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Cuarto menguante

Para muchos, el pensamiento de que exista algo fuera de su control representa algo insólito y errado. En la sociedad de por sí, si eres distinto al estereotipo planteado y te sales del molde de la perfección, terminas en el centro de críticas, conversaciones, acosos y todo lo que conlleva ir en contra del pensar de una mayoría existente. Natalia esto lo tenía muy claro y también por eso mantenía el perfil bajo, claro, todos creían que ella era la chica típica tímida con pocos amigos que no tenía nada interesante que ofrecer o enseñar. La realidad era que pronto se darían cuenta de lo equivocados que estaban...

Era un día viernes, el último de la semana que le tocaba ir a la universidad a "producir" o, según ella, ir solo a perder el tiempo y calentar el asiento. Solo otro maldito día de mierda, pensaba para ella arrastrando los pies por los solitarios –o eso creía ella- pasillos de la gran universidad, mientras se dirigía a su próxima clase sintió cómo alguien la estampaba fuertemente contra los casilleros de su izquierda y la tenía agarrada por el cuello, lo observó bien, era uno de los clásicos chicos populares del equipo de fútbol americano, casi la doblaba en tamaño pero por alguna razón, su pasatiempo era molestarla y hacerle la vida imposible todos los días.

—¿Por qué esa cara de susto? ¿Has visto un fantasma? —habló con voz áspera y odiosa con su tono burlesco de siempre.

La chica se quedaba callada primero porque le costaba un poco respirar, segundo porque consideraba que no valía la pena gastar sus fuerzas por un ser como ese. Luego que pasaron unos segundos de incomodidad, el chico la soltó bruscamente provocando que cayera al suelo como peso muerto, pero como si eso no fuera suficiente, este empezó a golpearla, Natalia se cubría como podía pero él era más grande y fuerte que ella, además a este se unió uno de sus mejores amigos.

—A ver si así aprendes a contestar a quien te habla, idiota.

Natalia recibía golpe tras golpe, el musculoso chico parecía no cansarse y también parecía que no lo haría en mucho tiempo, aunque, como se dice, la muchacha fue en ese momento salvada por la campana.

—¡Déjala en paz! —Apareció su mejor amiga en el comienzo de aquel fatídico pasillo.

—¡Ah no! Esperen, ¡que ha llegado la amiga defensora! ¿Qué harás? ¿Acusarnos?— Se burlaba hasta que la gruesa voz del decano se escuchó justo detrás de él.

—No me hace falta que los acusen para expulsarlos de mi institución.

—Usted no puede hacer eso, ¡estoy becado!

—Es que ya lo hice, señor Patterson, recojan sus cosas, ambos. —Señaló la puerta severo, estos dos se fueron refunfuñando. El hombre mayor volteó hacia las chicas, —¿están bien?

La mayor de las dos por un año estaba tirada en el suelo con algunas heridas sangrantes y la otra estaba agachada a su lado tratando, inútilmente, de tratar sus golpes antes de proceder a llevarla a la enfermería.

—Sí... estamos bien, gracias por haber llegado a tiempo, decano.

El hombre de cabellos blancos asintió y con algo de preocupación envió a las chicas a la enfermería, lugar al que Natalia iba seguido o, en su caso actual, despertaba en esa camilla con Sofía a su lado, esta vez no fue la excepción, pues el director ayudó a Sofía a llevar a Natalia al sitio mencionado donde la enfermera empezó a curarla, pero dejaba a la otra chica quedarse puesto que daba por sentado que aunque le dijera que se fuera, caería en oídos sordos así que se resignaba. Cuando terminó de limpiar, curar, vendar las heridas, la anciana enfermera dejó a las dos chicas a solas, confiando en que Natalia estaba en buenas manos, esbozó la sombra de una sonrisa y se retiró en silencio. Sofía tomó la magullada mano de su mejor amiga entre las suyas de forma distraída.

—Nunca entenderé por qué tienes la maldita necesidad de dejarte maltratar por gente imbécil... no conoces tu valor, tu fuerza, que sí eres importante para mí al menos...

La menor le hablaba aunque esta estuviera prácticamente inconsciente, solían discutir a veces por el mismo motivo, pero la otra era bastante testaruda, no se creía la gran cosa, para ella era "una chica más en este estúpido mundo", que llegó simplemente para joder y complicar la vida de los que la rodeaban, claro que, Sofía opinaba completamente distinto.

Pasaron al menos dos horas antes de que Natalia despertara acostada en esa camilla de la enfermería, adolorida como si le fuera pasado encima una estampida de elefantes, me matará un elefante, qué lindo todo. Rodó un poco los ojos pero cuando intentó acomodarse soltó un quejido cansado provocando que Sofía se sobresaltara un poco.

