Dain
El agua caliente cae sobre mi cuerpo produciendo una sensación de relajamiento casi al instante, cierro los ojos permitiéndome absorber esa sensación un rato mas, pero eso se ve interrumpido por las imágenes de cierta mujer que no dejan de torturarme al recordar lo hermosa que se veía con su piel de porcelana y ese par de pezones que me hicieron tener un gran problema de bolas azules, aun no se como pude contenerme de chupar, morder, pellizcar, acariciar ¡carajo! Sacudo la cabeza tratando de apartar esas imágenes.
Cosa que me tiene bastante irritado porque jamás me había pasado eso de desear a una mujer con tantas ganas como ahora, que ya me encuentro duro imaginando todo lo que le hubiera hecho de haber estado consciente. He visto un montón de cuerpos desnudos pero de alguna manera ver el suyo fue diferente, como si electricidad recorriera mi cuerpo mientras más dedos rozaban su piel cuando le quitaba el vestido. Sacudo la cabeza recordándome que no soy un puto enfermo y me digo una vez más que no volveré a pensar en la desnudez de su cuerpo.
Unos minutos después me rindo, porque soy humano y tengo debilidades así que termino con una mano apoyada en la pared del la regadera con el agua cayendo en mi cuerpo y mi otra mano tomándome deslizándose de arriba a bajo pensando en ella y eso la vuelve peligrosa, porque desear tanto algo —alguien —te vuelve esclavo de eso.
Para cuando salgo de la ducha ya vestido estoy más relajado y pensando en cosas menos lujuriosas. Ahora mi molestia se debe al idiota que la dopo, no es que vaya por ahí salvando mujeres —porque en realidad no lo hago— solo que me fue imposible hacerme el que no pasaba nada y me odio por eso. Y no, no es que apoye ese tipo de comportamientos pero la realidad es que aquí en el campus eso es más común de lo que me gustaría admitir, también es cierto que la distribución de drogas es algo de lo cual el director y la policía tiene conocimiento pero deciden hacerse de la vista gorda a pesar de ya a habido dos fallecidos a causa de sobredosis.
Para nadie es un secreto que Gabor se dedica a vender mierdas para gente muy peligrosa, es por eso que si quiero actuar debo pensar muy bien como voy actuar, lo último que quiero es ponerme en el radar de esos tipo que le surten mierda.
Voy tarde a mi primera clase y eso me tiene de mal humor mientras camino hacia mi auto con música electrónica saliendo por los auriculares que llevo puesto. Una palabrota se construye en la punta de mi lengua cuando la canción de Martin Garrix se ve interrumpida por el ruido que me indica una llamada entrante.
La ignoro y la llamada se pierde, pero entonces el aparato infernal vuelve a sonar haciendo que ruede los ojos al cielo. Saco el teléfono del bolsillo de mis vaqueros solo para comprobar que es Margot —mi madre— quien llama, se que ignorarla no sirve de nada, nunca lo ha hecho, ya que seguirá insistiendo y mientras más tarde en contestar más decepcionada estará.
Tomo profundas respiraciones invocando una paciencia de la que claramente carezco mientras me subo al auto dándome cuenta que ya tengo tres llamadas perdidas, conecto el teléfono al auto para usar poder conducir y es justo el momento en el que la pantalla del auto se enciende avisándome que mi madre llama —otra vez—, aprieto la mandíbula pero aún así acepto la llamada antes de poner el auto en marcha.
—Hasta que te dignas a responder, Dain. Es que acaso ya no te importa tu madre, que ni el teléfono quieres responder —es lo primero que dice cuando la llamada conecta, lo que me tiene tentado a colgar pero me obligo a respirar hondo.
He llegado a pensar que el pasatiempo favorito de Margot Campbell es hacerme saber lo mucho que se arrepiente de haberme traído al mundo, que soy un error garrafal que de tener una oportunidad de volver en el tiempo sin dudar me abortaba.
—Hola mamá —ignoro, su comentario anterior porque justo ahora no estoy de humor para pelear con ella.—. Ha que debo el honor de tu llamada—contesto, dejando ir un suspiro resignado.
—Ya que mi hijo no tiene la decencia de llamar para ver si su padre y yo respiramos, tengo que hacerlo yo —respiro hondo invocando la tolerancia que no poseo mientras me estaciono en el campus—. El sábado tu padre dará una cena importante a la que tienes que asistir.
Mi mano se aprieta contra el volante del auto con tanta fuerza que mis nudillos se ponen blancos, no hay cosa que deteste más que las reuniones “importantes” de mis padres. Por lo regular compartir aire con las personas me irrita de una manera que me dan ganas de estrangularlos, pero, nada se compara con estas reuniones donde lo único que hago es perder el tiempo mientras mi padre habla de negocios y mi madre cada dos por tres me hace saber algo que esta mal en mi.
