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Anhelo tintado

El primero lo encontró en su té.

Un pétalo blanco puro.

¿De dónde vino?

Tal vez lo sabría si sus pensamientos no hubiesen estado vagando cuando el pétalo cayó. Pero no prestó atención, su pensar no enfocaba el cosquilleo en su garganta al beber, lo distrajo una imagen, un recuerdo, una persona. Un complot entre su mente y corazón.

Así, el origen del pétalo se volvió un misterio.

En Qing Jing, lo único que abunda son los árboles de bambú, solo hay hojas verdes en la montaña, el mismo color que sus túnicas. No hay forma en que un pétalo blanco invada su bebida.

Tomó el pétalo entre sus dedos, lo examino por segundos, la mitad de él desentrañando su procedencia, la otra mitad perdida en su color.

Blanco.

En Qing Jing, el blanco es un color lejano. Pero en Cang Qiong, hay un lugar donde tal pétalo podría mezclarse a la perfección. Excepto que en ese lugar no hay flores. Incluso si las hubiera, serían destruidas entre combates y espadas.

En tal lugar, no hay cabida para lo bello y delicado. Ahí, es un terreno de supervivencia, una lucha de supremacía.

Sin embargo, en una ironía que Shen Qingqiu descubrió hace poco, en la cima de los guerreros hay una belleza blanca de aspecto delicado.

El mismo que lo ha hecho revivir la humillación, que despierta en él la envidia. Un recordatorio de anhelos pasados.

Liu Qingge.

El nombre empaña el pétalo y Shen Qingqiu lo estruja, forzando a ambos a desaparecer de su cabeza.

La segunda ocasión, tampoco lo pensó a fondo.

—Lamento todas las molestias, espero que esto sea suficiente para compensar este desastre. Por favor, no lo rechace— agrega al final notando las intenciones de la otra parte.

La mujer, que mantiene su belleza pese a la edad madura, suspira rendida. Sabe que no puede hacerlo cambiar de opinión. Toma la bolsa que sabe contiene más dinero del necesario.

—En ese caso, déjame llamar a otra chica para que te acompañe esta noche, Ah-Jiu— dice a cambio.

—Esos dos armaron un gran escándalo, tampoco las obligues a venir si no quieren.

La mujer sale y Shen Qingqiu se queda ahí, solo en medio de la habitación semi destruida a causa de los golpes sin refrenar de Liu Qingge.

Se acuesta, esperando recuperar la somnolencia interrumpida, aún si es consciente que esta vez no será posible tener sueños agradables sin nadie a su lado.

Frunce el ceño.

Junto con Yue Qingyuan, Liu Qingge es un eterno dolor de cabeza. Pero al menos el primero deja de hablar cuando se le pide callarse y se va cuando se le ordena marcharse.

Liu Qingge no.

Él es como un perro que ama meter su nariz donde no lo han llamado.

Shen Qingqiu odia a los perros. Esas bestias molestas sin fidelidad, aparentemente dóciles, pero que también pueden atacarte cuando menos lo esperas.

Shen Qingqiu también odia a Liu Qingge.

Odia sus virtudes natas. Su habilidad, su apariencia, su carácter, sus valores, su terca ingenuidad del blanco y negro.

Principalmente, odia que sea un bruto que piensa siempre con los puños y nunca con el cerebro, sin tomar nada a consideración antes de lanzarse al ataque.

De alguna forma, pensar en Liu Qingge lo hace recuperar su adormecimiento. Es simplemente así. La estupidez del otro lo cansa demasiado.

Tose un poco antes de rendirse a los sueños, pero no lo recuerda al despertar. Cuando los pétalos blancos entran en su visión la mañana siguiente, asume que alguna de las muchachas del burdel estuvo de acuerdo con acompañarlo esa noche y trajo con ella algunas flores para recuperar la esencia perdida. Shen Qingqiu encuentra la suposición con sentido. Eso explicaría el sueño plácido.

Hundiéndose en el blanco junto a sus labios, Shen Qingqiu llega a la resolución de hacer que el Pico Bai Zhan le regrese el dinero por los daños al burdel.

No fue sino hasta la tercera vez que finalmente los notó.

Comenzó como una ligera picazón en su garganta que se tornó cada vez más insoportable.

En otro momento, Shen Qingqiu habría fruncido el ceño. Todavía no estaba ni a la mitad del camino para formar un núcleo, pero era lo suficiente fuerte para no sufrir de molestias superficiales como estas.

Sí, desde el momento en que el ardor se presentó debió darse cuenta de que algo estaba mal con él. Teniendo su nivel de su cultivación, el pescar un resfriado por encontrarse al aire libre en una noche fría era tan creíble como el discípulo principal de An Ding fingiendo estar muerto para no tener que pelear y arriesgar su vida con ello.