—Tranquila, no te muevas mucho, estás malograda, deja que te ayude...

—No, estoy bien— su voz se oyó ronca y seca, tercamente y con movimientos lentos pero mecánicos fue sacando los pies de la camilla y se levantó, tembló ligeramente pero a su pesar se tragó su dolor e hizo como que todo estaba perfectamente.

—Te acompaño a casa, no te dejaré irte sola —sentenció con seriedad su mejor amiga. Esta abrió la boca y la cerró apretando un poco s mandíbula, no gustándole del todo pero sin querer negarse tampoco.

—No deberías perder las clases por mí.

—Olvida las clases, esto es más importante que un par de tontas anotaciones con diapositivas.

Sin más, las dos amigas fueron caminando hasta la casa que ambas compartían, al llegar se pusieron a hablar, jugar, reír, ser ellas... esos momentos eran los que la mayor valoraba más, secretamente agradecía haber chocado con esa pendeja en aquel café en sus años de secundaria. Dos torpes chicas que se complementaban mutuamente y que ninguna podía vivir sin la otra. Prácticamente, Sofía era la única persona que sabía el gran secreto de Natalia y era por eso también que se la vivía nerviosa.

Pasaron las próximas horas entre risas, comida y peleas de cosquillas, parecían pequeñas niñas de vuelta, correteándose y atacándose, reían a carcajadas, solo eran ellas en aquel momento, sin embargo el lindo momento se vio interrumpido al salir la luna de color anaranjado pero en cuarto menguante, una constelación específica se formó en el cielo plagado de hermosas estrellas, Natalia rápidamente se alejó de Sofía y de tanta fuerza impactó el estante generando que este se agrietara, Sofía veía a Natalia poco a poco cambiar de forma, había estado presente en varias de sus transformaciones antes, quiso acercarse a su mejor amiga mas esta colocó una mano al frente frenándola en su sitio, ahora sus ojos eran de un color anaranjado casi rojo intenso, los colmillos y uñas se le alargaron de a poco, cuando la luna estuvo en su punto, Natalia no era una figura del todo humana, era una criatura hasta linda de ver, una especie de felino gigante de color plateado con una franja color negro, vertical desde su frente hasta su cráneo, en este punto, Sofía se tapó los oídos muy bien antes de que la ahora criatura rugiera tan agudo que una ventana terminó explotando, el animal se agarró la cabeza y sin esperar más salió corriendo de su casa hasta el bosque sin prestarle atención a los gritos de su amiga que intentaba seguirle el paso sin obtener resultados.

Volviendo con la mítica criatura, cuando estuvo o suficientemente lejos se sentó en un tronco viendo el cielo, ahí donde se podía observar la constelación que consistía en la figura de unas alas ensangrentadas, algo grotescas, pudiera decirse, en medio de estas yacía aquella bella luna en cuarto menguante que podía traer tanto problemas como bonitas experiencias, en el caso de la chica, eran más problemas con los que lidiar. Mientras estaba ahí sentada, visualizó un grupo de uniformados, sacando provecho de unas cuantas mujeres y algunas niñas también, apretó los dientes y gruñó fuerte mientras se paraba de ese tronco con decisión, al ellos verla, cambiaron a un color pálido mientras subían temblorosos sus fusiles y la apuntaban, esta rio amarga, se interpuso entre las mujeres y aquellos uniformados, esas mujeres, cabe resaltar que las cubría apenas una delgada prenda de ropa.

—¿Q-Quién e-eres?

Temblaban como si fueran gelatina, la felina enseñó una hilera de afilados dientes mientras acortaba la distancia, un disparo impactó en su brazo pero parecía que su piel también era casi impenetrable, aprovechó la herida para exprimírsela un poco y dejar un poco de sangre caer sobre el hombre que soltó un quejido puesto que la sangre de ella al tener radiación, quemaba, cuando acabó aquello estiró el brazo y de un solo apretón hizo que ese hombre se rompiera en dos, le había fracturado cada hueso y sus alaridos no se hicieron esperar y los demás disparos tampoco, todos impactaron en su cuerpo pero ni se inmutó, estaba ocupada tratando de separar piernas y torso, cuando lo consiguió, soltó aquel cuerpo con las entrañas esparcidas sobre un charco de oscura sangre, los demás uniformados tragaron pero dos de ellos lanzaron dos granadas, ella las tomó entre sus grandes manos y se las devolvió, volaron restos por todos lados, la bestia sonrió un poco y volteó a ver a los tres hombres que aún quedaban.

