre me reciben algunos de los empleados de aquí abajo que andan de un lado a otro y que en cuanto me ven, buscan a toda costa no toparse conmigo. Como de costumbre, los ignoro y sigo de largo hacia el elevador.

Justo cuando las puertas se abren, escucho que me llaman.

—¡Señor Reynolds!

Unos tacones resuenan en el mármol y giro para ver a la recepcionista venir a toda prisa. Parece muy urgida.

—Señor Reynolds, tiene visita arriba. Solo quería avisarle —dice con la voz un poco cansada.

—¿Y quién es?

—George Harper.

Eso es como una patada al estómago. Es una noticia que me sabe a hiel e inmediatamente me llena de total incomodidad.

—¿Vino solo o alguien lo acompaña? —Pregunto con severidad.

—Vino solo, señor. Le llamé a su asistente para que lo atendiera mientras usted volvía. 

—Bien. Gracias.

Sin perder más tiempo, entro al elevador y presiono el botón del sexto piso. Me siento molesto e impaciente, para variar.

No entiendo por qué carajos Mandy no me ha llamado para notificarme de la visita de George, y más le vale que tenga una buena justificación para haber pasado por alto algo tan importante.

Llego al piso correspondiente, cruzo la recepción y las puertas dobles, y en la siguiente sala me encuentro a Mandy esperándome. Ya le avisaron que venía llegando, sin duda.

Veo que abre su boca para hablar, pero la detengo de golpe.

—¿Puedo saber por qué no me llamaste para informarme que tenía una visita?

—Lo iba a hacer, pero el señor Harper me pidió que no lo hiciera. Dijo que no quería que supieras estaba aquí.

Genial, y hasta está tuteándome. Pero eso me da igual.

—¿Y quién es tu jefe? ¿Él o yo? —Cuestiono bastante molesto. 

—Tú —responde al instante.

—Entonces haces lo que te diga yo, no lo que diga él.

Ella se queda callada, pero claramente me doy cuenta que su mandíbula se tensa como si estuviese conteniéndose para no replicarme. Eso me molesta más porque no tiene el derecho de hacerlo. Yo tengo razones para estar reclamándole porque no hizo bien su trabajo.

—Aquí el único que puede darte órdenes soy yo, Mandy, o en mi ausencia, Jared. Así que si yo te digo que me avises cuando alguien viene a visitarme, lo haces. No importa si la persona te dice que es una visita sorpresa. Puede ser el mismísimo presidente de la república, no me interesa, tú deber es avisarme de inmediato, ¿lo entiendes?

—Sí, señor —responde cabizbaja.

—¿Dónde está? —Pregunto, continuando con mi camino.

—En tu oficina.

Su respuesta vuelve a frenarme de golpe. ¿Por qué mierda lo dejó entrar?

Estoy por girarme y probablemente ser muy duro con ella, pero por suerte me freno a tiempo al recordar algo importante. 

Él debe haber entrado por sí solo con su tarjeta de acceso. 

Suspiro y la miro sobre mi hombro.

—Si necesito algo, te llamaré.

Sigo caminando, llego a mi oficina y de inmediato paso mi tarjeta para abrir la puerta y entrar. Lo encuentro cómodamente sentado en mi silla, fumándose un habano.

—Ya había olvidado lo poderoso que uno se siente en está silla —dice alzando la voz.

—¿A qué debo tu visita? —Pregunto una vez cierro la puerta y avanzo hasta quedarme frente a él, de pie con los brazos cruzados.

—Quería darme una vuelta por aquí. Hace mucho que no venía. ¿Cómo va todo?

Su fingida cortesía me desagrada.

—Perfectamente bien —respondo cortante.

—Me alegro. —Da otra calada y suelta el humo por la nariz. 

—No entiendo cuál es tu afán por andarte con rodeos. Dime de una vez el verdadero motivo de tu visita.

Sé muy bien que algo se trae entre manos. 

—Ya te dije, solo quería darme una vuelta. —Se pone de pie y empieza a rodear el escritorio sin quitarme la vista de encima. —Y de paso venía a invitarte a una cena este sábado.

Y ahí está. Sabía que algo más debía haber.

—Es muy probable que no pueda asistir —respondo desinteresadamente. —Acabo de firmar contrato con un nuevo cliente y eso me suma más responsabilidades, por ende, tengo menos tiempo libre.

—Claro. Claro. Como siempre tan entregado a tu empresa —dice, con fingido gusto. 

—¿Y cuál es el problema con que siga haciendo crecer la empresa? Eso también te beneficia a ti, ¿o no lo recuerdas? —Lo encaro sintiéndome bastante molesto.