Pero no lo hizo.

No en seguida.

¿Cómo podría? Entre la vida y la muerte, ¿qué importan pequeños cortes? En medio de la pelea, Shen Qingqiu no tuvo tiempo para notar el picor. Tras la muerte del demonio, su cuerpo está cansado por la lucha y tampoco es fácil de captar.

Eso es todo. Es la explicación racional a la que llegaría en el futuro, cuando se detuviera a analizar, a buscar pistas y rastros; negándose a pensar en cómo la acusación de Liu Qingge de apuñalarlo por la espalda hizo a su sangre hervir en frío silencio. En como esa rabia fría causada por la desconfianza mayormente infundada que el otro tenía arraigada como una creencia absoluta ahogó el escozor en su cuello, pero no el de su pecho.

Por la razón que fuese, lo único claro es que obvió el síntoma por minutos. No fue hasta que estuvo de vuelta en el carro y lejos de Liu Qingge que se sintió extraño, como si...como si hubiese algo subiendo por su garganta.

Shang Qinghua, que estaba conduciendo en ese momento, debió notar la rareza en su comportamiento. Shen Qingqiu capta su voz, parece preguntarle algo, tal vez si se encuentra bien. Sea lo que sea, antes de dejarlo acabar la pregunta, Shen Qingqiu ya se estaba tapando su boca con fuerza. De un segundo a otro, la tranquila noche se vio interrumpida por tosidas consecutivas.

Tiene la impresión de que el carruaje se detuvo, también le parece ver la figura del otro preparándose para saltar junto a él y brindarle apoyo, pero duda al último momento y termina por no hacerlo. En medio de su breve caos, Shen Qingqiu tiene el suficiente raciocinio para felicitar en su mente la sabiduría, o bien, los instintos de supervivencia del sucesor de An Ding. Si se hubiese acercado, no habría dudado en arrojarlo fuera del coche por suponer que necesitaba de su ayuda.

No mucho después de iniciar, la tos parece calmarse y Shen Qingqiu vuelve a respirar con normalidad. Sin embargo, no fue hasta retirar la mano de su boca que descubrió los pétalos blancos pegados a su palma.

A Shen Qingqiu le parece oír el jadeo de Shang Qinghua, pero no lo voltea a ver, toda su atención capturada por el fenómeno inaudito. Si hubiese volteado, habría visto algo más intrigante, y eso sería a Shang Qinghua observándolo, primero con sorpresa, después con horror, cediendo al triste reconocimiento, hasta culminar en una sonrisa torcida, irónica, empática.

Pero Shen Qingqiu se lo perdió, y todo lo que obtuvo de Shang Qinghua esa noche fue una sugerencia vacía.

—Shen-shixiong, deberías visitar Qiao Cao.

No es como si Shen Qingqiu necesitara que Shang Qinghua se lo dijera para hacerlo.

Fue a Qiao Cao en cuanto estuvo de regreso en la montaña, pero cuando llegó, descubrió que el Maestro de Cumbre había salido a algún viaje a buscar hierbas espirituales especiales. Fue Mu Qingfang quien lo atendió.

El discípulo principal revisó el cuerpo de Shen Qingqiu, su energía espiritual e incluso los pétalos que había traído con él.

—La circulación de tu energía es correcta, no hay rastros de maldición en tu cuerpo ni de alguna clase de veneno. Los pétalos también son pétalos comunes, sin energía resentida en ellos. Esto...no parece haber nada mal contigo, Shen-shixiong.

—¿Sugieres que deliré? ¿O acaso crees que estoy mintiendo?

El semblante de Shen Qingqiu se oscureció, Mu Qingfang se apresuró a negarlo.

—Este shidi no piensa así. Es solo... Nunca había visto esto antes.

Shen Qingqiu era un hombre perspicaz. Captó la implicación de inmediato.

—Nunca lo has visto, pero sabes qué es, ¿no es así?

Mu Qingfang miro a Shen Qingqiu con inusual reticencia.

—Solo dilo.

Detesta la evasión. Aborrece el silencio en lo que deberían ser confesiones.

Mu Qingfang se rinde.

—No me malinterpretes, Shen-shixiong. No es que no quiera decirlo, es que tampoco tengo mucho que decir.

Mu Qingfang caminó hasta donde estaban las muestras de los pétalos.

—Todo lo que sé es algo que me contó mi Shizun hace un tiempo. Se dice que existe una enfermedad donde los sentimientos del afectado son tan profundos que se materializan en flores que crecen en el interior del cuerpo. Pero se supone que era solo una leyenda. Nunca pensé que existiría realmente.

Shen Qingqiu frunció el ceño. Con pétalos en mano, Mu Qingfang hacía lo mismo.

