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Capítulo 27

Habían tomado un taxi que los dejó en la entrada del bar en el que Ashton estaba y luego de darse una ducha rápida, compartiendo el espacio en la regadera de Jungkook, se vistieron con sus respectivas prendas. Taehyung tuvo que hacer uso de lo que ya traía puesto y el rizado si se dio el tiempo de escoger un atuendo acorde a la salida.

Con ello, pidieron su transporte a través de la aplicación y el guardia de su edificio le prometió que le cuidaría el auto a su amigo.

Entonces ahí estaban, esperando que el baterista saliera por ellos porque no sabían en que mesa se encontraba y tampoco conocían a sus acompañantes, para Jungkook era incómodo llegar así como así, y aunque Taehyung le dijo que no fuera ridículo, aguardaron con paciencia a que Ashton los encontrara.

La fila no era larga; por la hora, la mayoría de los asistentes ya estaban adentro y solo salían de a ratos a recoger a sus amigos o simplemente a tomar un poco de aire. Se podían ver las luces cambiando en el interior del establecimiento, al ritmo de la canción que pudieron reconocer: Umbrella, interpretada por Rihanna, era lo que retumbaba en los muros del bar.

Se veía buen ambiente y prometía ser una buena noche, tranquila y de tragos constantes...

¿O no?

—¿Estás seguro de que saldrá por nosotros? —Taehyung ya tenía la cara larga por la impaciencia—. Tiene más de quince minutos que le llamaste, ¿qué le pasa?

—Relájate, dijo que iría al baño y de ahí venía —Revisó por enésima vez su celular, no había ningún mensaje.

—Pues se está tardando, hay que entrar ya —Trató de convencerlo—, no tiene nada malo, solo llegamos, nos sentamos y ya.

—Te tienes que presentar, idiota, son modales —regañó, sosteniendo su mirar inquisitivo—. ¡Ah! Olvidaba que no tienes.

Taehyung divagó, alzando sus cejas antes de reír por el buen intento de ataque.

—Y si ya sabes como soy, ¿para qué me invitas? —resolvió sardónico, cortando la distancia con Jungkook unos centímetros.

—Te invitaste tu solo —rezongó, bajando la vista a los finos labios del castaño.

Taehyung, esbozó una sonrisa coqueta y de lado, antes de tomar a Jungkook por el cuello de su camisa y jaló de ahí, juntando sus bocas en plena calle, con las personas pasando a su lado y el ruido de la música desvaneciéndose cuando le aplacó los sentidos.

La única vez que se habían besado en vía pública, resultó ser un problema, y ahora, estaban ahí como si nada, chocando sus dientes sin querer y chasqueando los labios en búsqueda de liderar el compás, hasta en eso era una lucha tenaz.

—Ejem... Kookie —El oído del nombrado recuperó su función, en cuanto el tierno apodo fue dicho.

Tristemente, tuvo que separarse de Taehyung, descubriendo sus ojos al levantar los párpados y sonriendo como un idiota inconscientemente.

—Que inoportuno —susurró.

Se giró sobre su eje, buscando al dueño de la voz que reconoció al hablarle a sus espaldas. Ashton estaba ahí, con la cara roja y con un vaso semilleno del mismo color, su bandana estaba chueca y aparte de eso, la ropa la tenía arrugada.

Se veía borracho, pero con los pies en la tierra aún.

—¡Hey, creí que no vendrías! —Dio un brinco hacia el frente y abrazó a Jungkook, botando un poco de su bebida en la camisa de su amigo—, ya te estamos esperando.

—Tarde pero seguro, aquí me tienes —musitó, correspondiendo el apapacho y después notó que los ojos claros del australiano, se fijaron en la persona que tenían a un costado.

—¿Taehyung? —indagó precavido, después de que se alejó del rizado—. ¿Qué haces aquí?

—Lo mismo que tú —murmuró, frotando su barbilla.

—No, quiero decir, no lo tomes a mal... creí que solo vendría Kook.

—Olvidé mencionarlo, invité a Taehyung, espero no haya problema —Jungkook expuso amablemente, haciendo un gesto que Ashton sí supo entender.

