Hace casi una hora que el Jet despegó del aeropuerto, para salir de la ciudad. Olive llegó con Matt, faltando unos veinte minutos para las siete.
La noté bastante extraña. Bastante callada. A penas y me respondió el saludo. Estoy seguro que se debe al comentario que hizo ayer. Eso de que este sería un viaje de negocios, única y exclusivamente. De seguro planea que todo entre nosotros sea frío y formal, y la verdad, no mucho me gusta la idea. Ridículamente ya me acostumbré a la relación amistosa -por decirlo de algún modo- que estamos empezando a llevar.
El silencio que hay a mi alrededor, se siente aburrido realmente, pero no puedo hacer nada al respecto. Quisiera, pero Olive no me da la opción. Se quedó dormida -o eso creo-, unos minutos después de que abordáramos. Viajamos uno al lado del otro, así que me queda lo bastante cerca como para sentir cuando su cabeza se apoya un poco en mi hombro.
Mi vista se traslada a ella de inmediato, sintiéndome algo extraño con la sensación que esto me provoca. Su respiración es lenta. ¿Realmente está dormida?
Por un segundo, siento el impulso de reacomodarme en mi lugar. Tal vez con eso despierte o por lo menos se mueva, pero no lo hago. No lo hago porque una minúscula parte dentro de mí, me pide quedarme quieto para ella. La dejo estar.
Suelto un largo suspiro y me relajo en el asiento, tratando de que la pesadez no se apodere de mis ojos también, porque lo que menos quiero es terminar dormido junto a Olive, acomodados el uno en el otro como... pareja.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero abro los ojos de golpe.
¡Mierda! ¿Me dormí?
Para mi sorpresa y disgusto, creo que así fue. La cabeza de Olive está mucho más acomodada en mi hombro y yo he recargado mi mejilla contra ella. ¡Carajo!
—Señor, vamos a proceder con el aterrizaje.
La voz de James, suena a través de los altavoces desde la cabina, lo cual me indica que estamos llegando y que me he dormido cerca de media hora o más.
Esta vez sí me remuevo en mi lugar, haciendo que Olive abra los ojos de golpe. La he asustado. El momento parece ser un tanto incómodo para ella también, cuando se da cuenta que venía dormida, recostada en mí. Sin embargo, endereza su postura con naturalidad y se aclara la garganta.
—¿Hemos llegado?— pregunta, desviando su vista a la ventana. Logro ver cómo pestañea varias veces intentando deshacerse de la pesadez en sus ojos.
—Estamos por aterrizar —respondo. Formo una línea dura con mis labios, evitando hacer la puta pregunta, pero de todas maneras termino haciéndola. —¿Estás bien?
Voltea a mí de inmediato, con el ceño ligeramente fruncido —Sí. ¿Por qué?
—Por nada —suelto al instante.
No debí preguntar. Ni siquiera sé por qué me interesa saber si algo le pasa o no, aunque lo más evidente es que sí; pero de todas maneras, no es como si vaya a pedirle que me cuente. Acordé no entrometerme en su vida personal, si yo no quiero que ella se metiera en la mía.
Cuando todo el proceso de aterrizaje termina y una vez el jet se ha detenido, me pongo de pie, abotonándome el saco —Hora de iniciar el día de trabajo.
Me giro solo un poco para verla, pero un asentimiento es su única respuesta. Se pone de pie, lista para bajar del jet cuando James lo indique. Sigo creyendo que luce ausente y no sé por qué demonios eso empieza a fastidiarme.
—¿Tienes algún problema con haber venido?
La pregunta escapa de mis labios, antes que pueda evitarlo. Ella me mira aturdida.
—N-no.
La falta de seguridad en su voz me indica que miente. Suelto un suspiro exasperado.
—Si estás así por lo que dije ayer, del hotel, solo olvídalo y ya.
Sus ojos se engrandecen un poco y se defiende con mucha más seguridad en su voz —No. Ni siquiera recordaba eso. No tiene absolutamente nada que ver. Es solo que yo...