La punta del abanico de Shen Qingqiu golpeaba su barbilla, contemplando la poca información que tenía y buscando en sus memorias de todos los pergaminos en Qing Jing que ha leído.

—Deberíamos esperar a que Shizun regrese. Él puede saber...

—No me estás diciendo todo.

El comportamiento de Mu Qingfang era impecable, profesional. Realmente no había nada que lo delatara en su actuar para acusarlo de eso. Pero Shen Qingqiu ha pasado por muchos engaños. Él mismo podría ser un maestro de este si no lo considerara repulsivo.

Es sencillo para él detectar que, si bien Mu Qingfang no está mintiendo, tampoco es sincero por completo.

El silencio posterior es pesado y Shen Qingqiu tiene una premonición.

—¿Es grave?

—...

No hay respuesta y Shen Qingqiu da una profunda respiración. No es médico, pero tampoco idiota. Hay flores creciendo en él, es imposible que no cause estragos en su organismo. Rememora la sensación cuando las flores subieron por su garganta y una idea se forma lentamente.

—No solo es grave, ¿verdad?

Mu Qingfang cierra sus ojos, impotente a la verdad que no puede ocultarse. Que tampoco debería de ocultarse.

—...Estas flores siguen creciendo, lo suficiente grandes para cubrir los pulmones e imposibilitar la respiración, también para inmovilizar el corazón. Básicamente...

—Básicamente, crecerán hasta matarme— termina Shen Qingqiu, y Mu Qingfang no lo contradice.

No hablan por un tiempo, ambos procesando el posible futuro.

—¿Puede curarse?— pregunta Shen Qingqiu, su voz monótona, como si su vida no dependiera de la respuesta.

—...No lo sé.

Contrario a Shen Qingqiu, la expresión de Mu Qingfang era mucho peor, como si él fuera el paciente y no el médico. Estaba claro que no se sentía bien, viéndose ignorante e inútil ante la enfermedad en gran parte desconocida.

—Pero mi Shizun podría saber— agregó, aferrándose a esa esperanza, queriendo darle a Shen Qingqiu esa esperanza.

La esperanza es lo que Shen Qingqiu más odia.

Nada bueno sale con esperar.

—Olvídalo.

—¿Eh?

Mu Qingfang voltea a verlo, finalmente notando la apática reacción.

—¿Shen-shixiong, tú...?

—Dije que lo olvides.

El abanico se abre con la sentencia, con la orden. Shen Qingqiu invoca energía en sus palmas, atrae, arrebata, los pétalos en la mano del sanador.

—Escúchame, Mu-shidi. Esta platica nunca ocurrió y estas cosas— dijo, pétalos en mano— nunca existieron.

La energía envolvió los pétalos, desgarrándolos hasta que no quedó nada de ellos. Sin evidencia, sin rastros.

—Confío en tu ética como médico para mantener esto en secreto ahora que te lo estoy pidiendo como paciente.

—Pero Shen-shixiong, mi Shizun...

—Tú mismo has dicho que se considera una leyenda. Mi Shishu te ha enseñado todo lo que sabe; si él no te ha enseñado de esto, es porque no lo sabe.

Mu Qingfang quiso contradecirlo, ¿pero cómo refuta la verdad? Él mismo es consciente que su Shizun ya le ha proporcionado toda la información que tiene. Aun así, tampoco entendía qué ganaba Shen Qingqiu en ocultar su condición.

Shen Qingqiu nunca espero que el otro entendiera.

No esperaba que alguien en Cang Qiong lo entendiera.

Hay tantas personas mirándolo, tantos ojos buscando algo para atacarlo e impedirle subir a la cima. Hasta ahora, su Shizun ha ignorado todos los malos comentarios sobre él, porque lo conoce, así como reconoce su capacidad. Pero si de repente se entera que padece una especie de enfermedad mortal, nadie le asegura a Shen Qingqiu que no preferirá elegir a otro —alguien sano— para suceder Qing Jing, en afán de que la Cumbre se mantenga con un maestro por más tiempo.

Él es así, incluso con su Shizun. No se permite el lujo de la fe ciega. Ha aprendido a no dar nada por asegurado.

—Dame tu palabra como médico. Ni mi Shishu, ni mi Shizun, nadie aparte de ti y de mi puede saberlo. Nadie. Nunca— recalcó.

Estaba claro que Mu Qingfang no estaba de acuerdo, pero también se le ha inculcado sobre la confidencialidad. Si Shen Qingqiu desea mantenerlo en secreto, no tiene derecho a hacerlo público.

Da un largo suspiro antes de asentir con resignación.

Shen Qingqiu se sintió satisfecho.

—¿Cuánto tiempo crees que tengo?