"Por favor, paciencia."

—¡Sin caos! Vamos adentro —En júbilo, les pidió que le siguieran con la mano y comenzó el recorrido.

Trazó la ruta, siendo el guía hasta el acceso del sitio y el par le pisó los talones para no perderse. El guardia dejó pasar al baterista y tuvo que esperar unos minutos adentro, a que revisaran a sus invitados en busca de objetos punzocortantes o armas de fuego, era protocolo para entrar.

Al no encontrar nada, les permitió el ingreso y Ashton se fue abriendo paso entre la multitud que se concentraba en el bar, empujando a quienes le impedían avanzar y dando las gracias a las personas que tranquilamente se movían cuando lo oían decir "con permiso, por favor".

Mientras tanto, Taehyung se colocó delante de Jungkook, siendo el segundo en la fila que los llevaría hasta la mesa del chico. No recuerda en qué preciso momento le agarró la mano al ojiverde, pero tenía los dedos entrelazados con él y lo jalaba para que no se le despegara bajo ninguna circunstancia.

Ninguno de los dos lo encontró extraordinario, solo así no se extraviarían entre la masa danzante.

Ese bar era más refinado que Club Bengala, más que bar, estaba más ligado al término de discoteca, pues había muchos clientes jóvenes, mujeres y hombres, usando conjuntos brillantes, un tanto más arriba de lo casual.

Jungkook recorrió con su vista a la gente, sintiendo un ardor en el estómago cuando los grupos de chicas sonreían entre ellas al ver a Taehyung transitar. Eran murmullos de admiración, halagos a su belleza física y anatomía, dentro de lo respetuoso.

Pero vamos, no controló su histeria, estaban babeando por un muchacho posiblemente mayor que ellas por unos cuatro años, a lo mucho las jóvenes andaban alrededor de los dieciocho. Se impresionaron al ver una barba corta, un cabello desarreglado pero jodidamente acorde al estilo...

No las culparía.

Subieron escaleras, pues al parecer el espacio era de dos niveles, dejando un área libre donde los que estaban en planta alta, podían ver directo a la pista. Habían varias mesas ocupadas con personas conversando, ya que el ambiente estaba más tranquilo ahí.

Y en una esquina, con una cubeta de cerveza al medio de su lugar y varias botellas, tres chicos risueños se gritaban con un acento similar al de Ashton.

—¡Tú no me respetas! —vociferó un chico de cabello corto, en matiz negro y ojos relativamente rasgados.

—¿Yo? ¿Quién es el qué te ayuda cuando tu auto echa humo de lo viejo que está? —Otro más en la mesa, le respondió. Éste era rubio y tenía un piercing en el labio.

—¡Tú, pero eso no quiere decir que me respetes!

—Oigan, ya cállense —El tercer y último muchacho de melena color verde, les pidió con seriedad—, parecen niños pequeños.

—Luke, ya oíste a Mike... pídeme perdón —repitió el joven.

—¿Pedirte perdón? —El mencionado negó, sonriente—, no lo haré, no hice nada.

—Dijiste que mi camiseta era fea —gruñó, impasible.

—Calum... es horrible.

—¿¡Ya ves!? Te desprecio.

—Yo los desprecio a ambos, son un caso perdido —El de mechones coloridos, recargó sus codos en la superficie—, me estresan.

Con la cercanía, eso último si fue escuchado por Ashton, reparando que sus amigos estaban teniendo una conversación para nada grata y temió dar una mala primera impresión. Pero luego, recordó que ellos siempre eran así: peleaban por tonterías y no lograban estar de acuerdo en muchas ocasiones, así que debían conocerlos tal cual su esencia, eran agradables de todas formas.

—¡Chicos! —canturreó en tono normal, la música les permitía hablar en volumen moderado gracias a su ubicación—. Ya regresé.

—Al fin, creímos que te habías perdido —dijo Luke, moviendo el líquido en su copa de vidrio con un popote.

—Pasé al baño también —aclaró el baterista, recorriéndose a un costado y dejando expuestos al dúo que recogió afuera—, miren, el es Jungkook, es el amigo que hice en la fiesta de SeokJin... no creo que se acuerden de él porque ustedes estaban muy ebrios.

