▶37◀
Murió. Ryan murió. Era una noticia fuerte optando con que había sido mi pasado y ahora todo se regresaba como un Boomerang, toda la vida, recuerdos, palabras, momentos que intente borrar regresaban a mi de manera potente y con sed de venganza.
Como un rayo mi cerebro maquino trayendo a la vida todos esos recuerdos que guardaba en lo más profundo de mi ser.
Llegué al recuerdo donde le decía a Ryan que me iba, sentí los golpes como si fueran recientes, un chico a la salida me ayudo al ver lo mal que estaba, eran ojos azules llenos de tristeza y agonía, sentí miedo al verlo pero lucía diferente no como el chico de ahora.
Di dos pasos atrás al recibir el impacto de mi nombre salir de su boca.
— ¿Hace dos años no lucias así?
— Me hice cirugías y la pubertad ayudo un poco.
El miedo invadió mi cuerpo, podía verlo, podía ver a través de él, el odio y la rabia mezclado con la tristeza eran claros en su mirada. El quería hacerme pagar la muerte de su hermana al igual que había hecho con Ryan. Mis ojos escocieron ante la imagen de él muerto, había sido un animal conmigo pero eso no quita los sentimientos que tuve por él.
Se acercó a mí a paso lento, retrocedí pero mi espalda choco con la pared quedando acorralada, estampó una de sus manos contra esta haciéndome estremecer, su mano libre paso por mi labio.
— Ahora entiendo por que enloquecen por ti —tragué duro—. Eres como el infierno, caliente, tentador, atractivo, ni las chicas con las que he estado te superan, ¿Me pregunto que se sentirá estar dentro de ti?
Me pegue más a la pared en un intento de alejarme, tenia miedo, él era más grande que yo. Lo golpeé en sus pelotas haciéndolo retroceder, salí de hay corriendo por el pasillo en busca de una salida, escuché su voz llamarme pero no me detuve. A lo lejos vi una puerta, mis pies descalzos sentían el frió del suelo pero el calor que emanaba mi cuerpo lo superaba, abrí la puerta con esperanza de que fuera una salida.
— ¡Ah! —un grito desgarrador salio del fondo de mi garganta al ver la escalofriante escena—. No, no ¡No! —repetía, mi cuerpo temblaba, las lágrimas salieron en gruesas gotas mientras me dejaba caer al piso devastada. Sentí un sudor frió recorrer mi espalda y frente.
Me arrastre por el piso hasta llegar a su lado, mi pulso fallo cuando vi su rostro.
— ¡Johan! Johan despierta —el dolor en mi cuerpo era intenso, mi garganta dolía por los gritos. No el—. Mírame por favor —mi voz era una suplica—, lo lamento tanto.
Abracé su cuerpo frío tratando de calmar el dolor que me causaba verlo sin vida. La sangre manchó mis manos pero no me importo en ese momento solo quería que regresara, lo quería conmigo.
— Te dije que te detuvieras, ¿Por que lloras?
Su voz me enfermaba, salio tan dulce que asustaba, verlo en la entrada de la puerta era causar más emociones en mi cuerpo.
— Oh Johan —expreso con pena fingida—, fue tan lindo en intentar salvarte. El me descubrió espiándote, intento deshacerse de mi que iluso fue, morir por amor eso es de la época pasada.
La rabia invadió mi cuerpo al escucharlo decir eso.
— Lloras por su muerte, creí que era por tu amiga. —abrí mis ojos.
— ¿Qué? —pregunte con un hilo de voz.
— La muy zorra se metió donde no debía —soltó una carcajada—, fue tan estúpida al creer que lograría algo.
— ¡¿Donde esta?!
Señalo algo detrás, con el corazón en la boca mire en la dirección. Podía sentir la bilis subir.
Podía sentir el mundo desaparecer, escuche mi pequeño corazón partirse, era demasiado para mi. Un grito ahogado me invadió. Cerré con fuerza los ojos despertándome del sueño pero al abrirlos seguía hay, su cuerpo seguía hay. La sangre manchando su hermoso rostro, tomé su pequeño cuerpo entre mis brazos, me balancee de atrás hacia delante. Me sentía ansiosa, sin dolor o frustraciones, sentí mi alma abandonarme llevándose el dolor con ella. Mi mente viajo 8 años atrás.
— ¿Eres la chica nueva?
Su voz era melodiosa y chillona, una rara combinación.
— Si.
— Mmm, mi mamá me dijo que fuera amable pero creo que no es necesario.
— ¿Por qué?
— Siento que no es necesario ser grosera contigo.
Ladeé la cabeza sin entender. Ella levanto los brazos y los bajo chocando con su piel.
— Te explico —se sentó a mi lado—, estoy acostumbrada a tratar mal a las personas, las niñas me ven feo y los niños no juegan conmigo. Dicen que no estoy a su nivel.
La tristeza se reflejo en su rostro.
— Que niños tan tontos, ellos no saben lo que se pierden.
— ¡Sí! —exclamó sonriendo, reí tapando mi boca porque le faltaban dos dientes.— A ti también te faltan dientes no te burles. —señalo frunciendo el ceño.
— ¿Quieres ser mi amiga? —sus ojos brillaron.
— ¡Si! Haremos pijamadas, veremos películas y cuando estemos grandes conoceremos chicos, ya veras que los más lindos serán ¡Para nosotras!
Reí a carcajadas por su comentario.
