-XXIV-
XXIV-Veinticuatro- Soledad Ciega
Canción: Se Acabó -San Luis ft Chino y Nacho.
No lo podía asimilar, no lo quería lejos de mí, lo arruiné todo, preferí irme a París, en vez de quedarme con él, ahora sí que podía decir que lo extrañaba de verdad, estar sin él era triste
Sus últimas palabras vinieron a mi <<Si tienes que irte, lo entenderé>> lo dijo, tan sutilmente que pude sentir su tristeza en su voz.
Mis padres, hermanos y sobrinos, me vinieron a visitar una noche antes de mi partida del país, hablamos y mi padre se disculpó conmigo por haber sido tan rígido en mi relación con Matteo, lo perdoné, sin embargo, no tenía nada que perdonarme, porque él no tenía nada que ver en el asunto; tiempo después, de que pensaba que él era una interferencia en esta, me di cuenta que solamente quería lo mejor para mí. Recuerdo nuestra pelea, ayer por la noche.
-Hija, ahora que te vas a París, a culminar tus estudios, necesito que me disculpes por haberte alejado de ese chico... -Dijo, recordando el nombre de él, sin éxito alguno. -Estoy arrepentido, ahora que su madre ha muerto, me siento mal porque terminaron su relación, en cierta parte fue mi culpa. ¿Me disculpas?-Dijo, mi padre demostrando en sus palabras y su rostro, completa sinceridad y arrepentimiento.
-Papá, yo no tengo nada que perdonarte, estaba bien que tuvieras una pizca de celos, lo entiendo soy la hija menor, la bebé de tus hijos, me querías proteger. Estoy muy agradecida contigo, por tu sabiduría y entendimiento-Dije arrojándome a él. A los cálidos brazos de mi padre, mi admirable padre.
-Te quiero, hija-Dijo mi padre, besando mi frente con ternura.
-Yo te quiero también, padre.-Dije besando su mejilla.
-Eres dulce, mereces a ese chico. No lo dejes ir-Dijo, haciendo que mis pupilas se dilataran, amenazando con soltar algunas lágrimas. Si tan sólo fuese tan fácil, pensé.
Narra Matteo
No paraba de dar vueltas, me movía incesantemente en mi cama, el cobertor ya estaba desarreglado; en mi mente solamente vagaban los últimos días con Lucía, nuestros acercamientos. Sentía una fuerte conexión con ella, nuestras manos al unirse se volvían electricidad, ella y yo éramos todo lo bueno juntos. Mis pensamientos eran ella, mi amor.
Desde la primera vez, en donde cruzamos miradas, sus ojos me cautivaron, sus manos con las mías hacen un simple contacto que eriza la piel, sus labios rosados encajan con los míos a la perfección, ella vivía en mi mente las veinticuatro horas, estaba metida muy dentro de mi corazón y mi mente.
Los días pasaban, sabía que justo hoy, miércoles a las once de la mañana, partía su vuelo, su despedida había sido ayer por la tarde, ahora que mi madre había muerto, vivía encerrado en mi habitación, no salía, no hablaba, ni siquiera veía a mi hermanita, ni a mi padre, por suerte casi culminé la universidad, me faltaba el acto de grado.
Tan solo no era nada, sin ella. Sin el amor de mi vida, porque estaba seguro que no tenía otro nombre. Mi dulce angelita, sus alas me enamoraron en el instante que nos vimos. Me preguntaba, a cada momento, siempre "Cielo, ¿Como estarás? ¿Donde estarás? Mis pensamientos siguen en ti, no te olvido, ni un segundo.
Mi padre vendría hoy a dejarme a mi hermanita, según él mismo dice que tengo que aprender a cuidarla, todavía sigo deprimido por mi madre, no concilio la idea de un vida sin ella, ahora que estoy en esa situación, me siento fatal, no quiero que nadie me ayude, porque lo hacen por lástima y yo no quiero dar lástima; ahora que mi padre, quedo viudo y está solo, no se lo ha tomado nada mal, ha seguido un consejo que dijo mi madre << No quiero que te quedes solo, no te deprimas, iré a un lugar mejor. Si el amor te toca la puerta de nuevo, no lo niegues. >> Mi padre ira por la tarde a conocer a los padres de Susy, la enfermera de mi madre, siguió adelante, se dio una nueva oportunidad, todavía la amaba, él mismo me lo confesó, pero sabía que le gustaba algo de esa enfermera y lucharía por ella.