—N-No nos m-mates, p-por favor.

—L-Lo sentimos.

Ella se los quedó mirando antes de embestir contra dos de ellos manteniéndolos contra el suelo con su peso y comenzando a repartirles golpes como si de sacos de boxeo se tratara, estaba fuera de control, sus ojos ahora también tenían tonos morados, rabiosos, estaba desquitándose por cada uno de los días en los que había sufrido. Luego de unos minutos, ambos rostros estaban irreconocibles y tenía objetivos claros, matarlos a los dos a golpes, tan cegada estaba que no se dio cuenta que el último uniformado que quedaba suelto había sacado una gran jeringa con un líquido fucsia brillante y la había inyectado con eso, ella chilló sintiendo el dolor unos segundos hasta que, como si fuera por arte de magia, dejó de golpear aquellos cuerpos ahora, sin vida, el militar sonrió con sorna.

—No eres tan fuerte ahora, ¿verdad? Veamos, por dónde comenzar... ¡ya sé! Mata a esa niña— señaló, sonriendo como un maniaco.

Natalia dentro suyo negaba y con todas sus fuerzas quería resistirse a aquella macabra orden, todas las mujeres y demás niñas negaban aterradas, ella intentó no hacerle caso pero s cuerpo se estaba moviendo por sí solo sin ella poderlo evitar del todo aunque lo intentó y como consecuencia le salió una herida bastante profunda en su rostro, como si le fueran pegado un zarpazo. Cuando llegó hasta dicha niña la agarró lista para apretarla.

—Oh, vamos, Bortex, enseña tu potencial, ¡no seas tímida! —Agregó, pero justo cuando estaba a punto, el hombre habló de vuelta. —¡No! ¡Tengo una mejor idea! ¡Mátalas a todas! Luego puedes cobrar venganza de... Patterson.

Lo último lo había dicho a propósito, sonriendo incluso más amplio que antes ya que sabía que actuaría como un detonante y estaba en lo cierto, en cuanto aquel apellido había abandonado la boca de ese sujeto, la vista de "Bortex" se había oscurecido y cegada por el profundo sentimiento de venganza, mató a todas y cada una de las chicas incluidas las pequeñas infantas, el ambiente se llenó de chillidos, alaridos, gritos de completo terror, había hecho una fiesta de sangre, una maldita masacre, una en la que se oían huesos quebrarse, sangre saliendo a borbotones como si de cataratas se tratara, órganos vitales desparramados y distribuidos por todo el lugar, cuando terminó, se paró frente a su controlador como si esperara nuevas órdenes.

—¡Gran trabajo! Es hora de comer, sin embargo, sírvete.

Creo que estaría de más decir que Bortex aparte de masacre, también tuvo un gran banquete y una dieta rica en proteínas, claro que sí. Cuando hubo acabado, Natalia por dentro se preguntaba qué carajo había hecho, no pudo seguir pensándolo ya que le habían inyectado otra dosis de Trilenol, sintió el compuesto meterse en su sistema, se volvió a quejar.

—Vamos, tenemos un gran trayecto antes de que acabe la noche.

No quería irse con ese hombre pero su cuerpo no la obedecía a ella a estas alturas por más que pataleara dentro de su mente, pasados unos minutos estaban en un barrio que conocía demasiado bien, para su desgracia, era la residencia de Alan Patterson. En su cabeza se comenzaba a cuestionar ¿en serio voy a matarlo? ¿Qué será de mí mañana?

—Bueno, aquí estamos, como te lo he prometido, búscalos a todos ellos y acaba con ellos, que tu sufrimiento no sea en van...

—¡Hasta que te encontré! ¿Quién es él?

Fue interrumpido por nadie menos y nadie más que Sofía, la bestia no reaccionó externamente, sin embargo lo hizo de forma interna y le habló directamente en su cabeza

—¡NO! ¿QUÉ MIERDA HACES AQUÍ? TE HARÉ DAÑO, ¡VETE,VETE,CARAJO!— la miró con la cara desencajada para que le hiciera caso.

Sofía simplemente le devolvió la mirada y negó, no iría a ninguna parte. El militar que había visto un poco la interacción, empezó a reírse bastante fuerte, soltaba grandes risotadas y hasta llegó a agarrarse la barriga por la risa.

—Vaya... quieres ser parte de la fiesta también... ¡perfecto! ¡Absolutamente perfecto! Bortex, tienes compañía para divertirte, ¿no es eso fantástico? Empecemos con un golpe, ¿está bien eso para ti? Quiero que la golpees, sácale el aire —mandó bastante chistoso mientras veía al monstruo luchar para no tener que hacerlo.