El rizado alzó su mano libre y levantó los dedos en una señal de amor y paz, sonriendo tímidamente gracias a la descripción.

—Yo si lo recuerdo —mencionó Calum, con las comisuras estirándose hacia arriba—, eres el que cantó I will survive en el karaoke.

—Uhm, si, ese soy yo —respondió, haciendo una línea con sus labios.

—Un gusto, yo soy Luke —saludó el individuo que poseía la perforación en el labio inferior.

—Yo me llamo Michael —Con un pulgar arriba, se presentó el de cabellos verdosos.

—Y yo Calum, hola Jungkook —Movió su mano de un lado hacia otro, varias veces.

—Hola, a los tres, un gusto —musitó, relajado.

Seguido de eso, la carga visual en un punto exacto, le regresó la incomodidad y causó que sus mejillas enrojecieran a un grado absurdo; por fortuna no se veía debido las luces que se prendían y apagaban, pero mientras tanto, se torció el cuello al voltear hacia Taehyung.

Aún tenían los dígitos cruzados entre sí y en su lugar, Taehyung observaba sonriendo hacia la planta baja, atento a como todos bailaban y una que otra persona le invitaba a bajar con manoteos.

Jungkook se reactivó, liberando el apretón contrario y deshaciéndose de la unión que el cuarteto miraba recatadamente. En un efecto colateral al suceso, el castaño le prestó atención de inmediato, arrugando el entrecejo cuando reparó su palma suelta.

—¿Qué? —gruñó y el ojiverde le señaló confidencialmente al grupo de cuatro que los espiaba.

Así, les dedicó una mirada dura, suavizando su semblante cuando Ashton le sonrió ladeado.

—Chicos, el es Taehyung, un amigo de-...

—Compañero —Se apresuró a corregir.

Jungkook bufó, virando los ojos y cubrió su boca para no reír ante lo infantil.

—Bien, compañero de Jungkook en su trabajo —declaró al resto del grupo y todos le saludaron a señas.

—¿Qué tal? —pronunció, escaneando las botellas destapadas—. ¿Qué están bebiendo?

—Cerveza, whiskey y tequila —Cortésmente, Michael enlistó—. ¿Gustas algo?

No le diría que no a un vaso de alcohol y mucho menos si era gratis, para eso, si tenía los modales de los que tanto hablaba Jungkook.

—Claro, lo acepto —correspondió la cordialidad.

—¿Cómo dijiste qué te llamabas? —inquirió Luke.

—Kim Taehyung.

—¡Tú nombre es genial! —Calum no se contuvo.

—Puede ser, me gusta mucho.

—Lo es, tiene estilo.

Misteriosamente, surgió una confianza inaudita.

Porque en un pestañeo, Taehyung ya se hallaba sentado en uno de los taburetes, bebiendo y preguntando cosas arbitrarias a los recién conocidos. Se reía a carcajadas al escuchar las ocurrencias de Calum, o se emocionaba como un niñato cuando Luke comentaba su gusto por alguna cosa banal y coincidía con algo que a él, también le parecía genial.

Michael se encargaba de escuchar, soltando risas oportunas, hasta que Taehyung lo incorporó a la conversación, cuestionándole sobre la loca idea de pintarse el pelo de aquella forma.

Ashton y Jungkook tardaron en procesar lo rápido en que se había integrado al nuevo conjunto, con ellos empezó a hablar hasta por los codos, contándose memorias graciosas y momentos vergonzosos. Los amigos del australiano lo recibieron muy bien, les agradó enseguida por su forma de ser tan dinámica, pasaba de un tema a otro y los tenía escuchando sus anécdotas chuscas de la adolescencia.

Todo fluía como el agua en un río.

Y no, a Jungkook no le dolió para nada ver que Taehyung estaba abriéndose a tal magnitud con gente que apenas le habían presentado y que en un inicio, hasta les puso mala cara. No, su corazón no se quebró de una esquinita, cuando sorbió de su cerveza al escuchar cosas que él nunca había tenido el privilegio de oír.

