Capítulo 12:
"Las luces del alba"
*Narra FRANCO*
El amanecer me descubrió cansado y desvelado, realmente eso no me importaba. Lo que era realmente importante es tenerlo aquí entre mis brazos. Jamás pensé que llegaría este momento, así que posiblemente este era un sueño más, pero no, no podía ser un simple sueño, sentía el calor que irradiaba su cuerpo, sentía su aliento tibio muy cercano a mí y por sobre todo nuestros aromas unidos en el ambiente, eso jamás lo había soñado, era tan excitante.
El alba ya se imponía a la oscuridad de la noche, lo que antes solo era percibido a través de mi tacto y del olfato, se hacía evidente a través de mi vista. Noooo, no era un sueño, él estaba a mi lado.
Sentí como se removía, su cabello dócil cubría su frente y algunos mechones llegaban a cubrir sus ojos, me volvía loco ver las expresiones de su rostro, cuando apretaba sus labios y se formaban sus camanances y por momentos lo escuchaba decir palabras indescifrables, pero entre ellas escuche claramente "Franco".
Creo que será mejor que me levante, ya mi cuerpo despierta y conociéndolo se avergonzara a más no poder si me descubre así. Estaba retirando mi brazo de alrededor de su torso, pero el con sus dos brazos se aferró a mí brazo, mientras se volteaba para quedar de espaldas pude observar el brillo de sus ojos medio cerrados, el rojo de sus labios recién humedecidos los cuales formaban una media sonrisa, el sonrojo en sus mejillas.
Sin retirar mi brazo derecho de su torso lleve el izquierdo entre su cintura y la cama, abrazándolo. Lleve mi boca cerca de su oreja y le dije: -¡Buenos días!-
Fue tan glorioso ver como apretaba de nuevo sus labios, como por un instante abría completamente sus ojos y luego los cerraba, respondiendo con la misma frase que yo había pronunciado, luego se removía una vez más entre mis brazos e inquieto me decía:
-¡Franco tu estas exit.....!
Me apresure a responder:
-Sí, ¡lo siento!, estaba soñando contigo.-
Me volvió loco su tímida y nerviosa risa, pero me volvió aún más loco sentir como acercaba su hermoso y redondo trasero a mi erección. Lleve mi mano a su entrepierna, también había despertado, mientras masajeaba su miembro comencé a mover el mío de arriba a abajo entre sus nalgas, sus gemidos eran enloquecedores. Lleve mi dedos índice y medio a mi boca, los humedecí lo más que pude luego los lleve a su entrada, comencé dando suaves masajes circulares y poco a poco fui introduciendo uno, para entonces su cuerpo se estremecía, su calor se volvía más intenso y sus gemidos se entrecortaban. Introduje mi otro dedo y comencé a dilatarlo.
El llevo sus manos a su boca, yo le dije -no te cubras- él me dijo: -No puedo evitar que salgan sonidos de ella y los demás me escucharan.-
Saque mis dedos de su interior, alcance un preservativo y me lo coloque, sujete con una mano una de sus nalgas para separarlas y tener libre acceso a su entrada y asome la punta de mi miembro y antes de introducirlo en su interior, acerque de nuevo mi boca a su oreja y le dije:
-Veamos si ahora puedes contener tu voz-
¡No!, ¡no pudo hacerlo!, mordí mis labios al escucharlo gemir, poco a poco iba introduciéndome dentro de él y cuando mi intrusión ya había llegado a lo más profundo de su ser me detuve un momento y comencé a besar sus hombros y su espalda hasta que él se movió levemente indicándome que ya se había acostumbrado, entonces mis movimientos dentro de él fueron muy cuidadosos al principio, pero el con sus sollozos y quejidos me fueron marcando el paso, mis movimientos se volvieron más entusiastas hasta que mi locura los llevó al desenfreno.
Él ya no cubría su boca, ahora apretaba las sabanas, sus ojos llorosos y deseosos estaban entrecerrados y sus labios y mejillas se notaban afiebrados. Ya no quería estar más sin sus labios, ya no quería estar en esa posición, era deliciosa la forma en la que nos acoplábamos, pero necesitaban aún más de él.