La inseguridad vuelve a su voz, cuando decide cortar de tajo lo que sea que iba a decir. Me mira durante varios segundos con una extraña inconformidad. ¡Mierda! Cómo odio que hagan eso. Si van a decir algo, me gusta que lo digan de una vez y sin rodeos.
—Tú, ¿qué?— pregunto demasiado exigente para mi gusto.
Su mandíbula se tensa un poco, denotando que le ha molestado mi tono, pero igual responde.
—Tengo problemas personales, Elliot —sus ojos me observan con firmeza.
—Creí que habías dicho que nunca mezclabas lo personal con lo laboral —escupo molesto, sintiéndome como todo un hijo de puta por comportarme así con ella.
Su mandíbula se tensa —Si lo que te preocupa es mi concentración y dedicación al trabajo de este día, puedes estar tranquilo, Elliot. Voy a hacer bien mi trabajo. Como siempre.
—Eso espero —suelto con autoridad.
Estoy seguro que está pensando replicarme, pero la voz de James la interrumpe.
—Todo en orden, señor. Pueden proceder a bajar.
Ella me dedica una mirada cargada de enojo y de inmediato se dispone a salir, dejándome atrás. Suelto un suspiro molesto.
Sí, tal vez me esté comportando como un hijo de puta, pero yo también estoy hasta la mierda de problemas justo ahora y lo que se supone que pretendía con este viaje era escapar de ellos, y no venir a obtener más. Mucho menos con Olive, y si ella sigue comportándose así, lo más seguro es que el fin de semana termine yéndose al carajo.
Tenso mi mandíbula, sintiendo cómo mi humor hace un giro drástico de la paciencia y tranquilidad, a un humor de la mierda. No quiero ni imaginarme cómo será este día, pero de todas maneras decido bajar del jet yo también, e ir a enfrentarlo. Cualquier cosa es mejor que haberme quedado allá, en la ciudad y lidiar con lo que se avecinaba.
Una vez me he quitado el saco, trabajo en aflojar el nudo de la corbata para quitármela también. Dejo ambas cosas por ahí en algún lado y suelto un largo suspiro de cansancio, cuando me dejo caer en el sillón. Me acomodo en una postura bastante desgarbada y me quedó así, con la mirada perdida en algún punto al frente.
El día se pasó volando, pero estoy satisfecho porque cubrimos todo lo que planeaba. Ya sacamos las fotografías, videos, entrevistas y todo lo que necesitábamos, de todos y cada uno de los lugares que visitamos, y que estarán dentro del circuito turístico. He quedado impresionado con el lugar, debo admitir. También reconozco que he pasado un rato bastante... agradable.
En realidad, hacía mucho tiempo que no hacia ese tipo de trabajo de campo. Con la publicista anterior, ella era quien se encargaba de todo eso, y mi trabajo era siempre desde la oficina en la empresa o en mi apartamento. Creo que ahora me atreví a hacerlo yo, porque era la huida perfecta y porque, lo admito: quería otro rato a solas con Olive.
Las cosas con ella están normales, creería yo. Durante el día su humor se volvió casi normal y trabajamos sin problemas ni tensiones, y eso ayudó mucho a mi humor también. Me siento bastante tranquilo.
Son las 7:03pm. Estamos en la habitación del hotel. Lo bueno es que es una habitación doble y esta vez tenemos la oportunidad de dormir cada uno en cama. No como el viaje anterior que yo tuve que dormir en el sillón. En muchos aspectos, este viaje está siendo un poco como yo quería.
Olive está dándose una ducha y admito que he batallado con el pensamiento de irrumpir en el baño para ducharme con ella. Justo ahora la imagino desnuda, con el agua mojando toda su piel mientras la talla con el jabón, con mucha delicadeza. Mis manos pican por ser las que lo hacen para recorrer todo su cuerpo.