—No puedo ir, tengo planes que no puedo posponer —miento, probando mi suerte.
—No te estoy preguntado. Nada es más importante que esto —sentencia, como si yo no tuviera una vida propia —. ¿Podrías al menos una vez no decepcionarme? ¿Acaso eso es mucho pedir?.
—También tengo una vida, madre —trato de razonar, pese a que sé que no servirá de nada.
—Una vida que no haz hecho más que tirar por la borda —asegura, con desdén—. No haces más que poner en ridículo nuestro apellido, porque el niño no quiere ser abogado y decidió perder el tiempo estudiando tecnología.
Ni siquiera sabe lo que estudio en realidad, ni quiera se a tomado la molestia para ver que es lo que realmente me apasiona.
—Lo que estudio es tan digno como la carrera de derecho —tengo la necesidad de aclararle.
—Si claro —dice con ironía —. Eleonor no ha hecho las que convertirte en un malcriado insolente, solo espero que estés dispuesto asumir las consecuencias que acarreen tus malas decisiones.
Por más que pasa el tiempo y me digo que sus palabras no me afectan, que ya no tiene ese poder en mi no puedo evitar que se sienta como si me pegaran un puñetazo en el estómago cada que habla de mi como lo peor del mundo.
—Te espero en sábado, no llegues tarde —continúa, cuando ve que me quedo en silencio más tiempo del necesario —. Y Dain, para variar esta vez no me decepciones.
No digo nada más en su lugar solo espero a que cuelgan la llamada dejándome con la mirada clavada al frente. Es un hecho que perdí mi primera clase, por lo que no me preocupo en darme prisa al bajar del auto.
Presto poca atención a las clases y lo que en realidad me gustaría estar haciendo es ejercicio o poder investigar más acerca de Gabor, pero en lugar de eso me encuentro escuchando a la profesora Rusell de Ethical Hacking II gracias a todo lo sagrado es mi última clase.
Cuarenta y cinco minutos después la clase termina y soy el último en salir por el simple hecho de que me molesta como se amontonan en la puerta para empujarse como si no fueran a salir de todos modos. Los pasillos están repletos de estudiantes yendo de aquí para haya apresurados
Inhalo y exhalo un par de veces para poder tranquilizarme antes de poner el auto en marcha sabiendo que ya perdí la primera clase. El restó del día transcurrió sin contratiempos -lo cual agradezco – al terminar la última clase decidí ir a buscar a Daniel para comer. Los pasillos están repletos de estudiantes y maldigo para mis adentros cuando una chica me pega un codazo antes de caminar a toda velocidad hacia uno de los salones. Estoy por girar hacia la derecha para ir a buscar a Daniel cuando una cabellera rizada—odiosamente familiar— aparece en mi campo de visión maniobrando con unos cuantos libros en las manos, mi pecho se agita cuando logró verle el rostro y me percato de como se muerde el labio inferior de inmediato tomo un atajo por una de las áreas verdes para evitarla.
Estar cerca de Annie es como sentir la adrenalina de estar frente a un camión que viene en tu dirección. Siento que ella es un camión que se impactará con demasiada fuerza contra mi y eso me cabrea muchísimo.
Ha pasado exactamente dos semanas desde que tuve alguna interacción con ella y es como si se hubiera quedado grabada su imagen a fuego lento en mi memoria, no se que en el infierno me pasa con ella y eso no me gusta. Tampoco es como si nunca hubiera visto a una mujer desnuda —porque he visto una considerable cantidad de mujeres desnudas —y nunca una me había impactado tanto como ella que sin curvas exuberantes, ni pecho ni culo fuera de otro mundo me tiene pensando en ella lo cual es muy molesto.
Cuando llego al edificio de arquitectura que es en el que estudia Daniel quien viene saliendo acompañado de Richard quien si bien no me agrada —por lo regular nadie lo hace — del todo pero tampoco me cae tan mal. Es tolerable.
Camino hacia ellos y les doy un movimiento de cabeza en salido a los dos quienes lo corresponden de igual manera informando que irá a comer algo a la cafetería por lo que lo sigo.
La cafetería esta casi vacía cuando llegamos por lo que no es difícil escoger una mesa al fondo del lugar luego de pedir nuestros pedidos, nuestra platica gira entorno a la tesis y la manera en la que se van a organizar con las practicas.
—Pero quien es esa hermosura —la voz de Richard hace que el emparedado de pechuga a la plancha quede a medio camino de mi boca para votar a ver de quien se trata.
