Capítulo 25
A nadie se le hizo raro que Jungkook bajara del auto de Taehyung, los vieron a lo lejos discutir efímero porque azotó la puerta sin mensurar la fuerza y el castaño le recalcó que si algo le pasaba a su coche, él sería el encargado de reparar lo que dañara.
El rizado le mostró el dedo corazón y cruzó la calle, saludando desde su andar a SeokJin y NamJoon; el par los esperaba tranquilamente afuera del bar.
—¡Chicos! —Se acercó alegre, estirando su puño para chocarlo con ellos.
—Hola, Kook —SeokJin fue el primero en contestar.
—¿Cómo va todo? —NamJoon le siguió.
—Bien, creo, todo genial —exclamó pacífico, aleteando las pestañas con dulzura.
—Me alegro, ¿Tae pasó por ti?
—Ajá, el fue quién llegó tarde, una disculpa por ello.
—Lo supuse, se le da la impuntualidad —rezongo el pelinegro.
La tercia se fijó en el caminar de Taehyung, venía hacia ellos con las llaves del automóvil girando en su índice y mostrando su dentadura blanca en una sonrisa extensa.
—Animalejos —pronunció.
—Hola, zancudo —Su amigo de hebras avellana aprisionó sus labios para no reír con la cara que puso el aludido.
—¿Cómo me llamaste? —cuestionó, con extrañeza.
—Oh, de ninguna forma —El ojimiel se tragó la carcajada.
La cosa con el apodo, era que el ojiverde jamás tuvo la precaución de cubrirse el cuello; al contrario de eso, vestía una camisa de botones abierta de los primeros dos, como era su estilo. Y no, no le importó que los chupones que le fueron hechos el día de ayer, en reiterados puntos de su piel, estuvieran a la vista del público en general.
O quizá se le olvidó, tampoco comprendió la mofa de los novios.
—Deberíamos entrar —sugirió Jungkook, tomando la muñeca de SeokJin y checando la hora en su reloj—, ya sé pasaron quince minutos de las nueve.
—¿Cómo le haces para leerlo tan rápido? —indagó humillado, viendo la manecilla que correspondía al segundero, avanzar.
—Me gustan los relojes analógicos.
—Los digitales son más prácticos.
—Quizá, pero te hacen poco hábil —concluyó.
—Veme a mí —Se burló de sí mismo y el rizado le hizo segunda.
NamJoon sonrió atontado cuando miró a su novio reír tiernamente y Taehyung por poco hace lo mismo con el dueño de aquellos dos formidables orificios en las mejillas, que lo hacían sobresalir adorablemente.
Prefirió encender un cigarrillo y eludir la sensación.
—Ya, muchachos, vamos adentro —El pelinegro fue quién se encargó de dar la pauta.
—¿Alguien sabe por qué nos citó?
—No, creí que ustedes sabrían —Jungkook le contestó a SeokJin.
—No tenemos idea... —formuló en desconcierto.
Taehyung exhaló una vez más el humo, inmerso en ver los autos que recorrían la avenida. Sintió la pesadez de tres miradas pero no les dio el gusto de voltear; él no sería el encargado de hablar, Jimin era el indicado... De todas formas el ya no formaba parte del equipo laboral en Club Bengala, no tenía voz ni voto.
Sin mayor tema, Jungkook encabezó la fila de ingreso al bar y de primera instancia halló algunas sillas acomodadas encima de las mesas, otras más apiladas entre sí y las restantes arrinconadas contra la pared. Las luces estaban apagadas, solo tenían encendidas las luminarias en la zona de servicio, con eso se veía la barra iluminada sin ningún vaso encima, no había loza limpia en el escurridor y uno de los tres refrigeradores, estaba vacío.
SeokJin y NamJoon siguieron sus pasos, andando hacia la oficina dónde los estarían esperando. Y el mayor, se quedó un rato más en la calle, dando calada tras calada, aguardando llegar al filtro del cigarrillo.
Ya no sabía como sentirse; cuando el rubio le dio la noticia, admitió querer llorar y rogar por su empleo, era su lugar seguro, otra versión del paraíso. Pero después de asimilarlo, entendió que se lo buscó y no culparía a nadie por lo que él provocó. Ahora, su preocupación ascendía a la probable clausura y a todo el dinero que tendría que salir de sus bolsillos para cubrir los honorarios del abogado.