Por ejemplo, el no tenía conocimiento de que Taehyung odiaba el aguacate, no sabía que su número favorito era el veintiocho y tampoco había oído la historia de su primer trabajo.

¿Por qué parecía que no lo conocía en lo más mínimo?

¿Por qué no sabía cuál era su música favorita? ¿Su color? ¿Su comida? Lo único que tenía seguro, era su signo zodiacal, pero ni siquiera tenía la fecha exacta de su cumpleaños...

Jodida mierda.

Se pasmó, perdiéndose entre sus pensamientos y dejando de oír la bulla en la discoteca. No contó los segundos, el parcial cuarto de hora que avanzó mientras él estaba quieto, pasando desapercibido por quienes se encontraban conversando con su ex compañero de trabajo.

Menos Ashton, él si había advertido con rapidez el cambio en la energía positiva de su amigo.

—Kook... —Le susurró, tocando su pierna por debajo de la mesa para que nadie los viera—. ¿Todo bien?

El nombrado tenía la mirada varada en el anillo que rodeaba su dedo índice, no contestó hasta la segunda vez.

—Kook... —musitó, esta vez agregando un apretón al muslo para que centrara su cerebro.

Jungkook le miró y disimuló una sonrisa por la mueca de confusión que le fue dedicada.

—¿Qué pasa? —Pretendió no sonar desanimado.

—Eso te pregunto yo a ti, ¿qué te pasa? —rechistó, lanzando un vistazo y se aseguró que los demás siguieran entretenidos—. Luces raro, llegaste bien y ahora parece que estás en un velorio.

—Nada, solo estoy cansado... —No, no se dio el valor de terminar la oración.

"Solo estoy cansado... de no encontrar un equilibrio"

—¿Quieres ir a tu casa? —Ashton no era tonto, lo supo sin necesidad de aclaraciones—. Puedo pedirte un taxi, nadie de nosotros trae carro porque no quisimos ser conductores designados, perdón por eso.

Apreció mucho la intención, sin embargo, Jungkook se negó a la sugerencia.

—Ya se me pasará, solo necesito más de esto —Sacudió con cuidado su botella casi vacía—. Yo pago las siguientes, ¿sí?

—No es necesario, yo te invité.

—¿Y?

—Que ya pagamos por una buena cantidad de cosas embriagantes, así que no es necesario que tu pongas un solo centavo —Con cariño, le desacomodó los rizos—. Oye, ánimo, allá abajo hay mucho prospecto, iremos en momento, ¿sí?

Jungkook se iba a burlar de la tonta insinuación, pero fue interceptado por un comentario proveniente de Michael, ambos le miraron cuando farfulló:

—¿Ustedes quieren jugar? —Les preguntó, preparando seis margaritas en vasos limpios.

—¿A qué?

—Yo nunca...

—Ese juego es aburrido —atinó a comentar Jungkook, dejando su cerveza en la mesa—, lo que quieran saber de mi, solo necesitan preguntarlo.

—Claro que no, es más divertido si lo hacemos así —El de mata oscura hizo énfasis, alentando la actividad—, vamos, serán un par de rondas solamente.

—Así nos conocemos más, me cayeron bien —puntualizó el rubio.

Jungkook se mordió el borde del labio, procediendo a agitar su cabeza de arriba hacia abajo con lentitud, animándose a entrar en el espiral del ocio.

—Vale, yo también estoy dentro —La voz retórica de Ashton, se hizo presente y Luke lo celebró desde su asiento.

Callado, Taehyung no le sacó la mirada al menor desde que la propuesta para jugar le fue hecha; o ya estaba enloqueciendo o poco a poco aprendió a leer sus expresiones, porque justamente, estaba apostando que algo no estaba bien, algo lo tenía intranquilo, hasta se atrevía a decir, que Jungkook aparentaba estar feliz cuando no era así.

Salió de cuadro con su incógnita, se concentró en no ser descubierto y tapó su interés empinándose lo restante de su whiskey.

Más tarde le preguntaría, tal vez... o no, estaba de más, no era su asunto lo que estuviera pasando por la mente ajetreada del rizado.

—Bien, listo, ¿ya todos tienen? —preguntó Mike, haciendo referencia a las bebidas.

