Anécdota 48
Anécdota anónima
Resulta que estaba haciéndome muy amiga de una chica, de modo que decidió presentarme a sus amigos. Las cosas marchaban perfectas hasta ahí.
Ese día nos íbamos a juntar en una plaza, y una vez en el lugar, conocí a un chico del grupo que llamó mi atención, pero bueno, todo siguió normal hasta el momento en que cada uno debía de volver a casa. Para mi sorpresa, la mayoría teníamos que tomar el mismo colectivo/autobús para volver, y entre ellos estaba el chico.
En el viaje de espera hasta mi casa me entretuve hablando con todos y un poco con ese chico, ya que era bastante callado. Un poco antes de la parada donde yo tenía que bajar, me despedí de cada uno con un beso en la mejilla; no me importó que el colectivo siguiera en marcha.
¿Qué cosa tan horrible pudo haberme pasado cuando me despedí del chico que llamó mi atención?
Estando yo de pie junto a este chico y lista para bajarme, el colectivo dio un movimiento fuerte, causando que me tropezara con el pie de alguien justo cuando estaba a punto de despedirme de él. Mi cara terminó en la zona de su cadera, con una de mis manos sosteniéndose de su hombro y la otra aferrada a su muslo mientras él me tomaba por los hombros para que no cayese. La escena daba a pensar que le estaba haciendo ciertas cosillas por ahí, de esas que no se hacen en público...
Me fui sin despedirme, completamente sonrojada y muerta de la vergüenza igual que él. Raro me pareció que sólo una chica del grupo se dio cuenta de mi caída. Desde ese día evito las salidas donde sé que él irá.
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