-II-
Bienvenidas (os) una vez más:
II-Capítulo Dos: Miradas
Canción: Ángel de Amor-Mana
Estaba cerca de las primeras horas en mi primer día de universidad, en mi primer momento como universitaria; en mi pecho desde que me enteré que podría estudiar en la universidad que siempre soñé "La Universidad de Harvard" , se instalaron miles de emociones mezcladas en mi pecho: nervios, tristeza porque no quería crecer, pese a que siempre fui una niña mimada, consentida por mis padres, mis hermanos, mi cuñada, mis abuelos, crecí sabiendo que estaría para luchar por lo que me proponía y aquí estaba: en camino a estudiar en la universidad de mi imaginación.
Justo cuando terminé de arreglarme, me sonó la alarma de que me debía ir, me dirigí en mi auto; mis padres estaban cerca de Estados Unidos, aunque no vivían en la localidad, estaban a algunos kilómetros, mis hermanos también estaban viviendo con sus familias cerca; por el momento vivía en un departamento desde los dieciséis, me decidí independizar desde los quince, mis padres viajaban mucho, mis hermanos mellizos empezaron a hacer sus vidas, comenzaron teniendo hijos, así que estaba más tiempo sola, que con la familia.
Llegué a la universidad, me encontré con la infraestructura ante mí, me dedique a observarla unos minutos, tras analizarla decidí adentrarme al lugar, mi amiga "Lola" estudiaría conmigo, por suerte quedamos juntas, ambas estábamos cumpliendo nuestro mayor sueño, entrar a la universidad de nuestros sueños, vivía en un buen hogar, estaba bien formada, no necesitaba más, observé las salas donde pasaría la mayor parte del tiempo; mi amiga todavía no me había avisado sobre su asistencia, en este primer día de comienzos; ante mi estaba un salón, me senté en una silla para adelantar un poco el tiempo, continúe mi lectura de Anatomía.
Hola, Lucía –Escuché a mi amiga, saludarme sorpresivamente. Luego empezamos a hablar como si no hubiese un mañana, recuperamos el tiempo perdido.
Estaba bastante interesada en la conversación con mi amiga, cuando una voz masculina, nos interrumpió, se trataba del profesor de Anatomía.
-Buenos días-Murmuramos todos, él respondió con un saludo de bienvenida.
- Buenos días, chicos y chicas... - Continuó hablando acerca de la convivencia del aula, las diversas actividades que aplicaría, hasta que mencionó: -Les traje un examen para evaluar el interés de ustedes hacia la carrera. -
El examen pasó lento, la mayoría de los compañeros no se aplicaron a la evaluación, empezaron a pitar al profesor, por el contrario, cuando pude tener el examen entre mis manos, pude leer reaccionando a cada una de las preguntas, mi cabeza estaba fresca para una prueba como esa, me leí durante todos los días de las vacaciones, una cantidad de libros e incluso textos que elegí por interés propio hacia la carrera, que sabía me serviría a lo largo del largo aprendizaje que durante seis semestres, desarrollaría e implementaría en pruebas, trabajos y mi futuro como doctora; logré terminarla y entregarla a tiempo, el profesor empezó a solicitar la prueba después que yo entregué, después empezó a impartir la clase, la que para la semana siguiente, nos debíamos de estudiar y además entregar un par de trabajos. Cuando terminó la primera hora de clases "Lola" y yo, nos fuimos hacia el Camping, directo hacia un espacio solitario en la universidad. Cuando desayunábamos, el profesor Williams nos interrumpió, me solicitó en su oficina, caminé junto a él, al entrar en el lugar, estaba un chico cabizbajo en una silla.
-Profesor ¿Qué necesita de mí?-Exclamé interrumpiendo el silencio que existía en la sala, entre el chico, el profesor y yo.
