TRECE
— Deberian estar trabajando, no mirando. - Exclamó Dylan algo molesto, puesto a que todos estaban muy pendientes a lo que hablabamos la Señora Sprouse y yo.
Escuché como todos regresaban a sus lugares de trabajo, dando un vistazo a Barbara y Eliza, quienes me daban una mirada de preocupación.
Tomé la mano de Cole, sintiendo la cálidez en su mano y la desconfianza en su agarre junto a la mía, causando unas pequeñas mariposas en mi estómago, mientras le ayudaba a subir las escaleras.
— Coloca tus manos en mí, sin vergüenza, agárrate de mí. - Dije mientras tomaba con fuerza su mano, ya que le costaba caminar.
Sentí como colocaba su mano en mi cintura, apegandome a su cuerpo mientras buscaba mi mano, tomando esta firmemente.
— Lo siento, me da miedo llegar a caerme. - Susurró y le respondí un "no te preocupes", sabiendo que él necesitaba confort.
Caminamos lentamente, esta vez hacia su habitación, cerrando la puerta con mi píe, ayudando al pelinegro a acostarse en la cama, acomodé las almohadas detrás de él para que pudiera estar cómodo, para luego quitar sus zapatos con delicadeza, como si se tratase de un cristal.
Le miré unos segundos y sentí las lagrímas bajar en mis ojos, mientras él se acomodaba en la cama.
— Puedes irte, mi madre esta loca, seguro solo serán unos días, duele bastante para esta bien. - Dijo intentando sonar tranquilo, sabía que Cole no lo estaba, solo trataba de que lo dejara solo, ya que tenia una expresión de seriedad inhata.
Negué mientras limpiaba mis lagrimas, aclarando mi garganta.
— No, tu madre me ordenó algo, me quedaré contigo hasta que ella venga, ¿estás cómodo así?, ¿necesitas algo? - Pregunté, mirandole nuevamente.
— Todo bien, ¿podrias darme análgesicos?, en realidad me duele y sigo un poco mareado. - Me respondió, y asentí, susurrando un 'ya vuelvo' mientras salía de la habitación.
Fuí escaleras abajo, tratando de apurarme ante su pedido, preguntando de dichas pastillas hasta encontrarlas, soltando un suspiro, aún me sentía algo preocupada por él, asi que apresuré el paso, caminando ahora en dirección a la cocina, viendo ahí a Barbara y Eliza.
— ¿Todo bien? - Me preguntaron al mismo tiempo y hice una mueca, pasando a su lado para poder servir el agua.
— Bueno, él aún sigue delicado, no entiendo del todo lo que le sucedió, supongo que vamos a enterarnos luego. - Hice una pequeña pausa y ellas asintieron, soltando un suspiro.
— Le llevaré esto, cualquier cosa les aviso. - Hablé nuevamente, antes de salir de la cocina.
Tomé las otras medicinas que estaban en la mesa de la casa, para llevarlas junto a lo que Cole me habia pedido, ¿qué le habrá pasado?, me gustaria preguntar pero sé que no es el momento y que deberia esperar a enterarme. Negué mientras quitaba las ideas de mi cabeza, subiendo los últimos escalones de la casa, pasando frente a algunos cuadros de Cole y algunos reconocimientos de Dylan.
Toqué la puerta con sutileza, y entré una vez que escuché que él respondía, camine junto a la mesa de madera que habia en su habitación, colocando ahí las medicinas, para luego sacar las pastillas que me habia pedido tiempo atrás, le dediqué una sonrísa torcida y caminé hacia él.
— Son las pastillas que me pediste, si necesitas otra cosa estaré aquí, ¿si? - Hablé lo más cálido posible y él asintió, haciendo una mueca de dolor, a lo cual le miré preocupada.
— ¿Esta todo bien? - Pregunté, tomando su mano para que tomara la pastilla junto al vaso de agua.
— Me duele un poco la cabeza, eso es todo, sabes, es gracioso, ya que no sé y nadie en sí sabe cuanto tiempo estaré así, ¿tú me cuidaras estos días? . - Dijo antes de soltar una suave rísa, la cual se fué de sus labios mientras hacia una mueca, tocando su cabeza como si le doliera algo.