La imagen que me acabo de crear en la mente, logra ponerme bastante duro al instante. Hago una mueca e intento deshacerme del pensamiento, pero no sé si logre hacerlo tan fácilmente. Todo el puto día he pensado en lo que quisiera hacerle en la cama, en el jacuzzi. En cualquier lado que ella me permita. Pero no ha pasado a más de eso: pensamientos. No he tenido la más mínima oportunidad para insinuarle nada.
Cuando escucho una puerta abrirse, mis ojos se trasladan de inmediato ahí, solo para ver a Olive saliendo tan fresca y relajada. Lleva puesto un vestido floreado que se me antoja bastante tropical. Muy a juego con el lugar donde estamos. La prenda le queda hasta unos escasos centímetros arriba de sus rodillas y no se le pega al cuerpo, pero aun así, es imposible no notar sus sensuales curvas.
Me acomodo en el sillón, de manera que puedo verla exactamente de frente mientras busca algo en la maleta que está sobre la cama. Paso la lengua sobre mi labio inferior, cuando mis pensamientos impuros se vuelven mucho más grandes, al verla. Trago grueso al ver que se inclina hacia el frente para alcanzar no sé qué, y el vestido se le sube un poco de la parte de atrás. Tengo una vista perfecta de su trasero pero me encantaría que estuviese solo en bragas. Hago una mueca, moviéndome algo incómodo en mi lugar para acomodar mi erección.
—¿Estas provocándome para que te folle, Olive?— pregunto alzando la voz, y al instante endereza su postura para girar y verme, con una expresión extraña. Entonces añado:— Porque si eso es lo que quieres, yo estoy totalmente dispuesto a hacerlo.
Una sonrisa perversa se forma en sus mullidos labios —Si quisiera provocarte, Elliot, habría salido del baño en ropa interior únicamente —se muerde el labio inferior—, o tal vez desnuda.
¡Mierda! Sus palabras logran ponerme aún más duro.
Mis ojos barren todo su cuerpo con deseo —¿Por qué no regresas al baño entonces, te desnudas y luego sales?
—¿O por qué no me desnudo aquí?— hace un pequeño encogimiento de hombros, pretendiendo inocencia.
Me calienta verla jugar así. Me fascina.
—Acércate un poco más.
Sus ojos se clavan en los míos mientras acorta la distancia que nos separa, y termina de pie, exactamente frente a mí. Enderezo mi postura, alzando el rostro para poder verla, siendo que por las posiciones en que estamos, ella luce más alta que yo. Mis manos no pierden tiempo de acariciar su piel, así que las posiciono justo en la parte posterior de sus rodillas y lentamente las subo hasta que llego a la curva de sus glúteos. Me fascina sentir cómo su piel se eriza.
Un suave jadeo escapa de sus labios cuando mis dedos juguetean con el borde de las diminutas bragas que lleva puestas.
—¿Puedo verlas?— pregunto, clavando mis dedos en el dobladillo del vestido para subírselo.
Sus ojos se oscurecen y una expresión malditamente sexi se apodera de su rostro. Estoy ansioso, esperando por su respuesta; sin embargo, no obtengo la que quería porque ella niega lentamente con su cabeza, sonriéndome con malicia.
—¿Por qué... —empiezo la pregunta, pero no puedo terminarla porque su dedo índice se coloca sobre mis labios, callándome.
Me quedo quieto y en silencio, cuando ella se mueve de su lugar hasta acomodarse a horcajadas sobre mí. Sus brazos rodean mi cuello y me empuja hacia atrás, hasta que mi espalda choca contra el respaldar del sillón de nuevo. El control que ella tiene sobre la situación me fascina.
Por instinto mis manos se aferran a sus caderas para acomodarla justo donde estoy seguro que puede sentir mi erección contra su pelvis. Por la expresión de su rostro puedo notar que esta posición le gusta tanto como a mí.
—Estoy molesta contigo, Elliot —exclama finalmente, luego de varios segundos en silencio.
—¿Por qué?— pregunto frunciendo un poco el ceño.
—Te comportaste como todo un idiota conmigo en la mañana —explica, con bastante seriedad.