-Señorita Quintero, el chico que se encuentra a su lado, estudia Medicina, llevaba el primer semestre bastante bien, rindió de manera exhaustiva por largo tiempo, hace un mes los directivos han ordenado sacarlo, proporcionándole la oportunidad hacia otra persona, para poder dar educación y no perder cupos, quizás usted entienda... lleva repetido el semestre dos veces; no logra pasar las materias, si no es incomodidad, me gustaría que usted, le proporcionara unas clases, pues al revisar las pruebas, he reconocido que es una alumna bastante responsable, a través del examen se demuestra que ha sobresalido de mis expectativas, es por ello la propuesta. –Explicó el profesor, el chico me observó con los ojos vidriosos. -¿Aceptaría?- Preguntó el profesor, esperando una respuesta de mi boca. Pensé unos minutos antes de responder.
-Gracias, por la oportunidad profesor, pero actualmente no cumplo con el tiempo disponible, porque necesito trabajar, estudiar-Aclaré mi voz-también atender a mi familia- Exclamé, recibiendo un asentimiento del profesor. Unos minutos después mi teléfono vibró en mi bolso, era mi amiga Loreana, me escribió un mensaje:
<< ¿Para qué te citaba el profesor?>> -Leí –Lola ♥♥♥ BFF- No respondí, porque tenía la vista directamente en mis ojos del par de personas que estaban en la oficina.
-Entendiendo su situación, puesto que mi alumno no podrá tener esas clases, entonces puede retirarse. ¡Muchas gracias!- Dijo el profesor con el rostro serio. Abandoné la oficina, me encontré con que mi amiga, me había enviado otro mensaje.
<<Lucette, comenzó la clase>>-Lola ♥♥♥ BFF-Lo leí rápido, me dirigí rápidamente hacia el aula, me apresuré lo mas que pude, quedaba en el segundo piso, por suerte el profesor de Inglés, estaba impartiendo la clase de espaldas, escribiendo en la pizarra, me incorporé en una mesa de dos personas, ubiqué a mi amiga en el aula, solo que se encontraba más adelante, junto con otra persona; de un momento a otro escuché, sentir una presencia incorporarse a mi lado, me fijé, sorprendida miré a mi lado, di una mirada de reojo a la presencia incorporada a un lado, dándome cuenta que era el mismo chico, ese que me había encontrado minutos antes, en la oficina.
-Hola, me llamo Matteo –Murmuró en un mínimo tono de voz, me acerqué a su rostro para observar más a detalle sus facciones, era de ojos azules, una nariz perfilada, mejillas coloradas, unas cejas perfectamente delineadas, sus facciones eran simplemente perfectas; al intercambiar miradas, sentí un cosquilleo en el estómago, al momento de estrechar nuestras manos, una de las mías se sintió sudada, nerviosa, mi corazón empezó a latir aceleradamente, cuando las juntamos sentí un escalofrío, que me recorrió desde la parte baja de la espalda, se me erizaron los vellos, los poros se me tensaron, una sonrisa estúpida se me formó en la cara.
-Hola, me llamo Lucía –Susurré nerviosa, mordiendo mi labio inferior.
-Qué casualidad, tener la misma clase ¿No?-Exclamó mientras esbozaba una media sonrisa. Asentí con la cabeza, desviando mi atención a la clase; aunque ya sabía Inglés, me interesaba.
-Chicos, la persona que está a su lado, será su compañero durante todo este semestre, en mi clase en todas y cada una de las actividades-Dijo el doctor Andrew, todos bufamos.
-Espero que seas una buena compañera-Dijo Matteo, sonriendo. Nuevamente asentí con la cabeza.
El profesor asignó una actividad de equipo, para entregar dentro de cinco días, quedamos en reunirnos; salimos juntos hacia nuestra siguiente clase "Historia de la Medicina", escuché con atención la clase, a la salida me encontré con "Lola", me acompañó a la guardería a buscar a los bebés de la familia, en el trolebús estuvimos en cuestión de segundos en la fachada de "Cambridge Montessori School", nos recibió la profesora de los pequeños mellizos, nos dirigimos con los bebés dormidos hacia la estación de tren, que nos dejaría justo a dos calles de la urbanización donde vivían mis padres, esta vez debía ir a dejarles, aunque los bebés estaban esa semana conmigo, tenía que trabajar, mis progenitores vivían en los Townhouses más codiciados por todas las personas, para tan solo rentarlo, que era lo único que podría hacer la clase media, o la alta como nosotros, comprarla.