Los rizo —que hasta hace un par de minutos caían por sus hombros —ahora van en un moño mal hecho sobre su cabeza lo que deja varios risos sueldos por si cara haciéndola ver adorable. Aun lleva los libros en las manos y parece absorta en la platica que mantiene con su amiga —esa que me dejo pasar a su habitación —y un hombre que no he visto antes.
¿será su novio?. Inesperadamente una punzada de irritación me atraviesa el cuerpo.
—¿Cuál de las dos? —pregunta, Daniel quien escucho que sigue hablando pero estoy demasiado ocupado viendo a la mujer que no he podido sacarme de la cabeza.
Sólo es deseo. Trato de convencerme de que es solo deseo lo que no me permite sacarla de mi cabeza, pero entonces veo el puchero mimado que hace inconscientemente mientras escucha lo que le dicen y una sensación que no reconozco del todo pero que me genera incomodidad me atenaza las entrañas.
—Ella. La del pelo rizado y jeans color negro —Daniel voltea justo a tiempo para verme apretar la mandíbula y no me pierdo la sonrisita comemierda que se le dibuja en los labios —. Tiene que estar en mi cama.
Algo dentro de mi empieza a calentarse a una velocidad alarmante. La ira me invade porque me siento extraño y ni siquiera se el motivo.
¿Por qué me importa?.
—Tal vez deberías invitarla a salir, he odio que es soltera —lo alienta Daniel y yo tengo ganas de pegarle un puñetazo para que se calle.
Aprieto los puños por debajo de la mesa y en este momento y salido de no se donde siento el impulso de echarme a la mujer quien ahora ríe con los ojos como rendijas al hombro cual cavernícola para sacarla de aquí para que ningún idiota como Richard la vea.
Mi apetito se fue a la mierda.
—No creo que te haga caso —digo, interrumpiendo si muy poco interesante conversación sobre ella.
—¿Ah no? —levanta una ceja en señal de asombro y Daniel se reclina en su silla pareciendo de lo las divertido —. ¿Y por qué no me haría caso?. Ninguna mujer desde que entré a la universidad se a resistido a estar bajos mi sabanas.
La sonrisa de suficiencia que me dedica me hace saber que solo he pinchado su orgullo y que esto está por convertirse en una lucha campal.
La frustración y la ira se arremolinan en mi interior y quiero golpearme porque en cualquier otro caso solo los hubiera ignorado pero ahora una emoción extraña y apabullante se abre paso en mi interior.
¿Pero quien se cree esta intrusa para venir hacerme sentir estas cosas?. Estoy molesto porque estoy intrigado por esta mujer con rostro inocente.
Daniel por su lado está bastante entretenido con el cuestionamiento, se puede decir que extasiado, como si estuviera haciendo un experimento y los resultados estuvieran siendo los esperados, algo que también me irrita.
—Porque ella no parece que sea del tipo de chicas que se enredan con imbéciles que van de cama en cama— digo, sin un ápice de tacto y me sorprendo por lo hosco y oscuro que sueno.
—Y seguro que ella encantada va a dar a tu cama— réplica con desdén —. Porque, querido amigo, déjame te recuerdo que aquí el único que va de cama en cama eres tú.
—Ni siquiera es mi tipo —suelto demasiado rápido y Daniel finge una tos que dice “aja” y le doy una mirada de advertencia —. De serlo otra seria la historia.
Una sonrisa de desliza en mis labios pero no toca mis ojos. Me siento indignado por la manera en la que me planta como un hijo de puta y muy a mi pesar se que tienen razón. Que mis nulas relaciones no pasas muchas veces de una noche. Jamás he tenido una relación y nunca la tendré mi madre me a dejado muy en claro que yo no tengo lo necesario para ser una persona que pueda mantener una relación con otra persona, por lo menos sin hacerle daño o decepcionarla en el proceso es por eso que ya ni siquiera lo intento.
—No te creo una mierda—suelta, el imbécil que hasta ahora no me caía tan mal.
No respondo nada en su lugar me encojo de hombros tratando de desviar el tema porque la ira que ahora hierve en mi es peligrosa en demasía y estoy a nada de perder el maldito control.
—¿Qué te parece si apostamos, Dain?—insiste, Richard recargando su espalda en la silla y metiéndose una papa fría a la boca.
Le echo un vistazo a la chica por la que estamos discutiendo quien ya se encuentra sentada en una mesa con lo que parece ser un té helado entre las manos.
—¿Apostar? —digo, con diversión —. Yo no apuesto, Richard.
—Estoy seguro de que esto será algo interesante.