Sin que pueda evitarlo, una risa carente de humor se me escapa —¿En serio me estás reclamando por eso?— Ella asiente con firmeza. —Eso parece uno de los tantos ridículos reclamos de que hacen las parejas —añado.
—No necesito ser nada tuyo para reclamarte por algo así. No permito que alguien dude de mí o de mi responsabilidad para con mi trabajo, de ese modo. Y tú lo hiciste.
—Yo no... —comienzo, pero me interrumpe.
—Sí lo hiciste y solo voy a dejarte algo muy en claro, Elliot —asevera, y no me queda de otra más que escuchar atento lo que vaya a decir. —Mi trabajo es sagrado para mí. Amo lo que hago y por ello dedico todo lo mejor de mí para hacerlo, y soy lo suficientemente profesional como para saber diferenciar entre lo personal y lo laboral. Es por eso que no quiero que vengas a pretender de nuevo que solo porque me cargo problemas personales encima, no voy rendir bien. No vuelvas a ofenderme de esa manera.
Mi mandíbula se tensa ante sus palabras. Sé que estaba molesto por su actitud en la mañana, pero mis intenciones no eran ofenderla, y aunque mi puta hombría no se siente del todo bien con la idea, termino disculpándome.
—Lo siento —la expresión de sorpresa en su rostro es tanta, que casi me hace arrepentirme; sin embargo, continúo. —No pretendía ofenderte, es solo que debo confesar que eso de ser comprensible con la gente... no es lo mío.
—Ya lo he notado —exclama, burlonamente.
Nos quedamos unos segundos más en silencio y entonces como creo que el asunto ya fue aclarado, estoy pensando continuar lo que está pendiente. Mis manos estrechan más su cuerpo contra el mío.
—¿Y vas a ayudarme a bajar esto?— Deliberadamente empujo mis caderas contra ella para que pueda sentir cuan duro me encuentro.
Muerde su labio inferior con fuerza, claramente tratando de contener las sensaciones y responde —Hay otra cosa que quiero hablar también.
Un extraño disgusto se apodera de mí al instante —¡Mierda! ¿Por qué siempre te gusta hacerme esperar tanto?— Ella no dice nada, así que pregunto impaciente. —¿Qué otra cosa quieres hablar?
Adopta una expresión seria, y responde de una vez —Quiero exclusividad en esto.
La miro totalmente confundido, y es extraño, porque realmente sé bien el significado de esa palabra. Lo que me confunde es pensar, ¿qué rayos pretende? ¿Qué espera? ¿Por qué quiere eso?
—¿A qué viene eso?— pregunto, con un filo molesto y sé que no debería.
Suelta un suspiro impaciente antes de responder —A que sinceramente no me siento bien con esto, sabiendo que tú te acuestas con Corinne quien sabe cuántas veces.
—Hace semanas que no veo a Corinne —me defiendo al instante.
—¿Y es la única mujer con la que puedes acostarte?
Su contraataque me deja callado. Tiene razón. Sin duda voy a encontrar alguna otra mujer que me provoque y quiera que la lleve a la cama, pero, ¿y eso qué carajos tiene?
—¿Y cuál es el problema con eso?
—Simple y sencillo, Elliot —dice. —No me gusta la idea estar con un hombre que se ha follado a quien sabe cuántas mujeres, unas horas antes que a mí.
—Lo dices como si eso te causara celos —ruedo los ojos. —Te fui bastante claro con esto, Olive. Solo es sexo ocasional y tú estuviste de acuerdo. En ningún momento te dije que sería estúpidamente fiel a ti o algo por el estilo. Tú tienes a tu pedazo de novio para acostarte con él cada vez que se te dé la gana y yo no voy a impedírtelo.
—Si pido exclusividad de tu parte, yo también tengo que darla.
Una risa burlona me asalta —Creí que habías dicho que jamás dejarías a tu amado por mí.
Su expresión se transforma por completo. Su mandíbula se tensa y sus ojos despiden molestia. Está muy molesta. En cuestión de segundos se aleja de mí, bajándose y parándose al frente con los brazos cruzados.