-¿Qué hiciste en la oficina con el profesor?-Preguntó mi amiga a mi lado, frunciendo el ceño, mientras caminábamos.
-El profesor corrigió los exámenes de hoy, me felicitó por ser la única sobresaliente, me ofreció dar clases a un chico.-Exclamé de nuevo repitiendo la risita boba de la mañana, ella me miró con una sonrisa pícara.
-¿Cómo era el chico?-Preguntó mi amiga. Yo sonreí, ella lo entendió todo. Cuando ambas, sonreíamos pícaramente, significaba que conocíamos a alguien que nos interesaba, era una de nuestras señales de mejores amigas.
-Nos vemos, debo ir a casa-Exclamó Loreana "Lola", nos despedimos con un beso en ambas mejillas, me estrechó a mi sobrino y seguí mi camino. Caminaba con los pequeños, uno de ellos cargado, el otro en el coche paraguas, ambos dormidos, me tensé cuando escuché unos pasos a mi lado, de inmediato me giré lentamente por el peso en mis hombros y brazos, ahí estaba por tercera vez, a mi lado caminando el mismo chico, Matteo
-Hola Matteo ¿Todo bien?-Mencioné cuando estuvo caminando a mi lado, cuando iba a mi par.
-Hola Lu... -Dijo, sin terminar mí nombre. Frunció el ceño. Rendido dijo:- No recuerdo tu nombre, disculpa-En sus labios se formó una risita.
-Lucía, me llamo Lu-cí-a-Dije, pronunciando lo último en sílabas separadas... luego, él pronunció mi nombre despacio. Se escuchaba especial, de sus labios. Me volví a sentir nerviosa, a su lado. -¿Qué me pasaba?-Me pregunté mentalmente.
-¡Oh! Disculpa, tengo muchos asuntos en la cabeza, además de que estoy en la bancarrota, para ser expulsado de la universidad, no tengo buena relación con mis padres-Exclamó, se veía triste mientras pronunciaba lo último.
-¿Porque tan solo, no te esfuerzas? Si decidiste estudiar Medicina, es porque algo te inspiró a tomar esa decisión. –Dije despacio, antes de pararnos para cruzar la calle, que llevaba a mi urbanización.
-La razón son mis padres-Bufó.- Ellos no me apoyan, amo esta carrera, pero me siento muy desilusionado, tan solo asuntos personales-Dijo mirando a los bebés con una mirada de ternura, luego me observó unos segundos directamente, hacía los ojos, hicimos contacto visual y me dio escalofríos.
-Me despido aquí, debo cruzar la calle, debo ir a casa de mis padres, en esa urbanización-Exclamé. El chico me miraba atentamente con una risita.
-Tranquila, no te librarás tan fácilmente, de mí. Vivo cerca de los Townhouses, haz estado viviendo a tan solo centímetros de mí. Oí, que te mudaste ¿Es cierto?- Preguntó interesado con el ceño fruncido.
-Oh, pero que rápido se corren los asuntos, en esa urbanización-Murmuré para mí misma. Pero, él me escuchó, soltó una risita que me hizo sonreír a mí también. Estrechó sus brazos para sostener al pequeño en mis brazos, el bebé se removió un poco, pero lo abrazó por el cuello, no podía ser más tierno.
-¿Qué ocurre con tus padres?-Exclamé mirándolo con atención para escucharlo, estaba interesada.
-No es algo de lo que me gusta hablar, sin embargo, tú me inspiras confianza y además creo que estaremos hablando durante varios semestres. -Dijo sonriendo con nervios, se notaba que no llevaba un pasado muy agradable.