No me gustan las apuestas por el simple hecho de que me resulta estúpido hacerlo, no suelo mezclarme con personas que lo hagan y Daniel tampoco es partidario de este tipo de práctica ya que tiene el ceño fruncido.
—¿Qué quieres apostar?—pregunto, glacial.
—Apostemos a ver que se la lleva a la cama primero…
Apenas las palabras dejan su boca y un zumbido me inunda los oídos y el gorila que habita en mi ruge en protesta pero, pese a eso me escucho diciendo que acepto. Cuando volteo a verla sus bonitos ojos azules conectan con los míos y me dedica una ligera sonrisa que me tiene tentado a responderla sin embargo volteo a ver a Daniel que me ve con una ceja enarcada.
Esto es jugar con fuego y yo no estoy dispuesto a quemarme, así que si me mantengo lejos de ella no tiene que pasar nada. Si ella decide hacerle caso a Richard es su jodido problema no el mío, ni siquiera es mi tipo de mujer.
Harto de esta conversación me levanto de la mesa sin dirigirle un ultimo vistazo a los hombres que se encuentran sentados antes de salir de la cafetería.
***
Ha paso un mes desde la última vez que hablé con Annie y no ha sido por falta de ganas si no por falta de tiempo, eso, y que constantemente recuerdo que no debo caer en el juego de Richard y acercarme a ella. Claro que eso no impide que Daniel me informe de los intento que a tenido ese imbécil para acercarse a ella.
Aun no puedo sacármela de la cabeza y eso es lo que hago justo ahora recordar como se veía hoy en la mañana con un pantalón que le ajustaba las cintura pero que le iba grande de las piernas y una blusa blanca que le deja a la vista su bonito obligo no llevaba maquillaje por lo que se podían ver sus preciosas pecas que parecía un invitación a contarlas y perderme en esa constelación que lleva en la cara.
La última semana mi compañero de cuarto dejó caer casualmente en la cena que Richard la había invitado a salir, tomó todo de mi no arrogarle el plato a la cabeza pero todo quedó en una incomodidad cuando me informó que Annie declino su oferta, eso casi me hace sonreír casi.
Con todo y eso se que el no dejara de insistir hasta que ella acepte. Sí, sí le dije que me debía una cena pero la verdad pienso que eso puede ser peligro —para mí —, a demás no quiero caer en el juego de Richard ese día de la apuesta perdí el control y aun que parezco – no soy – el hijo de puta que ellos creen, se perfectamente cuando no cruzar la línea y esta es una que por ningún motivo pienso cruzar.
Mi teléfono suena indicado la llegada de un mensaje por lo que reviso y sonrió al darme cuenta que se trata de Caroline una maestra de lenguas extranjeras que si bien me lleva más que un par de años, no quita que este muy buena y con la que fallo de tanto en tanto.
Aun recuerdo la renuencia que tenia para entablar cualquier clase de relación —no formal – con cualquier mujer y no voy hacer un hipócrita de mierda diciendo que ella insisto hasta convencerme porque eso no fue así.
La verdad es que todo es solo casual, solo follamos a veces en algún motel de paso, otras en mi apartamento —cuando Daniel no está – y muy pocas veces en su casa. La realidad es que se muy poco de ella por no decir que nada, sé su nombre, que es maestra, que es casada de lo demás no se nada y no me interesa saberlo. Siempre he sido claro con mis términos y ella parece adaptarse muy bien a ellos. No me interesa que esto se convierta en alguna otra cosa así que, así esta bien para mi.
Respondo rápido a su mensaje donde le informo qie voy en camino acto seguido tomo las llaves de mi auto y conduzco hasta la pequeña cafetería —esa donde siempre nos encontramos – una vez ahí le hago saber que ya he llegado, para minutos después ella en enfundada en un vestido entallado color rosa aparezca y suba a mi auto.
Esto es lo que necesito para sacarme de la cabeza a mi tormento llamado Annie.
—No sabes las ganas que tenia de verte – susurra contra mis labios antes de besarme.
Me frota por encima de los pantalones y me pongo duro, quiero follarla, sacarme de la mente a esa condenada mujer de la mente de una buena vez y por todas, quiero arrancarle el vestido a Caroline aquí mismo.
—Vamos a mi casa —me dice al oído y sonrió.
—Tus deseos son órdenes —hablo con la voz enronquecida por las emociones.
Pongo el auto una vez más en marcha hasta perderme en la a venida con Caroline haciéndome un oral que me tiene apretando la mandíbula.
Hola otra vez por aquí, espero que les este gustado mucho la historia. No se olviden de botar y comentar sus partes favoritas. Nos leemos pronto.
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