Punto de Partida
¡Hola! Bienvenida al cerebro de Andrea. Apreciamos que hayas aceptado nuestra invitación a dar un recorrido por esta zona.
¿Trajiste zapatos para escalar? ¿No? De acuerdo... No te preocupes, toma éstos. Las sogas y los arneses van por nuestra cuenta. En cuanto tengas el equipo puesto, avísanos.
¿Lista? Perfecto. Antes de comenzar el paseo, es preciso que sepas que nos trasladaremos por los surcos del cerebro. Así que pisa bien, y ponte atenta.
Nuestra primera parada es el Lóbulo Frontal. ¿Escuchas ese murmullo? Son las órdenes de nuestro anfitrión. Así es, hablo del Lóbulo, mejor conocido por estos rumbos como Director Ejecutivo, pues está a cargo de planificar y elegir aspectos de la vida de Andrea. Suena tarea pesada, de modo que avanzaremos para dejarlo hacer su trabajo. Aquí entre nos, el Cerebelo dice que es un gruñón de primera.
¡Ey! Mira por allá. ¡No, no, del otro lado! Es el Lóbulo Parietal. Ajusta bien tu arnés; está región es conocida por sus terremotos inesperados. Las malas lenguas aseguran que Parietal se queda despierto hasta bien entrada la noche haciendo Dios sabe qué. Será mejor seguir caminando; quizás si lo dejamos solo consiga pegar el ojo. No literalmente, claro.
Tres paradas más y llegaremos a nuestro destino: el Lóbulo Temporal.
Por ahora nos encontramos en el Lóbulo Occipital. ¿Sientes esas estelas recorriendo la superficie? Cuidado y pises alguna; se trata del procesamiento visual que está orquestado por el experimentado Temporal. A decir verdad, es un trabajo interminable, pues Andrea tiene una obsesión un tanto insana observando su entorno. A decir verdad, el pobre Temporal solo está aquí por el sueldo.
¡Anda, sígueme! No te quedes atrás. Cerebelo nos concedió un boleto para pasar volando sobre él. Es tan disciplinado que no tiene tiempo para recibirnos; Andrea le exige mucho siendo él quien se encarga de sus actividades motoras. Ya sabes, como coordinación y esas cosas.
Si miras abajo, puedes ver que está echando humo. Rápido, vámonos de aquí antes de que nos chamusque enteros.
A continuación está el Bulbo Raquídeo. Te pediré que seas silenciosa en extremo, es más, si puedes, lee en susurro; pues Bulbo no puede distraerse de regular las funciones cardiacas, respiratorias y gastrointestinales. De otra manera, Andrea puede colapsar, y no quieres eso... ¿cierto?
No hagas ni un ruido. Shh.
¡Listo! Hemos dejado atrás a Bulbo. Eso significa que llegamos al anhelado Lóbulo Temporal. Te preguntarás por qué quise traerte aquí. Bueno... El caso es que Andrea ha decidido compartir sus memorias contigo, las cuales se encuentran aquí mismo.
En serio, no estoy mintiendo. Si prestas atención puedes ver sus recuerdos surfeando entre nosotros. ¿Hueles eso? Es el chocolate caliente que su madre le prepara en invierno. Y por allá, en ese surco, están sus respuestas emocionales. Hincándote conseguirás apreciar lo que sucedió en su último cumpleaños. Oh, y de este lado tenemos el recuerdo de la ocasión que se perdió en un continente ajeno. Pero esa historia la dejaremos para otro día.
Entonces... ¿estás dispuesta a sumergirte en sus memorias? Te advierto que, una vez dentro, no hay vuelta atrás. Lo digo por experiencia: llegué un día cualquiera y ahora trabajo aquí dando tours.
Si quieres seguir de cerca esta aventura cerebral, toma un folleto y dirígete por aquel surco profundo; te llevará directo a la línea de salida, ahí donde la voz de Andrea suena fuerte y clara.
Bon voyage.
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