Salí de su interior, él empezó a girar para ver que ocurría, yo le ayude a girar por completo hasta quedar recostado en la cama boca arriba. Yo me coloque entre sus piernas y comencé a besarlo como loco, me deshice del preservativo y de la gaveta de la mesita de noche extraje otro (el bendito idiota de mi amigo me había dicho que dejaría unos cuantos allí "por si acaso") descubrí un frasco a la par y al observarlo pensé ¿por qué no?. Bajo la mirada tierna y tímida de mi amado, coloque un nuevo látex y sobre el coloque lubricante y masajee su entrada con mis dedos que aún tenían del contenido del frasco.
Lleve sus piernas a mis hombros e hice que sus rodillas casi toparan a su pecho, en esta posición él se sintió cohibido yo lo bese con amor y mientras volvía a introducirme en él le dije con cariño:- ¡Byron te amo!-
Esta vez no espere, empecé a moverme con frenesí, entraba y salía a mi antojo de él, nuestros gemidos, las respiraciones, nuestra esencia y sudor se mezclaban, el orgasmo estaba próximo así que atendí su erección, su respiración comenzó a competir con la mía mientras el llevaba sus brazos alrededor de mi cuello, cuando su espalda se elevó del colchón su cuerpo se sincronizó con mis movimientos, seguía besándolo, seguía acariciándolo, seguía amándolo y cuando nuestros orgasmos llegaron fueron delirantes, pero cuando realmente perdí la cabeza fue cuando mi amado se aferraba más a mi cuello y entre sollozos y gemidos me decía -¡Franco, yo también te amo!-
Ya satisfechos ambos, baje sus piernas, lo recosté sobre la cama pero seguí besándolo, no quería separarme de sus labios, había esperado demasiado por ellos. Salí de dentro de él retirando el preservativo, luego me apoye sobre mis rodillas, hice que sus piernas rodearan mi cintura, y lo cargue como a un niño, lo lleve a la ducha y nos asee a los dos.
Aunque él intentaba hacer algo, yo no le permitía hacer nada, lo bañe, lo seque, lo acicale, lo vestí con mi ropa que le quedaba grande, lo peine con mis dedos, cuando lo jale para que me acompañara a la cocina, él se negó y se metió bajo las sabanas y se tapó con una almohada mientras con un tono de queja me decía:
-¿Con que cara quieres que me presente ante ellos?-
Yo me colé bajo la almohada y bruscamente lo bese y jugué con nuestras lenguas y así de brusco como había sido el beso, así de brusco deje de besarlo. Me separe de él sin dejarlo de ver, tirando por un lado la almohada y al ver su sonrisa lo señale y le dije:
-Con esa cara-
Convencido tomo mi mano y salimos de allí.
* _ * _ * _ *
*Narra ERICK*
Llevaba algunos minutos despierto, rememoraba lo sucedido en la noche, cuando a este niño se le mete algo en la cabeza no existe poder humano que lo haga cambiar de idea, me hizo llamar a mi madre para saber cómo estaba y decirle que yo me encontraba bien, él aprovecho el momento y llamo a la suya.
Vi como las luces de la aurora invadían la habitación y se empeñaban en cubrirlo a él, fue abriendo sus ojos y se topó con los míos, su sonrisa provoco la mía, me acerque y lo bese tiernamente, él se refugió entre mis brazos porque había un poco de frío. Yo soy un maldito romántico, lo abrace fuerte y le dije:
-¡No te imaginas cuanto te amo y lo feliz que soy al despertar junto a ti!-
Él se estremeció y note una conducta que era repetitiva en él, se asomaba y aspiraba en mi cuello, pudo la curiosidad y le pregunté porque hacía eso.
Su respuesta fue sencilla: -¡Acqua de gio!-
Sonreí y cuestione: -¿Te gusta?-
Él sonrió y me dijo: -¡Sí!-.
El momento era perfecto yo lo deseaba, así que lo arrase a preguntas:
-¿Descansaste?, ¿te encuentras bien?, ¿lo quieres hacer de nuevo?-
En el rostro de mi amado Ángel se pintó una enorme sonrisa mientras respondía:
-¡Si! ... ¡Si! ...y .....-
No hubo más respuesta, lo observé y tenía un dedo puesto sobre su labio, como pensando que responder.