Caería en lo indispensable para vivir y en cero lujos por un tiempo... o por toda la vida, dependiendo el número. Sí tenía ahorros, pero debía buscar un trabajo lo más pronto posible si no quería terminar en menos de un mes, con sus maletas fuera de su bonita casa.
En relación a Jimin, éste tenía unas ojeras que lo hacían pasar por un mapache, aparte de emanar tristeza en todos sus movimientos; estaba fastidiado, no había descansado bien, su cabello estaba hecho un nido de aves y quería dormir hasta el año siguiente, olvidándose de todo lo que había pasado.
Entonces, tres chicos aparecieron en su panorama, frescos y cuando menos aseados, todo lo contrario a su persona, él daba asco.
—Buen día, Jimin —SeokJin olfateó un intenso olor a tabaco guardado entre las paredes y se abanicó con la mano.
—Hola —soltó seco, abriendo uno de los cajones en su escritorio.
NamJoon y Jungkook se observaron escépticos, sin atreverse a realizar alguna acción errada que pudiera hacer enojar a su jefe. A leguas se notaba el mal humor y peor aún, la tensión flotando en el aire se podía cortar con tijeras, el ambiente estaba lleno de carga negativa.
—¿Y Taehyung? —observó la hilera de chicos que se formó en medio del cubículo—. ¿No vino?
—Si —El rizado se apresuró a responder—, está allá afuera, se quedó fumando pero ya viene.
—Ya, pues de todas formas él ya tiene conocimiento de lo que está ocurriendo.
SeokJin codeó suavemente a su novio, instigándolo a ser el valiente en la recopilación de información.
—Y... ¿Qué está ocurriendo? —A la fuerza, NamJoon susurró.
—Creí que ya lo sabrían.
—No, la verdad es que no tenemos idea, Tae solo nos envió por mensaje que no trabajaríamos y por la noche nos dijo que nos querías ver aquí a las nueve...
—¿Y ya vieron la hora? —La tolerancia de Jimin se redujo al tamaño de un chícharo.
—Fue mi culpa, lo siento —musitó Jungkook, en voz ahogada—, me tardé en bajar, fue culpa mía.
La frente del pelinegro se plegó con disimulo, formando arrugas al escuchar la declaración del menor que no coincidía con lo que dijo hace minutos.
¿No había dicho que fue Taehyung quién llegó tarde?
—Bueno, pues no me importa —Tomó un respiro y entre dientes, comenzó a hablar—: El día de ayer hubo un cateo en el bar, vinieron a revisar que tuviera todo bajo lo legal e incluso Roman estuvo aquí.
—¿Un cateo?
—¿En el bar?
—¿Roman?
Las tres preguntas fueron lanzadas en orden por los bartenders, haciendo que la jaqueca del ojiceleste aumentara progresivamente. No estaba para lidiar con ellos, a su edad, el agobio lo estaba colapsando, el estrés y la presión no le daban descanso.
—No lo voy a repetir —mencionó con hastío, friccionando sus palmas sobre los ojos—, todo eso fue a causa de una demanda.
—¿Una-... —El empujoncito que le fue dado a Jungkook en el brazo, fue el aviso para guardara silencio y permitiera seguir con las aclaraciones.
Entrelazó sus dedos y mantuvo la boca cerrada, el par restante lo agradeció.
—Taehyung se peleó el otro día y ya deben saberlo —Acentuó lo dicho, esta vez dirigiéndose a sus empleados con mayor experiencia—. Ustedes dos vieron la disputa, ¿no?
Con la soga al cuello, NamJoon se arrancó la piel muerta de los labios con sus uñas cortas.
—¿Por qué no me dijeron que lastimó a un cliente a tal grado? —refutó y a la vez sonrió ladino, en un grado malicioso.
SeokJin palideció con la acusación; el teatro también les había caído encima a ellos por no contar las cosas como se suscitaron esa noche, su burda justificación era que nunca se les preguntó a ellos en específico.
—No lo vimos tan grave —canturreó el ojimiel, alargando la vocal en la palabra tan.
—De hecho no —Su novio aportó—, creímos que solo había sido una rencilla, común y corriente.
—¿No le vieron los golpes? —arqueó con exageración la ceja.
—S-si, o sea... si... pero no —balbuceó el de cabellos marrón.
—¿Eso qué significa?
—No sé...
Como una salvación milagrosa, la atención se focalizó en la oportuna aparición de Taehyung y en el choque de su codo, con el borde de la puerta al no medir el espacio disponible para transitar. Los presentes torcieron el cuello al voltear en cuanto escucharon el quejido.