—No puedo asegurar, pero dado que estas en perfecta salud ahora, debería ser una enfermedad lenta. La cultivación debería ayudar a reprimirla, igual que lo hace con otras. Mientras mayor sea tu nivel de cultivo, más tiempo deberíamos tener.

Eso estaba bien. Mientras pueda seguirse cultivando, él debería estar bien.

—Shen-shixiong.

Shen Qingqiu atendió el llamado. Le sorprendió ver tanta determinación reflejada en el semblante contrario.

—Seguiré buscando más información por mi cuenta. Prometo hacer todo lo posible para curarte, Shen-shixiong.

Shen Qingqiu no cree en las promesas.

Deliberadamente, ignora el comentario.

—Antes, dijiste que esta enfermedad radica en la materialización de los sentimientos. ¿A qué sentimientos te refieres?

Mu Qingfang no noto el cambio sutil de tema. O tal vez lo hizo, pero ante esa pregunta, no tuvo el tiempo para procesarlo.

—Bien... Por lo poco que sé, tengo entendido que es un anhelo imposible.

Mu Qingfang lo mira, quizá esperando alguna confesión, información que le ayude a entender la enfermedad.

Si Shen Qingqiu llevara la cuenta de todos sus anhelos, la lista sería interminable. No solo eso, si los anhelos provocaran la enfermedad, no debería ser una leyenda, sino una enfermedad común. Después de todo, anhelar es parte de ser humano, especialmente, aquello que está lejos de nuestro alcance.

¿Qué clase de anhelo es lo suficiente profundo para materializarse?

Solo conoce del rencor y la envidia. Sus anhelos son ambiciones, y sus ambiciones no quedan en deseos.

¿Hay algo que desee tan profundamente?

¿Hay algo que no pueda tener siendo quien es ahora?

Mu Qingfang no es el único decepcionado por no obtener respuesta.

Antes de despedirlo, Mu Qingfang no se olvidó de darle unos últimos consejos

—Los ataques no son regulares ahora, pero empezarán a empeorar en algún momento. Agendare citas cada cierto tiempo para llevar un seguimiento de tu estado...a escondidas de todos, Shen-shixiong no debe preocuparse por eso— agrega notando la mirada cautelosa—. Shen-shixiong también debería prestar atención a su cuerpo y salud interna. Si puedes notar algún patrón o estímulos, puede servir de mucho. Identificarlos y con ello alejarlos de ti puede...alargar más nuestro tiempo.

Shen Qingqiu asiente. No es como si planeara solo dejar avanzar la enfermedad y esperar paciente la muerte.

—Si descubro algo nuevo, te diré de inmediato.

—Agradezco la preocupación y dedicación de Mu-shidi. Lo mismo d...

Interrumpió su oración al captar un destello de blanco por la comisura de sus ojos.

Al voltear, no se molestó en ocultar su fastidio por el recién llegado. No es como si Liu Qingge tuviera esa consideración.

—No ocuparé más de tu tiempo, Mu-shidi. Me despido.

No dio espacio a otra indicación.

Se alejo de Mu Qingfang, ignorando a Liu Qingge cuando ambos se cruzaron. Por su parte, Liu Qingge igual pretendió que el otro no existía, sin dirigirle una sola mirada.

Mu Qingfang solo pudo suspirar por el comportamiento de ambos.

—¿Te sientes mal, Liu-shidi?

—Solo heridas superficiales, pero mi Shizun me ordenó venir a que las revisen. ¿Él está mal?

Con "él" se refería a Shen Qingqiu, quien todavía no se había alejado lo suficiente para no escuchar. O Liu Qingge subestimaba su rango de audición (lo que no sería lo único), o solo no le importaba ser escuchado.

Shen Qingqiu redujo la velocidad de sus pasos, queriendo escuchar la excusa de Mu Qingfang.

A Liu Qingge en realidad no le interesaba lo que Mu Qingfang tuviera que decir.

—Está bien si es así. Se lo merece.

Por "merecerlo", Shen Qingqiu no tiene duda que lo dice por su supuesto ataque por la espalda.

Al oírlo, la indignación enciende un fuego familiar en su pecho. Hay un ardor intenso que se disfraza con el enojo, pero lo ha hecho tantas veces antes que sentirlo no es inusual.

¿Qué enfermedad? ¿Qué flores? Liu Qingge podría matarlo de la rabia algún día.

Si sus buenas intenciones solo obtendrán ingratitud, no tiene caso brindar ningún tipo de ayuda.

Shen Qingqiu mantuvo un especial cuidado para que nadie sospechara. Si antes se cultivaba diligentemente, su diagnóstico sólo consiguió volverlo más dedicado. Pasaba horas estudiando los libros de la biblioteca, días en meditación aislada, semanas en viajes de investigación.

Era una lástima que otros no pudieran valorar su esfuerzo.