—¿Y cuál es tu puto problema con que pida exclusividad?— escupe, alzando un poco la voz.
Me pongo de pie como impulso, ante la manera en que me ha alzado la voz. Eso no me gusta para nada y además, para lo tensas que están las cosas no me siento bien estando más bajo que ella, así que necesito encararla de frente, recalcando que soy más alto que ella.
—Yo no pertenezco a nadie —escupo igual de molesto que ella. —Jamás he sido un hombre fiel y entregado a una sola mujer, y tú no vas a ser la excepción en eso, Olive. Lamento ser un hijo de puta por decírtelo, pero es mejor que te lo deje claro de una vez para que no vengas pidiendo estupideces. Yo no soy exclusivo de nadie.
—Yo no estoy pidiendo ser tu dueña, Elliot. Simplemente estoy poniendo mis condiciones así como tú pusiste las tuyas. ¡Una sola condición!— recalca.
—¿Y por qué demonios debe ser esa condición?
Sus ojos despiden furia —Si no quiere aceptarla, entonces no lo hagas, pero te aclaro que de ser así, yo no pienso seguir con esto.
Tenso tanto mi mandíbula, que siento que duele. ¿Cómo carajos viene a hacerme esto, ahora, solo por la puta exclusividad?
—¿A qué te refieres?— cuestiono exigente, aunque sé muy bien a qué se refiere.
—¿Tengo que explicártelo con dibujos?— me dedica una mirada irritada. —No pienso seguir siendo tu amante. A eso me refiero.
—¿Vas a tomar esa decisión, simplemente porque no voy a darte exclusividad?— pregunto, incrédulo.
Mantiene con firmeza la mirada fría que le dedico y responde —Sí, eso haré. ¿Cuál es el problema? Seguramente de un momento a otro encuentras a otra mujer. Una que sí esté dispuesta a todo lo que quieras, sin importar que la menosprecies —su expresión se endurece. —Pero yo no voy a ser esa estúpida, Elliot.
La ira cruda que se apodera de mí ante sus palabras es casi incontenible y toma toda mi fuerza de voluntad el no explotar como quisiera. Me contengo grandemente, tomando una inspiración profunda para mantener la furia a raya.
—Lamento si te creíste especial, pero no haré más excepciones contigo —escupo con firmeza.
—No me importa.
Me acerco tanto a ella, que nuestros cuerpos casi se pegan. Sé que en estos momentos luzco imponente y hasta cierto punto, amenazante. Pero ella no parece flaquear ni un solo segundo. Me observa con firmeza, directamente a los ojos.
—Te juro que tu maldito carácter me fascina, Olive, pero justo ahora, creo que estoy odiándolo. El maldito orgullo te está dominando.
—¿Orgullo?— Una risa carente de humor se le escapa. —No, Elliot. Lo que estoy haciendo es por dignidad y es algo que tú jamás has respetado de una mujer, por eso no quieres nada exclusivo con ninguna. Yo ya suficiente he perdido de mi dignidad, aceptando ser tu amante como para que venga aceptar también que solamente soy una más en la lista.
—¿Ese es tu último argumento?— la tranquilidad en mi voz se siente errónea, teniendo en cuenta mi postura intimidante, mis expresiones duras y lo molesto que estoy.
—Sí —afirma, con seguridad.
—Entonces haz lo que quieras.
—Bien —dice, fingidamente feliz. —Lo primero que haré es largarme de aquí mañana a primera hora.
—Adelante. Porque esta vez no pienso volver a rogarte –escupo, sintiendo cómo la ira hierbe dentro de mí por sus palabras.
Me doy la vuelta, tomo mi saco y hago mi camino a la puerta para salir de esta puta habitación, antes que la situación termine peor. Necesito un trago con urgencia. Necesito bajarme este puto coraje así sea con una botella entera de alcohol.
