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XIII

Intentaba moverse pero un peso extraño se lo impedía, sus manos no parecían querer reaccionar, abrió sus párpados despacio, pestañeando varias veces para poder ver que era lo que ocurría en medio de la oscuridad. Un grito quedó ahogado en su garganta, al ver a la señora Fisher sobre él, muy cerca de su rostro, observándolo.

—Señor Ben, despierte.

Abrió sus ojos nuevamente y se encontró con el rostro de Lena, se encontraba inclinado hacia la cama, estaba completamente vestido y su cabello lo llevaba peinado con una coleta.

—He hecho el desayuno, le daré espacio para que se levante.

—Sí, ahora mismo bajo.

Lena asintió despacio y luego se encaminó hacia las escaleras para desaparecer de la segunda planta. Ben se levantó con lentitud, pasó sus manos sobre su rostro y suspiró sonoramente, caminó hacia su armario y sacó su ropa, quitándose de inmediato su pijama para restituírlo por unos pantalones jogging de color gris y una camisa blanca. Bajó las escaleras rápidamente y se dirigió al baño, Lena estaba colocando el desayuno cuando se acercó al comedor.

Comieron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos cuando estos fueron borrados rápidamente por fuertes gritos provenientes del exterior. Ambos se miraron interrogativamente, para luego acercarse a la puerta y ver qué sucedía afuera.

Muchas de las personas de Fogtown se encontraban recorriendo las pequeñas y angostas calles de tierra, mientras repetían el nombre de Joan una y otra vez. Ben salió de la casa y se acercó al hombre que se encontraba más cerca de ellos.

—¿Qué sucede?

El hombre miró al psicólogo y luego sobre su hombro, al ver a Lena se alejó inmediatamente bastante asustado sin responderle.

—Parecen estar buscando a Joan – contestó Lena.

Ben siguió observando a las personas que pasaban por allí, todos parecían ignorar la presencia de ellos o al menos estaban intentando hacerlo, cuando alguno de estos se acercaba lo suficiente parecían recobrar el sentido y alejarse lo más rápido posible. Entre la multitud pudo distinguir a la hermana Marie, acompañando a una mujer regordeta que no dejaba de llorar, sus ojos se encontraron por un segundo, entonces la joven se acercó a ellos.

—Señor Harl, Lena.

—¿Qué sucedió?

El rostro de Marie se contrajo en una mueca de desesperación, luego habló por lo bajo mientras vigilaba que nadie la estuviese viendo interactuar con ambos individuos.

—Joan, ha desaparecido anoche. Entraron en su casa destrozando la puerta, pero sus padres no oyeron nada —, luego volvió a mirar hacia la multitud —. Lo estamos buscando desde temprano. ¿No lo han visto?

—No, podemos ayudar en lo que necesiten.

—Vengan con nosotros, sería de gran ayuda.

Así fue como los planes de esa mañana fueron reemplazados por la búsqueda de uno de los compañeros de Lena, alguien con quien Ben había tenido contacto, no lo suficiente para encariñarse, pero sí para que su preocupación aumentara. No sabía lo que podría llegar a esperar de uno de aquellos habitantes, pero la idea de un adolescente desaparecido no le era agradable en ningún sentido. Sin embargo, tuvieron que separarse un poco más del grupo, Marie les pidió disculpas cuando los habitantes de Fogtown se negaron rotundamente a que ambos los ayudasen, muchos, creían que aquella desaparición era nada más ni nada menos que por obra de los forasteros y aunque Lena había crecido allí, para ellos, jamás había sido parte de su población.

Ambos quedaron rezagados, Ben aún deseaba ayudarlos aunque fueran rechazados, no podía quedarse tranquilo si no lo hacía, por su parte Lena parecía estar bastante desinteresada pero cuando las personas terminaron girando hacia un camino a la derecha, no le permitió al psicólogo seguirlos.

—¿Qué sucede Lena?— preguntó confundido.

—Busquemos hacia el otro lado.

Señaló el camino de la izquierda, aquella que daba la entrada a Fogtown por la que él había llegado unos días atrás, más adelante estaba el bosque y Ben pareció entender el pedido silencioso que mostraban los ojos de la joven.

—¿Crees que pudo haber llegado hasta el bosque?

Lena asintió despacio y comenzó a caminar por aquella calle, miraba hacia ambos lados, buscando entre las últimas casas, el césped, los corrales e incluso los cultivos. Ben la siguió haciendo exactamente lo mismo.