—¡Sí!

—Perfecto, entonces... ¿Quién empieza?

Calum levantó la mano para pedir el turno, y le fue concedido para dar comienzo a la dinámica.

—De acuerdo, veamos. Yo nunca nunca, he dado un beso de tres —espetó feliz, mostrando la cantidad que mencionó con sus dedos.

Ashton bebió, Luke y Taehyung también. Jungkook repasó la orilla de su vaso con las yemas, fingiendo no sentir hasta su alma perforada por unos zafiros que no le dejaban de examinar.

—Bien, voy yo —Luego de aquel sorbo, Luke pensó unos segundos y tiró la siguiente condicionante—, yo nunca nunca, he perdido o roto un celular por estar ebrio.

Todos, a excepción de Michael, tomaron un cortamente del tequila servido.

—¿En serio Mike? ¿Nunca? —exclamó Ashton, estupefacto.

—Nunca, cuido mucho mis cosas —Se encogió de hombros.

—Te admiro —Por primera vez en la reunión, fue la voz de Jungkook la que intervino—, yo perdí uno en una fiesta en la que maté toda mi dignidad y luego en otra me caí bajando de las escaleras.

—¿Y lo segundo que tiene que ver con un celular? —Taehyung tomó la palabra.

—Mhn... que traía mi teléfono en la bolsa trasera del pantalón y como caí de golpe, mi trasero lo aplastó entre en el escalón —La declaración, causó la carcajada de quienes rodeaban la mesa—, se rompió la pantalla.

Lejos de burlarse, el ojiazul no ocultó la dulzura que se proyectó a través de su mirar, cuando Jungkook acabó de contar y un puchero fue el cierre perfecto que le dio a la anécdota. Por suerte, eso nadie lo notó, ni el mismo Jungkook y que mejor; hubiese sido un embrollo resolver el deslave de dudas.

—Vale, ahora yo —Michael, fue el siguiente en decir algo—, yo nunca nunca he follado en un lugar público.

En ese caso, los que bebieron solamente fueron Ashton, Jungkook y Taehyung: los últimos dos, recordaron su tragedia en el baño del club, que por cierto ya habían arreglado y eso los hacía sentir menos culpables de no tener autocontrol.

—Yo quiero saber las historias —mencionó Luke, sin importarle verse entrometido—. ¿Ash?

—Un salón en la academia de música a la que fui —contó, destensando la espalda—, incómodo pero recomendado.

—Quién te viera, pillo —Movió las cejas, jocoso— ¿Taehyung, Jungkook? ¿Qué hay de ustedes?

—Un baño del bar dónde trabajaba —soltó el castaño, sin detalles. Como era sabido, no le gustaba vanagloriarse con esos temas pero plantaría la semilla—, y si, yo también lo recomiendo, no sé si fue la compañía pero lo disfruté como pocas veces en la vida.

Jungkook padeció y mojó sus labios resecos con la margarita que era de su propiedad.

¿No se cansaba de hacerlo sentir indefenso?

—Excelente, ¿qué hay de ti, Kook? —Continuó de pronto.

—Yo prefiero no mencionar el sitio, pero ha sido de los mejores polvos que he tenido en mi vida —Sonrió, sincero.

Y Taehyung también lo hizo.

Con eso, el transcurso del juego siguió, con diferentes determinantes, tanto simples que hacían beber a todos, como específicas en las que solo unos cuantos se tomaban el trago, ligadas a tontas justificaciones que anexaban si así lo querían.

—Yo nunca nunca, he robado.

Nadie levantó su vaso.

—Yo nunca nunca, he estado con dos personas a la vez.

Taehyung y Michael consumieron.

—Yo nunca nunca, me he acostado con un desconocido o desconocida.

Los siguientes fueron Jungkook, Luke, Ashton y otra vez Taehyung.

—Yo nunca nunca, he llorado cuando me han dejado...

A excepción del castaño, los demás dieron un trago largo.

—Yo nunca nunca, me he enrollado con alguien que esté aquí, en esta mesa.

Bien jugado, gracias Cal.