— Para que chicos si nos tendremos a nosotras, seremos inseparables. Seremos como el Yin y Yang.
— Tu eres blanca y yo trigueña, tienes ojos de color grises y... amarrillo y yo azules, tu cabello es castaño claro y el mio negro, pero nuestros corazones siempre serán iguales.
— ¿Cual es tu nombre?
— Annie y ¿El tuyo?
— Brenda.
Unió su mano con la mía antes de decir al mismo tiempo.
— Amigas por siempre.
— Es una promesa.
— Hasta el final.
Hasta el final, susurré a su cuerpo inmóvil.
— ¿Recuerdas nuestra promesa? ¡¿Recuerdas lo que me dijiste?! Juntas hasta el final Annie, pero no llegamos hasta el final, me dejaste a medio camino. Que sera de mi vida sin ti, hemos estado peleadas pero eres mi amiga —mi voz se quebró—, eres lo único bueno en mi miserable vida Annie y te fuiste, me dejaste. Pero siempre ¡Siempre! Escúchame bien Annie Brows, siempre seremos amigas.
— Es una promesa. —escuche en el vació.
— Hasta el final. —dije desarmándome.
Se fue, se había ido mi cómplice, lo mejor que tenia en la vida, la que me escuchaba en mis momentos de agonía y felicidad, eramos nuestro ancla. Lo eramos todo juntas.
Toque la cadenita que colgaba de mi cuello.
Siempre seremos como el Yin y Yang.
Confía con que el vació le llevaría mis palabras, confiaba con que ella siempre estaría.
Tome la mano de Johan.
— Promete que cuidaras de ella donde quiera que este.
Tome la mano de Annie.
— Y tu promete que le joderás la paciencia por mí.
Uní sus manos dándoles un beso a cada uno. Me sorbe la nariz mientras lágrimas caía libremente por mi rostro hasta tocar el suelo.
Si me preguntaran que es lo más doloroso del mundo diría que es perder a la persona con quien compartías tu vida.
«Estaremos bien»
Sonreí ante sus voces, la locura era lo mejor del mundo.
— Es el peor dolor ¿No? Ver a los que amas morir.
Alcé mi vista viendo al culpable de mi sufrimiento. Y con todo el dolor del mundo le hable.
— Los mataste, que querías verme abatida pues lo lograste, mírame. Parezco un muerto. Sin vida. Durante 5 años a sido así. Conocí personas maravillosas, cree un muro y tu vienes y pretendes destruirlo, primero muerto. —sentencié.
Una sonrisa se formo en su rostro.
— Siempre tan buena y noble, pensando en los demás. ¡Por que no pensaste en mi hermana al verla morir!
— ¡Yo no la mate! Fue Ryan entiéndelo.
— ¡No! Tu lo ayudaste y pagaras por eso.
Como un demonio se acercó hasta mi tomándome del cabello, se arrastro por el pasillo, llevándome hasta su hermana. Me soltó haciendo que mi cara impactada contra el piso, palpé el sabor metálico en mi boca. Apoye una mano en el piso estabilizándome, al sentarme un fuerte golpee en mi cara me lanzo de nuevo al suelo desorientándome por un momento. Pestañeé calmando mi cabeza que daba vueltas. Un peso en mis muslos me alertó, me recompuse cuando sentí la tela de mi falda subirse. Mi corazón martillo en mi pecho al pensar lo que venía, intente forcejear pero sus golpes me llevaron casi a la inconsciencia sentí una dureza a través de la tela de sus pantalones, unas manos sobaron mi cara.
Me sentía ida, ni los golpes que recibí de Andrew eran tan violentos.
Andrew.
Mi diablo.
Sentí sus labios contra mi boca, el sabor a sangre mezclándose.
— Andrew.
Unas manos en mi cuello me robaron el aliento, tosí buscando oxígeno.
— Andrew no vendrá a rescatarte. Recuerdas que se metió con tu mejor amiga —un vaso de agua fría cayó en mi rostro ahogándome. Estaba muriéndome por la falta de aire—. ¿No te bastó con la foto que te mandé? Te dolió que se follara a otra que no eras tú.
— Aire —supliqué. Tosí descontroladamente cuando sus manos soltaron mi cuello de forma brusca, podía sentir el aire llegar a mis pulmones, inhale y exhale repetitivamente.
— ¿Qué haré contigo Brenda? —tocó su mentón pensando—, intenté matarte con un accidente de auto, casi mueres. Intente que Cleyton lo hiciera y termino muerto él. Intente envenenarte pero nunca tomaste del vaso que te ofrecí en la fiesta.
Lo dijo tan tranquilamente, como si de un juego se tratara.
— Eres una maldito bastardo, ¡Estas demente!
— Deja la bulla la despertaras.
Observé como arropaba a su hermana, sus ojos la miraban con adoración, estaba loco.
Grite por todo lo alto mientras me llevaba a una especie de sótano. El pánico me sobrepaso al ver el lugar, armas chinas, cuchillos de todas las clase reposaban en una mesa, armas de todos los calibres estaban cargadas pegadas a la pared, látigos, espadas, cuerdas, todas las herramientas de tortura estaban en ese lugar, en una esquina mire unas cadenas que reposaban en lo alto.
Desearía que esto fuera como las cincuentas sombras de Grey.
— Se acabaron los juegos.
La sonrisa endemoniada que me dio no me gusto para nada.
El pensaba torturarme hasta morir.
Quería ver mi sangre correr.
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