¿Cómo mierdas viene a pedirme exclusividad ahora? ¿Por qué no lo dijo desde un principio? Quizás eso me hubiese hecho pensar las cosas mejor y no le habría pedido nada. Si busco este tipo de relaciones sin ataduras, es porque no deseo joderme la vida, pero Olive viene y me la jode de todas maneras, diciéndome que si no accedo a la exclusividad, ella no continuará con esto de ser amantes. Me enfurece.
Saliendo de la habitación, me voy directo por el pasillo para ir el ascensor. Necesito ir abajo, al bar. Alejarme un buen rato de Olive para calmarme y poder pensar con claridad. Algo dentro de mí me pide que no deje las cosas así. Esa puta obsesión que tengo con ella, me pide a gritos que acepte lo que sea con tal de poder seguir disfrutándola como quiero. Pero la otra parte, esa que es dominada por el ego, me dice que yo no tengo por qué cambiar lo que ya soy, por ella.
Tenso mi mandíbula y termino el recorrido, mientras de mala gana me pongo el saco. Olvidé la corbata pero francamente ahora no me importa verme algo desaliñado. Cuando llego al elevador, al mismo tiempo llega una mujer.
Una morena bastante atractiva y curvilínea. Mis ojos se pierden de más en ciertas partes de su cuerpo, pero el sonido de las puertas abriéndose me distrae. Por pura caballerosidad, le doy permiso para que ella entre primero y me da las gracias con una sonrisa que conozco muy bien: malicia.
Tal vez ya haya encontrado compañía para esta noche, pienso, y justo cuando entro detrás de ella con un sinfín de pensamientos indecentes, otro llega y se abre paso por encima de todos. La puta exclusividad que quiere Olive.
¡Mierda! ¿Cómo puede ser que eso ya me afecte, aun cuando ni siquiera he aceptado?
El disgusto vuelve a mí, y al final, termino metiéndome en el elevador, desconociéndome a mí mismo: Sin hacer el más mínimo intento por atraer la atención de la morena a mi lado, porque Olive Blair se me ha metido hasta las narices y sigo sin saber cómo demonios me la voy a sacar.
Estoy sentado en uno de los taburetes cerca de la barra. Mis antebrazos están apoyados sobre la superficie de esta, y en mi mano derecha sostengo un vaso de whisky con hielo. Ya casi me acabo este también.
No sé cuánto tiempo llevo aquí ni cuánto he bebido, pero tampoco estoy ebrio. Todavía tengo mis cinco sentidos trabajando correctamente. Lo suficiente como para ser muy consciente de lo que sucede a mi alrededor. En lo que levo de estar aquí, he podido notar con facilidad a dos o tres mujeres, intentando llamar mi atención. Incluso una se acercó a la barra y trató de hablar conmigo, pero al ver mi humor de mierda, termino yéndose.
Me sigo reprochando por haberla alejado. Normalmente no hubiese dudado en irme a la cama con ella. Era malditamente sexy. Me habría quitado con ella, las putas ganas que me dejó Olive y quizás con eso, el enojo se hubiese ido mucho más rápido, pero no lo hice. Es como si tuviese alguna estúpida barrera imaginaria que me frena. Que me lo impide. Y eso solo ha hecho que me sea más difícil deshacerme del puto coraje.
Me bebo lo que queda de whisky de un solo trago y siento la necesidad de más. Sé que no debería, pero tengo muchas razones para hacerlo, así que termino pidiéndole al bartender que me sirva más.
Siento una extraña decepción, porque no vine aquí a embriagarme. Mis planes eran otros. Yo solo quería salir de la cuidad, deshacerme de ciertos problemas y pasar un buen rato con Olive, pero al final, todo resultó diferente y creo que solo terminé echándome más mierda encima.
Las emociones que estoy sintiendo en estos momentos son demasiado grandes. Son exactamente de esas que me gritan que un par de tragos no son suficientes. Que las penas, se olvidan mejor con una botella.
Un par de minutos... horas..., no sé cuánto después, realmente, he perdido la cuenta de cuántos tragos he bebido, pero considero que ya es suficiente.