— No te esfuerces, no rías ahora, y no sé, lo que diga tu madre. - Mordí mi labio mientras me regañaba internamente por lo que habia comentado en un inicio.
Una sonrísa se formó en sus labios y tomó la pastilla, bebiendo un poco de agua, mientras mis mejillas estaban en llamas. Oh, tragame tierra y escúpeme en otro lado, es un infierno ver esos labios sonreír y no poder besarlos, pensé.
— ¿Qué importa?, seguro será poco tiempo, por ahora serás mi niñera. Tengo algo de sueño. - Habló y asentí, tomando el vaso que estaba en sus manos, llevandolo a la mesa.
Acomodé las almohadas de trás de él, quitando algunas para que él se pudiera recostar de manera cómoda, mirando su cálida sonrisa por algunos segundos, mierda, otra vez las malditas ganas de estampar mis labios contra los suyos.
Negué,intentando escapar de lo que habia pensado anteriormente, volviendo a acomodar las cosas a su al redor.
— Deberian haberte dado una silla de ruedas, estas adolorido y será cansado que te muevas así. - Sugerí y él hizo una mueca.
Caminé al apagador de la luz, dejando encendida unicamente la lámpara de noche, acomodandome en el suave y cómodo sillón que tenia el pelinegro.
— En realidad no sé que es lo que vaya a pasarme, pero suena horrible si lo dices así. - Soltó una melódica rísa, haciendo que sus perfectos dientes salieran de sus labios.
Solté un suave suspiro, esta seria una noche difícil. Una noche cuídando a mi posible amor más grande.
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El tiempo pasó así, habian pasado al rededor de seís horas en las cuales Cole descansaba placidamente, por el contrario, en cuanto a mí, me encontraba algo preocupada, si bien no sabia que era lo que le pasaba en la vista, igual me aterraba el saber que le sucedia pero no poder hacer nada.
La noche callada pero cerca de los suspiros de Cole me acurrucaban, pero mi cabeza me atormentaba.
Estaba tan centrada en mis pensamientos hasta que escuché algunos golpecitos en la puerta, caminé sin hacer ruído y abri la puerta de madera, teniendo una visión de la madre del ojiazul.
Me hizo una seña y caminé fuera de la habitación, cerrando esta con sumo cuídado.
— Lamento haberme tardado tanto, disculpame en verdad, sé que no es tu deber cuídar de mi hijo y mucho menos es tu trabajo tener que lidiar con esto, pero estaba preocupada por la situación de Cole.- Hablaba mientras acariciaba mi brazo con cálidez.
Si tan solo la señora Sprouse supiera que llevo enamorada desde hace años de su hijo seguro no estuviera diciendo esto, pensé y contuve una risa.
— Estoy a sus órdenes, lo que usted necesite, en verdad. - Asentí ligeramente, mientras intentaba concentrarme en lo que conversabamos.
Tenía tantas preocupaciones en la cabeza que justo el centrarme en uno solo parecía mi peor enemigo.
— Gracias, querida, gracias por haberme ayudado con Cole, te agregaré un pago extra, seguro fue cansado. - Me brindó una sonrísa cansada de apoyo, a lo cual yo solo le regresé esta misma.
— No es nada, solo hago mi trabajo. - Le respondí y ella asintió esta vez.
Así fue como culminó mi conversación con ella, la ví darle un vistazo a Cole, regresando de donde habia venido, caminando por las largas y casi interminables escaleras del hogar.
Solté el aire que habia retenido, llevando mis dos manos a mi pecho, abríendo delicadamente la puerta de la habitación del pelinegro, entrando lentamente a esta.
Me puse en cunclillas al lado de la cama, viendo el cabello descuídado que caía por su frente y sus labios carnosos entre abiertos a causa del sueño. Pasaron algunos segundos y mi mirada no desvíaba su punto fijo, sus labios rosados que parecian de ensueño.
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