"Yue-shixiong le consiguió el pase a las bibliotecas de otros Picos, pero ni siquiera le agradeció. Seguro que solo alardea. Es imposible que en verdad acabará todos los libros. Es un mentiroso."

"Es tan engreído, tanto le molesta vernos que se aísla por días para meditar. Pero bueno, inició tarde y aún consiguió ser discípulo principal. Esforzarse más es lo mínimo que debería hacer."

"¿A quién quiere engañar? ¿Cómo puede tardarse tanto explorando viejas tumbas? ¡Debe estar gastando el tiempo en burdeles!"

Shen Qingqiu no era ajeno a esos cuchicheos, pero igual que todos los rumores de su persona, los ignoro.

Era mejor así.

Era mejor que pensaran eso a que supieran que se estaba muriendo.

Él puede soportar los celos y la envidia, de hecho, los disfruta. Alimentan su ego fracturado, porque incluso roto es mejor que ellos.

Lo que no puede soportar son las burlas.

¿Con tus habilidades?

Porque tiene suficiente con el desdén en las pupilas grises y esa pregunta maldita.

Ya no puede llegar al máximo de su capacidad y ahora tampoco puede llegar al máximo de su vida. Si se supiera, ¿cuánta humillación sumaría a su ya inútil imagen?

No quiere saberlo.

No quiere que sepan.

"Se lo merece". Es suficiente con escucharlo una vez, no necesita de mil repeticiones.

Y por eso se esfuerza, sin detenerse en los susurros. Mejora, se aparta, se aísla.

Y funciona.

Porque la picazón disminuye conforme más avanza en su cultivo.

Porque no hay nadie para verlo cuando ocurren los ataques.

Está bien estar solo.

Está bien estar solo...

Los anhelos desaparecen si no están ahí para verlos.

Cuando los antiguos Señores de Cang Qiong ascendieron, Shen Qingqiu ocupó su nueva posición como Maestro de Qing Jing con decenas de críticas, pero ninguna respecto a su salud. Fue un engaño perfecto. Una actuación magistral.

Mu Qingfang también fue fiel a su palabra, guardando silencio. Así fue como nadie se enteró nunca. No su Shizun, no su Shishu, ninguno de sus shixiong o shidis.

Especialmente, no Yue Qingyuan.

Shen Qingqiu aborrecía la idea de que él se enterara. Más después que ocupó el puesto de mayor autoridad en Cang Qiong.

Podía imaginar sin esfuerzo su reacción si se enterara de su rara enfermedad. Lo veía buscando una cura sin parar, sin escatimar esfuerzos ni recursos, ignorando su deseo de discreción y armando un escándalo en su lugar, provocando que todo el mundo de la cultivación conociera su estado.

Por eso, de todos, era quien menos debía saberlo. Irónicamente, al mismo tiempo era quien más probabilidad tenía de descubrirlo debido a la atención exagerada que le dedicaba cuando se encontraban.

Evitarlo para impedir que notara algo anormal fue fácil cuando eran solo discípulos, pues solía excusarse con misiones o tareas de su Shizun. Lástima que no verlo se tornó difícil después de tomar el manto de Señor de Pico, con las reuniones donde su asistencia era obligatoria. Incluso si eran pocas, todavía eran desagradables.

—Este año, parece que hay más personas que en años anteriores.

Shen Qingqiu dio una respiración lenta e imperceptible.

Tal vez la compañía de Yue Qingyuan fuese soportable si tan solo no hablara. Siempre diciendo sin sentidos o verdades obvias que Shen Qingqiu podía ver por sí mismo, en su lugar callando lo que era importante conocer, lo único que quería escuchar.

Aunque en ese aspecto ahora eran iguales. Después de todo, en su situación de vida y muerte, Shen Qingqiu también se negaba a ser sincero con él. Negándole el derecho a saber.

Al menos por cortesía, más aún por las decenas de ojos que podrían estar viéndolos, Shen Qingqiu estaba dispuesto a dedicarle una respuesta a su líder de Secta.

Estaba.

Hasta que vio a Liu Qingge acercarse y sus manos buscaron su abanico, al tanto que necesitaría una distracción pronto para mantener su autocontrol en la presencia de ese bruto.

—Líder de Secta-shixiong— saludó Liu Qingge a Yue Qingyuan.

Y claro, fue al único al que saludó, porque a Yue Qingyuan sí lo respetaba. No como a Shen Qingqiu, que ni siquiera merecía una mirada.

Los dedos de Shen Qingqiu presionaron sobre su abanico. Escucha la conversación de la que fue excluido, a regañadientes aceptando que, incluso siendo un bruto, Liu Qingge sigue teniendo un buen ojo.

Al menos cuando quiere. Al menos cuando no se trata de Shen Qingqiu.

Para él, ha decidido ser ciego, sordo y mudo.