Me bajo del taburete para comprobar que tan mal estoy de mi equilibrio, pero todo está en orden. Creo que puedo regresar por mi propio pie hasta el puto quinto piso, donde está la habitación. Todavía no veo tan borroso ni tampoco creo que se me dificulte hablar, así que si Olive aún está despierta, me gustaría tener una larga conversación con ella.
Me quedo unos segundos de pie, en mi lugar, tratando de ubicarme dónde carajos está la salida para ir al elevador. ¿O veo doble, o en realidad hay dos puertas?
—¿Todo en orden, señor?— escucho que alguien me habla a un lado y me doy cuenta que es un mesero o algo así. —Si necesita que lo ayuden para ir a... —lo corto de inmediato.
—No estoy ebrio. Puedo caminar e ir a mi habitación sin ayuda.
—Como usted diga, señor —responde, y luego se aleja.
¿Qué cree? ¿Que necesito un Jared, para que me ande cargando siempre que me pongo una borrachera? ¡No! ¡No estoy tan estoy ebrio ahora!
Avanzo a través de la estancia en dirección a la que creo es la puerta de salida, de las dos que veo. Si es imaginaria lo más probable es que choque contra una pared. Salgo al pasillo, me voy directo hacia el ascensor y casi me voy de bruces cuando las puertas se abren. Una vez adentro, enfoco mi vista en todos los botones, para luego presionar el que creo es el piso número cinco.
En los minutos que tardo en subir, pienso en todo lo que planeo decirle a Olive cuando la vea o, probablemente ya este dormida.
Ante ese pensamiento, decido revisar en mi teléfono qué hora es. Me sorprende ver que son casi las diez de la noche, lo cual me dice que sí, ella ya debe estar dormida. No sé qué sensación me causa eso. No sé si es alivio o decepción.
Las puertas se abren y salgo al pasillo, por el cual camino a paso lento hasta llegar a la puerta de la habitación. Me tardo unos segundos intentando abrir con la tarjeta. Al entrar a la estancia, me siento todavía más desorientado porque todo está a oscuras. Camino dentro de la habitación sin rumbo alguno, esperando no tropezar con nada, pero es lo primero que hago.
Una palabrota se me escapa cuando choco contra el sillón. Al menos logro ubicarme gracias a eso. Sé que la cama donde dormiré está al lado izquierdo, porque la que está enfrente es de Olive...
Claro. Ella está durmiendo ahí.
Antes que pueda controlar mis ebrios impulsos, mis pies ya me están llevando hacia ahí. Me quedo parado, justo al pie de la cama y por suerte no se me dificulta verla, ya que algo de la luz que entra por la ventana, le da de da a ella.
Sus facciones se ven tan suaves, así dormida. Luce tan bella, aun sin maquillaje. Su pecho sube y baja al ritmo de su respiración que es lenta y silenciosa. Quién diría que esa mujer que está ahí, pareciendo un ser angelical mientras duerme, sería capaz de causarme tantos problemas.
Y no sé qué mierda hago aquí, contemplándola mientras duerme, si recuerdo que estoy molesto con ella. Me giro bruscamente para irme a la cama, causándome un mareo al instante, por lo que me quedo quieto unos segundos antes de caminar. Justo cuando estoy por moverme de nuevo, escucho un pequeño sonido. Demasiado suave. Casi inaudible, pero aseguraría que fue ella.
Giro mi cuerpo solo un poco para poder verla de nuevo, pero sigue dormida. Sin embargo, puedo ver que su ceño se frunce como cuando está preocupada. Sus facciones que anteriormente eran tan suaves, ahora tienen una expresión diferente. Luce molesta o quizás, ¿asustada? La observo, algo confundido, hasta que creo entender lo que pasa.
Está teniendo una pesadilla.
Aferra sus manos con fuerza a la manta que cubre el colchón, mientras mueve su cabeza de un lado a otro, haciendo esa misma mueca que denota miedo.