Como siempre yo de impulsivo, solo me queje:
-¡Ay, por favor, no hagas eso conmigo, está a punto de volar mi cabeza!.-
Llevó sus brazos alrededor de mi cuello y me jaló hacia sus labios. Nos besábamos como si nuestros labios se fueran a acabar. Mis manos no se hicieron esperar, lo acariciaba todo, era tan suave y tersa su piel.
Lo que él hizo a continuación no me lo esperaba, llevó una de sus manos a mi miembro y empezó a masajearlo, yo me quejé de pura pasión, el despertaba una enorme calentura en mí. Dejé de besarlo para decirle:
-¿¡¡Ves cómo creas una gran confusión en mí!!?
Él sonrió y sin decir nada empezamos una acalorada competencia, el masajeaba, yo besaba y acariciaba, ambos tratábamos de contener gemidos pero eso era misión imposible, nos quejábamos del placer que nos hacíamos sentir. Alcance el lubricante y los preservativos, coloque en mi miembro erecto el látex ayudado por mi Ángel, luego nos aplique a ambos el lubricante, mi miembro y su entrada ya dilatada.
Me arrodille en medio de sus piernas y las cargue sobre mis brazos, la corva de su rodilla ahora descansaba sobre el pliegue de mis codos, en esa posición me incliné para alcanzar sus labios, en el trayecto sus manos frías alcanzaron mis mejillas y allí se quedaron mientras nos uníamos en un beso. Me introduje prudentemente dentro de él, hasta la temperatura de su cuerpo era confusa para mí, mientras sus manos frías como una nevada, poco a poco se iban entibiando sobre mis mejillas, su interior ardía como un incendio. Separé por un instante mis labios solo para decirle -¡Ángel me vuelves loco!-
Mis movimientos se hicieron salvajes y muy profundos, con cada embestida él gemía ahogadamente, sus manos se posicionaron en mis hombros y comenzaron a recorrer mi espalda, acariciando, presionando y arañando, estiró su cuerpo y arqueo la espalda mientras cerraba con fuerza sus ojos, yo empecé a moverme más rápido y sentí la llegada del orgasmo. Terminamos los dos, él unos segundos antes que yo, coloque sus piernas sobre las mías para no romper ese contacto y luego mis manos recorrían su cuerpo limpiando su semen de sobre su abdomen y pecho, mientras yo salía de él. Lo cargue y lo llevé al baño, abrí la llave el agua y esperé se entibiara para luego bañarnos, hasta entonces retiré el preservativo y lo deseché, yo lo enjabonaba y él a mí, yo lo besaba y el también a mí, ambos reíamos a cada tanto. Salimos del baño, nos vestimos, me aplique mi colonia y se la aplique a él también y dispusimos salir a la cocina, llegaba hasta nosotros el olor a café.
Estábamos en la puerta y el titubeo, me vio a los ojos y preguntó:
-¿Qué les diré?-
Me incliné y lo bese, luego lo miré y le dije:
-¡Diles que me amas!-
Sonreí y él sonrió. Y salimos de la habitación tomados de la mano, justo en el momento que Franco y By salían de la habitación de mi amigo. Fue épica la escena de cuando ambos muy avergonzados se descubrieron, uno vio para un lado, el otro para el otro, pero ambos saludaron -¡Buenos días!-. Franco y yo éramos más maduros, yo le dije -¿Que hay?-, él respondió -¡Buenos días Erick!-pero ambos sonreíamos, ambos éramos muy felices.
Así llegamos a la cocina yo de la mano de mi Ángel, Franco de la mano de su amado. Mery y Lucy cocinaban, Diego estaba sentado en la sala improvisada. Llegamos y los cuatro saludamos, las chichas muy sonrientes respondieron el saludo. Les ofrecimos ayuda y ellas dijeron que no había necesidad, que ellas se encargaban del desayuno y a nosotros nos tocaría el almuerzo.
Diego se acercó y saludo, se nos quedó viendo a todos y casi hace que se atraganten nuestros amados con el café, porque mientras suspiraba profundo y encogía los hombros, decía con vos lastimera: -¡Tengo que conseguir una novia!-
Todos reímos, no solo por la reacción de Byron y mi Ángel, sino por la espontaneidad de Diego.
Dispusimos que haríamos una parrillada en el almuerzo y que todo el día pasaríamos en la playa.
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