—Buen talento nato no garantiza ningún éxito— dice, en parte cansado de ser descaradamente ignorado, en parte porque es la verdad.

Qué importa el talento ante las disposiciones de la vida y el destino. Nadie puede entenderlo mejor que él mismo.

Aunque esperar que alguien más lo entienda es pedir demasiado todavía. Liu Qingge nunca podría hacerlo.

—En comparación con el método heterodoxo de comenzar el cultivo oficialmente a los dieciséis años, el éxito definitivamente será mayor.

Y ahí está.

De nuevo, su incapacidad. Su inutilidad. Como siempre, juzgándolo. Mirándolo hacía abajo.

Solo así, solo en esos momentos, solo por esa razón, es cuando Liu Qingge se digna a mirarlo.

Y la rabia vuelve todo difuso.

Y se escucha diciendo "lo quiero" tal vez con más frialdad de la que debería.

Porque él lo quiere.

Lo quiere.

Incluso si no sabe por qué lo quiere. Incluso si no sabe qué es lo que quiere. Incluso si no sabe a quién es a quien quiere.

Lo quiere.

Y en algún momento tal vez quiso demasiado, y en algún momento pensó que no había nada que no pudiera tener con su nueva identidad. Pero viendo a ese niño, no solo descubrió que a diferencia de Shen Qingqiu, él sí pudo tener a la "madre que fue la mejor para él en el mundo", el talento innato y la suerte de su lado.

No.

Incluso un niño, Luo Binghe, podía tener algo que a Shen Qingqiu no se le daría. Algo tan banal pero que todavía se le negaba.

Una mirada de Liu Qingge.

Y la taza cayó, derramando un líquido caliente que quemaba la piel, congelando la ilusión de un joven.

Pero todavía así, el calor no era tan fuerte como el que ardía en los pulmones de Shen Qingqiu, el frío no era tan penetrante como el del corazón al que rozaban las raíces.

Y, por un lado, un niño arrodillado lloraba en silencio.

Y, por el otro, un adulto encorvado tosía sin control a la vista de nadie.

Los pétalos eran blancos, igual que el alma de ese niño. Y ambos estaban destinados a teñirse.

Quiero...que me mires.

Dijo que no lo ayudaría de nuevo.

Su apoyo nunca tuvo sentido.

Sin nada a cambio, más que una suma de malentendidos. Solo desaires. Solo ingratitud.

¿Cuáles serían sus motivos?

Entonces, ¿Por qué...?

¿Por qué lo hizo otra vez?

Frente al cuerpo tieso y la sangre que lo cubre, Shen Qingqiu solo puede preguntárselo. Una vez, y otra, y otra vez, sin ninguna respuesta.

¿Por qué?

¿Por qué sus manos son como el toque de la muerte? ¿Por qué sus buenas intenciones siempre acaban en desgracia?

¿Por qué Liu Qingge tuvo que morir?

Shen Qingqiu observa como un trance al hombre sin vida, los pedazos rotos de lo que una vez fue la espada más brillante.

Viendo esos ojos cerrados, Shen Qingqiu se percata... Hasta el final, Liu Qingge nunca lo miro.

Antes, en su pelea, sus ojos estaban hundidos en locura; después, cuando Cheng Luan atravesó a su propio maestro, no tuvo el tiempo de enterarse de su cercanía a la muerte antes de recibirla.

Nunca en sus ojos. Ni en vida, ni en muerte.

Y ahí, sosteniendo un cuerpo frío, Shen Qingqiu experimentó el peor ataque de sus años enfermo.

Y las docenas de pétalos cayeron sobre la sangre derramada en el suelo. Y su blanco familiar también fue manchado con rojo.

Así permanecieron después de ese día.

—Su nombre es "Enfermedad del Hanahaki".

Contrario a lo que se esperaría, Shen Qingqiu no se inmuta. No sabe cuándo, pero dejó de buscar respuestas a su condición en algún momento.

De repente, ya no le importaba, así como todo a su alrededor.

—¿Cómo lo sabes?— dice, más por una curiosidad general que particular.

Había leído cientos de libros, visitado cientos de lugares, escuchado cientos de leyendas. Todo como un esfuerzo inútil, sin resultados. No duda que su shidi pasó por lo mismo, ¿cómo, entonces, de repente lo sabía?

Mu Qingfang suspira, un poco cansado, o bien, fastidiado. Shen Qingqiu apostaba a lo último. Ese era el estado de todos sus hermanos marciales cuando las circunstancias los forzaban a interactuar con él.

Érase una vez, Shen Qingqiu era quien solía evitar a sus hermanos marciales. Mas los roles se invirtieron tras la muerte de Liu Qingge, pues no existe quien esté dispuesto a hablar con su asesino. No importa que nadie lo diga, Shen Qingqiu sabe que es lo que todos piensan que es.