Una extraña sensación se apodera de mí al instante. El escozor que siento en el pecho se hace más grande conforme voy haciéndome algunas preguntas: ¿Sobre qué es la pesadilla? ¿Qué le causa tanto terror como para tener pesadillas de ello, hasta el punto en que es como si lo estuviese reviviendo? ¿Qué o quién pudo haberle hecho daño?
—N-no... —murmura casi inaudible y se remueve todavía más sobre la cama.
La extraña punzada de ira que siento dentro de mí, es, extraña. Intensa, tanto, que ha logrado espabilarme los sentidos, que estaban bajo los efectos del alcohol. No sé por qué me siento así. Está sufriendo -por decirlo de algún modo-, con lo que sea que esté soñando, así que no pienso que siga haciéndolo.
Sin saber qué mierda estoy haciendo, y sintiendo cómo ella continúa sacándome de mis parámetros respecto a involucrarme demasiado con una persona, me acerco a la cama. Me coloco justo a un lado, sentándome en el borde del colchón. Voy a despertarla.
Su voz casi se escucha clara mientras repite una y otra vez la palabra «no» con un gesto torturado. Todavía algo inseguro, me inclino un poco hacia ella. Pongo una de mis manos sobre la suya, que está aferrándose con fuerza al cobertor.
—Olive —susurro con la voz demasiado enronquecida. ¡Mierda! Quizá no debí tomar. —Olive, despierta —insisto de nuevo, pero ella se tensa todavía más. Suspiro, e intento alzar un poco más la voz. —Es una pesadilla, Olive. Despierta.
Abre los ojos de golpe y se sienta de un solo movimiento. Estoy seguro que casi se le escapa un grito. Creo que esa es toda su reacción, pero cuando sus ojos me localizan, un extraño terror se apodera de ellos y se aleja precipitadamente.
—Hey, hey. Soy yo. Soy Elliot —aclaro, por si es que no me ha reconocido y vuelvo a sujetar su mano con delicadeza.
Se tarda unos segundos en reconocerme y de pronto, a pesar de la oscuridad, soy capaz de ver las lágrimas sin derramar que tienen sus ojos. El escozor en mi pecho regresa de inmediato al verla así. Su respiración es agitada como si acabase de correr. Me mira avergonzada, asustada y no sé qué más.
—¿Era una pesadilla?
La inseguridad en su voz es tan notoria, como si temiese que le diga que no. Estoy por responderle, cuando ella me toma por sorpresa, lanzándose a mis brazos. Sus manos se aferran con fuerza a la parte del frente de mi saco y lo sujetan en puños. Su cuerpo se siente tan pequeño y frágil. Es como si buscase protegerse con el mío. Como si yo fuese un escudo que va protegerla de lo que sea que la haya aterrado en esa pesadilla.
Las sensaciones que esto me provoca, son tan complejas e indescriptibles. No sé cómo sentirme al respecto. Yo no soy alguien abierto, expresivo, o mucho menos cariñoso... ¿Esta es una muestra de cariño? Me siento incómodo con la idea. ¡No! Esto no significa nada y quizás deba alejarme porque realmente me siento fuera del lugar, pero, por alguna estúpida razón, no quisiera alejarme.
Me es imposible evitar compararla con una chiquilla asustada, y es tan difícil de creer. No sé cómo tomar el hecho de ver tan vulnerable a esa mujer que tanta seguridad y prepotencia refleja; y no sé si yo actúe preso de los efectos del alcohol, pero creo que me siento bien protegiéndola, aunque no sepa de qué exactamente.
Antes que pueda procesar mis propios movimientos, mis brazos rodean un poco su cuerpo para mantenerla cerca de mí, y para que se sienta mucho más segura.
Otra nueva sensación embarga mi pecho, pero esta vez es diferente. Esta vez, me aturde todavía más y estoy bastante seguro que mañana, voy a culpar al puto alcohol por haberme hecho actuar de esta manera. Porque estoy saliendo de mis límites. ¿Estoy abrazando a Olive, simplemente porque quiero hacerlo? Este no soy yo.
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