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35.

A la mañana siguiente me desperté en el sofá, no habíamos logrado qué Rubius se calmara así que ambos se quedaron en mi habitación.

Miré la hora en mi celular, 08:13 am, era muy temprano para mí pero aun así me levanté y fuí a mi habitación para sacar un poco de ropa

Entré y ví a Kiki dormida en la cama mientras su hermano estaba en el suelo, le hubiera ido mejor si se quedaba en el sofá. Intenté no hacer mucho ruido para no despertarlos.

Tomé mi ropa y salí directo al baño para darme una ducha y arreglarme ahí.

Cuando estuve listo salí de nuevo hacia la sala, tomé mi celular y le escribí un mensaje a Juan

"Voy a tu casa, espero estés
despierto y no tengas planes hoy"

Lo mandé y tomé todo lo necesario para salir de casa. Estaba a punto de irme hasta que ví a Tilin durmiendo en el sofá donde yo había estado.

Fuí hasta donde dejamos su platito de comida y le serví sus croquetas, cuando me aseguré de que todo estuviera en orden por fin salí de casa.

Subí al auto para irme a casa de mis amigos, arranqué pero noté qué algo andaba raro así que me bajé a revisar.

—No mames.— exclamé al ver que tenía tres neumáticos ponchados —¡Hijos de su puta madre!.—

Sabia que donde vivíamos no era peligroso como para esto, sin duda mi mente estaba pensando en Dream o Rubius pero no armaría un alboroto hasta volver.

Empecé a caminar para tomar un taxi hasta que sentí mi celular vibrar, era un mensaje de Juan

"Está bien, te invitaré
a mi directo"

"No pendejo, esperate"

"Necesito tu ayuda para algo,
cancela tu directo solo por hoy"

"No puedo, tengo plan
con Ded"

Por fin se detuvo un taxi así que subí, le di la dirección y mientras llegaba seguí mi conversación con Juan

"Es muy importante, sabes
qué no te pediría que
canceles si no fuera tan
necesario"

"¿Qué quieres?"

"Me voy a casar"

Y después de eso no respondió más, pasaron pocos minutos hasta que mi celular empezó a sonar, me estaba llamando

Llegaré en pocos minutos.— avisé de inmediato

¿¡Kiki aceptó casarse con un pendejote!?.— cuestionó y después empezó a reír

Digamos que todavía no acepta, aún ni siquiera sabe que será mi esposa.— dije y su risa se detuvo —Por eso necesitaba tu ayuda, tú ya pasaste por todo esto y yo no sé que hacer.—

Está bien, te espero aquí, será algo interesante.— dijo —Tengo que contarle a Abi.—

No le digas a Ari.— pedí de inmediato —Fué un riesgo contarte esto a ti porque no eres muy bueno guardando secretos pero sé que Ari es como su mejor amiga y aunque quiera no podría fingir para ocultar esto.—

—Si no le digo a alguien voy a estallar.— exclamó —Apúrate, yo mientras llamaré a mamá para contarle que alguien me confió un secreto.—

Antes de que pudiera decir algo más él terminó la llamada. Suspiré y concentré mi vista en la ventana, ¿sería una buena idea esto del matrimonio? Yo amaba a Kiki y estaba seguro de querer compartir mi vida con ella pero ¿ella sentiría lo mismo? ¿aceptaría?

Me entretuve tanto con mis pensamientos que no me dí cuenta cuando llegamos.

El taxi se detuvo así que pagué y bajé. Estaba a punto de tocar el timbre de aquella casa pero noté qué Juan ya estaba afuera esperándome

—¿No trajiste auto?.— preguntó saludándome con un corto abrazo

—Es una larga historia.— dije sin querer entrar en detalles pero me miró como si realmente quisiera saber —Mis cuñados me odian, eso es todo.—

Empezó a reír a carcajadas, al menos a alguien le divertía la situación

—Vamos, ocupamos mi auto.— dijo después de terminar de burlarse

Caminamos hasta donde estaba estacionado su auto y subimos. Él arrancó y el viaje comenzó

—Bueno pero a todo esto ¿a donde vamos?.— pregunté al darme cuenta que no me había dicho a donde me llevaría

—¿Sabes donde se lo pedirás?.— cuestionó y asentí —¿Tienes la fecha?.—

—Será en nuestro aniversario.— conté y escuché como hizo un sonido como si se burlara —Ya pendejo.—

—Bueno, tienes todo menos lo más importante.— dijo y frenó por un semaforo rojo, yo lo miré atento —El anillo Quackity, el puto anillo.—

Lo había olvidado por completo y era tan obvio

—Te acompañaré a comprarlo, espero tengas tus ahorros.— exclamó y asentí

Estaba gastando una fortuna con los boletos cerca del escenario y ahora también lo haría con los anillos, no podría quejarme, ella valía cada centavo qué yo ganaba.

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