Aparecieron en su cuello algunas cortadas más y aun así no pudo contenerse totalmente cuando ya había lanzado un puño hacia el estómago de su mejor amiga y pese a que esta retrocedió unos pasos igual la impactó de lleno provocando que sus manos se cubran la zona adolorida.

—N-Naty... e-eres más f-fuerte que e-e-so. —incluso llegó a escupir un poco de sangre.

—Ahórcala un poco, ¿no? ¿o acaso quieres matarla de una vez? —sugirió completamente tranquilo pero sonriente.

La criatura gruñó fuerte acercándose, al último momento se echó para atrás pero aparecieron tajos profundos en su abdomen, para ella valía la pena, no sabía por cuanto más aguantaría antes de tirarse sobre Sofía, así que desesperada, volvió a gritarle en su mente.

—SOF... P-POR FAVOR VE TE— apretaba tan fuerte los puños que hasta las palmas se estaba hiriendo, su amiga la vio preocupada.

—¿Acaso no te pedí que la ahorcaras? ¿QUÉ ESPERAS, LA FOTO?

Bortex envolvió su gran mano en torno a su cuello pero trataba y trataba de soltarla, con su fuerza sobrehumana logró separarse.

—Me parece que tendré que usar la última jeringa.

Sofía antes que el tipo llegara al cuerpo de la bestia, se lanzó contra el brazo de este y con una mordida lo hizo soltarla mientras él gritaba e intentaba sacudírsela de encima, Natalia trató de dominar su cuerpo, primero daba pasos muy lentos hasta que se acostumbró a la sensación y cuando recobró fuerzas agarró con toda su fuerza a aquel hombre.

—SUÉLTAME, ANIMAL, ESTÁS BAJO MI CONTROL TODAVÍA, TE LO RECUER...

Se resistió a esa orden pese a las demás heridas profundas que le salieron en un costado y de un solo tirón desprendió la mandíbula inferior del militar provocando sus gritos desgarradores, luego tomó su mano y de cuajo le arrancó el dedo pulgar, sus gritos seguían y seguían pero extrañamente, nadie parecía percatarse de todo lo que estaba pasando a los alrededores, como último movimiento, Sofía agarró la jeringa que se había caído al suelo y sin ningún arrepentimiento, le inyectó el compuesto fluorescente, más alaridos que pronto dejaron de escucharse pero se vio cómo comenzaba a colgarle la piel de los pómulos y de todo el cuerpo, se notaban los huesos, cuando terminó de consumirse, simplemente dejaron ahí la estructura ósea que había pertenecido a aquel hombre.

—Bien, ahora soy tu nuevo controlador, vuelve a la normalidad.

La bestia, con un alivio notable, volvió a ser un Bortex normal y, posteriormente, una humana, ahí era donde se sentían sus heridas, pero había conseguido lo inevitable, poderse resistir al control, estaba realizada por un lado pero luego recordó todo el desastre que ocasionó y comenzó a caminar sin un rumbo fijo con la menor siguiéndola.

—¡Nat, espera! ¿Qué pasó? —preguntó extrañada de la actitud de su amiga.

—CASI TE MATO, MALDICIÓN, ESO PASÓ —gritó bastante afectada, se dejó caer en otro tronco, Sofi se sentó a su lado en silencio mientras la envolvía en un abrazo y trataba de reconfortarla.

—Shhhh, no pienses en eso, estoy viva, pudiste resistirte, eso es lo que importa.

—Hice... cosas horribles, yo... yo...

—Estabas bajo control mental, no puedes culparte— acariciaba su cabello.

—No quita el hecho que maté inocentes, justo después de haberlos salvado— tenía sus rodillas abrazadas hacia su pecho como una pequeña niña, Sofía no la había soltado, más bien, la apretó más a ella si podía.

—Escúchame, nadie quiere matar inocentes de gratis, esa no eras tú, yo estoy en una pieza, es absurda tu preocupación ahora mismo, propongo que vayamos a casa a comer helado y ver películas— sonrió cuando oyó la suave risa de su acompañante. —Al menos hice que te rieras, punto para mí. —volvieron a reír pero al final se vieron a los ojos.

Los de la mayor seguían teniendo puntos naranjas y violetas pero para su amiga eran perfectos, estuvieron largo rato mirándose hasta que no supieron cuándo ni cómo, lo único que supieron fue que tenían los labios de la otra sobre los suyos y decidieron que era ahí donde les gustaba estar, eran ellas y nadie más...

Relato de: estefa141298

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