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2. Una gran decisión con grandes consecuencias.

Por quinta vez en media hora, Harry se sacó las gafas y se frotó los ojos. Su vista era borrosa incluso cuando miraba a través del cristal, y podía sentir la presión en su cabeza. Se sentía como si tuviera un centauro dentro, golpeado sus ojos con la intención de sacarlos de sus cuencas. En realidad, era la idea que rondaba su mente la que deseaba con ansias salir al fin, ser pronunciada por sus labios, para poder saborearla y admitir al fin que era real.

Se acomodó lo mejor que pudo en la silla donde estaba, la cual se encontraba al otro lado del escritorio, frente a la silla que fue utilizada por Albus Dumbledore, Severus Snape en un corto lapso de tiempo, y finalmente Minerva McGonnagall. Sí, se hallaba en el despacho del director, en Hogwarts. Y miraba el sitio del director con tanta intensidad que era raro que no se hubiera incendiado hace ya cinco minutos.

Harry Potter, director de Hogwarts.

Director Potter.

Director...

Repetirlo de cualquier manera aún era extraño, no podía explicar el hormigueo en su estómago al pensarlo.

Ya había escuchado rumores sobre que lo tenían en mente para el puesto, pero, ¿de verdad había llegado a estas instancias? Pensaba que era algo así como un capricho entre las personas del Ministerio, que luego iban a desistir al notar que no estaba capacitado para el puesto.

Incluso el propio Harry lo dijo.

—Hay personas más capacitadas para esto —había murmurado, su rostro pasando de pálido a sonrojado. Estaba algo avergonzado, no se veía en un puesto como ese.

¿Cómo ser sucesor de personas como Dumbledore y McGonnagall? En especial Minerva, ella había levantado a todos luego de la guerra.

—Lo sabemos, señor Potter —le aseguraron—. Pero un buen director es aquel que vela por el bienestar de sus alumnos, y todos sabemos que usted hará esto.

Por supuesto que lo haría, al menos lo intentaría con todas sus fuerzas. De ahí a lograrlo, ¿era posible? Se trataba de mucha responsabilidad. A pesar de que ahora ostentaba el título de jefe de aurores, el cual consiguió hace unos años, aquello era diferente.

Porque Harry se encargaba de adultos, no de niños y adolescentes. Era diferente, sentía que estaba obligado a cambiar su margen de error, no, más bien a eliminarlo. Porque no sería capaz de permitirse fallar y por consecuente que un menor saliera lastimado.

Sus hijos estudiaban allí, joder. Como padre de tres niños sabía lo que se sentía, sabía que todos los padres le irían encima si algo sucediera, y no sería capaz de detenerlos porque conoce el sentimiento de buscar desesperadamente proteger a tus hijos.

Suspiró cerrando los ojos y enviando la cabeza para atrás, ¿qué hacer? ¿Tomar la responsabilidad o no?

—Potter, por favor, ¿podría ser más rápido con sus decisiones? Hogwarts necesita un director ahora —la voz de una mujer llenó el silencioso despacho, a Harry se le erizaron los vellos y sonrió un poco durante un segundo, con nostalgia.

—Es ahora cuando se nota la cobardía y la falta de fe en un hombre —Ahora se trataba de un hombre, quien de manera siseante se mofaba de él.

—No lo atareen, es una decisión importante y requiere de tiempo.

Al voltear y al fin despegar los párpados, se topó con los retratos parlantes de los tres últimos directores, discutiendo sobre si él debía aceptar o no.

—Harry es muy capaz.

—Capaz de volver Hogwarts en un gallinero.

Efectivamente, McGonnagall y Snape tenían pensamientos muy diferentes respecto a él.

Y mientras ellos enumeraban sus propias razones, el retrato de Albus permanecía silencioso, acariciando su barba con la mirada perdida en algún punto de la nada. Al ser quien le transmitía más paz de los tres, Harry se dirigió hacia él, llamando su atención una vez plantó los pies ante el retrato.

—Son muy ruidosos, ¿no? Se ha convertido en mi día a día —Suelta una risita—. No creas lo que dice Severus, no es que no confíe en ti, solo es su tendencia a decir lo contrario a lo que realmente piensa sobre ti.

Harry asintió con la cabeza, poniendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Señor, ¿usted cree que...?

—No es importante lo que yo crea, sino lo que tú creas. Es tu decisión, Harry —Se acomodó sus gafas de medialuna, mirándolo con una diminuta sonrisa—. Espero no sonar insensible, pero tú eres el vivo aquí.

Una risita nerviosa se escapó de Potter, quien contenía las ganas de volver a pasar las manos por su cabello, para terminar de desordenarlo.

—Sé que es mi decisión, solo quería saber qué piensa al respecto.

—Eres un adulto, ahora puedes tomar decisiones solo. Y no deberías buscar consejo con la pintura parlanchina de un muerto.

Al notar que no tenía sentido debatir la decisión con unos retratos, se apartó hacia el gran ventanal y observó el impresionante paisaje del castillo. Todo era diferente a cuando era alumno, algunas zonas seguían en ruinas, pero de todas formas era imponente. Por su mente pasaron muchos recuerdos, tanto felices como tristes, y soltó un suspiro pensando que había tenido una adolescencia ajetreada.

Bien, ¿y qué si volvía su adultez en un ajetreo también?

Cuando alguien tocó la puerta, Harry supo que ya era momento de tomar una decisión. Así que volteó con el rostro serio, y la palabra acepto murió en sus labios al notar que la persona que ingresaba a la oficina no era del ministerio, sino su amigo Ron.

Primero pensó que el pelirrojo había ido a felicitarlo, pero su rostro era de todo menos felicidad.

Todos sus rasgos gritaban que acababa de suceder algo malo, muy malo.

—Victoire y Teddy —fue lo único que dijo, y esos nombres crearon un agujero en el estómago de Potter. 

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