Vaya generación de Señores de Pico que resultaron. Se supone que fuesen tan cercanos como hermanos reales, pero uno no estaba dispuesto a hablar, otro no quería ver y los demás se negaban a escuchar. El último hasta dejó de sentir.

Solo resultaron un elenco de porquería.

—Como dije antes, esta enfermedad es una leyenda. Al menos, lo es para los humanos. Shang-shi... El traidor Shang Qinghua tenía en su posesión varios libros y pergaminos en su vivienda como resultado de su confabulación con los demonios. Entre ellos, casualmente había uno que hablaba sobre esta enfermedad.

—...Ya veo.

Ambos se miraron, conectados en ese segundo como no en muchos años. Qué hilarante. Buscaron en todos los rincones sin descanso, y siempre estuvo bajo sus narices, a solo unos picos de distancia.

Ahora, Shen Qingqiu no creía en las casualidades, pero tampoco podía pensar en una razón coherente para que su antiguo shidi tendría algo así en su estudio. ¿Quizá el demonio al que servía estaba enfermo? ¿O quizá...el mismo Shang Qinghua?

Quiso reír.

Qué divertido.

—¿No vas a preguntar nada?

Su diversión se cortó ahí. No esperaba que Mu Qingfang estuviera dispuesto a darle más información.

Pero claro. Mu Qingfang era un profesional y no dejaría morir a ninguno de sus compañeros, incluso si ahora era él quien consideraba que lo merecía.

—¿Cómo qué?

—Cómo se cura.

Shen Qingqiu se quedó en silencio. Fingiendo considerarlo.

—¿Qué importa? ¿No estoy ya más muerto que vivo, de todas formas?

Por fuera podría no notarse, pero ambos lo sabían. Su interior estaba plagado de raíces, era un milagro que todavía estuviera de pie, tan inaudito como la enfermedad misma. Mu Qingfang no conseguía entender cómo Shen Qingqiu todavía podía actuar sin levantar sospechas; o su energía espiritual era más poderosa de lo que todos pensaban como para proteger sus órganos a tal grado, o su tolerancia al dolor se elevaba a niveles inconmensurables.

En cualquier caso, la enfermedad ya había avanzado demasiado. Incluso abriendo todo el cuerpo de Shen Qingqiu como deberían para sacar las raíces, espinas y flores, sería imposible remover todo sin acelerar su muerte en el proceso.

Mu Qingfang no insiste más.

¿Una cura?

Ya es inútil, los dos lo sabían.

Llegó demasiado tarde.

Siempre, todo le llega demasiado tarde.

—¿La causa, entonces?— pregunta ahora. Y, esta vez, Mu Qingfang presta especial atención a Shen Qingqiu.

Para cuando Shen Jiu había pasado a ser Shen Qingqiu, el discípulo principal de Qing Jing, ya había dominado el arte de la pretensión. Capaz de mantener la calma y la mente fría en cualquier situación, aparentando siempre tranquilidad o desinterés.

Liu Qingge era el único que lograba hacerlo romper su máscara, por eso, cuando murió, pareció que el rostro de Shen Qingqiu se congeló. Nunca perturbado ante nada, sin emociones para filtrarse, como si las hubiera perdido en esas cuevas.

Mu Qingfang esperaba poder ver esa máscara romperse. La causa es, después de todo, curiosa, dolorosa. Lo es más viniendo de su shixiong sin escrúpulos. Y puede...puede que solo quisiera ver a Shen Qingqiu sufrir. Una especie de karma para todos sus males.

Sin embargo, Shen Qingqiu solo sonrió. Una sonrisa tan vacía como la persona misma. Y Mu Qingfang de alguna forma entendió. Ahora fue él quien deseo reír.

—¿No lo dijiste antes? La causa...es un anhelo imposible.

Y el suyo ya estaba muerto.

Shen Qingqiu nunca espero recibir flores en su tumba.

Los esclavos no reciben flores, los asesinos no reciben flores, las escorias no reciben flores. Por lo tanto, siendo los tres, Shen Qingqiu no se atrevió a imaginar su tumba con flores.

Pero aún si su tumba, si acaso llegaba a tener, no tenía flores; al menos, en su muerte las tuvo.

Y fue una vista hermosa. Antes de fallecer, Shen Qingqiu logró apreciarla con la ayuda de las aguas de su prisión.

A sus pies, la sangre ya había formado su propio charco, escurriéndose de su cuerpo atravesado por espinas que crecían de adentro hacia afuera. Pétalos descansaban sobre esa sangre, absorbiendo su color, tintándolos de un rojo tan crudo como los hilos de su destino. 