—Hasta ahora todo ha sido como tú has querido, Reynolds. Gold es toda tuya en estos momentos, y lo he respetado, pero que no se te olvide que si yo quiero, puedo tratar de cambiar eso.

La sangre me hierve de la cólera inmediatamente. Es un hijo de puta. Eso no vine al caso en estos momentos. Sin embargo, no me dejo.

—No me intimidas, Harper. Como sea que quieras joderme, no debes olvidar que sigo teniendo más poder que tú. 

—Más no todo el poder, Elliot, y eso puede representar una desventaja para ti. Esa pequeña fracción que no te pertenece, podría ser tu talón de Aquiles.

Mi mandíbula se tensa exageradamente, mientras me obligo a tragarme el puñado de palabras que quisiera decirle. Será mejor no alterarme. Sé que no debo.

El hombre me pasa de largo, camino a la puerta, pero antes de salir me dirige la palabra por última vez.

—Creo que mejor me voy. Estás avisado. La cena será el sábado a las ocho en mi casa. Te conviene no olvidarlo, Elliot. Recuerda que a la familia hay que darle su lugar. 

Dicho eso, sale cerrando la puerta detrás de él. 

—Imbécil —gruño realmente molesto.

Que se vaya a la mierda él y su estúpida familia. Ellos no son mi familia.





Me pasé toda la tarde sumido en un sinfín de trabajo. Por suerte eso ayudó mucho a olvidarme de la odiosa visita de George Harper. No quiero pensar más en eso, porque me estresa.

Por ahora, ya tengo algo muy bueno en qué pensar. Son las 4:27pm y ya voy camino a mi pent-house. 

Mi teléfono vibra en mis manos y sé de ante mano que es ella. Ya respondió a mi tercer mensaje. 

«Una botella de vino, una mesa para dos personas iluminada por la luz de unas velas y una foto de tu pen-thouse... Creo que ya sé de qué se trata, Elliot.»

Sonrío, mientras escribo la respuesta.

«¿Y? ¿Aceptas sí o no?»

Su respuesta es inmediata.

«Mmm. Todavía lo estoy pensando.»

«Aún falta una pista. Quizás esa te haga decidirte.»

«Pues envíala, y luego te digo.»

Sonrío con suficiencia cuando le envío la ultima fotografía: una de mi cama.

Estoy totalmente seguro que va a entender la referencia y cómo me gustaría ver su reacción en estos momentos. La curiosidad me mata mientras espero por su respuesta durante unos minutos que me parecen eternos, pero finalmente recibo el mensaje.

«Qué bonita cama.»

«Se vería más bonita contigo ahí, completamente desnuda, ¿no crees?»

«Esa es una propuesta muy atrevida, ¿no crees?»

«¿Y la piensa aceptar, señorita Blair?»

«Con el mayor de los gustos, señor Reynolds.»

¡Mierda! Juro que es imposible no calentarme de inmediato. Mi mente comienza a fantasear con un sinfín de cosas que quiero hacerle esta noche. Muero de ganas por tenerla ya.

«Iré a recogerte a tu apartamento. ¿A las 7:00pm te parece bien?»

«Me parece perfecto. Te estaré esperando.»

Me paso los dedos de mi mano libre, sobre mis labios y sonrío totalmente complacido por todo lo que estoy planeando. 

Miro a través de la ventana y por suerte el auto va despacio, así que mis ojos logran localizar una tienda en especifico de toda esta calle. Sonrío con suficiencia. Pero qué perfecta casualidad del destino.

—Matt.

—¿Sí, señor?

—Estaciónate por aquí —ordeno mientras me guardo el celular en el bolsillo interno del saco.

Asiente y en seguida busca un espacio donde estacionarse a la orilla de la calle. Una vez apaga el motor del auto, me abotono el saco y me dispongo a bajar.

—Necesito comprar algo. Ahora vuelvo.

Camino por la acera en dirección a la tienda a paso despreocupado, mientras mi mente me grita que probablemente esto sea un locura. Nunca había hecho esto, pero no me importa. Será muy interesante.

Justo llegando a la entrada de la tienda me detengo unos segundos solo para sacar mi teléfono y enviarle un último mensaje a Olive.

«Bono extra: Estoy a punto de comprarte un regalo para esta noche.»

Se lo envío y sin más, decido entrar a la tienda. 


**~**

Nota de autora:

Aquí estoy de nuevo con una nota. Lo siento.

Primero que nada, espero que les hayan gustado estos dos capítulos y que los amen tanto como yo.

Segundo, me vi en la necesidad de pedirles disculpas si es que han encontrado errores en estos capítulos. Les juro que pronto los revisaré y los voy a corregir debidamente. Es que en verdad les digo, hice todo sumamente rápido.

Pues, hasta aquí. Esto es todo.

¡Gracias por leerme! ❤️

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