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XIV

 Sus pies y sus muñecas ardían, las ataduras y el caminar sobre las piedras habían lastimado demasiado su piel. El rugido de la multitud era avasalladora, no podía ver nada por sus ojos cubiertos, pero podía imaginar cada uno de sus rostros. Su espalda chocó contra la madera firme y cuando la venda fue quitada pudo verlos a todos, las antorchas ardientes iluminaban la plaza, a su lado seis hermanas más se encontraban en su misma posición. Fisher iba a ser ejecutada, traicionada por su propio pueblo, jamás la escucharon. Cerró los ojos cuando comenzaron a quemar los troncos secos, pronto sintió su piel ardiendo, fue una lenta agonía para la pobre mujer, sin embargo pronto se encontró rodeada de una densa niebla. No supo cuanto tiempo estuvo allí, en la espesura,caminando sin un rumbo fijo, hasta que se encontró con la bestia.

Estás buscando lo que yo necesito, acéptame y te ayudaré a encontrarlo.

Fisher se sentía con un terrible enojo y una gran angustia que no la habían dejado avanzar, sin embargo, fueron aquellas mismas palabras del demonio que habían logrado calmarla, no dudó en tomar la mano extendida, aceptando así el peso que traería consigo. La bestia que antes había estado ante ella desaparecía junto a la terrible niebla, sus ojos pudieron ver con mayor claridad y pronto se descubrió a si misma en Fogtown. La aldea estaba tranquila, era de noche y no podía oír más que el cantar de los grillos. Entonces pudo distinguirlo, un llamado que reconocería siempre, uno que había hecho que tantas veces cantara y arrullara al pequeño hasta que quedase dormido.

Dio media vuelta y sus ojos se dirigieron hacia el bosque, estaba llamándola, le pedía que lo protegiera de la oscuridad. Sus pies comenzaron a moverse y como si no hubiera otra razón de su existir se dirigió a paso lento hasta llegar al linde. Atravesó los árboles, buscó, escuchó y llamó, hasta que lo encontró. Ben estaba acurrucado contra un tronco grande, sus mejillas estaban mojadas y sollozaba por lo bajo. Se acercó intrigada y sin saber por qué de su pequeño allí, el niño levantó la cabeza y entonces sus ojos se encontraron.

¿Señora Fisher?

La mujer le extendió su mano y el pequeño la tomó, levantándose de inmediato y pronto dejando su cuerpo totalmente pegado al suyo, la abrazó con tanta fuerza que Fisher deseó que jamás la soltase.

Tranquilo mi niño, ya estoy aquí, nada podrá hacerte daño ahora.

Ben era un niño inteligente, tranquilo y decidido. Sin embargo la familia que lo había acogido no lo entendía, no entendía lo especial que era. ¿Por qué hablaban a escondidas de su pequeño? ¿Por qué no entendían que a Ben no le gustaba la oscuridad? Él le temía a la persona que estaba allí en su cuarto también, sus padres jamás le preguntaban el por qué de su llanto. Fisher se mantuvo a la espera de su llamado, deseando que lo hiciera, pero era algo que jamás pasó. Entonces tuvo que deshacerse del señor Borlok, era la única que podía ayudarlo, a no temerse más a si mismo. Las visitas comenzaron, tranquilas y encantadoras como debían ser. Por momentos parecía perderse en la oscuridad, sentía mucho odio y también tristeza cuando Ben parecía temerle. Odió cuando el niño no la recordó, odió que no la entendiera, odió que no pudiera ayudarla como ella lo había hecho con él, por eso decidió seguir a su lado, porque entendió que aún, Ben era demasiado pequeño para ayudarla a regresar.

¿Por qué Ben ya no la miraba? ¿Por qué no le hablaba? ¿Por qué no la buscaba? Había estado junto a él durante años, lo había visto crecer y había estado en sus momentos más felices y tristes, entonces ¿por qué se deshizo de ella como su familia le había dicho?

Estaba junto a él en el momento en que la luz se fue, sintió miedo y sin embargo, no tuvo más remedio que quedarse allí, viendo como encendía las velas con manos temblorosas. Lo vio dormirse plácidamente, y aún así también lo vio levantarse, ella esperó en el pasillo, como siempre lo hacía cuando él caminaba por allí. Sintió un extraño malestar recorrer su pobre y desolada alma, y entonces, Ben cruzó sus ojos con los de ella.

¿Por qué Ben se asustaba de ella? Ya no debía ignorarla, ella tenía que irse. Entonces su única manera de hacerle saber que era lo suficientemente real para que dejara de hacerlo, fue marcarlo.

Fogtown estaba igual que antes, salvo por el hombre que llegaba junto a ella, Ben sería el único que podría ayudarla a seguir adelante, pero alguien había entrado en su camino sin que lo esperase, la recordaba, sus ojos azules tan brillantes serían reconocidos por cualquiera que la hubiese visto antes, su pequeña Lena.

Strof comenzó a verla y si bien no le temía, sabía que, tarde o temprano, no querría que su plan se llevara a cabo.

—Aléjate de él, Fisher— le había dicho mientras compartía la cama con Ben —. No debe involucrarse.

¿Pero tú también lo estás esperando verdad? ¿No quieres ver morir al padre Smith?

Lena cerró sus ojos y suspiró.

¿Por qué Ben?

Porque él es el único que puede ayudarme. He estado demasiado tiempo esperando, ahora aquí todo terminará.

Nada se termina en Fogtown, no cuando pronunciaste tus últimas palabras.

Estaba quemándose y aún así reía, Smith la miraba, sus ojos azules tan fríos, lo odiaba, lo odiaba tanto. Pero el padre lo sabía y por eso la había utilizado, sabía que ella era bruja, la única que debía haber muerto desde hace años.

Fogtown no descansará hasta que el círculo esté completo. ¡Oh Padre! Nada terminará hasta que esté hecho.

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