—Joan estaba acostumbrado a seguirme hasta el lugar donde el señor Robert llega, nadie quiere acercarse al bosque, dicen que es muy malo intentar salir de Fogtown, y tampoco quieren tener algún contacto con alguien del exterior —Lena hizo una pausa mientras detenía sus pasos —. Él, Amelia y yo, somos los únicos que nos atrevimos a llegar tan lejos, mi padre comenzó a rehusarse un vez que los rumores sobre el demonio del bosque comenzaron a incrementarse.

—¿Qué hay del señor Smith?— inquirió Ben.

Recordaba que Marie había mencionado que el hombre había tenido que viajar hacia Lungs. ¿Cómo era posible que los habitantes dejaran que saliera tan libremente si rechazaban la idea de acercarse siquiera?

—Él lleva la protección de Dios, así que están tranquilos al respecto— contestó la rubia —. Ben, ¿eso es sangre?

El hombre se acercó un poco más y se detuvo al ver una gran mancha roja sobre el césped, se colocó en cuclillas y pasó uno de sus dedos sobre ella, al instante su dedo se hundió en la viscosidad, aún estaba fresca.

—Esto es reciente— luego miró a Lena quien lo observaba sin expresión alguna —¿Puede ser de algún animal?

La joven dejó de mirarlo y dirigió su atención hacia el bosque que se encontraba en unos metros de ellos, pronto ante la sorpresa de Ben, echó a correr rápidamente.

—¡Lena! ¡Oye espera!

Torpemente se puso de pie y comenzó a seguirla, no logró alcanzarla, salvo cuando Lena detuvo su andar bruscamente en el linde del bosque, Ben también lo hizo y se acercó despacio. Al ver lo que la muchacha observaba detenidamente tuvo que darse la vuelta, y devolver todo lo que había comido.

—Es Joan— dijo Lena entonces.

Ben se atrevió a observar lo que quedaba del muchacho, habían arrancado bruscamente su pierna derecha, le faltaba la mitad del brazo izquierdo, su cuero cabelludo estaba también fuera de lugar, varios órganos estaban sobre su abdomen y el césped, su rostro estaba cubierto de sangre pero aún era reconocible. Sintió que sus piernas temblaban y un terrible malestar se apoderaba de su cuerpo, sintió las nauseas llegar nuevamente y tuvo que repetir la acción anterior, Lena estaba estática observando el cadáver.

—Vaya a buscarlos, dígale que lo hemos encontrado.

—De acuerdo.

Sin perder un minuto más, Ben retomó el camino y se dirigió a toda prisa de regreso a Fogtown, sintió que podría llegar a desmayarse cuando la falta de aire se hizo presente, aún así nada pudo detenerlo, encontró a la multitud bastante cerca, al parecer habían vuelto a caminar por donde habían venido, sin embargo no querían ir hacia el bosque.

—¡Lo hemos encontrado!— gritó entonces cuando las personas habían empezado a esquivarlo.

La mujer regordeta que minutos antes se había encontrado junto a Marie, se acercó a paso ligero hacia él, tomó su camiseta con desesperación, y sus ojos llorosos se encontraron con los suyos.

—¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está Joan?!

—Está en la entrada del bosque pero...

No esperó a que terminara de hablar, la mujer ya se había alejado de él totalmente desesperada, la multitud la siguió también, tan rápido como podían, en medio del caos Marie y él se encontraron pero la mirada del hombre le hizo entender que nada bueno encontrarían. Ben se quedó unos segundos más antes de seguirlos, para poder asimilar lo que estaba ocurriendo. Cuando llegó unos minutos después pudo ver que la multitud ya se encontraba rodeando el cuerpo, Lena estaba detrás de ellos, el llanto de la madre de Joan no había tardado en llegar hacia sus oídos y por un instante sintió realmente la pena de la mujer. Se acercó lentamente a la rubia y no se atrevió a seguir adelante y volver a encontrarse con el cuerpo. Miró a Lena y su ceño se frunció al descubrir que sus ojos parecían vacíos. Estaba con la vista al frente, pero no observaba a la gran multitud, sino a algo que estaba más allá.

—¿Qué miras?— preguntó el psicólogo.

—El bosque.

Y entonces Ben también lo hizo, entre los árboles, aún en aquel día soleado la espesura era tan grande que no se podía ver más allá que el comienzo de éste. Sin embargo tuvo que dar un paso hacia atrás cuando captó el leve movimiento entre los árboles. Un sabor amargo llenó su boca cuando la reconoció.

Sus brazos delgados, con sus huesos a la vista, el poco cabello que poseía, sus ojos negros y vacíos, y su sonrisa cubierta de sangre, dedicada solamente a ellos. La señora Fisher estaba allí, poniendo uno de sus finos y largos dedos sobre su boca, pidiéndoles silencio.

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