—Joder —siseó el ojiazul, sobándose el punto exacto—, lo único que faltaba.
—Deberías tener más cuidado con lo que haces —Jimin entonó sarcástico.
—Lo haré, no creo que debas preocuparte por ello.
—Hazlo, y no me hables así —En definitiva el volumen en su frase, le había molestado más de lo que ya estaba.
El castaño suspiró ácidamente, tomando lugar a un costado de Jungkook y colocó sus manos detrás de su propia espalda, sacando el pecho.
—Lo siento —contestó, atenuando el gesto.
—Bien —El dueño del negocio, repasó con sus opacos ojos a los cuatro—, si me pusiera enérgico, ustedes dos también deberían ser despedidos por no hablar cuando debieron —Apuntó a SeokJin y NamJoon despectivamente—, pero me quedaría solo con Jungkook y sé que no podría hacerlo solo.
Todos, a excepción de Taehyung, abrieron los ojos sin comprender: cejas juntas, ceños fruncidos y bocas entreabiertas fueron el resultado de lo dicho con naturalidad. Y mientras ellos procesaban la información, Taehyung desbordó la breve sospecha de una buena noticia.
—¿Eso quiere decir que no te cerraron? —Intuyó, perplejo.
Jimin le sostuvo la mirada, sin articular palabras hasta después de un tiempo.
—Deben saber, amigos —Dio inicio a otro discurso—, que el día que nuestro querido amigo Tae se peleó aquí en las instalaciones de Club Bengala, hubo cierta amenaza que al final se convirtió en realidad. Demandaron al bar y pidieron indemnización de daños, ¿no es genial?
—¿Qué tiene de genial eso? —La ironía no fue pillada por el rizado.
Con suavidad, Taehyung chocó su cadera a la suya, pidiéndole con eso que por favor ya no comentara algo extra. Pensativo, Jungkook tardó breves cinco segundos en darse cuenta que había metido la pata, necesitaba aprender a razonar antes de enunciar cosas sin sentido.
—Ignoraré tu comentario —enjuició y prosiguió—: como les decía, hubo un caos aquí ayer, policías, abogados, papeles y un montón de firmas... para que al final no nos cerraran el local.
El alma del ojiazul descansó, pues al menos su amigo (si es que aún podía llamarle así), no lo había perdido todo como estaba cruelmente pronosticado.
Sin embargo, había tres sujetos que no asimilaban el escándalo que la riña de su compañero había causado y no planeaban quedarse con la interrogante saltando en sus pensamientos.
—Perdón mi pregunta, de antemano —Propiamente, SeokJin pidió la palabra—, dices que hubo una demanda por culpa de Taehyung, casi te cierran y quieres despedirnos por no decirte sobre la terrible pelea, en cambio si lo haces comentaste que Kook se quedaría solo y con ello supongo que despediste a Tae por romper una regla... ¿entendí bien?
Bien, ese hablar atropellado y cantarín hizo sonreír a Jimin.
—Muy inteligente —Le miró desde su silla—, por eso me caes tan bien, Jin.
—Bueno, ¿y qué lograste resolver? —Particularmente atolondrado, NamJoon intervino.
—Retiró la demanda —expulsó Jimin, bastante lejos de sonar alegre.
—¡Pero eso es bueno! —El rizado hizo el intento de inyectar positivismo—. ¡No te van a clausurar!
—¡Oh, si, tienes razón! —Hizo una terrible imitación de su dicción—. ¿Sabes qué es lo mejor de todo?
—¿Qué?
—¡Que me he quedado sin un puto centavo y mi cuenta bancaria está en ceros! —chilló, con la sonrisa más falsa del universo—. ¡Eso es fantástico!
Y una ola de melancolía fue lo primero que les cubrió, cargándoles un abatimiento unificado.
Porque si, a costa de no perder su bendito y adorado club, tuvo que pagar fuertes sumas de dinero que lo dejaron prácticamente en quiebra. El abogado de Roman lo ayudó en demasía, hizo todo lo que estuvo en sus manos, bajo lo normado y dentro de los parámetros de la ley en el estado, entre charlas extensas, acuerdos firmados y pagos definidos, se logró que la demanda fuese revocada con ciertas condiciones que se impusieron en los formatos correspondientes.
No fue fácil, cuando el rubio le envió mensaje a Taehyung, fue porque en verdad pensó que ya no había una esperanza para ellos, por poco y da el banderazo rojo con las malas novedades.
