Anécdota 103
Anécdota de @eribrambila
Hace no mucho a mi querida madre se le ocurrió hacerme waffles para desayunar. No voy a negar que encantada me los comí completitos.
De camino al colegio comenzó a dolerme el estómago con una fuerza considerable para hacerle saber a mi papá... pero él es el típico padre con el cual tiene que haber un huracán y dos volcanes haciendo erupción para que falte a clases, así que de nada sirvieron mis esfuerzos.
Poco después de haber llegado al colegio me dieron unas nauseas tremendas, y así pasé la primera hora de mi día escolar: con asco y náuseas. Por suerte aguanté sin más tragedias hasta el receso. Una vez libre, fui lo más rápido posible a la enfermería, pero la enfermera tenía cosas más importantes que hacer... como hablar por teléfono con su novio.
Me recomendó que tomara agua y prácticamente me echó del lugar.
Pasé la segunda hora con más nauseas todavía. Sentía el estómago contraerse cada poco, la pie erizarse y el sudor frío en la frente. Llegué viva al final del día con el vómito en mi garganta.
En la salida como siempre estaba todo el colegio esperando a ser recogido por sus padres. Me encontraba sentada en una banca con mi mejor amiga a un lado y el chico del que gustaba justo frente a mí. Llevaba puesto un chaleco que otra amiga me había prestado debido al frío que llevaba molestándome todo el día.
Finalmente dijeron mi nombre, de modo que agarré mis cosas y me incorporé aliviada. Fue entonces que sentí al vómito reptar por mi garganta. En un último intento por detenerlo, me llevé las manos a mi boca como acto reflejo. Y tragué.
Mi cuerpo se estremeció completo, e incluso predijo lo que yo no veía venir. El vómito volvió con más fuerza que la primera vez, decidido a salir sí o sí.
De haber habido fuentes en mi colegio, podrían haberme confundido con una. Expulsé todo lo que llevaba conteniendo desde en la mañana frente a toda la población estudiantil, frente al chico que me gustaba y encima del chaleco de mi amiga. No era un volcán, pero sí que estaba haciendo erupción.
Lo peor de todo fue que un niño inocente, una buena alma de Dios, se atravesó. Pude ver su cara de terror antes de ser disparado por mi vómito. Otro niño salido de quién sabe dónde comenzó a llorar. Mientras tanto, yo no podía dejar de expulsar hasta mis intestinos.
No me importó nada, salí corriendo de ahí en cuanto me fue posible. Me tropecé con las miradas de la gente en mi carrera por llegar al auto. Una vez dentro me solté a llorar por la vergüenza.
No he vuelto a comer waffles. Y el pobre niño al que le disparé todavía me mira horrorizado... nada más falta que haga la señal de la cruz al verme pasar.
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