Y si, la relevancia que tuvieron Jungkook y Taehyung al ser los únicos que sostuvieron la bebida cerca de sus bocas y dejaron pasar el líquido por sus gargantas, respondió las preguntas que había en tres de los cuatro espectadores, uno menos porque Ashton lo sabía.

No hubo necesidad de contar, todo se interpretó al hacer contacto visual.

[...]

Jungkook quería cometer un delito.

Estaba a punto de arrancarle la cabeza a alguien esa noche. No podía creer que Taehyung fuera tan imbécil, tan insensible, estúpido y desconsiderado.

¿Por qué bailaba con un chico de esa forma? ¿Por qué dejaba que le restregara descaradamente el culo en la entrepierna? ¿Por qué lo había hecho a un lado en cuanto vio la oportunidad?

Se arrepintió de haberle hecho caso a su amigo, ya tenía una hora que bajaron a la pista por la repentina necesidad de convivir con el gentío.

Pero joder, ¿en qué momento los chicos se mezclaron con la multitud? Se había quedado ahí, sentado en uno de los bancos cercanos a la barra, viendo con llamas en los ojos al castaño. El otro sonreía, apretando sus manos en la cadera de un muchacho bonito, tez blanca, libre de tatuajes, cabello corto y pelirrojo, con labios rechonchos.

Era demasiado lindo, logró cautivar a Taehyung con sus toques coquetos y susurros al oído.

Algo que le molestó en exceso a Jungkook, fue la cualidad que brotó del ojiazul. Si no era fanático de bailar y no lo hacía jamás... ¿Por qué se balanceaba descoordinado? Estaba haciendo su mejor actuación, entregando lo mucho o poco que podía hacer con él ritmo de la música.
O los niveles de alcohol en su sangre estaban muy elevados como para pensar coherente... o claramente estaba iracundo y quería matar al idiota de Kim.

Quizá, una mezcla de ambas.

No soportó, sus arranques lo iban a llevar al fondo de un pozo dónde se iba a ahogar por alguien que no valía la pena. Que iba por el mundo negando tener algo con él, pero que, con una cama de por medio cambiaba su actitud y se volvía galante.

Ese era su modo, se olvidaba de que lo había tenido debajo de su cuerpo gimiendo su apellido hace unas horas, borraba los indicios de una obvia conexión que Jungkook no estaba preparado para seguir declinando.

Era su culpa por entrar en el enredo, por creerse los suficiente maduro, por pensar que no le costaría trabajo soltar la soga que le cortaba la circulación. Y ahí estaba, con las lágrimas acumulándose en sus ojos y su vida derretida en la lava de un volcán que ya había hecho erupción sin darle tiempo de evacuar.

A Jungkook le gustaba Taehyung, más allá de lo físico.

Y Taehyung... solo gustaba de follarse a Jungkook.

No era mutuo, era doloroso.

—No me importa... —Se dijo a él mismo, vaciando la botella de cerveza en su estómago y se levantó, agarrándose de la barra cuando el piso se le movió.

Afuera del lugar había taxis, simplemente se subiría a uno y se iría a su apartamento para llorar sin interrupciones. El darse cuenta de que solo era mero entretenimiento para una persona, le había encajado una daga en el centro del corazón.

Merecía más que eso, su madre solía decirle que no bajara la guardia por nadie y por no hacerle caso, ahora estaba arrastrando los pies hacia la salida y aguantando el llanto.

Le enviaría un mensaje a Ashton cuando pudiera, él varias veces le insistió que coexistiera, lo intentó jalar a la pista, le hizo bromas y chistes para que se animara, pero no hubo un resultado positivo, estaba sumergido en su miseria y prefirió quedarse sentado, admirando el horrendo panorama.

Finalmente salió del club, a empujones y con su billetera y celular en las manos.

Se acercó a la acera, había muchos jóvenes fumando desde tabaco hasta marihuana, el olor le produjo náuseas y tuvo que tapar su boca cuando una arcada le anunció que se alejara del humo. Se movió de lugar, recargándose en un poste de luz, esperando que el mareo cesara.

