Anécdota 70
Anécdota de @monsegardea
El verano pasado mi familia y yo viajamos a Coahuila para asistir a una reunión familiar. En fin, el día de la reunión llego y ¡claro!, al ser verano, ¡la reunión fue en una alberca! ¡Cuánta imaginación!
Ese día en cuanto llegamos, bajamos las cosas y mientras tanto, divisé a un chico en la alberca que en verdad me pareció guapo. Me quedé embobada en él unos segundos hasta que mi tío habló para que le ayudara con algunas. Bajé la hielera y maleta como me lo pidió no sin batallar, e incluso llegué a tambalearme; de hecho, quizás de no haber sido por este chico se me habrían caído las cosas, porque en mi momento más débil las detuvo desde un costado y me acompañó hasta la mesa donde nos sentaríamos.
Luego de agradecerle se fue a su mesa donde se encontraba mi tía, de modo que no me quedó más que pensar... Seguro es sobrino del esposo de mi tía.
Al terminar de bajar todo, una prima y yo decidimos cambiarnos, entramos y todo bien. Cuando salimos de los vestidores el chico estaba afuera; de inmediato me di la vuelta ya sonrojada porque estaba en traje de baño. Caminé rápido y cuando me giré para ver si él seguía ahí... me di cuenta que mi ropa interior estaba tirada frente a él.
Corrí con todo lo que mis piernas dieron, tomé mi ropa y me di la vuelta con la poca dignidad me quedaba.
¡Pero no, señores, ahí no acaba todo!
Tiempo después de cambiarme decidí ir a la alberca y ahí él se acercó a mí para presentarse; se llamaba Jorge. Platicamos toda la tarde, me pidió mi número y cuenta de Facebook, después le pedí los de él. Entonces pasó.
Toda la familia se reunió para la foto, de modo que Jorge y yo nos vimos arrastrados a ella. Cuando llegamos con mi tía (con quien él estaba sentado en un inicio), nos soltó de golpe:
—¡¿Ya conociste a tu primo Jorge?!
Ambos nos volteamos a ver con otra cara.
—¡¿Somos primos?!
Y desde ese día, cada que voy a Coahuila evitamos hablarnos.
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