Sin embargo, la luz de un camino en la esperanza se abrió, cuando el hombre de traje fino y corbata anudada a la perfección, le dijo que existía la forma legal de no hundirse en medio del mar abierto.
Le explicó, le enfatizó los puntos importantes y encima le desarrolló las alternativas viables que darían pie a una oportunidad de mantener su patrimonio.
Pero todo eso costó infinitos dólares.
Y bueno, ahí estaba, con un refrigerador vacío porque iba a venderlo para recuperar algo de dinero, en busca de completar los gastos de la semana que corría; era un humano y tenía que comer. Lo que tenía en efectivo, apenas y cumplía como inversión en lo que necesitaba comprar para realizar las distintas bebidas preparadas de un solo fin de semana.
—Yo te dije que me dijeras lo que debía de darte —Al contrario de aplaudir la astucia del defensor que le auxilió, Taehyung se molestó—, dime cuanto es y yo mismo te repongo ese dinero.
—No hace falta, de todas formas dudo que tengas lo necesario para cubrirlo —No quiso sonar agresivo.
—¿Y tú que sabes? —Sin embargo, el castaño lo tomó así—. Deja de hacerte el duro por una vez en tu vida y déjame ayudarte, esto fue mi culpa.
—Relájate, ¿sí?
—No me pidas eso, estás diciendo que te quedaste sin un solo peso... —Los cables en su cabeza conectaron de repente, sacando chispas por la precipitada proyección—, no...
—¿Ahora qué? —Su amigo no era bruto, interpretó la reacción.
—El dinero... —Pausó, emocionalmente fatigado—. La compra del local...
Jungkook, SeokJin y NamJoon, quienes hasta el momento se mantuvieron escuchando y pasando sus ojos de uno a otro, se expresaron esporádicamente; el primero se tapó la boca cuando la abrió con sorpresa. El segundo, horrorosamente acongojado, se tocó el pecho con dramatismo y el último, rascó su cuello mientras sus largas pestañas se batían enérgicamente.
—Le diste al punto, nos olvidaremos de comprar este lugar —La mandíbula del rubio se tensó—, es todo.
—Dame una jodida cantidad y te prometo que te la iré pagando, puedo hablar con Roman para que te de más tiempo, lo que sea —La desesperación le llegó muy temprano al mayor—, tú dime cuanto es y lo conseguiré, lo prometo.
—Ya, en serio, no compliques más las cosas.
—¡No las quiero complicar! ¡Las quiero solucionar!
—¡No es necesario, ya te lo dije! —vociferó al mismo volumen—. Ya hiciste suficiente.
Era la primer pelea que como conocidos y amigos, estaban teniendo. A Taehyung le era difícil aceptar sus errores, le incendiaba algo por dentro la sencilla idea de admitir haberse equivocado y ahora que lo había hecho desde un inicio, sin ponerse a la defensiva ni nada parecido, la gente no aceptaba su ayuda, haciendo a un lado su empeño por colaborar.
—Pero... —bufó, despeinando su cabellera ante el exaspero—. Por favor...
—Basta —sentenció, rodando los ojos y procedió a abandonar su asiento, estirando sus piernas y se consolidó como el líder nato que era—, a ustedes tres los veo mañana, hoy necesito arreglar unas cosas, pero a partir de mañana necesito que hagamos una nueva programación sobre lo que vendrá para el bar.
—¿A la hora de siempre?
—Una hora antes, necesitamos atraer más gente —Le respondió a NamJoon, sin tratar de encubrir su agitada decepción—, por lo pronto, sus sueldos se verán reducidos hasta que me establezca de nuevo, y si no les parece, están en todo su derecho de abandonar el puesto.
Ninguno protestó.
—Perfecto —retomó—, pueden irse, nos vemos mañana.
—Gracias, Jimin —Jungkook desvaneció el trago amargo con su amabilidad—, mañana nos tendrás aquí, te prometo que esto va a tener solución.
—Tienes mucha fe.
—Quizá, pero haremos lo posible —Le aseguró.
—Lo veremos —El rubio sonrió, disgustado—, ya váyanse.
Así, los dos empleados sobrantes se despidieron con un ademán, escapando por donde entraron y el menor los siguió, pisándoles los talones. Solamente Taehyung se quedó inmóvil, sin correr la vista de su antiguo jefe, hasta que él le obsequió el esperado contacto visual.
—Te voy a pagar el dinero, no es pregunta —notificó, y se dio la media vuelta para dejarlo solo.