Tocaron el timbre, justo antes de salir de la ducha. Lo más probable era que mi padre se había adelantado, aunque había dicho que traería a mi hermanita, a las 11:30 pm, me metí a la ducha, exactamente a las 11:00 am. Al abrir la puerta, la cara del señor Quintero, me sorprendió, no esperaba su visita, me quedé estupefacto unos segundos, él carraspeó su voz, lo invité a entrar, me cambié rápidamente a unos jeans negros, una camiseta con cuello en "V", Tomé unos converse de mi closet, caminé hacia mi sala y me incorporé en uno de los muebles de mi sala.
-Disculpa mi visita repentina, solo quiero la felicidad de mi hija, ella está a punto de irse a otro país, estoy seguro que dejando algo muy importante, muchacho.-Dijo con una dureza en su voz, el señor Quintero.
-Señor su hija y yo, hemos terminado, yo no la merezco y ella tampoco a una persona como yo-Dije, con todo el dolor de mi alma, mintiendo. En mi estomago, se removió una sensación extraña, no se sentía positiva.
-No digas eso, en tus gestos, se nota el amor que le tienes a mi hija, necesito que sea feliz, haría todo por ella, he venido hasta aquí porque, movería el mundo entero si fuese necesario, por el amor tan grande que le tengo. -Dijo el señor Quintero, muy amablemente.
-Vamos muchacho. Te llevaré al aeropuerto.-Dijo el hombre levantándose del mueble y no dudé en acompañarlo. Nos fuimos en su auto. Mi corazón latía apresurado, los latidos fueron mucho más rápidos cada vez, mi mente estaba pensando positivamente, reflejaba episodios imaginarios de ella y yo, juntos.
Narra 3era Persona
El ambiente en el auto del señor Quintero, era tenso, el chico en el puesto de acompañante solo era nervios, miedo y shock, mientras que el señor Quintero se veía relajado, manejando lentamente, en minutos estuvieron en el lugar esperado, el aeropuerto.
La mirada de Matteo, viajó por toda el área de despegue, su rostro estaba preocupado, cuando casi perdía sus esperanzas de recuperarla, la miró de lejos, corrió hacia ella, se acercó rápidamente, susurró con cariño:
-Amor, por favor no me dejes. Quiero estar contigo en la salud y en la eternidad- Se unieron en un suave beso, sus corazones latían en la misma sincronía, ambos se reencontraron en ese suave y dulce beso, ese hermoso gesto compartido por ambos.
-No puedo, estoy confundida.-Dijo ella, él solo lo abrazo. Un abrazo, en el cual se experimentaban miles de pensamientos.
-Hija, quédate con él. -Dijo la fuerte voz del señor Quintero, a lo lejos. Nuevamente, resonó el último llamado que anunciaba la partida del avión que alejaría a Lucía. Ella se tensó, estaba realmente confundida, sin saber qué hacer, cual decisión tomar, pensando en breve sí eso era lo incorrecto.
-Quédate conmigo, prometo llevarte en avión, no en un avión lujoso, pero prometo amarte en la salud y en la eternidad, Lucía Quintero, me harías el honor de ser el hombre más feliz, comprométete conmigo. ¿Quieres ser mi esposa?-Dijo Matteo sonriendo de la nada, sin pensarlo se arrodilló en el suelo del aeropuerto, desde que su madre murió, quiso pedirle matrimonio a ella, todos los días pasaba algo, nunca lo hizo porque pensó que no era el momento perfecto, sin duda este era el momento más perfecto entre ambos, ahora arrodillado en un aeropuerto, con una caja de terciopelo roja junto con un anillo que su madre llevo por años.
-Claro que sí. -Dijo ella, tomando el anillo, besando repetidas veces sus labios, mientras eran vistos, como el centro de atención del hotel, de un momento a otro, se encontraron siendo aplaudidos por todo el mundo. El padre de Lucía se marchó a trabajar; ellos tomaron un taxi, que los llevó al apartamento de Lucía, ambos estaban excitados, llegaron tan solo a la puerta, la cerraron tras ellos, se empezaron a deshacer de las prendas que llevaban encima, aquellas que tan solo sobraban, una a una, una vez cerca de la cama en ropa interior, él la deposito delicadamente en la cama, fueron testigos de su amor, llegaron al éxtasis, quedando saciados, la besó en la frente, jurándole cumplir sus sueños juntos.
-Ahora que estamos juntos, quiero que criemos ese hermoso bebé, juntos. Te amo-Dijo, observando a Lucía entre las sabanas.
~¿Esperabas ésto?~
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