Solo su pecho era diferente, un contraste con sus túnicas raídas y oscuras. En él, residía una única flor blanca. Sus raíces sujetas con firmeza a su corazón, abrazándolo, desgarrándolo. 

Lo último que Shen Qingqiu vio no fueron los ojos consternados de Luo Binghe al entrar a la Prisión de Agua y descubrir que, de un día a otro, el cuerpo de su Shizun había sido invadido por flores. 

No.

Lo último que Shen Qingqiu vio fue esa flor blanca en su pecho.

La flor dejada por un muerto.

Los humanos tienen anhelos infinitos. Algunos anhelan salud, otros fortuna, otros felicidad. Pero, entre los miles de anhelos, ¿cuál puede llamarse imposible? Naturalmente, ese sería aquel que no depende de uno alcanzar; por mucho que te esfuerces en llegar a él, solo podrás obtenerlo si alguien más decide dártelo. Cuando ese alguien se niega, es cuando se convierte en un anhelo imposible.

Pero no hay mucho que no se pueda obtener aun sin permiso. Si incluso es posible poseer el cuerpo de otra persona sin su autorización, ¿qué no puedes arrebatarle aplicando la fuerza, el dinero o la sabiduría?

Solo hay una respuesta: su corazón.

Así seas la persona más fuerte, más rica o más sabia; así tengas su cuerpo o su libertad; nunca podrás forzar a alguien a dedicarte su corazón.

Ese era el llamado anhelo imposible.

Era tan obvio que sus años de búsqueda resultaban ridículos, pero para alguien como Shen Qingqiu, cuyo corazón terminó cubierto de cicatrices después de confiarlo a otros, la acción de entregarlo de nuevo debería de haber sido imposible por si mismo.

Es solo que el corazón es irracional. Tonto. No sigue la lógica y no entiende motivos, historias ni pasados. Solo cae, y cae, y cae, y sigue cayendo. No hay forma de controlarlo y tampoco de comprenderlo. No existe el llamado "tocar fondo", porque los sentimientos nunca se detienen.

No pueden, por más que así lo quieras.

Y Shen Qingqiu no quería, pero todavía...

Todavía se enamoró, y volvió a ser dejado atrás. 


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13/09/2024
¡Una bella comisión hecha por Siren Baroque!

La verdad, desde que escribí 《Anhelo Tintado》 he tenido esta imagen en mi cabeza. Es lindo finalmente tenerla fuera de ella para que los amantes de ésta historia puedan ver la escena como yo la veía.

Si les gustó y tienen la posibilidad, naturalmente les recomiendo comisionar a esta artista.

Facebook: Siren Acosta
Twitter: @Baroque_Kun


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¿Qué les pareció? ¿Algún comentario que dejar? ¿Les dolió, aunque sea poquito? ¿Alguna parte destacable? Ya saben que me gusta leerlos 👀

Algo de angustia está vez. Tratando de cumplir con el canon porque ya es trágico por si solo 🤷🏽‍♀️

Aunque todavía un poco piadoso. Digo, todo ocurre como el canon, solo que Shen Qingqiu muere antes de caer en las manos de Luo Binghe porque, mh, cables de alianza inmortal. Sin su energía espiritual bloqueando la enfermedad y con todos los años siendo reprimida, las flores brotaron de golpe. ¡Pero, hey, no le dio la oportunidad a Bing-Ge de torturarlo! 😃

Hablando de. Solo para aclarar, los pétalos de Shen Jiu siguen siendo blancos hasta el final, es solo que después de la muerte de Liu Qingge empiezan a salir con sangre, un indicio de su condición cada día peor. Supongo que de ahí viene el título (? Aunque podría cambiarlo en el futuro si se me ocurre uno mejor.

Solo pequeños detalles que quería aclarar 🤗

Siempre quise escribir un AU Hanahaki. LiuJiu ha tachado otro antojo de mi lista 💪🏽💙💚

¡Este trabajo es mi aporte a la LiuJiu Week 2021, por cierto! No puedo creer que ya estamos en la nueva edición y yo sigo atrapada en la pasada :') Pero estoy decidida a terminar los temas de la LiuJiu Week 2020, llamenme terca, pero quién los manda ser tan tentadores...

No creo poder acabar otro fic a tiempo en esta semana, pero tengo uno en sus rectas finales que de cualquier forma debería de estarse publicando pronto. Otro trabajo pequeño, pero decente, creo(?

Si les gustó los invito a dejar una estrella, ¡son más que bienvenidos! ❤️

También a añadir esta historia a sus listas de lectura y a recomendarla con sus amigos si así gustan *Q*

Si gustan leer más proyectos míos igual pueden seguirme 😍 (Especialmente si amas esta pareja como yo, porque ajá, no sé si has notado que tengo "Paraíso LiuJiu" en mi perfil 😉).

Gracias por leer~ °^°

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