—Terco.
Pero muy en el fondo, Jimin atesoró el coraje y valor que el ojiazul demostró, fuese por culpa o por sentir verdadera responsabilidad, igual agradeció tener personas leales en su vida.
Siempre supo que Taehyung era especial.
[...]
—¿Por qué no me dijiste que te despidieron? —Jungkook reclamó sin querer, al estar fuera de las instalaciones de su centro de trabajo.
SeokJin y NamJoon se habían retirado hace unos cinco minutos, yéndose a pie por la acera rumbo a su hogar, entre murmullos graciosos sobre lo que harían esa tarde libre y dejando al ojiverde listo para averiguar lo necesario ahora que la incomodidad terminó bajando dos niveles.
—Porque no quise —espetó con simpleza.
—¿Te das cuenta de que ya no tendrás ingresos? —Fue realista e incapaz de creer que el ojiazul estuviera así de sereno.
—Ese es mi problema, Jungkook, no te entrometas —mencionó antipático con el semblante endurecido—, son cosas mías, no tenía por qué decirte.
—Estuviste en mi casa ayer, pudiste haberlo comentado —gruñó, correspondiéndole con la faz fúnebre—, es algo importante.
—Bueno, ¿y eso a ti qué? —Taehyung le evadió, ocultando la mirada en la pantalla de su móvil—. Al final soy yo el que fue despedido, no tú, ocúpate de lo que te concierne y déjame en paz.
—¿Dejarte en paz? —El menor entrecerró los ojos, levantando sus manos a la altura de sus hombros, con las palmas hacia arriba—. Me pides que te deje en paz cuando lo único que hiciste ayer fue esquivar tus dilemas con sexo.
—¿Y?
—¿Y? —repitió, incrédulo—. Carajo, eres increíble.
—Gracias, creo —dijo, sonriendo socarrón y abrió su instagram para ver las novedades de las celebridades que seguía.
—¡No fue un cumplido! —Miró al cielo, implorando un milagro que aplacara el ansia que tenía por dejarle una palmada en la nuca.
—Ya lo sé —No le miró, siguió revisando la red social y tocando dos veces la pantalla cuando veía una foto que era de su agrado—, pero yo lo tomó a mi conveniencia.
—Dios bendito, ayúdame —recitó en voz alta.
—Dios bendito, ayúdalo —La burla fue déspota.
—Ah, demonios, vete al infierno —Se irguió, aplanando su pie con rudeza en contra de la guarnición en la banqueta.
—Decídete, ¿a quién veneras? Lucifer era un arcángel, pero dudo que Dios quiera saber de su paradero.
—¡Ay! ¿Sabes qué? ¡Jódete!
El castaño se mantuvo risueño y cercano a lo feliz por haberlo sacado de sus casillas. No era que le costara mucho trabajo, pero se volvió una especie de superación personal; cada que lo hacía, se anotaba un punto a su marcador y era una derrota sumada a su oponente.
En cambio, Jungkook quería gritarle en la cara que dejara de ser tan estúpido, que dejara de ser un cabrón hecho y derecho con él, que por favor no jugara con su calma, y que no modificara cosas que no estaba preparado a soportar. No podía sentirse más indefenso, Taehyung había sido totalmente claro desde un inicio, no había nada y efectivamente, no tenía porque contarle lo que sucediera en su vida.
Pero a veces lo desorientaba.
Su confusión lo llevaría a estamparse en seco con el muro de la verdad, necesitaba con urgencia arreglar sus conflictos íntimos y diseñar una fortaleza en caso de complicaciones futuras. Lógicamente, tenía que hablar con Ashton y pedirle un consejo, le iba a costar reconocer que podría no ganar nada por culpa de las falsas ilusiones.
Por lo pronto, dejó de acomplejarse, pues si ya tenía las de perder, al menos aprovecharía lo poco o mucho que durara su corazón completo. Canjeó su chip soñador por uno más resistente y se aproximó a Taehyung, danzando libremente y meneando las caderas.
—Estás demente —Se le plantó de un brinco enfrente, tomándolo por los bíceps con galanteo y voz melodiosa—. ¿Qué es lo que te ocurre?
—Nada —Le dijo, centrando la vista en sus facciones y bajó el brazo con el que sostenía su teléfono—, necesito un descanso de todo, estoy harto y quiero relajarme.
Entonces, la ardilla que se encargaba de hacer girar la rueda en la cabeza de Jungkook, empezó a correr, haciendo su trabajo. Se acercó de sobra con una zancada, subiendo continuamente sus manos por las extremidades superiores de piel tersa y volviéndolas a bajar con blandura.