¿Por qué Taehyung lo trataba así? ¿Por qué tenía que ser egoísta? Él siempre se comportó amable, solo se defendía cuando era necesario, nunca fue grosero a menos que él lo fuera primero y si a veces le contestaba mal, era porque no sabía con que propósito se aproximaba a él.

Un día daba una zancada enorme: le llamaba precioso, comían en su recámara y se besaban sin necesidad de estar follando... Y luego retrocedía tres, cuando lo ignoraba por otro chico que probablemente se llevaría para saciar su apetito sexual.

No tenía empatía, no pensaba en nadie más que en él, en su beneficio, en...

—¿Jungkook? ¿Qué haces aquí afuera?

Por la mierda, lo único que le faltaba: la presencia de quién menos quería ver, en el momento de su decaída emocional.

—Lárgate de aquí —titubeó, suspirando con ironía—. Como si te importara lo que ocurre.

—¿Por qué te saliste así? —Taehyung le oyó diferente, como que, la magia del contrario se había desvanecido.

Porque claro que le había visto abandonar el bar, le siguió todo el camino. Inocentemente, creyó que iría al sanitario por la celeridad con la que caminaba, pero al verle abrir espacios entre los grupos que se interponían en la salida, dio un respingo cuando captó la finalidad.

Sin decir nada, dejó a su conquista de pie, solo y con la boca abierta cuando se despegó de su cuerpo y corrió a trompicones para alcanzar a quién se había fugado.

—¿Te importa en serio? —Volvió a decir, colérico—. Solo dile a Ash que me iré a casa.

—Por algo estoy aquí, idiota.

—Pues ocúpate de tus asuntos, no te entrometas en los míos.

¿En qué puto instante los papeles se invirtieron? El menor estaba siendo arisco y mordaz con él, hasta irónico si mal le iba.

—Oye, deja de portarte como un niño caprichoso, vamos adentro —demandó, extendiendo su mano para tomarlo de la muñeca.

—¡No me toques! —chilló, quitándose de su alcance—. Vete, déjame tranquilo, te detesto.

—¿¡Qué carajo te sucede!? —acertó a preguntar.

—Vete.

—No, ¿qué tienes?

—Que te importa —hipó, utilizando hasta los últimos recursos que tenía para no llorar—. Lárgate.

—¿Recibiste bebidas de algún ingrato? —Entre lo más lógico que el mayor meditó, fue que lo habían drogado.

—No soy estúpido, claro que no —aseguró—, quiero estar solo... tú tienes que encargarte de alguien allá adentro, así que ve, te están esperando.

Con eso, Taehyung llegó a comprender de que se trataba la encrucijada.

—No puedo creerlo... —canturreó, sin calcular la gravedad de lo que sus palabras iban a ocasionar—. Estás celoso.

Y cuando aquel conjunto de sílabas se coló por sus oídos, Jungkook le hizo frente, formando una sonrisa escandalosa, demasiado borracho como para entonar algo ofensivo. La preocupación de Taehyung aumentó, ese no era el Jungkook que conocía, a éste se la había metido un espíritu maligno, vio rencor, resentimiento y antipatía.

—Me las va a pagar, Kim —siseó.

La carta escondida bajo su manga, fue revelada.

Jungkook le otorgó un beso hiriente, seco, como estipulación a lo que estaba por venir.

Estático, Taehyung le observó acercarse a la base de taxis con pasos vacilantes, abrió la puerta de uno y con cuidado, se montó en el asiento trasero. La iniciativa que tuvo de subirse con él y no dejarlo ir sin compañía en esas condiciones, fue suspendida cuando un Ashton alcanzó a jalar la manija, y acabó por subirse con su amigo antes de que arrancara.

Ofuscado, volvió el rostro al pórtico de acceso. Ahí también estaban Luke, Michael y Calum, contemplando la escena en silencio. No fue por enterarse de lo que pasaba, Irwin se asustó de no encontrar a Jungkook en ningún rincón y por ello, habían salido a buscarle, topándose con su andar trémulo hasta el vehículo.

El auto inició la marcha y por la ventana trasera, se alcanzó a ver la silueta de un chico, recargándose en el hombro de su amigo.

Taehyung resopló, nervioso como en limitados casos.

¿Qué diablos había hecho? 

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