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XVIII

Levi quedó en blanco, había recibido un puñetazo en su mandíbula a los pocos segundos de haber escuchado las palabras de Mikasa. Uno de los hombres que estaba detrás de la muchacha se había acercado furioso y tomándolo de su camiseta lo había sacado al exterior. Eren salió detrás de ellos, gritando que se detuvieran. Cuando otro de los vecinos había golpeado al muchacho en el vano intento de detenerlos, Levi se arrojó sobre ellos.

Era un desastre, golpes iban y venían, el polvo se levantaba cada vez que alguno de los cuerpos caía sobre la tierra. Eren tenía sangre en su nariz y en su labio, mientras que Levi sentía que su ojo y su mandíbula iban a quedar con morados bastante grandes. Lograron sostenerlo de los brazos y recibió otro golpe en su cabeza, quedó un poco aturdido, y lo único que podía ver con un poco más de claridad era al joven retorcerse entre los cuerpos de dos hombres grandes que también lo sujetaban.

—¡Ellos lo asesinaron!

—¡Hay que matarlos!

Los gritos lo aturdian bastante, Mikasa les suplicaba que se detuvieran, pero nadie le hizo caso alguno. Pronto la multitud comenzó a quedar en silencio y sus rostros demostraron el verdadero temor.
Levi oyó unos pies avanzando decididos en su dirección, cerró un poco sus ojos porque el sol le impedía desde su posición ver a la persona que se detuvo delante de él. Escuchó la voz grave y firme dirigida a los habitantes de Fogtown y sin darse cuenta intentó hacerse más pequeño.

—¿Qué está pasando aquí?

—Padre Smith— se adelantó uno de esos hombres que estaban sosteniéndolo —Ellos han asesinado a uno de nuestros miembros. Merecen la muerte.

—¿Los han visto hacerlo?

—No pero... ellos salieron del lugar donde encontramos el cuerpo.

Smith lanzó una carcajada que dejó a más de uno perplejo.

—Dejen al joven Ackerman libre por favor— Levi sintió que el agarre se aflojaba e intentó ponerse de pie —agarre mis manos, lamento el comportamiento inapropiado que han tenido con usted.

Levi sostuvo por un momento las manos grandes y ásperas del rubio que lo observaba con una gran sonrisa. Sintió un escalofrío recorrer cada centímetro de su cuerpo y en cuanto pudo ponerse de pie, se alejó de inmediato.

—Es imposible que nuestro nuevo vecino hiciera tales maldades, por favor, deben pensar más detenidamente—, luego miró a Eren que aún estaba siendo sostenido por los hombres —al joven Jaeger también, muchachos.

Liberaron los brazos de Eren, pero él parecía estar perdido en su propio mundo, tardó un poco en tomar las manos extendidas del azabache y levantarse.

—Descuiden, no deben juzgar a nadie antes de saber la verdad, yo hablaré con ellos, pueden retirarse.

Para sorpresa del mayor todos lo hicieron y pronto solo quedaron ellos tres.

—¿Puedo pasar?

Preguntó Smith señalando hacia su morada, Levi asintió levemente y el gran hombre no se hizo esperar, después de unos minutos, se encontraba limpiando las heridas de Eren mientras que Erwin bebía café sentado en el sillón.

—Parece que se llevan bien.

Levi miró sobre su hombro al padre Smith.

—Eren ha tenido algunos problemas estos últimos días, así que estamos viviendo juntos ahora— luego se sentó a un lado del muchacho cuando su trabajo finalizó —gracias por ayudarnos.

—Sé que no son culpables— continuó Smith —Ustedes no tendrían razones para lastimar a alguno de nosotros, pero ellos, bueno no les agradan los forasteros, podrían poner cualquier excusa... pero descuiden, mientras esté aquí, no podrán hacer nada.

Levi asintió y luego vio a Eren, sus manos temblaban ligeramente, y no se animaba a mirar al padre que estaba delante de ellos.

—Así que Eren ha tenido que quedarse aquí contigo. Es por lo que sucedió a Dina supongo.

Ninguno de los dos jóvenes respondió, pero Smith después de tomar el café y dejarlo sobre la mesa, se puso de pie y se encaminó hacia la puerta

—Eren, sería mejor que te quedaras conmigo para no causar molestias al señor Ackerman.

El castaño dejó de respirar y sus manos temblaron un poco más, Levi viendo su reacción no tardó en responder.

—No es molestia señor Smith, Eren se quedará conmigo todo el tiempo que él crea conveniente.

La sonrisa de Smith titubeó por unos segundos, sin embargo abrió la puerta y antes de marcharse saludó amablemente a cada uno.

—Por cierto Levi, me encantaría que volviésemos a hablar, vamos a pasar más tiempo juntos de lo que parece.

Cuando la puerta se cerró a sus espaldas, el silencio los acompañó a ambos, hasta que Levi se atrevió a romperlo.

—¿Qué clase de cosas te hizo ese hombre Eren?

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