—¿Harto de qué?
—De esto, quiero irme y no pensar por un rato en nada que tenga que ver con preocupaciones.
—¿Eso te ayudaría?
—No te imaginas cuanto.
Un foquito se prendió en su cabeza tupida de sedosos rizos.
—Mhn, bueno... creo que tengo una idea —masculló coqueto, pegándose al cuerpo del mayor y lamió descaradamente la zona ilesa de sus labios con el comienzo de su lengua húmeda—, si así lo deseas, yo podría ser tu solución temporal.
La cara de Taehyung cambió, viéndole divertido: Jungkook había pescado la indirecta.
Envolvió en un santiamén los brazos alrededor de su cintura, en un especie de abrazo que el menor no esperaba y le besó el pómulo derecho ruidosamente, originando que su ojo se achinara.
—¿Mi solución temporal? —Rozó juguetonamente su nariz con la ajena—. Dame los pormenores.
—Ya sabes, puedes llamarme cuando estés solo, cuando no puedas dormir —musitó muy cerca de la boca contraria—, cuando sientas que puedo ser tu buen momento, vas a tenerme.
El argumento dado, le ocasionó una descarga eléctrica que le puso los vellos de punta, Jungkook se volvía un sinvergüenza cuando quería obtener su polla y aquello le ponía de manera descomunal.
—No leo mentes pero tu cuerpo me lo esta diciendo todo —farfulló, empujando su cadera hacia adelante y los pantalones de ambos chicos funcionaron como barrera.
—Me declaró culpable —Le dijo, seguido de reprimir un gemido por la fricción—, dame lo que necesito de ti.
—¿Y qué si me niego? —bromeó, aprisionando con sus dedos el cuello descubierto de Jungkook.
Con la leve opresión, el otro no contuvo el jadeo bajito que despidió, codiciando que le besara hasta lastimarle, que le encajara los dientes y le mordiera sin piedad; ambicionó que lo tomara en la posición que más le gustara y en el lugar que quisiera.
Menos a media calle, el exhibicionismo era para personas de mente abierta y elevada, él apenas era un joven que descubrió hace poco que disfrutar de su sexualidad sin prejuicios pero de manera responsable, no estaba mal.
No sabía si lo que hacía con Taehyung era responsable, pero cubría con la primer ideología y el resto le daba completamente igual.
—Si te niegas, tendré que salir por ahí en busca de alguien que quiera-...
Jungkook no pudo continuar con su línea, ya que su mejilla fue desastrosamente abofeteada por la mano de Taehyung, provocando que girara el rostro y apartara sus labios entre sí. Exhaló y el núcleo congruente que nacía en su interior, se vio sacudido y alterado.
Había encontrado un intermedio entre lo doloroso y lo estimulante, algo nuevo. ¿Por qué le había gustado? Por el amor al cielo, ¿En serio había disfrutado una cachetada? ¿Ahora le gustaba la violencia cuando el estaba en contra de ella?
¡Que ironía!
—Tú no vas buscar a nadie más, ¿me escuchaste? —recalcó, abarcándole con sus dígitos el mentón perfilado e hizo que las esmeraldas valiosas se ataran a sus zafiros—, o me puedo enojar mucho.
Ambos agradecieron que la avenida estuviera desierta, sería vergonzoso que los descubrieran hablando de esos temas en público... o peor aún, que alguien notara sus erecciones ya visibles.
—Entonces compláceme.
—Glotón, follamos anoche —reiteró.
—¿No puedes con eso? ¿Te duelen los huesos? Anciano.
Jungkook bailó sobre el ego de Taehyung.
—Súbete al auto, malcriado —exclamó, y un destello de lujuria pulió sus iris—, vamos a ver cuanto resistes sin llorar y suplicar un descanso, precioso.
Ahí estaba otra vez esa palabra mezclada y barnizada bajo el sexo casual. El rizado se canalizó, entrando en la misma sintonía... pidiéndose a ruegos que no fuera débil y resistiera, que se conformara con lo poco o mucho que ese chico inconstante podía entregarle.
Porque reconocía su gusto por Taehyung y no solo en lo que correspondía a lo físico. Muy idiota que se sintiera atraído por alguien que no le aportaba nada benéfico a su vida, por un joven desubicado y a veces grosero, inestable y loco de remate.
Estaba cavando su propia tumba.
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