Aclaró su voz y comenzó a hablar: Todo comenzó cuando estaba en la casa hogar, en el orfanato pasé muy malas experiencias, todo cambió cuando a tan solo cuatro días de mi cumpleaños número seis, recibí la noticia de una posible adopción, ellos me adoptaron, los primeros años fueron felices, vivimos en armonía, no fuimos la familia perfecta, pero estuvimos bien, cuando cumplí los dieciocho, empecé a irme por el camino del mal, no me apoyaron, sé que estaba en malos pasos, pero ellos siquiera se inmutaron, por lo menos mi padre lo intentó, pero se rindió, mi madre luchó contra cielo y tierra por obtenerme de nuevo como era, pero ocurrió que me tatué, intente caer en el mundo de las drogas, me odiaron por meses, ella no podía tener hijos, por eso me adoptó, siempre me explicó que mi adopción fue lo mejor que pudo hacer, pero que estaba muy arrepentida de mi, decepcionada, yo pensaba que el mundo de las drogas me proporcionaba: placer, excitación y toda una vida perfecta, pero me equivoqué... -Se paró en seco en un poste de luz, me miró a los ojos unos mili segundos para continuar.
-Cuando me empecé a ver en ese mundo de las personas ya caídas, en el dolor de enfermedades, por esas drogas, sus secuelas empezaron a notarse, fue allí cuando decidí que ese no era, la mejor solución a mis problemas, ni era una manera para estar al lado de mi madre, nada más que dándole preocupaciones... - Dijo con el rostro pálido. -¿Sabes? Elegí medicina porque desde siempre me atrajo que quería buscarle, una cura a las enfermedades que se iban descubriendo, año tras año. Mi mejor amiga, ella tan solo murió de repente, sin previo aviso. Por Leucemia-Exclamó, llegamos a la entrada de los Townhouses, descubrí que vivía al frente de mis padres. -¿Cómo no lo supe antes? Me dije mentalmente.
–Hasta luego, fue agradable compartir contigo, eres sabia-.Dijo, acercándose para depositar un beso en mi mejilla, que se sintió agradable.
-Igual. Nos estamos viendo, incluso si quieres, puedes venir un día a mi casa, conoces a mis padres, vamos a por un café, además quedamos en vernos para concretar el trabajo de inglés.-Exclamé, tomando al pequeño en mis brazos.
Entré a casa, me quité las zapatillas dejándolas en la alfombra, el abrigo y todas mis pertenencias en el perchero; saludé a mis padres, los bebés despertaron por arte de magia, los llevé a mi antigua habitación en la mansión.
-Chía, un baño por favor-Pidió mi pequeña preferida, mi sobrina.
-Dame un beso-Pedí, hice pucheros y se acercó a mi mejilla, mi pequeño también, ambos eran los niños más dulces, que existían en el universo.
-Te queremos, Chía-Exclamaron ambos al mismo tiempo.
Les di un baño, mi madre los preparó, dejé la bañera preparada para mi, necesitaba tomar un baño relajante, antes del trabajo, cuando estuve lista del baño relajante, me vestí con mi uniforme de secretaria, almorcé junto a mis padres y mis sobrinos en una amena conversación, cuando los pequeños se durmieron, los coloqué en mi cama para irme a mi trabajo; los traviesos volvían conmigo en la tarde, justo después del trabajo. Se me hizo larga la espera en mi trabajo, sin embargo disfruté el tiempo, cuando regresé a casa de mis padres, justamente cuando iba entrando, vi a Matteo en la entrada de su casa, me acerqué y se encontraba con un perrito Golden pequeño en sus brazos.
-Hola de nuevo- Exclamé. Me dedico una sonrisa.
-Hola Lucía-Dijo no pude evitar, pero solté una risita.
-¿Qué tal tus padres?-Dije, mientras me agachaba para acariciar, el pelaje del perrito.
-Mucho mejor. Me diste suerte, hoy almorzamos juntos, creo que marcha mejor nuestra relación, tan solo mis padres, no me hubiesen abandonado, hubiese sido más fácil-Dijo. Había una pizca de tristeza en su mirada.
-Hijo, tú madre te necesita en la cocina-Salió un señor y entró de inmediato, luego de decir el mensaje.
-Hasta luego, hablamos pronto, ten mi número-Dijo, anotó su número en mi teléfono, lo verificamos en una llamada, nos miramos sonriendo, y entró de inmediato. Me fui a casa de mis padres, allí pase un rato cenando, y regresé a mi urbanización con mis sobrinos.
~ Gracias por llegar hasta aquí... ~
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